:D Hola sempais. Después de haberme desaparecido eternidades en este fic ¬¬U -pido disculpas si alguien lo esperaba con ansiedad ewe... si, como no =.=U- vengo a dejarles la conti.

Primero que nada, agradezco a las dos personitas que se molestaron en dejar un review, Jashin se los agradece y Mary les manda muchos besos y abrazos x3. Ahora, después... eh... intentó darle más ItaDei a la historia -aunque ya empiezo a extrañar a Sasori danna u.u-, pero como saben, soy más de la que gusta del ItaDei como un triangulo con el SasoDei y solo con insinuaciones, así que espero que sus expectativas conmigo intentandolos como pareja un poco más unida, no llegue demasiado lejos ^^U.

Bueno, ya fue mucho comentario. Aquí les dejo la conti, espero que la disfruten ^^## y dejen review, da~.


2.

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Podían existir muchas razones por las cuales, estar sentado al lado de Deidara, podían resultar extrañas e incluso incómodas para Itachi. En primer lugar, estaban los sentimientos que el rubio siempre había sentido contra el Uchiha, y en segundo, los que Itachi parecía haber adquirido a lo largo del incidente de Sasori. Y estar mirando las nubes, como si fueran amigos de toda la vida, podría ser algo que normalmente Itachi no se habría permitido siquiera imaginar.

Deidara no había dicho nada, y mantenía la cabeza recargada en los brazos y echado boca arriba y mirando las nubes, como si también en algún momento las hubiese considerado arte. En realidad, Itachi creía que Deidara era un espíritu que daba más rienda suelta a sus emociones cuando estaba en el aire. Seguramente, pensaba entonces, el rubio amaba volar. Y es que debía de ser una sensación cálida y resplandeciente, sentir la brisa moviendo tus cabellos y que al mirar abajo, veas que estás por encima de todos.

Itachi, de poder tener una segunda vida, querría ser un ave. Es que, aquellos pequeños animales extendían las alas y emprendía el vuelo. Muchos animales los miraban desde abajo, deseando poder hacer lo mismo. ¿Ó sería una ilusión? Quizá, el único animal que envidiaba a los pájaros, eran los humanos.

Miró de reojo a Deidara, que no había apartado la mirada del cielo y que empezaba a curvar sus labios en una sonrisa, tan imperceptible que Itachi creía que se lo estaba imaginando. ¿Disfrutaría de ese momento tanto como él? Claro que jamás lo admitiría, eran los criminales más peligrosos del mundo ninja, y sería ridículo confesar que sentía algo, y todavía más estúpido declarar ó admitir al amor en su vida. Itachi volvió la mirada al cielo, y sus ojos parecieron oscurecerse. La cosa era, que Itachi detestaba estar ahí, sin importar que fuera una misión y su decisión haber entrado, es que era frustrante. Sus pensamientos volaron a Sasuke. ¿Dónde estaría él? ¿Qué estaría haciendo? Fuera lo que fuera, era seguro que odiándolo más y pensando que todo el holocausto Uchiha había sido producido por la maldad que no había realmente en su corazón.

Cerró los ojos y suspiro.

—Sasori nunca hace nada de esto conmigo, hum— dijo de pronto Deidara e Itachi abrió los ojos para mirarlo atentamente. El rubio no había apartado la mirada, pero su sonrisa se había ensanchado más, aunque de manera en que solo podía catalogarse como amarga —Siempre dice que no debemos perder el tiempo en niñerías. Pero, ¿sabes? Él hace muchas cosas que no van de acuerdo a un criminal. Y encima, sus niñerías son más grandes que las mías.

Itachi no sabía si Deidara hablaba consigo mismo ó si por el contrario, le hablaba a él y esperara una respuesta. Ante la duda, prefirió esperar a que el rubio continuara, pero éste no lo hizo, y se quedo callado. Después de unos segundos, Deidara miró a Itachi con la ceja arqueada e Itachi supo que, en efecto, el oji azul esperaba una palabra.

—¿A sí?— fue lo único que se le ocurrió decir. Deidara sonrió mientras lanzaba una especie de resoplido.

—Sí— respondió, volviendo la mirada al cielo. Pasaron otro par de minutos antes de que volviera a hablar, cambiando el tema ligeramente: —¿Tú crees que él sepa que lo hemos estado cuidando, hum?

Sinceramente, aquella simple palabra, en la que lo incluía a él, le hizo sentir una especie de cosquillas en el estomago y una horrible —pero a la vez placentera— presión en el pecho. Pero trató de concentrarse en la pregunta del rubio para contestarla.

El pergamino había dejado a Sasori en una especie de coma e Itachi recordó que su padre le había dicho, que cuando una persona estaba en aquellas condiciones, podía escuchar cuando le hablabas y que además, se recomendaba hacerlo, porque entonces, era más probable que la persona despertara. Patrañas, así había llamado su padre a esa teoría mientras le decía a Itachi que no servía de nada. Pero el Uchiha menor así nunca lo creyó. Tenía que ser cierto eso que habían dicho, incluso recordó como anteriormente le había hablado a Sasori aún pese a que él todavía no despertaba.

En realidad, Itachi no podría afirmar nunca si Sasori sabía o no que estaban ahí, en la misma habitación y procurando porque se recuperara, pero sí se sabía de antemano, que de saberlo, Sasori nunca haría alusión de ello. Porque el marionetista era soberbio y orgulloso, jamás delataría que su debilidad dio pie a que tuvieran que cuidarlo, y haría como que no se había enterado de nada. Aunque quizá no conocía demasiado bien a Sasori para afirmar algo de él.

—No lo sé— respondió con sinceridad —Quizá sí. Quizá no. ¿Importa?

Deidara se sentó de un brinco.

—A mí sí me importa, hum— constató mientras escudriñaba a Itachi con la mirada —Después de todo, danna tendría que admitir que su arte no fue lo suficientemente bueno como para salvarlo y el mío me dio para salvarme y de paso a él, hum.

Itachi arqueo una ceja, mientras se recargaba sobre sus codos y miraba a Deidara, extrañado.

—¿De verdad?— preguntó, ciertamente incrédulo, pues hasta ahora había pensado que Deidara cuidaba de Sasori porque le importaba. Bueno, ya podía despedirse de esa idea —¿Solo por eso lo estás cuidando y esperando con tanta ansiedad que se despierte? ¿Para que admita algo que tú y yo sabemos (y eso que no conozco tan bien a Sasori), no va a decir nunca? Me refiero a que…— hizo una pausa y meditó cómo sonarían las palabras que había dicho y las que estaba a punto de decir —¿No te importa si se muere?

La expresión de Deidara le dio la respuesta a Itachi, aun a pesar de que apenas sí había pasado tiempo con él, sus rasgos claramente se habían desfigurado con algo parecido al miedo. En resumen, a Deidara sí le importaba Sasori.

—Hey— respondió Deidara, mirando hacia otro lado —Nosotros somos criminales. Es común que estemos rodeados de muerte y si Sasori muriera entonces yo habría ganado. Nada puede ser eterno, hum— el artista efímero miró hacia abajo, con una expresión entre apocada e indiferente —No me importa que Sasori se muera, aunque sería una lata tener que acostumbrarme a otro compañero después de él, hum.

Itachi entrecerró los ojos e intento dar con una respuesta al frío comportamiento de su compañero. Si quería mentir era cosa suya, en realidad, el Uchiha habría dicho lo mismo aun sintiendo algo completamente contrario. La confianza es algo que no se podía dar el lujo de andar depositando en cada uno de los miembros de Akatsuki. Se preguntó entonces, ¿cuánto sabría Sasori de su alumno? ¿Se habría molestado en verlo alguna vez en serio? ¿Ó Deidara cuánto creía saber y entender a Sasori? ¿Qué lazo lo unía de aquella manera tan fuerte aún a pesar de saber que quizá, Sasori no lo quería? Oficialmente, querer ahí a un Akatsuki, debía de resultar de lo más tedioso y horrible. Era como elegir entre el veneno tomado voluntariamente a una mordida de serpiente: Tomar el veneno, sería como escoger querer a un Akatsuki.

Miró a Deidara, que fruncía el ceño, mirando un punto en la nada sobre la tierra. No lo quería obligar a admitir que Sasori significaba algo para él. Si quería decirlo, sería su decisión, y si no…Bueno, Itachi no se sentiría mal por ello.

—¿A ti te importaría, hum?— preguntó Deidara de repente, con la voz taciturna. Itachi le dirigió una mirada inquisitiva, no entendiendo muy bien a quién se refería exactamente. El rubio cruzó la mirada un segundo antes de parecer recapacitar y apartarla con un ligero sonrojo en las mejillas —Si danna muriera, quiero decir.

Itachi frunció el ceño.

—Yo…— empezó a decir el pelilargo con las cejas tocándose mientras más tiempo pasaba. Deidara volvió a mirarlo, expectante —No he pensado en si me importaría la muerte de alguno.

Al parecer, la respuesta le causaba gracia a Deidara, ó ya se la había esperado venir, porque sonrió de oreja a oreja, aunque la sonrisa no llegó a sus ojos, que parecieron oscurecerse.

—¿Ni la de Kisame, hum?— preguntó nuevamente el rubio. Itachi parpadeo sorprendido, pero se mantuvo en silencio, haciendo que Deidara tuviera que continuar hablando, aparentemente sorprendido —¿No? Eres un hueso duro de roer, ¿eh?— hizo una pausa —¿Ni siquiera sentirías un poco de lástima, hum? ¿No te sentirías raro ó vacío, como si algo le faltara a tu vida ó no estuviera bien? Quiero decir, ni tú deberías estar exento de sentir algo. ¿A caso te importa un bledo? Kisame habla de ti como si te considerara una especie de compadre y tú, ¿realmente lo tomas por alguien que es igual que andar solo, hum? Son compañeros después de todo, hum. Creo que sería como si tu mundo se detuviera un segundo, ¿no? Al fin y al cabo…

—¿Es eso lo que tú crees que sentirías si Sasori muriera?— atajó Itachi, que por una extraña razón se sentía incómodo con todas las propuestas del rubio. Deidara se quedo callado, frunciendo el ceño.

—A mí no me importa, hum— aseguro el rubio, con aparente frivolidad, y luego sonrió soberbiamente —Pero tú pareces tener un mejor corazón que yo. Ayudas a Sasori danna y él te odia. Igual yo, hum.

Itachi termino por quedarse sumido en el silencio, sopesando aquella información. Por supuesto, Itachi nunca le hizo nada a Sasori. Aunque ciertamente se sentía aturdido porque Sasori considerara arte a matar y convertir a sus víctimas en arte. Nunca se preguntó exactamente cómo había iniciado la obsesión por aquello y creía que no debía de importar. Al final, Sasori era uno de los malos.

Miró hacia abajo. Todos los Akatsuki debieron de pasar por algo antes de convertirse en lo que eran ahora. ¿Dolor, muerte, tristeza, soberbia, avaricia? Itachi al principio se imaginaba a niños mimados que tenían que conseguir las cosas que querían a cualquier costo. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Qué tal si, por casualidades del destino, ellos habían sido escogidos por el Dios de la Soledad ó del Dolor y los había azotado contra la realidad hasta convertirlos en los sanguinarios y crueles criminales de Akatsuki?

El Uchiha pensó en su pasado, tan feliz hasta que tuvo que escoger entre la paz de Konoha ó su familia. Aquello le había resultado doloroso, y si, al final había escogido matar a su clan, había sido porque no quería ver otra vez los cuerpos de las personas tumbados. Porque, en cualquier caso, una guerra interior en la aldea, hubiera debilitado a esta, y las demás aldeas se habrían lanzado a atacarla, destruyendo todo a su paso ó tomando posesión al mejor postor. Y habría sangre y muertos en todas partes. La imagen le hizo estremecerse.

—Porque me es indiferente— respondió Itachi, con la voz ronca. Carraspeo un poco para aclarar su garganta y poder añadir con más naturalidad: —Y en todo caso, ¿te importa? Quiero decir, deberías de agradecerlo.

—Nunca te daré las gracias, así que no esperes sentado, hum— interrumpió Deidara. El Uchiha le sonrió de lado.

—No lo espero, pero al menos deberías de pensarlo— respondió con una voz altanera —Considerando además que sí te importa tú maestro.

Deidara se sonrojo violentamente, e Itachi no sabría si de vergüenza, de coraje ó una combinación de ambas, pero estaba seguro de que el rubio le tiraría un golpe en la cara.

—¡Te he dicho que…!— gritó el rubio, pero Itachi solo se recostó nuevamente a mirar las nubes.

—No le diré a nadie, aunque a veces puede ser muy obvio, es especial en situaciones como estas— le dijo, haciendo que Deidara se callara. Itachi lo miró, con aparente complicidad —Ahora, permíteme preguntarte (y no quisiera que te vieras obligado a responder si no quieres): ¿Se lo dirías a Sasori? ¿Le harías saber que te importa?

Esperaba que Deidara no le respondiera nada, pero, pasados unos segundos, se sorprendió de escucharlo admitir algo que le hizo sentir una especie de lástima por el rubio.

—¿Tú le dirías a alguien como Sasori eso, hum?— su respuesta formulada como pregunta, tenía un tono realmente abatido, que hizo que Itachi se sentara y mirara a Deidara con el ceño ligeramente fruncido. El rubio no levantaba la mirada del pasto —¿Eh?

Una fresca brisa removió el cabello de ambos e Itachi se sintió un poco complacido con la caricia. Y se quedo sin aliento al ver como el egoísta viento rodeaba una y otra vez a Deidara, y levantaba sus claros cabellos como el sol. Itachi —no por primera vez— deseo estirar la mano y acariciar el rostro del rubio, pero se limitó a apretar los puños y rasgar la tierra con sus uñas, ensuciándolas en el proceso y causando una sensación desagradable. El Uchiha se contuvo de mirarlas y empezar a limpiarlas.

Deidara volvió a mirarlo, esperando la respuesta del Uchiha. Itachi, que no se atrevía a opinar sobre la relación entre ambos artistas, se encogió de hombros.

—Tú eres el que lo conoce, ¿no deberías decírmelo tú?— fue lo que respondió al fin, luego de unos segundos. Deidara lanzo una carcajada y se tiró de nuevo sobre el pasto, estirando los brazos y las piernas en "x" y mirando el cielo con una sonrisa amarga.

—La respuesta inminente es no: Jamás le diría algo así a Sasori. Me tacharía por un ridículo y es que, en realidad, lo soy, hum. Un criminal no debe querer, no estamos hechos para eso.

—Pero en un principio— interrumpió Itachi, pensando en voz alta —Al nacer no estamos hechos para ser criminales.

Deidara lo miró largo rato, como si no alcanzara a comprender de lo que estaba hablando Itachi.

—Suena como si no quisieras ser un Akatsuki, hum— declaró al fin, seriamente. Itachi lo miró, cayendo en la cuenta de las palabras.

—No estaba en mis planes cuando pequeño— admitió Itachi con una sonrisa casi maquiavélica, intentando que pareciera que las cosas habían cambiado a lo largo del tiempo. Creía haberlo logrado, pues Deidara amplió su sonrisa y se cruzó de brazos, satisfecho con las palabras del Uchiha —Las cosas cambian. Siempre toman un rumbo diferente a como las planeas.

—¡Cierto!— exclamó Deidara con una risa sincera —¿Cómo iba yo a creer que me traerían aquí para obligar a quedarme? ¡Yo tenía muchos planes para futuro y nadie se molesto en preguntarme, hum!

Igual que a mí. Pensó Itachi con amargura.

—¿Y qué pensabas hacer de tu vida?— preguntó Itachi, para menguar el descontento del recuerdo sobre sus órdenes para matar a loa Uchiha.

Deidara pareció encogerse de hombros.

—En realidad, no tengo ni idea, hum— contestó Deidara con una especie de tono burlón en la voz. Itachi arqueo una ceja mientras Deidara lanzaba otra carcajada —En realidad, soy bastante de los que preparan su mundo de acuerdo a las condiciones que se van dando, hum.

Itachi no podía estar más de acuerdo con eso.

—Sí. ¿Pero entonces, por qué te quejas?— susurró Itachi. Deidara lo miró.

—Nunca me ha gustado que me digan qué hacer, hum— admitió, mientras lo miraba con ponzoña —Y no me gusta que me haya tenido que quedar en Akatsuki por culpa— hizo un especial énfasis en el "tú", para que Itachi se percatara de que pese a estar platicando en ese momento, sus sentimientos por él no cambiaban antes de añadir —Aunque, supongo que no está mal. En Akatsuki puedo estar mostrando continuamente mi arte, y además, tengo un maestro que me ha enseñado el verdadero significado de vivir por y para tu arte a un modo extremista y realmente admirable, hum.

Itachi hizo como si no escuchara lo último, porque a todas vistas a Deidara había hablado sin pensar. Pero, se dio el tiempo de pensar que era cierto, al fin y al cabo, Sasori se había convertido en arte, y era de suponerse que como maestro de Deidara, le hubiese inculcado la idea. Se estremeció al pensar en Deidara inmolándose a sí mismo para convertirse en arte y seguir los pasos de Sasori.

Pensó en esa sensación que había descrito anteriormente Deidara sobre perder a tu compañero. Pensó en Kisame, en la manera en que el hombre pez lo aceptaba de cierta manera, sin obligarlo a hacer algo que no quisiera. No se imagino lamentando su muerte, como se había dicho cuando se le cruzaba por la mente las palabras de Pein para con Orochimaru: "Hemos perdido a un integrante, pero continuaremos con el plan". Orochimaru no estaba muerto y de alguna manera, eso lo hacía diferente a lo que podría decir de otro Akatsuki. Porque era diferente la traición a la muerte.

—No le digas que he dicho eso, hum— dijo de pronto Deidara, dándose cuenta del tono extremadamente adulador que antes había empleado en su voz —Yo respeto a Sasori como maestro y artista, pero eso que acabo de decir, es como decir que…

—¿El qué has dicho?— preguntó Itachi, fingiendo que no había escuchado nada de lo que anteriormente le había conversado. Deidara, al principio se vio ofendido, pero justo después sonrió y miro con los ojos entrecerrados al Uchiha.

—Más te vale, hum.

Ambos se sumieron en un profundo silencio. Al fin, Deidara se puso de pie y se sacudió las ropas. Itachi lo miró con detenimiento.

—He pasado suficiente tiempo afuera, hum— dijo el rubio, mirando a Itachi, sin sonreír —Y ya te has descansado tú también, así que iré a ver cómo está Sasori danna, hum.

Itachi asintió en silencio. No quería marcharse, aunque siempre habría sido mejor si Deidara se quedara, parecía que ahora podían construir una plática sin que el rubio intentara echarle riña, pelear y vencerlo. Ocasiones como esas debían de ser agradables tenerlas de vez en cuando. Miró a Deidara largo rato mientras el rubio se acomodaba el cabello.

—No se hablará de este tema, hum— sentenció Deidara mientras fulminaba con la mirada a Itachi. El Uchiha se encogió de hombros y vio a Deidara mientras éste le daba la espalda y se marchaba caminando a la guarida.

En el silencio en que se quedo sumido, Itachi levantó la mirada al cielo, tan claro como los ojos del rubio. También reparo en el brillo del sol y tuvo que volver a entrecerrar los ojos para que no se lastimaran. Al final, termino por cerrarlos.

Si Deidara quería a Sasori, era porque Itachi no era el único subnormal de la organización que podía tener sentimientos y eso le hacía sentir un poco aliviado, menos tenso por no dejar entrever sus emociones —aunque claro que no estaba diciendo que de ahora en adelante lo haría—, seguiría siendo igual a siempre, aunque se sentiría menos observando y en constante prueba.

Pero, a pesar de esos sentimientos de alivio, al abrir los ojos supo que se encontraba triste. ¿Por qué? En realidad no se atrevería a siquiera suponer. Al final, había terminado doliéndole que Deidara quisiera a Sasori.

—Solo porque no hay quién me quiera a mí— se dijo, en un tenue susurro, mientras se llevaba la mano al pecho, donde el corazón había empezado a latir con dolorosa lentitud —No porque especialmente Deidara quiera a Sasori.

Recordó los sueños que había tenido donde él podía besar a Deidara y su pequeña mentira se vino abajo.

0*0*0

Estar con Itachi aquel rato no le había sido muy placentero a Deidara, que estaba tan abatido que se le habían salido palabras sin pensar. Se avergonzó de que hubiera admitido aquellas particularidades de su vida a alguien como Itachi, a quien consideraba, su enemigo más mortal en Akatsuki. Suspiro.

—¡Ahí estás, rubia!— gritó alguien a sus espaldas.

—Quizá he pensado antes de hablar, hum— susurro Deidara para sí mismo, al reconocer la voz irritante y fastidiosa del Jashinista. No se digno a voltear.

—¡Pedazo de estúpida!— gritó nuevamente Hidan, mientras le daba alcance a Deidara y lo jalaba de la capa —¡Te estoy hablando!

—¡Eh!— gritó Deidara, mientras empujaba a Hidan a un lado —¡¿Eres estúpido ó solamente llegaste tarde a la repartición de cerebros!

—No es mi culpa que estés sorda— dijo el albino con sorna.

—No es mi culpa que no sepas la diferencia entre hombre y mujer, hum— ladró Deidara, mientras se acomodaba la capa y fulminaba a Hidan con la mirada —¿Qué quieres?

—Solo quería decirte que mientras tú saliste con Itachi a quién sabe qué mierdas, Sasori despertó y preguntó por ti. Parecía bastante ansioso— señaló Hidan asintiendo levemente con la cabeza. Deidara abrió los ojos de par en par y sonrió de oreja a oreja.

—¿Dónde está danna?— preguntó, entre feliz e impaciente.

—En su cuarto, yo que tú iba rápido, ha estado esperando un buen rato— contestó Hidan sonriendo. Deidara salió corriendo al cuarto de Sasori y tocó la puerta. No hubo respuesta y el rubio respiro profundamente.

—Sasori danna— susurro mientras giraba la perilla y abría levemente la puerta —Voy a pasar. No se enoje, no quería hacerlo es…

Cuando termino de abrir la puerta sintió que se le iba el alma a los pies al ver que Sasori seguía en su cama, y que además, la sábana le cubría el rostro. ¿Qué, qué significaba eso? De su boca salió un gemido.

—¡Ah!— soltó Hidan, detrás de él —¿Ha muerto mientras tú te fuiste con Itachi? Eso no es agradable.

A Deidara se le quisieron saltar las lágrimas de los ojos, hasta que Hidan lanzó una carcajada que era clara prueba de que le había jugado una mala pasada.

—¡Deberías de ver tu cara, idiota!— gritó Hidan, lanzando carcajadas a diestra y siniestra y señalando a Deidara. El rubio se giro a ver por encima del hombro al peliblanco.

—¡Tú, pequeño imbécil, hum!— gritó antes de sacar arcilla y arrojársela en la cara al Jashinista, haciendo que parte del pasillo explotara junto con el albino.

—¡Auch!— gritó Hidan cuando su cara salió rodando a un par de metros de su cuerpo. Con la cara tiznada y tosiendo polvo, Hidan maldecía una y otra vez a Deidara, que se acercó lentamente a él y lo miró mientras se tronaba los nudillos —¡Eh, tú estás idiota ó qué! ¡Jashin te castigará por esto! ¡Kakuzu, la estúpida rubia me ha zafado la cabeza, ven a coserme para que le dé una paliza!

—¡Ahí voy!— gritó entonces Deidara, levantando la pierna derecha hasta atrás, e, impulsado por el susto, el coraje y lo demás, lanzó una patada tan fuerte a la cabeza de Hidan que al ésta salir volando, casi podría escucharse cada uno de sus huesos crujir. Si eso no mataba a Hidan, estaba claro que Jashin había hecho un buen trabajo para no tenerlo con él —¡Toma esa, negado de Jashin, hum!

La cabeza de Hidan paso zumbando al lado de Kakuzu, que contaba el dinero y cayó al suelo, a los pies de Itachi, que recién entraba a la cueva. El pelilargo parpadeo, sorprendido y miró a Hidan antes de levantar la cara y observar como Deidara, azotaba la puerta del pasillo correspondiente a la habitación de Sasori.

—¡Maldita rubia, esta me la pagas!— gritó Hidan, refiriéndose a Deidara. Luego miro a Itachi —¡Eh, Uchiha bastardo, no te quedes como idiota y llévame a donde Kakuzu para que el avaro ese me cosa el cuello!

Itachi arqueo una ceja, y estaba a punto de levantar a Hidan cuando Kakuzu llegó y pateo la cabeza, sacándola al jardín.

—¡Ah!— exclamó un sorprendido Hidan.

—Te dije que no era buena idea— le reprochó Kakuzu, frunciendo el ceño, con periódico en mano —¡Ahora Deidara hizo explotar parte del pasillo y encima, quieres que te cosa el cuello! ¡Mi trasero!

Y con aquello último cerró la puerta a la mitad de una maldición de Hidan.

0*0*0

Deidara le quito la sábana del rostro a Sasori con lentitud. Seguía igual que los últimos días, aunque ciertamente a Deidara le alivio que parecía seguir… relativamente vivo. Las marcas en su cuerpo ya empezaban a hacerse más claras, aunque todavía se podían divisar con un tono grisáceo, casi cercano al negro. El coraje se le había bajado nada más ver a su maestro y decidió que el silencio vendría mejor para el pelirrojo. Suspiro pesadamente mientras se sentaba en el suelo, al lado de Sasori. ¿Y si hubiera sido cierto? ¿Sí Sasori hubiese muerto mientras él estaba platicando con Itachi?

No, mejor ni pensarlo. Sacudió la cabeza de un lado a otro, esperando que la idea se despejara de su cabeza. Una vez más miró a Sasori y luego, sus ojos se desviaron a la mano de madera que descansaba a un escaso metro de la suya. Tuvo unas repentinas ganas de estirar la suya y tomar la de Sasori, estrecharlas y enredar sus dedos con los de su maestro.

Con cierta inseguridad empezó a acercar la mano. Si Sasori estuviera despierto, lo mataría antes de siquiera rozarle, pero ahora no lo estaba. El rubio lanzó un suspiro cuando por fin, tomo la mano de su maestro entre la suya y la estrechó un poco. Su mano era fría, y dura, no como los típicos músculos, y mientras el rubio buscaba contraer sus dedos y los de Sasori, para que pareciera que él tomaba conscientemente su mano, se dio cuenta de cuan ridículo debía de estarse viendo. Sin embargo, siguió aferrando la mano de Sasori. Su corazón golpeaba con fuerza en su pecho, y el rubio tuvo que contenerse para no ponerse de pie y besar la frente y los labios del pelirrojo. Se sonrojo violentamente y por fin, soltó la mano de Sasori, atrayendo la suya hasta su pecho, como si se hubiera quemado.

¿Y le harías saber a Sasori lo que sientes? No. La respuesta inminente es no.

Durante las siguientes tres horas y media no se acercó a Sasori más de lo que se acercaría de estar despierto el pelirrojo.

Después de ese tiempo, la puerta sonó y Deidara se giro a ver la puerta.

—¿Qué?— preguntó, con la voz déspota. Sin responder, la puerta fue abierta por Itachi, que entró sin cerrar ésta y le estiro a Deidara un libro. El rubio lo miró con el ceño fruncido a él, luego al libro, y después nuevamente al Uchiha —¿Un libro? ¿Para qué quiero ahora un libro, hum?

Itachi no sonrió, Deidara se estremeció al reconocer al frío Itachi de siempre, al parecer, se había tomado muy en serio lo que le había dicho anteriormente. Por alguna razón, eso logró entristecer un poco a Deidara, pero enseguida se concentró en lo importante: ¿Qué quería Itachi que hiciera con el libro?

—Lee— respondió Itachi, después del silencio que se había formado entre ellos. Deidara frunció el ceño, sintiéndose estúpido.

—No quiero hacerlo ahora, hum— dijo el rubio, volviendo la mirada al pelirrojo.

—Hazlo— le insistió Itachi mientras le ponía el libro enfrente. Deidara se giro a decirle una grosería, pero al ver que él sonreía (de manera imperceptible, pero lo hacía), su corazón se aceleró y tomó de mala gana el libro. Lo abrió en una página cualquiera y se puso a repasar las líneas —Deidara— lo interrumpió Itachi, con la voz de quien le habla a un niño pequeño e ingenuo. El rubio lo miró, hastiado —Me refiero a que lo hagas en voz alta.

—¿En voz alta?— repitió confundido el rubio —¿Para qué?

Itachi se encogió de hombros.

—Antes escuché que las personas en coma pueden escuchar cuando les hablas, que se alegran cuando lo haces y que además, se pueden recuperar más pronto— respondió. Deidara arqueo una ceja.

—Eso es una tontería, hum— susurro.

—No se pierde nada con probar, ¿cierto? En todo caso, creo que Sasori debe de estar aburrido ahí acostado todo el rato, sin poder moverse. Deberías leerle, sino le vas a hablar.

Antes de que Deidara pudiera recriminar, el Uchiha dio media vuelta y salió de la habitación cerrando la puerta quedamente tras de sí. El rubio frunció el ceño, pensando que Itachi cada día era más tonto, pero miró el libro y luego a Sasori. Volvió a lanzar otro gran suspiro.

—Bueno, danna— dijo, en un susurro —Parece que en efecto, Itachi es más ridículo de lo que me permití pensar, hum— se concentró en las líneas del libro —Esto es absurdo, hum. ¿Prefiere mejor que le hable? Oh, de eso no estoy seguro, al menos lo que escriban aquí le parecerá siempre más entretenido de lo que yo le diga, hum. Total… — miró el suelo, a Sasori y nuevamente el libro, mientras un pequeño sonrojo se hacía presente en sus mejillas antes empezó a leer en voz alta, acongojado.

0*0*0

Era ilógico que le doliera cada parte de su cuerpo, después de todo, era una marioneta. Lo que más había querido evitar convirtiendo su cuerpo en material artificial, era que no fuera propenso a sufrir. Ahora, que sentía por primera vez en mucho tiempo el dolor, creía que su objetivo no había sido logrado. Se avergonzó de sí mismo y durante mucho rato —en que realmente quería ponerse de pie y abrir los ojos— se mantuvo quieto, observando la oscuridad que se ceñía sobre su cuerpo.

Al principio, había resultado molesto. ¿Cómo había podido caer en aquel truco más burdo? ¡Se suponía que era un criminal de Rango S, y se jactaba de su inteligencia! Pero ahí estaba y conforme pasó el tiempo comenzó a hastiarse, y luego, entró en una especie de desesperación. Se quería esforzar en mover la mano y al no lograrlo, de su garganta salía un profundo y adolorido grito. Después de todos aquellos sentimientos, Sasori había entrado en una especie de trance en el que todo le daba igual. No podía quitarse la vida sin poder moverse, pero tampoco quería siquiera pensarlo. El dilema era bastante fuerte entre más pasaba el tiempo. Y entonces volvió la desesperación.

Había sido un completo estúpido por descuidarse con un maldito pergamino. Lo que había resultado tan fácil en aquellos momentos, ahora se le antojaba más horrible que la muerte. ¿Eso sería verdad? Después de todo, no estaba muerto. ¿Ó lo estaría ya? ¿Así era como se sentía? Y si estaba vivo, ¿cuándo despertaría? ¿Ó se quedaría así para siempre?

De poder hacerlo se habría echado a llorar, pero lo único que pronunciaba eran gemidos ahogados y que probablemente nadie escucharía. Por si no fuera poco, cuando el silencio termino, lo único que podía escuchar era la voz de Itachi y la de Deidara, que de vez en cuando intercalaban palabras, y nunca a él. Hubo un momento en que el único que le decía algo era Itachi. Sí, cuántas ganas tenía de decirle que se quedara callado y no hablara más, pero como sería de esperarse no logró articular palabra alguna.

Y después de un rato que se le antojo eterno, escuchó una explosión seguida de los gritos de Hidan y Sasori se preguntó sí él estaría bien allá donde estuviese realmente su cuerpo. Un rato después sintió que su cuerpo se movía sin querer. Sasori se removió de un lado a otro en su interior, tratando de decir que ya era suficiente, que tenía que moverse ya, pero luego de unos segundos, su mano dejó de moverse y él se volvió a sentir desesperado. Nuevamente pasó un rato antes de escuchar que Deidara intercalaba unas palabras con Itachi. En ese momento se le ocurrió pensar, que Deidara no tenía por qué hablar con ese estúpido. Realmente se sintió enojado porque ahora el Uchiha estuviera actuando de una manera tan cordial con Deidara, cuando en su vida había querido dirigirle la palabra.

Sintió ganas de ponerse de pie e intentó —como muchas veces anteriormente— forzar a su cuerpo para hacerlo, aunque el resultado fue el mismo. Gritó interiormente, llamando a su alumno y ordenando que se alejara de Itachi.

Pero no fue necesario, porque en el momento escuchó, por fin luego de tantos días, que Deidara le dirigía a él la palabra. Hubo una especie de momento en éxtasis que le produjo placer —como tantas otras veces— mientras escuchaba la voz de su alumno. Sabía que era ridículo, pero no podía evitarlo. La desesperación en la que se había vuelto a sumir, pareció ser mejor recibida en esos momentos. Se imagino recostarse en una pradera, con el sol y el cielo claro sobre su cabeza. Escuchar a Deidara le hacía sentir mejor, aunque sonara absurdo, y de momento… En realidad, ya no quería concentrarse en otra cosa que no fuera Deidara.

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No tenía idea de que Itachi leyera esto, hum— susurró Deidara mientras cerraba el libro de La Historia de Suna —Aunque, en todo caso, no me ha parecido interesante, seguro que usted halló muy divertido la mención de Sandaime y su desaparición, ¿verdad que sí, hum?

Sasori no contestó, y tampoco sonrió pedantemente como lo hubiera hecho de estar despierto. Deidara lanzó un largo suspiro, en realidad, creía que Itachi era un idiota por sugerirle esto. En un acto reflejo, el artista efímero se volteó hacia la puerta, examinando que nadie entrara. Agudizo el oído mientras giraba a ver a Sasori.

—Ya no podrás irte si quiero comentarte de mi arte, hum— dijo, con una media sonrisa —Aunque ahora no tengo muchas ganas de hacerlo. ¿Sabe, danna? Quería agradecerle por inspirar mí propio arte. En un pasado, jamás se me habría ocurrido llegar a la máxima expresión convirtiéndome en arte a mí mismo. ¡Eso ha sido muy ingenioso de su parte, hum! Es usted un verdadero artista.

El rubio se mantuvo mirando atentamente al pelirrojo y sus ojos cerrados. ¿Habría sentido que antes le había aferrado la mano contra la suya? Se sonrojo inmediatamente. Ojalá que no.

Permaneció en silencio otro rato, mirando las marcas en el cuerpo de Sasori. ¿Qué dirían? Eran todas completamente extrañas, onduladas —como si se trataran de serpientes— , aunque estaba seguro de que tenían que significar algo. Frunció el ceño. A la mejor Itachi tenía un libro que hiciera referencia a ellas. Si era así, seguramente que Itachi sabía lo que se había escrito en el pergamino y no lo quería decir. El rubio abrió los ojos de par en par, ¿Itachi quería que Sasori muriera?

Miró hacia la puerta, expectante por si el Uchiha entraba como anteriormente lo había hecho en los días en que el pelirrojo había estado en cama. Kakuzu había dicho que su maestro se recuperaría por sí solo durante un par de semanas, pero quizá sería bueno ir a buscar a Itachi y preguntarle sobre algún libro que pudiera serles de utilidad, solo para tener un plan de respaldo en caso de que el tiempo no lo solucionara todo. ¿Y sí Sasori tardaba años en despertar? No creía que Kakuzu quisiera mantener al pelirrojo cuando seguramente Pein le pondría otro compañero.

No quería otro compañero. Quería seguir siendo el alumno y el mocoso de Sasori. Si era necesario, él se separaría de Akatsuki junto al pelirrojo para cuidarlo hasta su despertar y luego volver. ¡No estaba dispuesto a perder a su maestro!

—No me tardo, danna— dijo pasados unos minutos de silencio —Iré a encontrar algo para ayudarlo, hum.

Estaba a punto de salir, cuando de repente, escuchó que Sasori gemía ó balbucía algo. Se giró inmediatamente y se arrodillo frente a Sasori, expectante. El pelirrojo movía los labios levemente, de manera apenas perceptible, y Deidara lanzó una ahogada exclamación mientras tomaba en un reflejo la mano de Sasori y la estrechaba con fuerza.

—Vamos, ¿qué dice? Por favor, despierte, hum— murmuraba el rubio, su corazón había empezado a latir con fuerza —Diga algo, al menos.

—So…que…te…— susurro el pelirrojo, sin abrir los ojos. Deidara parpadeó rápidamente, analizando el trío de sílabas que había pronunciado su maestro. Frunció el ceño.

¿Zoquete? ¡¿Zoquete? ¿Lo había llamado realmente así?

—¿Cómo dice, hum?— preguntó, soltando la mano del pelirrojo y fulminándolo con la mirada, enfurecido —¿Me llamó zoquete? ¿¡Está de broma, cierto! ¡Soy el único idiota que ha venido a cuidarlo, hum!

—Aquí…— susurró de nuevo el pelirrojo, al parecer sin ser consciente de lo que estaba gritando el rubio. Deidara paró enseguida. ¿Aquí? ¿Ahí qué?

—¿Sasori?— preguntó, con los ojos entrecerrados. Sasori empezó a abrir los ojos lentamente, aunque apenas y Deidara logró ver un poco del iris café grisáceo de éstos —Sasori danna, ahora si no entiendo lo que ha dicho, hum. Aunque espero que no haya sido lo que en un principio descifre, hum— y después de unos segundos, cayó en la cuenta, de que su maestro estaba realmente hablando y despertando de su letargo de ya cinco días —¡Sasori danna! ¡Está bien!

—Dei…—susurro el pelirrojo con aparente gran esfuerzo —…da…ra…

El rubio se abstuvo de gritar a los demás Akatsuki que vinieran a ver cómo el marionetista estaba despertando. Se acordó de que tenía la mano de Sasori entre la suya y la soltó. El pelirrojo lo miró de manera taciturna y sus ojos adquirieron un color grisáceo negro, vacío, antes de volver a cerrarlos y quedarse nuevamente quieto.

Volvió el silencio. Por un momento, el rubio pensó en gritarle a Kakuzu que viniera, pero sentía miedo de que le dijera lo que ahora había temido, desde el instante en que su maestro se desplomó en medio de la batalla. Un enorme nudo se formo en su estomago. Pensó en llamar a Itachi, pero cuando abrió la boca de ésta solo salió un gemido asustado. Sentía que vomitaría el corazón en cualquier momento.

—Danna, danna, hum— llamó el rubio, con cierta insistencia —¡Oiga! ¡Despierte, no se muera, hum! ¡DANNA!

Sin embargo, Sasori no volvió a responder.

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Cuando Itachi escuchó el grito, se encontraba en la sala, viendo como Kakuzu al fin había accedido —luego de un par de horas y acatando la orden de su líder— a coser a Hidan del cuello y ambos discutían con ferviente mal humor. Se paró enseguida y corrió a la habitación de Sasori sin siquiera tocar la puerta.

El rubio se encontraba hincado, mirando a Sasori con una expresión lastimera y horrorizada. Itachi temió lo peor y solo atino a acercarse a Deidara.

—¡DANNA!— volvió a gritar el rubio, con la voz quebrada. Itachi sintió (mientras tomaba de los hombros a Deidara) los espasmos que le recorrían y después sintió un súbito pesar. En verdad, Deidara quería a su maestro —¡Sasori, imbécil, si te atreves a morir, hum!

Kakuzu llegó corriendo, seguido de Hidan —quien debía sujetarse todavía el cuello con una mano— y detrás de ambos llegaron Pein, Konan y Zetsu. Todos se quedaron quietos, observando atónitos la escena, sin saber qué hacer. Itachi volteó a verlos.

—¿Está muerto?— preguntó, mientras Deidara se removía y trataba de separarse del pelilargo, las lágrimas estaban a punto de aflorar a sus ojos. Kakuzu miró a Itachi, y se quedo callado.

—¡Kakuzu!— gritó Itachi, molesto. El castaño lo miró aturdido antes de caminar hacia Sasori. Frunció el ceño mientras miraba las marcas que aún lucían en el cuerpo de Sasori y después se giro, visiblemente molesto hacia Deidara.

—¡Me has dado un susto para nada, idiota!— le reprochó al rubio. Deidara dejó de moverse y lo miró, sorprendido más que enojado (como siempre se habría esperado) —Pinocho no está muerto. Es más, sigue igual a como ha estado desde hace cinco días.

—¡Qué rubia tan estúpida!— gritó Hidan, malhumorado. Deidara hizo caso omiso del albino.

—Pero…— susurro Deidara y señalo a su maestro —¡Él estaba despertando! Sus ojos se oscurecieron y…

—¡Sus ojos!— gritó Kakuzu, mientras Zetsu desaparecía a través de las paredes, maldiciendo su mala suerte —¡Él es una marioneta!

—Ya— cortó Pein su discusión, mirando a Deidara con extrañeza —No quiero que esto se repita nuevamente. Deidara, tú estás muy cansado de pasar tanto tiempo en vela, quiero que te vayas a descansar.

—No necesito descansar, hum— cortó Deidara, con el ceño fruncido. Itachi lo soltó, en silencio.

—Sí lo necesitas, Deidara— habló la compañera del líder, con una expresión adusta —Otro más hará la guardia, si eso te hace sentir mejor.

—¡Hacerlo sentir mejor!— exclamó Kakuzu, de mal humor —Como si a alguien le preocupara la salud de la marioneta. Solo se trata de este infante que no sabe cómo aprovechar mejor su tiempo.

Deidara lo fulmino con la mirada, e Itachi decidió hablar haciendo que Pein acallara su réplica antes de siquiera empezar a darla.

—Piensa en que si Sasori se muere, tendremos que buscar otro integrante. ¿Cuánto gastaríamos en eso?— dijo, con la voz serena —Además, que Sasori no come ni tampoco necesita cuidados con dinero mientras está en ese estado.

Kakuzu miró a Itachi tan extrañado como los demás. Incluso Deidara miraba al moreno como si no terminara de creerse que realmente, había defendido a su maestro. El Uchiha se encogió de hombros.

—Es solo una opinión práctica— comentó, como si nada.

—Pero Sasori está sin hacer nada— arguyó Hidan, como siempre, metiéndole leña al fuego. Pein lo fulmino con la mirada y éste se fue caminando (aparentemente despreocupado) de la habitación. Pero el mal estaba hecho, y la semilla de aquel comentario ya se había incrustado en la mente de Kakuzu.

—Es cierto. Estamos perdiendo tiempo— dijo, con severidad. Miró a Pein que se había quedado estático, sin saber exactamente qué debía de decir. Vaya, cuando uno necesita realmente a Madara para andar de mandón, entonces el tío sí que no aparece.

—Repartiremos las misiones de manera tal que cubramos la ausencia de Sasori— ordeno.

—¿Más trabajo a mí porque Sasori está de flojo?— exclamó Hidan desde afuera de la habitación. Pein suspiro.

—Por primera vez estoy en de acuerdo con Hidan— dijo Kakuzu, con aparente congoja. Konan los miró impasible a todos.

—Es eso ó perdemos dinero— dijo Pein, sobándose las sienes. Aquello debería de calmar a Kakuzu, pero no lo lograría con Hidan que volvía a meterse para responder.

—Que la rubia trabaje el doble— soltó.

—¡Cállate, Hidan!— gritó Deidara, molesto. Pein miró a ambos como si lo estuviera considerando.

—Yo creo que Deidara debería hacerse cargo de cuidar a Sasori— interrumpió Itachi nuevamente (y para sorpresa de los Akatsuki), incluso añadió: —Puedo asumir más misiones de vez en cuando.

Deidara sintió unas repentinas ganas de mofarse del Uchiha, pero, en vista de que era el único que estaba a su favor decidió guardarse sus comentarios y bajar la mirada. Pein examino la respuesta del Uchiha y asintió después de unos segundos.

—Vale— dijo en un tono de voz cortante —Itachi se hará cargo de las misiones que se le asignarían a Deidara ó Sasori, si la misión es muy complicada, lo acompañara otro. Hasta que llegué Kisame y puedan ir juntos.

Itachi asintió y después de eso, todos empezaron a salir de la habitación. A excepción de Deidara e Itachi.

—¿Kisame no está?— preguntó Deidara, avergonzado por lo que había pasado a su falta de recato. Itachi lo miró con serenidad.

—Fue a la aldea de las Aguas Termales en la mañana. Tiene que recuperar el pergamino de la Cascada.

—¿A sí?— preguntó, sonriendo de lado y mirándolo —¿Por qué no fuiste con él, hum?

—Porque debía de investigar en mis libros sobre esas marcas. Kakuzu desconoce un poco de la técnica, pero Pein me ha puesto a buscar un poco de información.

Deidara se sintió repentinamente optimista.

—¿Y lo has encontrado, hum?— preguntó, ansioso. Itachi esperó unos segundos antes de negar con la cabeza —El pergamino tiene sus peculiaridades, en realidad. Aparentemente los signos no significan nada, pero creo que tienen que ver con alguna aldea que haya desaparecido anteriormente. Es, digámoslo así, un pergamino modificado de la aldea de la Cascada.

El rubio suspiro resignado antes de mirar a Itachi y luego a su maestro.

—No tenías que hacerlo, hum— dijo de pronto. Itachi miró la espalda de su compañero y no pudo evitar que una sonrisa asomara por su rostro —Cargar más trabajo solo para ayudarlo, hum.

No, Deidara. Para ayudarte a ti. Pensó el pelilargo, aunque no lo dijo en voz alta. Claro que no le diría a Deidara algo como eso. Y la respuesta es la misma que anteriormente el rubio le había dado. ¿Tú le dirías a alguien como Sasori que lo quieres? No. Por supuesto que Deidara no se lo diría, así como Itachi jamás se lo diría al rubio.

—Oye…— susurró Itachi, con un atisbo de sonrisa —Tú tienes sentimientos, no eres como muchos aquí.

Deidara miró a Itachi, con el ceño fruncido.

—¿Tú los tienes, hum?— preguntó Deidara, fingiendo sorpresa. Itachi lo miró intensamente.

—No hagas como si no te hubieras dado cuenta ya, de que soy más amable de lo que dejo entrever. Ya todos se van dando cuenta, así que… ¿Qué caso tiene?

Ambos se sentaron en silencio y no cruzaron palabra durante un par de horas. Luego, Itachi se fue a dormir mientras Deidara se quedaba con el pelirrojo. Estaba pensando sin cesar en que Sasori lo había llamado zoquete. ¿Ó no? Quizá había querido decir algo más.

—Danna— susurro el rubio, con la mirada perdida en un punto sobre la nada —Yo sé que querías despertar, hum. Trata de nuevo…

Ahí, mientras la luz de una vela hacía formar extrañas sombras en el rostro del pelirrojo, creyó darse cuenta de a qué se refería su maestro cuando hablaba del arte eterno. Sasori se veía hermoso, y a Deidara le gustaría contemplarlo así toda la vida. Aunque claro, siempre preferiría que Sasori lo insultara y lo mirara antes de que se quedara quieto, sin escuchar su voz ni ver sus ojos, para el resto de la eternidad.

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Itachi se encerró en su habitación y suspiro pesadamente. Su corazón latía lentamente y se le antojaba que cada palpitar era doloroso, como un golpe en el estomago. Había sido público del dolor que le produciría a Deidara perder a su maestro. Creía que, en todo caso, si Sasori sobrevivía ó despertaba al menos, esta tenía que debérsela.

Con cierta molestia se fue a tirar a su cama.

Itachi Uchiha se estaba enamorando de Deidara, y lo más absurdo es que tanto como eso era impropio, además, nunca sería correspondido. Cerró los ojos e intentó relajarse un poco, sin embargo, aquello le costó horrores y termino por volver a levantarse y salir al mismo claro donde había estado el día que se encontró con Sasori y Deidara.

Pensó en el primer día que estuvo en la organización, donde todo le resultaba condenadamente lento y fastidioso. Se recostó nuevamente en el claro, y recordó que apenas ese mismo día, había estado ahí, recostado al lado de Deidara, platicando con él.

Itachi siempre lo había encontrado apuesto, pero nunca se había detenido a ver ó intentar entender su carácter y es que en realidad, Deidara era demasiado orgulloso, impulsivo e imprudente para su gusto. Sin embargo, pese a que había entrado a Akatsuki por mera obligación, vivía aquella vida como si siempre hubiese sido su sueño. Tenía la habilidad de contagiarte con su sonrisa, y aunque Itachi sabía que anteriormente Deidara realmente lo odiaba, creía que eso podía cambiar.

Deidara no era su padre ni tampoco su madre. No era Shisui y tampoco era Sasuke. Pero parecía que empezaba a significar algo más para él. Cerró los ojos, entre feliz y apocado. Sentía una sensación hiel y al mismo tiempo cálida en el pecho, y respirar le parecía dificultoso. Sasori apareció en su mente y volvió a abrir los ojos. El pelirrojo le doblaba la edad al rubio. ¿Había alguna posibilidad de que sintiera algo por Deidara? La idea le hizo estremecerse.

Volvió a mirar el cielo estrellado. No había luna, así que además de aquellos puntitos blancos, no existía fuera de la cueva otro tipo de luz. Itachi estaba acostumbrado a esa oscuridad. Cuando pequeño la noche no siempre había sido su mejor compañera, pero uno siempre termina por acostumbrarse. Frunció el ceño, buscando en el cielo alguna estrella fugaz, aquella noche, igual que antes, no encontró ninguna. De haberla encontrado, desearía que Sasuke lo perdonara.

Itachi no era ningún criminal, por eso era normal que se sintiera afligido por sensaciones y sentimientos como el amor, la compasión, etc. Sin embargo, como sería de esperarse de verdaderos criminales, ellos no podían amar.

Sus pensamientos volaron hacia Deidara, que desde antes de entrar a Akatsuki, se podría llamar un poco… perturbado. Después de todo lo que había escuchado, él había sido un shinobi elogiado de la aldea de la Roca, y que al final, había terminado por preferir su arte y destruir todo para pasarse como terrorista, y ¿qué hace un terrorista, sino matar a sangre fría? En primera instancia, Deidara no era diferente a los demás Akatsuki: Fríos, calculadores, crueles. Y sin embargo, parecía aferrarse mucho a Sasori, un hombre mentalmente preparado para ver la sangre y el dolor sin inmutarse un poco. Aunque, ¿eso sería cierto? ¿No sentiría nada?

Si Deidara podía amar algo además de su arte, si podía querer a Sasori, ¿El maestro de las marionetas no podía querer a Deidara? ¿Y si de alguna manera, todo lo que pensaban de ellos estaba errado? ¿Qué si no eran asesinos crueles y sin sentimientos?

Claro que los tenían. Que no los demostraran y hubieran tomado el camino equivocado era otra cosa.

Itachi cerró los ojos. Fuera como fuera, el resultado seguiría siendo el mismo. Akatsuki existía para asesinar a quien se interpusiera en su camino. No. Itachi lo sabía: Akatsuki existía para gobernar y dar paz al mundo. La justicia de aquellos que un día sufrieron. ¿Qué justicia podrían dar ellos? Miró el cielo nuevamente, abstraído en esos pensamientos. ¿Ó no sabían que el objetivo era conservar una paz? Imaginando que lo sabían, tenían una fuerte determinación ó les daba igual. Cada quien se mueve por sus propios intereses, ¿verdad que sí?

—Y yo me muevo por proteger Konoha, por proteger a Sasuke. Nada más— terció para sí mismo Itachi.

En ese momento, ¿cómo se iba imaginar que se equivocaba?

Pronto descubriría que, en realidad, Akatsuki era más que solo esa organización de criminales y más que solo objetivos. Y que él, solo formaba parte de uno de aquellos que debía guardar sus propios secretos, sin saber que muchos de los Akatsuki, jamás serían lo que el mundo ninja y él —en un pasado no tan lejano— pensaron.

Se habían equivocado.

Akatsuki tenía más que solo metas y ambiciones. También, habían surgido los sentimientos.

TO BE CONTINUED.


Bueno, y ahí ha finalizado la continuación, sempais (hace una reverencia), siendo sincera, creo que no ha estado del todo bien, pero como ya dije, el ItaDei como otra cosa que no sean insinuaciones casi no se me da ^^UU.

Pero total, que son ustedes los que deciden si vale la pena ó no. Y si tienen alguna sugerencia, Mary está dispuesta a aceptarla como siempre ^~^, pero mentadas de madre, etc... Bueno, las regreso nwn, aunque Mary es una buena chica. xD

Espero leerlos en un review sempais. Por cada uno que dejen, Sasori podrá recuperarse y Kisame no caera en las mismas condiciones que el pelirrojo. Además, el fic no terminaría en tragedia. ^o^

Matta ne~ :3