Capítulo beteado por: Rosario Tarazona, Betas FFAD
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Capítulo 2: Empieza la Venganza.
La venganza es el manjar más sabroso condimentado en el infierno-Walter Scott
BPOV
Suspiré, miré a mi acompañante: mi perro Max, lo tenía desde hace un par de días. Tenía, apenas, unos increíbles 15 días. Lo tomé entre mis brazos y lo puse a mi lado en el sofá, me miró atento.
—Lo sé, apenas vives conmigo y ya tienes una vida demasiado aburrida —le dije. Él bostezó, sonreí para mí misma. Lo acaricié, creo que por el momento es lo más puro que tengo, un cachorro cruzado, maltés con fresh pool, era de un negro increíble y eso para mí ya lo hacía demasiado especial.
Tocaron a la puerta.
—No te vayas a mover —me miró atento y se echó. Caminé hasta la puerta del departamento y la abrí, era mi mejor amiga, Nina. Me miró sorprendida y corrió hacia mi perro. La miré confundida.
— ¿Qué haces? —le pregunté mirando su cabellera negra mientras abrazaba a mi cachorro.
—Es hermoso —me dijo mientras jugaba con el hocico de Max.
—Se llama Max, y ya es algo celoso —le sonreí y ella lo dejó en el sofá, me senté a su lado.
— ¿Qué sucede? —Miré curiosa sus heridas, no me respondió y me acerqué a ella. Miré de cerca, un pequeño golpe cubría su hombro.
—Papá me echó, Bella —me miró asustada.
— ¿Por qué? Él no haría algo así, es tu sangre —le señale, poniendo un punto en claro.
—Porque está loco y me odia, claramente no puedo estar con el más tiempo. ¿Puedo pedirte un favor? —Me miró con sinceridad, asentí.
—Lo que quieras —ella suspiró.
— ¿Puedo mudarme contigo? No te molestaré en absoluto Bells, será algo pasajero, tengo mis cosas en el Mercedes… —intento explicarse, la paré apenas supe lo que decía.
—Eres como mi hermana, y claro, quédate el tiempo que sea. Max y yo estaremos encantados de tenerte —tomé a mi cachorro para dejarlo jugar abajo. Ella sonrió y me abrazó.
—Hey, ¿quieres que llame a Jaime para que traiga tus cosas? —Miró con curiosidad mi departamento.
— ¿Aún tienes a ese maravilloso chofer? —Sonrió. Asentí, tomé el vaso de la mesa de enfrente y caminé hacia la cocina, ahí estaba Lola, mi francesa casera.
— ¿Puedes llamar a Jaime? —le supliqué.
—Sí, madame lo que desee. ¿Le pegó, cierto? —Mire hacia atrás y asentí.
—Se quedará un tiempo. Llama a Jaime y dile que traiga todo al cuarto que le pertenecía a ya sabes quién —la miré con sinceridad y ella asintió.
Miré como Nina se divertía con Max; él estaba recostado en su espalda y miraba curioso.
—Basta, Max —lo miré curiosa y él levantó su patita, se sacudió y caminó hasta su juguete, un elefante orejón que le había regalado Stan.
—Bells… —Me miró quitándose su chaqueta.
—Tranquila, todo estará bien —ella asintió.
— ¿Encontraste al hipócrita de Cullen? —Inquirió. Volteé a mirarla.
—Sí, ya nos presentamos, y fue algo terrible, el muy idiota es un arrogante —sonreí apenas.
— ¿Aun te duele? —Tomó su BlackBerry dejándola a un lado.
—Ya lo sabes, es absurdo que nada más de la noche a la mañana nos dijeran que él se había suicidado, es… —no encontraba las palabras exactas para decirlo.
—Descarado, un crimen sin gracia rotunda —dejó ver su moretón echándose su cabello para atrás. Asentí y ella negó.
Apareció Jaime con las maletas de Nina, ella sonrió y le hice una seña para que pasara tranquila.
Caminé hasta la cocina. Mi IPhone sonó descaradamente con la canción de Shake it Out de Florence, lo tomé rápidamente.
— ¿Aló?
— ¿Swan? Soy Edward —asentí.
—Ajá, ¿qué quieres? —impuse enseguida.
—Buenas noches a ti también —me dijo en tono bromista.
—Si llamas para molestar, el tiempo de "idiotas al teléfono" acabo hace ya una hora —contraataqué.
Él rió, apenas podía sonreír por la rabia que me comía por dentro.
—Llamaba para decirte que estoy afuera de tu departamento, traje los papeles —sentí como sonreía del otro lado.
—Dile al portero que te deje pasar —colgué. Lola me miro curiosa.
—Tombe malade, certains —asentí y ella rió divertida.
Tocaron sin piedad y Nina corrió a abrir.
—Buenas noches —escuché desde la cocina.
—Hola, ¿eres Edward, cierto? —Miré hacia su dirección.
—Sí. Ammm ¿tú eres…? —preguntó confundido, caminé hasta el portal de la cocina y me crucé de brazos.
—Nina Dobrev, un gusto —ella sonrió y el extendió su mano.
—Cullen —lo llamé y caminé hasta la sala.
Él sonrió, llevaba unos pantalones negros y una camisa azul de manga larga.
Edward miró hacia Nina y ella sonrió. Tomó a Max en brazos, que miraba celoso a Edward, sonreí ante la escena.
—Pasa —le inquirí y él sonrió.
EPOV
Miré su departamento. Las paredes eran blancas, excepto por el portal de la cocina, llevaba otra dimensión, tenía un arco increíble, era demasiado bello. Las paredes de la derecha eran de vidrio y daban la sensación que había más por la forma en que estaban sus cortinas blancas dando ilusión. Caminé hasta donde estaba ella, traía unos skinny jeans, una camisa color crema de tirantes y su cabello suelto. Le sonreí, ella es muy hermosa, demasiado. Quizá no era la perra que decía Ian que era, quizá debía solo ser amable.
— ¿Los papeles? —murmuró inquieta. Asentí y se los mostré.
—Bonsoir, M. Cullen —me saludó una amable casera de ojos azules que no aparentaba tener más de 50 años.
Le sonreí.
—Buenas noches, ¿hm? —Sonrió e hizo ademán de ser una mujer coqueta.
—Lola — Me ofreció una taza de café mientras Bella tomaba asiento frente a mí, miraba con atención los papeles mientras Nina me miraba como si nos hubiéramos conocido antes, la miré cuidadosamente y ella volteó hacia atrás.
— ¿Nos conocemos? —Le sonreí.
—No lo sé, ¿conoces a Jasper Hale por casualidad? —Me miró confundida.
—Sí, es amigo mío, trabaja en... —no pude terminar la frase.
—Seattle —asentí.
—Sí, él es un gran tipo —ella apenas sonrió.
—No diría lo mismo de su hermana Rosalie, quizá no está con él —se encogió de hombros.
—Sale con mi hermano —reí.
— ¡Oh!, no quise, yo... —se avergonzó tanto.
—Descuida, yo tampoco la veo casi, así que soy neutral —ella asintió.
—No me gusta la cláusula 4, la que se refiere a la exportación a México, ni la 8 ni la 12 —espetó muy tranquila.
—Por el momento no podemos exportar, es un riesgo —le aclaré.
—A mí eso no me importa, ahí están los mejores clientes —me miró a los ojos.
—Lo sé, pero Emmet dice que es un riesgo —le dije y ella negó.
BPOV
Miré a Edward, claramente tenía un problema con Latinoamérica. Bufé, tenía que firmar. Esta firma para mí significaba que podía sacarle todo, tenía que hacerle saber que tenía el poder, pero sobre todo, podía saber cómo él mató a mi padre. Tomé un bolígrafo y firmé sin ganas.
—Pensé que... —no termino la frase.
—Mañana lo arreglaremos, buenas noches —suspiré y él se fue.
BPOV
Me desperté con la música de Nina. Me dolía un poco la cabeza, cogí una aspirina de mi buró y me la tomé inmediatamente.
Fui a ducharme, me relajé demasiado al sentir el agua caliente caer sobre mí. Repetí mi rutina de siempre, mi shampoo de fresas con moras no podia faltar. Salí de la ducha, me enredé en la toalla, fui hacia mi closet, tomé un pantalón negro de vestir, una camisa amarilla de tirantes con pequeños detalles al frente muy elegante y escogí mis zapatos favoritos amarillos en pico, con 10 cm de altura.
Me cambié rápidamente, sequé mi cabello, tomé mi IPhone y le mandé un mensaje a Adam.
"¿Ya estas aquí? De verdad que te necesito junto a mí. Bella"
"Ya lo estoy, te espero en el auto, Jaime nos llevará y por favor se dulce mi amor. Adam"
Sonreí para mí misma y bajé las escaleras. Nina comía en la barra y aún traía su pijama.
— ¿Bells? Alice llamó, dijo que te vería al lado de su hermano y que va estar encantada de verte —asentí y ella siguió con lo suyo. Tome mi IPhone y subí al ascensor, al bajar del mismo noté a Adam. Adam era alto, de tez blanca, cabello negro y ojos negros muy lindos. Besó mis labios dulcemente.
—Bienvenida al trabajo —agaché la mirada y el sonrió. El viaje a la empresa de Edward fue en silencio, cuando llegamos fuimos a la sala de juntas en la cual estaba por supuesto su familia. Noté los cuadros de pinturas, algunas eran muy hermosas… hasta que noté a Ian y él me notó a mí.
Se acercó a mi silla y me levantó de mala gana, Adam miró el espectáculo.
— ¿Qué haces aquí? —Me miró a los ojos.
—Eso a ti no te importa —espeté, miré hacia atrás.
—Claro que si Bells, o… ¿debería decirte Jella? —Sonrió con malicia.
—Eres un idiota —me enojé y crucé mis brazos.
—Te ves linda, mas no lo arruines, si lo haces me las cobraré Jellita bonita —acarició mi mentón y se fue. Lo odio, me hizo la vida infeliz.
Me senté a un lado de Adam, escuché atentamente la junta hasta que hablaron de México.
—Son los mejores clientes y lo saben —espeté.
—No podemos exportar por ahora —dijo Emmett convencido.
—Cullen —me dirigí a Edward.
—Swan, es lo que hay, acéptalo —me miró y se encogió de hombros, escuché a Ian reír.
—Bella tranquilízate, además no iremos a comprar algunos chicles—me enojé y tomé mi bolso.
—Firme, no hay más. Acepto —me senté y miré como transcurría el resto de la junta.
EPOV
No podía concentrarme en la junta, era absurda. Quería ver a Jella, aún recuerdo como gemía ante mis toques. Era absurdo, Emeli me había dado una foto de ella y no podía dejar de pensar en una prostituta, jamás me había sucedido algo así.
Miré a Ian sonreírle a Bella ¿Ellos se conocían? Ian se acercó a mi oído.
—Es una perra, no cederá —susurró. Miré a Bella.
— ¿De dónde la conoces? —Lo miré.
—Conozco a su familia. Fuimos juntos a la universidad, en Londres, toda una experta en literatura, aunque podría decir que su verdadera pasión es el baile —rió.
— ¿El baile? —Lo miré confundido.
—Sí, el baile ¿Recuerdas a esa chica de blanco con la que te fuiste el sábado pasado? —Asentí deliberadamente.
—Es Bella, le dicen Jella por honor a que baila muy bien —miró a Bella. Me quedé boquiabierto.
¿Ella era mi Jella?, ¿mi rico culo Jella? Tenía que saberlo ahora.
Cuando acabo la junta corrí hacia Bella, la jalé del codo, me miró de arriba abajo. Esos labios, ese aroma, es Jella, o mejor dicho, Bella.
— ¿Sucede algo? —Me miró confundida y se deshizo de mi agarre.
—Quiero hablar contigo, vamos a mi oficina —ella asintió. Fuimos a mi oficina, sabía ahora su secreto y tenía que saberlo manejar a la perfección.
— ¿Ahora qué, Cullen? —Me irritó su voz.
— ¿Quién es Stan? —Sonreí y me senté en la silla de presidencia, ella me miró confundida.
— ¿Stan? —Se acercó a mí.
—Sí, ¿quién es, Isabella?, ¿o debería decirte Jella? —Reí malvadamente, sabía su secreto y me las pagaría demasiado bien.
Me miró alarmada.
—No sé de que hablas —me dijo muy clara.
—Rico culo Jella —La miré de arriba abajo. Hoy se veía demasiado bien, esa blusa amarilla le asentaba perfecto. Tomé una pluma y me recargué en la silla.
Miró hacia otro lado, cerró la puerta con llave y caminó con decisión hacia mí.
— ¿Te acordaste? —Levantó una ceja.
—Sí, y ahora me dirás la verdad al respecto —le dije claramente.
