Capítulo I
"Bajo la lluvia"
"El cielo azul que mire aquel día ha desaparecido"
La vista del atardecer desde mi habitación era hermosa, los colores marrones se iban haciendo más oscuros conforme pasaba el tiempo, abrí la ventana y deje que el viento despeinara mi cabello, desgraciadamente solo podía dejarla abierta por unos momentos ya que últimamente mi salud no era muy buena, me sentía mareada, con dolores de cabeza y ganas de vomitar; a veces llegaba a sentirme inmensamente triste sin tener una razón, sentía ganas de arrancarme un pedazo de la cabeza.
Recargue mi mano sobre la hoja blanca que yacía en mi escritorio, no tenía ganas de nada, había estado dibujando, en la hoja había una imagen de una chica sentada en el suelo, alrededor de ella había una gran oscuridad pero era como si ella fuera una luz; el cabello le tapaba los ojos, estaba vestida con un vestido largo de encaje negro y sus alas blancas parecían deshacerse; sus manos sostenían una rosa negra con espinas las cuales la chica apretaba fuertemente; era un dibujo triste, siempre me había gustado dibujar así, reflejando mis sentimientos me sentía identificada.
Quería dormir eternamente sin dar importancia al mundo que avanzaba fuera de las cuatro sólidas paredes que me encerraban en la gigantesca y acogedora mansión Camden; pero por otro lado quería salir y ver el mundo de nuevo, quería ver a los niños sonreír felices mientras corrían por los parques, pero... si me ponía a pensarlo, probablemente al final eso me haría sentir inmensamente triste al darme cuenta de la situación en la que me encontraba: sola, triste, sin compañía; quizás ese era mi destino, morir sola, quizás este solo era una mala situación y yo podría salir de esto, quizás "esto" solo era una de las pruebas que la vida te ponía en el camino como una prueba de si mereces vivir o no, yo no iba a rendirme.
El viento soplaba fuerte y emitía un ruido tenebroso cuando se colaba por entre las ventanas, había anochecido y la habitación solo era iluminada por los rayos de la luna que atravesaban el cristal de las ventanas, temía que a mi lado se encontrase algún monstro o alguna cosa que se proponga hacerme daño; me sentía como una niña pequeña, me sentía patética pero aunque me encontraba sola no podía comportarme así, mañana era día de escuela y necesitaba dormir.
Me desperté a las once y media de la mañana, salte de mi cama y me metí al baño, dure media hora allí dentro y cuando Salí comencé a cepillar mi cabello, me puse las calcetas y los zapatos después corrí escaleras abajo mientras arrastraba mi mochila y caí sentada en una de las sillas del comedor.
Llegue a casa de Miranda a las doce cuarenta y cinco y me encontré con que ella apenas se estaba poniendo el uniforme, su único pretexto era que ella vivía a una cuadra de la escuela a la que asistíamos, me preguntaba si no se aburría de que nunca había salido del mismo cuadro, quiero decir, el kínder, la primaria y la secundaria a las que había asistido de encontraban a ¡una cuadra de su casa!, yo hubiera muerto. Conocí Miranda al terminar las clases, esa tarde el viento había comenzado a correr fuertemente y las nubes negras se acercaban rápidamente así que los maestros decidieron mandar a cada quien a su casa antes de que comenzara a llover, sin embargo había personas como ella y como yo que tenían que esperar a que el auto de vuelta en la esquina del parque frente a la escuela y generalmente tenía que esperar media hora allí parada para poder ver esa escena. Ambas estábamos paradas frente a la puerta sujetando nuestras faldas, platicamos sobre donde vivíamos, en que grupo íbamos y cosas así; la lluvia ya había comenzado a caer cuando vimos un autobús acercarse
-¿y si nos subimos?, mi abuela vive cerca de tu casa- me miro indecisa y después saco dinero de su mochila, el camión se detuvo frente a nosotras y subimos las escaleras lo más rápido que pudimos y cinco minutos después nos bajamos en una esquina, conforme pasaban los días me daba cuenta de que ella era como muy seria y tranquila pero después me di cuenta que era todo lo contrario.
Ella no sabía nada sobre el baile o sobre la mordida que había recibido hace años, no sabía cómo reaccionaría, probablemente me llamaría loca, una parte de mi me decía que ella lo comprendería pero no estaba segura, era un secreto que debía mantenerse en secreto, quizás después podría contárselo.
Era la una treinta y dos de la tarde y mi rutina mañanera estaba cumplida, ahora solo tenía que esperar a salir de clases para terminar con mi horario, comenzamos a caminar lentamente hacia la escuela. Llegue muerta a mi casa, ese había sido el último día de clases, ¡dos meses sin que me duela la cabeza! Y sin tener que ver el rostro de la estúpida de Pamela Sanders, una de las alumnas del segundo "i" que se la vivía molestándome, esa chica era mi completo dolor de cabeza. Su odio por mi comenzó en el segundo año de secundaria – ósea hace tres años atrás- el caso era que el idiota que me pretendía quien sabe que cuento le metió a la cabeza y ambos se hicieron novios, estaba casi segura de que él le había dicho que yo era la que lo perseguía, y no solo se enteró ella si no todo su grupo, dure la mitad del segundo año y todo el tercer año viviendo con esa vergüenza, sin embargo al principio yo no la odiaba, es más, ni siquiera me caía mal hasta que empezó a reírse de mí, quien sabe qué cosa inventaba pero la odie a ella y a su estúpido novio, el cual no estaba muy guapo que digamos.
Miranda se haría de viaje por un mes a un crucero y aunque había insistido en que fuera con ella sencillamente no tenía ganas de subirme a un barco en ese momento, "¿Qué pasaría si resulta que soy sonámbula y me tiro al mar?", eso fue lo que le dije y al parecer no quería seguir rogándome sabiendo que no iba a ir y en realidad me daba flojera. Demasiada.
Pase los días haciendo nada, últimamente no podía dormir durante la noche y mis sueños extraños comenzaban a ser aún más extraños, me acostaba a las diez de la noche y me dormía a las cinco de la madrugada… despertaba a la una de la tarde completamente mareada, mi madre me regañaba y todos los días iba a mi habitación a abrir las ventanas según ella para que se ventile el cuarto, pero sabía que quería que me levante y ella sabía que yo odiaba que abriera las ventanas cuando el sol estaba a todo lo que da, solo por eso lo hacía aun así solo conseguía que yo me volteara y tapase mi cabeza con la almohada; tenía que sostenerme de la pared para no caerme, eran demasiadas desveladas, mi padre me dijo que un día de estos podría amanecer muerta si seguía así, mi presión se bajaría, yo solo me calle y me encerré en mi habitación, tome el mp3 y me tire sobre la cama, era todo lo que hacía mientras me sentía acabada, sentía que un pedazo de mi cabeza explotaría en cualquier momento…
Me senté en una sala ubicada en los jardines de la mansión, estuve estudiando mientras lloviznaba en Londres, hacía ya seis años desde que yo había comenzado a estudiar magia y hechicería, me parecía interesante, había logrado aprender un sinfín de hechizos durante todo ese tiempo, pensaba en viajar por el tiempo pero a la vez detestaba la idea, me había convertido en un vampiro sangre pura que no bebía sangre, esa era la razón por la que me enfermaba de la misma manera que un humano –supongo-, Recargue mi pie en una pequeña tabla de madera pero al parecer estaba floja y me corte el pie con uno de los tornillos, salte en un pie hacia el baño para poner alcohol en la herida mientras iba dejando un caminito de gotas de sangre por todo el piso; ¡genial!, ahora no podría caminar bien.
Dos de julio, hoy festejaban mi décimo sexto cumpleaños como siempre, bajo la lluvia y no me molestaba al contrario yo adoraba ver llover; las únicas personas que me felicitaban eran los sirvientes de la mansión, mi mejor amiga, los que se acuerden y por supuesto mis adorados padres.
Mi madre trajo un pequeño pastel con seis pequeñas velas a mi recamara y ambos me entregaron un pequeño cofre azul añil con muchos detalles en plateado, ninguno de los dos me dijo para que era, parecía sospechoso los dos sabían que yo amaba las cosas sobre naturales, imagine las cosas que podría tener adentro y al final me arrepentí; era un poco miedosa cuando estaba sola –siempre y cuando me dieran cuerda-. Pase la mañana dentro de mi cuarto, solo me quede recostada en la cama escuchando canciones de Muse mientras la lluvia caía a cantaros y mis padres tomaban un vuelo a un lugar lejos de mí, antes de irse mamá me dio un gran abrazo y papá me prometió que al día siguiente estarían de vuelta en casa, sentí que no debía dejarlos irse, que tenía que ponerme a hacer berrinches como una niña pequeña si fuera necesario pero no hice nada solo los mire irse.
Tenía miedo de que esa fuera la última vez que mirara sonreírme, esa era la razón por la que había pedido a mi madre que fueran primero al viaje en avión y no al que tenían que viajar en auto, las carreteras aquí tenían demasiadas curvas, incluso había un lugar al que llamaban "el cajón del diablo" y no porque allí se apareciera si no porque en ese lugar había muerto mucha gente y todo gracias a que no sabían construir carreteras.
Me había convertido en una aburrida –temporal-, asistía a la escuela en el turno vespertino pero ahora todos me ignoraban y yo ignoraba a todos trataba de no darle importancia, Miranda llegaría a la ciudad en unas cuantas horas y estaba ansiosa por volver a verla, ella era mi confidente y mi cómplice en cada cosa que yo hacía, no podía simplemente dejar de verla y hacer como que nunca la conocí. Tenía una personalidad un poco parecida a la mía nomas que más inteligente, yo diría algo como eso, me consideraba una loca por la música de dieciséis años recién cumplidos que no sabía cómo arreglar su vida aunque se la pasaba dando consejos buenos.
Miranda tenía un novio, guapo y perseguido por las chicas, él había decidido cambiar con tal de que ella lo aceptase como su novio, me alegraba que ella estuviera "enamorada" o tuviese su primer novio –sinceramente no sé si él era su primer novio pero supongo que sí, me lo habría dicho- pero ellos eran como ¿el agua y el aceite? – ¿Miranda y Shane?- quiero decir, ella era una alumna perfecta, buenas notas, buena disciplina y el, bueno pues el… ni siquiera estudiaba, estaba metido en problemas y conforme me iba enterando lo consideraba un muy mal partido para mi mejor amiga, no lo conocía pero lo que sabía hasta el momento bastaba para no estar conforme, era mi "MAPS" (1) y se merecía algo mejor ¿no?
"Lost" (2) resonaba fuertemente en mis oídos mientras caminaba por las calles, estaba parada a la orilla de un mirador, el aire fresco corría por todas partes, eran alrededor de las siete de la tarde y el cielo estaba teñido con tonos grises, la lluvia caía levemente pero no había dejado de llover en todo el día, las calles estaban inundadas y no era raro ver uno que otro auto a mitad de la calle, en esta ciudad solo caía una pequeña llovizna y parecía que un huracán había estado allí por semanas, todos en este lugar sabían eso.
Me gustaba estar sola, en mi soledad me la pasaba imaginando conversaciones que nunca tendría, soñando despierta y pensando en que sería de mi si me hubiera quedado en esa habitación junto a esa persona esperando una explicación, si tan solo hubiera podido ver su rostro entre toda esa oscuridad eterna, quizás en este momento mis dudas serian un poco más claras, podría buscar a esa persona y después, ¿después qué? ¿Qué haría después? ¿Le reclamaría? ¡Por dios! Me sentía una completa estúpida estaba perturbada por esa escena en mi vida cuando probablemente aquella persona ni siquiera lo recordaba, -alguien robo mi sangre- eso era lo que hacían los vampiros ¿no? Tomar sangre de los demás pero, todo lo que sucedió esa noche, yo había estado todos estos años tratando de olvidarlo pero el pasado volvía a mí en los sueños, soñaba con esa imagen, como si alguien quisiese atormentarme, si esa era la razón por la que quería saber quién había sido aunque no estuviera segura de que mis sospechas sean ciertas, sería bueno investigar y llegar al fondo de esto, la vida de los vampiros –de la mayoría- siempre era todo un caos, vidas difíciles y tristes, yo no quería ser como los demás, vivir de esa manera, yo quería ser más inteligente que ellos.
Alguien sobre una bicicleta me saco de mi mundo cuando casi me atropellaba, me moví rápido y mire por un momento a la chica que avanzaba sobre la bici, -dios casi muero- pensé sarcásticamente mientras una pequeñas sonrisa se dibujaba en mi rostro, me sentía vigilada y no sabía porque, pero lo supe en cuanto me hice la pregunta; una persona llamó mi atención, un chico que me miraba desde el otro extremo de la calle a unos veinte metros de mí, estaba recargado en una pequeña barda de piedra con las manos en sus bolsillos, él estaba completamente vestido de negro, sus ojos rojos eran hipnotizan tés, por un momento sentí como si mirara dentro de mí, me sentí invadida, como si supiera lo que estaba pensando y un escalofrió recorrió bruscamente mi espalda, note que la noche había caído y las luces iluminaban levemente las calles, sabía que estaba sola, esa parte de la ciudad no era muy transitada durante la noche, ese chico era idéntico al que había visto en mis sueños hace siete años y no sabía si huir o tratar de averiguar algo -Christopher- aquel yo vampiro lo había llamado de esa manera, no pasaría nada si me acercaba a él, no sabía cuánto tiempo él había estado allí parado mirándome, quizás había estado siguiéndome, esa pudo haber sido la razón por la que durante mi caminata me había sentido nerviosa.
Cuando estuve a punto de dar el primer paso escuche una voz conocida gritar mi nombre, automáticamente voltee y vi a Miranda corriendo bajo la lluvia hacia mí con un paraguas en su mano derecha y con su mano izquierda cargando una bolsa de las que te dan cuando compras ropa
-¡Hey!, te abrazaría pero no sé si quieres mojarte- dije con una sonrisa en el rostro – se supone que volverías en una semana-
-yo que llego justo en tu cumpleaños ¿eh? ¡Fue una sorpresa!- ella me entrego una caja verde esmeralda adornada con un lazo negro de encaje, dentro encontré unos aretes en forma de rosa
-¡son hermosos!- como mi mejor amiga Miranda sabía que me gustaban las rosas y yo sabía que a ella le gustaban las estrellas, ¡cualquier cosa que tenga estrellitas! –Gracias Mir- dije con una gran sonrisa pero después recordé a la persona que tenía mi atención hacia pocos minutos y voltee a mi izquierda, el ya no estaba, mire a todas partes, no se veía por ninguna parte, Miranda noto mi intriga
-¿Qué buscas?-
- "El desapareció"-quise decir pero solo me quede en un "Nada"
Corrimos de vuelta a la casa, Miranda fue a su habitación y yo a la mía, me di un baño y me puse un short y una blusa, mire el patio por una de las tres gigantescas ventanas de mi cuarto; la lluvia aun caía y los rayos alumbraban en la oscuridad, me senté en el sillón negro frente a la ventana y me recargue en los cojines de colores tras de mí, pasaron horas y no podía dormir, solo me quedaba mirando la lluvia caer desde mi cómoda silla, era raro que mi mejor amiga no haya venido a mi habitación, más aun cuando todavía era mi cumpleaños, camine hacia su habitación y me di cuenta que no había nadie así que baje las escaleras, me quede parada a mitad del camino, frente a mi encontré cientos de globos azules, verdes y negros por todas partes, la chica del cabello castaño me vio y fue corriendo hacia mí para después arrastrarme a su habitación
-vamos, no puedes estar vestida así en tu fiesta –
Ella lucía un vestido rojo sangre, comenzó a peinar mi cabello y después saco un hermoso vestido azul petróleo del armario, me ordeno que entrara al baño y me lo pusiera, me mire en el espejo, me gustaba como me veía, pero todo lo que había hecho Miranda durante el tiempo que pase encerrada en mi habitación me parecía un poco extravagante para solo dos personas, pero después recordé a Shane, el novio de Miranda, seguramente ella lo había traído y si efectivamente lo hizo y no solo a él sino también a Michael.
Baje las escaleras siendo jalada por Mir, a veces podía tener mucha energía, parecía feliz y eso era bueno; su novio me saludo con una sonrisa y un gesto con su mano, yo solo sonreí a los dos chicos frente a mí, pasamos la noche platicando, comiendo, cantando, corriendo, saltando, bailando y gritando… eso nomas cuando Michael subía todo el volumen a las bocinas, se llevaba bien con Shane, creo que se conocían desde antes, la celebración termino a las casi doce de la noche y la única razón por la que se fueron fue porque dije que mi cumpleaños ya se había acabado aunque aún faltaban unos diez minutos, me sentía cansada pero la había pasado bien, cuando subimos las escaleras Miranda volteo a verme
-Dime que te pareció-
-¿Qué cosa?- no sabía si se refería a la fiesta o a su nuevo novio
-¡Shane!-
-Pues… parece ser simpático, es muy gracioso- ella solo sonrió
Cerré la puerta de mi habitación, me moría de sueño, seguro dormiría hasta el mediodía pero me encontré con un pequeño regalo sobre mi cama, una cajita negra con un moño blanco; no decía de quien era pero dentro de la caja había un collar de plata con un diamante colgando de la cadena; no sabía que pensar y después encontré un pequeño sobre en el cual leí un "Feliz cumpleaños" con una hermosa y perfecta caligrafía, decidí que no estaría mal ponérmelo, era sencillo pero elegante, me gustaba. Esa noche no pude dormir ni un solo momento hasta que dieron las cuatro de la mañana, había estado escuchando canciones de Santa rm mientras miraba los demás regalos que había recibido, Shane me dio un pequeño espejo de plata pero este espejo no era cualquier espejo, si veía reflejada a una persona ahí, no lo vería en su forma humana si no como lo que realmente era, también podía ver sus almas; eso fue lo que él me dijo pero hubo un problema cuando lo cogí en mis manos, una luz destello mientras mi piel contra la plata se sentía demasiado fría, después todo volvió a la normalidad, no supe porque había pasado eso, hasta el momento según el único poder que tenía dentro de mí era que podía leer la sangre y el alma de las demás personas.
Michael me entrego un brazalete un poco extraño, él dijo que era un arma contra cualquier ser sobre-natural, mi primo me conocía y al parecer me quería cuidar después de todo el volvería a Londres mañana mismo.
Desperté a la una de la tarde, las cortinas color dorado pálido estaban cerradas y unos pequeños rayos de sol se colaban por debajo de la puerta, sentía mi cuerpo débil, -de nuevo- me sentía mareada y mi cabeza daba vueltas eran como punzadas en toda mi cabeza; me sentí caer lentamente de mi cama mientras mi mirada estaba fija en el techo, seguramente parecía ida, era verdad lo que Valentine, mi padre me había dicho, podría morir por esto y yo lo sabía, sin embargo ahora me importaba poco no tenía ganas de seguir viviendo, no estaba consciente de que dejaría atrás a las personas que me quieren, mis amigos mi familia, -no lo estaba en ese momento- no me importaba, llegue a olvidar que no estaba sola en el mundo, solo me quede allí tirada sobre el frio piso en mi habitación, viendo mi vida pasar ante mis ojos mientras la leve herida a un lado de mi ojo derecho sangraba lentamente y sin darme cuenta me dormí de nuevo, algo extraño es que mis sueños aterradores se presentaban durante el día.
Pude ver a un chico con la cara agachada, era una tarde nublada y el viento corría fuertemente; él estaba sentado en la orilla de la banqueta frente a mí, comenzaba a levantar su cabeza para mirarme pero todo se hizo negro y desperté en el suelo a un lado de mi escritorio. Solo podía escuchar una de mis canciones favoritas que resonaba en el silencio sin fin de la mansión, comencé a sentir un frío extraño; como si algo o alguien lo atrajera, tenía miedo; pegue mi espalda a la pared mientras aún me encontraba en el piso, miraba hacía todas partes pero no había nadie, sin embargo yo seguía sintiendo una presencia en la habitación y sabía que en ese momento quizás estaba sola.
Salí corriendo del cuarto mientras abandonaba allí dentro todos mis miedos acumulados, todos los monstros que en ese momento me asechaban, sabía quién podría ser ese chico, lo que no sabía era porque él estaba tras de mí.
1.-"MAPS": Son siglas, Mejores Amigas Por Siempre.
2.-"Lost": o "Lost in You" es el nombre de una canción cantada por "Red".
