Resignando a la vida

Una historia en la que Cráneo Rojo, mejor conocido como Johann Schmidt. Vuelve a la vida como Domeric Bolton. Luego de cumplir su destino con las gemas del infinito.

Cráneo Rojo ya no es el mismo. Una vez quiso ser "El ser superior", forjar su cuerpo y mente para apostar y no ser apostado en el gran esquema de las cosas.

Supo que la grandeza solo podía alcanzarse si estabas dispuesto a pagar el precio. Lástima que el verdadero significado de esas palabras lo eludieron toda su vida.

Ahora, después de morir, entendió que el precio no eran las tribulaciones por su ambición. Tampoco era la penitencia que le impusieron las gemas del infinito. El precio era la realidad inalcanzable.

Arrastro a sus aliados en la búsqueda imposible de la recolección de las gemas. Su base de poder fue destruido por no fomentar a su gente de manera correcta.

Hydra era increíblemente complejo, incluso, muchas veces las facciones se enfrentan entre ellas. Esto junto con la falta de liderazgo solo pudo empeorar las cosas. Las grietas de hydra se agrandaron poco a poco y no tenía forma de parar, Hydra se merecía algo mejor.

La guinda del pastel del error fue el recuerdo que tuvo momentos antes de que llegara su hora de decir adiós. Era algo que jamás hubiera imaginado, ni siquiera en sus pesadillas más raras.

-Confía en mi… Susurro el Capitán América.

-Hail Hydra…

Unas pocas palabras le bastaron. Steven Rogers despejo las dudas de su ¿tapadera? Sitwell y Rumlow solo asintieron como monos y la una extraña comprensión se dibujaba en sus rostros. ¿Comprender qué? Se preguntó Johan Smith (Cráneo Rojo).

El malnacido de Rogers lucho en el frente contra Hydra en la Segunda Guerra Mundial y lucho por SHILD muchos años después. Ahora era una agente en cubierto en la estúpida mente de Sitwell y Rumlow. Solo por decir "Hail Hydra". Ni siquiera sabe mentir, ¡malnacido Rogers!

Todo lo que recordaba era la arrogante sonrisa de Rogers junto con el maletín que contenía el cetro de Loki. ¡Maldita sea Hail Hydra!

Quería poder decírselos, quería poder enfrentarlo, quería poder golpear la maldita cara engreída de Rogers, sin embargo, su tiempo ya había pasado.

Lo sentía, su presencia estaba cada vez más tenue. Los recuerdo cada vez perdían más significado y los sentimientos le eran indiferentes. Supuso que era el fin, en un último intento por conservar su esencia una realización forzosa entro en sus pensamientos, el arrepentimiento.

Enfrento el arrepentimiento de una manera que jamás pensó. Ojalá nunca me hubiese inyectado el suero, todo empezó en ese maldito momento pensó. El suero amplifico su ser y con él su ambición desmedida, que era su principal fuerza, al final se volvió en su contra.

Con esos pensamientos Johann Schmidt, Cráneo Rojo, durmió. Esta vez aparentemente para siempre.