Titulo: Vínculos
Autor: Chiby-kitsune
Disclaimer: Hetalia ni sus personajes me pertenecen, todo es propiedad de Hidekaz Himaruya.
Advertencia: Universo Alterno. Bastante OoC. Mi ortografía es horrible y Word no corrige todo. Creo que es todo.
No hago esto con fines de lucro.
Nota: No profundizo demasiado en el lugar en donde están, y los lugares que llegan a visitar salieron de mi extraña imaginación. Tampoco profundizo en la descripción de los personajes ya que la mayoría sabe como luce.
Capítulo V
Alfred le acompaño hasta la puerta del salón de Química, nuevamente ignorando el hecho de que quedaba más cerca su salón de clases, Arthur fingió ignorar aquello, no le molestaba que le acompañara y no quería que al comentarlo este pensara que no deseaba seguir con ello. Se sentía cómodo con su presencia, era sumamente agradable y el hecho de que este siguiera a su lado quería decir que sentía los mismo, sonrió ante ese pensamiento.
― Alfred es bastante atento ¿no crees? ―le comento Lovino con una sonrisa cuando se sentó a su lado―, nunca lo había visto así con alguien…
― ¿Enserio? ―fingió desinterés.
― Es raro ¿no crees? ―sonrió―, creo que tu…
― ¿Dejaron tarea la vez pasada? ―le interrumpió.
― No ―sonrió, divertido ante la urgencia por cambiar de tema de Arthur.
No pudo concentrarse en el resto de la clase, como comenzaba a ser su mala costumbre, la situación se estaba volviendo fastidiosa de cierta forma, no podía seguir descuidando así sus estudios, a pesar de ello, volvió a perderse en sus pensamientos en las siguientes clases. De camino a la cafetería se dedico a escuchar hablar a Feliciano sobre las diferentes formas de preparar pasta, Lovino en algún punto de la conversación, si a eso se le puede llamar así, había desaparecido.
Al entrar a la cafetería Feliciano salió corriendo hacia Ludwig que estaba casi al principio de la fila para comprar su almuerzo, iba a seguirle pero fue detenido por una mano sobre su hombro.
― ¿Por qué no das un paseo conmigo? ―le pregunto un sonriente Alfred.
Fue incapaz de hablar, así que solo asintió con la cabeza, la sonrisa de Alfred se suavizo.
Recorrieron el pasillo que daba al exterior, el clima estaba mejorando, el sol brillaba sobre sus cabezas con gran intensidad, se mantuvieron en un cómodo silencio, Arthur sentí la necesidad de decir algo, pero se contuvo.
Llegaron al campo de futbol americano, donde se sentaron en las gradas, Arthur pudo notar cierta tristeza en los ojos de Alfred.
― T-te gusta ese deporte ¿verdad? ―deseo no estar tocando una fibra sensible.
― ¿Tanto se me nota? ―Arthur asintió―, si, me gusta mucho.
― ¿Y porque no juegas?
― No puedo.
Se mantuvo en silencio, quería preguntarle las razones pero tal vez Alfred no se sentía en la suficiente confianza para decírselo, solo le sonrió y poso su mano sobre la de Alfred, este se sorprendió pero no la retiro. Volvieron al silencio que fue roto por Alfred.
― ¿En qué piensas? ―le pregunto con curiosidad.
En ti…
― En nada ―mintió.
― No quieres decírmelo ―afirmo. Arthur negó con la cabeza y Alfred hizo una mueca.
― Bien ―volvió a sonreír―. ¿No tienes hambre?
― No ―su estomago estaba lleno…de otras cosas―, ¿y tú?
― No.
Continuaron perdidos en conversaciones sin mucho sentido, saltando de un tema a otro, como parecía ser la costumbre de Alfred, hasta que Arthur noto que había pocas personas a su alrededor.
― Vamos a llegar tarde.
― No voy a entrar.
― ¿Por qué?
― No tengo ganas.
― Esa no es una razón.
― Para mi si lo es ―le sonrió―, ni siquiera traje el cuaderno.
― Escribes en otro.
― ¿Siempre tienes una respuesta para todo? ―le pregunto con diversión.
― Supongo ―le jalo del brazo―, ahora vamos a clase.
― Si no queda de otra ―fingió molestia, aunque su gran sonrisa le desmentía.
Arthur sonrió y con indecisión soltó la mano de Alfred. Tuvieron suerte, la profesora les permitió entrar y trabajar juntos, fue una clase aburrida, la maestra no ayudaba mucho, su voz era lo suficiente molesta como para desear ignorarla, por suerte solo era una hora.
Reían de camino al salón de Informática, esta vez la clase seria práctica, así que se dirigían a la macrosala, en el camino se encontraron con Elizabeta que venía sola, se coló entre ellos y se colgó de sus brazos.
― ¿Qué tal chicos? ―les sonrió―, últimamente han estado disfrutando de estar solos ¿no?
― Claro ―contesto Alfred, sin entender.
― ¿Y? ¿La han pasado bien? ―su sonrisa se ensancho―. ¿Se han divertido?
― Of course!
Arthur sentía sus mejillas arder, solía olvidar lo inocente que era Alfred, y este a su vez solía olvidar que Elizabeta pensaba y veía las cosas de una forma diferente, o quizá no tanto.
Llegaron al edificio, Elizabeta les regalo una gran sonrisa antes de soltarles, se sentaron por numero de lista, ambos se sentaron juntos, pero en diferentes maquinas, el maestro dio una breve explicación y dejo un ejercicio bastante sencillo, solo debían crear unos cuantos hipervínculos. Comenzó a buscar Word cuando una ventana se abrió.
Tienes un mensaje instantáneo de: ALFRED
Alfred: Hi!
Arthur: Ponte a trabajar!
Alfred: Me aburro! u_u
Arthur: Pues ponte a trabajar…
Alfred: No seas aburrido Artie.
Arthur: Y tu no seas un vago.
Alfred: Los vagos son geniales…
Arthur: …
Alfred: Nunca se enferman, no es que yo me enferme mucho, pero tu entiendes, además no tienen que ir a la escuela, ni hacer tarea, o exámenes, o golpear franceses acosadores…
Arthur: Ni comen hamburguesas…
Alfred: Santo dios de las palomitas, eso no es vida!
Arthur: Lo que digas…
Alfred: Como puede alguien siquiera imaginar una vida sin hamburguesas o refrescos…
Arthur: Si claro, que tragedia.
Alfred: Debería ser un delito…
Arthur: …
Alfred: Y ser penado por la ley…
Arthur: Porque mejor no te pones a trabajar?
Alfred: Ya acabe.
Arthur: Mentira!
Alfred: El héroe no miente!
Arthur: Bien, pues déjame trabajar a mí.
…
Alfred: Ya?
Arthur: ¬¬
Alfred: No te enojes Artie!
Arthur: Bien, bien, ya acabe…
Alfred: Genial!
Arthur: ¬¬
Alfred: Oye Artie…
Arthur: Si…
Alfred: Yo…quisiera…que tu…
Arthur: Que?
Pero fueron interrumpidos por la profesora que se acerco a revisar los ejercicios, Arthur con pesar tuvo que cerrar el dialogo, Alfred le miro detenidamente, Arthur le regreso la mirada esperando que él la apartara, cosa que no paso.
― Joven Jones ―le llamo la profesora―, perfecto como siempre.
― ¡El héroe lo puede todo! ―aparto su mirada, y Arthur se sintió un tanto decepcionado.
La maestra le sonrió, acostumbrada al extraño complejo de héroe del chico, anoto un par de cosas en su lista y paso con Arthur.
― Joven Kirkland ―le nombro después de consultar su lista―, le he de confesar que temí bastante que fuese como el joven Ulster, me alegra comprobar que no es así.
Arthur se sonrojo, observo atento el computador mostrándole el trabajo hecho, la profesora le sonrió y anoto en su lista lo que correspondía, al terminar le miro con cierta seriedad.
― No sigas los pasos de Alfred ―le giño con una sonrisa divertida―, entra a todas tus clases.
― ¡Profesora! ―se escandalizo el nombrado―. ¡No le diga eso!
― Es verdad, ¿o vas a negarlo?
― He estado entrando a mis clases últimamente…
― ¿Y eso? ―su expresión se altero a una sonrisa que no supieron interpretar―. ¿Es porque quieres ver al joven Kirkland? ¿O porque este te lo pidió?
― ¡Profesora! ―esta vez fue Arthur quien se escandalizo.
― Ya, ya ―acomodo sus lentes―, bien ya pueden irse.
Y siguió con su camino, revisando los trabajos de los demás, Arthur acomodo sus cosas y salió junto con Alfred, ambos con las mejillas todavía coloradas. Recorrieron el camino hasta salir de la escuela, Arthur noto que esa era la primera vez que salían juntos de ella.
― ¿Y Matthew? ―recordó de pronto.
― Sabe irse solo a casa ―sonrió― no creo que le importe. Mamá siempre dice que ya debo dejarlo crecer.
― Sabias palabras…―miro el cielo algo acomplejado antes de decidirse, le miro fijamente antes de agregar: ― ¿C-cómo es tu madre?
Alfred le miro con curiosidad, el desvió la mirada y aparento desinterés al esperar su respuesta.
― Se parece mucho a Matthew ―una sonrisa tierna se apodero de sus labios―, aunque tiene el mismo color de ojos que yo, es…es muy linda.
― Ya veo…
― Te puse triste.
― N-no, es solo que…
― No llevas una buena relación con tu madre ―afirmo.
― Ella nunca ha mostrado interés en mí.
― Tal vez lo ha hecho y no lo has notado ―le tomo del hombro―, no creo que pueda existir una madre que no ame a sus hijos.
― Es porque no conoces a mi madre ―le miro con una triste sonrisa―, ella no me quiere para nada.
― Artie ―le susurro―, es imposible no quererte.
― Alfred…
― ¿Y qué te hizo desear venir a vivir acá? ―cambio de tema―, a parte del hecho de que los Estados Unidos son el mejor lugar para vivir del mundo.
― Por supuesto…que no ―le sonrió, no sabiendo si alegrarse o no del cambio de tema―, Inglaterra es mucho mejor.
― Claro.
― Y, solo quise estar aquí, con mis hermanos y…
― ¿Y?
― Y-yo…
― No tienes que hablar de ello si no quieres.
― Algún día te lo diré ―le sonrió―, ¿y qué hay de ti? ¿Cómo es tu familia?
― Mis padres son los adultos más alegres que he conocido ―su mirada se suavizo―, son bastante entretenidos, todo un caso.
― ¿Enserio?
― Pero no se ha de comparar a tu vida ―Arthur le miro sin entender―, eres el hermanito de Ulster y Ennis Kirkland, que bien lo tenias escondido.
― No sé de qué me hablas ―y era verdad.
― Por Dios, Artie ―le tomo de los hombros―, Ulster y Ennis son leyendas en la escuela.
― ¡Estás loco!
― ¡Son dioses de las bromas!
― Esos idiotas ―se sonrojo de la ira, o quizá era por Alfred que estaba demasiado cerca―, ya sabía yo que no se podían estar quietos.
― ¡Fueron dotados con la gracia de Loki!
― Ya para Alfred.
― Venga, no te enojes ―le soltó y se enderezo―, pero se de buena fuente que son los ídolos del Bad Friends Trio, se dice que les ensañaron todo lo que saben…
― ¡Qué tontería!
― No subestimes el poder de las bromas, Artie.
― Lo que digas.
Caminaron otro tramo, hasta que llegaron al final de la calle, Alfred se detuvo.
― Yo voy para acá ―señalo la calle de la derecha, Arthur se sintió un tanto decepcionado, pero sonrió cuando señalo el camino de enfrente. Iba a continuar su camino cuando Alfred le jalo del brazo.
― Oye Artie ―se sonrojo―, sobre lo que te estaba diciendo en Informática…
― ¿Si? ―también se sonrojo.
― ¿T-te gustaría dar un paseo mañana?
Se quedo sin palabras, ¿aquello era verdad? ¿Alfred le estaba pidiendo que dieran un paseo, juntos? ¿Sería como una cita? Su sonrojo se acentuó mas, desvió la mirada y dio un suave "Si".
― ¡Genial! ―le dijo Alfred antes de continuar con su camino, se despidió de él agitando la mano.
Continuo sintiendo su corazón latir desbocado casi hasta llegar a su casa, entro y dejo las cosas en uno de los sillones de la sala.
― ¿Y esa sonrisa? ―le pregunta le saco de sus pensamientos, se sonrojo y volteo el rostro.
― N-no sé de qué hablas.
― No le mientas a tu guapo, sexy y fabuloso hermano mayor, Arthur ―le reprendió con falsa molestia.
― ¡Alucinas!
― ¿Te paso algo interesante en la escuela? ―le pregunto con picardía.
― Ni siquiera tú te has de entender…
― Se que has estado pasando mucho tiempo con el chico Jones…
― ¿A-acaso no es normal tener amigos? ―se escudo―, ¿y cómo sabes de Alfred?
― Tengo mis fuentes.
― Lo que digas ―levanto su mochila y camino hacia las escaleras―, tengo tarea.
― Claro…
― Deja de molestar, Ulster ―Ennis salió del comedor.
― No estoy molestándolo ―mostro una expresión indignada―, solo me preocupo por sus cosas.
― Oh, ¿enserio?
― Of course! ―le tomo del hombro―, Ennis, nuestro pequeño Coinín está creciendo.
Continuara…
