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Aisa hacía dolorosas muecas bajo la espuma. Laki enjabonaba sus cabellos, pero burbujas blancas e infladas desbordaban de esa tundra de pelo, enredo y mugre. Si no fuera por su prima sería una niña roñosa, y no había nada de malo en eso. No podía haberlo. La espuma en cambio, hacía picar los ojos.

A la altura del abdomen flaco y desnudo, otro dolor. Punzante y abrazador, ¿por qué así?, ¿por qué tanta sensación podrida?, ¿por qué ella y Laki y no Wiper?.

-¡Duele!-gritó, arrancando su cola del asiento y alzándose sobre sus dos piernas, ancas frías y pícaras que la llevaban y traían de regreso de la sagrada Shandora cuando los adultos le sacaban los ojos de encima. Estiró sus brazos como abrazando una brisa repentina, luego sus manos atacaron su espumante cabeza y revolvió el menjunje -¡Duele!-repitió, agónica, quisquillosa.

Laki vio a la niña agazaparse, aferrada a sus tobillos. Suspiró y extendió una mano de dedos burbujeantes para acariciarla.

-Tía te está preparando una infusión, pasará, no te preocupes-susurró, amable. Su prima no pudo ver la amargura furtiva en su mirada.

El cuerpecito ensimismado y quieto la llevó a pensar que algo andaba mal, antes siquiera de preguntar Aisa la sorprendió con una voz rota:

-¿Por qué no dejaste que Kamakiri me tocara?-No la miraba, sus pequeños hombros caídos parecían estar muy lejos, aun teniéndola sujeta del hombro derecho.

Cuando Laki comprendió lo que sucedía, la tomó de la mano y le metió prisa hasta el hogar. Tuvo que tironear a una niña, riñar con una niña, convencer a, una mujercita. De camino al hogar, Kamakiri las saludó saliendo de detrás de una carpa, como siempre hacía. Tenía ese don de estar en cualquier parte.

A Aisa le molestaba que la tratara como una infanta y fuera tiernamente cargoso con ella, pero esa vez, sin reírse, Laki le exigió que no la tocara, tenían prisa. Y algo en la expresión oculta del hombre le hizo saber que compartía con su prima algo que ella no llegaba a comprender. Era extraño y horrible. ¿Por qué lo que ocultan los adultos es tan fácil de leer y tan sombrío?. No dejaba de ser así ni con Kamakiri, incluso con él, que la divertía, que era su amigo.

'No puedes tocarla', le habían dicho. Y su amigo retiró la mano sin insistir, casi dolía, si su estómago no le diera patadas en ese entonces y ahora. Si su prima no hubiera empleado ese tono, si los rasgos de Kamakiri no lo hubieran delatado, si la prisa… ¿pero por qué todo eso?, ¿Por qué tenía la monstruo…, eso?, ¿era algo malo? Debía serlo, porque dolía. Porque su madre la había mirado con un brillo enternecido y lamentable en los ojos aún después de abrazarla conmovida.

Un balde de agua ahogó sus pensamientos y una aguda exclamación rompió sus labios de mujer, con el timbre de una niña. Niña, mujer, malditas; Laki lo sabía, tía lo sabía, cuando los viles espíritus entraban al cuerpo por sus bocas abiertas, la sangre putrefacta brotaba. El chaman sabía, se trataba de demonios que empollaban en sus cuerpos fértiles y luego desaparecían para volver a poseerlas cada principio de mes. De esa forma los males en el mundo arraigaban sus raíces en la humanidad, tomando a las mujeres humanas que tontamente abren sus bocas. Y estaba bien, era la naturaleza, natural. El bien y el mal han de ser siempre una balanza.

La mujer engendraba demonios y hombres, estaba bien.

Pero sería malo que un hombre tocara a una mujer cuando está poseída por oscuras energías; la desgracia y la fatalidad apuntan a ella, atraídas y en consonancia con el aura femenina y maligna. Una mujer que menstrua no puede acercarse a las cosechas, no puede acompañar a los pescadores con sus redes, manchar la comida o la cara inocente de los niños. Todo se pudre, se corrompe, culpa de los demonios que llevan dentro y sus bocas tontas.

Es el destino de la mujer cargar el estigma, la repugnante realidad de ser infortunio para los seres queridos. Una mujer, debe ser venerada y cuidada por el hombre, porque le da sus hijos y prolonga la existencia de la raza, pero también hay que resguardarse de la maldad que acarrean. Malas, otras, estigmatizadas, por ser mujeres.

Malas, por llevar el demonio dentro. Otras, por ser la contrapartida de lo masculino. Estigmatizadas, por ser causa de las adversidades de la humanidad. Mujeres, por no haber nacido hombres.

Cuando Laki acabara de lavar el cuerpo maldito de su prima habría de llevarla con el chaman para que la purificara mediante un ritual, y debería vestirla con el atuendo acostumbrado a esos casos, para que los hombres pudieran ver en ella la maldición y alejarse de la blanda calamidad como se huye de las moscas.

Así hasta que cumpliera la mayoría de edad y el chaman decidiera que su ritual había surtido efecto y las energías malignas se hubieran aplacado. Pero la sangre manaría una vez al mes hasta muy entrada la edad, el estigma seguiría ahí. Y su marido no permitiría que tocara a sus hijos varones durante el menstruo, y una Aisa ya madre habría de explicarle a sus hijas que a partir de la menarca su femineidad se vería rechazada, habría de explicarles lo que los labios de Laki callaron de momento.


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Nota: Muchas culturas, muchas acepciones distintas de la menstruación.