-Death Note no me pertenece, ni su historia ni sus personajes.

Primero, muchas gracias por vuestros reviews, me han animado mucho.

Segundo; sé que en el anterior capítulo no se distinguían los cambios de escena, por lo que usaré un nuevo método ahora a ver si se diferencia.

Gracias :)

LIFE NOTE

Meritxell le había quitado la libreta a su novio Xac, el cual comenzaba a emocionarse demasiado ante la posibilidad de assesinar a todos aquellos que llevaban al país a la ruina.

-No seas un crío. Recuerda que seguramente Kira usaba esta misma libreta.- Le dió una suave colleja, haciendo que su querido gorro con la bandera de jamaica cayera al suelo. La recogió y se la puso de nuevo.- Ahora voy a usarla yo. Eres demasiado indiscreto, y seguramente aquellos de la SPK ya estarán cerca de nosotros. Éste es un plan muy importante.- Se sentó en la cama, de brazos cruzados y aun así sujetando el cuaderno.- El país está demasiado sobrado de políticos ineptos. Con sólo matar a un par de políticos dejando aquellos mensajes, los hubieramos alejado de sus puestos.

El chico miraba de reojo a Meritxell, que seguía hablando sobre la importancia de la discreción, y luego fijó su vista en Ruls, el shinigami al que pertenecía el cuaderno, y bajó la mirada.

...

Aquella tarde, Cala llegaba tarde.

No hacía ninguna actividad extraescolar, ni habia quedado con nadie, y tampoco la esperaban en casa.

Estaba corriendo dirigiendose al polideportivo como una desesperada, ansiosa de ver a Albert, el chico que le gustaba, jugando el partido de baloncesto con el equipo del pueblo vecino.

-¡Cala!- Laia la llamó desde unos asientos de plástico rojos, situados encima de las gradas, las cuales estaban a rebosar de amigos y familiares de los jugadores de ambos pueblos.- Te estabamos guardando un sitio.

-¿Cómo sabías que vendría?

Se sentó al lado de su amiga y acepto el ofrecimiento de un par de barritas de regaliz, mientras ella le contaba que apenas habia llegado ya estaban todos los asientos ocupados.

-Uriel nos consiguió dos sillas para poder verles des de aquí.

Uriel era un buen amigo de ambas chicas que jugaba junto con Albert en el equipo de baloncesto. Era alto, con un cuerpo atlético, y solía vestir un estilo algo similar al de Cala, salvo que mezclaba varios elementos "punk" que le daban un aire muy distinto a como era en realidad.

Laia lucía siempre ropas bonitas y coloridas, de marca la mayoría de las veces, y nunca se pondría una camiseta rasgada de Nirvana de Cala, o una chupa de cuero negro de Uriel. Ella era algo más sencilla, pero aún así hermosa. Tenía los rasgos bien definidos, y era rubia platino con unos ojos celestes preciosos.

En ellos se habia quedado atrapada mientras hablava con ella la primera vez que se conocieron.

Un silvato anunció el inicio de un partido que se alargaría más de lo previsto, dado el nivel de ambos equipos.

...

-Está bien así.- Near se habia aposentado en un piso alquilado en las afueras del pueblo, y estaba hablando por telefono con los demás miembros del SPK, convenciendoles que no era necesaria su presencia.- Parece un lugar más apacible de lo que pensé.

Observó las vistas que tenía desde aquel diminuto balcón: las montañas se alzaban apenas unos cuantos metros por delante suyo, permitiendo tan sólo el paso de una carretera y el río antes de que comenzara a elevarse el terreno. Luego estaban un montón de chalets que parecían trepar por la montanya, y varios caminos que los unían a la carretera. Era agradable. A Near le parecía agradable.

Decidió ir a ver el lugar, para observar qué tipo de personas habitaban allí.

El paseo duró un par de horas, pues él se tomó su tiempo para observar todos los bares, niños, jovenes, mujeres y hombres. La iglesia y todos los senderos que salían por todos los lados del pueblo hacia viejas masias o prados por sembrar. Montanya.

De vuelta, observó que una multitud de gente salía de un gran edificio azul, en una esplanada justo en frente de su casa. Había gente de todas las edades, pero prefirió fijarse en los jovenes.

Había el típico grupo de chicos desaliñados con las rastas y la cresta, estilo que había observado en la inmensa mayoría de los habitantes del pueblo, y otros grupitos típicos: cuatro o cinco chicas vestidas con tejanos y camisetas de marca ajustadas, y unos botines que parecían réplicas los unos de los otros.

No se estuvo demasiado tiempo. Hacía frío, pues estaban en Noviembre, y la mayoría de los que salían a continuación eran parejas de entre 35 y 60 años. Se salían del perfil que tenía del torpe y nuevo Kira.

Ya en su casa, sacó sus cajas de dados y las colocó en uno de los muebles que había en el salón. Lo mismo hizo con las cajas de puzzles y los aparatos electricos.

Y de mientras, en el exterior, unas risas animadas se clavaban en su mente, haciendole recordar su infancia en la Wammy's House, aunque en el orfanato no era él quien reía.

...

Cala salió junto a Laia y a Uriel del polideportivo, deprimida por no poder comentar con Albert lo bien que habían jugado.

-Oye, Cala.- Uriel y Laia se miraron entre sí, algo indecisos.- No nada...

La chica observó a Laia, interrogandola con la mirada, pero ésta se rehusó.

-¿Qué quereis decirme?

-Albert no es el tipo de chico que tu crees.- Uriel afrontó la enfadada mirada de Cala.- Es decir... no... no te conviene.

-¿Y quién eres tú para decidir si me conviene o no un chico u otro?

-Nadie, por supuesto, pero...- Una mano se posó en el hombro de Uriel, y todos se giraron para ver de quien era. Cala evitó en la medida de lo posible no sonrojarse.

-Me preguntaba si podía pediros prestada a Cala por un momento.- Albert le guiñó un ojo a la chica.- Si no es molestia.

-Para nada.- Laia dijo eso en una ironía que nadie captó.- Es decir, cómo ella quiera. Nos vemos mañana en el instituto, Cala.- Cogió a Uriel del brazo y se despidió con una sonrisa y un gesto con la mano.

-Si, nos vemos mañana.- Giró su cabeza hacia Albert- ¿Qué es lo que querías?

Pese a estar tontamente enamorada de Albert, sabía que no le hablaría así como así. Cala era del tipo de chicas que se conformaban con poder hablar con él animadamente, tenerlo para ella un rato cada día, o cada dos días, antes que arriesgarse a perderlo para siempre.

Éste sonrió, sonrojado.

-Verás...- No le salían las palabras.- Se lo propuse antes a Uriel, aunque se negó rotundamente a que lo hiciera.

-¿El qué?- La ilusión de Cala crecía por momentos.

-Quería saber tu opinión sobre... mi.- Puso las manos entre él y ella, antes de que dijera nada.- Es decir, imagina qué pensaría una chica de mi.

-Emm...- Reflexionó en aquello que le acabava de preguntar.- Pienso que eres majo.

-¿Y de físico?

-Bueno, estás bien. Seguro que gustarás a cualquier chica.

Albert se puso las manos en la cabeza, alborotandose el pelo mojado por la ducha rápida que se había dado al terminar el partido.

-¡No quiero gustarle a cualquier chica! Quiero gustarle a Laia.

Cala intentó mantener la sonrisa en su rostro, pero sólo consiguió una extraña mueca que confundió a Albert. Si aquello lo habia consultado con Uriel antes de que salieran de los vestuarios, significaba que lo que el chico trató de decirle era que ella no le gustaba.

-Seguro.

-¿Estás bien, Cala?

Ésta asintió, con la mirada vidriosa.

-Es sólo que me afecta bastante el frío.

-¿Te acompaño a casa?

Ella negó con la cabeza.

-Será mejor ir sola. Mi padre es... esto... bueno... un padre, ya sabes. Soy su niña, y teme a cualquiera que se la aleje de su...- Miró a Albert, el cual la miraba con aire apenado.- Aunque no sea asi, ya me entiendes... es una suposición sobre mi padre y eso...- Bajó la mirada al suelo.- Mejor me voy ya.

-Cómo quieras. ¿Segura de que no quieres que te acompañe?

-Sí, será lo mejor. Puedo ir sola, está cerca.- Señaló hacia un gran edificio cercano, y Albert le dió un fugaz beso en la mejilla, suposo ella que a modo de agradecimiento, y se fue corriendo para alcanzar a los demás miembros del equipo de baloncesto, los cuales habían desaparecido por una calle cercana mientras hablaba en un rincón con Cala.

Ésta fue andando pesadamente, consciente del peso que soportaban sus ojos, hasta que rompió a llorar en el vestíbulo del edificio de su casa. Pulsó el botón del ascensor mientras evitaba que los sollozos fueran muy fuertes. Resonaba por toda la estructura.

Cuando la puerta se abrió, entró precipitadamente, pulsando más de una vez el último botón, mientras observaba su reflejo en el espejo.

Se limpió las lágrimas y respiró profundamente.

-Llegas a casa y lloras. Ahora no.- Recriminó a su reflejo.

Pero cuando llegó al último piso y se abrió el ascensor, pudo comprovar horrorizada que se había dejado las llaves dentro de casa.

Sólo hacía un mes que Xac se había independizado, y aún mantenía en su mente la tonta costumbre de confiar en que él llegaría antes a casa para abrirle. Aquello ya le había sucedido tres veces antes.

-Vivo en un ático. Puedo subir a las golfas.- Se dijo a sí misma, pero pronto encontró estúpida la idea. Hacía años que nadie subía ahí arriba, a saber qué tipo de vida se habría creado entre toda la suciedad que recordaba que habia.

Observó a un lado. Había un ventanal justo delante de dónde subían las escaleras, y era un lugar bastante agradable, por lo que se aposentó en el suelo, haciendo todo lo posible para evitar que los lloros fueran demasiado audibles en el silencio que envolvía el lugar.

Lo siento. Dije que en éste capítulo aparecería la Life Note, pero de algun modo preferí dejar un intérvalo más entre la aparición de la Death Note y de la Life Note. Tampoco ha habido la acción que dije, por lo que me disculpo doblemente.

Quería establecer una explicación para una escena que tengo prevista, y para muchas cosas tenía que suceder que Cala se desengañase, por lo que me dije que hoy subiría el capítulo que lo explicase y mañana (si todo va bien) el de la aparición.

Espero que aun así os haya gustado :)