Hola, queridos sempais que se tomaron la molestia de abrir una vez más la historia de Mary. Les agradezco infinitamente a las maravillosas personas que se molestaron en dejar review, pues por ellas, siempre tuve presente hacer la conti del fic -sí, aunque me tardara el siglo en hacerla =w=U-.

Bueno, como ya es noche, y tengo el pendiente de leer un nuevo fic~, me apuro con este pequeño pendiente. Aunque, debo avisarles, sigue siendo un ItaDei un poco...eh... decadente en el aspecto romantico~ o eso creo ^^U. Así que tengan paciencia...;Otra cosa, la verdad es que comienzo a debatirme entre enserio hacer un supér intentaso por dejar que la pareja final sea ItaDei, o continuar con el KisaIta y el SasoDei como pareja final... así que me gustaría echarme la sugerencia de...¿Pedirles que me dejen hacer dos finales *-*? Etto~, bueno, ^^UU era solo una sugerencia. También es válido dejar las otras primeras opciones -ItaDei vs KisaIta, SasoDei (la cual me tienta más, lamento decir xDU)-.

Gracias por leer, Mary les da la bienvenida nuevamente :D


3.

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Deidara creía haber escuchado alguna vez, en su misma aldea, que la cercanía con la muerte, entregaba a la vida infinito valor*. Y durante mucho tiempo, es posible que el rubio hubiera sido capaz de creer ciegamente en esas palabras. Es obvio que como un shinobi, había arriesgado la vida innumerables veces y muchas otras había estado cerca de la muerte, y por supuesto, la veracidad de esas palabras siempre le golpeo en el rostro como si se trataran de pétalos de rosa, agradables al tacto sabiendo que podía vivir para contar a éstas mismas. Sin embargo, ahora ya no estaba tan seguro; Y es que, el solo hecho de pensar que Sasori podría no despertar jamás, hacía que Deidara le restara tanto valor a la vida si su maestro moría, que en seguida se le ocurrió que en ese momento, sería el instante perfecto para inmolarse y abandonar la Tierra, como todo artista efímero.

En ese instante, se entretuvo admirando el rostro de Sasori que permanecía en una impasibilidad más dolorosa incluso que cuando lo ignoraba y pasaba de largo. Deidara frunció el ceño, pensando en sí Sasori se había referido a esto cuando pensaba en arte inmortal. Estaba claro que Sasori era hermoso, y se había mantenido congelado durante casi quince años –poco menos de la mitad de toda su vida, se sorprendió añadiendo interiormente-, y siempre sería una perfecta obra de arte.

Sacudió la cabeza de un lado a otro. ¡Para nada! Sasori debía de despertar, tenía que hacerlo.

Su mano se movió impulsivamente hacia el pelirrojo y entrelazo sus dedos en un gesto casi desesperado. Abrió la boca para decir algo, pero todas sus palabras se quedaron ahogadas tras el nudo en su garganta. Bajó la mirada y lanzó un suspiro largo y pesado. Soltó la mano de Sasori y se volvió a echar sobre la silla de madera. Se talló los ojos e interiormente deseo estar haciendo cualquier otra cosa. Miró distraídamente la puerta de la oscura habitación, y se descubrió deseando que Itachi cruzara el umbral de ésta misma. Necesitaba compañía y Deidara pensó que ahora le molestaba la ausencia del Uchiha.

Era increíble como este pequeño incidente con su maestro, pudiera mostrarle a Deidara lo bien recibido que podría llegar a ser Itachi. Volvió a negar con la cabeza. ¿En qué estaba pensando? Odiaba a Itachi, y eso no iba a cambiar nunca. Por su culpa estaba atado a ser un miembro de Akatsuki, y, aunque el resultado de todo esto no hubiese sido tan malo como considero al principio, seguía resultándole humillante el que alguien como el moreno lo hubiera podido derrotar.

—Todo esto ya está muy aburrido, hum— murmuró Deidara, suspirando —No he salido a ninguna misión… Itachi ha ocupado la mayoría de las que normalmente se le asignarían a usted y a mí, hum.

Sasori le devolvió como respuesta el silencio. Al rubio se le ocurrió que ya debería de haberse acostumbrado que así fuera siempre, pero resultaba especialmente doloroso ahora, pues Deidara se preocupaba de no volver a encontrarse solo un segundo con la mirada café de su maestro.

¿Y sí le abría los ojos un momento, solo para ver sus ojos? Bueno, eso era una falta de respeto. De todos modos, el oriundo de Iwa se acerco y tragó saliva.

—Perdóname, danna— dijo antes de estirar la mano hacia el rostro de Sasori. Pero, justo cuando estaba a punto de llegar, volvió a retirarla.

Sería estúpido, pensó, abrir los ojos de Sasori para verlos. Pues, ¿qué caso tendría? Deidara volvió a echarse sobre la silla y miró alrededor, donde las marionetas colgadas por el cuello en actitud amenazadora, no le causaron —por primera vez desde que tenía memoria— ansias de hacerlas volar.

Deseaba volver a ver a Sasori trabajar en ellas, con la dedicación que siempre aplicaba en cada una, con aquella especie de ilusión que se sentía, incluso aunque el pelirrojo fuese de madera. Aunque estuviera vacío.

Durante mucho tiempo, el rubio se había preguntado el por qué cuando Sasori estaba con sus marionetas, atrapaba —o eso creía— ligeros destellos de emociones, que, tenía que admitirlo, dudaba que el marionetista pudiera sentir realmente. Después de todo, él no podría jamás sucumbir por un golpe…o uno cualquiera.

Intento dimitir sus escalofríos y decidió que se daría un pequeño descanso para ir a comer y quizá, descargar un poco de su frustración lanzándole bombas a los árboles. De pronto, recordó el miedo que le había dado unos días antes, cuando el —grandísimo y patético— idiota de Hidan le había dicho que su danna había muerto…Mientras él hablaba sobre ridiculeces con Itachi, y decidió que se quedaría aquí más tiempo. No es como si necesitara realmente de mucho alimento… Ni tampoco dormir demasiado. Y tampoco, es como si pudiera dejar a Sasori.

La puerta se abrió un poco, y, antes de siquiera voltear, el rubio ya sabía de quién se trataba.

—¿Cómo está todo? — preguntó la serena voz del Uchiha, sin pasar. Deidara solo tuvo fuerzas para encogerse de hombros —¿Ya has comido? ¿Quieres que te traiga algo?

Todo hay que decirlo, a Deidara no dejaba de sorprenderle la gentileza que parecía adquirir el moreno por asuntos que —en su opinión— no deberían de importarle. ¿O sería simplemente que lo había subestimado y, todo este tiempo, a Itachi si le importaran los demás? Nunca lo había demostrado, y por eso —todo Akatsuki— daba por sentado que el Uchiha estaba vacío. Deidara no tenía tiempo de salir, pero apostaba lo que afuera, a que todos estaban igual de sorprendidos que él por aquel comportamiento tan…inusual.

—No— le respondió, secamente (había pensado en agregar un gracias, pero seguía siendo Itachi, el tío por el que estaba en Akatsuki a la fuerza), sin apartar un segundo la mirada de su maestro. Aún así, sintió cuando el otro se le acercaba por la espalda —¿Qué pasa? — hizo una pausa y se obligo a preguntar, en un tono un poco cortés, otro tanto taciturno —¿Cómo fue la misión, hum?

Itachi notó la sensación de obligación que tenía el otro e hizo un esbozo de sonrisa. Estaba muy cansado, al igual que Deidara —sino es que un poquito más—, pero pensar en que Sasori seguía sin despertar y Deidara seguía destruyéndose con la idea de que quizá nunca lo hiciera, parecía agotarlo más que las misiones que había hecho durante estos días. Ahora acababa de regresar de una misión sencilla de explorar los alrededores, pero cada vez que entraba a esa habitación, de pronto las ganas de derrumbarse eran demasiadas.

—Aburrida, en realidad. No te estás perdiendo de nada— le contestó, afablemente. Deidara sonrió amargamente.

—Supongo que para el gran Itachi, no es nada, hum— comentó burlonamente. Se giro sobre sus hombros a verle un segundo y notó que las pronunciadas ojeras del Uchiha eran todavía más palpables y se sintió momentáneamente obligado a decirle algo más, aunque no sabía exactamente qué esperaba que saliera de sus labios. Al final, decidió por usar la tajada de una burla —Pero pareciera que ya te están pesando las misiones, hum.

Itachi giró la mirada hacia otro lado, y la tenue e imperceptible sonrisa que se había forzado —o, eso quería hacerse creer él—, desapareció al instante.

—No es como si importe mucho, ¿cierto? Soy el único que les está echando una mano, a ti y a la marioneta— intentó aplicar un tono cortante, pero, como se sintió estúpido al descubrir, que cada vez, usar ese tono con Deidara era más difícil —¿O a caso quieres asumir todas esas misiones?

—Siendo sincero me gustaría— admitió el rubio, poniéndose de pie y estirándose —Comienzo a aburrirme y a olvidar como es siquiera la luz del sol, hum.

El Uchiha se abstuvo de comentar, que eso era decisión propia. Miró de reojo al pelirrojo, que reposaba con imperturbable y aparente tranquilidad. ¿Sabría a caso, que ahí estaba Deidara? Durante el segundo siguiente se prometió, que de no saberlo, se encargaría personalmente de que el pelirrojo lo supiera. Claro, en caso de que el rubio diera muestras de que necesitaba que lo supiera.

—Si quieres puedes salir un rato— le sugirió segundos después al rubio —Puedo encargarme de cuidar a Sasori un rato.

—No hace falta, hum— atajó rápidamente el rubio, frunciendo el ceño. Itachi lanzó un suspiro.

—Deidara…— susurró, en tono compasivo —Sasori puede permanecer así durante semanas. No deberías de…

—Sea como sea, Danna va a despertar, hum.

—¿Y quieres estar presente cuando lo haga? — comentó con aire burlón, y otro poco triste, váyase a saber por qué. Deidara se sonrojo, es claro que quería que Itachi no mencionara su antigua conversación. Itachi se dio cuenta al instante de lo que había insinuado y en un acto reflejo giro la cabeza hacia la puerta de la recamara, pendiente de que nadie hubiese escuchado —Se me ha escapado…No tiene importancia.

—¿Qué no tiene importancia? — repitió, un poco enfurecido —Anda, deja que todos se enteren y te haré arte aunque tenga que morir para eso, hum — y, literalmente, planeaba que su última creación pudiera hacerse cargo del Uchiha…Solo que ahora, todavía no era el momento adecuado. Echó una mirada a Sasori, y volvió su atención al Uchiha —Callado siempre te has visto mejor, hum.

Itachi apretó los labios en una fina línea, un poco ofendido, otro poco avergonzado. El rubio hizo otro par de estiramientos y, por lo visto, estaba dispuesto a pensar en salir un rato, aunque fuera corto. Deidara se rascó la nuca y miró al Uchiha.

—¿Y Kisame? ¿Está por llegar ya, hum? — preguntó. Itachi se encogió de hombros.

—Pein dijo que llegaría por la noche.

—¿No tuvo problemas con el pergamino, hum? — esta vez, se podía apreciar un tono receloso. Itachi se quedo callado unos segundos antes de contestar.

—No.

A Deidara le molestaba esa respuesta. Su danna era mucho más hábil que Kisame…Intuyendo sus pensamientos, Itachi también añadió:

—Con ustedes estaban preparados, ya habían preparado una trampa…Sasori solo tuvo la mala suerte de ser quién pescara.

Aquel comentario desesperó a Deidara más de lo que cabría sería prudente, pues, ¿qué clase de consuelo sería eso? Un repentino sentimiento de culpa se apodero del renegado de Iwa. Debería de haber sido él quién caía…Itachi pareció volver a intuir sus pensamientos, así que hizo un segundo intento por apartar aquella tensión, tan palpable que de haber querido, podría haber estirado la mano y tocarla.

—Deberías de dormir, si quieres aquí mismo— le invitó —Vigilare a Sasori y, en cualquier caso de que algo parezca cambiar, te avisaré.

Deidara se le quedo mirando con el ceño ligeramente fruncido. Usualmente no confiaba en nadie además de Sasori, pero sincerándose tenía que admitir que el sueño comenzaba a vencerlo. Sin embargo dudo más por el hecho de que Itachi parecía todavía más agotado que él.

—El que tendría que echarse una siesta eres tú, Uchiha, hum— le dijo, medio burlándose. Itachi solo hizo una sonrisa pedante.

—Soy mucho más resistente que tú. Anda, duerme un rato y luego lo hago yo.

¡Qué sorpresa! Si alguno de la organización le hubiera dicho que Itachi tendría algún día una actitud así con él, lo habría echó volar por temor a la demencia, pero ahora, ahí estaba. Parecía impresionante, pero Deidara tuvo que reconocer que en realidad, no tenía que alterarse por el comportamiento de Itachi, ya que había sido todo el tiempo el rubio quién se las había hecho de malas contra el Uchiha. Y el otro, nunca pareció darle mucha importancia, pero tampoco fue grosero, violento o cualquier cosa de ese tipo; Siempre le dio lo que se buscaba. Así que, ¿por qué tendría que sorprenderse? Nunca se había dado realmente el tiempo de conocer a Itachi, en todo su misterio y complejidad…

Ahora lo estaba haciendo. No había sido a propósito, y apostaba a que de no ser por las circunstancias, antaño siquiera imaginar esto habría resultado motivo de locura, en serio...Pero, a fin de cuentas, estaba pasando. Y a Deidara, esto le causaba una extraña sensación de curiosidad y también, otra clase de emoción que todavía no reconocía, pero que resultaba peculiarmente agradable.

Deidara miró de un lado a otro, buscando un lugar confortable para echarse un sueño. No deseaba apartarse demasiado de Sasori. Por fin, encontró que quizá la mesa de herramientas sería un buen lugar y se fue a recostar allí con aparente tranquilidad. Itachi arqueo las cejas, sorprendido ante el nivel de fidelidad que tenía el rubio para con el marionetista. Definitivamente, Sasori tendría que tener esto en cuenta una vez despierto. En Akatsuki, ninguno además del rubio se había preocupado realmente por su estado.

El de cabellos azabaches sonrió levemente —aunque por alguna razón, éste gesto no pareció llegar ni remotamente a su mirada—.

—Oye, Deidara— le llamó con suavidad, el otro le miró —Si piensas quedarte aquí, al menos que sea en la silla.

El rubio miró el lugar donde había estado sentado durante horas y sonrió un poco al moreno —¡Jashin! El apocalipsis estaba por acercarse—.

—En realidad, ya me cansé de estar ahí, hum— le dijo, invitándolo a ser quien se sentara.

—No creo que la mesa sea mejor…

—Tú solo limítate a sentarte, te estoy cediendo el lugar, hum— le recriminó el rubio, con el ceño ligeramente fruncido. Itachi permaneció quieto durante unos segundos antes de sentarse y acomodarse un poco.

Pasaron unos minutos en absoluto silencio, mientras cada uno se sumía en sus propios pensamientos, al fin, Itachi no logró contener las repentinas ansías de mirar a Deidara, pensando que ésta yacía dormido. Fue grande su sorpresa al encontrárselo mirándole atentamente, sin ningún reparo ni vergüenza. Sin poder evitarlo, un sonrojo cundió las mejillas del moreno, aunque hizo un intento —con éxito— de ocultarlo lo más posible.

Sus miradas permanecieron unidas largo rato, como si al romper el contacto visual, fuese a acontecer alguna desgracia que terminaría con toda la humanidad. Itachi sintió que algo dentro de su pecho crecía de un segundo a otro, pero no se atrevió a suponer siquiera de qué se trataba. Acaba de llegar a la habitación, y le había dicho a Deidara que él se encargaría de vigilar al maestro de las marionetas lo suficiente como para que el otro descansara, pero ahora, lo único que deseaba era irse de allí, quizá tomar un baño e irse a dormir, y no precisamente porque el cansancio de las misiones le estuviera cobrando cuentas —aunque seguramente que eso influía también—.

Deidara, por otro lado, parecía como si en realidad, no fuera consciente de la profunda mirada que cruzaba con el Uchiha. Y de pronto, pareciera que el sueño empezó a hacerse con el poder de aquel cuerpo tan repentinamente frágil, y —el moreno no estaba muy seguro— una sonrisa comenzó a formarse en los labios del rubio, tan imperceptible, que parecería una de las que salían del propio Itachi.

—Eres muy raro, hum— le dijo el rubio, con un largo suspiro a punto de sucumbir al sueño. Itachi parpadeo rápidamente —Eres el más raro del mundo,…Me alegro que te importe…Gracias, hum.

Aquellas palabras, todas y cada una de ellas, causaron una cálida sensación en el pecho de Itachi que hace años que no tenía dentro, y que además, se sorprendió de disfrutar. Asintió, esperando que el somnoliento renegado de Iwa se diera cuenta, pues estaba seguro de que no tenía palabras preparadas para tal confesión.

Deidara no tardó en dormirse, y él se quedó mirándole un rato, completamente embelesado por aquella belleza que —no era la primera vez— tanto admiraba.

Inmediatamente sintió el tirón de sus labios en aquella curvatura, dejó de hacerlo. Estaba pasando otra vez… Tenía que terminar con eso, aquello que sentía repentinamente cuando estaba con Deidara. Todo parecía haber cambiado desde que Sasori había sido…lo que sea que le hubiese hecho aquel pergamino, y estaba claro que no lo agradecía. Alguien, allá en los Cielos, quería burlarse de él nuevamente.

Es que, no podía ser posible que estuviera…Sintiendo algo por una persona como Deidara. ¡Era irracional y estúpido! Era…Se trataba de lo más hermoso que había sentido desde su deserción en Konoha, lo único que de pronto le emocionaba y le causaba un feliz malestar…

Un poco indignado, y con otro poco de melancolía, Itachi lanzó un suspiro. Fuera como fuera, —e incluso si ahora sabía que Deidara tenía sentimientos—, lo suyo nunca sería correspondido…Miró a Sasori. ¿Qué probabilidades había que el pelirrojo sintiera lo mismo que su alumno? Se suponía que el marionetista quería eliminar todo vestigio de sentimientos, pero, ¿lo habría logrado?

Si Sasori supiera que Deidara lo quería, ¿qué sucedería entonces?

El Uchiha lanzó un largo y pesado suspiro. No es como si importara. Miró a Deidara una vez más, hecho un ovillo en la mesa. Se preguntó si realmente aquella posición estaría bien, y se puso de pie, cogió una de las almohadas que tenía a un lado Sasori y se encamino hacia el rubio, le levantó un poco la cabeza y le puso la almohada debajo. El rubio solo pareció sentir un poco el contacto y lanzó un suspiro quedo, pero no despertó. Itachi se quedo quieto, observándole una vez más. Sin poder contenerse más hizo algo que, de estar el otro despierto, seguro que lo convertiría en arte: Acariciar sus cabellos con la delicadeza que tendría si una pluma rozara la piel…

Su corazón se disparo con fuerza contra su pecho y él retiró la mano, sintiendo como si todo dentro suyo quemara por algún tipo de reacción extraña e ilógica.

Volvió a su lugar y se sentó, absorto en sus pensamientos. Podrían apostar, que sí Sasori abrió los ojos durante ese tiempo, Itachi no se habría dado cuenta…

0*0*0

Kisame había pensado que sería más entretenido recuperar aquel pergamino, y, en vista de lo que le había sucedido a Sasori se sentía un poco decepcionado del resultado. Bueno, al menos Samehada había podido alimentarse de muchos tipos de chacra.

Cuando llegó a la guarida de Akatsuki, se encontró con que todos estaba relativamente en silencio —algo lo suficientemente anormal como para que arqueara las cejas y sonriera—: Hidan estaba recostado en el suelo, con actitud pensativa y en el sillón se encontraba Kakuzu, observando a su compañero con curiosidad. Al otro lado de la sala se encontraba Zetsu engullendo un brazo y Tobi que le observaba con actitud devota. Como siempre, no había rastros de Konan o Pein. Sasori debía de estar todavía en estado comatoso y Deidara con él, y, apostándose todo, seguro que Itachi se hallaba leyendo en su habitación.

Era raro que Akatsuki no estuviera de misión, así que se alegró de haber tenido algo que hacer en esos días. Y claro, se alegraba más de no haber terminado como el marionetista. Sonrió orgulloso, mientras metía la mano a uno de los bolsillos y tanteaba el pergamino. Había sido un buen trabajo y un pasatiempo —solo un poco— entretenido.

—Buenas— les dijo a todos, sonriendo más y mostrando sus afilados dientes. Kakuzu fue el único que le miró.

—A qué hora vienes llegando— le recriminó el viejo avaro —Te has tardado una eternidad.

—Uy. Que no se entere Sasori que te usurpas su puesto del Señor Puntualidad. ¿Eh? — se burló el peli azul. Kakuzu le miró furibundo, mientras Hidan lanzaba una larga carcajada.

—¡Buena esa, Tiburoncín! — le dijo entre risas el peliblanco, mientras se sentaba erguido y le guiñaba un ojo cómplice al recién llegado —¿Qué tal todo? ¡Me alegra ver que no terminaste como Pinocho!

—A mí también. De haberme metido en líos no habría nadie para ayudarme— soltó mientras caminaba hacia ellos. Kakuzu lanzó una especie de bufido.

—No es como si de verdad la rubia hubiera ayudado mucho a la madera andante esa— se burló Hidan, observando a Kisame con cierto cinismo —Pero, supongo que de haberte acompañado Itachi y de haberte metido en problemas, el Uchiha habría resultado más eficaz.

—Itachi es muy hábil— corroboró Kisame, mostrando más sus puntiagudos dientes.

—Es solo otro Uchiha idiota— indicó con total seguridad el albino, encogiéndose de hombros —Pero en todo caso— agregó con una sonrisa mezquina —Ha resultado ser una caja de sorpresas.

—¿Itachi? — preguntó el espadachín arqueando una ceja. No es que pensara que Itachi fuera poco interesante, pero el aura de seriedad que mostraba siempre hacía que pareciera que nunca iba a suceder nada que no estuviera fríamente calculado, lo que, la mirada y sonrisa de Hidan, daba pie a convertirse en algo erróneo —¿Por qué lo dices?

—¿Quién lo diría? — interrumpió Kakuzu, atrayendo la atención de Kisame —Ese Uchiha ha estado muy benigno con todo este asunto de la marioneta.

Aquellas palabras lograron sorprender a Kisame, que arqueo ambas cejas y sintió una especie de risotada que fluía a través de su garganta, pero que se ahogo cuando Tobi llegó, como siempre, a meter su cuchara de forma inocente.

—Itachi san es un buen chico, como Tobi— dijo, con su voz aguda y feliz. Kisame lo miró, intrigado —A Kisame san le ha tocado mucha suerte por ser su compañero.

¡Vaya! Hombre, antes de ver lo que estaba a punto de suceder con aquella caótica organización, que Tobi le dijera eso, habría significado una carcajada limpia tan intensa, que probablemente se habría quedado enseguida sin aire. Pese a esto, el hecho que el dueto zombi asintiera con aparente complicidad —sin que eso pasara una sola vez en toda la historia de Akatsuki—, le hizo sentir fuera de lugar. ¿Es a caso que había terminado en una segunda dimensión? Eso podría explicar el hecho que los inmortales no pelearan y la extraña afirmación de que Itachi era un buen chico. ¿Se habría equivocado de guarida y había entrado en la de unos tíos que fingían ser ellos para arruinar su malvada reputación? No lo creía, estaba completamente seguro de entrar en la cueva en la que se habían decidido a habitar durante los siguientes meses. ¿Todos habían perdido la cordura ahí? ¿O había sido él quien la perdió? ¡Debía ser culpa del maldito pergamino!

—Er…— comenzó a decir, disipando su sonrisa —¿Estamos hablando del mismo Uchiha Itachi?

—Aunque no te lo tragues, sí— le respondió Kakuzu. Hidan volvió a reírse a carcajada limpia (el espadachín se preguntó qué tanto se enojaría el avaro si tomaba a Samehada y rebanaba en dos al jashinista por su descaro).

—¡Deberías de ver tu cara, Kisame! — se burló Hidan, señalándole. Kisame sintió un tic en su ojo —Es como si alguien te invitara a comer pescado.

—¿A sí? — preguntó Kisame, a punto de dejarse llevar por su (sádico) impulso.

—Bueno, nadie va a culparte— dijo Kakuzu, interviniendo al saber para dónde pararía el nuevo comportamiento de su compañero (más trabajo a gratis para él) —Imagina nuestra cara cuando Itachi dijo que Sasori fuera atendido por la rubia, y que encima, él se iba a aceptar todas las misiones que fueran para el dúo artístico.

Ante la reiniciación de su antigua conversación, Kisame se quedo todavía más perplejo. Es que, no podían estar hablando del mismo Uchiha. ¡El mundo ya estaría al pie del apocalipsis si fuera cierto!

—Vaya…— murmuro incrédulo. Se encogió de hombros —Bueno, eso es raro…— admitió, intrigado —De todos modos, ahora no tengo tiempo de ocuparme de los asuntos de Itachi…Iré a dejar el pergamino con Pein.

—Ver para creer— comentó Hidan mientras Kisame se alejaba de la sala. Tobi le preguntaba a Hidan qué es lo que tenía que ver —¡No seas idiota, Tobi!

Kisame perdió el hilo de aquella conversación y se apresuro a ir a la habitación del fondo, donde estaría con toda seguridad Pein. Sin embargo, cuando estuvo frente a la habitación del Uchiha, sintió bastante intriga y tocó la puerta. Nadie le contestó. ¿Estaría dormido, enojado, leyendo? De pronto, la idea de que aquellos dos estaban aburridos y solo querían joderle la vida a alguien —porque molestar a Itachi, venía siendo casi lo mismo—, se abrió paso por su mente, y decidió dejarle así. No es, de todos modos, que tuviera que importunarle mucho.

Volvió a su antigua tarea y fue a la oficina de Pein. Tocó la puerta y esperó pacientemente.

—Adelante— dijo la voz sombría y ronca de su líder. Kisame se adentró a la oscura habitación —Ah, Kisame.

El oriundo de la niebla tuvo que esforzarse un poco en encontrar la silueta de Pein detrás de un escritorio, y, a su lado, la sombra de la única mujer de la organización.

—Sí. Ya regresé. Misión cumplida, Pein— le dijo con una sonrisa, mientras sacaba el pergamino y se lo extendía al otro. Pein lo tomó y lo dejó en el escritorio, sus ojos destellaban igual que dos piedras preciosas en aquella profunda oscuridad —¿Algo nuevo que quieras encomendar?

Pein le dirigió una mirada a Konan, y ésta cogió el pergamino recién entregado y se lo llevó a las sombras de la habitación. El líder volvió la mirada al de la niebla.

—De momento no, Kisame— le indicó y a Kisame le pareció apreciar un ligero toque de incredulidad en aquella gélida mirada —Ahora ocupamos que Itachi descanse un poco. En cuanto lo haga, ya tendré una misión para ambos. Puedes reti…

—Un momento— le interrumpió Kisame, y los ojos del líder mostraron irritación —Por ahí estaban esos dos zombis diciendo que Itachi anda metido en algo interesante.

—Define interesante. — le indicó el líder. Kisame se lo pensó durante un segundo.

—Algo con respecto a Sasori y Deidara— dijo por fin, pasados unos cuantos minutos. Konan regresaba y se ponía a un lado de Pein.

—Bueno…Sí, es cierto, si ellos se refieren a la disposición de Itachi a menguar las discusiones sacrificándose un poco.

Incluso aunque Pein lo dijera como si Itachi se preocupara por el bienestar de la organización, Kisame no se lo creía. Es que, había pasado años como compañero del serio Uchiha y nunca había visto el mínimo rastro de que le interesara hasta ese punto la organización. De hecho, siempre parecía como si Itachi no perteneciera ni a ese u otro lugar. ¿Por qué habría de sacrificarse?

—Tú lo mandaste a eso, ¿cierto? — preguntó Kisame, con una sonrisa (la verdad, insinuando crueldad extrema contra subordinados). Pein le fulmino con la mirada —¿Pein?

—Si quieres la verdad, Itachi se ofreció voluntariamente.

Kisame abrió los ojos de par en par. Vale…Sí. Seguramente el pergamino lo había mandado a una segunda dimensión. ¿Ahí perdería la cordura? Durante una fracción de segundo, estuvo seguro de que sería así.

0*0*0

Los parpados le pesaban desde hace rato, y poco a poco, el sueño le iba venciendo. Ya empezaba a cabecear cuando de pronto escucho un tenue susurro y abrió los ojos de par en par. Miró a Deidara, seguro de que habría sido él quien había hablado, y justo en ese momento, dirigió su atención a Sasori. El pelirrojo tenía los ojos ligeramente abiertos y le observaba con detenimiento. Itachi intentó hablar, pero enseguida sus palabras se quedaron ahogadas. ¿Sería producto del sueño?

—¿Sasori? — preguntó, intentando distinguir si esto no formaría parte de una alucinación por cansancio. Se había levantado y quedado mirándole, el pelirrojo abrió un poco más los ojos y también los labios, intentando decir algo. Consciente ahora de que no era un sueño, Itachi miró a Deidara —Pss. Deidara…

El rubio gimoteo entre sueños.

—Mo…co…so… —murmuró Sasori, apenas de forma inteligible —De…i…da…ra…

—¡Deidara! — le gritó el de cabellos azabache al otro y Deidara despertó violentamente, dándose una vuelta por la mesa y cayendo al suelo con estrepito.

—¡Duele! — gritó, mientras se ponía de pie y seguidamente fulminaba a Itachi con la mirada —¡Idiota! ¿Qué te crees, hum?

—Sasori está…— empezó a decir el Uchiha, pero antes de decir "papa", el rubio ya estaba a su lado y miraba a Sasori.

El pelirrojo mantenía los ojos semi abiertos y observó a Deidara de manera inexpresiva. Sin embargo, Itachi inmediatamente apartó la mirada, como si hubiese visto algo íntimo entre ambos artistas. Durante un segundo, no le quedo muy en claro el por qué se sentía tan desorientado, pero después de unos segundos, cuando notó que el de Iwa tomaba la mano de Sasori entre las suyas, sintió claramente como algo se rompía. Quería salir de ahí, pero sus pies se habían convertido en dos yunques nada dispuesto a obedecer las órdenes de su cerebro.

—Sasori— le llamó Deidara el otro, en apenas un quedo susurro. El pelirrojo hizo un atisbo de sonrisa y frunció ligeramente el ceño —Danna, vamos. Usted puede, tiene que despertar ya, hum.

Itachi intentó respirar profundamente para deshacerse del hueco en su estomago.

—Dei…— murmuró el pelirrojo, en un intento (o eso le pareció a Itachi) por probarse que podía mantenerse despierto mientras pudiera seguir hablándole al rubio —…Dei…

Pero, fuera como fuera, el intento estaba hecho para fracasar, e inmediatamente, Sasori volvió a cerrar los ojos y quedarse inmóvil. El rubio se quedo mirando la vacía expresión de su maestro e Itachi se preparo para decir algo, cualquier cosa… Sin embargo, no contaba con que el de Iwa tomara por los hombros al pelirrojo y empezara a zarandearlo con fuerza.

—¡IDIOTA, HUM! — comenzó a gritarle. Itachi se quedo observándole con asombro y (¿para qué decir que no?) también incredulidad —¿Por qué no despiertas, maldita sea, hum! ¡Eres un bastardo, Sasori! ¿Cuándo piensas abrir los ojos? ¡Cuánto tiempo piensas seguir haciéndome esperar, hum!

El de Konoha notó que en la puerta de la habitación todos empezaban a agazaparse para ver qué sucedía dentro, y sintió la (absurda) necesidad de callar a Deidara, para que nadie más supiera lo que el corazón del artista efímero guardaba…No es como si de verdad, creyera a los otros miembros de la organización demasiado estúpidos como para no haberlo notado ya, pero… Entonces la necesidad de cubrir a Deidara era sino todavía más estúpida, pues lo único que estaría haciendo era abocarse a impedir que su pequeña burbuja de ingenuidad siguiera intacta.

Corrió hasta donde Deidara, le sujetó de los brazos y los jaló hacia su cuerpo para que soltara el inerte cuerpo del marionetista —éste cayó sobre la almohada con un seco golpe—, mientras el rubio repartía patadas a ciegas y gritos producto de estar fuera de sí.

—¡Eh, Sasori! — gritó una vez más, debatiéndose entre los brazos de Itachi en busca de la libertad —¿¡Por qué no despiertas! ¡Hazlo de una vez!, ¡No te estoy pidiendo más, maldita marioneta automática de la gran escoria! ¡Por una vez en tu vida, Sasori, por favor, escúchame!

Itachi apenas pudo reaccionar para soltarle un brazo y, seguidamente, con su mano libre, golpearlo en la nuca con tanta fuerza, que lo dejo inconsciente a él también. El rubio lanzó un gemido, y seguidamente cayó hacia delante. Itachi lo sostuvo con ambos brazos, impidiendo que se golpeara contra el suelo.

Fue hincándose lentamente con el rubio entre sus brazos hasta que por fin tocó el suelo. Ahí, volteó a Deidara boca arriba y lo observó. En sus mejillas todavía quedaban rastros del enrojecimiento por el coraje, y, con el rostro igual de apacible que si durmiera —pero con la boca ligeramente abierta—, a Itachi le produjo una sensación de compasión casi incomprensible.

Entonces notó que su corazón se había acelerado y que poco a poco, iba acercando su rostro al del rubio, en una especie de trance que no le dejaba pensar claramente. Es que era estúpido lo que estaba haciendo, así arrodillado como estaba, a punto de besar al oriundo de la roca. Intentó contenerse, pero solo fue hasta que la puerta de la habitación se abrió violentamente que —y, todo hay que decirlo: con una agilidad de la que estaba seguro él mismo carecía—, se levantó y mantuvo una postura erguida —aunque un poco tensa—, mientras observaba al ver a cuatro pares de ojos y medio —por el buen chico— que se abrían paso y exploraban la habitación con cierta sorpresa e interés; Kakuzu, Hidan, Zetsu, Tobi y —para un poco de la sorpresa del Uchiha— Kisame, le observaban con los ojos abiertos de par en par.

—¿Despertó Pinocho? — preguntó, quién sino, Hidan. Después pareció reparar en el rubio que yacía tendido a los pies del moreno —Ay, hijo de la gran…— maldijo —Jashin te castigara, Uchiha bastardo. Ya te jodiste también a la Barbie.

Itachi reconoció en ese momento que haber golpeado a Deidara de aquella manera casi tan salvaje no había sido buena idea, pero es que el rubio había perdido el control…Él solo había querido ayudarlo.

—¿Por qué hiciste eso, Itachi san? —le preguntó el buen chico, corriendo inmediatamente a donde el rubio —¡Deidara sempai! ¿Está bien, sempai?

—Deidara necesita descansar— argumentó Itachi, repentinamente cansado —Se puso como histérico cuando Sasori despertó y volvió a…quedarse así.

—¿Sasori despertó? — repitió Kakuzu, arqueando las cejas. Kisame se abrió paso a través de Akatsuki.

—¿O te pasó lo mismo que a la rubia esa y creíste que había despertado pero no? — se burló Hidan mientras caminaba hacia el pelirrojo y examinaba que estaba idéntico a la última vez que lo había mirado. Itachi frunció el ceño, de vuelta a su papel de criminal rango S.

—¿Me estás llamando mentiroso? — le preguntó, un poco enfurecido —O tal vez quieras ver con tus propios ojos que Sasori sí despierta en vez de estarte haciendo idiota. Ah, pero para eso tendrías que cuidarlo de vez en cuando.

—Podría estar cuidándolo todo el tiempo y no pasaría porque solo es producto de tu imaginación y el de la rubia— le soltó, maliciosamente. Kisame suspiro y le dio un empujón al albino.

—Ya, Hidan. ¿O acaso quieres que Itachi san te maté? — le dijo con una sonrisa.

—Yo estaría de acuerdo— apoyó Kakuzu, mientras su compañero albino lo fulminaba con la mirada.

—¡Que soy tu compañero, imbécil! — le gritoneo, enfurecido. Kakuzu hizo caso omiso de ello —Encima, este bastardo— dijo señalando a Itachi —No me puede matar, Tiburoncín. Yo, soy inmortal.

—Ah, pero te puede meter en el genjutsu— le recordó Kisame. Tobi asintió firmemente. Zetsu, harto de lo mismo se desapareció por el pasillo. El buen chico parpadeo y soltó a Deidara (quién se dio un fuerte coscorrón que le dolería en cuanto despertara) y salió corriendo.

—¡Espere, Zetsu san! ¡No deje solito a Tobi! — grito mientras corría donde el peli verde. Itachi observó a Hidan y éste se encogió de hombros.

—A Pein le dará algo cuando se entere de que hay otro Akatsuki caído— se limitó a decir antes de dar media vuelta y retirarse. Kakuzu le siguió con la mirada y luego la volvió a Itachi.

—No pagaré por servicios si esa rubia no despierta— le amenazó y seguidamente se fue. Cuando se trataba de dinero, el avaro tenía que ser el último que hablara. Kisame sonrió y se giro a ver a su compañero, con una sonrisa enorme que enseñaba sus grandes colmillos.

—Vaya…Se ve que ha perdido los estribos, ¿cierto? — comentó mientras echaba un vistazo insinuador a Deidara y luego miraba a Sasori —Oye, Itachi san. ¿Y si los ponemos en la misma cama, para hacerles una broma? Imagínate cómo se pondrá Deidara cuando…

—No— le interrumpió Itachi, un poco compungido por la idea, pero enseguida volviendo a su misma postura de lobo solitario —Acabas de llegar Kisame, no te empieces a meter en líos con Deidara…Ahora que está irritado por no poder irse a ninguna parte.

Kisame arqueo las cejas.

—No es como si yo le cayera a Deidara lo suficientemente mal— dijo, con una sonrisa. Itachi se agachó a recoger el cuerpo inerte del rubio y Kisame se adelantó para ayudarle (aunque sabía perfectamente que el Uchiha podía solo) —Hasta allá se escuchaban los gritos. ¿Qué le pasó que de pronto estaba tan… encabronado?

—¿Cómo voy a saberlo? — Pregunto, mirando hacia un punto en la nada mientras ambos lograban hacerse con el peso muerto en que se había convertido Deidara y salían de la habitación —No es que me importen sus asuntos.

—Ya sé que no— comentó Kisame, aunque parecía que no estaba muy seguro de su comentario. Entre ambos llevaron a Deidara a su cuarto (que era como el de casi todos: una estancia amplia con una cama, un ropero y un escritorio, pero, ésta, se encontraba llena de esculturas de arcilla regadas en el suelo) —Bueno. Ya está.

Ambos dejaron a Deidara en la cama con cierta violencia, se dieron media vuelta y salieron, cerrando la puerta tras de sí. A Itachi todavía el corazón le latía con pesadez en el pecho. Se preguntaba además con cierta angustia si Akatsuki habría llegado a ver un poco de su lapsus de…lo que fuera que había sucedido anteriormente.

Kisame le miraba de manera profunda, escrutándolo y —al menos eso le pareció durante esos tortuosos treinta segundos—, adivinando sus pensamientos. Al fin, Itachi se enderezó e hizo acopio de todo su gran potencial como actor, pues, hay que admitirlo, era un muy bueno.

—Iré a mi habitación— dijo, y avanzó hasta una de las puertas que había en el pasillo, se metió en ella y se encerró.

Lanzó un enorme suspiro y se recargó, exhausto por tantas cosas sucedidas en un día. La verdad, es que no habría esperado nunca lo que había sucedido anteriormente y, en consecuencia, no podía dejar de respirar agitadamente. En cuanto se había deshecho de aquella máscara de impasibilidad que se obligaba a llevar, el tiempo pareció correr más rápido que antes.

Se pasó una mano sobre la cara y en los cabellos, despeinándose un poco debido a la sensación de casi haber sido descubierto a medio besar al rubio; Un momento, ¿en verdad había estado a punto de hacerlo? ¿Realmente había querido chocar sus labios con los del rubio, acariciarle el rostro y mantenerlo cerca todo el tiempo? ¿En serio…?

¡Arg! ¿En qué estaba pensando? ¡Se había vuelto completamente loco!

Apenas logró llegar con pesadas zancadas hasta su cama y echarse sobre ella. No podía dejar de sentir esa extraña presión en el pecho, combinada con la idea de que podría levantar vuelo nada más al estirar las manos y agitarlas de un lado a otro. Cerró los ojos… Había sido…Durante un segundo, todo parecería perfecto. Como si en el fondo de su corazón, algo que creía roto e irreparable, hubiera vuelto a unirse en un segundo, solo por la simple cercanía del rubio.

Había sido, como volver a mirar hacia atrás, a donde existió un lugar al que pudiera llamar hogar. Sabía que era estúpido, porque siendo quién fingía ser, no podía darse el lujo de sentir algo por un criminal. Alguien que de verdad lo era. Deidara no solo estaba lejos de su alcance, sino que, además, era incorrecto. Inadmisible.

Pero por qué no podía dejar de sentirse tan fuera de lugar cada vez que decía eso, que intentaba convencerse de que él no podía ser capaz de sentir nada por el rubio.

Alguien estaba intentando burlarse de él… E Itachi, no podría negarlo durante mucho tiempo.

Entreabrió los ojos. ¿Qué caso tenía? Sus sentimientos estaban destinados a verse llenos de decepción, ¿no sería mejor simplemente hacerlos todos a un lado? Pero, la pregunta que más temía, era, si ahora que se estaban formando tendría alguna opción. ¿Habría algo que pudiera hacer?

—¿Ya será…demasiado tarde? — se preguntó a sí mismo, y volvió a cerrar los ojos. Estaba tan cansado, que no necesito de mucho tiempo antes de quedarse sumido en una profundidad más oscura, en su sueño.

0*0*0

Despertó con un fuerte dolor en la cabeza y en el cuello. Durante un par de segundos, pareció que todo el mundo daba vueltas a su alrededor, pero al segundo, Deidara fue capaz de hacerlo parar. ¿Cuándo había llegado a su habitación? Aquella fue la primera cosa que pensó, mientras se sentaba erguido con cuidado y se sobaba la frente. ¿Por qué le dolía la cabeza y le pesaba tanto el cuerpo?

Intentó hacer memoria y ubicar el por qué estaba de nuevo en su cuarto. Y entonces, como si se tratara de una luz resplandeciente que se encendiera y apagara en el instante, recordó a Sasori abriendo los ojos y llamándolo. No necesitó más para ponerse de pie y salir corriendo de su habitación.

¿Cómo se atrevía Itachi a llevarlo nuevamente a su habitación? ¿Habría pasado algo?

Los segundos que tardó en correr a la recamara del pelirrojo le parecieron eternos. Distinguió las voces de algunos Akatsuki en la sala, pero no prestó atención alguna. Se fue inmediatamente a su destino, y, en cuanto abrió la puerta, se llevó la sorpresa de que ahí ya no estaba Sasori.

—Pero, ¿qué…?— comenzó a decir, sintiendo el pánico corroer su corazón. Estaba a punto de voltearse y echar a correr para matar a todos ahí, cuando se encontró con Itachi y el miedo se convirtió entonces en coraje —¡Uchiha! ¿Qué le han hecho a Sasori danna, hum?

El moreno le miró.

—No te preocupes. Konan está con él en el estudio de Pein…Creen que podrán curarle con el pergamino que trajo consigo Kisame— le dijo, de manera que intentaba ser tranquilizadora. Deidara sintió que durante un segundo, su cuerpo se liberaba de un peso que no sabía que tenía —Sin embargo, mencionaron que podrían tardarse un par de días…

Una sonrisa se extendió por el rostro del rubio sin que éste pudiese evitarlo.

—No importa, hum— soltó, con un alivio anticipado y que probablemente delataba mucho por el simple hecho de haber utilizado aquel tono tan… feliz, que rayaba en el éxtasis. A Itachi se le encogió el corazón —Porque, estará bien…— hizo una pausa y le miró —¿Verdad, hum?

Itachi se limitó a asentir.

—Todo volverá a la normalidad, Deidara— le dijo, con una tenue sonrisa pintada en el rostro —Te lo prometo.

Deidara le miró sorprendido, y asintió de manera casi imperceptible. ¿Por qué Itachi le decía esas palabras? Era cierto que parecía habérselas dicho más a él mismo que al rubio, pero… ¿Por qué tendría que ser…cualquiera de las dos opciones? Se había aliviado de saber que Sasori pronto estaría bien, pero por alguna razón, le pareció que al moreno no le sucedía lo mismo.

Supuso que después de eso, su tregua como rivales de Akatsuki terminaría y volvería todo a la normalidad, como le había prometido Itachi.

Entonces, Deidara hizo un gran esfuerzo por decir lo que estaba a punto de decir:

—En realidad…— musitó y el Uchiha lo miró —No todo tiene que volver a la normalidad, hum… Nosotros ya podemos seguir…siendo…tolerantes (a falta de una palabra mejor para esto), el uno con el otro. ¿Cierto, hum?

El Uchiha se quedo quieto unos segundos. La verdad, hubiera parecido que se alegraría de escuchar eso…pero por alguna razón, ahora no parecía ni remotamente lo suficiente como para complacerle un poco siquiera…

Sí. Ya era tarde. Se había enamorado de Deidara, y él estaba enamorado de Sasori. El moreno recordó la expresión del marionetista al despertar y que por lo primero que había preguntado fue por el rubio. Había algo especial en ese momento que durante todo ese tiempo no había dejado de darle vueltas.

Deidara debería de arriesgarse a decirle lo que sentía a Sasori, incluso aunque el otro se negara a aceptar que podía sentir no dejaría de guardar dentro esas emociones que tenía por su alumno. De pronto, la idea de que el marionetista lo negara demasiado bien le hizo meollo. ¿Y si en verdad Sasori podía seguir sin escoger hacer caso de sus sentimientos?

Fuera como fuera, ambos artistas tenían una ligera esperanza en su amor. E Itachi…

Miró a Deidara de forma casi suplicante, pero inmediatamente volvió a convertir su rostro en una mueca de impasibilidad, mientras asentía a la antigua pregunta del rubio.

Quizá realmente él no tuviera ninguna esperanza de que correspondieran su amor, pero eso no importaba. Una vez más se repitió que no era por eso que estaba en Akatsuki.

Sin embargo, en ese momento no se daría cuenta de que, pronto, Sasuke y Konoha no serían lo único que pasaría a ser importante en su monótona vida…Y que de hecho, eso ya había empezado. Ahora la pregunta es, si aquello lo destruiría…o no.

TO BE CONTINUED.


Buenos seampias, está conti ha sido finalizada -reitero- gracias a sus comentarios. Espero leerlos en un review y por ahora, he de despedirme.

Matta ne~

*Oración sacada de Leyendas de los Otori, Con la Hierba en la Almohada, de Lian Hern. (Un buen libro, se los recomiendo)