Naruto y todos sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto; este fanfic está hecho sin fines de lucro y con mucho amor. Disfruta la lectura, por favor! ^-^
Bonnie Butterfly
Gotas de lluvia sobre las rosas y los bigotes de los gatitos
Ollas de cobre brillantes y cálidos mitones de lana
Paquetes de papel marrón atados con cordeles.
¡Éstas son algunas de mis cosas favoritas!
Tal y como la vez en que te quedaste dormido en el armario, había momentos del día en que Itachi te perdía de vista completamente. Sólo eran un par de horas las que estabas ausente, y por ello él no se preocupaba; a esas alturas conocía tus hábitos y las personas a las cuales solías frecuentar.
En los días menos ocupados de la compañía solías ir a jugar con Hinata, presentarte a comer al estudio de Iruka o a ver películas de acción con Kakashi y Jiraiya en el proyector de la sala de juntas. Itachi sólo tenía que hacer una llamada para saber lo que hacías y el lugar en el cual te encontrabas, sabiendo muy bien que ellos eran tus únicos amigos.
Los chicos de tu edad no solían acercarte a ti, la cordialidad con la que te trataban te parecía demasiado formal y no eras capaz de romper esa barrera a pesar de tu candidez. Te sentías muy lejos del mundo que ellos formaban con sus excitadas palabras al contarse en los vestidores pequeñas anécdotas de las brillantes fiestas, las salidas de compras al nuevo centro comercial o los juguetones romances que les hacían sonreír divertidos ante cada llamada y mensaje de sus siempre melódicos celulares.
- ¿Te sientes inferior?- te preguntó Itachi mientras dejaba un beso en tu rubio cabello para confortarte, una mañana en que te llevo a desayunar fuera.
- No, simplemente... me siento sorprendido… - esa era la felicidad, pero no la clase de felicidad que tu conocías y añorabas, no la que deseabas compartir.
- Lo sé, esos niños son así de diferentes de ti. – y señalo el inmenso lago que se veía a través de los vitrales del restaurante, enfatizando así la diferencia abismal.
- Yo no me divierto tanto en las fiestas aunque son tan bonitas, me gusta ir de compras pero no soy muy bueno eligiendo estilos de ropa y lo que esta de moda… y… - te sonrojaste furiosamente y desviaste la mirada apenado -… tampoco he dado mi primer beso…
Itachi sonreía ante tus acciones, despreocupado y contento por la misma simpleza que tú no acababas de comprender era el punto fuerte de tu carácter. Las cosas que a ellos les gustaban estaban muy lejos de ti, que todavía atesorabas tu corazón intacto, que le dabas rienda suelta a tu amor con naturalidad a pesar de que el mar de tus sentimientos era peligrosamente profundo, abismalmente oscuro.
- Tú eres diferente y yo no podría estar más contento con la forma en que eres ahora, incluso aunque tengas gustos tan horrendos.
Saber que juguetonamente él se refería a mí con su comentario te hizo hacer un puchero mortificado, tus orejas poniéndose aún más coloradas. La foto de mí que aguardabas con ternura en tu abrigo pareció quemar contra la piel de tus dedos que le acariciaron por instinto, adorándola y pidiéndole perdón por tenerla junto a un montón de envolturas de dulce de fresa.
- Cuando regreses al colegio conocerás chicos de tu edad con los que puedas compartir todo lo que amas, tendrás muchos amigos…
- ¿Y lo tendré a él? – lo que más anhelabas, tu infantil esperanza.
- Esta en tus pequeñas manos. – porque Itachi ya había creado para ti una oportunidad.
…
El verano estaba acabando, prueba de ello era esa cálida y fina lluvia de fines de la estación que yo observaba a mi paso a través de los corredores de cristal del edificio principal de la compañía. A pesar de estar en el último piso, era capaz de apreciar bajo mis pies las pequeñas figuras de las personas que transitaban por la despejada avenida, buscando apresuradas refugio en las numerosas cafeterías y tiendas departamentales de aquella exclusiva zona de la ciudad.
Era mitad de la semana, pero se sentía como un viernes; había una razón especial para tal sensación.
"Trece años…", pensaba mientras caminaba a tu encuentro, mis pasos guiándome a los vestidores de la terraza, lugar donde Iruka había estado tomándoles fotos a ti y a los demás modelos en ropas casuales. En la mañana el cielo había sido claro y luminoso; aún a pesar de la lluvia, eso no había cambiado. Diversos arcoíris se observaban cruzar la ciudad y me pareció un escenario perfecto para retratarte, sobre todo en un día tan especial.
Te encontré sentado frente a uno de los tocadores, peleando con una botella de desmaquillante de suaves tonalidades verdes. Las rubias coletas que usaban en las horas de trabajo ya no enmarcaban tu rostro, ni un vestido de encaje tu esbelto cuerpo. Eras simplemente tú, suave cabello rubio rizándose en torno a tu cuello y espesas pestañas negras enmarcando tus ojos turquesa.
- Naruto. – te llame suavemente y tu cuerpo dio un respingo asustado, pero cuando volteaste a mirarme me recibió tu tímida sonrisa.
- Hina-chan esta ocupada con Haku el día de hoy, no quiero molestarla pero… ni siquiera sé como abrir esto…
Y me mostraste la elegante botella de Etude House y el blanco algodón que sostenías en tu pequeña mano, mismos que tome de ella cuando me acerque y me senté frente a ti, en el mismo lugar que Hinata ocupaba para realizar el cotidiano ritual que yo planeaba llevar a cabo.
La botella de Lemon Tea desprendió un aroma agradable cuando la tapa cedió ante la sutil fuerza de mis dedos, cuando el blanco algodón fue empapado por la fresca sustancia que te robaría tu femenina belleza.
- Cierra los ojos. – tus mirada centelleó tímidamente, pero no tardaste en acatar mi orden.
El algodón, guiado por mis largos dedos, resbalaba por tu rostro suavemente, delineando tus sonrojados pómulos, la pequeña línea de tu nariz, desdibujando de tus párpados la máscara de pestañas que le pinto de negro. Sólo eso fue necesario, eras tan naturalmente bello que incluso Hinata no tenía la necesidad de aplicar en ti demasiado maquillaje.
Sin embargo no te pedí que volvieras a abrir los ojos y me acerque a ti lentamente, mis dedos tiñéndose de rojo al tocar tus rollizos labios, despintándolos con delicadas presiones. Todo tu cuerpo temblaba ante mi presencia, pero no eras capaz de mostrarme tus anhelantes ojos. Un vago placer recorrió mi cuerpo al sentir tus dedos se aferrarse cohibidos a mi camisa, sofocado.
Pero sólo mirarte, yo no podía hacer nada más. Se me había hecho costumbre y lo disfrutaba, pero no entendía muy bien la inquietud que me provocaba la fragilidad a la que parecías sucumbir ante mi cercanía.
- Abre los ojos.
Para cuando tus pupilas se mostraron, mis labios ya estaban en tu frente, dejando debajo del rubio flequillo un silencioso y espontaneo beso que no fui capaz de reprimir.
- ¿Quieres ir a cenar fuera hoy? – y te sonreí discretamente, me apetecía llevarte a celebrar a pesar de que de tus labios no había salido ni una pequeña palabra referente a tan especial fecha.
La naturalidad con la que nuestro lazo iba creciendo me parecía reconfortante, encontraba satisfacción en nuestra convivencia diaria, en los pequeños detalles que me regalaba tu presencia cada día. Tu silencio no era desconfianza, era timidez.
- ¡Quiero ir a Ichiraku, a comer ramen!
Si eso era lo que deseabas, yo no podía más que hacerlo realidad. En casa te esperaban un montón de cajas envueltas en papel de colores y un gran pastel de chocolate con tu nombre aguardando a ser cortado bajo las traviesas luces del comedor.
¿No era acaso, el día más importante del año?
Aunque yo no tuviera ni las más remota idea de que era Ichiraku; tú me enseñarías, riéndote de mi ignorancia, guiándome de la mano hasta el paraíso del ramen.
…
Itachi llamaba cada noche a la misma hora, todos los días.
Tú lo esperabas con ansia. El repiqueteo del teléfono iluminaba tu rostro, te hacía correr emocionado hacia el moderno aparato. Le contestabas alegremente, bromeándole con tu característica familiaridad hasta que las risas de ambos explotaban y llegaban hasta mi estudio donde las fotos de Sakura compartían mis horas de trabajo. Después todo era susurros, secretos y sonrisas expuestas con suavidad.
Así te encontraba horas después, contento y acostado en la alfombra con la pijama ya puesta, enrollado juguetón en el largo cordón. Después de tu turno llegaba el mío, y mientras yo me sentaba en mi sillón de piel, tú corrías a la cocina a preparar mi adicción.
Itachi y yo hablábamos del curso de los negocios, de transferencias bancarias y las ventas de las nuevas sucursales. No eran temas interesantes pero, al volver con una taza de café negro en las manos, te sentabas con familiaridad en mis piernas y me obsequiabas con el amargo líquido. Entonces recargabas tu cabeza en mi pecho y disfrutabas del sonido de los apacibles latidos de mi corazón, mi voz arrullándote, transmitiéndote una agradable seguridad que te permitía abandonarte al mundo de los sueños sin ningún arrepentimiento.
Cuando tu respiración se tornaba suave, era ya tiempo de terminar la llamada. Me despedía de Itachi con la misma familiaridad con la cual tu le contestabas, y entonces le hablaba un poco de ti antes de colgar. Que eras un buen niño, que en la compañía tus fotos habían salido preciosas, que eras bueno haciendo café. Me callaba lo delicioso de tus desayunos y lo adorable de tus rizos en la mañana, el sonido de tu voz llenando cada rincón de nuestro hogar con infantiles canciones…
- ¿Sabes algo? Mañana será su cumpleaños.
Tal información me sorprendió. No me lo hubiese imaginado en lo más mínimo, me parecías el tipo de niño que anuncia un día tan importante unas semanas antes, haciendo una feliz cuenta regresiva.
- Mi regalo esta en la oficina escondido en el armario, dáselo por mi por favor.
¿Qué podría regalarte yo? Una caja gigante, llena de lazos de colores, apareció en mi mente y tuve que sonreír suavemente. Tal vez en ella un Totoro gigante, regordete y sonriente, espolvoreado de confeti.
- Le he comprado un Totoro gigante, el más grande que encontré.
Mi ceño se frunció ante lo que me pareció el descarado robo de mi idea y casi pude visualizar a Itachi sonriendo burlonamente. ¿Qué debía hacer? Ir de compras en secreto, ordenarle al ama de llaves que preparase cada detalle de la pequeña e improvisada fiesta, que hornease un pastel.
- ¿Cuál es su sabor preferido?
- Adivina.
Chocolate, eras un niño de leche y cocoa; o al menos eso me parecías al verte dormir como un gatito sobre mis piernas, casi ronroneando entre sueños. Sin embargo, una respuesta más certera salió de mis labios al responderle a Itachi;
- Ramen.
…
Salimos del edificio sin sombrilla alguna, apenas una ligera gabardina negra sobre mis hombros y un chaleco afelpado protegiendo tu delgado cuerpo. Pequeña gotas de cristal se atoraban en tu despeinado cabello, y era encantador verte caminar bajo la lluvia sin preocupaciones, cantando una suave canción de jazz sin reparar en la gente que se detenía momentáneamente a mirarte a pesar de la lluvia. Ellos te reconocían, no en vano estábamos recorriendo una avenida llena de tus fotos y la de los otros modelos.
Sin embargo no eran capaces de hacer algo más que suspirar, tan dulce e íntimo era aquel momento contigo mismo.
"No es conmigo, es contigo", fue lo que quisiste decir cuando te detuviste y tomaste mi mano ante mi sorprendida mirada. ¿Cómo podía saber yo que una canción secreta se afloraba en tu corazón, a pesar de que las palabras que salían de tus labios se morían de ganas por pronunciar mi nombre?
Apuesto y alto, tus ojos turquesa querían eternizarme para siempre bajo la lluvia, mortalmente bello, dolorosamente inalcanzable a pesar de sentir la dulzura de mi mano que apretó a la tuya aceptando tu toque.
En el mundo real, tú no eras más que un simple niño con grandes ambiciones, deseos más grandes que él mismo. Las mujeres que pasaban a mi lado y volteaban a mirarme impresionadas, eran todas preciosas. Con sus vestidos de colores y sus preciosas zapatillas, ellas eran la imagen perfecta de la feminidad. ¿Cómo competir con ellas?
Incluso tú pensabas en lo bonitas que eran, los labios eternamente coloreados y el fragante cabello cascadeando por la delicada espalda, rizos casuales adornando el suave escote que te hacia apartar la mirada sonrojado. Las amabas y las envidiabas, sintiéndote demasiado pequeño e insignificante en mis brazos, torpe y tembloroso ante mi negra mirada que solía atraparte siempre con la guardia baja.
Sin embargo, a pesar de tu turbación, el vaso medidor de tus sentimientos estaba ya tan desbordado que era imposible contener el dorado flujo. Te dejabas arrastrar por la violenta corriente, a veces luchando contra ella para no sucumbir ante tus pueriles deseos de esa forma absoluta en la que deseabas dejarte ahogar.
Yo ya no era el mismo de la foto, ya no usaba vaqueros desgastados y mi cabello había dejado de ser tan rebelde. La joven y espigada silueta que te había enamorado era ahora un cuerpo firme, de espaldas anchas y musculosas. Todo en mi era adulto e imponente, estoico y taciturno.
La forma cuadrada de mi mandíbula estaba marcada con fuego en tus dedos, la manzana de adán delicadamente delineada en mi cuello hacían a tus labios cosquillear. El Sasuke que era yo actualmente, el Sasuke cuyos años de juventud habían quedado muy atrás, ahora era tu preciada posesión. Secretamente tuyo, disfrutabas al máximo la versión sensualmente masculina, madura y experimentada. Tus piernas se hacían gelatina cuando mis manos, grandes y rasposas, te atrapaban con sobrada facilidad. Los músculos de mis brazos, mi permanente olor a café y jabón, la dureza de mis hombros, el sonido de mi voz…
Incluso ahora, caminando juntos, no podías evitar que tu mirada me absorbiera con tanta profundidad, tan absorto en la elegancia de mi silueta envuelta en una gabardina azul de botones de plata. El cabello mojado que me había echado hacia atrás dejando despejada mi frente te hizo desear tener una cámara, mil fotos de mi hermoso y tranquilo semblante.
- ¿Te llevo en brazos? – mi pregunta te saco de tu ensimismamiento y sonreíste torpemente mientras negabas con la cabeza. Alguien debía decirle al mundo que yo era peligroso, una dulce enfermedad; causaba mareos, te hacía tropezar.
Era una canción de amor interminable en tu cabeza, cosquilleando en tus rollizos labios, llenando el mundo de radiantes destellos.
…
- ¿My Favorite Things?- esa era la canción que habías estado cantando entre burbujas, antes de que él te encontrará jugueteando en el jacuzzi. Había alcanzado a oírla desde que entro al apartamento, pero cuando te diste cuenta de su presencia interrumpiste tu melódico momento.
- Sí, ¿la conoces?
- Tú madre solía cantarla para mi, cuando éramos jóvenes… - Itachi se sentó en la orilla de mármol y te pidió con una sonrisa tranquila que le pasarás la botella de shampoo.
- ¿Enserio? ¡A mi también solía cantármela! Su voz era preciosa…
Lo era, como toda ella. Llena de vida, igual que tú.
- Acércate. – aunque ya te habías lavado el cabello, le permitiste volver a enjabonártelo, sabiendo cuanto le gustaba hacerlo al regresar del trabajo.
- ¿Sabes cuales son mis cosas favoritas? – por supuesto que él las sabia, aunque no solías expresarlas en voz alta muy a menudo. Más que palabras, todo tú eran acciones, detalles.
- ¿Yo soy una de ellas?- pregunto juguetón, sabiendo de antemano tu respuesta que vino acompañada de una cascabeleante risita.
- ¡Sí!
- ¿Y qué más?
Cabello azabache, ojos negros, piel blanca. La punta de tu lengua adoraba cada silaba, pronunciada con inmensa delicia;
- ¡Sa-su-ke!
El invierno blanco y plateado de mi corazón que se derrite en tu primavera.
Continuará~
Lo quería publicar ayer, que es un día especial. ¿Saben algo? Este verano he vivido el romance de mi vida, y ayer fue el cumpleaños la persona que lo vivió junto a mí. ¡Que daría yo por volver a la edad que tiene él! Felices dulces diecisiete años cumplidos para mi amado niño!
Sé que el cumpleaños de Naruto es en otra fecha diferente pero permítanme cambiarlo a la conveniencia de mi corazón para recordar este momento para siempre!
Este capítulo es un poco transitorio, me muero de ganas por pasar a la etapa más dulce de la relación entre Sasuke y Naruto. ¿Pueden creer que desde hace más de tres años, cuando se concibió esta idea, lo primero que escribí fueron los momentos de pareja? Ya falta poco, y eso me alegra.
Lo del vaso medidor de los sentimientos de Naruto me lo he robado de Sekaiichi Hatsukoi, esa alegoría me encanta! También, les recomiendo que escuchar la canción My Favorite Things, es un tesoro! ( www . Youtube . watch?v=8L1r9hIytCA). Por cierto, perdonen mi ortografía por favor, no he sido capaz de volver a leer el capítulo antes de publicarlo, me he intoxicado de él! XD
Espero que el fanfic les parezca agradable, debo confesar que Dramatic y Bonnie Butterfly son mis hijos favoritos, son a los que más cariño les tengo. Si les gusto este capítulo, nada me haría más feliz que saberlo! :3
¡Muchas gracias por leer!
