3. Capítulo 3
Bajé la pequeña cuesta rumbo hacia el , mi nueva vida, mi nueva familia.
Me costó bastante llegar hacia el barco, había mucha gente caminando por el muelle, parecía que todo el mundo se había puesto de acuerdo para irse hoy.
Cuando por fin divisé el barco me dispuse a buscar a mi tío, seguro que estaría por aquí con el papeleo. Y efectivamente, acerté, allí estaba, hablando con un hombre bajo y gordo que iba muy bien vestido. Por su cara diría que ese hombre le estaba molestando.
¿Hay algún problema capitán? – dije al acercarme hacia los dos hombres.
Los dos hombres se volvieron para mirarme. Mi tío se alegraba de que al fin llegara, y la cara del otro hombre era un poema, era entre consternación y duda.
¿Quién es, Englehorn? – dijo el hombre señalándome - ¿Desde cuando tienes mujeres en el barco?
Desde que vosotros os volvisteis tan vagos y nosotras salimos al rescate – dije enfadada – No hable como si no estuviera señor. La gente de su calaña suele hacerlo, y créame no me gusta.
Es la nueva tripulante del señor Denham, mi sobrina – matizó el capitán – y métase en sus asuntos.
Discúlpeme señorita Englehorn – dijo quitándose el sombrero – no era mi intención molestarla.
Ahórrese las disculpas señor Denham – dije mientras le apartaba para subir al barco – no le servirán de nada conmigo.
¿Pero quién se ha creído que es? Tendrá una vida más privilegiada que la mía, pero no tiene derecho a tratarme como me ha tratado.
Antes de subir la pasarela, me tropecé con alguien, no la había visto porque iba refunfuñando por el camino.
Discúlpeme, no le he visto – dije con la cabeza gacha. Cuando levante la vista, me fijé de que me había tropezado con una mujer.
No se preocupe, son cosas que pasan – dijo dulcemente la mujer – Espera, eres una mujer. ¿Trabajas aquí?
Desde este momento si – dije mirándola a los ojos – ¿No pensará subir a este barco de mala muerte no? – dije señalando el barco.
Pues tengo intención, si
Pues buena suerte, la va a necesitar – me disponía a subir la pasarela, pero me volví – Si tiene algún problema o necesita ayuda, búsqueme.
Dicho eso, subí la pasarela del barco y me volví para ver Nueva York unos segundos más. Llevaba dos días en esa ciudad, pero me había sorprendido bastante.
Entré en el barco y busqué al señor Hayes, él iba ha ayudarme al principio. Hice el camino que hice hace 2 días, suponía que estaba allí. Abrí la puerta pero no encontré a nadie, ¿dónde estaría? Me puse a dar vueltas por el barco para ver si le encontraba, ¡tan grande no era este viejo navío!
¡Avril! – escuché una voz a lo lejos entre todo el barullo. Miré en esa dirección, y se trataba del señor Hayes, ¡por fin se dignó ha aparecer! – Te he estado buscando por todas partes, ¿dónde estabas?
Esa pregunta debería hacerla yo, llevó un buen rato buscándote.
Sígueme, te mostraré el barco – dijo quitándome la maleta.
Seguí al señor Hayes por el barco, ese hombre se había portado siempre muy bien conmigo. Me enseñó la cubierta del barco, el trabajo que hacían los marineros allí, y la verdad, cuanto menos tiempo esté trabajando en eso, mejor, no soy para nada fuerte y mi resistencia física es pésima. Proseguimos con el "tour" por el Venture. Bajamos los escalones y me enseñó los camarotes, en los cuales no iba a dormir según me dijo, también me enseñó el único baño que había, hasta que llegamos a la cocina.
Y esta es la cocina – dijo el señor Hayes – Aquí pasarás la mayor parte del tiempo. Lumpy será quien te enseñe y quien te ayude aquí. Harás todo lo que él te diga.
No necesito que nadie me enseñe a cocinar, sé como se hace – dije indignada.
Pues las cosas se harán como yo diga, encanto – dijo una voz a mis espaldas. Era un hombre alto, con un cigarrillo en la boca y su ojo izquierdo lo tenía cerrado.
Lumpy, te presento a Avril – dijo el señor Hayes
No hace falta que me la presentes, sé quién es – dijo mientras nos apartaba – Solo te pido una cosa preciosa, no me desordenes la cocina
¡Eso está hecho!
Y estarás aquí cuando me hagas falta – dijo mientras cogía una patata – Por ahora te puedes ir, ya mandaré a alguien para buscarte.
El señor Hayes y yo proseguimos con el "tour". Esta vez me hizo bajar mas escalones y me llevó hacia un lugar donde había muchas jaulas.
Y aquí será donde dormirás – dijo mostrándome el sitio.
Era un lugar oscuro, frío y húmedo, olía un poco mal y el suelo estaba todo lleno de manchas. Iba a dormir con los animales, como una salvaje.
¿Será una broma no? – dije incrédula
Elige una jaula, la que más te guste – dijo mostrándomelas – Jimmy por fin va a tener compañía.
¿Jimmy? ¿Quién es Jimmy?
Otro tripulante, un polizón que encontré hace cuatro años en este lugar – dijo mirando hacia una jaula en particular – Lo encontré con el brazo roto por dos sitios, era más salvaje que todos los animales que había aquí. Nunca me dijo de donde vino, pero seguro que no era un buen lugar.
Me quedé sorprendida con lo que me contó el señor Hayes, así que iba a compartir "habitación" con un salvaje, genial.
Creo que es de tu edad – siguió diciendo – Seguro que os lleváis bien – dijo con una sonrisa
Espero que sí, porque lo último que quiero es pelearme con un "salvaje".
Ya no lo es – dijo muy serio - Ahora es un buen chico que se gana la vida honradamente en este barco.
No dijo nada más, dejó mi maleta en el suelo y se despidió de mí. Me puse a curiosear todas las jaulas, y me acerqué a una que tenía una cama en su interior y algunas cosas, así que supuse que ahí dormía Jimmy. Me metí en la que estaba en frente de la de Jimmy y dejé allí mis cosas, no quería estar sola en este sitio, me daba mala espina, aunque no conociera al chico. Miré las demás jaulas, las abrí todas, hasta que de una de ellas salió un bote muy grande que contenía un líquido en su interior, era cloroformo. ¡Muy inteligente mi tío! Tiene una gran cantidad de botes de cloroformo y no los esconde correctamente, sabiendo que aquí duerme gente. Pensé que lo mejor era dejarlo en su sitio y no decir nada.
Me metí en mi jaula y cogí el libro de Sherlock Holmes, y me puse a leer, se hizo muy tarde y como nadie me llamaba, me tumbé en la cama y me dormí.
A la mañana siguiente escuché sonidos provenientes del lugar, los cuales hicieron que me despertara.
Elogio del chef – dijo una voz - Sesos de cordero con nueces.
¿Chef? ¡Oh Dios mio! ¡Me he quedado dormida! Recogí mis cosas rápido, me vestí, me cogí bien la coleta y salí corriendo. Al correr para subir las escaleras, me choqué con el señor Hayes.
Lo siento señor Hayes, pero como no me dé prisa, ¡Lumpy me mata! – le dije algo agobiada – Así que, disculpa – dije pasando a su lado.
¿Quién era esa? – preguntó el señor Driscoll
Es Avril Englehorn, la sobrina del capitán – le dijo el señor Hayes a Driscoll – Está aquí porque el jefe es el único familiar que le queda.
¿El capitán tenía familia? – dijo Jimmy sorprendido – No lo sabía, nunca dijo nada.
Para él su familia es su tesoro más preciado – dijo Hayes – Y ahora lo único que le queda es ella.
Los tres hombres se miraron sorprendidos, pero después siguieron con sus cosas.
En la cocina…
Llegué tarde, como me temía, pero Lumpy me la pasó por ser el primer día y ser nueva. Me puso a fregar las ollas y a limpiar la cocina, después me dejó salir hasta la tarde.
Bajé hacia mi jaula y cogí un cuaderno y lápices, tenía que dibujar el hermoso paisaje que se veía desde la cubierta. Después de coger el cuaderno y los lápices, subí las escaleras hacia la cubierta. ¿Estaban grabando una película? ¿Por eso vamos a Singapur? ¿Para llevarlos a que terminen la película? Observé que la mujer con la que hablé anoche era la actriz principal, y el otro era ¿Bruce Baxter? Genial, voy a estar rodeada de estrellitas que se creen superiores, ¡que les zurzan!
Busqué un buen lugar, apartado de la película, apartado del ruido. Me senté en una caja grande que había cerca de la baranda y me puse a dibujar. Pasaron diez minutos desde que me senté a dibujar, cuando sentí a algo o alguien por detrás.
Seas quien seas, quiero que sepas que no me gusta que la gente espíe lo que hago – dije sin levantar la vista del cuaderno – Si de verdad te interesa lo que hago, siéntate o por lo menos haz acto de presencia – dije esto mirando hacia atrás para ver quien era.
Estaba más cerca de lo que me imaginaba, cuando voltee la cabeza me pegué un cabezazo con esa persona.
¡Auch! – dijimos los dos al unísono y con la mano frotándonos la cabeza. Cuando abrí los ojos pude ver que se trataba de un tripulante del barco, pero este era más joven que la mayoría. Era castaño claro, como el color de la arena de la playa, y tenía el pelo alborotado. Su piel estaba algo bronceada, pero se notaba que era de piel pálida, supongo que estaría bronceado por la cantidad de horas que pasa en cubierta.
¿Estás bien? – dije acercándome a él a rastras – Ha sido sin querer, lo siento.
No, no pasa, me pondré bien – dijo con una sonrisa - ¿tu estás bien? - dijo mirándome a los ojos. Tenía unos ojos de un azul muy bonito.
Eh…. Si, estoy bien – dije despertándome de mis pensamientos. Él se levantó y me dio la mano para levantarme. Se la cogí y me levantó – Creo que esto es tuyo – dije dándole un sombrero.
Gracias – dijo él con una sonrisa y cogiendo el sombrero - ¿Qué te pasó antes? Parecía que llevabas prisa
¿Prisa? ¡Ahhh! Te refieres a lo que pasó abajo – dije acordándome – es que era mi primer día y encima llego tarde. Lumpy me ha hecho limpiar toda la cocina.
Muy típico de él – dijo mirando hacia la filmación de la película – Por cierto, soy Jimmy – dijo tendiéndome la mano – ¿Tu eres Avril verdad?
Vaya, llevo 1 día aquí y ya me conoce todo el mundo – dije sorprendida y tendiéndole la mano.
Eres la única mujer que trabaja en este barco, así que es fácil reconocerte – dijo sonriendo – ¿No eres de por aquí verdad? Es que tu acento es muy raro.
No – dije riéndome ante aquel comentario – Soy de Francia, pero estoy aquí hasta que cumpla los 18, después no sé que haré.
Bueno, pues bienvenida a bordo señorita Englehorn – dijo divertido
Llámame Avril, por favor. Formalidades las justas.
¡Jimmy! – volteamos la cabeza y el señor Hayes apareció – ¡El capitán te llama!
¡Ahora mismo señor Hayes! – dijo mirando al señor Hayes - ¿Te veo después? – dijo mirándome.
Si, claro – le dije asintiendo – Creo que nos vamos a ver demasiado ya que dormimos uno en frente del otro.
¡Genial! – dijo sonriéndome - ¡Nos vemos luego! – dijo mientras se alejaba en dirección hacia donde estaba el señor Hayes.
No conocía muy bien a Jimmy, pero creo que por lo poco que he visto, no me iba ha aburrir en este barco.
