Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, son de las increíbles chicas de Clamp, yo solo los fusiono con mis locas ideas.
Capítulo 2: En las alas del destino*{Él}
Hong Kong, Mansión Li
La habitación estaba a oscuras, no se divisaba un atisbo de luminosidad. Un sofocante calor inundaba la estancia, provocando que apestara a sudor y agobio. El centro de la enorme sala estaba ocupado por una enorme cama de matrimonio, aunque solo una figura la ocupaba.
Dormido como estaba no escuchó los pasos presurosos de la servidumbre que se aproximaba a su habitación.
Estos descorrieron las cortinas y subieron las persianas, provocándole un gruñido de inconformidad y cansancio.
Cuando todos se hubieron escabullido de la sala él tiró débilmente de la sábana para echarla sobre sus ojos y sumirse de nuevo en la oscuridad total.
Mas sus esfuerzos fueron en vano, pues pronto entró en la sala una mujer ya entrada en años que lucía un hermoso kimono con extravagantes hilos de flores violetas.
Esta, enfadada por el descanso exageradamente prolongado de su hijo, se encaminó al centro de la enorme estancia, destapando al muchacho, que al repentino frío se encogió en posición fetal.
- Hijo, despierta, hoy es el día – su voz sonó como si estuviera comentando una entrevista del periódico, sin interés alguno.
Al ver la mujer que este protestaba y toqueteaba a su alrededor, dio un par de palmaditas.
Al instante una doncella entró por la puerta abierta, se aproximó a su ama y esta le murmuro unas palabras que el muchacho, todavía somnoliento, no entendió.
Como aviso de un mal presagio, cuatro jóvenes mujeres vestidas con kimonos de diferentes colores, pero todos iguales, entraron en la gigantesca habitación gritando y sollozando. Era el día.
- Oh, ¡nuestro pequeño al fin se hace mayor! – gemía una.
- ¡Esta mansión ya no será nada sin el hombre de la casa! – gritaba otra.
- ¡Pero si aún ayer le estábamos cambiando los pañales! - sollozaba una tercera.
- Aaaaa… - la cuarta simplemente lloraba en exceso.
- El pajarillo finalmente abandona el nido. – murmuró una sirvienta.
- Oye tu, desagradecido, ¿nos estás escuchando?
- ¡Nosotras que nos preocupamos por ti!
- Hermano, ¡Despierta!
- No, déjale dormir, parece un nenuco ahí todo encorvadito y dormidito. – a la segunda casi se le saltaron las lágrimas, esta vez por añoranza.
- Es adorable…
- ¿Desde cuándo que no lo veíamos descansar así? – las cuatro suspiraron al unísono.
- Desde que era un llorón aunque feliz retoño – la primera sonrió con añoranza.
- ¿Os acordáis de esos días en lo que todo era dormir, llorar y orinar?
- Maldigo al que le enseñó a hablar… - murmuró Shiefa a regañadientes.
- ¡Ahora todo son protestas! – dijo la Fanren, frunciendo el ceño.
- Deberíamos sacarle una foto para inmortalizar este momento de adorabilidad, cuando despierte estará enojado puesto que hoy es el día.
- Voy a por la cámara – la más joven, Feimei salió corriendo a zancadas de la habitación.
- ¡No te demores o se despertará! – casi gritó la mediana-mayor Fuutie.
La mujer observaba la escena alejada de las jóvenes, al lado de las amplias ventanas, con una leve e inusual sonrisa de triunfo en su rostro.
- Pero mírale, si parece un ang…
El muchacho emitió de nuevo un gemido de protesta, poniéndose la almohada sobre la cabeza. Se silenció la habitación y las muchachas plasmaron en su rostro una sonrisa cargada de emoción y suspiraron con una felicidad colosal.
- Aiiiii, dejarme dormir... – el muchacho se removió y una adormilada voz gutural las hizo dar otro suspiro y caer en la realidad - Molestas.
- Ahora ya no podremos sacarle una foto – murmuraron todas, deprimidas.
- ¡Ya tengo la cámara! Oh, se ha despertado, que lástima…
- Chicas, por favor dejadnos a vuestro hermano y a mi solos. –pidió, no, ordenó Ierán Li.
- ¡De acuerdo madre! – gritaron todas al unísono.
Una vez las muchachas hubieron salido, la mujer se aproximó al lecho en el que su hijo descansaba.
- Shaoran, sé que no estás dormido. – tras una pausa agregó – como estarlo, después de esa cotorrería.
- Aahhhh… - Shaoran se desplegó en la cama y se sentó. – Buena estrategia la de traer a mis hermanas, la anotaré.
- Tienes que levantarte, no ha sido buena idea esa de dejarte hacer una despedida con tus amigos, hoy tienes que madrugar y no hay tiempo para hacerse el perezoso.
- ¿Madre, de verdad que debo volver a… allí?
- Por supuesto, hijo. Ya hemos tenido esta conversación, así que no hay nada que aclarar.
- Pero madre, recapacite.
- No, Shaoran, irás esta tarde junto con Wei y no se hable más.
- ¿Pero tiene que ser exactamente ese lugar? – murmuró él, cansado.
- Si, es el único lugar seguro donde nadie sospechará nada, los errores se pagan, hijo. – Tras una leve pausa continuó – Además, tu prima Meiling está allí, y tu tío Clow, y tu guardaespaldas que ya se está preocupando por encontrarte un buen piso. – Enumeró - No dudo que tu estancia allí será de lo más placentera. – Éll abrió la boca para protestar - Nada de peros, Shaoran, te lo estoy poniendo fácil, tu ya conoces el lugar, y seguro echas de menos a tus viejos amigos.
No supo que decir, en realidad no se acordaba de nada de su estancia de hace años en Tomoeda. Pero en su interior nació algo cálido y agradable que le resultaba conocido, lo que no sabía… era de que.
- Ahora te darás una ducha, te vestirás adecuadamente, desayunarás, volverás a tu habitación y harás las maletas, en ese orden. ¿Ha quedado claro? – él rechinó sus dientes, era una orden, nadie podía desobedecer las órdenes de Ierán Li sin sufrir las consecuencias.
- Si, madre.
Aclarado el argumento, Ierán salió a paso firme de la habitación, cerrando la puerta tras ella.
Dando un sonoro suspiro, Shaoran se dirigió a una puerta situada a la derecha de su habitación, donde se encontraba su baño.
Intentando recordar algo de Tomoeda, se quitó su única prenda de dormir. Un calzón negro. Rápidamente se metió en la ducha, cerró las puertas para que no escapara el agua y giró la llave del agua caliente.
Mientras se devanaba los sesos en la búsqueda de algún archivo en su mente que le fuera de utilidad, el agua resbalaba suave por su atlético cuerpo.
Se deslizó el agua y las dudas con ella. Recordaba a un hombre, alto, bastante moreno de piel, ojos marrones y cabello corto y muy oscuro. Pero no sabría ponerle nombre. Recordó que le detestaba con toda su alma. Lo que no recordó fue por qué.
Abrió el gel con un olor que ni él mismo reconocía, eso le gustó, un olor desconocido emanando de él. Daba un toque de misterio, seguro eso a las chicas les gustaría.
Se frotó el desordenado cabello con el inédito gel. Ya que iba a cambiar su vida ¿por qué no el olor de su pelo?
Salió de la ducha y enroscó una toalla a su abdomen, mostrando unos pectorales de los que no le gustaba fardar, aunque en secreto, siempre trabajaba sus músculos, por eso su aspecto actual.
Se dirigió a una mesita en un lateral de su habitación. Abrió el primer y único cajón y tras remover todo unos instantes la encontró. Una baraja de cartas, que él pensaba, era de tarot.
Recordaba que era lo único traído de Tomoeda, pero no recordaba de dónde las había sacado ni por qué. Contrariado, frunció el ceño.
A él no le gustaba el tarot, ni tenía ni idea de cómo se practicaba y esa baraja se veía pobre y escasa.
Con el paso de los años, no habían adoptado un tono amarillento, ni se habían deteriorado ni roto. Eso le extrañó, porque en ese cajón, él poco cogía, exceptuando una cajita de protección que le había regalado su hermana hacía un par de años atrás. No es que los hubiera usado, no, por Dios, es que en ocasiones, extraía las instrucciones y leía la forma de uso, por si algún día fuera a utilizar uno, no demorarse demasiado en colocarlo.
Un leve sonrojo y una sonrisa tímida adornaron su rostro al darse de cuenta de lo que estaba pensando. Y eso que él solo buscaba las malditas cartas de tarot.
Observó de refilón como algo brillaba en el interior del cajón, llamando su atención. Introdujo de nuevo la mano el estante y lo que sacó le dejó realmente petrificado.
- ¿Qué…?
Había extraído un tablero de lo más particular, no exactamente por el echo de no ser un tablero de parchís, sino por las múltiples marcas y colores impresos en él.
Y sobre el tablero, unas hojas amarillas, rectangulares, con alguna que otra inscripción extraña.
Finalmente, en la parte posterior, había una espada, si, una espada.
Casi le deja sordo el ruido de todos los objetos al caer.
- ¿Pero que mierda es est…?
No se dio tiempo. En un segundo ya estaba todo de nuevo en el interior, exceptuando la baraja.
Derrotado, dejó las cartas sobre la mesita y cerró el cajón, caminó hacia atrás un par de pasos, clavándose algo en la planta del pie. Maldijo internamente a la servidumbre. Fue ahí, cuando alzó el pie para mirar si se le incrustara algo, que se percató que había empapado el suelo, por su estupidez de no secarse e ir a por el tarot. Revisó a conciencia que su pie estuviera libre de objetos punzantes y fue tras un biombo situado cerca de la puerta del baño, y allí se secó rápidamente.
Una vez seco, se dirigió a sus armarios, a la izquierda de su habitación, mientras el demoníaco pensamiento de coger la espada y partir en dos a el o la que había sido culpable de dejar caer un instrumento punzante se apoderaba de su mente.
Corrió la tercera puerta, se agachó y abrió el segundo cajón. Sacó unos bóxers grises que se puso rápidamente. Abrió el primer cajón y sacó un mp3 con sus cascos ya puestos, lo encendió y los Red Hot Chili Peppers con su Can't stop inundó sus sentidos. Dejándose llevar por la música, se arrodilló al suelo y tocó una guitarra de aire.
Se incorporó y fue corriendo hasta su cama, donde descansaba un bulto blanco que lo hizo frenar en seco.
- Mmmm… te he estado esperando Shaorancito – ronroneó una muchacha vestida de sirvienta que le era increíblemente conocida.
- Señorita, le pido por favor que se valla de mi habitación ya, si no quiere que me cabree y la eche a patadas. – dijo él, muy tranquilo, retirando un casco de su oreja, pero pensando en su subconsciente "¿Qué diablos está haciendo esta doncella en mi habitación?"
- Vaya, parece que el señorito anoche bebió tanto que ni siquiera recuerda haberme conocido, soy yo, Nakuru.
Como si le hubieran tirado un caldero de agua fría recordó los sucesos de la noche anterior, y por consiguiente, a la mujer.
Flashback
Fye contemplaba el gran espectáculo de caderas femeninas danzando al son de la música, una no demasiado buena, a su criterio.
Ese día se había propuesto al fin echarse novia. Estaba arto de que todo el mundo pensara que era homosexual, así que, ese día, permitió al fin que sus instintos masculinos afloraran.
Estaba deseando salir a la pista de baile y enredarse en medio de un grupo de jovencitas, apenas mayores de edad. En ese momento la diferencia de años no le importaba.
Como sus amigos no llegaran ya, se iría a la pista sin siquiera avisarles de que él se encontraba allí en ese momento.
Desde sus ojos azules observó a unas cuantas muchachas que podrían perfectamente ser su presa. Era obvio a la vista que ellas estaban interesadas en él, le mandaban miradas fugaces e incluso alguna se le había acercado para decirle si quería tomar algo. Él, sonriente pero muy a regañadientes negaba, diciendo que esperaba a unos amigos.
Cansado de aguardar, le echó el último trago a su bourbon, y se alzó, mostrando una hermosa camisa a cuadros verdes que resaltaban sus ojos, por eso, esa tarde finalmente había decidido comprarla, y unos vaqueros que pronto deberían ir a la basura.
- Ei, brujo, tendrás que esperar un poco más para hechizar a esas muchachas, tus amigos han llegado. – Casi gritó, por el alto sonido de la música, un joven de cabellos cortos y negros, con unos ojos rojos que, Fye creía, eran lentillas.
Consultó el reloj y le dio unos toquecitos visiblemente irritado.
- Y además con retraso. – Sentenció, dejándose caer de nuevo en el cómodo sillón de cuero marrón.
- Perdona, Fye, pero ya sabes cómo son las mujeres en este tema. – Dijo el otro con un tono gracioso, mirando significativamente a la chica que les acompañaba.
Turbado, Fye miró a la acompañante de sus amigos y al hacerlo se quedó sin respiración. Ante él estaba su amiga de siempre, pero con un giro radical de 180 grados.
En su parte de arriba, lucía una hermosa camiseta azul marina sin asas, fruncida en la superficie que dejaba al descubierto su piercing del ombligo. Descendiendo un poco, podías apreciar un muy corto pantalón vaquero color rosa, que mostraba algo más de lo permitido en sus muslos. "Seguro muere de frío" pensó él. Y finalmente unos tacones vertiginosos que mostraban gran parte de su casi desnudo pie. Desnudo, en caso de que obviara la tobillera de colores y cascabeles que su compañero, presente esa noche le había regalado.
Él pensó que simplemente vestida así se veía exquisita, con su corto cabello blanco recogido en una coleta alta, con su típico pendiente que se apreciaba mejor sin el pelo, con su…
- Fye, despierta. – Ella con una mueca de loca, hizo un amague de un chasquido con los dedos, pero no emitió ningún sonido.
Si en ese momento estuviera en una burbuja, esta explotaría, pero es que se había visto acorralado por su rostro sin apenas maquillaje, un brazalete en su antebrazo derecho y en su muñeca izquierda, una pulsera que hacía siglos no se quitaba. Se sonrío. Esa última era un obsequio de él.
- Fye ¿Me has oído? – protestó ella un poco avergonzada ya de tanto escrutinio por parte de Fye. – Ya vale.
- Lo siento Mokona, pero es que estás realmente hermosa. – La miró a los ojos y le dedicó su habitual sonrisa.
- Kurogane, como los dejemos solos de seguro acaban liados. – susurró Shaoran a su oído, pretendiendo que la pareja, que no paraba de observarse, despertara de su ensoñación y disfrutaran de su último día juntos.
Kurogane apenas sonrío, no solía hacerlo. Menos en esa situación que le ponía extremadamente celoso.
- Shaoran, tienes que regalarme algo antes de irte, tengo una pulsera de Fye, una tobillera de Kurogane pero… ¿tú que me has regalado? – sonrío la Mokona sagaz.
- Como sabía que algo así pasaría… -hurgó algo en su bolsillo hasta extraer una pequeña bola roja – toma, para colgarla en tu pendiente, espera yo te la pongo, me han explicado. – él sonrío con autosuficiencia hasta dar por terminada su labor. – ¡Et voilà! Más bonita que ninguna. – y besó su oreja lleno de júbilo.
- Oye, Shaoran, ¿te gustaría bailar con Mokona? – Ella se ruborizó por la petición y desvió sus ojos azules a su pantorrilla que giraba sin descanso de un lado a otro. Los hombres rieron, les encantaba a más no poder la Mokona infantil.
- Pues claro enana – Aceptó él acariciándole la cabeza. Y es que aunque Mokona recién cumpliera sus 16 años, Shaoran todavía la creía microscópica.
Feliz, ella agarró a su amigo del brazo, arrastrándolo literalmente a la pista. Donde comenzó a mover las caderas con sus brazos en alto. El se movió de un lado a otro al son de la música, con una mano en su oído a modo de DJ y otra señalando al techo.
Solos al fin, Fye se dispuso a entablar una conversación con el que desde hace unas semanas, quizás meses, ocupaba sus pensamientos, desmoronándose así su plan de ligar.
- ¿Quieres beber algo? Yo ya me he tomado una copa, pero si quieres te acompaño. – comenzó, apartando el rubio flequillo de sus ojos celestes.
- Claro. – Simple como siempre y con un encogimiento de hombros le contestó, mirando a sus amigos bailar.
- Hacen buena pareja ¿verdad? - preguntó Fye, leyéndole los pensamientos.
- No, a mi punto de vista. No creo que tengan un vínculo más fuerte que de amistad. Además, ella todavía es una cría y a él poco le falta para la mayoría de edad.
- ¿Y eso que importa? Tú tienes 21 y yo casi 23 y todavía andamos con estos jovenzuelos.
- Supongo que se coge cariño, a los muy malditos. – comentó el frío de Kurogane, con un recóndito tono de afecto.
- Oooooh, ¡nuestro Kuroganete tiene un corazoncete! – canturreó Fye.
Justo como esperaba, un agudo dolor en la cabeza, del manotazo reciente de Kurogane, se hizo notar. Este tenía una venita saliéndole de la frente. A Fye le pareció absolutamente adorable. Su rostro se sumió en el ensueño.
- ¡Ku-ro-ga-ne! ¡No Kuroganete, ni Kuroganillo, ni Kurotín, ni ninguna variación de mi nombre!
- De acuerdo, de acuerdo – se le escapó una risotada, por el persistente puño de Kurogane frotando su cabeza con intención de ser doloroso. No le hería en lo más mínimo.
El golpe se hizo más suave, con intención de ser juguetón y conciliador. Fye lo notó y rió de gozo como un niño pequeño con un nuevo juguete.
- Fye, yo…
- Yo también. – le cortó, mirándolo directamente a los ojos.
- Ah bueno, entonces ¿Qué te pido?
Fye inclinó la cara y plasmó en su rostro una mueca de shock. Claro, resultaba imposible que el frío y distante de Kurogane pudiera a sentir lo mismo que él, y más aún, confesarlo.
- Kurogane, yo no me refería…
- Lo sé. Y… bueno yo… - se estaban acercando notoriamente…
…cuando el teléfono de Fay comenzó a sonar, impasible, rompiendo el momento. Este, lo extrajo de mala gana y pulsó el botón verde.
- Nakuru, espero que sea importante… No es de tu incumbencia… De acuerdo, tranquila… En el "Raite"… - suspiró - De acuerdo, hasta ahora. – y cortó la comunicación.
- ¿Y bien? – preguntó Kurogane, eludiendo la inevitable charla pero sabiendo que esta sería retomada en otro momento.
- Nakuru, una pesada que está obsesionada con sacarme una foto en cada momento y lugar, para tener un recuerdo de mí en todos los momentos de mi vida. Sinsentido y estúpido ¿no crees?
Para desviar el rumbo de esa conversación, miró hacia sus amigos bailarines, y se sorprendió al notar que estaban a unos metros de distancia el uno del otro, ambos rodeados por una avalancha de personas del sexo opuesto. Rió interna y exteriormente, pensando en que ambos los dos eran muy apuestos. Miró de reojo a su acompañante de ojos rojos, que guiado por su vista, estaba mirando también a sus amigos. Fye pensó que el realmente hermoso era el hombre que estaba sentado a su lado.
Tal y como hizo con Mokona, revisó discretamente la vestimenta de Kurogane, muriendo por poder tocarle un brazo, desnudo a causa de la camiseta de manga corta negra que traía.
Botó en el asiento, acomodándose mejor, y finalmente, exhalando un suspiro, pudo rozar el musculoso brazo de Kurogane. Este ni se inmutó.
Por otro lado, Shaoran estaba que no cabía de gozo por las chicas que montaran un corrillo a su alrededor. Ninguna lo atraía lo suficiente, pero a causa del alcohol que estas ingirieron en el cuerpo masculino, ni siquiera diferenciaba lo bello de lo grotesco.
Un destello se apoderó de su mente. Este mostraba a una joven de ojos verdes y cabello castaño muy corto. Pero tan solo fue una milésima el tiempo que la vio.
Tardó unos segundos en analizar que la joven de ojos verdes y cabello esta vez largo, una muchacha bastante repugnante debido al exceso de maquillaje, pensó él, que bailaba frente a él.
Alcoholizado a más no poder, se percató de dónde estaba, con quién y por qué. Minutos más tarde fue consciente de que estaba muy borracho y rió por eso.
No supo cuanto tiempo estuvo bailando con aquellas chicas, pero por la pinta más atestada de gente del lugar, dedujo que unos cuantos minutos.
No quiso pensar más, le dolía demasiado la cabeza para hacerlo.
Deteniendo su danza ya muy subida de tono con la chica de ojos verdes y cabellos castaños, se encaminó hacia donde suponía deberían estar Fye y Kurogane.
Creyó que el alcohol le jugaba una mala pasada, se frotó los ojos con ahínco. La imagen seguía ahí. Rió disimuladamente, con algo de histeria.
Se dio la vuelta y le pareció ver a Mokona sobándose con unos chicos que bailaban a su alrededor. Eso le fue totalmente antinatural.
Después de ver esas locuras en menos de un minuto creyó que estaba en el mundo de yupi.
Tenía otro concepto de ella, y estaba teniendo esa sensación, esa sensación de ver a alguien a quien crees que conoces desde relativamente siempre hacer algo que no cuadra para nada con la perspectiva que tenías de dicho alguien.
Bueno no la culpó, él hace un rato estaba igual y no solía hacer esas cosas pero ¡qué diablos! Estaba en su despedida. Ya todo saliera muy raro.
Se acercó a Mokona a duras penas, porque el gentío que la rodeaba no le dejaba pasar. Una vez a su lado murmuró a su oído muy despacio y con frases precisas para que ella comprendiera.
- Mokona, soy Shaoran, ven conmigo, tienes que ver esto.
Sin esperar una respuesta la arrastró del medio de esos chavales, que protestaron por la fuga, para después arrastrarla a donde se suponía estaban Fye y Kurogane.
- Shaoran… - susurró provocativamente en su oído, dejando escapar un suspiro de quien ha cometido un crimen.
- Que… - contestó de la misma forma que ella, aún bajo los efectos del alcohol.
- Es que… - una risita – creo que… - otra risita – Shaoran, yo creo que… - risita de nuevo – creo que estoy borracha – dejó escapar una risita esta vez más prolongada.
- No me digas… ¿te cuento un secreto?
- Siiiii… - contestó ella entusiasmada, dejando escapar otra risita.
- Yo también lo estoy.
Entonces ambos rieron. Al llegar a tumbos a donde Fye y Kurogane, Shaoran le dio la vuelta a Mokona. Mokona rió.
- Prepárate, porque esto es muy fuerte. Si no lo ves, está claro que es una ilusión – Puso los ojos en blanco por lo absurdo de su comentario.
Mokona se volteó, y estaba preparada para todo menos para eso. Soltó una risotada y Shaoran se le unió.
Kurogane y Fye estaban, de alguna manera, sentados en el sofá. Kurogane agarrándole a Fye la camisa y este apoyado sobre el respaldo del sillón por el fuerte agarre de Kurogane. Él algo girado por la posición en la que estaba, tapando con su ancha espalda las miradas curiosas que la gente lanzaba.
Una escena relativamente normal, sin contar que se estaban besando.
Desde algún tiempo, Mokona y Shaoran venían hablando de que ambos se atraían, pero que eran o muy tontos o muy cabezotas para admitirlo.
De saber que solo necesitaban embriagar a sus amigos para que estos confesaran, lo hubieran hecho hace mucho.
Se dirigieron al amplio sofá, sentándose a centímetros escasos de sus amigos.
- Oye, Shaoran…
- ¿Que…? – él volteó el rostro para ver la cara de su amiga. Esta tenía los ojos encendidos de la malicia y una gran sonrisa, pícara también, adornando sus labios. Pensó que él debía encontrarse en un estado parecido.
- ¿Tú crees que… están borrachines? – Ambos rieron. Llamando la atención de la pareja a su lado, que los miraban sin tener ni la menor idea de que pasó y estaba pasando.
Unos segundos y ambos se miraron con una sorpresa que no pudieron ocultar, y un leve pero adorable sonrojo adornando sus mejillas. Kurogane soltó la camisa de Fye y se sentó como dios manda.
- Al menos, lo estaban – le susurró como respuesta.
- Chicos…- al ver que ambos abrían la boca, se apresuró – No te preocupes, Shaoran, os daremos una explicación, no Mokona, es la primera vez. – atinó Fye, algo nervioso.
- ¿Queréis una copa? Yo tomaré dos, bien cargadas. – propuso Kurogane todavía sin creer nada por la forma se tomaba en broma la situación.
- Claro, ¿Shaoran? – Aceptó Mokona. Al ver el asentimiento en el apuesto joven, preguntó - ¿Fye?
El nombrado salió de su ensoñación, miró a Mokona como un niño que no comprende las palabras de su maestro. Segundos más tarde mostró su típica sonrisa y asintió.
Mokona miró a Kurogane. Este asintió y caminó hacia la barra. Entre tanto, unos cuantos admiradores de Mokona y Shaoran se acercaron para intentar sacarles de nuevo a la pista. Ellos simplemente o no los vieron o decidieron ignorarles.
Mokona se acercó a Shaoran, con el alcohol dominante en sus sentidos y le pasó un dedo por los labios de él. Guiado por los instintos el gruñó y observó su boca.
Fye que lo vio todo, agarró a Shaoran del hombro y tiró hacia atrás. Él sabía que su amigo se lamentaría por lo que hiciera con Mokona. Eran amigos.
- Te arrepentirás. – murmuró.
Volvió Kurogane con dos copas en una mano y tres en la otra. Las repartió entre sus amigos.
Shaoran se llevó la copa, de un líquido que no sabría especificar a los labios y se lo bebió todo de un trago.
Fin del Flashback
Después de las bebidas, él solo recordaba una mujer que no se había apartado de su brazo en toda la noche, Nakuru. Parecía ser que la mujer se había olvidado completamente de su loca obsesión por Fye al ver a Shaoran.
- Nakuru… - se le debió de encender una luz, porque ella se le acercó sugerentemente.
- Al fin hombretón… - ella hizo un gesto provocativo con la boca, poniéndose a cuatro patas y aproximándose a él.
- Estás chiflada - sentenció él, poniéndose de nuevo los cascos, y dirigiéndose al botón con el que un montón de sirvientes robustos entrarían y se la llevarían sin el mínimo esfuerzo. No es que él no pudiera hacerlo, es que llevaba una resaca encima que no sentía con fuerzas ni para alzar a la mujer y arrastrarla hasta la puerta.
- Nakuru, o sales como has entrado, o llamaré a seguridad, ellos se encargarán de castigar tu osadía.
- Yo preferiría que me castigaras tú – susurró Nakuru.
- En tres, dos – ignoró el comentario de ella, no merecía la pena gastarse la mínima energía. – uno…
Y pulsó el botón. Este hizo un leve "pii".
- ¿Y esa maleta? ¿Es que te vas? – la cara de espanto en ella, le hizo sentir confuso.
- Si, hoy mismo – sonrió contento, pensando que así ya no tendría que soportarla más.
En ese instante, un sonoro estruendo, proveniente de la puerta, los alarmó a ambos. Dos vigilantes agarraron a Nakuru, cada uno de un brazo, otros dos para las piernas y la alzaron sin problemas, sacándola de allí.
- ¡No creas que puedes librarte tan fácilmente de mí! – chilló ella, en un solemne juramento.
- Si puedo, es más, ya lo he hecho. – apenas murmuró él, burlándose de la muchacha.
Se tumbó en la cama a esperar la reprimenda de su madre y los gritos de horror de sus hermanas. "Por cierto, ¿qué hacen ellas en casa en lugar de estar con sus maridos?" se preguntó él. De Fanren lo entendía, todavía vivía soltera con él, pero las demás… Un pensamiento le secó la garganta. ¿Y si… ellas habían venido solo para despedirse de él?
El cariño lo embargó por completo, sin ser consciente de las mujeres que corrían hacia a él, y una que se quedaba algo más atrás. Con una cara que exigía explicaciones.
- ¡Oh, hermano! ¿Te ha tocado esa… esa… - comenzó Shiefa
- …mala pécora? – terminó Fuutie, sugerente.
- ¿Qué más puede pasar…? – se lamentó Feimei.
- Se llevan a Shaorancito y entra esa…, todo en un mismo día. ¡Qué disgusto más grande! – dramatizó Fanren.
- Hijo, ¿conocías a esa joven? – preguntó serena, Ierán Li.
- Si madre. Anoche la conocí, pero le prometo que entre nosotros no pasó absolutamente nada.
- Has dado tu palabra jovencito, demuestra que mereces que te crea. – bajó la mirada a la cama en donde estaba tumbado su hijo y hizo una mueca – Y vístete. Ahora, chicas, salgamos.
- Mirad que cachas está nuestro hermanito. – Al pestañeo siguiente, las tenía a todas encima. Inspeccionando todos sus músculos.
- Aaiii, garrapatas incansables, ¡sacaros de encima! – al ver que le ignoraban, masculló de nuevo – Molestas.
- Vaya, ¡pero qué abdominales!, ¿has ido al gimnasio? – preguntó graciosa Shiefa, inspeccionando el lugar.
- Seguro que todas las chicas babean por nuestro hermano. – rió Feimei – A saber que hará con su novia. – murmuró esta vez, para que su madre no la escuchara. Y lo consiguió.
- Niñas, dejad a vuestro hermano que se vista. Shaoran, llamaré a la servidumbre para que te traiga el almuerzo a la habitación.
- De acuerdo madre. – se sentó, ya libre del acoso de sus hermanas – ¿Qué me pongo?
- Shaoran, creía que ya te había enseñado a vestirte. Obviamente ponte un traje. – dijo Shiefa.
Shaoran miró a su madre, buscando un sí o un asentimiento. Nunca llegó pues Ierán Li salió de la habitación como la diosa que era.
Poco después salieron también sus hermanas, él rebuscó en su armario el traje más limpio, era el gris. Se lo puso con una camisa blanca por debajo, con unos tenis negros que bien podían pasar por zapatos, y se aplicó su loción que, según sus hermanas, le daba un olor al que todas las muchachas les gustaba de verdad.
Al rato llegó una criada que traía su desayuno. Se lo zampó todo con gusto.
Pasó la tarde haciendo sus maletas y despidiéndose de sus amigos y familiares hasta que, finalmente llegó la hora de ir al aeropuerto.
- Shaoran, te echaremos de menos colega. – se despidió Fye, acompañándolo con un abrazo de gitano, un beso en la cabeza a modo fraternal y un último guiño de sus claros ojos azules.
"Aunque pudiésemos convertirnos en recuerdos…
- Nunca olvides que aquí tienes a tus amigos, te esperaremos, así que no te retrases demasiado. – le sonrió Kurogane. Shaoran pensó que esa era su despedida, pero al cabo de un rato, él le abrió sus brazos, y Shaoran se envolvió en un segundo abrazo. Se sorprendió de sentir los labios de Kurogane en su cabeza. – Adiós, machote. – otro guiño, esta vez departe de los ojos rojizos.
…no se comparan al calor de vuestro lado…
- Shaoran, promete que nos visitarás, o no, mejor iremos nosotros a visitarte. – Mokona corrió a los brazos de su amigo, este la recibió - Pero, no nos suplantes, o si, haz amigos, pero no como nosotros, o si, bueno, tu ten amigos pero no te olvides que nosotros estaremos aquí siempre, siempre para ti. – se separaron apenas para mirarse - Ei, no pienses que es una despedida, es un hasta luego, recuerda que dije que si te demoras, te visitaremos nosotros. – ella le sonrió, aunque tenía los ojos rojos, y le besó la mejilla a modo de despedida.
…pero porque las despedidas son el motivo del mañana…
- Hermano, ten sentido y protégete. – Shiefa se abrazó a él, y acercó sus labios a su oído y le susurró – llevarás lo que te regalé, ¿verdad? Recuerda que las jovencitas de allí son mucho más salidas que las de aquí, y también más hermosas.
Su hermana le besó ambas mejillas sonrosadas y le dio un nuevo abrazo, con las lágrimas a punto de salírsele.
- Shaoran, espero que encuentres a una muchachita y me des sobrinitos – él se sonrojó un poco más, su hermana Fuutie se acercó, le besó ambas mejillas y le abrazó fuertemente – No le hagas caso a Shiefa, no uses protección, quiero sobrinos. – le susurró.
Él iba a decirle que fabricara ella misma un bebé, que tenía un novio estable, pero ella se apartó de él, y su hermana Fanren se agarró fuertemente a sus costados, en un abrazo afectuoso.
- Sabes que mamá se enfadará si haces lo que te ha dicho Fuutie. – ella le miró a los ojos – hermano, te echaré de menos, de verdad, la casa no será la misma sin ti, de verdad, no sé qué haré a partir de ahora sin ti, de verdad.
- Búscate a un hombre que te merezca, hermana. –le susurró él. – Y de verdad te creo.
Ella sonrió y besó las mejillas de su hermano, dejándole paso a su última hermana.
- Oh, Shaoran, espero que no se caiga el avión ni nada por el estilo. Lamentaría perderte, ¡eres mi único hermano! – ella besó una mejilla de él y le abrazó unos segundos, luego se separó y dijo – aunque… un sobrino tampoco estaría mal.
…éstas se elevarán a un lugar distante tan sólo para alcanzaros…
Él pensó que todas sus hermanas estaban locas, ¿Cómo se les ocurría decir eso en su despedida? Bueno, a fin de cuentas eran sus atolondradas y posesivas hermanas.
- Informamos a los pasajeros del vuelo 5436 con destino a Tomoeda que su avión saldrá en 7 minutos. – anunció repetidamente una voz femenina.
- Escuchadme todos, mi hijo se irá hoy, estará aproximadamente dos días en el avión y luego de hacer un par de escalas, llegará a Tomoeda, donde su prima Meiling le estará esperando para alojarse en un piso que mi guardaespaldas encontró exclusivo para Wei, que partirá en una semana y Shaoran. Allí, Shaoran, quiero que estés un par de días descansando y luego te reincorpores en las clases. ¿Ha quedado claro?
Todos los presentes suspiraron en alivio al saber cuáles eran los planes de Ierán para su hijo.
- Si, madre.
- Cuando las cosas se calmen por aquí, te informaré, aunque te aseguro que no será pronto, y entonces volverás con nosotros.
Shaoran asintió y dio un paso para abrazar a su madre, pero por su gesto se dio de cuenta de que no sería correspondido, así que se limitó a alzar su única mano libre de las maletas, enviadas hace unos minutos, y se volteó.
- Adiós, hijo mío.
Oyó murmurar a su madre a sus espaldas. Ladeó un poco su rostro y dijo.
- Adiós, madre.
Apenas diera un paso, dos, tres...
- ¡Shaoran! – Varias voces gritaron su nombre, el se giró y alcanzó a ver a sus hermanas abrazadas llorando, y a sus tres amigos corriendo hacia a él para darle un último abrazo.
Shaoran sonrió y abrió sus brazos. Por el primer impulso de Mokona casi se cae, luego sintió que Fye y Kurogane le abrazaban por los costados y ahí se sintió seguro, en casa.
- Maricas… - apenas murmuró, con una amarga sonrisa y con las lágrimas amenazando con salir. Y es que, a excepción de su madre, él era el único al que no se le escapara alguna gota.
- Idiota. – sonrió Fye, al tiempo que una lagrima exploró su pálido rostro
- Imbécil. – sollozó Kurogane, sonriendo también, con alguna que otra lágrima pasajera en su semblante.
- No cambies… - murmuró Mokona, apretándose más contra él, empapándole el pecho.
Los cuatro rieron, a pesar de las lágrimas que corrían por su rostro y se soltaron.
- Oigan, ustedes dos, sean muy felices juntos. – les dijo a los hombres, estos miraron a otro lado. Luego se dirigió a Mokona. – Y tu… - le sonrió - Vigila que ellos no se pasen de la raya en mi ausencia.
Ella solo asintió, él besó su frente.
- Informamos a los pasajeros del vuelo 5436 con destino a Tomoeda que su avión saldrá en 3 minutos.
Abrazó por última vez a sus amigos, alzó la mano a sus hermanas e hizo una reverencia a su madre.
Luego volteó sin mirar atrás, apretando fuertemente su mochila de mano en la que, sin saber por qué, había metido los hallazgos de esa mañana.
Se dirigió a su nueva vida. Una vida en la que le esperarían muchos acontecimientos, acontecimientos que ni él mismo imaginó que existían.
…aunque esté solo, yo seguiré adelante."
Hiiii!
Les ha gustado? Por favor comenten sobre su opinión, sus reviews son muy importantes para mi y no se tarda más que unos segundos en escribir uno.
Pasando al cap.. Veis? yo dije que sabríamos más cosas de Shaoran *q* Y bueno, intentaré juntar a nuestro par favorito lo antes posible.
Respecto a la camción, no recuerdo de que era exactamente porque este capítulo lo escribí en verano y aún hace poco le si los últimos detalles para quedar como ahora.
Lo que inevitablemente me lleva a una excusa por tardarme tanto: En un principio este cap lo habría subido semanas atrás, cuando contesté los reviews, porque lo hice, verdad? Es que aún no estoy muy acostumbrada a fanfiction y a saber lo que realmente hice xD
Pues eso, que devería ser subido antes pero cuando lo releí me pareció que no estaba del todo bien ni a mi estilo, por lo que lo cambié, pero después se vinieron los exámenes y trabajos y estuve completamente atareada.
Por cierto, os parecen muy largos los capítulos? Que me falta o sobra algo? Por favor hjacédmelo saber por un comentario, sus opiniones son absolutamente necesarias para mi.
Por cierto, mil gracias a los reviews! ^^
Bueno, creo que esto es todo, hasta la próxima.
Con cariño,
LadyPsichomix
