Mascarada

Capítulo 5

Habían pasado tres días desde entonces. Francia se encontraba abrazado a España, que estaba leyendo un libro de fantasía y romances. El primer día se había reído porque nunca pensó que viviría el tiempo suficiente para ver a Antonio leer un libro de esas características. Tras recibir un pisotón y una de sus sonrisas asesinas, decidió que lo mejor era no burlarse más y seguir vivo algún tiempo. No dudaba de la capacidad de España de pegarle una buena paliza si se lo proponía.

Enterró de nuevo su nariz en el hueco entre su cuello y su hombro e inspiró el olor dulce y femenino que desprendía. Sonrió tontamente, feliz. Estar así era agradable, tan cerca de una persona, tan juntos y pudiendo abrazarla y darle mimos de esa manera. A Francia le gustaba demasiado cuidar de alguien, así que para él aquello era una lotería. Incluso aunque no estuviese haciendo nada más que eso. Claro que aquella era una línea muy delgada y próxima y, por accidente, era bien fácil sobrepasarla. Sólo hacía falta que las neuronas se le fundiesen un poquito y que en su mente se formase el pensamiento de que no estaba tan mal si cogía y le tocaba un poco más. Total, no molestaba a nadie. Tampoco es que fuese a hacerle daño... España suspiró con pesadez cuando sintió que las manos que habían descansado sobre su estómago empezaron a subir lentamente.

- No me metas mano... -dijo Antonio poniendo distancia entre ambos cuerpos. Escuchó que Francia lloriqueaba, pero no le hizo caso.

- Pero si sólo es un poquito... No hago daño a nadie... Si me dices que te hace daño, no me lo creeré. Estas manos sólo brindan placer en estas ocasiones.

- Me da igual lo que brinden, es que llevas dos días muy pesado... ¿Te pasa algo? Has estado bastante pegajoso comparado con las primeras semanas, que parecía que te daba cosa acercarte a mí.

Francis entonces se apartó. Fue algo muy extraño y hasta le dio la impresión de que sus mejillas se habían enrojecido suavemente, de manera casi imperceptible. Antonio supo entonces que, fuese lo que fuese lo que iba a decir, o lo había ridiculizado para que sonara menos de lo que era o, directamente, se trataba de una mentira. Se preparó para evaluar el comentario y decidirse entre una de las dos opciones.

- No me pasa nada... ¿Es que no puede tu hermanito Francia darte un poquito de amor? Ya sabes que me gusta.

Eso era mentira. Bueno, a partir de la segunda frase, ésta incluida, era verdad. Pero lo primero, que era realmente la respuesta que le había demandado, era sin lugar a dudas una mentira. Arqueó una ceja y se quedó pensativa, intentando averiguar qué era lo que le podía pasar. Tendría que ser una tarea fácil ya que pasaba el día con él y aunque a primera vista se le podría haber escapado, seguro que era algo de lo que se había dado cuenta en algún momento. Estuvo dándole vueltas a la cabeza, intentando vislumbrar aquello. No había nada raro en su apariencia y, entonces, le vino a la mente, como una anunciación divina.

- ¡Aaah! ¡Acabo de darme cuenta!

- ¿De qué? -inquirió Francis, que durante ese tiempo de silencio no sabía que su vecina seguía pensando en el asunto. Creía que había aceptado que no le pasaba nada, aunque fuera mentira.

- Durante estas semanas no has hecho nada con nadie. -dijo Antonio ahora mirando a Francis, que abrió los ojos con sorpresa y frunció el ceño, clara expresión que denotaba que lo habían pillado- Ahá... Así que por eso estás más pegajoso...

- Oye... A ver si te crees que cada día me acuesto con alguien. He tenido épocas en la que he estado largos meses sin hacerlo.

- No me refiero sólo al sexo en la cama. -le replicó- Quiero decir a relacionarte con alguien. Sé que te gusta hablar con desconocidos que te atraigan, hacer gestos cariñosos, tontear y ver sus reacciones, ver que tu "amor" les llega.

La expresión en el rostro del galo era bastante cómica. Su ceño fruncido, sus ojos ligeramente entrecerrados, sus mejillas algo más rojas de lo habitual y sus labios contraídos en un pequeño puchero enfurruñado, le hacían verse adorable. Es que lo desarmaba con esas cosas. ¿Desde cuándo se había dado cuenta de todo aquello? Pensaba que España no veía todos esos detalles y que nadie comprendía que tenía esa necesidad y que simplemente lo veían como un putón. A Francia le daba igual que nadie lo entendiese, era otra de esas cosas que, sin razón alguna, necesitaba. Y que alguien se percatara le era bastante nuevo y le chocaba.

- ¿Me equivoco acaso? -preguntó al ver que el silencio por parte del francés se alargaba demasiado. Tomó la falta de respuesta por una afirmación- Deberías irte por ahí de fiesta y conocer a alguna chica, invitarla a un trago y todo eso~

- Nah... No sé... Tampoco sabría bien a dónde ir... -dijo Francis con pocas ganas. Además, ¿iba a dejar a España tirada de ese modo? No estaba acostumbrado a eso.

- Veenga, no seas remolón. Te acompañaré, ¿de acuerdo? Y así te ayudo a escoger.

- Es que me da un poco de pereza ir... No lo tengo claro...

- ¿Pero ahora que mosca te ha picado? Iré contigo y cuando encuentres una que te gusta me acercaré y casualmente diré: "Ayy~ Ese chico de allí es tan guapo~ Lástima que me haya dicho que no quería aprovecharse de mí esta noche que mi novio me había dejado~ Es tan atento~" Y seguro que para ella pasarás a ser automáticamente el tío con el que querrá pasar un buen rato charlando. -le guiñó un ojo.

- ... -menudas dotes interpretativas. No veas el discursito que había soltado en un momento. Arqueó una ceja- Muy bien pero, ¿y si me la ligo? ¿Entonces qué harás tú? No es que me mate la idea de dejarte sola en la discoteca.

- ¡Por dios! ¡Pareces mi madre! -dijo España ahora riendo sonoramente- Si ligas, me alegraré mucho por ti y te desearé suerte. Luego me quedaré bebiendo y bailando. Ya sabes que a mí todo eso me gusta mucho~

No podía decir ya negarse. Es que no es que se lo estuviese poniendo fácil, se lo estaba sirviendo en bandeja de plata. Suspiró y se encogió de hombros. Pasaron parte del día hablando de estrategias que podían seguir para que, sin tener que esforzarse él mucho en primera instancia, pudiese hablar con alguna chica. El tiempo fue pasando y pronto estaban cenando, acabando de planear la noche. La parte de que Antonio se quedara sola le daba cosa, pero no había dios que le quitara esa idea de la cabeza, así que se tuvo que resignar. No le iría nada mal tontear con alguien ya que España no colaboraba y dejaba que tonteara con ella.

Francia tomó la ducha primero, tristemente, tras que su brillante idea de ducharse juntos fuese desestimada por unanimidad por Antonio. En cuanto terminó y se secó, salió a su habitación para dejarle la ducha a España. Ya ni intentó verla, era imposible con esa maldita mampara. Se puso una camisa de color azul de la que dejó abierta unos cuantos botones cercanos al cuello. Llevaba unos pantalones negros que le marcaban bien las piernas y el trasero. Se echó el mejor perfume que tenía y entonces le dedicó el tiempo que restaba a su pelo: lo desenredó y peinó, lo secó un poco con una toalla y luego usó un secador, siempre sin acercarlo demasiado a la cabeza. Rato después, cuando ya se estaba aplicando alguna mascarilla, escuchó el ruido de la puerta y a Antonio.

- Bueno, yo ya estoy lista. Tengo ganas de ir a beber~

Francia se quedó con la boca abierta cuando se dio la vuelta. Por suerte pudo controlarlo de modo que el gesto no se viese demasiado exagerado. Llevaba unas botas sin tacón, la falda que le había comprado y una camisa que se había dejado abierta hasta aproximadamente unos diez centímetros de su busto. El pelo se lo había dejado suelto y se le estaba ondulando al dejar que se secara con normalidad. No llevaba maquillaje, aunque casi mejor, porque no se la quería imaginar del otro modo.

- "Ahora me preocupa más dejarla sola..." -pensó para sí mismo el francés.

Pero España no se daba cuenta de aquellos pensamientos que le rondaban y que le atormentaban. Le hablaba sin parar acerca de todo lo que tenía pensado tomar en la discoteca y también de qué canciones esperaba que pusieran. Al rato empezó a ser consciente de que no estaba siendo escuchada y frunció ligeramente el ceño. Pero nada; Francia seguía con sus ojos clavados en ella pero sin verla realmente. Dio una palmada delante de sus ojos y el galo pegó un respingo.

- ¿Se puede saber qué te pasa? Estás en las nubes. ¿Seguro que te encuentras bien?

- Sí, sí. Estoy seguro de que me encuentro bien. Es que no me acaba de convencer la idea de ir a la discoteca y usarte para conseguir a chicas para a continuación dejarte tirada.

- ¿Es que quieres que me quede aquí encerrada? Me voy a morir de aburrimiento y quiero beber. No seas cruel~

- "¿Quién está siendo cruel aquí...?" -pensó Francia.

Y el motivo fue que España le miraba con ojitos de cordero degollado y, si lo analizaba, era cierto que no sería justo decirle que se quedara allí. Venga, ¡era Antonio en el fondo! No se lo iba a poner fácil a nadie. Seguro que lograría pasar desapercibida toda la noche y si algún tipo se acercaba a ella, sabría cómo ahuyentarle.

- "Sabrá cómo hacerlo, ¿verdad?" -se preguntaba mientras veía a Antonio mirándole aún con súplica. Suspiró pesadamente- Está bieeen... Iremos.

- Así me gusta, que no te eches atrás ahora. Quién sabe. Quizás yo también me líe con una chica.

Aunque puso cara de póquer, la mente de Francia hizo cortocircuito y entró en fallo grave del sistema al imaginar esa posibilidad.

- Oye, si eso ocurre...

- Me lo pensaré. -dijo Antonio sin dejar siquiera que pudiese terminar esa pregunta que, desde que había pensado su frase anterior, ya sabía que le iba a formular. Se plantearía eso de dejarle mirar... Pero vamos, su intención era beber y bailar. Lo de ligar no le apetecía ese día.

Cogieron dinero, las llaves y salieron a la calle en coche. El trayecto no fue demasiado largo y casi tardaron más en encontrar aparcamiento que otra cosa. El local al que entraron había costado un poco caro a pesar de que entraba una consumición. Por suerte, la de España había sido más barata porque al ser mujer tenía descuento aquella noche. El sitio estaba a oscuras prácticamente de no ser por los focos y las pequeñas velas que adornaban algunas mesas y que habían repartidas a lo largo de la barra. El ambiente estaba viciado de la cantidad de personas que allí se amontonaban, moviendo sus cuerpos sin cesar, algunos con una copa en la mano, mientras la música tronaba fortísima e impedía a la gente escucharse las unas a las otras. La única manera de comunicarse en aquel sitio era acercarse al oído de la persona a la que se le quería decir algo, invadiendo su espacio personal, y gritarle hasta destrozarle los tímpanos. Bueno, no era mucho más grave que el daño que ya debían estar sufriendo por aquella cantidad de decibelios. Se acercó a la oreja de España para hablar con ella.

- Voy a ir a la barra. ¿Te pido lo de siempre?

Vio que Antonio asentía y luego le hacía un gesto para que empezara a mirar a las mujeres y que viese cuál le gustaba más. Sabía que cuando se le metía algo entre ceja y ceja, que lo dejara correr era misión imposible. Pidió las bebidas y regresó hasta donde estaba no sin antes pegarle una rápida repasada a toda mujer que encontraba. El plan sólo iba a funcionar con las mujeres. Le pasó su vaso y ella le miró expectante. Le pareció graciosa la ilusión que tenía con aquello y se rió por un momento. Le hizo seña para que se acercara y le señaló a una chica que estaba con un grupo. Tenía pinta de estar sola y eso era todo un punto a favor. Lucía media melena rizada de color dorado y tenía ojos no demasiado oscuros, aunque no se podía decir exactamente qué color era ya que estaban demasiado lejos. Antonio levantó el pulgar y asintió con la cabeza, reconociéndole el buen gusto que había tenido.

Pegó un buen trago de su vaso y se acercó a Francia con una sonrisa confiada.

- Ahora déjamelo a mí.

Cuando se separó, Antonio fingió tristeza y se apartó empezando a llorar. Para lograrlo sólo tuvo que pensar en cuando perdió la cosecha de tomates por culpa de una inesperada helada. Un drama para él había sido tener que arrancarlo todo y tirarlo. Se acercó a las chicas y les pidió un pañuelo. Entre llantos empezó su historia: el melodrama de una jovencita enamorada de un francés idiota que había dicho que la dejaba. Entonces, despechada, ella había decidido ir a aquella discoteca a acostarse con el primer hombre que encontrase. Ese había resultado ser ese rubio "tan guapo" de allí que, no sólo le había dicho que no podía aprovecharse de ella en tal estado de vulnerabilidad, sino que además le había recomendado que no viese más a ese gilipollas. Se lamentó abiertamente de no haber conocido antes a ese francés tan sensible y que quizás no era su tipo. La chica que Francia le había señalado empezó a mirar al galo con creciente interés según la historia avanzaba. No se extrañó pues cuando ella avanzó hacia Francis sin decir nada a sus amigas.

En el fondo se sentía un poco mal. No era nada agradable mentir a la gente así y más sabiendo que Francia no querría nada serio con ella (básicamente porque no quería nada serio con nadie y sería una locura que lo quisiera con una humana que considerablemente pronto moriría). Pero el galo era su amigo desde que era pequeño y tenía en cuenta que, teniéndole en su casa, le estaba haciendo el favor de su vida, era lo menos que podía hacer por él. Si encima le privaba de las cosas que le gustaban, se sentía muy culpable. Prefería que al menos él fuese feliz. Por eso soportaba mejor eso de mentir a esa pobre chica. Además, Francia la trataría muy bien, de eso estaba segura.

El rubio tuvo que esforzarse al máximo para reprimir una sonrisa. No sabía qué era lo que le había contado a esa chica pero sus ojos le decían que tenía mucho interés en él. Fue agradable sentir el perfume de la muchacha rodearle y la tibiez de su mejilla contra su oído mientras le decía su nombre. Se la llevó a un lado y le pagó un trago mientras dejaba que ella hablase e iba comentando lo que le contaba. Aprovechaba cualquier momento para hacer un roce casual, una caricia sobre el hombro, acercarse a ella un poco. Y esa mujer demostraba estar claramente dispuesta a que todo aquello sucediese, ya que no se apartaba y le miraba con demasiado interés, como si lo considerase hermoso y desease descubrir todo acerca de él, casi como si empezase a quererle. Aquello era lo que Francia deseaba y no podía sentirse más satisfecho.

Miró de reojo hacia la pista y por un momento perdió la concentración. Allí se encontraba España, con un cubata en la mano, bailando bien (porque al parecer aquello no lo había perdido) y a su alrededor, furtivos, como cuervos, cuatro tíos, cada uno en una esquina, que vigilaban los movimientos de la hispana.

De repente volvió a su realidad cuando una mano pasó por delante de su vista.

- ¿Estás bien? Te has quedado distraído por un momento. -dijo la chica con la que estaba, arqueando una ceja.

- Me había parecido ver a un amigo pero me he equivocado, era alguien que no conocía. -dijo Francia sonriendo apurado.

Volvió a mirar y España ya había mandado a uno a la porra porque el chico tenía cara de horror mientras escuchaba lo que ella le decía y se apartó de allí, abatido. Bueno, era obvio, lo había estado pensando pero por su propia estupidez había decidido no creerlo: Antonio seguía siendo Antonio a pesar de ser una mujer. Eso significaba que sabía cómo deshacerse de alguien que no le interesaba.

Después de aquello, Francia pudo volver a concentrarse en lo que tenía entre manos. Susurraba palabras tiernas mientras dejaba descansar en la palma de la mano un mechón del cabello de la chica, lo besaba, le guiñaba un ojo y ella se sonrojaba de manera adorable. Entonces se acercaba y casualmente rozaba con sus labios su mejilla al ir a hablar a su oído. Era un instante tan fugaz que lograba que ella se estremeciese y que poco a poco cayese en su red.

Ladeó la mirada y se quedó bastante sorprendido al ver a un tipo cerca de España. Y por cerca quería decir a su lado, y por eso se entendía que tenía el brazo izquierdo alrededor de su cintura y le hablaba con una sonrisa triunfal. Por un momento sintió un pellizco en el estómago que se transformó en otro sentimiento diferente cuando vio la expresión en el rostro de España. Se podía bien deducir que aquella situación no le satisfacía ni un mínimo y que deseaba con todo su alma que se fuese de allí y que, sobre todo, apartara el brazo de su cintura.

Antonio no podía comprender por qué no la podían dejar bailar tranquila de una vez. Aquel era el cuarto tío que la asaltaba en media hora y, sin duda, estaba siendo el más insistente de los tres. Le había dicho ya unas diez veces que no quería nada con él y que se marchase ya. Pero él estaba ahí, erre que erre, insistente. Seguro que era a causa del alcohol al que apestaba. Se controló para no pegarle. Ese hombre estaba bastante bien formado y con su fuerza actual no iba a lograr demasiado. Además, el alcohol le tendría "adormecido" y no sentiría el dolor con tanta fuerza. De repente le quitó la bebida, la cual sujetó en lo alto, fuera de su alcance, y le hizo mirar hacia un lado para que viese a un amigo suyo. No entendió nada y no pudo ver tampoco a nadie. Cuando se giró miró al tipo con reproche. Le estaba empezando a tocar las narices.

- Anda, anda, no te pongas así~ Toma. Bebe un poco y cuéntame qué es lo que no te gusta de mí~

Ojalá se desmayase por tanto beber. Odiaba a ese tipo por no dejarla en paz ni un solo instante. Se llevó el vaso a los labios y de repente un manotazo hizo que se le resbalase de entre los dedos, cayese al suelo y se hiciese añicos. España miró hacia el lado y vio a Francia, con la mano extendida después de haber pegado aquel golpe al vaso. Su rostro tenía una expresión molesta y sus ojos miraban al hombre.

- ¿Se puede saber qué haces, tío? ¿Estás loco? -le dijo el otro varón observándole como si estuviese en presencia de un demente escapado de algún psiquiátrico cercano.

- ¡NO! ¡¿Se puede saber qué haces tú?! ¡Te he visto desde el otro lado! -espetó Francia, el cual se avanzó hacia el tipo y le dio un par de golpecitos con el dedo índice en el torso- ¿O te crees que nadie ha visto que le echabas algo a su bebida?

- ¿Qué? -preguntó España atónita. Ni se había dado cuenta.

- ¿¡Quién coño eres tú para interrumpirme!? -le gritó el tipo- ¡La chica quería venir conmigo y si te la querías ligar, llegas tarde!

- ¿Tarde? -dijo Francia mirándole con desprecio. Odiaba ese tipo de hombres que ensuciaban el buen nombre de los demás- ¿Que yo llego tarde? Yo estaba aquí antes que tú, criajo. Yo llegué siglos antes que tú, ¿y aún tienes la desfachatez de creerte que la conoces más?

- Francis... -dijo España preocupada, sujetando al galo para que no se fuese hacia ese armario. De repente le había venido una valentía desconocida y actuaba inconscientemente.

- Y aún más después de haber intentado drogarla. Eres la vergüenza del hombre. ¿Sabes quién soy?

Agarró la mano de Antonio, que sujetaba su brazo, y tiró de ella hasta tenerla delante y besarla. La hispana abrió los ojos atónita cuando sintió eso. El contacto no duró mucho y Francis levantó la mano derecha y señaló al tipo con el índice.

- ¡Soy su novio! -sonrió de lado- El que vuelva a intentar acercarse a ella, le parto la boca.

- ¿¡Mi qué!? -exclamó España sin poder dar crédito a lo que había escuchado.

El hombre ya no parecía tan convencido de lo que estaba haciendo. Era verdad que ese rubio era físicamente más enclenque, pero su mirada parecía decir lo contrario. Era como si en él hubiese la fuerza de miles de personas, como si su espíritu combativo le rodease y le ahogase poco a poco. Ese personajillo, delgado y con una barbita pobre adornando su mentón, era muy consciente de que era más voluminoso y aún así le miraba desafiante. ¿Qué era lo que ocultaba? Le inspiró un ligero terror que hizo que al final se diese la vuelta y se alejase de allí farfullando. Francia pasó el brazo alrededor de la cintura de España.

- ¡Que alguien se atreva ahora a meterse con ella! -dijo Francia crecido por su triunfo. De repente recibió un codazo en las costillas que hizo que se doblase hacia delante- Aaau... ¿Por qué has hecho eso?

- ¿Mi novio? ¡¿Novio?! ¡¿Es que has perdido un tornillo?!

Estaba enfadada con él. ¡Es que quién le mandaba decir algo así! ¡Ahora todo el mundo que había presenciado esa escena se pensaba que el galo tenía algún tipo de relación amorosa con ella! Eso era simplemente una locura. ¡Totalmente imposible! Aunque siempre se hubiesen comportado de aquella manera, a veces bastante melosa y casi digna de pareja, nunca se había mencionado esa palabra tan seria.

- ¡Pero...! ¡Es que ese tipo estaba intentando drogarte para hacerte a saber qué cosa! ¡Tenía que asustarles para que ya te dejasen en paz! ¡¿Qué hubiese pasado si yo no llego a estar cerca?!

España no dijo nada por unos segundos, tan solo se quedó allí plantada, con la boca cerrada y sin esforzarse por hacerse oír por encima de la música. En aquello Francia tenía razón, si no se hubiese dado cuenta él, a saber qué le hubiese ocurrido.

- ¡¿Pero tenías que decir que eras mi novio?! ¡Podrías haber dicho otra cosa!

- ¡Yo que sé! Es lo primero que se me ha ocurrido. -dijo Francia enfurruñado. Ahora que podía analizar fríamente lo que había hecho, empezaba a darle vergüenza lo que había ocurrido.

- Tampoco hacía falta que me besaras...

Se hizo un silencio enrarecido entre ellos y a pesar de estar uno enfrente del otro, ninguno dijo nada. Hasta que, de repente, alguien empujó a España contra Francia y éste la sujetó para que no se hiciese daño. Antonio se giró y vio a la chica que le había empujado de camino a la barra.

- Vale, esa furcia ya es la tercera vez que me empuja. Lo está haciendo a propósito. Voy a matar a esa puta que sólo está celosa.

La agarró desde detrás para impedir que se fuese tras aquella rubia con media melena y pestañas largas. Le gritó a España que se calmara y que no era momento de iniciar una pelea, que no quería acabar en el calabozo. Antonio le gritaba que mira quién hablaba, que él ya se había peleado con uno y que tenía cuentas pendientes con esa mujer y no se lo iba a permitir. Después de minutos de forcejeo, Francia logró que la idea de pegarle una paliza a esa mujer se le fuese de la cabeza invitando a España a un trago. Era la segunda bebida que se tomaba y hacia el final de la misma Antonio empezaba a mostrar signos de embriaguez. Y entonces descubrió que España podía haber cambiado tanto física como psicológicamente pero, al fin y al cabo, cuando se emborrachaba era igual. En el momento en el que empezó a ver que entre sus dos taburetes había menos distancia, Francia empezó a sospechar lo que ocurría. Otra pista era que lo que decía empezaba a no seguía un orden y no dejaba de hablar todo el rato. Pronto le entró la risa floja y a él se le contagiaba porque es que no podía evitar que le hiciese gracia cuando se reía con tal naturalidad, desde el corazón.

La cosa empezó a ponerse fea cuanto más le subía el alcohol. Era bastante claro que, ahora que era más fina y bajita, España iba a tolerar menos el alcohol. La mujer pasó sus brazos alrededor de su cuello y empezó a pedirle opinión sobre si era o no una mujer bella. Durante unos segundos, a Francia le sacudió un terror profundo fruto de otras veces en las que había estado con España en ese estado. Pero, de repente, recordó algo. Aunque no todo funcionaba, Antonio de chica era más débil ante sus ataques típicos. Francia sabía encandilar a las mujeres y ahora España era una.

- Claro que eres guapa. Ahora mismo eres la nación más hermosa de todas. Ni Hungría podría hacerte sombra y ya sabes que siempre hemos admirado esa belleza salvaje que ella posee.

- Es verdad. Tiene cierto morbo verla ponerse de ese modo~ -dijo más tranquila la española- La que sí es fea es esa furcia que me ha empujado. Antes la he visto mirarme mal. Le he sonreído pero en su mirada he podido leer que ella también me sonreía falsamente.

- "Las mujeres son terroríficas..." -pensó Francia mientras lo que hizo fue asentir con una sonrisa tensa por pura cortesía. De repente notó un ligero olor a alcohol y cuando quiso fijarse la hispana estaba a escasa distancia de su rostro. Tragó saliva tratando de controlar a esa parte de él que le gritaba que se aprovechara. No estaba loco. Conocía a España hombre y, España mujer tampoco era tan débil cuando le venían esos arrebatos de "locura". No podía aprovecharse de ella cuando estaba en ese estado. Además, ya encaraban la recta final de la semana, no quería que luego lo recordara y esperara hasta que fuese un hombre de nuevo para atizarle con todas sus fuerzas. Francia a veces tenía arrebatos suicidas, pero aquel no era uno de esos momentos.

Por eso mismo, ladeó la cabeza cuando se dio cuenta de que le iba a besar en los labios. Al final los sintió posarse contra la mejilla. España frunció el ceño e intentó de nuevo alcanzar su boca. Con otro grácil movimiento, nada forzado, el galo logró esquivar aquella tentativa. Tras esos dos intentos, la española se cansó aparentemente y empezó a besar su mejilla repetidamente, de una manera familiar y cariñosa. Francia miraba al vaso que tenía delante con una sonrisa torcida. No era nada justo aquello. ¡Con las ganas que había tenido de un acercamiento...! ¡Y ahora no podía, porque si lo hacía luego sus regiones vitales estarían en peligro! Cualquiera que conociese a España sabía que aquello era un riesgo demasiado grande. No quería que hicieran tortilla francesa con su entrepierna destrozada.

Con todo el cariño y delicadeza del mundo (porque no quería aguantar a un España enfadado y con resaca, pero tampoco quería aguantar a España borracha y enfadada. Ambas cosas eran horribles) apartó a la hispana e intentó distraerla con una canción que empezaba a sonar y que sabía que le gustaba. Aquello duró hasta que se terminó la melodía y empezó una que le era totalmente indiferente. Entonces se le volvió a abrazar y le habló de que le molestaban los pechos si corría muy exagerado porque botaban mucho y se hacía doloroso. Era casi una tortura la descripción detallada de la forma en que sus pechos se movían y se erizó como si fuese un gato cuando le agarró la mano y se la puso en el seno derecho. La apartó como si le hubiese dado un calambre de los fuertes.

Viendo que la cosa no mejoraba en absoluto y que empezaba a hablar de temas demasiado vergonzosos como para ser rememorados incluso por Francia, el rubio decidió que aquello había sido suficiente y que se la llevaba para casa antes de que volviese a pedir que le sirviesen otro trago. Cuando empezaron a caminar, aunque pensó que el alcohol no le podía sentar peor, estaba equivocado. Sus pasos eran torpes e inseguros y de repente hasta le parecía que estaba un poco pálida. Sería una mentira decir que no le preocupaba nada.

- Francia... C-creo que voy a vomitar.

El pánico que le entraba cuando alguien decía esa frase se asimilaba al que le entraría si alguien le dijese que se iba a morir. Por una parte quería llevarla a algún sitio en el que no estuviese demasiado incómoda. Luego estaba el miedo a que si vomitaba pudiese mancharle. Vale, era algo muy materialista, pero es que ya era demasiado obvio que Francia amaba la moda y no soportaba que le pasara nada a la ropa. Finalmente la vio acercarse a un trozo de tierra y arbustos salvajes y encorvarse hacia delante. Al escuchar el esfuerzo, los jadeos y demás, Francis hizo una mueca de preocupación. Cuando escuchó que ya paraba y tan solo se quedaba respirando agitadamente, se acercó más y le dio unas suaves caricias en la espalda.

- ¿Estás mejor?

Ella se incorporó y con los ojos llorosos asintió. Le dio penita y todo. Pocas veces uno veía a Antonio en ese estado ya que ambos toleraban bastante bien el alcohol y no llegaban a esos límites. Como una niña pequeña y desprotegida que busca atención de sus padres, España se acercó a él, pasó sus brazos alrededor de su cuello y se encaramó a él, con las piernas enroscadas en su cintura. Suerte que no pesaba demasiado. Sintió que enterraba su rostro sobre su cuello y por un momento se estremeció ya que le hizo cosquillas.

Llegando a casa, España se encontraba adormilada y no le apetecía quedarse fuera de combate por completo. Le vino el aroma dulzón de Francia y eso hizo que le mirase de reojo. La verdad es que había sido muy valiente enfrentándose a aquel tío sólo por protegerle. Le inspiraba ternura pensar que alguien se podía enfadar con otra persona tanto porque intentaban hacerle algo. Además, Francia no solía comportarse de ese modo. Una mano se apoyó sobre su cuello, a la altura de la nuez de Adán. La otra descendió y se metió por dentro de su camisa, toqueteando parte de su torso. Sus labios se posaron sobre el lateral de su cuello en unos besos cálidos y húmedos. El francés suspiró pesadamente. No podía estarse quieta, estaba claro.

Minutos más tarde por fin estaban en casa de Francis. Tuvo que esforzarse bastante para sacársela de encima sin ser demasiado brusco. La mandó al baño para que se echase agua sobre el rostro y que se sintiese más fresca.

Él también la necesitaba. No podía, bajo ningún concepto, saltarle encima. Es que no sería para nada ético y ahora era una señorita, esas cosas no se hacían. Suspiró pesadamente encorvado sobre el fregadero de la cocina, con el rostro húmedo. Bueno, aquello le había servido para enfriarle un poco las ideas. Al poco rato volvió Antonio con la cara aún algo mojada y gesto de cansancio extremo.

- He vuelto a vomitar. -anunció con pesar.

- ¿Otra vez? Ay, pobre... Está visto que siendo mujer toleras peor la bebida... -dijo Francis acercándose a ella para darle palmaditas en la espalda.

Esa acción le costó que España volviese a colgarse de él. Por un momento sonrió con resignación e incredulidad. ¡Es que era demasiado pegajosa y ponía a prueba su resistencia en todo momento! Suspiró al escuchar que se quejaba, entre lloriqueos, de que siendo chica no le gustaba beber porque era una mierda encontrarse tan mal luego tomando tan poco y otros delirios más que Francis decidió ignorar. Es que tampoco le pedía su opinión, entonces mejor no intentar entender aquel revoltijo de pensamientos.

- Anda, -interrumpió el galo- vamos a dormir, ¿vale? Seguro que si lo haces, mañana te encontrarás mejor.

Aunque parecía que por un momento se quejaba, Antonio no se movió y ya dejó de lamentarse también. La cargó hasta su habitación y la dejó sobre la cama. Le dijo que ahora venía, que iría a buscar su pijama. Tuvo que explicárselo un total de tres veces para que le dejase terminar aquella frase y que comprendiese que iba a volver. Bendita paciencia la que tenía para estas cosas. Muchas veces en las que habían salido a beber con algún país más, Francia había sido abandonado con la misión de ocuparse de su vecino. Y es que la gente no soportaba a la larga su comportamiento y no querían hacerse responsables de él. Como él estaba bastante acostumbrado, fruto de una longeva amistad, su conciencia le impedía hacer como los demás.

Cuando regresó a la habitación vio que España se había quedado frita sobre la cama, echada de lado. Intentó despertarla zarandeándola de manera suave pero fue imposible lograrlo. Si se esforzaba más, podría lograrlo pero dos motivos le disuadían. El primero era que dormía tan pacíficamente que le daba demasiado reparo despertarla ahora. Y la otra razón era que quizás le entraba mala leche y aún recibía alguna torta. Intentando no mirar demasiado (porque se conocía a sí mismo y sabía que como mirase no podría resistir las ganas de echar un vistazo a los territorios españoles para comprobar que "todos seguían intactos") le cambió la ropa y le puso el pijama. Tiró de ella hasta poder sacar la colcha y las sábanas de debajo de su cuerpo para poder arroparla con ellas. Una vez logró eso, suspiró resignado y decidió ir al baño a prepararse para acostarse también. Minutos después se echaba a su lado y se tapaba. En cuanto sintió ese peso, España se acercó hacia él por instinto. Sonrió con resignación y trató de reprimir una risa.

- Realmente no puedes evitarlo, ¿verdad? -murmuró con cariño.


A la mañana siguiente, se despertó porque notaba un peso sobre su pecho que le molestaba. Entreabrió los ojos, desorientado, y en la penumbra pudo ver el brazo que había sobre su torso y que era lo que le había molestado.

- "Es el brazo de España. ¿Qué más da? Déjala..."

Cerró los ojos, aunque en su interior le daba la sensación de que se le olvidaba algo. Volvió a abrirlos y se quedó ausente mirando ese brazo. En serio, algo se le escapaba. Era algo muy raro. De repente le asaltó un pensamiento que le hizo deliberar que le pasaba algo extraño.

- "Su brazo parece más grande..."

Ladeó la mirada y se quedó atónito al ver que a su lado dormía España, con el cabello corto y sus facciones masculinas de siempre, familiares, relajadas. Levantó su mano izquierda y lo primero que hizo fue pellizcarse bien fuerte la mejilla. Vale, demasiado dolor para tratarse de un sueño. Estuvo casi un minuto mirándole como si fuese el mejor espejismo que jamás hubiese encontrado. De repente tiró de las mantas y echó un vistazo. Oh, por dios... ¡Estaba tan apretado en ese pijama de mujer...! Era bastante curioso de ver.

De repente se le dibujó una sonrisa perversa y es que, ahora que volvía a ser hombre y estaban en igualdad de condiciones, ¿por qué no comprobar que el territorio hispano había vuelto a su lugar tras la transformación? Se coló entre sus brazos y empezó a dar suaves besos sobre su cuello mientras que sus manos se deslizaban por su cuerpo masculino.

- España~ Es hora de despertarse~ Tengo una sorpresa para ti. -dijo Francia con un tono de voz dulzón.

Lo único que logró fue un murmullo incomprensible por parte del español, que seguía demasiado adormilado como para querer prestar atención a lo que su vecino le decía. Por supuesto, no se percataba de las caricias por su espalda y su torso, aparentemente inocentes pero que palpaban bien las tierras hispanas. Sonrió resignado. Por mucho tiempo que pasara, España seguía siendo igual que siempre y le costaba demasiado levantarse. Francia entreabrió sus labios y su lengua se paseó por el cuello bronceado de su vecino. En ese momento, sintió que era apartado y al mismo tiempo que su mejilla ardía por el dolor, que se extendía con rapidez. Rodó hacia el lado contrario y puso distancia entre él y el hispano, que ahora se encontraba con el brazo suspendido en el aire tras haberlo levantado para golpearle. Bueno, seguro que no había sido ni consciente de lo que había hecho pero Francia prefería decir que lo hacía para hacerle daño y quizás, si le lloriqueaba un poco, conseguir mimos. Eh, que era cierto, le había hecho un daño terrible y seguro que la mejilla se le iba a quedar roja durante un buen rato. No había que olvidar que ahora el hispano volvía a contar con su fuerza habitual y Francis sabía que no era moco de pavo.

- ¡Serás bestia! -gritó lloriqueando- ¡¿Por qué me pegas?! No estaba haciendo nada tan malo. ¡No tenías la necesidad de golpearme de esa manera! Yo que venía con la mejor de las intenciones a darte una sorpresa...

- ¿Por qué lloriqueas ya de buena mañana...? -murmuró España aún dormido y sin percatarse de que el timbre de su voz era más grave.

- ¡Me has pegado! ¡Me has dado un puñetazo mientras yo me esforzaba por despertarte! -se quejó el francés en un espectáculo de dramatismo.

- Bueeno... Perdón... -dijo sin ganas el de cabellos castaños.

- Yo que iba a darte por fin la buena noticia de que vuelves a ser un hombre~ -dijo ahora mirándole de reojo, a ver cuál era su reacción.

Se produjeron lo que a él le parecieron unos eternos segundos antes de que Antonio entreabriese los labios y se animase a preguntar.

- ¿Qué...?

- Que has vuelto a ser un hombre, querido~ Ya te dije que la magia de Inglaterra era una birria, no ha aguantado un mes entero siquiera.

Pero España al parecer no podía creerle. También era comprensible que tras unas tres largas semanas, hubiese incluso pensado en los peores escenarios en los que no volvía a ser un hombre nunca más. Sin abrir los ojos, lo primero que hizo fue llevar la mano a su pecho, que ahora estaba plano. Lo segundo que hizo fue llevarse una mano a la entrepierna. Francia dibujó una sonrisita juguetona. Bueno, ver aquello no estaba nada mal tampoco. Fue entonces, cuando notó que volvía a tener sus regiones vitales en su sitio y de la forma en la que deberían estar. Abrió los ojos y se le fue dibujando una sonrisa tonta mientras se levantaba de un salto de la cama e iba a mirarse al espejo más cercano. Antonio se reía incrédula y felizmente, mientras murmuraba cosas en español que Francis ni se molestó en intentar entender. Comprendía el mensaje en general y ese era que España estaba tremendamente feliz y él mientras se entretuvo mirando su trasero apretado en ese pantalón. Pero de repente se incorporó un poco más, sorprendido al ver que Antonio se empezaba a quitar la ropa.

- ¿Quieres que tu hermanito Francia te ame un poquito para celebrarlo? -dijo sonriendo como un imbécil y casi babeando de la emoción. Es que se estaba olvidando de todo menos de España, delante de él.

- No seas tonto y cámbiate de ropa. Nos vamos a preparar una venganza contra Inglaterra por haberme transformado en mujer. Y digo "nos" porque desde ahora te has convertido en mi mano derecha en esta operación.

Le miró anonadado durante unos segundos. En ese rato ni pensó en que España estaba medio desnudo y que podía aprovechar y mirarle. Lo único que le pasaba por la cabeza en ese momento era que quería vengarse de Inglaterra. De repente se le fue dibujando una sonrisa en el rostro. Se levantó y se fue quitando la ropa.

- Es por cosas como estas que eres mi preferido, España.

Fin.


Pueees se acabó owo... No quería poner lemon en este fic, ya os lo dije, así que lo siento =u= Es un final que dejo a vuestra imaginación, la venganza y todo eso. Aunque si queréis contarme que creéis que pasó con Inglaterra, yo encantada escucho vuestras historias ouo... Otra cosa, el horario de actualización va a cambiar, ahora será viernes noche o sábado por la mañana-mediodía... Cambio de horario de trabajo que me impide hacerlo como normalmente.

Paso a comentar reviews, después un poco lo que haré a continuación. ¡Os dejaré escoger así que leer hasta el final! Como siempre, los reviews firmados los contestaré, a los otros, deciros que muchas gracias por leer mi fic y por dejar reviews que animan a continuar escribiendo cosas de estos dos :D

Izumiwi, xDDD Lo siento, Antonio pasó por todas mis macabras ideas xDDD... Aunque lo del embarazo no se me ocurrió. Dios eso sí debería ser una agonía de las grandes XDDD

Misao Kurosaki, Ueee xD algo nuevooo... Bueno depilarse parece otro tema tabú... Quiero ser chica anime para estar toda depiladita sin sufrir! XDDD España estuvo en su salsa, sí xD Se lo pasó demasiado bien xDDD... El final tampoco era el gran evento, pero al menos hubo más roce y todo eso xDDD Me lo pasé muy bien en el salón del manga, aunque sólo fui un día ouo Gracias!

Yuyies, le falta carácter, creo yo, por el simple hecho de que Francis la cuida demasiado bien. Al estar tan mimada, pues se está quedando ahí toda mansita. ¡Francia sabe cómo dominarla! xDDD Bueno, no veo tampoco a Francis siendo demasiado insistente, ahí, viendo que ella es así femenina y bonita XD Cosas de mi mente xDDD. El francés es muy muy pelma cuando se trata de estar "aceptable" xD Gracias por el review -lanza amor-

Chic, xDDD Francia es un listo... En general poca resistencia menos en la cama, que ahí es un fiera XDDD Tenemos la teoría de que se alimenta de la energía vital de los demás *XDDD * Si te soy sincera, yo también sufrí imaginándomelos manchando la casa con la cera xD porque también la imagino refinada XDDD

Bueno y eso es todo. Ahora, pues iba a publicar uno pero he pensado que realmente no me importa cuál poner. Os daré tres opciones, sin contaros mucho de qué van, y me decís en el review qué preferís. La opción que se lleve más votos será la que el viernes se publique.

1. Fic corto de 1 o dos capítulos, AU.

2. Fic mediano, no sé cuántos capítulos, AU.

3. Fic largo, AU.

Sí, lo sé, todos son AU. ¿Qué preferís? ¿Algo breve o estáis preparados para embarcaros en un fanfic largo? Tengo 5 por publicar, tres son largos, el oneshot y el otro más cortito. De los largos sé el que publicaría, pero no cuento nada.

La decisión es vuestra.

Un saludo, nos leemos la semana que viene :3

Miruru.