Titulo: Vínculos
Autor: Chiby-kitsune
Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen, todo es propiedad de Hidekaz Himaruya.
Advertencia: Universo Alterno. Bastante OoC. Mi ortografía es horrible y Word no corrige todo. Creo que es todo.
No hago esto con fines de lucro.
Nota: No profundizo demasiado en el lugar en donde están, y los lugares que llegan a visitar salieron de mi extraña imaginación. Tampoco profundizo en la descripción de los personajes ya que la mayoría sabe como luce.
Capítulo IV
Había algo diferente esa mañana cuando abrió los ojos, se sentía un tanto emocionado y deseoso de ir a clases, se repitió que Alfred no tenía nada que ver en ello. Cuando bajo sus hermanos ya se habían ido, en cierta forma era igual a cuando estaba en Londres, con la única diferencia de ahora debería de prepararse el desayuno solo. No se sentía con ganas de comer algo elaborado, solo comió un poco de cereal y un vaso de jugo de naranja. Nuevamente intento ver un poco de tv, pero como en las semanas anteriores solo había cosas que no eran de su agrado. Intento no pensar en Alfred y recordarse que no debía estar tan ansioso por verlo.
Ese día amaneció despejado, diferente al clima del día anterior, pero aun seguía haciendo un viento frio, camino con tranquilidad hacia la escuela, no había razón para apresurarse, al entrar se encontró con el profesor de Trigonometría, que al parecer le había tocado vigilar la puerta, quien le miro detenidamente, tal vez fue porque había sido una de sus clases a las que falto. Le ignoro y siguió su camino preguntándose si eso le traería problemas, no los quería, pero tampoco le tenía que dar explicaciones.
Camino hacia el edificio de su clase, cerca de este ignoro a Francis que le llamo repetidas veces hasta que entro, si no recordaba mal esa clase la compartía con Alfred, ignoro la leve desilusión que le embargo al no verle ahí. Se sentó en una de las banca de la última fila, la que daba a la pared, pensó en recostarse pero recordó lo del día anterior así que se decidió a observar por la ventana.
Algunas personas caminaban entre los edificios, sin prisa, platicando. No había rastro de la nieve del día anterior, aun así el clima seguía siendo frio, pero la estación prometía que pronto llegaría el clima cálido, diferente a Londres…, se sobresalto cuando escucho a alguien sentarse a su lado, volteo con rapidez, Alfred le recibió con una gran sonrisa, como comenzaba a ser costumbre.
― Hi, Artie.
― Hi…
El profesor entro al aula, y comenzó su clase, la cual no fue del todo bien cuando pidió la tarea, nadie la había hecho, a excepción de él, claro está. Por ello el profesor dejo una extravagante cantidad de tarea, malditos profesores vengativos. ¡El si la había hecho!
A los dos meses de haber llegado ahí ya se sentía completamente cómodo con lo referente a su rutina, a sus clases, a la escuela, bueno Francis era la excepción, pero no importaba. Se había acostumbrado al cambiante horario de sus hermanos y su silenciosa presencia, vivir con ellos prácticamente era como tener su propia casa, aun con ello era agradable llegar a esta y encontrarlos.
Ese lunes amaneció como de costumbre, hacia bastante frio en la mañana, el cual iba bajando conforme pasaba el día. En la primera clase, informática, no vio a Alfred, lo cual, curiosamente, le puso de mal humor, la siguiente no la tomaban juntos, así que espero hasta la tercera, intentando hacerse a la idea de que tal vez faltaría, como era su mala costumbre, se llevo una agradable sorpresa al verle ahí, en la última fila, en la esquina intentando pasar desapercibido, eso despertó su curiosidad.
Alfred le sonrió cuando se sentó a su lado, pero su sonrisa se borro cuando observo por encima de su hombro, Arthur siguió su mirada encontrándose con cuatro chicas que miraban tímidamente al interior del salón.
― ¡Están en todas partes!
― ¿De qué hablas?
― ¡No me dejan solo!
― Alfred…
― ¡No tengo tranquilidad!
― Alfred…
― ¡El hero no tiene paz!
― ¡Alfred! ―le grito ganándose la mirada de los pocos que estaban en el salón, era temprano, faltaban como diez minutos para la clase.
― Lo siento, ¿qué decías Artie?
― De que hablabas, no te entendí nada.
― Pues de que va a ser ―le sonrió―, si no de mujeres.
― ¿Y?
― ¡El maldito baile Artie!
― ¿Baile?
― El baile de primavera es la próxima semana ―dedico una mirada cansada a la puerta―, en esta semana se ponen más salvajes.
― Lo había olvidado…
― Por eso no pude entrar a la primera clase ―le explico―, iba a salir de mi casa cuando Mat me dijo que estaban afuera de la casa.
― Ja, vaya héroe.
― No podría decirles que no ―observo el suelo―, ¿qué hago si lloran?
― Que problema…―el sarcasmo era notable.
― Me espere a que se fueran, pero no lo hicieron ―regreso su mirada a Arthur―, ¡tuve que saltar a la casa del vecino y salirme por ahí! ¡No es gracioso Arthur!
Arthur solo reía, no pudo evitarlo, de tan solo imaginar la cara que seguramente puso cuando supo que las chicas estaban ahí, y luego al tener que saltar a la casa del vecino.
― Ya me reiré de ti cuando te atrapen.
Se detuvo en seco y le miro serio: ― ¿Me atrapen?
― ¿No lo sabías Artie? ―su voz era inocente, sus ojos mostraban malvada diversión―, hay un grupo de chicas loquitas por tus huesitos, piensan emboscarte.
― ¿Cuándo?
― ¿Por qué debería de decirte?
― ¡Alfred!
― Artie…
No pudieron continuar por que entro la profesora después de haber corrido a las jóvenes que miraban expectantes dentro del salón. Durante la clase Arthur se dedico a mandarle miradas fulminantes a Alfred, este solo le sonreía. Ninguno se entero nada de lo que vieron en clase, al terminar esta, fueron los únicos que se quedaron en el salón.
La profesora les miro con una ceja alzada: ― ¿Qué pasa joven Jones, joven Kirkland?
― Y-yo…nosotros…n-no entendimos algo ―forzó una sonrisa― podría explicarnos…
― Oh, ya es esa fecha ―sonrió―, no sean cobardes y salgan.
― ¡No es cobardía! ―se defendió Alfred―, es instinto de supervivencia.
― Sal del salón Jones.
― ¡No puede ser tan vil!
― ¡Alfred!
― Déjenos quedarnos.
― Joven Jones, tiene diez para salir de mi salón ―les miro con diversión―. Uno…
― No sea mala.
― Dos.
― Le doy un dulce si nos deja quedaros.
― Tres.
― Todos los dulces que traigo en la mochila. ¡Es una buena oferta!
― Cuatro.
― Entrare a todas sus clases.
― Cinco.
― Traeré todas mis tareas.
― Seis.
― Seré el mejor alumno de su clase.
― Tentador, pero no. Siete.
― Ya vámonos Alfred.
― Ocho.
― Al menos déjenos salir por la ventana.
― Nueve.
― ¡Si no sobrevivimos pesara en su conciencia! ¿Puede vivir con ello? ¡El mundo perderá a un gran héroe por su culpa!
Arthur le jalo del brazo y se encamino hacia la puerta, tomo aire antes de abrirla, se preparo mentalmente para lo que les esperaba, pero antes de conseguir abrir del todo la puerta que le separaba de las manos acosadoras, en medio de un forcejeo con Alfred, algo le detuvo, la voz de su salvación:
― ¡Gilbert y Lovino van corriendo hacia el gimnasio!
Se escucharon varios gritos y gente corriendo, cuando abrió la puerta el pasillo estaba vacío a excepción de Elizabeta y otra chica.
― ¡Eres grande Eli!
― Lo sé…
― Ósea tipo, como que salvamos tu heroico trasero ―dijo la otra ¿chica?―, por ello como que ahora tienes que hacer algo por mí.
― Oh my god! ―se alarmo― ¡todo menos eso!
― Ósea, no ese tipo de cosas―miro sus uñas de rosa fosforescente, −rayos, una tenía una línea que no debería estar ahí−, frunció el seño y regreso su mirada a Alfred―, no tienes tanta suerte.
― Es lo justo Alfred ―Elizabeta sonrió.
― Bien ―cedió―. ¿Qué quieres que haga por ti, Feliks?
― Tipo, ósea, no es nada tan difícil ―sonrió, busco entre su mochila y saco una cuerda―, solo debes como que atrapar a Toris.
Miro la cuerda con sorpresa antes de tomarla.
― E-está bien ―les brindo una sonrisa forzada, ambas (?) le sonrieron y se dirigieron a su salón.
― Tipo, lo quiero antes del almuerzo ―le grito antes de entrar en su aula.
― No era una chica ¿cierto? ―rompió el silencio Arthur.
― No.
― Siento lastima por el tal Toris.
― Yo también.
― Y yo por ustedes si no van a su próxima clase ―les dijo el prefecto.
― Ya vamos.
Alfred guardo la cuerda en su mochila y comenzaron a caminar, fueron en silencio observando a su alrededor y alterándose ante cualquier movimiento, cuando Arthur doblo en una esquina fue jalado por Alfred, quien le señalo a las dos chicas que cuidaban el corredor.
― Te dije que nunca se cansan.
― Esto comienza a ser molesto ―se cruzo de brazos―, ¿y porque tanto alboroto, es que nadie las ha invitado?
― La chica invita, Artie.
― Que conveniente ―ironía.
― ¡Aquí esta Alfred! ―se escucho.
― Shit! ―soltó el nombrado, antes de tomar de la mano a Arthur y jalarlo, corrieron por los pasillos hasta salir del edificio, continuaron a lo más que daba sus piernas y entraron al edificio "H", recorrieron el camino del día anterior y volvieron a entrar al dichoso cuarto.
― ¡Mierda! ―soltó Gilbert al ser arrojado lejos del sillón.
En este estaba Feliciano(?) intentando acomodarse la camisa, abotonar el chaleco del uniforme y arreglarse el cabello al mismo tiempo.
― Oh my god! ―dijo Alfred al comprender lo que habían interrumpido. Arthur solo miraba hacia otro lado sonrojado.
― Que inoportunos ―dijo Gilbert sin levantarse del suelo.
― Cállate, bastardo.
― Lo siento Gilbert ―le sonrió―, pero debiste poner algo, no se…algo como tu corbata, una calceta, o un cartel de "no molestar" o que se yo.
― ¡Esto no es un hotel Alfred! ―le regaño Arthur.
― Pero nos hubiéramos evitado el momento bochornoso.
― Exacto.
― ¡Que te calles bastardo!
― Bueno, como que ya se iban ¿no? ―les sonrió Gilbert.
― ¡Figlio di puttana! ―grito evitando que respondieran, se levanto y pasó entre Alfred y Arthur, dándole un empujón al primero.
― ¿Qué? Nein! ―se levanto y salió también del lugar, intentando abotonar sus camisa―, Lovi, regresa.
― ¡Muérete!
― No seas cruel conmigo.
― ¡Te odio!
― ¡Ich liebe dich!
Alfred sonrió y camino a sentarse en el sillón, Arthur le siguió, pero no se sentó.
― ¿Qué pasa?
― No voy a sentarme donde ellos…
― No hicieron nada.
― Aun así.
Pero fue jalado hasta que cayó sobre el sillón, no le quedo de otra más que acomodarse, iba a quejarse pero recordó algo.
― ¿Lovi? ―repitió― Gilbert le llamo Lovi.
― Si ―le respondió Alfred extrañado―, era Lovino, el hermano mayor de Feliciano.
― ¿¡Hermano mayor!
― No puede ser ―dijo Alfred, intentando contener la risa, al comprender la situación―, Artie, llevas dos meses aquí y no lo habías notado.
― ¡No te rías! ―sentía las mejillas calientes―, no los había visto juntos y además se parecen mucho.
― Claro, son gemelos.
― Idiot.
― Ya, no te enojes.
Al no recibir respuesta levanto su mano y con su índice pico las costillas de Artie, este se sonrojo y tomo su mano deteniéndolo.
― No estoy enojado.
No soltó su mano, se sonrojo al notarlo, la mano de Alfred era cálida, y este no hizo nada para apartarla, el silencio lleno el lugar, se sentía incomodo, deseaba apartar su mano pero no sabía cómo hacerlo, quizá no quería hacerlo del todo, espero que Alfred la apartara pero este tampoco lo hizo, intento distraerse mirando por la ventana, pero no logro alejar a Alfred de sus pensamientos.
― Artie ―susurro Alfred, temiendo romper el encanto.
― Si…
― Ya…ya va a comenzar tu siguiente clase y debo de atrapar a Toris.
― Cierto ―sintió como si despertara de un encanto, aparto su mano de la de Alfred y se levanto.
Alfred le acompaño hasta su salón y se despidió con la mano. Al entrar se encontró con Feliciano que le sonreía y Lovino que le miraba molesto, valla momento para verlos juntos. Se sentó detrás de estos junto a un griego que dormía sobre un cuaderno con garabatos de gatos y muñequitos que le recordaron a Kiku. La clase fue normal, si quitamos el hecho de que el maestro le regaño una vez que se había quedado mirando su mano derecha, recordando la calidez de la mano de Alfred bajo la suya.
Al terminar se dirigió junto con los gemelos Vargas hacia la cafetería, Feliciano hablaba mientras él trataba de seguirle el hilo y Lovino les ignoraba. Al llegar nuevamente se encontraron con la mirada divertida de Elizabeta, que estaba junto a Roderich –que novedad–, Ludwig y Kiku.
― Lovino ya me entere de que estuvieron tú y Gilbert en la dirección ―comenzó Elizabeta una vez se sentaron―, ¿está todo bien?
― Claro ―le miro molesto―, solo que el bastardo se estrello con mi puño.
Todos rieron, mas Elizabeta que golpeo repetidamente con su puño la mesa, Roderich les miro molesto apretando los puños y Ludwig solo rodo los ojos. Estaba por comenzar a comer cuando Alfred se sentó a su lado, se sonrojo al recordar el tacto de su mano, pero lo olvido cuando noto el moretón que comenzaba a formarse en la esquina izquierda de sus labios. Instintivamente dirigió su mano hacia este, Alfred le regreso la mirada, pero no se aparto hasta que su mano hizo contacto con el moretón.
― Lo siento ―aparto tanto su mano como la mirada, al frente se encontró con Elizabeta y Kiku que le miraban sonrojados, Ludwig y Roderich les miraban con la boca abierta, Feliciano comía sin enterarse de nada y Lovino sonreía con burla.
― ¿Qué te paso Alfred? ―rompió el silencio Elizabeta todavía sonrojada y lamentando no haber traído su cámara, lo mismo pasaba con Kiku.
― Y-yo, fue cuando intente atrapar a Toris.
― ¡¿Toris te hizo eso? ―le pregunto incrédulo Feliciano.
― ¡No! Fue el bastardo de Iván.
― Que novedad ―comento Roderich.
― ¿Y qué paso con Toris?
― Lo deje amarrado en el cuarto del edificio "H" y luego le mande un mensaje a Feliks.
― ¡Genial!
Comenzaron a comer pero fueron interrumpidos, otra vez, por un chico que se paro en medio de los gemelos Vargas, quedando enfrente de ambos, se notaba nervioso, no quería hacerlo, pero la recompensa era valiosa…
― Alfred… ―le llamo, se sonrojo, y miro a otro lado―, Francis tiene acorralado a Matthew en el baño del edificio "A".
― Lo voy a matar…―se levanto en cuanto escucho "Francis".
― Espera Alfred ―Arthur le siguió.
― Maldición, se ven tan lindos junto.
― Tranquilízate Elizabeta.
Alfred se detuvo cerca de la puerta para esperar a Arthur, continuaron caminando velozmente, el edificio no estaba tan lejos, los chicos se apartaban de los pasillos para dejarlos pasar, Arthur lo atribuyo a la cara de psicópata que seguramente traería Alfred. Al llegar al baño este abrió la puerta de una patada, Arthur solo negó, pero solo se encontraron a Matthew sonrojado recargándose en la pared.
― ¿Estás bien? ―lo tomo de los hombros zarandeándole un poco―, ¿Qué te hizo? ¿Dónde está?
― Se fue corriendo hace unos segundos ―le sonrió intentando calmarlo―, Antonio le dijo que ya casi llegabas.
― Voy tras él ―dio media vuelta, pero antes de salir fue detenido por Arthur.
Le mantuvo la mirada durante varios segundos, Matthew los miro con una ceja alzada, comenzando a sentirse incomodo otra vez.
― Bien, lo dejare por hoy ―cedió.
― Creo que exageras, hermano.
― Ese tipo está loco ―se defendió―, no entiende con palabras.
― Mira quién habla.
― Auch…eso me dolió Artie.
― P-porque no salimos de aquí ―comenzó Mat―, a menos que ustedes dos quieran quedarse.
― ¿Qué estas insinuando?
― Nada, hermano, nada.
Salieron, Metthew se dirigió hacia el comedor, Arthur y Alfred coincidieron en que no tenían hambre, así que dieron un paseo antes de clase. Pasaban por la cancha de futbol en silencio, Alfred abrió la boca en repetidas ocasiones sin saber que decir, Arthur hacia como que no se daba cuenta.
― Hey Artie ―se decidió por fin―, ¿Por qué no vienes conmigo al baile de primavera?
Arthur le miro con las mejillas encendidas, sin poder pensar algo con claridad, ahora era él quien no sabía que decir, así que solo asintió, −maldito cuerpo sincero−. Alfred le regalo una brillante sonrisa, en las siguientes clases no pudo prestar atención solo se dedico a pensar en Alfred, quien hacia garabatos a su lado.
Al llegar a su casa la encontró sola, como era la costumbre, dejo sus cosas en el suelo junto a las escaleras y fue hacia la cocina, tenía bastante hambre, no había comido bien, estando con Alfred su estomago se llenaba de otras cosas.
No tenía ganas de hacer algo laborioso, solo tomo un trozo de pastel, que para su sorpresa sabía bien, que había hecho Ennis y una taza de té. Estaba por terminar cuando entraron los gemelos.
― Arruinaras tu apetito ―le dijo Ennis con el ceño fruncido.
― No pensé que llegarían tan temprano.
― Ya que ―se sirvió una taza de té.
― ¿Y qué has hecho en la escuela? ―pregunto Ulster, quien traía varios rasguños en la cara, preparando su taza de café, decidió que lo mejor era no preguntar.
― Nada interesante ―mintió.
― ¿Y esa sonrisa?
― No sé de qué me hablas ―volteo la cara.
― ¿Es por aquel chico del que hablamos?
Se sonrojo y estuvo a punto de derramar el té.
― ¿Un chico? ―Ulster le miro con una ceja alzada sentándose a su lado, teniendo una idea sobre quien hablaban.
― N-no sé de qué hablan.
― ¿Y cómo es? ¿Es lindo? ¿Sexy?
― ¡Ennis!
― Dinos Arthur…
― Tengo tarea ―se disculpo y subió a su habitación.
― ¡No podrás huir por siempre! ―le grito Ulster.
A la mañana siguiente tuvo que hacer las cosas apresuradamente ya que su despertador no había sonado, camino lo más rápido que pudo, sin llegar a correr ya que no deseaba sudar, una calle antes de llegar a la escuela Alfred le detuvo.
― ¿Es un nuevo look, Artie? ―se burlo Alfred al verle desarreglado y con el pelo mas revuelto de lo normal―, te va bien.
― Idiot.
― No te enojes, te vez lindo.
― ¡Cállate y camina Alfred!
― No te presiones ―le jalo del brazo y le obligo a caminar a su ritmo―, las puertas están abiertas todo el tiempo.
― Si, pero no los salones.
― Tenemos dos horas de literatura ―frunció el ceño―, podemos llegar media hora tarde.
― A diferencia de ti, a mi no me gusta llegar tarde.
― No llego tarde, solo entro con estilo.
― Claro Alfred.
― Eres cruel Artie.
― Solo soy realista.
― Claro Arthur.
― Idiot.
Al entrar a la escuela el profesor les miro mal –como si nunca hubiese visto a ningún alumno llegar tarde–, le ignoraron y se dirigieron al edificio "U".
― Maldito edificio ―soltó Arthur malhumorado―, no podía estar más lejos.
― Te saldrán arrugas si te enojas Artie.
― ¡A quién diablos le importa eso! ¿Por quién me tomas? ¿Por Francis?
― No te digas tan feo Arthur.
Rompieron a reír, intentaron calmarse antes de entrar, por suerte la profesora si les dejo pasar, se sentaron juntos en una de las bancas cercanas a la puerta. La profesora les sonrió, quizá recordando lo que había pasado el día anterior.
Continuara…
La es escuela es tan cansada.
¡No se vallan vacaciones!
