Titulo: Vínculos
Autor: Chiby-kitsune
Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen, todo es propiedad de Hidekaz Himaruya.
Advertencia: Universo Alterno. Bastante OCC. Mi ortografía es horrible y Word no corrige todo. Creo que es todo.
No hago esto con fines de lucro.
Nota: No profundizo demasiado en el lugar en donde están, y los lugares que llegan a visitar salieron de mi extraña imaginación. Tampoco profundizo en la descripción de los personajes ya que la mayoría sabe como luce.
Capítulo III
Esa mañana amaneció haciendo más frio de lo que esperaba, incluso tuvo que tomar una de las chamarras que pensaba no necesitaría en un tiempo, había una gran capa de niebla que rodeaba la casa y los alrededores, le embargo una sensación de nostalgia, había pensado que pasaría mucho tiempo antes de que pudiera volver a caminar entre la niebla como en su amado Londres. Se vistió y bajo a desayunar, sus hermanos ya habían salido, tomo algo ligero, no se sentía con mucha hambre, y salió de la casa a paso lento, como siempre, tenía buen tiempo.
El camino a la escuela fue solitario, las calles eran poco transitadas, quizá porque era temprano o por el frio, al entrar al instituto se encontró con pocas personas, la mayoría se refugiaba del frio en los salones o en la cafetería, el también apresuro el paso esperando encontrarse con el reconfortante calor del salón, no le molestaba el frio, creció con ello, pero era agradable estar calientito. Cuando entro a este esperaba encontrarse con todo menos con Alfred, sintió sus mejillas calentarse cuando él le sonrió y indico que se acercara. Se sentó a su lado, intentando no parecer nervioso, no tenía por qué estarlo. ¡Solo iba a sentarse junto a él!
― N-no esperaba verte aquí cuando llegue ―rompió el silencio sin atreverse a mirarle―, no tienes pinta de ser puntual.
― La verdad es que no lo soy ―le confesó después de soltar una escandalosa carcajada, llamando la atención de los pocos alumnos que estaban en el salón―, pero Matthew si lo es, quise ver que llegara a su salón de clases completito.
Arthur negó con la cabeza.
― Como el día amaneció raro, no sé porque si ayer el días estaba fantástico, ¡maldito calentamiento global! ―continuo―, bien, como te decía, entre la niebla pude salir un pervertido o Francis que viene siendo lo mismo y atacar a Matty, I'm Hero!, no puedo permitir tal cosa.
― Lo estas sobreprotegiendo ―sabía que no era su asunto, pero no pudo evitar comentar, a él no le gustaría que alguien siguiera todos sus movimientos―, ¿cuántos años tiene? ¿Quince?, creo que ya es lo suficiente mayor para cuidar de sí mismo.
― En realidad tiene catorce ―comento sonriendo―, así que todavía debo cuidarle.
― Seguramente le faltan meses para cumplir los quince.
― No puedo evitarlo, es mi hermanito.
― Si Francis quiere verlo lo hará por más que intentes impedirlo, no parece ser alguien que se rinde fácilmente.
― Lo sé, pero seguiré retrasándolo lo más que pueda.
― Eres un controlador.
― Solo es precaución.
― Es acoso…
― ¡Yo nunca he acosado a mi hermano!
― Gracias por la información joven Jones ―el profesor les veía molesto desde su escritorio―, ahora porque mejor no se ponen a trabajar.
Ambos asintieron, ninguno había notado su llegada, la cual al parecer había sido hace varios minutos, en el pizarrón se veían las indicaciones del día, leer ciertas pagina y hacer un resumen, –¡qué nuevo!–, Arthur saco sus cosas y observo que Alfred solo se dedicaba a mirar por la ventana a su derecha, donde no se distinguía casi nada por la niebla.
― ¿Qué no piensas trabajar? ―le pregunto en un susurro.
― No tengo ganas, es muy temprano.
― Tienes que hacerlo.
― En realidad no ―le sonrió―, a estas horas mis neuronas todavía no trabajan del todo.
― No puedes estar de flojo todas la clase…
― ¿Por qué no?
― ¡Eres un vago!
― Las enseñanzas que deja Gilbert…
― Trabaja.
Iba a responder con una negativa pero no pudo al ver aquellos ojos verdes mirándole con intensidad, suspiro con resignación y saco sus cuadernos. No pudo más que hacer el trabajo ya que cada vez que se distraía recibía un codazo en sus heroicas costillas. El profesor se acerco y les observo con aprobación, ¡era un milagro, Alfred estaba trabajando! Quiso llorar, todo era tal y como siempre soñó, incluso temió que fuese un sueño, se pellizco ante la mirada extrañada de los alumnos, no, no era un sueño. ¡Era una dulce realidad!
― Joven Alfred, espero que siga así ―sus ojos brillaban con esperanza, se alejo sonriendo hacia su escritorio.
― Pobre hombre ―comento Arthur―, no pensé que fueses tan mal alumno.
― ¡Soy un buen alumno! ¡Los profesores me aman!
― Claro…
Fueron los primeros en terminar, el maestro admiro el trabajo bien elaborado de Alfred, a quien Arthur había hecho repetir lo que había hecho primero, ese era el día que soñó por meses, antes de darse por vencido, mandaría a enmarcar el trabajo y lo colgaría en alguna pared de su casa y se sentiría realizado cada vez que lo viera, y…
― ¡Profesor! ―Alfred le saco de sus pensamientos con un leve golpe en el hombro, por el cual Arthur le miro molesto.
El profesor recupero la compostura y les dio un nuevo trabajo, que sin importar cuánto se quejara Alfred término haciendo. Trabajo las dos horas de la clase, cosa que nunca había hecho, el maestro esta extasiado.
Al terminar la clase Alfred le acompaño hasta la siguiente, Química, a pesar de que estaba más cerca el edificio de su propia clase, excusándose diciendo que deseaba llegar tarde a Trigonometría, –quien no haría lo mismo–, el camino fue un tanto incomodo, ninguno tenía idea de que decir, intentaron sobre el clima, el lugar, las clases, los profesores, de los cuales Arthur solo había conocido a cinco y no tenía nada que comentar sobre ellos, sobre música, lo cual fue mejor, y comida, donde no coincidieron en nada.
En las siguiente tres clases se dedico a oír a Feliciano hablar sobre pasta, pasta y pasta, y en la última clase entendió el odio, claramente justificado, que Alfred le tenía al profesor de Trigonometría. ¡No profesor, nadie le entiende!
Durante el almuerzo volvió a sentarse con Kiku, Ludwing y Feliciano, se encontró, para su sorpresa, esperando la llegada de Alfred, pero este no apareció, lo ignoro y siguió con su comida. Ese almuerzo fue relativamente silencioso, en comparación con el día anterior, Elizabetha y Roderich tampoco aparecieron, ni siquiera alguno de los Bad Friends Trio paso cerca de ahí, todo era paz y tranquilidad, los profesores reían e ignoraban su alrededor, contrario a cuando estaban los antes mencionados. Al terminar camino junto con Feliciano a la siguiente clase. Al entrar al laboratorio de Biología, Feliciano corrió a sentarse junto a un Griego que dormía plácidamente, suspiro con resignación, pero sonrió al ver a Alfred sentado solo en una mesa para dos, intento no parecer nervioso al caminar y sentarse a su lado, repitiéndose las razones por las que no tenía que estarlo.
― Hi, Arthur.
― Idiot ―intento no parecer interesado―. ¿Acaso no almuerzas?
― ¿Acaso Arti está preocupado por mis hábitos alimenticios?
― ¡C-claro que no! ―se dio la vuelta tratando de parecer molesto, pero en realidad intentaba evitar que viera su notorio e inoportuno sonrojo―, ¡y no me llames Artie!
― No te enojes Arti ―le dio un leve jalón hasta que le tuvo de frente otra vez―. Solo tuve que ir a la dirección.
― ¿Hiciste algo?
― No, últimamente Francis se está volviendo bueno al esconderse.
― Sigues con eso…
― Si.
― ¿Y a que fuiste a la dirección?
― Pues la directora, que al parecer no tiene mejores cosas en las cuales ocuparse, quería hablar conmigo ―le dirigió una mirada fulmínate a su mochila sobre la mesa―, piensa que debería dejar a Matthew con sus propios problemas.
― Creo q…
No continuo ya que la profesora entro y parecía bastante molesta, no quería problemas con los profesores, cuando a alguno no le agradas puede hacerte la vida imposible. Para cuando concluyeron las clases y después de que se le pasara el enojo con Alfred por ser regañado en la clase de Informática caminaron juntos hacia la salida; pero antes de llegar a esta Alfred recordó que debía de buscar a Matthew, se despidió con la mano y se perdió por los pasillos.
Al llegar a casa la encontró sola como lo esperaba, pero eso no le hizo sentir mal, no fue nada a lo que no estuviese acostumbrado, solo entro y dejo su mochila de paso en un sillón y se dirigió a la cocina, ayer su hermano había llegado con su preciado té, así que se preparo una taza, al terminar regreso por su mochila y subió a su habitación, se cambio el uniforme por algo más cómodo antes de empezar la tarea, la cual no era mucha, solo resolver unos ejercicios de trigonometría, los cuales resolvió con la ayuda del –siempre oportuno– internet, cuando termino reviso algunas páginas que llamaron su atención, todas relacionadas a la música. Estaba por comenzar a ver un video cuando escucho ruido en la planta de abajo, seguramente eran los gemelos. Se apresuro a bajar las escaleras.
― Bienvenida a casa.
― Gracias.
Ennis le sonrió y dejo sus cosas sobre la pequeña mesa de cristal junto a la puerta, le explico que Ulster tuvo que ir a revisar algunas cosas que le había encargado Ian, en la empresa de la familia en E.U. le acompaño hacia la cocina y se sorprendió cuando le vio sacar algunas cosas de la alacena y el congelador.
― ¿Vas a cocinar? ―le pregunto con recelo, que el supiera su hermana nunca había cocinado, no tenía la necesidad de hacerlo.
― Si.
― ¿E-enserio?
― Tienes algún problema con ello, Arthur.
― N-no, solo me sorprendió un poco.
Ennis le escaneo con la mirada antes de regresar a lo que hacía, Arthur temió por su estomago y se pregunto cómo había conseguido sobrevivir Ulster.
― ¿Qué vamos a comer?
― Ahora que acabas de llegar, pensaba hacer Fish and chips―dijo―, tiene mucho tiempo que no comemos eso.
Asintió, no sabía qué hacer, se sentía un poco fuera de lugar en la cocina, con movimientos torpes salió de ahí y volvió a subir a su habitación, volvió a entretenerse con algunos videos online, reviso fotos y cosas así hasta que Ennis le llamo.
― Huele bien ―se atrevió a decir, era cierto pero aun seguía un poco receloso.
Comieron en silencio durante varios minutos, no era incomodo, estaban acostumbrados al silencio, aun así Ennis lo rompió.
― ¿Y qué tal la escuela?
― Normal ―al ver la mirada de Ennis continuo―, conocía a varios chicos.
― Genial ―formo una leve sonrisa―. ¿Alguna chica?
― No.
Su sonrisa se amplio: ― ¿Un chico?
― ¡Ennis!
― ¿Qué? ¿Entonces lo hay?
― N-no.
― Estas rojo…
― Déjame tranquilo.
Volvieron al silencio y terminaron de cenar, le ayudo a recoger la mesa, al terminar fueron a la sala donde vieron un poco la tv, antes de que Ennis se fuera a su habitación a comenzar su tarea. Continuo viendo la tv, era un programa policiaco, parecía que era lo único que había, estaba por irse cuando volvió a bajar Ennis y llego Ulster. No tenía hambre así que solo tomo un vaso de leche, les deseo buenas noches, y se dejo vencer por el cansancio.
El resto de la semana paso sin inconvenientes, comenzó a acostumbrarse a la rutina de las clases, y a notar con bastante molestia que vigilaba las puertas de los salones que compartía con Alfred con ansiedad, esperándole. Para el fin de aquella semana ya se sentía casi cómodo con aquella nueva vida, ¡si tan solo no hubiese un francés!
Su fin de semana fue normal, solo estuvo en la casa, sus hermanos debían ocuparse de la dichosa empresa, −como si no hubiese empleados para encargarse de ella−, pero sabía que era una forma que tenía su abuelo para tenerlos controlados de alguna forma, así que solo vio tv, adelanto algunas tareas, leyó un par de libros, bebió té, y cosas así.
Esa mañana amaneció haciendo más frio que en los días anteriores por lo que tuvo que abrigarse más de lo normal, en la entrada de la escuela, saludo a Gilbert solo agitando la mano y le hizo una seña grosera a Francis, en clase de Informática, una vez más, miro ansioso la puerta en la espera de que él entrara, se sonrojo al notarlo y se regaño mentalmente. Subió su mochila a la mesa y se recostó en ella mirando hacia la ventana, intentando contenerse y no regresar su vista a la puerta.
Se estaba comportando extraño, fuera de sí mismo, se ponía bastante nervioso cuando estaba junto a él que sentía deseos de alejarse y a la vez sentía que no estaba lo suficiente cerca. Quizá Alfred le gustaba –¡solo un poquito!−, no había nada malo en ello, pero…
Se estremeció al notar una mano en su espalda rozando su hombro, y la suave voz que le susurro cerca del oído.
― God morning, Arti.
Se sentó correctamente de un salto, un sonrojo cubrió sus mejillas y tapo su oreja ofuscado, le miro molesto, pero más lo estaba consigo mismo ya que al parecer se había quedado dormido.
― ¿¡Cuánto tiempo has estado ahí!
― Un poco…―Arthur entrecerró los ojos, así que opto por decirle la verdad―. Alrededor de media hora.
― ¿¡Media hora! ¡Y porque demonios no me despertaste!
― Bueno yo…solo…es que…te veías muy l-lindo y…―termino en un susurro mirando el suelo.
― Alfred… ―¡le acababa de llamar lindo! ¡Alfred creía que era lindo!
Ninguno dijo nada durante varios segundos, solo se miraban directamente, Arthur sentía que su corazón latía tan fuerte que temía que alguien le escuchase. Alfred abrió la boca para decir algo pero fue interrumpido por el flash de una cámara, voltearon con rapidez solo para encontrar a Elizabeta con una gran sonrisa y una cámara en sus manos.
― Oh, Dios, ¡esto es genial! ―les dijo antes de salir corriendo.
Sabio quien dijo que a las mujeres no hay que entenderlas, solo dejarlas ser, o algo así, tomaron sus cosas y olvidaron aquel momento. Alfred le acompaño a su salón de clases en un silencio un poco inusual para él, se despidió agitando su mano, como ya era su costumbre. Arthur entro a su clase y no se entero de nada, solo podía pensar en Alfred, en que este pensaba que era lindo, y en sus ojos que le miraban como buscando algo.
Se sorprendió bastante cuando al salir del salón se encontró con que nevaba, observo molesto los copos de nieve que caían a su alrededor, como si estos tuvieran la culpa de su distracción.
― Empezó a nevar desde que entramos al salón ―le informo Feliciano, que al parecer había notado su expresión.
― Ah, Gracias Feliciano, supongo…―no supo que decir, vio a Feliciano(?) fruncir el seño molesto, este iba a decir algo cuando una bola de nieve se estrello en la pared junto a ellos.
― ¡Chigi! ―y salió corriendo.
Se volvió para ver de dónde provenía. Sospecho de Francis que reía observando hacia el lado contrario. Comenzó su camino hacia la siguiente clase cuando una bola de nieve se dirigió a él, alcanzo a usar de escudo su mochila, miro a su alrededor, suspiro molesto al verse rodeado por el Bad Friends Trio, no pensaba participar en su infantil juego, así que continuo caminando; pero ellos parecían no tener la misma opinión, se molesto aun mas al notar como un de aquellas bolas impactaba en su hombro, volvió al lugar de donde esta vino y encontró a Francis riendo, frunció el seño, iba a gritarle algo pero se detuvo al notar como una bola impactaba en la cara del francés, aprovechándose de la distracción apresuro el paso pero algo estaba en su contra y resbalo, espero el impacto pero este nunca llego.
― Cuidado Artie ―se sonrojo al sentir sus brazos rodearle.
Una nueva lluvia de bolas de nieve les alcanzo, Alfred le rodeo los hombros con su brazo y le hizo caminar lejos de donde originalmente iba, no pensó en ello y le siguió. Volvieron a entrar al edifico "H", y subieron hacia la azotea, había dos puerta, la de enfrente seguramente daba hacia el exterior, Alfred abrió la otra, ignorando deliberadamente el letrero de «No entrar». Era como un desván, había algunos muebles, algunas bancas en mal estado, pizarrones, y enfrente un sillón bastante viejo junto a una ventana, Alfred se sentó y Arthur le imito.
Se dedicaron mirar nevar por la venta, dedicándose ciertas miradas de reojo, se sorprendió al notar algo húmedo tocar su rostro, giro para ver a Alfred sacudirse la nueve del cabello.
― Idiot.
A pesar del comentario ambos rompieron en carcajadas, Alfred, obviamente, más ruidoso. Se quedaron mirando directamente unos momentos hasta que Arthur aparto la mirada hacia la ventana.
― Y bueno Artie, nunca me has dicho porque estás aquí ―le comento, había estado muriéndose de la curiosidad los días anteriores―, me refiero a que es mitad de curso y eso...
― No me lo habías preguntado.
― Cierto…
― Yo…hui de casa ―soltó en un ataque de sinceridad. Al ver la cara de sorpresa de Alfred corrigió el rumbo que seguramente tomarían sus pensamientos―, prácticamente no es una huida como tal, estoy con mis hermanos mayores.
― No te llevas bien con tus padres ―no era una pregunta.
― Mi padre murió…
― Lo siento.
― No importa, no llevaba una gran relación con él.
― Ah.
― Tampoco llevo una gran relación con mi madre.
― ¿Y por ello decidiste venir a vivir con tus hermanos?
― Fue una de las razones…―forzó una sonrisa.
― Artie ―susurro―, no tienes que decírmelo si no quieres.
Le sonrió con agradecimiento, deseaba decírselo pero algo se lo impedía, tal vez no estaba listo, o algo así, nunca había hablado con alguien de sus pensamientos o sentimientos, en realidad nunca había tenido a alguien con quien hablar.
Regreso la mirada a la ventana, los copos de nieve caían con mayor intensidad, Alfred no era alguien que pudiese mantenerse en silencio por mucho tiempo, así que no tardaron mucho en enfrascarse en una larga conversación, saltando de un tema a otro.
― ¡No es verdad! ―dijo Arthur en algún punto de la conversación.
― ¡Claro que sí! ―respondió Alfred― Gilbert está completamente loco y Antonio no se queda muy atrás.
― Pero hacer algo así…
― Yo no lo creí hasta que lo vi.
Volvieron a reír, Alfred saco su celular del bolsillo trasero de su pantalón, observo la hora y se quedo sorprendido, el tiempo sí que vuela.
― ¿Qué pasa? ―se preocupo Arthur.
― Y-ya son las once con quince.
― ¿¡Qué!
Alfred volvió a reír pero se detuvo al ver a Arthur fulminarlo con la mirada.
― No te enojes Artie ―le regalo una tímida sonrisa―, ¿por qué mejor no vamos a comer algo?
― Ya que…―no podía molestarse con él.
Bajaron las escaleras de nuevo, en el exterior estaba lloviendo, tenían suerte de que los edificios estaban conectados por pasillos techados, se dirigieron por ellos hacia la cafetería en un agradable silencio.
Al entrar se encontraron con la penetrante mirada de todos los ocupantes de la segunda mesa de la derecha, la que daba a la última ventana, se dirigieron hacia ella.
― ¿Y? ¿Se divirtieron? ―les recibió Elizabeta, ambos se sonrojaron.
― Elizabeta…―le reprendió Roderich con cansancio.
― ¿Qué? ―se defendió―, desaparecieron por dos largas horas, eso deja mucho que pensar.
― Y-yo…―intento decir Arthur.
― Elizabeta-san, lo que estuvieron haciendo esas dos largas horas no es algo que deban decirnos ―le interrumpió Kiku.
― Yo solo quería saber que fue lo que los mantuvo tan ocupados todo ese tiempo.
Arthur observo con cierta desesperación a Alfred, este solo es encogió de hombros y le invito a sentarse en las dos sillas sobrantes junto a Roderich.
― Pues veras chico ―Gilbert paso su brazo por los hombros de Elizabeta, parecía esa ser su costumbre, pensó Arthur, quien también noto como Roderich se tensaba―, los sonidos que se oían no dejaban nada para la imaginación.
― Oh, enserio ―su voz parecía inocente―, ¿y qué tipo de sonidos?
― Eran varios, te lo aseguro ―sonrió―, pero también había gritos, muchos gritos…pequeño Alfie no esperaba tanto de ti.
― Voy a matarte... ―dijo Alfred antes de que Arthur pudiese abrir la boca para quejarse.
Gilbert le mostro una gran sonrisa, abrió la boca para decir algo mas sin embargo solo salió corriendo, Alfred le siguió inmediatamente.
― Bruder, eres un caso perdido ―se resigno Ludwig.
― Ve~ Lud, no entendí ―comento Feliciano―, ¿por qué estaban gritado? ¿Se pelearon?
― No, Feliciano, ellos…
― Ellos estaban jugando ―termino Kiku.
― Y que juegos.
― Elizabeta…
― ¡N-no estábamos gritando, y no jugábamos¡―dijo imitando el tono que ellos usaban.
― Que no te apene Arthur ―le dijo Elizabeta con un fingido tono de comprensión―, es normal, Alfred es alguien muy atractivo.
― Ella tiene razón Arthur-san ―continuo Kiku con el mismo tono―, somos jóvenes y las hormonas nos dominan.
― Esas hormonas te vuelven salvaje.
― ¡Elizabeta!
― Y no te dejan pensar con claridad ―comento como si hablara del clima―, y en tu caso, mas si es Alfred-san.
― Pero claro que vas a querer que sea Alfred, solo Alfred, el que te…
― ¡Elizabeta!
― P-pero yo no…nosotros no…solo…
Se sonrojo y todos rompieron a reír. ¡Dios, en que escuela de raros se llego a meter!
Continuara...
Extra:
Después de conseguir quitarse a la ardilla de enzima, −¡Maldita ardilla de mierda!−, y prometer que algún día se vengaría, se acomodo en la rama del árbol y busco entre las cosas de su mochila hasta encontrar lo que buscaba. Tomo los binoculares y busco su objetivo, una vez lo hubo encontrado frunció el seño.
― Te estas convirtiendo en todo un acosador Ulster ―el nombrado aparto los binoculares y le miro molesto―, te estás pareciendo a Francis.
― No es acoso Gilbert ―le recordó―, solo es precaución.
El albino murmuro un "si, claro" antes de subirse en la rama contigua a la que era ocupada por Ulster, con un poco de trabajo lo consiguió, su awesome persona solo estaba falta de práctica.
― Ese será en nuevo lema de los coffacosadorescoff hermanos mayores ―le sonrió con expresión socarrona―. ¿Y qué diablos te paso en la cara? ¿Tu amiga la ardilla paso a saludarte otra vez?
― Fuck you! ―volvió a mirar por los binoculares―, ¿hiciste lo que te pedí?
― Ja! ―busco entre los bolsillos de su uniforme hasta encontrar una hoja de papel―, aquí esta.
Ulster la tomo y la leyó:
Alejar a Francis ~eso fue fácil.
Alejar a Antonio ~solo me costó un tomate.
Alejarlo de las malas enseñanzas de Elizabeta ~lo siento, le temo al sartén.
Alejarlo de Iván ~para eso está Alfred.
~ soy tan awesome
~comprar una pizza
~ Prusia debería ser un país otra vez
~ comprar comida para Gilbird
― ¿Qué demonios es esto?
― Mi awesome lista de cosas por hacer.
Ulster lo dejo pasar y le regreso la hoja, volvió a tomar los binoculares y regreso al acecho.
― No me gusta que Jones este muy cerca de Arthur ―murmuro momentos después.
― En eso mi awesome persona no se mete ―dijo―, me gusta mi rostro tal y como esta.
Ulster asintió.
― Además si algo me pasa ¿Quién cuidara de Gilbird? ―prosiguió―, también ya es momento de que pase tiempo de caridad con mi…
― Bien ―le interrumpió Ulter―, pero con una condición.
― ¿Cual? ―su sonrisa decayó un poco―, n-no volveré a hacer "eso" otra vez, tus ideas y bromas son geniales, pero nada awesome cuando las tiene que hacer uno, además e-estaba ebrio y ya sabes, uno no se mide y…
― No es eso ―se notaba nervioso―, solo… ¡aleja a la maldita ardilla de mí!
Y la ardilla regreso y no estaba sola…
