Mascarada

Capítulo 02

Unos golpes insistentes contra la puerta le hicieron despertarse de buena mañana. Se intentó incorporar rápidamente y sintió un fuerte tirón en la cabeza que le hizo chillar de dolor y volver a tirarse sobre la cama. La puerta se abrió y Francia observó el interior, que estaba demasiado oscuro para ver realmente nada, con sorpresa tras haber sido testigo de ese grito.

- ¿Estás bien, España? -preguntó tanteando con la mano derecha la pared para encontrar el interruptor que encendía la luz.

La mujer hispana estaba echada de lado y farfullaba por lo bajo con las manos sobre la cabeza.

- El pelo... Estúpido pelo largo... -dijo sonriendo adolorida. Había apoyado la mano en el cabello, presionándolo con fuerza contra el colchón y entonces al levantarse de esa manera se había pegado un tirón considerable.

Francis estableció conexión entre las pocas palabras que había pronunciado y la manera en la que estaba echada sobre la cama. En sus manos descansaba una bandeja con desayuno que se había levantado expresamente a preparar. Que, siendo sinceros, le hubiese preparado desayuno igualmente, pero quizás no se lo hubiese traído a la cama. Es que le venía desde dentro. Francia tenía un instinto para cuidar a la gente que le importaba o que le parecía bella y, en el caso de las mujeres, se convertía casi en una necesidad. Por muy ridículo que fuese, quería hacerlo y si no lo lograba podía llegar a sentirse mal consigo mismo.

Dejó la bandeja sobre la mesita de noche, en perfecto equilibrio a pesar de que los bordes sobresalían y quedaban suspendidos sobre el vacío, abrió la persiana de un tirón y se acercó a la cama. Se sentó a su lado y le miró con una ceja arqueada, un poco preocupado.

- Ven, levántate. -dijo sujetando suavemente un brazo y tirando de ella un poco. España se quedó incorporada sobre la cama. Llevó las manos a su cabeza, donde se frotaba con insistencia de manera un tanto brusca. Le apartó las finas manos y se encargó de colar sus dedos entre sus hebras y masajear con lentitud el cuero cabelludo adolorido- Si te frotas tan fuerte no va a dejar de dolerte, bruto. Al cuerpo hay que tratarlo con amor para que responda correctamente.

- Eso suena sucio. -dijo Antonio abriendo los ojos, que estaban ligeramente acuosos del tirón.

Clavó los ojos azules en los verdes y su ceja derecha se arqueó. Después decían de él, pero España no se quedaba corto... Quizás era uno de los motivos por los cuales se toleraban bastante bien. Apartó las manos y le sonrió jovialmente.

- ¿Y bien? ¿Qué tal? ¿Te sigue doliendo tanto?

- No, ahora ya estoy mejor... -dijo la hispana y acabó por suspirar- Gracias. Este pelo tan largo me tiene amargado. Es la primera vez que lo llevo así.

- Bueno, no te queda nada mal. Te hace ser una mujer aún más llamativa. -le dio dos suaves y cariñosas palmadas sobre la cabeza, cogió la bandeja y se la dejó sobre el regazo- Tostadas con las siguientes cosas a escoger: mermelada, mantequilla y paté. Un zumo de naranja recién exprimido y además un café para recargar energía. También hay galletas por si te quedas con hambre.

- Woah, Francia... Esto es impresionante... -dijo mirando la bandeja con pura admiración. Eso hizo que internamente el galo se creciera. Ese era el tipo de reacción que esperaba y que le hacía sentir satisfecho.

- No tienes que sorprenderte tanto, todo para ti. Come lo que te apetezca, no te cortes. Cuando termines iremos a comprarte ropa, ¿vale?

Francis se incorporó dispuesto a ir a prepararse algo ligero para desayunar cuando notó una mano aferrarse a su camiseta. Bajó la mirada y observó a España curiosamente.

- ¿Te vas?

- Iba a prepararme algo para mí. -contestó tranquilamente. Era normal preparar primero algo para alguien y entonces satisfacer sus propias necesidades.

- Puedes tomarte el café. Compartimos las tostadas y si me quedo con hambre ya comeré galletas. ¿Te parece? -dijo y tras eso le sonrió apurada- Me parece muy injusto que te hayas trabajado tanto este desayuno y que mientras yo como tú tengas que prepararte algo.

- La verdad es que no me importa. -le contestó encogiéndose de hombros, tranquilo. Estaba acostumbrado a hacer esas cosas y para él se volvían algo tan normal como respirar.

- A mí sí. ¿Por favor?

Aquel asalto lo ganó Antonio. Se sentó de nuevo sobre la cama y estuvieron charlando sobre tonterías, como siempre, mientras desayunaban. Era curioso que, por mucho tiempo que pasaran juntos, solían encontrar algún tema sobre el que debatir, reírse o quejarse. Después de aquello, la hispana se ofreció a recoger mientras Francia iba a darse una ducha. Cuando salió no sólo había recogido, también se había vestido y hacía el vago sobre la cama.

- ¿Aún no te has peinado? -le dijo al ver el cabello enmarañado que resbalaba por sus hombros y caía sobre su busto. La hispana le miró.

- Lo he intentado pero tengo un enredo enorme y no sé cómo quitarlo, así que he decidido que no voy a peinarme hasta que vuelva a ser un chico.

- No digas tonterías. Para dentro de un mes tendrás el pelo que parecerá un afro. Tendremos que cortarlo antes y no sé si es una buena idea. ¿Quién te asegura que si lo haces no volverás a ser hombre y estarás calvo? Es como lo que dicen las personas de los viajes en el tiempo. No debes tocar nada o puedes alterar el futuro.

- Mi pasado no era ser una mujer. -dijo Antonio frunciendo el ceño un poco aunque con una débil sonrisa.

- Te peinaré, ven conmigo. -dijo Francis empezando a caminar. España se levantó rápidamente y le fue siguiendo- Tengo experiencia. Cuando Seychelles y Mónaco estaban bajo mi cuidado e iba a verlas, me ocupaba de cepillarles el cabello y hacerles peinados. Aprendí muchos porque les hacía demasiada ilusión que les hiciese cosas nuevas.

- Eres todo un padrazo~ -dijo la hispana sonriendo enternecida por la historia. Podía imaginarlo perfectamente. En su mente era una imagen bastante bonita.

Le hizo sentarse en el lavabo de nuevo y tratando con mimo cada hebra empezó a peinarle. Cuando lo tuvo desenredado rebuscó entre los cajones y pequeños neceseres que tenía y finalmente encontró una tira roja bastante larga. Rodeó con el trozo de tela su cabello, recogiéndolo en una coleta y le hizo un lazo para que la tira quedara sujeta.

- Listos. Así no se te vendrá el pelo a la cara y te molestará menos. Había pensado en recogértelo en lo alto para que no te quejes de que te hace cosquillas pero vas a tener que quitarte la ropa y mejor algo que podamos rehacer con facilidad.

Salieron al sol y se montaron en el coche de Francia. Era un caro vehículo de lujo que había importado de un lugar que siempre se negaba a revelar. Decía que si lo contaba todos se comprarían uno y quería ser el único que lo tuviese. El coche le había costado una ingente cantidad de dinero y su jefe en aquel momento había puesto el grito en el cielo y había estado dando un discurso acerca de la necesidad de reducir gastos. Francia, de manera ausente, había estado mirándole con una sutil sonrisa en el rostro. Cuando terminó y le preguntó si lo había comprendido, la nación gala había sonreído más y había respondido.

- Sí, lo he entendido. Pero, ¿a que es una preciosidad?

Aquello le había ganado una hora de bronca. Por suerte, había gritado tanto cuando le había dicho que le iba a quitar el coche que su jefe había decidido que era mejor dejárselo. La primera parada, antes de que se arrepintiese, fue la tienda de ropa interior. Era uno de los mejores sitios de todo París, pero ese detalle se lo guardó para sí mismo. Si se enteraba, sabía que España no iba a mirarle feliz precisamente. Comprendía que era ropa que sólo se iba a poner una vez pero Francia no podía simplemente comprar cualquier cosa. Era cuestión de principios.

Antonio se quedó parada en el umbral de la puerta. Era un poco raro eso de entrar en una tienda llena de encaje y color en diferentes modelos de ropa interior. Francis, sin embargo, se adentró y empezó a mirar conjuntos. Esos eran los más baratos de la tienda. Eligió dos pares y luego se acercó al mostrador. Ladeó la vista y se encontró a España ahí plantada.

- Anton-... -se detuvo porque imaginó la cara que se le quedaría a la dependienta si llamaba "Antonio" a su femenina acompañante- Antoinette, querida, ven aquí conmigo.

España le miró arqueando ceja. Sin decir nada, ambos tuvieron una conversación en la que la hispana le preguntaba si en serio le había llamado "Antoinette" y el galo se encogía de hombros, alegando de este modo que no le había quedado otra. Así pues, Antoinettese acercó al mostrador y fue testigo de una conversación que no pudo ni se esforzó en comprender. Sólo escuchaba la pronunciación de la erre a la francesa.

- Quiero un conjunto bonito para mi acompañante. Algo que sea elegante y que no demasiado atrevido, no quiero que se enfade conmigo. -dijo ladeando la mirada para observar de reojo a Antonio. La mujer española, al notar que la miraban, clavó sus ojos verdes en el francés. Le miró interrogante. ¿Hablaban de él? A ver qué decía. Francis sonrió- ¿Verdad?

- ... Verdad... ¿Supongo? -dijo Antonio con inseguridad. No sabía qué era lo que estaba aceptando.

Al ver que la conversación proseguía, la nación hispana se relajó y fue mirando la habitación. Volvió a estar alerta cuando la chica miraba su cuerpo fijamente. Fue extraño y aunque si fuese como siempre, Antonio se hubiese sentido halagado, le daba vergüenza la manera en que la observaba. Suspiró aliviada cuando la dependienta se dio la vuelta y rebuscó entre unas cajas. Sacó dos cajas y las dejó en el mostrador. Francia se apresuró a cogerlas. La chica señalaba entonces al fondo de la tienda. El galo agarró la mano de Antonio y tiró de ella en esa dirección.

- Más te vale no haberme cogido nada raro... -murmuró España.

- No me seas así de arisco... -se quejó Francia- Es cierto que he estado tentado a cogerte un picardías, una liga y ropa bien sexy. Pero no quiero que te enfades conmigo y te vayas a casa, así que me he comportado. Le he pedido un conjunto elegante pero no demasiado osado. Cree que somos algo así como una pareja de recién casados. Toma, esto es para que te lo pruebes. Cuando estés me dices y te doy opinión.

- Oh, qué cortés, ¿no vas a intentar meterte conmigo al probador? -dijo mirándole sorprendido y tomando la ropa interior entre sus manos.

- No sería galán por mi parte, ya me doy por satisfecho al saber que vas a mostrarme tu cuerpo llevando solamente ropa interior. Además, la dependienta nos miraría mal.

- Normalmente no te desmotiva que la dependienta nos pueda mirar mal. Eres gracioso. Te comportas diferente desde que soy una mujer.

- ... -Francia estaba con la boca abierta, a medio camino de una réplica, y sus mejillas estaban ligeramente teñidas de rojo- No sé de qué me estás hablando...

- Está bien, está bien... -dijo Antonio tras reír. Le dejó fuera y procedió a quitarse la ropa dentro de aquel pequeño cubículo.

Primero los pantalones fuera, que le costó quitárselos porque tenía hechos dos nudos para que no se le cayesen y deshacerlos era casi una misión imposible. Entonces, una vez los dejó sobre una silla, se quitó la camiseta. No pudo evitar quedarse idiota mirándose en el espejo. ¡Es que no podía remediarlo! Era ver pechos sin esfuerzo alguno y, aún mejor, tocarlos. Aunque fuese una mujer físicamente, su mente seguía siendo la de un hombre. Era inevitable.

Reaccionó y se puso el sujetador del primer conjunto. Era bastante diferente a no llevar nada y, aunque era un poco molesto sentir la prenda rodeando su cuerpo y sujeta a sus hombros, la sensación de que sus pechos estaban bien agarrados y pesaban menos fue agradable. Fue como una especie de revelación. Así que era por eso que las mujeres llevaban sujetadores... Muy interesante la sensación. Observó las braguitas y pensó. Sería mejor (más higiénico) ponérselas encima del slip que ya llevaba. El conjunto era de color blanco, llevaba unos pequeños bordados de color negro en la braga y en la copa derecha del sujetador.

Francis estaba fuera, esperando sentado en un taburete. Estaba entre aburrido por la espera e impaciente por verla salir. Vio que repentinamente asomaba su cabeza entre las cortinas y buscaba alguien. Al ver que no había nadie que pudiera verle, corrió la cortina. A Francia se le quedó la mandíbula floja y observaba a España con los ojos bien abiertos, sin parpadear apenas. Le quedaba bien no, lo siguiente. Por fin pudo apreciar su figura al completo y no pudo gustarle más. España no era una mujer extremadamente delgada aunque tampoco es que estuviese gorda. Tenía unas caderas bien definidas y una cintura fina aunque no demasiado delgada.

- No me queda mal, ¿no? -preguntó con cierta vergüenza. Francia no respondía, seguía mirando completamente ido.

Intentó que reaccionase en diversas ocasiones y no logró absolutamente nada. El galo seguía ausente en su totalidad y le observaba con la mandíbula aún aflojada. Acabó por sonreír resignada. Quizás era demasiado pedir. Apoyó los dedos de la mano derecha contra su mentón e hizo presión hasta que tuvo la boca cerrada. Ese gesto hizo que reaccionase y que por fin sus ojos, emocionados sin remedio, coincidieran con los suyos.

- Que vas a llenar el suelo de babas... -le dijo con picardía y luego le sacó la lengua antes de volver a meterse en el vestidor.

No pudo pronunciar ni una sola palabra con cada modelito que se puso. Con el negro se le volvió a aflojar la mandíbula por completo. Antonio se iba quejando de que tal conjunto le realzaba demasiado el pecho o que le quedaba muy baja la braga. La mente de Francia seguía en un permanente cortocircuito que se agravaba de nuevo con cada conjunto que se probaba. Lo único que lograba a veces era asentir como un tonto con la con la cabeza para darle la razón a algunas de las cosas que iba diciendo. Al rato, Antonio se asomó vestido con la camiseta. Francis le pasó un pijama que había encontrado. Se asomó con él puesto y asintió. Le quedaba como un guante.

- No sé qué conjuntos coger... -dijo Antonio indecisa.

- Vas a cogerlos todos porque los pago yo y te sientan tremendos. El pijama también. Ahora date prisa en ponerte uno de los conjuntos y vestirte. No hemos hecho más que empezar.

En ese momento Antonio pensaba que era una manera de hablar, exagerada como de costumbre. Cuatro horas después, caminaban por la calle cargados de bolsas. Antonio empezaba a estar hambrienta y se sorprendía al no haber visto quejarse al galo ni una vez acerca de no haber almorzado aún. En vez de eso, se le veía contento por esa aventura de derroche por todas partes. Antonio tenía ropa nueva, calzado nuevo, complementos nuevos, ropa interior nueva y pijama nuevo. Se sentía un derroche andante. No sabía cómo era eso posible, pero pasaba. Se había negado a llevar ropa más femenina, así que iba con unas bambas finas, un pantalón tejano y un jersey de color rojo y media manga.

- Pensaba que lo decías por decir eso de que sólo habíamos empezado... Menudo tute... ¿No tienes hambre? Son casi las dos y media.

- Oh, mon Dieu!¿Ya? -dijo el galo alarmado- Se me ha pasado el tiempo volando.

- Normal. Con lo que te gusta a ti la ropa... Se podía ver cómo te brillaban los ojos de la ilusión. Cuando no dejabas de traerme ropa, he estado pensando seriamente en huir.

- No entiendo cómo puedes ser mujer y que no te guste probarte ropa.

- Y yo no entiendo cómo puedes ser hombre y que te guste tantísimo probarte ropa. No digas estupideces. Sé que soy mujer, pero sigo siendo Antonio. Al menos el 98% del rato.

- ¿Eh? ¿Y el otro dos por ciento? -dijo Francia curiosamente sujetando la puerta del restaurante al que iban a ir para que pasara Antonio, como todo un caballero.

- Es extraño pero siento que mi comportamiento es diferente a veces. Por ejemplo, cuando la chica se me ha quedado mirando he sentido muchísima vergüenza y sé que no la hubiese sentido en cualquier otro momento. Me parecía extraño pero no podía dejar de estar nervioso. A veces me da la sensación de que no me comporto con normalidad.

- Intenta no preocuparte demasiado. Quizás es por culpa de tus hormonas femeninas o parte del carácter que tendrías si fueses mujer. Seguro que cuando vuelvas a ser un hombre, todo eso se irá.

No hablaron más del tema en lo que quedó de noche. Francia comprendía bastante bien que de lo que menos tenía ganas era de hablar de que repentinamente era una mujer. Por eso mismo se dedicó a parlotear más de lo habitual, para que la hispana sintiese que era lo mismo de siempre y no se centrase en la preocupación que su situación actual le daba. Cuando llegaron, Antonio se fue a la habitación y colocó la ropa en el armario, tal y como Francis le había instruido. Se puso el pijama que había comprado: era un conjunto de pantalón y camiseta de color gris y con el dibujo de un osito. Se hubiese negado a llevarlo si fuese un hombre, sin duda. Se echó sobre la cama y se quedó en la oscuridad, pensando. Se sentía triste de repente. ¿Qué ocurriría si el hechizo no se deshacía tal y como Inglaterra había dicho? Tendría que mostrarse ante los demás países y ver cómo sus rostros le miraban atónitos, sin poder creer lo que veían. Empezarían a comportarse de manera extraña y seguramente se apartarían como si de un infectado se tratase. Se acurrucó en posición fetal y la cama le parecía vacía y solitaria. Resolló por un instante y se incorporó. Descalza caminó sobre las frías baldosas que formaban el pasillo hacia la habitación del galo. Por la rendija de la puerta se podía apreciar una tenue luz que provenía del interior. Pegó dos veces sobre la madera de color blanco y, sin esperar una respuesta, abrió.

Francia se encontraba echado sobre su cama, apoyado contra un montón de cojines, con unas gafas de lectura de color azules. Entre sus manos descansaba un ejemplar bastante antiguo y de tapas desgastadas de alguna obra, seguramente francesa, que estaría releyendo por enésima vez. Sus ojos azules le miraron con curiosidad y siguieron su figura, que se aproximó hasta la cama, se echó sobre el lado vacío y se giró hasta darle la espalda. Francia se quitó las gafas para leer y observó a la española con curiosidad. Tanto decir el día anterior que quería dormir sola y, de repente, venía e invadía media cama sin ningún tipo de reparo. No es que le importase que lo hiciera, pero le parecía extraño.

- ¿No te gustaba la habitación de invitados?

- Es grande y solitaria. Además, tu cama es más cómoda.

El galo sonrió resignado y prosiguió con la lectura tras volverse a colocar las gafas. Antonio miraba hacia un lado de nuevo con ese gesto apenado. No podía quitarse esa leve angustia que se había instalado en su pecho y que se negaba a marcharse. Ni aún estando en aquella cama dejaba de sentirse asaltado por las dudas. Al final no pudo aguantar en silencio durante mucho más rato.

- Francia, si nunca más vuelvo a ser un hombre, ¿tú me seguirías tratando como siempre y no te apartarías de mí?

Aquella pregunta descolocó por completo, otra vez, a la nación francesa. Se volvió a apartar las gafas y observó la espalda de la mujer española. No podía ver su rostro desde donde estaba.

- ¿Qué tonterías son esas? Por supuesto que vas a volver a ser un hombre.

- ¿Y si no? Entonces, ¿seguirías como siempre conmigo?

- Cuando te lo propones puedes ser bien tontorrón. -dijo Francis esforzándose para no meter la pata con el género en un momento bastante importante- Ya te lo dije una vez, ¿no? Aunque tu cara cambiase de forma, tu hermanito Francia seguiría queriéndote~

Se produjo un silencio que no sabía hasta cuando se prolongaría pero que iba a mantener. Ahora era España quien tenía que recapacitar y sacar sus conclusiones. Entendía que tuviese miedo, pero eran temores infundados.

- Gracias, Francia. -murmuró finalmente.

El rubio de ojos azules sonrió. Sus manos cerraron el libro tras poner un punto con una foto de Los campos Elíseos entre la página 49 y 50, se retiró las gafas y las dejó sobre el libro. Entonces se acercó a la espalda de España y la abrazó. Su rostro rozó con familiaridad uno de sus hombros. La hispana no se apartó ni rechazó esa cercanía.

- Ahora que ya sabes eso, no tienes que preocuparte. Tu hermanito Francia no se irá de tu lado, ya te lo he dicho otras veces. Lo mejor será que durmamos. Ha sido un día largo, ya verás que mañana estarás de mejor humor y no lo verás tan negro.

Se desearon buenas noches y aún con Francia rodeando con sus brazos a España ambos se quedaron dormidos.


Pues otro capítulo más. No sé qué comentar de este... Francia y las compras xD Como no tengo nada inteligente que decir, paso a comentar los review xDDD Por cierto, sigo buscando gente que quiera promocionar su arte, dibujando algo Frain, en la novelita Frain que voy a publicar próximamente, aún no tengo la fecha pero estoy apuntando quién estaría interesado. Enviaría alrededor del mundo, lo tengo dicho owo

Comento reviews~

Izumiwi, graciaas~ Esta pareja es lovely ouo Necesita amor, mucho amor xD

Chic, bueno, es un hombre y tiene tetas. Si no se manoseara yo creo que sería demasiado raro xDDDD... Si yo fuera un hombre de repente creo que me daría curiosidad tener minga o.o... XDDDD

Misao Kurosaki, bueno, Antonio encuentra la felicidad en los pequeños detalles XD Francia está paranoico porque después de encontrarse a España convertido en mujer ya teme cualquier cosa mala. Es pesimista el pobre XDDD. Creo que no se había hecho nada de cambio de sexo en rollo Frain, pero para eso estoy yo, para darle toques propios a cosas que se me ocurren xDDD Bueno, son cinco capítulos, a uno por semana, en el fondo también será un mes para nosotros XD De nada, me gusta escribir y atesoro los comentarios que me llegan ;v;

Yuyies, jajaja... es que se me ocurrió esta cosa tan chorra. Lamento haberme metido en el mundo de los AU (vienen muchos, lo siento XDU) Pero es que para no escribir AU debería documentarme a fondo y para eso no tengo tiempo OTL... Así que tiro de lo que puedo ir escribiendo sin problema. Inglaterra hace punto aparte de joder xDDD Que no te engañe, Francia estaba por dentro muriendo. Intentaba hacerse el fuerte, pero por dentro estaba como OMG DÓNDE ESTÁ! Intentaba no ponerse así desde el principio xD Romano consiguió que le fuera dando la paranoia mucho, muchísimo xD Gracias por el review ovo

Hikaru in Azkaban, lo dicho xD Antonio encuentra la felicidad en las cosas pequeñas XDDD Claro que lo está pasando mal. Con lo que le gusta a Francia tocar... u.ú Sus manos lo sufren xDDD

Tomato-no-musume, la próxima será mega-saga, por eso mismo estoy haciendo una historia corta antes de ponerme con una más seria y dramática XD Ah, Pierre... ¡Al final estoy logrando que le tengáis cariño! –happeh- Claro, cada persona le da un toque, cada uno con su mentalidad y sus paranoias XDDD ¡E intento mantenerles la personalidad! Hombre, pues con las manos en el pecho al menos una temporada. Es algo nuevo D: Sería raro si pasara de sus pechos XDDD Francis ha muerto un poco, pero se está recuperando con terapia XDDDD Gracias por leer ouo

Y eso es todo por esta vez. ¡Nos leemos la semana que viene!

Miruru.