Naruto todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto; este fanfic está hecho sin fines de lucro y con mucho amor.
Bonnie Butterfly 2
Con un dedo tembloroso, recojo los sueños; sin ni siquiera respirar sobre ellos, se desmenuzan.
Incluso las cosas más certeras son demasiado poco fiables; si creo en algo, ¿puedo estar contigo otra vez?
La silueta de aquél día se desvanece en blanco.
Él había sido amigo de tus padres, un buen amigo.
La primera vez que te visitó en el orfanato había llevado muchas fotos y un gran ramo de rosas para la tumba de ambos en el cementerio del pequeño pueblo.
- Te he buscado por mucho tiempo, desde que me entere del accidente.
Parecía lamentarlo en verdad, sus manos temblaban levemente y la expresión de su rostro lucia afectada.
- Si eras su amigo, ¿Por qué no estuviste aquí con ellos cuando paso? – tus palabras no eran un reclamo, sólo simple curiosidad.
Él no podía responderte. ¿Cómo explicarte lo mucho que había amado a Kushina? ¿Cómo explicarte a ti, que solo eras un niño, que un sentimiento tan grande fue vencido por los intereses de su familia? Madara había dispuesto todo para borrarla de su vida y ella, fuerte como era, tomo sus cosas y desapareció para siempre con una sonrisa sin que él tuviera la fuerza suficiente para evitarlo.
El informe que le había entregado Kisame, después de mucho tiempo de estarla buscando tras la muerte del líder, era sólo una prueba de lo tarde que era ya; había muerto en un accidente apenas un año atrás.
Pero Kushina, al final de todo, había sido muy feliz. Formó la familia que tanto anhelaba con el amable hombre que había conocido en aquel pequeño pueblo rural a donde llego a refugiarse. Su lazo había sido tan fuerte que incluso habían muerto juntos, con un único arrepentimiento en sus corazones.
El niño de la mujer que amaba era idéntico a su padre, de ojos marinos y cabello rubio. Le habían dejado atrás y vivía en un orfanato, mismo al que se dirigió sin duda esa misma tarde con un único objetivo.
- Ven conmigo, por favor. – su voz era firme, la mirada que te transmitía casi suplicante.
- ¿Me adoptaras? – preguntaste sorprendido, no comprendiendo muy bien como es que ese hombre tan imponente parecía ahora tan frágil mientras te hacía tal petición.
Te protegería, te daría la seguridad que a ella nunca pudo darle, la felicidad que tu padre siempre le procuro, la cálidez de la familia que en su juventud él mismo soñaba tener cuando miraba la estela de su rojizo cabello desde la ventana de su viejo salón de clases...
- Se lo debo a ella, se lo debo a ambos…
Cualquier cosa que quisieras, cualquier deseo que expresaran tus rojizos labios, cualquier anhelo nacido en tu corazón…
Itachi se encargaría de hacerlos todos realidad.
...
Aquella tarde, cuando Itachi toco a mi puerta, acababa de llover.
Olía a tierra mojada, a hierba fresca, a rosales en flor.
Desde el salón podía ver las brillantes flores balancearse suavemente debido al peso de las incontables gotitas que pendían de sus verdes hojas y que resplandecían como diamantes bajo un cielo que se mostraba limpio, sereno después de la tormenta.
Cuando era más joven, y ella estaba a mi lado, días así solíamos pasarlos sentados en la terraza, con una taza de café caliente calentándonos las manos.
No eran recuerdos muy lejanos, pero me gustaba rememorarlos con nostalgia porque muchas cosas eran ya diferentes, tan diferentes que nunca me las hubiera imaginado.
¿Cómo podría?
Su puño chocando contra la madera me extrajo de mis ensoñaciones; cuando abriera la puerta sucedería algo que tampoco hubiese podido predecir.
...
Me sorprendió verlo parado en el umbral de mi casa, sus zapatos italianos salpicados de un poco de agua con tierra y las mangas de su blanca camisa dobladas hasta los antebrazos. Sin corbata, el saco colgando de uno de sus brazos y sus negras iris echando chispas.
Sin pedir permiso paso al salón y tomo asiento, sirviéndose una copa del vino que yo disfrutaba solitario antes de su llegada.
Después del primer trago y sin darle más vueltas, salió a colación la razón de lo que a primera vista yo creí era causa de su enfado.
- Hay problemas con un la nueva sucursal en Hong Kong; no es muy grave, pero la regularización de todos los papeles se tiene que hacer lo más pronto posible para que no impidan la entrada de la mercancía en la aduana. – dijo suspirando con fastidio mientras se llevaba elegantemente la mano a la frente.
- Me imagino que todo debe ser un desastre; nunca debimos dejarle a cargo esto a Karin. – aquella mujer era un desastre, habíamos sido casi ingenuos al pretender confiar en ella.
- Exacto. Tendré que quedarme ahí algunas semanas para supervisar que ella y sue quipo no hagan de nuevo un desastre. Me iré esta misma noche. Confió en que te encargaras de todo en mi ausencia. – y ahí debía haber terminado el asunto.
- Entonces no hay mayor problema. - nunca había necesitado darme indicaciones para que yo realizara mi parte, tan eficiente como él mismo lo era haciendo la suya.
No eran lógicas sus acciones. Me negaba a creer que aquella fuera la razón que lo había traído a mi propio hogar cuando yo sabía que algo tan corriente como eso lo podríamos haber arreglado con una simple llamada telefónica.
No éramos hombres de muchas palabras y, debido a que habíamos crecido juntos, habíamos llegado a desarrollar una extraña y silenciosa comprensión.
Sólo así, el propósito real de su visita salió a la luz como una revelación.
Lo mire afiladamente, el cejo fruncido con escepticismo. Lo sabía bien: ¿Qué era lo único que le quedaba pendiente arreglar antes de irse?
¿Qué era aquello que no era un asunto corriente que podía dejar en manos ordinarias, como había hecho siempre con todo lo demás?
La respuesta me la dio el mismo, haciendo mis acertadas suposiciones realidad con sus palabras:
- Necesito que le cuides, será mucho tiempo, pero con seguridad regresare por él – ni siquiera tuvo que pronunciar su nombre para que yo supiera exactamente a quién se refería -. No puedo llevármelo conmigo porque la campaña no ha terminado y él es parte importante en la colección de niños: necesita terminar las sesiones y estar presente en la pasarela.
Tenía razón. Media compañía se volvería loca al faltarle uno de los modelos, sobre todo uno importante en su debut. Sin embargo, el sólo pensar en vivir con un niño, lo problemático que sería cargar con dicha responsabilidad y las implicaciones que esto conllevaba... Llevarlo conmigo al trabajo, hacerme cargo de sus comidas, prepararle la habitación y vigilar que no hiciese un desastre de la casa, gastar tiempo cuidándole…
Casi me dolía la cabeza el sólo pensarlo y comencé a negar lentamente con la cabeza, pero él me dio la estocada final con una simple frase;
- Sólo confío en ti, Sasuke.
Palabras graves, palabras sinceras, palabras que eran una verdad.
Él había cuidado lo que era mío cuando nuestro clan me dio la espalda ante mi inconmovible decisión de amarla, y ahí aprendí que mi verdadera familia era sólo él y ella, los únicos lazos que yo sentía necesitar para vivir.
Para él no debía ser, de alguna manera, diferente.
- Cuidaré de él por ti, hermano.
Tal como él había cuidado de ella por mí.
...
Rubio y en extremo alegre, te había visto varias veces ir de un lugar a otro de la compañía acompañado de Hinata o Iruka mientras esperabas a que Itachi terminara algún asunto importante del trabajo para ir por fin juntos a casa.
La libertad que él te había concedido era completa; a ninguno de sus amantes anteriores le había dejado inmiscuirse de tal manera en su vida. Te lo permitía todo, te lo concedía todo y depositaba en ti un cariño y una confianza que yo no era capaz de entender.
Tu identidad para todo el mundo, incluyéndome, era un completo misterio.
Mi cauta e intrigada mirada solía seguirte en cuanto apreciaba el destello de tu dorado cabello, cuando sentía tu presencia en las oficinas, el sonido de tu risa en los sets de grabación y en el estudio de Kakashi y de Jiraiya, e incluso cuando te quedabas dormido sobre el sillón de Itachi todavía con las pelucas y los vestidos puestos.
A veces nuestras miradas se encontraban, sin que tal intercambio pudiera permitirme leer tus intenciones, responder mis preguntas. Con una sonrisa sincera y nerviosa te deslindabas de todo, ocultándote tras Itachi que se divertía con mi cautelosa curiosidad, pero guardando siempre silencio.
Sólo tu nombre, sería el único secreto que compartiría conmigo.
...
Atravesamos juntos el jardín hasta el amplio estacionamiento donde había dejado aparcada su llamativa camioneta roja sangre, tan acorde a él mismo. Me sorprendí cuando, sin perder tiempo, se dirigió a la puerta del copiloto y con un suave jalón la puerta cedió para mostrarme un complot.
Aún si no hubiese aceptado, cosa que a Itachi le parecía poco probable, con el poder que le confería su jerarquía como hermano mayor, al final hubiese logrado que me rindiera a su absurda petición porque ya lo tenía todo listo. Envuelto en un cobertor azul, ahí estabas tú, durmiendo profundamente. Itachi te había dejado la calefacción encendida y en la radio sonaba una bonita canción de tierras lejanas que te había estado arrullando con dulzura:
The winds of love suddenly began blowing in my head
Showing me the peace of my beloved
You say "Return my precious, rise above the separation while you are a stranger."
Tu cuerpo pequeño fue fácilmente alzado por Itachi, que lo halo hacía sí a la par que apagaba todos los aparatos de la camioneta y cerraba la puerta, volviéndose hacia mí con tu cuerpo firmemente sujeto entre sus brazos.
- Despierta, Naruto. – apenas un susurro, pero suficiente para que te revolvieras inquieto en tu suave cobertor y poco a poco comenzaras a abrir los ojos.
Lo primero que enfocaste fue a mí, cosa que inexplicablemente te hizo sonreír de manera boba, aun si no eras capaz de reconocer si todo era un sueño o la realidad. Llegando, tal vez, a la conclusión de que todo era demasiado complicado para entenderlo, decidiste felizmente volverte a dormir.
Ante tu reacción Itachi sólo negó con la cabeza y sonrió levemente mientras te llamaba una vez más y mencionaba algo sobre ramen. No pasaron dos segundos cuando tus ojos se abrieron grandes y, volteando a ver a Itachi, tus labios se curvaron en una amplia sonrisa.
"¿Dónde, donde?...", era lo que parecías querer decir, mientras te incorporabas un poco.
- Lo tendrás más tarde, lo prometo. Ahora hay algo más importante: ¿Recuerdas lo que hablamos ayer? – te quedaste como pensando un momento, pero enseguida asentiste comprendiendo y lo miraste con mucha intensidad esperando a su siguiente indicación.
- Entonces ya sabes que es lo tienes que hacer. – volviste a asentir y pediste ser depositado en el suelo. Itachi aflojo el agarre que mantenían en ti sus brazos y pronto te dejaste resbalar con todo y tu cobertor hasta que tus pies enfundados en unos bonitos y modernos tenis tocaron el suelo.
Sin embargo, apenas pudiste apoyarte completamente en el empedrado cuando tus piernas temblaron y te fuiste de lado, cayendo sin oponer resistencia, totalmente enredado en tu maligna cobija.
Itachi y yo abrimos los ojos sorprendidos y te miramos rodar alarmados por la vereda empedrada, tomando más impulso a cada pequeña bajada. Corrimos tras de ti que, sin ser capaz de parar, seguiste hasta salirte del camino y continuar tu frenética carrera por el verde césped del jardín.
Itachi, ágil y rápido, se lanzó sobre ti en un intento desesperado y fallido, porque sus dedos no consiguieron sostenerte y seguiste hasta estamparte directamente contra un árbol.
No pudimos captar si fue un choque fuerte, pero cuando las aves que estaban en el árbol echaron a volar, nos preocupamos realmente. Mientras cruzábamos la distancia que nos separaba de ti, Itachi saco su celular. Iba a llamar a emergencias.
¡Cuál fue nuestra sorpresa cuando en vez de lágrimas pronto una risilla ahogada comenzó a brotar de aquel capullo azul!
Al instante Itachi colgó el celular; repuesto del sobresalto y comprendiendo, comenzó a reír también.
Mi ceño se frunció y observando la situación con extrañeza me apresure a ver si no te habías lastimado; eras un modelo, después de todo. Me hinque a tu lado y con cuidado comencé a desenvolverte, siendo tu redonda cara lo primero en encontrar.
¡Qué sonido más tintineante el de tu risa, ahora que te veías libre! Tu rubio cabello se había revuelto con tanto ajetreo y tus mejillas estaban completamente rojas por el esfuerzo de tanto reír.
- ¡Se me han dormido los pies! – tímidamente me informaste entre divertidas carcajadas, burlándote de ti mismo e invitándome a que lo hiciera también- ¡He sido lo que soy, una espiral de ramen!
Inevitablemente, pero sin poder explicármelo, tuve que sonreír.
...
Mientras caminábamos de regreso a la entrada de la casa, lo mirabas todo con curiosidad. Mi hogar, una elegante casa de amplios jardines, era muy diferente al lujoso pent-house de Itachi en el centro de la ciudad.
El garaje era al aire libre y empezaba cruzando la elegante verja de madera, exactamente donde terminaba un elegante empedrado que indicaba el camino a la puerta principal de la casa. A los alrededores se extendían amplios jardines poco cuidados, llenos de árboles, flores y algunos muebles de jardín que se suponía se usaban para tomar el té en día cálidos.
Los únicos vestigios de la lluvia que horas antes había caído era el brillante roció que se extendía sobre el césped y el despejado cielo que ya comenzaba a iluminarse por los rayos anaranjados del atardecer de un tímido sol. Frías corrientes de aire soplaban con levedad y no había nubes en el cielo.
Itachi y yo cargábamos las maletas mientras que tú te dedicabas a señalar lo que te gustaba con una sonrisa y a esquivar los charcos como no queriendo ante la mirada reprobatoria de Itachi. No parecías tan pequeño, aunque en realidad no llenabas tampoco las expectativas de tu edad real.
- Tiene doce años. – había declarado sin más Itachi al notar mi mirada analítica sobre ti unos días antes cuando te fotografiaban para un espectacular.
Vestido tan primorosamente como lo habías estado en los sets de la compañía pasabas fácilmente como un par de años menor debido a que no eras muy alto y la complexión de tu cuerpo era fina y delgada. Eras precioso, aunque vestido con ropa normal ya no tan delicado y tampoco tan joven como podía pensarse al principio; vestías una sencilla sudadera blanca con gorro y un pantalón deportivo de color negro con una fina cadena en el bolsillo que te hacía tener un aire completamente desenfadado.
Tampoco eras muy malcriado y caprichoso, aunque la razón de que lo parecieras a primera vista era porque Itachi procuraba mimarte mucho quisieras o no. No te había dejado ayudar con las maletas y había estado a punto de negarte el derecho a caminar hacia la casa debido a que aún no habías espabilado y podías resbalarte en un charco (que pescaras una gripe era lo menos conveniente) o rodar nuevamente contra un árbol (una pierna rota sería peor).
- Cada vez son más pequeños. – habías visto un gato sentado en uno de los melocotoneros y te habías alejado lo suficiente como para que yo pudiese retar a Itachi.
- Incluso yo me escandalice.
Lo mire y leyó la incredulidad en mis negras iris. Sin embargo era verdad; su amante más reciente había sido otro rubio, dieciséis años cumplidos, extrovertido y demasiado alocado. Si se hablaba de mujeres, le gustaban las adultas, mujeres maduras y con clase; los adolescentes le gustaban animados y con una belleza extravagante, no demasiado pequeños, jóvenes ya inmersos en el mundo del amor; a los niños parecía ponerles atención, pero realmente no le gustaban. Era amable con ellos, pero no eran para él algo más que materia prima, pequeños gusanos que quizá cuando realizaran su metamorfosis podían captar su atención. Deidara había sido, hasta ese día, el límite.
- No es un capricho, y lo sabes ya. – claro que lo sabía, pero no lo comprendía y así se lo hice saber.
- Esto es algo que sólo puedes hacer cuando Dios pestañea. -se carcajeó de mi expresión y me miro como si tuviera ochenta años.
- Lo vas a entender, porque existe un momento en que el destino deja de tener caprichos y entonces ya no podemos dudar: las cosas sólo pueden ser de una forma – pauso un momento para mirarme a los ojos y continúo suavemente -. Somos hermanos, Sasuke. Así como yo comprendí y apoye tus razones para dejarla ser tan egoísta a pesar de que no estabas de acuerdo y de que lo que te hizo no era algo que, hasta yo me di cuenta, ella te podía hacer, espero que un día tú llegues a entenderme también.
Era cierto. Ese día aunque fingí que estaba bien, que era algo a lo que cualquier adulto se tenía que enfrentar, sólo él fue quien apoyo su mano en mi hombro y estuvo junto a mí escuchando sus razones, mirándola duramente porque Itachi sabía que con sus drásticas acciones en realidad me estaba haciendo pedacitos y esa era sólo la primera ruptura, lenta y dolorosa, el principio de algo que sólo ella podría reparar pero que no tendría la intención siquiera de hacerlo porque ya para entonces había algo más grande en su corazón.
Itachi lo supo desde aquel momento, que era el fin para nosotros, pero yo seguía firme y aparentemente imperturbable, siguiendo mi vida con un ritmo cada vez más lento, monótono, siempre esperándola.
- Porque la amas y las hubieses amado fuese cual fuese la estructura de su cuerpo, no más que un recipiente de tu flor definitiva, yo espero que puedas ver más allá en él.
Tenía razón, pero yo no terminaría de entenderlo hasta que los hilos del destino nos conectaran y la verdad saliera a la luz, mi niño.
...
Se despidió en el umbral de la casa, habiendo dejado ya todas las maletas acomodadas en el salón y habiéndose bebido una taza de café mientras tú ibas tomándole un poco de confianza a tu nuevo y temporal hogar. Su vuelo salía en pocas horas y cuando vimos que el naranja atardecer comenzaba a teñirse de un negro incierto, se levantó sin mucha ceremonia y mirando la hora exclamo que era apremiante que se marchara.
De mí se despidió con una sonrisa muy leve, un ligero movimiento de cabeza que interprete como un gracias y un abrazo muy breve seguido de una fuerte palmada en mi espalda.
- Buen viaje. – le desee con sencillez. No tenía porqué se sentimental; volvería, como siempre. Tenía incluso una razón más por la cuál regresar.
Sorprendentemente, entre ustedes, sólo hubo una palabra;
- Gracias. – pronunciaste radiante y él se limito a acariciar tus rubios cabellos con complicidad antes de darse la vuelta y comenzar su camino hacia el estacionamiento.
Sin embargo tal acción no te pareció suficiente y, justo cuando pensé que Itachi ya no se volvería más hacia nosotros, echaste a correr tras él bajo mi sorprendida mirada. Tomando en un puño su blanca camisa le obligaste a encararte y entonces sus brazos envolvieron tu cuerpo con fuerza. Obligándote a alzarte de puntas se agacho lo suficiente para besarte en los labios, muy suavemente, totalmente superficial.
- Se un buen niño con Sasuke. – asentiste con las mejillas sonrojadas, mareado por su arrebato pero satisfecho.
- ¡Tráeme tallarines de regalo! – le gritaste mientras volvías a mi lado y, con un movimiento de su mano, sin dejar de caminar y sin volver a mirar hacia nosotros en ningún momento, prometió que lo recordaría y que sólo en un par de meses eso sería lo que cenarían juntos en el pent-house.
Le despediste con la mano enérgicamente hasta que desapareció en la distancia y poco después su camioneta arranco y abandono el garaje. Entonces te desperezaste y volteando hacia mí con una sonrisa, hablaste:
- Tengo hambre… ¿Podemos comer ramen?
Asentí, aunque mientras lo miraba marcharse, al contrario de tu felicidad, yo me sentía súbitamente atormentado por un presentimiento.
¿Realmente él regresaría?
Nunca supe cual fue la razón de aquel extraño sentimiento, cuando él era por aquel entonces lo único que yo tenía.
...
Anochecía y hacía frío, así que ajuste la temperatura de la chimenea y te prepare un té mientras esperábamos a que el ramen que habías sacado de una de tus maletas y que habías puesto en el microondas estuviese listo.
Estabas sentado en el sillón pequeño, envuelto en tu cobertor azul y mirando curioso a tu alrededor las cosas en las que antes no habías podido reparar al estar ocupado comiendo dulces y siguiendo la trivial conversación que Itachi y yo habíamos mantenido.
Éramos apenas conocidos, pero existía entre nosotros algo que nos era familiar, algo común. Tus silencios no eran incomodos, la forma en que hablabas y te movías, siempre segura, no era limitada. Eras un niño espontaneo, un niño que ya no le temía a muchas cosas y confiaba casi ingenuamente en Itachi y lo que era parte de él.
Parecía gustarte la sala, amplia e iluminada, siempre cálida debido al elegante e inusual sistema de calefacción. Balanceabas tus piernas cómodamente, alegremente hundido en el blanco sillón dispuesto frente al mío sin prestar mucha atención al televisor que yo había encendido para ti y en el que pasaban un programa de variedades que Kakashi me había comentado era muy popular entre los modelos de la compañía.
Tus ojos, grandes y azules, miraban queriendo absorberlo todo, y yo sólo podía sentirme ligeramente divertido con tu curiosidad, estando pendiente de todos tus movimientos. No tenía muchas cosas que para niños como tú fueran interesantes, pero todo parecía llamarte la atención: las repisas llenas de libros, el piso de madera oscura, las pinturas colgadas sobre los muros con imágenes de diferentes lugares del mundo, la pared principal llena de portaretratos…
Y hubo en aquella pared, la pared de los recuerdos y los sueños, algo que hizo que tus ojos brillaran, que dieras un salto del sillón y corrieras hacia ella, maravillado por lo que tus turquesas pupilas podían apreciar.
- ¿Quién es ella?
Yo sabía lo que mirabas, y te respondí sin dudarlo, orgulloso en mi corazón:
- Es mi esposa.
Continuará~
Muchas Gracias por sus comentarios, y por esperar este, mi segundo capítulo. Me he tardado mucho, pero la escuela me ha matado, y la verdad debería estar estudiando para mi examen de Psicología. Aun así aquí estoy: ¡Realmente muchas gracias a todos por lo reviews! Sé que este capítulo dejara enojadas a muchas, pero todo tiene su explicación. Por favor no se desanimen, pronto las cosas se pondrán en el lugar que deben (SasuNaru!).
Como siempre: ¡Gracias por leer! ^-^
Nota: He rescrito este y el primer, así que les pido por favor que lo lean una vez más. No es demasiado diferente, pero la verdad me gustaría su opinión por el cambio de narración y las correcciones.
