¡DISCUULPEN EL ATRASO! ¡PROMETO ACTUALIZAR MÁS PRONTO!
¡Hello! ¿Qué tal? Espero que se encuentren de maravilla, Bueno, quiero recordarles que la historia no es mía sino del excelente autor Carlos Cuauhtémoc Sánchez, ni tampoco los personajes, ellos le pertenecen a las fabulosas CLAMP y bueno espero sus comentarios y empezamos:
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Capítulo 2
SEXO-ADICCIÓN
Salí de la avenida conduciendo muy despacio. Aunque tenía presente el tono sensual provocación en la voz de Meilín cuando dijo "adonde tú quieras", no podía tomar la iniciativa de llevarla a la habitación privada sin ratificarlo. Dentro de los preceptos ineludibles de la seducción estaban el de nunca mostrarse demasiado ansioso y el de parecer dispuesto a conversar indefinidamente como todo un buen intencionado amigo.
Sobre la calzada observé la indicación de un próximo centro comercial. Accioné el freno y viré con cuidado para subir por la rampa del estacionamiento. Detuve el automóvil en un cajón alejado de la entrada del supermercado y apagué el motor. Con las ventanas cerradas y el coche inmóvil se presentó un tenso pero fraternal silencio.
-¿Qué vas a comprar?
-Nada…-titubeé como un adolescente desmañado y ella sonrió para darme confianza.
-Meilín…- recomencé-: lo que te dije mientras bailábamos… es cierto. Desde hace unos meses sueño con estar contigo. Eres la mayor ilusión de mi vida. Nunca tuve el valor de confesártelo pero he sido tu gran admirador anónimo durante meses…
Se me apagó la voz. No quería cometer ningún error y eso me hacía sentir más tenso de lo normal.
-Gracias por sacarme de esa fiesta- murmuró-. Necesitaba platicar con alguien que me apreciara…
Mis manos jugueteaban pasando las llaves de un lado a otro. Ésta era la parte más difícil de la conquista. También era la más emocionante y peligrosa. Debía besarla, pero, ¿cómo franquear ese metro de asiento que nos separaba?
-Vamos a comprar una botella. Me gustaría brindar por nuestra amistad.
Asintió.
Salí del auto excesivamente rápido. Sólo necesitaba estar cerca de ella… Le di la vuelta al coche y abrí su portezuela; me tendió la mano para ponerse de pie. No retrocedí ni un centímetro.
-¿Vamos?- sugirió.
-No tienes idea de cómo me gustas, Meilín.
Estábamos en la posición perfecta, pero no quiso levantar la cara.
-Vamos- repitió.
"¡Maldición, vamos!", pensé. Cerré el coche y caminé a su lado. La abracé por la espalda sin conseguir que cooperara.
Compré vasos desechables, botanas, refrescos de cola y una botella mediana de brandy. Al entregarle el dinero a la cajera vi los sobres de preservativos al lado de mi amiga. Hubiera sido imposible tomar uno sin que se diera cuenta. (Chasqueé la boca.)
Hacer el amor sin protección era apostar el todo por un poco, y ya me estaba cansando de esas emociones. (Moví la cabeza después.) ¿Quién me había dicho que me saldría con la mía?
(Sonreí.) En todo caso los juegos en los que se arriesga más son los que más se disfrutan.
De regreso hacia el coche la abracé nuevamente y sentí como esta vez aceptaba la caricia refugiándose en mi abrazo.
Antes de introducir la llave en la chapa volvía intentarlo.
-Me gustaría tener aquí mi carpeta de apuntes para mostrarte unos dibujos que he hecho… de tu perfil. ¿Nunca notaste que en algunas clases me sentaba cerca de ti para contemplarte? –Sonreí y bajé la vista-. No atendía al profesor, solo te dibujaba…
Cuando volví a levantar los ojos, ella me miraba muy fijo con la boca entreabierta en un gesto de ternura. Me acerqué despacio y rocé con mis labios sus labios cálidos. Dejé caer las bolsas del mercado a nuestros pies; la botella hizo un ruido sordo al chocar con el piso. No me inmuté. Apreté mi boca contra la suya para hallar la enloquecedora humedad de su lengua. Fue un beso impetuoso, cargado de verdadera pasión. La abracé fuertemente y acaricié su cabello, su espalda. Sentí el deseo de crecer como un ente incontrolable y cerré los ojos para entregarme por completo al movimiento sensual.
Cuando nos separamos Meilín respiraba rápidamente y estaba encendida de un leve rubor. Abrí la puerta para entrara al coche, tomé la bolsa del suelo y rodeé el vehículo lo más lento que pude, tratando de recuperar el aplomo. Apenas estuvimos juntos nos volvimos a entregar en un vigoroso y ardiente beso. Después de unos minutos comencé a recorrer su mi boca por su comisura de los labios, sus mejillas, su cuello, sus oídos. Al besar y mordisquear su oreja izquierda le susurraba que estaba loco por ella, que me fascinaba, que la idolatraba, que daría cualquier cosa por una noche a su lado… Meilín mientras tanto me acariciaba los muslos. Subía su mano casi hasta mi entrepierna y volvía a bajarla en una cadencia dulce y acompasada.
Me costó trabajo desprenderme de esa miel enajenante pero, haciendo un gran esfuerzo, me puse en marcha el automóvil con intenciones de ir directo a un lugar adecuado. Conocía varios por ahí. El más cercano estaba a sólo cinco minutos de distancia.
Hice el recorrido en menos de tres.
Cada habitación tenía su garaje propio con puerta corrediza, de modo que el coche quedaba escondido y la dama no era vista por nadie en su trayecto hacia la habitación.
Estacioné el vehículo hasta el fondo. Salí a pagar al encargado y cerré la mampara exterior con el aplomo de alguien que se mueve en sus terrenos. Pero al volver el coche Meilín me esperaba fuera de él con un gesto de franca perturbación.
-¿A dónde me has traído?
-No te ofendas, amor. Éste es un lugar excelente para escuchar música, brindar y conversar lejos de la molesta gente. Por favor, tranquilízate y confía en mí… Te prometo que sólo haremos lo que tú quieras.
Y al decir esto último le acaricié la barbilla con el índice y el pulgar…
-Estoy tan confundida y triste…
-Vamos, no pienses en nada. Sólo vive el presente y relájate.
Me acerqué y nuevamente la abracé. Recargué mi cuerpo contra el suyo para hacerle percibir mi masculinidad y esta vez paseé mi lengua por su cuello y la introduje suavemente sobre su oído.
Se estremeció.
Miré el nacimiento de sus pechos sobre su generoso escote y quise agacharme a besarlo, pero no me atreví. La deseaba demasiado para darme el lujo de mostrarme impaciente.
Meilín volvió a buscar mi boca. Respiraba agitadamente y parecía haberse decidido a olvidar preocupaciones y temores. Al besarme comenzó a desprender uno a uno los botones de mi camisa. Cuando llegó al pantalón jaló hacia arriba la tela para que ésta quedara totalmente suelta. Luego me frotó el tórax y deslizó la prenda hacia atrás, dejándome semidesnudo.
Yo no podía dar crédito a lo que había hecho. El corazón me latía a mil por hora; la cabeza me daba vueltas y mis pies flotaban.
Le enmarañé el cabello y busqué la cremallera del vestido en su dorso: en cuanto la tuve entre mis dedos inicié un movimiento lento para bajarla, sin poder evitar el temblor de mis falanges y mi sudoración de mis palmas. Cuando el cierre no pudo descender más, sobé su espalda con ardiente furor y atraje el vestido hacia adelante mientras le acariciaba sus hombros desnudos. Entonces se descubrieron totalmente sus formas femeninas resguardadas aún por la suave tela del sostén. Me separé un poco y rocé apenas con las yemas de los dedos las marcadas puntas. Luego seguí la línea del sujetador hasta dar con el seguro; lo destrabé sin ningún problema y ella, mirándome fijamente, hizo un ágil movimiento con los brazos para liberarse del incómodo ceñidor. A tal grado me asombró la belleza de esos senos blancos, turgentes, cálidos que en vez de tocarlos me limité a contemplarlos. Luego atraje a la chica hacia mí y sentí una extraordinaria calidez al momento en que sus pechos desnudos se aplastaban en mi cuerpo. Llevé lentamente las manos hacia su cintura y comencé a buscar la forma de bajar por completo el vestido de algodón.
-¿Vamos al cuarto?- sugirió.
-Por supuesto.
Solo, en mi habitación, después de haber dejado a Meilín en su casa cerca de la una de la mañana, me hallé cara a cara con el monstruo de los excesos y sentí un viso de temor… Caí en la cuenta de que el sexo se estaba convirtiendo para mí en un vicio, en algo básico, prioritario, central… en una necesidad creciente. ¡Y cuanto más la saciaba, más se incrementaba! ¿No le ocurría lo mismo a los farmacodependientes o alcohólicos? Pero, ¿cómo controlar ese descomunal deseo? ¿Era yo el único que lo sentía? ¿No lo experimentaba también la mayoría de mis amigos? Entre compañeros apreciábamos a la mujer según sus atributos eróticos.
Nos atraían principalmente sus cualidades sexuales y solíamos mentir, dañar o negociar con tal de sentir el embriagador placer de poseerlas. ¿Acaso los varones debíamos tener con el sexo precauciones similares a las que se tienen con los productos que causan dependencia?
Comencé a pasearme por mi habitación. Mi madre dormía en la alcoba contigua y yo no debía de hacer ruido. Me senté pensativo en el sillón de descanso. La aventura de hacía unos minutos había sido hermosa, pero algo no estaba bien. Había comenzado a sentir un terrible escozor en el área genital. Fui en busca de un espejo para revisarme de cerca. Hallé una reducida zona ulcerada con infinidad de pequeñas llagas. Me sentía, a la vez, afiebrado y débil.
¡Maldición! ¿Meilín me habría contagiado un hongo o algo por el estilo? Y si lo hizo, ¿se manifestaría de manera tan inmediata?
¿Entonces Rika? O Chiharu…
A mis veintitrés años había compartido el lecho con… demasiadas mujeres. No pude en ese momento definir cuántas. Cualquiera pudo haberme contaminado. Pero, ¿de qué?
Insomne traté de concentrarme en el recuerdo de cuanto había vivido esa noche buscando algún indicio de enfermedad en el cuerpo de Meilín. Me eché en la cama y cerré los ojos para revivir cuidadosa, casi morbosamente, los detalles de esa experiencia inusual.
Después del magreo en el que ella me quitó mi ropa superior y yo le quité la de ella, subimos la escalera sin decir palabra.
La habitación estaba alfombrada de color durazno. Nos descalzamos para estar más cómodos tratando a la vez de no manchar con los zapatos tanta pulcritud.
Meilín se soltó de mi brazo para caminar de un lado a otro como una niña admirando los lujos del ligar. Apenas dio los primaros pasos se deshizo por completo del vestido, dejándolo en el suelo y pasando sobre él.
-Qué calor hace, ¿verdad?- y acto seguido se agacho un poco para quitarse las mallas transparentes.
Recargado en la pared, con la boca abierta seca y los ojos muy abiertos, contemplé su casi total desnudez. Sólo portaba una pequeñas bragas rojas y se paseaba por el cuarto tocando la cama de agua, encendiendo el televisor, revisando el contenido del refrigerador.
Entonces me sentí orgulloso de poder llevas a mis chicas a este tipo de sitios. Yo era, como suele decirse, un tipo mimado por la vida. Todo se me dio siempre fácilmente. Incluso las mujeres llegaban a mí sin que hiciera demasiados esfuerzos por encontrarlas. Fui el hijo único y consentido de una mujer viuda. Mi madre, cuando perdió a su esposo y a su hija mayor, se quedó sola conmigo, impreparada, paupérrima, y tuvo que hacer mil maromas para lograr mantenerme. Trabajó de mesera en un pequeño poblado de la frontera, practicando su mecanografía por las noches, hasta que logró colocarse como secretaria. Entre tanto me dejó crecer en total libertad. Cuidaba, eso sí, que no me faltara buena comida, ropa fina y colegios particulares. Pero ella nunca estaba en casa, lo que me permitió practicar el deporte del "sexo libre" desde muy chico.
Meilín entró al baño y exclamó con tono de inocencia y espontaneidad:
-¡Hay tina de hidromasaje! Hace tiempo que no me meto a una…- se me acercó con la mirada encendida-: El doctor me lo recomendó…
-¿Quieres bañarte?- le pregunté
-Quiero que me bañes tú…
Se despojó de su última prenda. Comenzó a tararear una canción infantil sentándose al borde de la bañera y abriendo las llaves del agua. Se sabía admirada por mí y fingió no verme mientras calculaba la temperatura y agregaba burbujas artificiales.
¡AH!, qué satisfacción me causaba poder darme y darles a mis compañeras esos privilegios. Ahora tenía un carro, llevaba en la cartera dinero y tarjetas de crédito. Mamá decidió, después de verme vagar durante años por las calles probando diferentes trabajos y escuelas, mudarse conmigo a la gran urbe para obligarme a inscribirme en una buena universidad, sin saber que con ello su fortuna económica daría un extraordinario giro. Trabajando como secretaria en aquel poblado fronterizo aprendió con soltura el idioma extranjero y llegando a la capital comenzó a ganar fuertes sumas como traductora de libros técnicos. Lo primero que hizo ante el cambio de suerte fue comprarme un automóvil compacto deportivo. Así, sufrí tanto severas torceduras por tratar de acoplarme con mis primeras parejas capitalinas al reducido espacio de asiento trasero como la extorsión de patrulleros corruptos que aparecían de la nada empuñando sus linternas para husmear a través de los cristales. No me quedó otra opción que aprender a usar el coche para transportarme y a pagar hoteles caros para los demás… Después de todo mi madre sufragaba de buen modo de mis estudios profesionales. Sacudí la cabeza tratando de borrarme esas ideas y arranqué en tres segundos de mi cuerpo el resto de ropa que lo cubría.
Me introduje al agua junto a Meilín. Recorrí sus formas con una esponja y ella recorrió las mías con el jabón. El juego duró varios minutos y me llevó a un éxtasis enloquecedor. Repentinamente mi compañera de tina se puso de pie argumentándose muy acalorada; se enredó una toalla en la cabeza y caminó hacia la cama; la seguí de inmediato envolviéndome, a mi vez, con otra; la vi juguetear como un niño que mide la elasticidad de un trampolín sentándose en la cama para, finalmente, echarse sobre ella a descansar.
-Me ha entrado un sueño enorme- dijo
Y boca arriba, sin cubrir su voluptuosa desnudez, se fingió dormida. Me acerqué parándome a un costado del colchón, tragué saliva y retiré con las yemas de mis dedos algunas de las muchas perlas de agua que la cubrían. La luz estaba encendida y ella parecía gustarle que la admirara. Se dejó acariciar, contemplar, besar… Y yo lo hice extasiado, con la efervescencia y fanatismo con la que un solo un brujo puede tocar la estatuilla de su dios.
El prurito me estaba matando. Hice una pausa en mis cavilaciones. Ahí, en ese punto preciso, debía centrarme para tratar de descubrir alguna anomalía en Meilín. Si ella había tenido la manifestación cutánea de alguna infección venérea lo hubiese notado en ese momento. Claro que de haberlo percibido lo hubiese pasado por alto, pues mis facultades mentales estaban totalmente desconectadas…
No lograba recordar nada raro. Por el contrario, todo cuanto venía a mi mente era motivo de excitación.
Esa noche medité que definitivamente el sexo puede convertirse en un vicio incontrolable, pues el hombre, atrapado en el proceso creciente de adicción, se recrea con imágenes mentales llegando a creer que la mujer existe sólo para satisfacerlo. Y esto no solo me ocurría a mí. Me consolé razonando que le ocurría a muchos. ¡No a los maniáticos o degenerados, sino a estudiantes de universidades, profesores, comerciantes, médicos, licenciados, poetas, artistas y a miles de varones perfectamente normales y decentes…!
Resultaba interesante comprender que todos los hombres éramos proclives a la sexo-adicción, y alarmante aquilatar que yo era ya un esclavo de ella. Abrí los ojos tratando de razonar mejor. Había otro detalle negativo que me causaba una preocupación ingente: no satisfice a mi compañera; no logré aguardar lo suficiente; volví a explotar demasiado rápido e inmediatamente después, exhausto, me eché a su lado a descansar. Meilín se quedó muda, con los ojos cristalizados de decepción, y permanecía quieta al ver que yo declaraba terminado el juego.
-¿Todos los hombres son igual de egoístas?- cuestionó.
Entonces hice un esfuerzo y me incorporé a medias queriendo satisfacerla. No se me ocurrió preguntarle si mis caricias le gustaban. Después de un rato me increpó con una chispa de rencor en su mirada:
-¿Tú te masturbas demasiado?
-¿Por qué me preguntas eso?
-Sólo pensaba…
-¿A dónde quieres llegar?
-¿Crees que la masturbación sea buena?
-Claro que sí. Es sencilla, rápida, gratis, exenta de largos cortejos hipócritas y de peligros como el embarazo o los matrimonios forzados.
-De largos cortejos hipócritas- repitió enfatizando la última palabra-. Eso es cierto, pero, ¿sabías que si los hombres la practican de modo abusivo, en forma rápida y constante, les produce el reflejo de la eyaculación prematura?
Me quedé estático. Sentí una cubeta de agua fría. ¿Era reproche o información?
Sacudí la cabeza tratando de alejar esa nueva idea de tormento, pero no pude. Solo, en mi recámara, recordando a mi frustrada compañera comprendí que el verdadero frustrado y fracasado era yo. Con tan intensa actividad estaba perdiendo el control de mis instintos y quizá, en vez de adquirir destreza para satisfacer algún día a mi pareja definitiva, estaba acumulando disfunciones.
Después de un rato Meilín comentó:
-Es inútil… Creo que no voy a tenerlo.
En ese momento recordé la plática con Eriol: Para que una mujer llegue al orgasmo necesita cumplir con muchos requisitos mentales difíciles de lograr por una adolescente aventurera.
-¿Alguna vez lo has tenido?
-Tal vez sí… aunque no estoy segura. Lo único que realmente sé es que cada vez que hago esto me siento más sola y miserable.
Me invadió una gran tristeza por ella y por una importante identificación. También me sentía solo y miserable. La diferencia estribaba en que al menos yo había tenido un momentáneo placer.
-Eres muy hermosa- susurré-. Si me permites una confidencia y no me lo tomas a mal, te diré que no he conocido jamás una muchacha más bella y sensual. Sé que estuve fatal pero tenía las mejores intenciones. Me crees, ¿verdad, Meilín?
Mi comentario suavizó un poco sus facciones molestas. Otra vez recordé la plática con Eriol: La mujer accede a las seducciones del hombre no por el deleite físico que esto le reporta sino por vanidad. A ella le gusta sentirse admirada, amada, deseada.
-Vamos a vestirnos- sugirió, como si lo que había pasado no tuviese importancia.
"Tal vez no la tenga", me dije tratando de hacer un último intento de dormir, pero no pude. Me despabilaban dos asuntos que definitivamente sí tenían importancia: mi fracaso como amante y mi comezón.
Las primeras luces del alba comenzaron a filtrarse por las persianas de mi habitación. Había pasado la noche totalmente en vela. A los pocos minutos escuché la máquina de escribir de mi madre, quien traducía un libro. Ella trabajaba ilusoriamente por mantener mis estudios y yo falseaba las cantidades requeridas para sufragar mi vicio… Me maldije por dentro. Era sexo, pero igualmente podía tratarse de alcohol o droga…
Me tapé con las cobijas sintiéndome fuera de control. Sospechaba que estaba al borde de un enorme precipicio a punto de caer. Sólo lo sospechaba, pero era cierto.
Continuará…
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Bueno hola de nuevo, y de verdad GOMEN!, GOMEN Y MÁS GOMEN, les juro que ya no volveré a atrasarme mucho, les prometo que actualizaré más pronto
De verdad que no pude que no pude escribir tan rápido jejeje y bueno y eso que mañana tengo aporte de inglés y no he estudiado pero ya mismo estudio no se preocupen!
Y bueno ¿Qué les pareció el capi?
Espero que lo hayan disfrutado y para recompensarles por la espera les voy a dejar un adelantooooooooooo:
Me sequé la cara con la toalla de mano.
¿Y si era SIDA? Tragué saliva angustiado mirándome al espejo
%%%%%%%%%
Dr. Fujitaka Kinomoto
Disfunciones sexuales
Tratamientos individuales y de parejas
%%%%%%%%%%%%%
-¿Cuáles son tus síntomas?
Los recité mientras él se lavaba las manos y se colocaba unos guantes de cirujano
-Bájate los pantalones, por favor.
Me quedé quieto, inseguro de haber escuchado bien. Pero era lógico. Al comprenderlo obedecí de inmediato.
%%%%%%%
Bueno hasta akí los adelantos
Y bueno ahora a contestar los comentarios que me han dado!
Leonho: Muchas gracias! Y te agradezco mucho el comentario, yo también amo esta combinación!
lorna: Gracias amiga por echarle un vistazo a la página! GRACIAS
Iveth Lopez: me alegro que te haya parecido interesante amiga! Espero verte pronto!
black cerezo: Claro, es más aki está la conti y disculpa por demorar, ME ALEGRO MUCHO QUE TE HAYA GUSTADO LA HISTORIA!
sakurali23: Claro!, estaré en contacto contigo y muchas gracias por leerla, yo amo este libro y este anime! XD
Guest: que bueno que te haya gustado y pues discúlpame si no sabías que personajes estaba hablando pero bueno trataré de mejorar, gracias por tu consejo! XD
sakurali23: gracias a ti por leerme! De verdad totalmente agradecida contigo! Otra vez te lo digo XD
KkKobato0o: pues he aki el capi, disculpa la demora, prometo actualizar más pronto!
AguusDempsey: jejejeje pues ya estoy aki con el nuevo capi y pues Saku por ahora tendrá que esperar unos par de capi más pero cuando ella entre en acción pues Shaoran estará en una situación muy vergonzosa! Jejejeje y GRACIAS por leer, espero leerte pronto!
::::::
Y bueno espero muy ansiosa sus comentarios y cómo les pareció el capi y pues que más les puedo decir, ha! Ya GRACIAS a todas esas personas que me han agregado como historia y autora favorita, GRACIAS por abrirme las puertas y extenderme las manos! MUCHAS GRACIAS! Y bueno como ya les dije PROMETO ACTUALIZAR PRONTO! Y con esto me despido
Cuídense mucho y Que les vaya muy bien a todas!
Ya-né!
Att: Pamelita-Sakurosa!XD
