Capítulo 1: El destino de los portadores de la sangre del tiempo
Bueno, veo que decidiste venir, entonces comencemos, a y por supuesto, estoy muy agradecido de que estés aquí, hace tiempo que no le cuento una historia a nadie, ya empezaba a sentirme solo, pero ahora con tu fiel compañía podré no sentirme sólo, ok como te decía, nací en el Castillo de la Guardia Real de Hyrule, lugar donde mi padre, Aaron era el general y mi madre, Cristina me daba a luz…
Dentro de una de las habitaciones del castillo ella gritaba de dolor y era nada más que porque yo venía "en camino", al final todo resultó bien, pero no todo, a lo lejos por las fronteras del reino algo malo ocurría, los rebeldes deseaban derrocar al rey Daphnes Nohansen Hyrule, pasaron unos días vigilando Hyrule, la manera en que sus razas convivían y cómo era su jerarquía, la diferencia de estos enemigos era que ellos no eran sólo rebeldes, sino exiliados, ya sea por traición o por delito, a pocas palabras deseaban venganza de nuestra madre Hyrule, el plan estaba bien elaborado, sólo faltaba alistarse para atacar…
"Ahora este es el plan, atacaremos por la noche, de modo que nadie se dé cuenta de nuestra presencia, el castillo baja la guardia y debemos aprovechar." El jefe de los rebeldes, era listo, sabía la manera adecuada para iniciar una guerra, la legendaria Guerra Civil de Hyrule.
"Una vez el rey duerma incrustaremos un hacha en su corazón." Ríe maliciosamente uno de los rebeldes, al parecer su mano derecha.
Por la noche ellos se alistaron, tomaron sus armas y se dispusieron a atacar. Mi padre volvió a casa, al que una vez fue mi hogar, bueno saludó a mi madre y a mí, también a mi abuela, una vez que los rebeldes vigilaban se hacían pasar rumores sobre la guerra, y eran ciertos, una vez mi abuela contó acerca de una raza que vivía en Bosques Perdidos, los Kokiri, mi padre alzó su buen humor y dijo que los Kokiri eran nuestra esperanza.
"Que tal, bellas damas." Saludó Aaron con cortesía.
"Los rumores de la guerra son cada vez más frecuentes." El comentario de mi abuela hizo que Aaron se pusiera pensativo, tal vez el temor de la guerra era de lo peor, y lo sé, porque yo he estado en más de tres, perdóname pero me referiré a mis padres por sus nombres, para hacértelo más cómodo.
"No tenemos a dónde ir, con la guerra, no hay escapatoria." Aaron temía lo peor por nosotros, su familia, y su voz se oía desesperada.
"¿Qué haremos, querido?" Cristina temía por la vida de su hijo, osea yo, lo sé al ver sus ojos penetrados en los míos.
"Una antigua leyenda cuenta de niños que viven en Bosques Perdidos, los Kokiri, podrían ser nuestra salvación." Mi abuela era muy sabia, por lo que esa leyenda podría ser sabia.
"Bosques Perdidos, en el oeste, ¡Los Kokiri son nuestra salvación!" Dijeron mis padres al unísono, ya siendo ambos guerreros, conocían bien el campo de Hyrule.
La esperanza era el bosque del oeste, Bosques Perdidos, pero una vez listos los enemigos se dispusieron a atacar por la noche, algo con lo que no contaban era la vigilancia nocturna, la cual dio el aviso del ataque, Aaron, mi padre, reclutó a los soldados, sin poder dar a cabo el sendero hacia los bosques, mi padre ordenó a sus hombres no tener piedad contra ellos…
"¡Viene el enemigo, no tengan piedad. Por Hyrule!" Ese es el grito de guerra de mi hogar.
"¡Por Hyrule!" Los soldados tenían lealtad a Aaron, por lo que tomaron sus armas y algunos sus caballos y se dispusieron a batallar.
Los enemigos entraron al reino y destruyeron casi todo, una vez entrados en el castillo atacaron a los reyes, mi padre se dio cuenta de ello y se dispuso a ayudarles, sin embargo el jefe de los enemigos clavó su hacha en su pecho, penetrándole y la sangre fluyó.
"L-link…" Susurró antes de caer, la herida era en el corazón, no habría esperanza alguna, los soldados siguieron combatiendo y el jefe escapó a caballo.
"¿Dónde está Aaron?" Preguntaba mientras Cristina preocupada.
"Será mejor que partas si quieres salvar la vida de tu hijo…" Dijo mi abuela poniendo una manta sobre mi madre.
"Pero… ¿No vendrá?" Preguntó preocupada.
"No querida… yo nací y crecí en Hyrule, creo es justo quedarme y morir en mi hogar, además te retrasaría." Esas fueron sus últimas palabras antes de que Cristina tomara el caballo de Aaron y huyera, lastimosamente el jefe rebelde le hizo encuentro, con arco y flecha le persiguió e hirió, mi madre tomó las riendas y el caballo corrió lo más rápido que pudo, el jefe fue detenido por otros soldados pero aun así logró escapar, pero ya había perdido a mi madre, Cristina logró llegar a la entrada del bosque, donde corrió hasta llegar con el espíritu protector, el Venerable Árbol Deku.
"¿Quién eres misteriosa mujer?" Preguntó el Árbol Deku.
"Mi nombre es Cristina, por favor… mi hijo…" Ella ya tenía muy poca fuerza y recostándose en el pasto dejaba su aliento.
"¿Hmm…? Ya veo, lo protegeré, pero tú no puedes quedarte, debes saber que quién entre a este bosque y no sea Kokiri se convertirá en un árbol." Una vez dicho eso Cristina dio una leve sonrisa.
"Cuídelo mucho… su nombre es… Link…" Ella me dio una tierna sonrisa, debes saber que cuando vi esto, las lágrimas brotaron de mis ojos, los Kokiri se percataron de ella.
"¡Miren, una mujer con un bebé!" Gritaron corriendo hacia ella.
"Sabes, Cristina, tu hijo tiene un destino grandioso." Le dijo, al parecer se percató de algo en nosotros.
"Me alegro mucho… adiós… mi pequeño Link…" Mi dio un beso y me otorgó su último aliento.
Cristina comenzó a brillar, y del resplandor desapareció para a un poco lejos apareciera un pequeño árbol, al que después se le conoció como Arboleda Sagrada.
Yo, me quedé al cuidado de los Kokiri, a quienes considero familia, bueno, se hace tarde, será mejor que descanses y vengas mañana, ¿Te preguntarás cómo sé todo esto? Verás, mi familia procede de un linaje de guerreros y héroes siendo yo el segundo, poseemos la "Sangre del Tiempo" la única capaz de viajar a través del tiempo con la ley de Hylia y la Diosa del Tiempo, el tesoro de mi familia, la ocarina del tiempo hace que con las melodías correctas podamos viajar por su flujo a nuestro gusto, pero eso es mi deber, proteger la sangre del tiempo, bueno eso es todo, te espero hasta la próxima para contarte más, claro , como siempre te preguntaré ¿Me acompañas?
