Los personajes de esta historia no me pertenecen, son de las increíbles chicas de Clamp, yo solo las fusiono con mis ideas locas.


Capítulo 3: Perfectos desconocidos.

Agarró fuertemente las sábanas, como si su vida dependiera de ello. En su sueño, lo era.

No hacía más que caer y caer y caer para volver a caer. Pero el ansiado golpe nunca llegaba. Abrió los ojos, para ver cuánto le faltaba para la fractura de huesos. Miró arriba y abajo. Arriba, negro, oscuridad y penumbras, junto con unas ascendentes cartas de tarot, que así como subían bajaban para volver a subir y bajar de nuevo. Frunció el ceño, eso si era raro.

Abajo, negro y más negro, junto con las susodichas cartas subiendo y bajando. Sintió claustrofobia por quedarse eternamente allí, en un punto muerto en la oscuridad, con las temibles cartas. Por instinto, intentó agarrar algo, lo que fuese. Solo había cartas. ¿Qué podía perder? Alcanzó la que le quedaba más cerca y la observó.

Por la parte que suponía era la delantera, había una figura confusa, abajo, en dorado una inscripción. La nube, leyó.

Algo dolorosamente duro le golpeó la espalda. Tanteó esa zona y fue consciente de que llevaba una ropa más bien hortera. Lo dejó pasar. Alcanzó un bastón, lo elevó para observarlo y se encontró con que era rosa y con una cabeza de pájaro.

Miró detenidamente el bastón, luego la carta, otra vez el bastón y finalmente la carta.

Guiada por un instinto que no conocía, lanzó la carta al aire, se disponía a golpearla con el bastón pero chocó contra el anteriormente ansiado suelo.

Las gemas de sus ojos le dieron una chispa de color a la habitación y el cuerpo sentado expulsó a la mosca que había creído que era un espacio deshabitado.

Sudorosa y jadeante, deslizó las piernas fuera de las mantas. Apoyó los pies en el suelo, se incorporó y la misma sensación de caer constantemente de segundos atrás la embriagó. Sus piernas flaquearon y se cayó al suelo, emitiendo un estruendoso "pum".

- Monstruo, te acabo de escuchar, llegas tarde. – Gritó la conocida voz de su hermano. Se sorprendió de que estuviera en casa. Su hermano tenía un piso a las afueras de Tomoeda y claro que les visitaba, pero por la tarde a su regreso de las clases. – Como de costumbre.pronunció más bajito, pero con toda intención de que Sakura le escuchara.

Cabreada por el mote que su hermano le había impuesto desde siempre, quiso gritarle un "Métete en tus asuntos, plasta" pero aturdida, descubrió que sus músculos no respondían.

- ¡Sakura! – Gritó de nuevo Touya, harto de la mala costumbre de levantarse tarde de su hermana. Contento comprobó que las cosas seguían tal y como las había dejado.

Lo siguiente que hizo, lo hizo tan rápido y ensayado que ni siquiera le dio tiempo de contar tres.

En un segundo reaccionó y se puso el uniforme. Dos segundos y se encontraba en la cocina cogiendo unas tostadas del desayuno e introduciéndolas en la boca, al mismo tiempo que cogió su bolsa del almuerzo de media mañana. Tres segundos y ya estaba en la calle, patinando a toda prisa para comprobar si su querido Yukito todavía la esperaba.

Y allí le encontró, esperándola en su bici. Intercambiaron una sonrisa, perdonándose así mutuamente el plantón de ayer y prometiendo una nueva salida.

Patinando y pedaleando intercambiaron un leve "a la vuelta he quedado con Kero" sorpresa en su inmutable sonrisa "entonces no nos veremos" asentimiento de ella "mañana prometo levantarme más temprano" alzamiento le la mano de él y giro a la derecha de la bicicleta.

Patinó más rápido, si quería llegar justa de tiempo, que era lo máximo a lo que podría aspirar en esas condiciones, tendría que darse prisa.

En tan solo siete minutos estaba sentada en los escalones de la escuela Tomoeda, quitándose los patines y metiéndolos en la mochila.

Corrió y corrió por los pasillos, en los que tan solo se veían a ese tipo de gente que se dedicaba a hacer pellas por pura diversión del enfado del maestro y otros que silbaron en admiración cuando ella pasó corriendo con su falda algo más levantada de lo normal, su nueva camisa abotonada poco más que a la mitad y su corbata sin anudar correctamente en el centro de sus pechos.

Una rápida parada a su taquilla y ya tenía al lado derecho a su casi mejor amigo Eriol, de esos que hacen pellas por el puro placer de reírse y coquetear del desaliño de Sakura y al izquierdo a su mejor amiga Tomoyo, de esas que esperan a Sakura y evitan que se le vea algo más que el sostén.

Tomoyo le abotonó la camiseta, bajó la falda, arregló su corbata y tiró de esta hasta la primera aula que les tocaba esa mañana mientras que Eriol observaba sonriendo socarronamente.

Aliviados comprobaron que su maestro todavía no estaba en el aula por el descontrol de la clase y corrieron a sentarse a sus pupitres, en la esquina trasera izquierda. En el momento exacto en el que depositaron sus traseros en el asiento el maestro entró perforándoles con la mirada por la falta que sospechaba, había cometido su clase.

- Esta vez ha estado muy cerca, que no se repita sino mañana no pienso esperar. – murmuró Tomoyo a su derecha. Ambas sabían que si la esperaría.

- Lo siento, es que he tenido una pesadilla. – susurró Sakura. Al ver la mirada amatista refulgiendo añadió con un suspiro. – Luego te cuento.

Fijó la vista al frente en el momento exacto en el que el profesor Terada se volvía a su clase tras apuntar unas cuentas matemáticas. Lo observó mejor y vio que sobre las cuentas y subrayado como unas cuatro veces había escrito Examen. Entonces recordó que tras volver la tarde anterior a su casa sus apuntes de matemáticas estaban en la taquilla.

- Zeus, mándame un rayo. – susurró para sí, y es que las matemáticas se le daban peor que nada, más aún un tema apenas estudiado.

- ¿Qué tal el examen a primera hora, Sakura-chan?

- ¿De verdad es necesario que conteste? – miró con ojos demacrados a su amiga Naoko.

- Claro que no, seguro que la mayoría suspenderemos, ¡casi no nos explicó nada! Ese estúpido… - Chiharu maldijo por lo bajo a su profesor de matemáticas.

- ¡Oye! Un respeto, él en realidad es amable, atento, considerado, sensible…

- Rika, ¡no empieces otra vez! – Protestó Chiharu al observar que su amiga se ponía roja, cerraba los ojos y llevaba sus manos a las mejillas imaginando quien sabe qué tontería.

- ¿Podemos cambiar de tema? Esto me deprime. – El estómago de Sakura rugió. – Y tengo hambre.

Minutos atrás, al abrir su almuerzo, se había dado cuenta de que con las prisas había cogido el bote de la sal en lugar de alguno de aceitunas o alguna cosa por el estilo. Ahora todas ellas esperaban sentadas en las gradas del campo de futbol, en el único resquicio de sombro, a que Tomoyo llegara de una vez con sus almuerzos.

- Tienes que estar más al loro sobre lo que haces, un día incluso vienes a clase con la camiseta del revés. – Naoko se encogió de hombros.

Asustadas, Rika y Chiharu rodearon a Sakura para contemplarla por detrás. Y como ellas esperaban, una etiqueta asomaba más allá de su corto cabello. Echaron a reír. Debilitadas se tiraron a llorar en las gradas continuas. Intrigada, Naoko se alzó para ver a Sakura, al hacerlo puso los ojos en blanco con una risita floja que pronto se unió a las risotadas de la pareja.

Más sustada aún, Sakura, que había estado sumida en su cabreo hasta que vio a Naoko acercarse, se llevó una mano a la parte trasera de su cuello, encontrando un papelito que definió como etiqueta. Se llevó la mano libre a la boca, abrió los ojos como platos y se puso roja a más no poder.

Como sus amigas no estaban en condiciones de ayudarla, corrió a su árbol favorito. Al llegar, miró a su alrededor, asegurándose de que no hubiera nadie y comenzó a desabrocharse la pálida camisa del uniforme. Una vez puesta al derecho comenzó a abotonar. Apenas llegara a la mitad cuando escuchó un grito.

Alarmada, corrió a donde provenía el grito, y vio a una chica al borde de las lágrimas enfrente de una profesora que sostenía en su mano derecha un teléfono móvil.

Dedujo lo que había pasado y soltó un suspiro, aliviada. Olvidando por completo la tarea de abotonar su camisa, se dirigió a sus amigas. Detectó a una figura más hablando con ellas. Este se dio la vuelta y la vio. Sonrió y se acercó a ella. Puso sus manos en el cuello abierto de la camisa y abrochó el botón que se encontraba más arriba.

- Eriol, ¿Qué…?

Espantada, comprendió lo que se cocía. Se sonrojó débilmente y miró a otro lado, intentando apartar las manos de Eriol de un sitio peligrosamente cerca de sus curvas. Este no hizo caso a sus manos y abrochó lentamente cada botón. Ella supo que lo hacía adrede para incitarla. Le miró de reojo y contempló como fingía observar los botones para mirar otras cosas. Dos en concreto. Un dedo de él quiso explorar más, ello lo percibió y dio por concluido ese gesto.

Se abrochó los botones restantes, ignoró a Eriol y fue a junto sus amigas, donde ya estaba Tomoyo con su almuerzo y Meilig como extra. "Genial", pensó ironizando.

- Ahora que Sakura está aquí ya os puedo anunciar porque estoy tan mega feliz. ¿Listas?

Sakura sentó y como todas sus amigas, cogió una bola de arroz con un alga rodeándola. Le dio un mordisco. Sentía un poco de curiosidad por lo que asintió, atenta, al mismo tiempo que las demás.

- Va, os voy a dejar caer la bomba – gritó entusiasmada – ¡Mi primo Shaoran vuelve a Tomoeda!

Sin comprender el por qué, el arroz se le cayó a la grada debido a la poca presión de sus músculos. Abrió los ojos verdes desmesuradamente y la boca levemente, sorprendida. Su corazón comenzó a latir a una velocidad en la que, estaba segura, sus amigas escucharon.

- ¿Os acordáis de él verdad? Bueno la verdad es que yo no recuerdo mucho su estancia en Tomoeda pero me acuerdo de él a la perfección.

Tomoyo se extrañó levemente, de algo le sonaba pero no conseguía recordar al primo de Meiling. Observó a Naoko, ni se había inmutado. Chiharu había puesto una mueca de confusión y Rika tenía el ceño fruncido. Finalmente observó a su mejor amiga y se dio de cuenta de que para ella el anunció de Meiling había sido brutal, pero por mucho que se devanó los sesos no lo entendió, no comprendió porque.

Se sintió verdaderamente desesperada. De nuevo sintió la sensación que había sentido con Kero el día anterior. Con la diferencia que esta vez no le pudo poner cara al nombre de Shaoran.

Sintió una verdadera alegría como nunca había sentido, pero también sintió una gran agonía. ¿Por qué diablos se sentía tan increíblemente genial de que un chaval, que ni siquiera recordaba haber visto alguna vez en su vida, volviera a Tomoeda?

- Agh, ¡esto es frustrante, realmente frustrante!

- Tranquilizate, Sakurita.

- ¡No! ¡Tranquila no! – gritó una Sakura jadeante – He tenido un sueño absurdo, ¡yo nunca sueño!, suspenderé el examen por un despiste totalmente absurdo, Eriol me tira los tejos y para terminar viene un, un… un chico que no reconozco ni su nombre, y por el que mi corazón palpita alegremente como si bailara rock&roll, PERO NO LE RECUERDO. Agggh – Se agarró los mechones castaños y tiró fuertemente de ellos.

Entretanto Tomoyo nunca había visto a su amiga tan… alterada. Y llevaban toda la vida juntas.

Se habían quedado solas. De improviso Yamazaki había surgido tras Chiharu y se la llevó lejos. Rika había visto a Terada y, tras guiñarles un ojo, había corrido tras él. Naoko fue consciente del estado de Sakura y una sola mirada a Tomoyo le hizo comprender que deberían hablar. Arrastró a Meiling consigo.

- Tranquila. – Abrazó a su amiga, que amenazaba con llorar de histeria. – Hay cosas mucho peores. – miró a Eriol de reojo.

- ¿Cuáles, Tom? – Sakura se abrazaba desesperadamente a la camisa de Tomoyo - ¿Cuáles? – repitió en un hilo de voz.

- Mira. – al ver que no le hacía caso, alzó la cabeza de ella con su dedo índice – Mírame. – los llorosos ojos esmeraldas le rompieron el corazón a los amatistas – Yo también siento alegría de que él vuelva pero al igual que tú no recuerdo nada de él…

- …es como si mi corazón latiera alegremente, pero mi cabeza me pregunta ¿Por qué? Y yo… yo no sé responderme ante esta reacción, Tomoyo ¡Yo no le recuerdo! Ni su cara, ni sus ojos, ni su sonrisa ¡nada! Sabes de sobra como soy yo con las sonrisas ¡Y mi corazón latiendo a un ritmo considerablemente audible! De verdad que no lo entiendo…

- Tranquila. – besó su cabello en un claro acto de afecto - Encontraremos la respuesta.

Pasaron unos segundos hasta que Sakura estuvo algo calmada.

- Por cierto… Todavía no me has contado ese sueño.

Suspiró agotada, a Tomoyo se lo tenía que decir, si no ¿a quién se lo diría? En ese momento no deseó nada más que compartir sus pensamientos.

- Bueno, pues descendía y descendía por… negro – echó una risa amarga – con nada a mí alrededor salvo unas cartas de tarot, creo. En caso de que fueran de tarot, tiene la fácil explicación de que hoy me reuniré con Kero para jugar a tarot y quizás estoy nerviosa. Será eso, no lo había pensado antes. – dijo más para sí que para Tomoyo.

- ¡¿Has visto a Kero? – vio como asentía – Jolín. Oye, ¿puedo acompañaros esta tarde? Tengo una ropa i-de-al para que hagas tarot. – los ojos de Tomoyo brillaron y a Sakura le cayó una gota de sudor.

- De acuerdo, acompáñanos. Pero ni hablar de la ropa. – sonrío ella.

- Sabía que dirías eso. – añadió Tomoyo sonriendo también.

- La sirena sonará pronto ¿Vamos? – como si fuera invocada la sirena hizo un estridente "trii" y ambas rieron.

Mientras recogían sus restos de comida y acomodaban las faldas, Sakura seguía frustrada. Pensó que lo mejor sería no decirle nada a Tomoyo, para que no se preocupara por ella. Podría ponerse seria y en ese caso ella iría a un psicólogo. Se estremeció con la sola idea.

Una vaporosa figura femenina descendió de lo alto del edificio satisfecha con el trabajo que había hecho. Tendría que aliarse con su opuesto si quería que todo saliera bien. Si seguía así podría pasarse, entonces su plan se iría por la basura. En cambio su contrario podría solucionarlo. Tenía una única oportunidad, recapacitó al tiempo que depositaba sus etéreos pies en la rasposa arena.

Tomoyo irradiaba felicidad por todos los poros existentes. Estaría de nuevo con su simpático amigo Kero. Podría gravarles mientras practicaban tarot. Podría ver a Sakura con una diadema de conejito.

Ni ella misma supo de donde salió ese pensamiento pero la sola idea de verla con orejitas de conejo le dio una risa que materializó, confundiendo a sus acompañantes.

- ¿Qué has visto? – murmuró él mirando a su alrededor buscando eso que tanta gracia le había provocado a la de cabello azabache.

- Absolutamente nada. – respondió Tomoyo con la gran sonrisa del recuerdo.

- Entonces, ¿Qué has recordado? ¿Es un chiste? ¡Adoro los chistes! Mi favorito es el del hombre que confunde sus pastillas con balas, ¿lo sabéis? ¿no? ¡Yo os lo cuento! – Kero puso voz de chiste, una dramática y extraña por provenir de él – Esto era un hombre…

- ¿Cómo se llama? – intervino por fin una tercera.

- ¿Quién? ¡Ay Sakurita, no me líes! – Protestó él.

- ¿Quién va a ser? ¡El hombre! – dijo Sakura, como si fuera lo más obvio del mundo.

- No lo sé. – admitió el, con una mezcla de piénsalo y reflexiónalo en su rostro.

- Si vas a contar un chiste ¡infórmate de lo que dices! – reprochó bromeando Tomoyo.

- ¡Ni una pregunta más! Si no, no lo cuento…

Ellas asintieron. Sakura tropezó con una piedra pero Kero la agarró de un brazo y Tomoyo del otro impidiendo su caída. De verdad que no le gustaba el camino a casa de Kero. Había muchas piedras de esas que parecen gritarte "tropiézate conmigo" en un tono lúgubre y fantasmal.

- Bueno, pues esto es un hombre que iba a matar a cerdo, entonces probó a disparar el rifle, pero no salió nada. Extrañado le gritó a su mujer "¡cariño, algo pasa con la pistola!" y ella le dice "¿Me lo vas a decir a mi? Aiii, Manolo, ¡cagué un pedo y maté al cerdo!" – Kero empezó a reír como un poseso.

Vio la mirada desconcertada de ellas. De verdad, pensó, las chicas no cogen un chiste hasta que se lo explicas con cerecitas.

- El hombre cargara la pistola con las pastillas y la mujer tragara la bala en lugar de la pastilla.

Ellas empezaron a reír "falsamente" nada más entender el chiste.

- Os costó ¿eh?

- Es que los chicos os explicáis realmente mal. – protestó Sakura, enjuagándose una lágrima.

Al fin llegaron a la casa de Kero, él las guió al jardín, donde ordenó a un criado que le trajera un té con pastitas mientras ellas se acomodaban en unas agradables hamacas.

Kero siempre había vivido solo. Sus padres no hacían más que viajar y era hijo único. A Sakura le entró pena, ¿Qué sería de ella sin su pesadísimo hermano? Observó la enorme piscina rodeada de hamacas, en tres de las cuales estaban ellas. El jardín era amplio, Kero vivía solo. Se obligó a repetirle a Kero lo que siempre le anunciaba al ver su jardín.

- Deberías montar una fiesta. Simplemente mira, es como sacado de una película o un videoclip. ¿Te imaginas? A las tantas de la madrugada, la piscina llena de espuma que algún gamberro vertió, la multitud bailando al son de una música procedente del interior. En este más y más gente, bailando, ligando, coqueteando, besando. Además, si a alguien le entra calentón tienes habitaciones de sobra.

Kero articuló la boca, pronunciando en silencio el sermón Sakura acababa de anunciar. Se lo sabía de memoria.

- Eso me suena. También te debería sonar a ti mi respuesta; soy una persona pacífica, no de desmadres, pero si algún día necesito un buen subidón con una fiestuqui te llamaré.

- Más te vale. Y a Tom también. – se apresuró a añadir cuando captó que Tomoyo abría uno de sus ojos cerrados, la miró y volvió a cerrarlo.

Ella imitó a Tomoyo y cerró los ojos, desconectando. No es que no quisiera ver el cielo azul, que parecía sacado de un cuadro, rodeado de la perspectiva del jardín de Kero sacado, esta vez si estaba segura, de un videoclip. Tampoco es que quisiera detener el incesante ruido de los pájaros que se encontraban allá a lo lejos en sus casitas de pájaros. No quería dejar de oler esa fragancia de la primavera, tímida por salir, mezclada con cloro, césped segado, desodorante masculino, que olía de maravilla, un poco fuerte quizás y colonia femenina, de un dulzón olor a piruleta. La verdad prefería no desconectar.

Se acomodó en la hamaca y exhaló un suspiro de placer. El sol le lamía la piel de una manera tan agradable, el leve aire le mecía tan suavemente los cortos cabellos castaños. Estaba tan en paz consigo misma.

Entonces, sintió que algo le tapaba el sol, el aire era apenas perceptible y un peso muerto se derrumbó sobre ella. Era un él. Ninguna ella sería tan grande, bien formado y a la vez pesado. Además de que no había dos abultamientos en su pecho.

No abrió los ojos. No podía, los tenía pegados.

Lo siguiente que Sakura sintió fueron unos labios sobre los suyos. La estaban besando. La besaban con arte y creciente pasión. Intentó corresponder. No pudo. Intentó mover una mano.

En ese preciso instante supo que estaba en un estado de semiinconsciencia.

Escuchó un estruendo, como una bomba al explotar. Sintió sus fuerzas y besó como pudo, alzó la mano a la nuca de él y enroscó sus piernas en torno su cintura.

Se dio de cuenta de que no sabía quién le entregaba un beso tan...

Picada por la curiosidad, entreabrió los ojos. Entonces todo se esfumó.

No había nadie sobre ella, nadie la besaba. Miró a su alrededor, buscando una silueta. Na había nadie. Se alarmó. Nadie.

Se sintió sumamente ridícula al continuar en la posición de segundos atrás así que bajó las piernas y mano que seguían suspendidas en el aire y se sentó. Las luces del atardecer dieron color a sus ojos, y le nació un sabor amargo en la boca. Olía a cloro y todo a su alrededor, incluso ella, estaba mojado.

Se sintió una furcia. Con mayúsculas, subrayado y en rojo. Ella nunca hacía semejante acto de valentía y menos aún a una ilusión. Se sonrojó.

- ¡Al fin despertó nuestra bella durmiente! – anunció una voz masculina.

Sakura rió por lo irónico de la frase. La habían despertado con un beso.

- Te quedaste dormida nada más cerrar los ojos, Kero y yo intentamos despertarte a base de pellizcos y cachetes pero tienes un sueño muy pesado. – rió una voz femenina.

- Intenté tirarte un cubo de agua completamente helada pero Tom me lo impidió poniendo como pretexto que hoy no había sido ni de lejos tu día. – Informó Kero.

Se frotó los ojos, todavía aturdida. Se llevó una mano a los labios. Había sido tan real… Miró al sitio de donde provenían las voces y vislumbró las siluetas de Tomoyo y Kero en la piscina.

- ¿Y eso te hizo detenerte…?

Él de cabello acaramelado rió por lo bajo.

- Como tardabas mucho nos metimos en la piscina, espero que no te importe – argumentó Kero – por cierto, tendremos que posponer lo del tarot.

- No, no me importa. Me da lástima lo del tarot pero todo ha sido culpa mía, y ahora vosotros lo estáis pasando bien. ¿Hay sitio para una más?

Ellos aullaron entusiasmados. Sakura empezó a desabotonar su camisa pero se dio de cuenta de la carencia de bikini. Observó con mayor detenimiento a sus amigos y fue consciente de que ellos iban en ropa interior ¡Qué diablos! ¿Cuántas veces se habían visto ellos así? Bingo, muchas. A fin de cuentas ellos eran sus mejores amigos.

Se deshizo de los botones con rapidez y Tomoyo y Kero tararearon una canción de estriptease y ella ralentizó sus movimientos y movió sus caderas. Tiró al azar su ropa y corrió hasta la piscina, tirándose en bomba.

Una sensación de frescor la inundó y sonrió bajo el agua. Asomó la cabeza y un escalofrío recorrió su cuerpo.

Tomoyo alzó una copa de Vodka, Sakura se aproximó a ella y bebió lo poco que quedaba. Todos aullaron y rieron. Continuaron nadando un tiempo que le pareció interminable. No importaba beber aunque al día siguiente tuvieran clases. A fin de cuentas, siempre había una primera vez para todo.

Ya anochecía cuando se deslizaron fuera.

Al salir se encontró con que su ropa transparentaba. Se encogió de hombros, tanto daba. Tomoyo la había visto desnuda en innumerables ocasiones en el instituto o su casa. Kero era gay, o eso quería creer, no se iba a aprovechar de ella.

Deslizó la falda por sus piernas en un movimiento involuntario, se puso las medias que llegaban un poco más allá que la rodilla y se calzó los aburridos zapatos. Buscó su camisa con la mirada. En la piscina. Perfecto. Mañana debería ponérsela húmeda porque tendría que lavarla y no pensaba ir a clase sin camiseta y estaba segura de que no le dejarían ir sin uniforme.

Se la puso sin importarle las condiciones. En lugar de llevar la mochila a la espalda se la puso en el vientre, así disimulaba su transparencia.

Corrió a la puerta principal. Iba algo ebria, por lo que no escuchó a Tomoyo gritarle "Sakura espera, ¡te llevo en mi limusina!".

Corrió y corrió en línea recta. Y como no podía ser menos, en la primera esquina tropezó con alguien, su mochila se deslizó hasta caer con un "flum" y la persona frente a ella le agarró de un brazo justo en el momento en el que iba a recibir el impacto del suelo nocturno.

Al fin llegara a Tomoeda. Le resultó realmente conocida, como la palma de su mano. Se sabía de memoria todos los caminos y a donde conduciría cada uno, en que establecimiento se comía mejor, la escuela a la que iría…

No había nadie conocido en el aeropuerto. Era comprensible, sin hacer escala había llegado con dos días de antelación. Eso le daría tiempo.

En ese momento se encontraba en una limusina conducida por Yue que le llevaría a su nuevo departamento, en el que estaría solo la primera semana a causa de que Wei no llegaría hasta ese plazo. Miró aburrido por las ventanas y decidió echarse una siestecita. Yue había dicho que llegarían en dos horas.

Aún inundado por el olor a coche caro y nuevo y con el incesante runrún de la carretera se durmió sin esfuerzo. Había dormido tan mal en el avión que estaba realmente agotado. Cerró la ventana que le comunicaba con Yue, cortó la radio y se tumbó boca abajo en el mullido sofá de la parte trasera.

Fue consciente de un bulto bajo él. Sintió curvas. Era… ¿una chica? Hablaría seriamente con Yue. Entreabrió los ojos y se encontró con una diosa de la belleza. Con los ojos cerrados y labios entreabiertos. Seguro dormía. Sin pensarlo realmente la besó y un estallido se hizo notar entre la unión de sus labios. Se sentía realmente cabreado con la raza femenina tras el encontronazo con la azafata, pero esto iba más allá de eso.

Se sintió desesperado, ella no le respondía. Ni siquiera se movía.

Tuvo que esperar poco, pues ella correspondió a su beso con una electricidad increíble, llevó su delicada mano a la nuca de él y enroscó las piernas en su cintura.

Al segundo siguiente quiso verla de nuevo, contemplar esa belleza magistral. Abrió los ojos lentamente, esta vez de verdad y se encontró con un espacio vacío.

Se extrañó de verdad, el todavía sentía ese ardor en los labios y la mano seguía en el lugar exacto en el que, en el caso de estar, estaría ella.

Se rió de sí mismo. Estaba tan cansado que tenía alucinaciones. Volvió a cerrar los ojos y durmió de nuevo.

Al despertar se fijó en el exterior. Esa calle le gustaba y no sabía porque, pero tenía que bajar y pasear por allí ahora mismo.

Bajó la ventanita y habló:

- Yue para, quiero pasear por aquí, es irremediable y pienso hacerlo.

Acostumbrado a los caprichos de su joven amo, Yue le contestó:

- De acuerdo señorito, te espero justo aquí, tienes media hora, si tardas un solo minuto más, me preocuparé y te buscaré con un megáfono si es necesario, ¿Entendiste Shaoran?

El único varón de los Li solo mostró su sonrisa completa y falsa con un asentimiento.

Yue era uno de los pocos criados que le caían bien.

Feliz de salirse con la suya, Shaoran bajó y caminó con paso despreocupado por las calles de Tomoeda.

Al llegar a una esquina tropezó con una chica. Esta dejo caer algo. Notó que era una mochila y la llevaba para cubrir sus pechos: estaba mojada y transparentaba, una sonrisa pícara adornó su rostro y agarró la muñeca de ella en el segundo que iba a chocar contra el suelo.

Al verle la cara, su sonrisa desapareció y una sincera sorpresa le inundó.

La conocía.


Antes de nada, ¡FELIZ AÑO! Ayer fue un verdadero desmadre de fin de año, a fin de cuentas solo se celebra una vez, no?

Pasando al capítulo devo admitir que tuve un montón de dudas, en un principio este iva a ser el 4 no el 3 pero es que el 3 me parecía tan sumamente aburrido que por mucho que lo corregí no me gustó y lo eliminé. Pero lo importante es que Shaoran ya está en Tomoeda, Yuhuuu! Este cap se prolongaba un poquito más, pero decidí cortarlo aqui para dejarles con la intriga, juas juas juas.

Por favor déjenme conmentarios sobre si les gustó el encontronazo o no, vuestras opiniones son realmente importantes para mii.

Gracias por los reviews del capítulo anterior, de verdad lo agradezco :D

Bueno, no quiero sacarles mucho tiempo con mis tonterías así que me despido y una vez máas...

Feliz año y felices fiestas!

Lo que me recuerda que les dejé un regalo de navidadees! Gracias por su buena acojida :D

Ahora si, hasta la próximaa! :D

Besitos,

Psichomix