2. Capítulo 2
Después de 1 mes y 2 semanas, al fin llegué a Nueva York. La primera impresión que tuve fue lo que me esperaba, una gran ciudad con mucha gente y muchas cosas, y eso que solo pisé el muelle, no quiero imaginarme como será la ciudad.
Era un gran muelle, con una gran cantidad de barcos, pequeños o grandes, mercantes o cruceros, eso era espectacular. Seguí todo recto, buscando el "SS. Venture" el barco de mi tío, lo he visto solo una vez en mi vida, cuando tenía 8 años. El tío Frank fue ha visitarnos a mi madre a mí, porque tenía un negocio con "El Gran Circo de París", así que de camino, nos visitó. Y después de un rato lo encontré, seguía tal y como lo vi la última vez, pequeño, oxidado y mugriento, pero después de todo tenía sus encantos. Me acerqué al barco para ver si había alguien, y efectivamente allí estaba a quien quería ver.
¡Veo que los años no han pasado por usted Señor Hayes! – dije con mi acento francés en voz alta para que me escuchara – ¡Está tal y como le vi la última vez!
¿Y quién es usted señorita? No le conozco de nada – decía mientras bajaba la pasarela.
¡Oh, vamos! Me duele que no se acuerde de mí - le dije – ¿Se acuerda cuando corrí por la cubierta con un helado en la mano y se me cayó cuando tropecé? Usted fue tan bueno que me compró otro.
¿Avril? ¡Válgame Dios! ¡Pero que grande estás! ¡Eres toda una mujer! – dijo con entusiasmo mientras me abrazaba - ¿Cuántos años han pasado? Para mí fue ayer cuanto te vi corriendo detrás de un gatito, que al final te quedaste.
Si, ya ves, casi 9 años han pasado de eso. Bueno ¿cómo estás? – dije esto último con alegría.
Pues bien, después de todo lo que está pasando aquí. La crisis se nota, pero gracias a Dios no nos falta trabajo – dijo muy serio – Y tu, ¿qué haces aquí? ¿no deberías estar en París con tu madre?
Si bueno, por eso he venido. ¿Está mi tío aquí? Necesito hablar con él.
Si, está dentro estudiando la próxima ruta que haremos. ¡Sígueme! – me dijo con la mano.
Subí la pasarela del "Venture", y la verdad es que no lo recordaba tan amplio. Me guio hacia unas escaleras, las subimos, me abrió la puerta, y allí estaba mi tío, el hermano de mi padre, el hombre que cuidaría de mí hasta que cumpliera los 18. Me dijo que esperara fuera, así que lo hice.
¿Qué desea Señor Hayes? Tengo mucho trabajo por delante – dijo sin mirarle.
Tiene visita capitán, alguien quiere verle.
¿Y de quién se trata? Espero que sea importante – dijo mientras apagaba el cigarrillo.
Es Avril… su sobrina, capitán.
¿Mi sobrina? ¿Y qué hace aquí? Hace años que no la veo.
No lo sé, capitán, me dijo que quería hablar con usted.
Hacedla pasar.
Si, capitán
Después de un rato y escuchar murmullos del interior, al fin se abrió la puerta y apareció el Señor Hayes y me dijo que pasara. Entré y cerró la puerta. Allí estaba mi tío, encendiéndose un cigarrillo y mirándome fijamente con esos ojos azules que heredé.
Hola Avril – dijo acercándose y abrazándome – Han pasado muchos años sin verte, ¿qué haces aquí? – dijo mientras dejaba de abrazarme.
Hola tío, yo también te he echado de menos – dije con alegría. Él me sonrió y se veía en su cara que se alegraba de verme, y eso que mi tío es una persona muy seria. Busqué en mi bolso de cuero marrón oscuro la carta – Toma, esto es para ti. Aquí está todo explicado – dije mientras le tendía la carta. La cogió y empezó a leerla detenidamente. La expresión de su cara cambiaba con cada línea que leía, se veía que estaba un poco triste, mi madre y él se llevaban muy bien, eran muy buenos amigos.
Después de releer la carta varias veces, y asimilar todo lo ocurrido, se sentó.
Lo siento mucho tío – le dije - tiene que ser difícil perder a tu hermano y a tu mejor amiga, pero es que eres la única familia que me queda. Sé que no queréis haceros cargo de mí, ¿quién querría hacerse cargo de una adolescente de 16 años? Nadie. Lo único que os pido, es que por favor, me llevéis con vosotros al próximo viaje que hagáis, no causaré problemas y no os molestaré ni a la tripulación ni a ti, haré todo lo que me pidáis sin rechistar. Sé que no queréis mujeres en el barco, pero por favor, no me dejéis en tierra, no quiero estar sola, y menos en una ciudad que no conozco de nada. ¡Por favor! – dije casi llorando y suplicándole. Estuvimos un rato en silencio, y el Señor Hayes y mi tío se miraban cada 2 o 3 segundos, se estaban hablando con los ojos. Esta situación me estaba poniendo muy nerviosa.
Está bien, vendrás con nosotros – dijo levantándose de la silla y tirando la carta a la mesa – Trabajarás para Lumpy en la cocina y ayudarás en cubierta cuando haga falta. Mañana al anochecer partiremos rumbo a Singapur, así que te quiero mañana por la noche aquí, ¿entendido?
¡Si, capitán! – le dije – Gracias tío, no te arrepentirás, lo prometo – dije después de darle un beso en la mejilla – Tengo una pregunta, ¿conocéis algún sitio en el que quedarse a dormir por aquí cerca? Es que quiero conocer esto un poco antes de subirme al barco.
Calle arriba hay un pequeño hostal – dijo el señor Hayes mientras abría la puerta y me señalaba el lugar – dile que vas de parte de Ben.
Gracias Señor Hayes – le dije con una sonrisa – ¡Nos vemos mañana por la noche! – les dije con un gesto en la mano.
Seguí el mismo camino por el que me llevó el Señor Hayes, bajé la pasarela y seguí calle arriba hacia el hostal. Hablé con la mujer que había detrás del mostrador, le dije que iba de parte de Ben. Pagué la mitad de lo normal y me dio la llave de mi habitación para esta noche. Subí las escaleras y fui a la habitación 5, abrí la puerta, dejé mi maleta en el suelo y me tumbé en la cama, ¡estaba agotada! El sueño me fue atrapando y finalmente me quedé dormida.
Cuando desperté era mediodía, había dormido unas 2 horas más o menos, pero me sentaron muy bien. Me peine un poco, cogí mi bolso, las llaves de la habitación y salí del hostal. Llevaba algo de dinero en efectivo, no mucho, pero lo suficiente para comprar algo de comida y algo de ropa para el barco.
Nueva York era espectacular, con esas calles a rebosar de gente, esos comercios tan bonitos y tan sencillos, esos edificios tan altos que llegan al cielo, era una maravilla de ciudad. Miraba a todo sorprendida, París no se parecía en nada a esto, esto era mucho mas cosmopolita, París era más clásico y elegante, para eso tenía más historia.
Entré en una tienda de ropa de segunda mano y allí me compré unos pantalones y unas camisetas de hombre de la talla pequeña, me lo probé y parecía que estaba hecho para mí. Lo compré y salí de allí muy feliz. Metí la ropa en mi bolso y proseguí mi camino. Leí todos los carteles que había, le dejaba algo de dinero a la gente que estaba sentada en la calle pidiendo, me comí 2 manzanas, hasta que algo me llamó la atención. Al otro lado de la calle, había un grupo de gente gritando y discutiendo con unos señores que estaban poniendo un cartel en la puerta. Supongo que cerraron el negocio y por eso estaban enfadados, y efectivamente, el cartel decía que cerraban el teatro por falta de dinero. Otro negocio que se va a pique, ¡que lástima! Seguí caminando, mirando todos los escaparates con preciosos vestidos, viendo los carteles del teatro, hasta que encontré lo que estaba buscando, una librería. Entré y saludé al dependiente, le dije que qué libros me recomendaba, me enseñó unos de romance y otros de aventuras, pero finalmente opté por dos, Sherlock Holmes y Jane Eyre, no los había leído pero mucha gente me había dicho que estaban muy bien y que tenía que leerlos. Cuando llegara al hostal les iba a echar un vistazo.
Estaba empezando a oscurecer, así que me fui derechita al hostal. Llegué, salude a Sarah, la del mostrador, me quité la ropa y me puse mi camisón preferido. Me metí en la cama y me puse a leer "Sherlock Holmes" hasta que me entró sueño y me dormí.
Al día siguiente estuve preparando las cosas para el barco, leí un poco, charlé con Sarah y me contó como conoció al Señor Hayes, así hasta el anochecer. Me quité mi vestido rosa palo que me llegaba por debajo de las rodillas, y me puse una camiseta gris de tirantas y encima una camiseta blanca, los pantalones negros, mis botas marrón oscuro y mi abrigo azul marino. Me recogí el pelo en una cola de caballo, cogí mi bolso, mi maleta, y las llaves de la habitación. Bajé las escaleras, me despedí y le di las llaves y las gracias a Sarah por todo.
Salí del hostal rumbo hacia mi nueva vida hasta que cumpliera los 18.
