Naruto todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto; este fanfic está hecho sin fines de lucro y con mucho amor.

Aclaración importante: las partes en cursiva son recuerdos, en los anteriores capítulos he hecho aparecer unas escenas importantes que ayudan a comprender un poco la historia. A decir verdad hace poquito encontré unos viejos papeles en los que se dibujaba claro la esencia de este fanfic y he rescrito (otra vez ¬-¬) los capítulos y si es posible, querida lectora, te pido que le eches una ojeada. Disfruta la lectura, por favor! ^-^


Bonnie Butterfly 4

¿Y si te beso suavemente?

¿Podré entrar un poco más en tu corazón?


- ¿Qué le gusta a él?

- Sakura, el café, tomar fotografías, la opera, levantarse temprano… - Itachi enumeraba cada uno de mis aficiones haciéndome sonar aburrido, inmensamente divertido por la creciente curiosidad que había nacido en ti desde hacía algún tiempo.

- ¿Le gusta el ramen?

- Definitivamente no. – y ante el repentino puchero causado por sus palabras su sonrisa se hizo inevitablemente más grande.

- ¿Qué clase de persona es Sakura-chan?

- Sakura es una mujer muy bella, poseedora de un corazón extremadamente cálido. Para Sasuke fue amor a primera vista cuando la conoció en la universidad y desde ese momento ya no pudo mirar a nadie más. Ella le lleno de cariño; nunca me pareció más vivo, más humano.

- ¿Y por qué ella ya no esta a su lado?

- Sakura es médico, tiene un gran talento y una gran pasión dentro de ella. Unos años después de que se casarón ella comenzó a viajar por el mundo para ayudar a todo aquel que la necesitara y fue así que su carrera comenzó a absorberla y se volvió para ella lo más importante. Lo abandono todo sin contemplaciones.

- ¿Incluso a él?

- Sasuke era un hombre demasiado pasional. La necesitaba por completo, pero le dio la libertad que por derecho a ella le correspondía y aún más…

- Pero ella siempre puede volver, si él la ama tanto debió haberle perdonado el dejarlo sólo.

- A pesar de que siempre luce indiferente, en realidad Sasuke es muy amable. La ha perdonado, pero para Sakura él ya no es su sueño, como lo fue cuando éramos jóvenes. Ahora esta en América, hace un par de años que sólo sabemos eso de ella.

Pero en aquel momento Itachi no fue capaz de hablarte de aquel episodio doloroso que había marcado una ruptura entre los dos, el momento exacto en que ella renuncio a todo lo que tenía que ver conmigo y nuestro amor.

Ella fue egoísta, me arrebato mi derecho natural, arranco de él vida y ella misma le dio muerte.

...

No podría decir, de manera alguna, que en aquel momento te amaba como llegue a hacerlo; sin embargo esa mañana comencé a quererte, comenzamos a desarrollar esos lazos que en el futuro nos atarían casi con crueldad.

¿Qué había soñado esa noche, antes de sentir la sutil caricia de tus dedos sobre mi frente trayéndome de vuelta a la realidad de aquel día?

Yo siempre la soñaba a ella, hermosa e impoluta, caminando por las habitaciones de la casa. Intoxicaba cada rincón con el toque de sus manos blancas, con la estela floral de su largo cabello y el suave balanceo de sus lívidos vestidos que en vano mis dedos trataban de atrapar. La quería desesperadamente, aunque sonriera radiante sin mirarme, caminando sin hesitación siempre en dirección opuesta a mí, dejando a su paso una estela de sangre de la vida que me había arrebatado…

Estaba a punto de ahogarme cuando, viendo las duras líneas de expresión de mi rostro, trepaste a la cama preocupado y te sentaste a mi lado, acercándote con suavidad para depositar un furtivo y pueril beso en mi mejilla que me obligo a abrir los ojos y mirarte abrumado.

Ante mi confusión y la expresión turbada de mi rostro, una risa alegre afloro en tus labios y sin poderte contener, juntaste cariñosamente tu nariz con la mía, envolviendo mi rostro con tus manos para tal contacto a manera de consuelo.

- Te hice café. – me anunciaste contento antes de liberarme, tus azules ojos transmitiéndome un inquieto mar de sentimientos en los que se destacaba una sincero gozo, algo de preocupación y una traicionera timidez que se plasmaba con claridad en el sonrojo de tus mejillas.

La cafetera roja hacía un ruido muy suave mientras exhalaba un aromático vapor que le fue agradable a mis sentidos, mismos que comprobaba súbitamente saturados por tu presencia. Te respiraba, y eso era un alivio, porque me hiciste olvidar un momento aquel episodio terrible que se repetía con frecuencia en mi subconsciente.

- Gracias. – te susurre suavemente, aceptando sin remedio tu afectuoso saludo de buenos días al no ser capaz de hacerle frente a tu resplandeciente sonrisa.

- ¡También hice el desayuno! – y antes de correr hacía la cocina depositaste en mis manos una tasa llena del negro y delicioso líquido, apurándome a que lo disfrutara para que pudiésemos comenzar un nuevo día juntos.

...

Me sorprendió mirarte ir de un lado a otro de la cocina, envuelto en los fragantes vapores que exhalaban las ollas rosadas que con tanta dedicación cuidabas. Pequeño como eras, tenías que usar un banquito de madera para alcanzar los ingredientes de las alacenas más altas y tener una mejor perspectiva de cada guisado para moverlo o agregarle algún condimento.

Itachi se hubiese enfurecido al verte hacer tales cosas peligrosas, pero a mi eso sólo me hizo sentir enternecido y orgulloso. Torpe y en extremo hermoso, poseedor de la edad y la posición social perfecta para ser caprichoso, no eras ni un ápice parecido a aquellos modelos de la compañía que yo tanto detestaba.

Parecías disfrutar de la cocina inundada de luz, del sonido burbujeante de la sopa de miso, de la blanca suavidad del tierno arroz. Cuando eras feliz, solías cantar, y esa mañana como las que vendrían, no fue la excepción:

Mi vecino Totoro, Totoro~

Vuelve a llover y allí esta él, mojado en la parada del autobús.

Al desplegar tu sombrilla él a cambio te ofrecerá un pasaporte para entrar

¡La mágica puerta se abrirá!

- Naruto. – al escucharme pronunciar tu nombre tu cuerpo dio un pequeño respingo y al instante volteaste a mirarme, interrumpiendo tu infantil canción.

- No le digas a Itachi, en casa no me deja cocinar. – y yo no entendía la razón, siendo el aromas de los rollos de huevo agradable y hogareño.

- De mi boca no saldrá una palabra, pero ven acá. – extendí mis brazos hacía ti y entendiendo, te dejaste abrazar para permitir que te depositará con ligereza en el suelo; yo me haría cargo desde ahí.

- ¡Gracias por la comida! – fueron tus alegres palabras cuando la mesa estuvo servida, té al estilo occidental como acompañamiento de los platillos.

El comedor seguía siendo demasiado grande, pero me pareció menos solitario con tu ruidosa y entusiasta presencia disfrutando de lo lindo con un simple tazón de arroz.

La mañana era fresca y luminosa y, por el diseño cristalino de la casa, la luz natural del sol inundaba todas las habitaciones confiriéndoles vida. Motitas de fluorescente luz jugaban con tu revuelto cabello y sobre el techo se formaban figuras de colores que se reflejaban de forma chispeante a partir de la vajilla de vidrio y el candelabro.

- La forma en la que sostienes los palillos es muy bonita. – comente tranquilamente, mis manos sosteniendo con cuidado mi taza de té.

- ¡Claro, me enseño mi mamá! – ante ese comentario te mire fijamente y, notando mi reacción, tus gestos se enternecieron.

- ¿Tu mamá? – insistí suavemente, llevado por la curiosidad.

- Si, su nombre era Kushina. ¡Era realmente bonita! Solía regañarme cuando era muy travieso pero en verdad me quería mucho, ella y mi papá fueron los que me enseñaron a cocinar porque era hijo único… - no terminaste tu pequeño relato, súbitamente acosado por la nostalgia que hizo menguar la seguridad de tu sonrisa.

- ¿Algún día me enseñaras una foto? – el detalle de tus palabras en pasado no me había pasado desapercibido, pero ya tendríamos tiempo de hablar más tarde sobre muchas cosas. ¿Acaso no teníamos la noche entera para llenarnos de palabras?

- ¡Si! – te limitaste a responderme contento y al ver que habías recuperado la energía te acomode un mechón rebelde de cabello tras la oreja y después te apure a terminar el desayuno.

Ya era tarde, pronto tendríamos que ir a trabajar.

...

Tsunade, que era la encargada del vestuario, eligió para ti ese día un fino vestido de organdí rojo y te vistió con él sin piedad, ajustándolo a tu cuerpo para resaltar sus curvas naturales con ribetes y esponjando ella misma la caída de la corta falda. Al final enfundo tus pies pecosos en unos elegantes botines rojos de tacón con agujetas de cerezas y te entrego a mí en brazos, como quien obsequia algo muy valioso.

- Llévalo en brazos con Hinata, es demasiado torpe como para que camine en tacones usando un vestido tan fino. – ante sus palabras hiciste un puchero y la miraste feo pero ella no hizo más que reírse en voz alta y como despedida te dio un cariñoso golpe en la cabeza.

- No soy tan torpe, no es mi culpa que los tacones se me atoren en la alfombra. – te explicaste ofendido cuando nos encontramos dentro del elevador.

- ¿Quieres que te baje? – te pregunte, comprendiendo por tus palabras lo mucho que te gustaba hacer las cosas por ti mismo.

- ¡No, ya pregunte y el vestido cuesta más que yo! – y comenzaste a reírte divertido, tan absurdo te parecía que un trozo de tela costara más de 500 tazones de ramen de lujo.

– Gracias por ayudarme, Sasuke.

Para mi no era molesto, porque eras liviano y tu cuerpo era suave, como el de un pequeño gatito.

Como tenía algo de tiempo antes de que la reunión con los directivos comenzara, te deje yo mismo bajo el cuidado de Kakashi, informándole mi nuevo rol como tu protector mientras Itachi estaba fuera por negocios. Hinata e Iruka estaban con él en una de las locaciones asignadas para las fotografías ese día, en uno de los últimos pisos del edificio en una terraza al aire libre.

- ¡Hina-chan! – te lanzaste contento hacia sus brazos al verla y ella te recibió encantada para después tomarte de la mano y llevarte a uno de los tocadores para comenzar con el maquillaje.

- ¿A dónde ha ido Sasuke? – me abordo Kakashi curioso después de saludarme confianzudamente.

- A Hong Kong.

- ¿Algo salió mal con Karin, no es verdad? – ante mi expresión de fastidio Kakashi supo que había acertado.

- ¿No te ha molestado el que te dejara a Naruto-chan? – pregunto curioso.

Kakashi me conocía bien, no por nada había sido amigo de nuestra familia por una gran cantidad de años. En las frecuentes peleas que teníamos Itachi y yo a causa de sus inapropiados romances con los jovencitos de la compañía, él era el mediador. Por esa razón le sorprendía mucho el que yo hubiese aceptado cuidar de su pequeño amante.

- Es un buen niño, muy diferente a lo que me había esperado. – mis palabras fueron sinceras, no podía describirte por lo pronto de otra manera.

- Es verdad – incluso Kakashi, aunque era un total pervertido, se había sorprendido mucho al conocerte -, nunca me imagine que alguien como Naruto se volviera tan importante para él como para incluso adoptarlo.

- ¡¿Le adoptó?! – mi semblante grave hizo a Kakashi sentirse confundido.

- ¿No te lo había dicho? Legalmente ese niño es un Uchiha.

No me lo había dicho, ni a mí ni a ninguna persona de la familia directa. Desde la muerte de Madara a todos se nos había concedido más libertad respecto a nuestra vida personal pero me imaginaba que tal hecho no les haría nada de gracia a los accionistas; por derecho, ahora Naruto era dueño de una parte de la empresa.

- Tendré que hablar con él esta noche. – fue lo único que atine a decir, todavía sorprendido por tal información.

...

Entre todas las niñas en aquel saloncito de té victoriano, debía admitir que tal vez eras tú la que me parecía más bonita.

Sasori, sentada hasta el frente y sosteniendo con elegancia una pequeña tetera, era la niña que guiaba la fiesta, la reina en aquel falso escenario de vajillas de porcelana floral, muchos listones de colores y vestidos abombados llenos de delicados encajes; no obstante, aunque la larga melena de un llamativo color rojo atraía la mirada de todos, me parecía que yo no podía mirar a nadie más que a ti, un enigma viviente.

Habías entrado a la agencia por recomendación directa de Itachi; ni siquiera tuviste que hacer casting y ya se te había encomendado tu primer trabajo nada menos que al lado del bello Sasori. Un total novato, un niño venido de la nada: sin trabajos previos, sin curriculum o experiencias.

Hermoso, la única cualidad evidente.

Unas coletas doradas, muy rizadas y sedosas, te enmarcaban el alegre rostro de labios rojos y largas pestañas negras. Les pedían que rieran y sólo en ti podía ver sinceridad, verdadero gozo en ese falaz escenario de niños de plástico. Sólo a ti te gustaban ellos, que no podías dejar de admirarlos en las breves pausas que se les concedían. Los conocías en sus atuendos diarios, en sus facetas masculinas; no podías menos que sorprendente al presenciar cuan femeninos y elegantes podían llegar a ser.

Sin embargo, ellos también te miraban cautivados, tan profundamente como yo, tratando de leer en tus ojos de extraño color aquel corazón que había hecho caer rendido a un hombre como Itachi a tus pies.

...

A la hora de la comida, te apareciste en mi oficina, usando un vestido más sencillo que el anterior pero todavía con la peluca y el maquillaje puestos.

- Hina-chan me ha dicho que todavía no hemos terminado, pero ya es hora del descanso. – explicaste algo avergonzado mientras arrastrabas uno de los taburetes cerca de mi escritorio y te sentabas ahí.

- ¿Tienes hambre? – te pregunte. A mi todavía me faltaba revisar algunos papeles y me parecía que todavía iba a tardar.

- Nop, Iruka me llevo ramen y lo comí a escondidas. – todavía en tus labios podías saborearlo y ver tu expresión encantada me hizo relajar.

- Entonces duerme un rato, te despertaré cuando te estén buscando – asentiste y procediste a hacerte bolita en el taburete, tus ojos cerrándose rápidamente.

Otra de tus cosas favoritas era tomar siestas en la tarde, pudiéndote quedar dormido en cualquier lado. Un día Itachi y los demás se habían vuelto locos al no encontrarte por ningún lado, hasta que por fin uno de los perros de Kakashi te localizo hecho un ovillo dentro de uno de los armarios, profundamente dormido encima de un montón de abrigos de piel.

Tomando mi saco del respaldo de mi asiento, me puse de pie y con cuidado me acerque para cobijarte con él, maravillandome con tu transformación al apreciar tan cerca los detalles. Eras completamente una niña, con tus labios coloreados y usando un vestido blanco con manzanitas bordadas, las largas coletas rubias arrastrándose por el suelo. Tu respiración era muy suave y el calor de tu cuerpo se transmitia a mi mano que te arrullaba con suaves palmaditas a tu espalda, con ligeros toques a tu frente.

Una adopción, ya un hecho. ¿Que estaba pensando él cuándo decidió meterte en un mundo como el de nosotros, tan límitado y gris? Un juego sería sólo divertido, pero si las cosas eran serias... ¿Con cuántas cosas te tendrías que afrontar?

Ella, que era un mujer fuerte, resintió el embate que nuestra egoísta familia descargo sobre ella. A pesar de que al final quedo de pie las lágrimas fluyeron abundantes durante el cruel proceso.

¿Cómo te protegeríamos él y yo, a ti, que eras tan pequeño? ¿De que manera podría evitarte las lágrimas, el dolor? Itachi debía regresar pronto, para ponerte a salvo.

Me parecía que lejos del mundo, ahora sólo quedabamos tú y yo.

...

- Sasuke, así se llamaba mi gato. Hermoso y altivo como él – comenzaste a explicarle esa nostálgica noche estrellada, cuando se quedaron en medio de la carretera en el trayecto de regreso de visitar a tus padres para mirar aquel hermoso paisaje que ya no se preciaba en la ciudad -. Cuando yo quería tocarlo me miraba altivamente y me daba la espalda para ir a bañarse bajo el sol; sin embargo, cuando caminaba por mi casa vacía, su pequeña presencia iba siempre tras de mi y, aunque odiaba que yo lo tocará y le besará la pancita ante cada oportunidad que tenía de atraparlo entre mis brazos, solía limpiarme las lagrimas con su rasposa lengua cuando me parecía que en el mundo sólo existía yo y nadie más…

- ¿Y donde esta tu gato?- te pregunto Itachi, sin ser capaz de comprender el camino por el cual iban tus palabras.

- Lo perdí cuando me llevaron al orfanato. Tal vez ya este muerto…

- ¿Quieres que te compre uno? Tal vez Sasuke se enfade si sabe que un gato lleva su mismo nombre pero…

- Quiero a Sasuke, al real.

- Entonces le pediré a Kisame que lo busque, daremos una recompensa por él... – Itachi seguía sin comprender.

- ¡Me he enamorado de él! – las lágrimas comenzaron a rodar por tus mejillas y sólo fue entonces que Itachi pudo comenzar a unir las piezas del rompecabezas de tu pequeño corazón.

Existían en el mundo muchas cosas que, aunque las deseabas con toda el alma, tú ya no las podías tener.

Pero me querías desesperadamente; desde que escucharas el nombre amado de tu gato de los labios de Itachi transformado en realidad, desde que él te obsequiara mi foto, desde que en tu corazón comenzaste a darme forma con los pequeños detalles de mi vida que Itachi te regalaba en casuales conversaciones.

Cuando me miraste esa primera vez en los soleados edificios de la compañía y tu pequeña pasión termino de aflorar.

- ¡Por favor, quiero protegerle!

Itachi, enternecido, te limpio las lágrimas y te lo prometió, que así sería.

Continuará~