Los personajes pertenecen a su respectivo autor.
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Capitulo 5: Gatito.
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Estaba sentada en una silla de madera frente a la ventana de su blanca habitación, miraba ir y venir a muchos miembros del clan Hyuuga, todos ocupados en sus tareas, con una vida. Vida.
—No tengo hambre –le contesto Hinata a su hermana menor sin voltearla a ver.
—Pero nee-san, no desayunaste esta mañana, tienes que comer. –le dijo preocupada.
—No me molestes.
No me molestes. Esa frase resonó en la mente de Hanabi, ese tipo de palabras no las diría su dulce hermana Hinata, sin embargo, sabía que el despido de Yamato le había afectado por lo que prefirió dejarla en paz.
— ¿Que dijo? –inquirió Neji que se encontraba afuera de la habitación esperando a que Hanabi saliera.
—Esta negada a comer –Ambos Hyuugas intercambiaron miradas de preocupación. –Tranquilízate, si a las tres de la tarde no baja a comer, le meto un pollo al horno en la boca o me dejo de llamar Hanabi Hyuuga. –dijo decidida.
—Eso suena perverso viniendo de ti –Neji intento seguirle la corriente a Hanabi con su broma y ambos sonrieron, sintiéndose un poco mejor para retirarse a hacer sus deberes.
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El día de hoy estaba resultando muy aburrido para Yamato. No había misiones, ni por qué preocuparse por el kyuubi que cargaba Naruto, pues ya se había enterado que el rubio de ojos azules estaba por demás ido de este mundo gracias al reciente noviazgo que tenia con Sakura.
—Yamato –lo saludo Yugao en el camino con ropa de civil.
—Hola, Yugao-san. ¿Cómo le va? –sonrió amablemente.
—Cuanta formalidad, hombre –dijo Yugao con humor. -¿A dónde vas?
—Ah, Kakashi-sempai me invito a comer. –Contesto. Yugao soltó una risita burlona al oír aquello.
— ¿Qué? No me digas que están saliendo. –se burlo ella.
— ¡Claro que no! –se sonrojo Yamato.
―Era broma. Bueno, te dejo para que vayas a tu cita.
―Sí, hasta luego Yugao-san – y camino para seguir su camino cuando rápidamente volteo hacia donde iba la mujer – ¡No es una cita! –reitero.
Llego al restaurant donde Kakashi le había invitado. De antemano sabía que él caería en otra de las trampas de Kakashi y él; Yamato, tendría que pagar la cuenta, pero daba igual, no importaba pues no tenía nada interesante que hacer en ese día. Cuando entro al establecimiento, vio a Kakashi sentado en las primeras mesas que estaban a un lado de la puerta y se sentó en su sitio.
―Buenas tardes, Kakashi-sempai –lo saludo con normalidad.
― ¿Y Hinata-chan? –pregunto el peliplateado. Yamato lo miro con una ceja levantada. ¿Qué quería él con Hinata?
―Ya no trabajo para ella –contesto cortantemente el castaño tratando de que el tema de Hinata no se alargara.
― ¿Pero cómo? –Se sorprendió Kakashi –Creí que tenias algo con ella.
― ¿A qué te refieres con eso? –pregunto confundido.
―Pues no lo sé, siempre andaban juntos, tú imagínate a lo que me refiero.
―Solo era mi protegida, eso es todo, sempai –contesto algo ofendido, pues él era un hombre honrado. ¿Cómo se le ocurría semejante idea a Kakashi? Hinata era una joven virginal, una niña para Yamato.
―Err… no, no te creo –musito Kakashi empezando a jugar con fuego. Estaba bien que Yamato era un hombre paciente pero Kakashi empezaba a meterse en terrenos peligrosos pues había ciertas cosas que no se podían decir a Yamato en forma de juego, entre ellos recientemente la integridad de Hinata. –Se le veía en la cara que tú… le gustabas.
―Basta, Kakashi-sempai –dijo en tono de advertencia.
El castaño no quería armar un alboroto, mucho menos pelear con su sempai por lo que se levanto de su lugar con la más clara intención de irse del restaurant.
—Yamato –lo detuvo Kakashi. –No te engañes a ti mismo –le aconsejo con algo de seriedad. Sin embargo, Yamato pareció ignorarlo y salió del establecimiento sin voltear atrás.
Camino sin rumbo fijo por las calles de Konoha, visitando las diferentes tiendas, comprando algunas cosas que llamaban su atención. De repente, pasando por la florería Yamanaka, vio unas hermosas flores blancas, eran perfectas para dejarlas en el árbol especial donde descansaban las cenizas de la madre de Hinata. Sonrió feliz volteando a su lado para decirle a Hin… su sonrisa se deshizo con suavidad recordando su situación actual y se reprendió mentalmente por haber sido tan distraído. Hinata ya no estaba con él, ya no. Su trabajo de cuidar a la princesa Hyuuga había concluido.
Mientras continuaba con su camino, observo una multitud alrededor de dos chicas; una cantaba dulcemente y la otra aportaba la música con su ocarina. Si ella estuviera ahí, estaba seguro de que le encantaría presenciar aquel hermoso espectáculo junto a él. Se dio un golpe mental por pensar en ello, era hora de hacerse a la idea de que él ya no era más el guardián de Hinata Hyuuga.
El castaño llego a su departamento más cansado mentalmente que físicamente. Había estado pensando en aquella damita de ojos claros durante todo el trayecto, durante todo el día, no, de hecho, desde que lo habían despedido el día de ayer no había dejado de pensar en ella. Ya ni siquiera quería pensar ni decir su nombre obligándose a olvidar su anterior trabajo, debía hacerlo ya, aunque no sabía exactamente el porqué de tanta prisa.
Tal vez porque te duele no estar conmigo.
Un minuto. ¿Esa había sido la voz de Hinata en su cabeza? Definitivamente se estaba volviendo loco y además, había pensado en su nombre otra vez. Demonios. Le hacía falta una verdadera fuerza de voluntad.
—Lo mejor será que duerma un poco –se dijo a si mismo dejando las compras en la pequeña sala beige y retirándose a su habitación para descansar a pesar de ser la una de la tarde.
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No quería ni imaginarse que tipo de guardián le pondría Hiashi a su hermana mayor. Conociendo a su progenitor, si Yamato no le había funcionado, probablemente contrataría al extraño de Kakashi Hatake, al aun más extraño Maito Gai o con peligro, traería a Kankuro o Temari de la arena.
—Kami salve a mi pobre hermana –dijo la niña mientras llevaba una charola con comida a la habitación de su hermana. Más valía que la boca de Hinata se cuidara, porque Hanabi cumplía sus promesas.
Toco la puerta un par de veces y al no oír respuesta, entro a la habitación.
— ¿Nee-san? –dejo la charola en el peinador de madera y busco a su hermana, sin embargo, la habitación estaba solitaria y la ventana abierta dejando entrar un poco de aire fresco. Hanabi lanzo un suspiro de cansancio. Su hermana mayor no estaba siendo ella misma últimamente.
Por el pasillo escucho unos pasos fuertes que reconoció enseguida; eran los fuertes pies de su padre a punto de entrar en la habitación de Hinata cuando Hanabi instintivamente cerró la puerta de una patada dejando a un Hiashi confundido.
— ¿Hinata? –escucho decir a su padre tras la puerta.
—Emm… no, soy yo papa. Hinata y yo no podemos salir, tenemos… problemas de chicas.
—Ah… pues… las dejo. –cuando escucho que su padre se alejaba respiro con alivio. Menos mal que absolutamente todos los hombres sin excepción alguna salían corriendo cuando se mencionaban "problemas de chicas".
Hanabi se apresuro a salir de la habitación en busca de su hermana mayor, vaya que Hinata se estaba volviendo loquísima. Sería mejor que la encontrara rápido antes de que fuera capaz de cometer una tontería.
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Todos la miraban caminar por una calle media transitada de Konoha. Que lastima daba, era débil, posiblemente des-heredada y peor aún, tenía una expresión de deterioro en su cara. Hinata estaba cansada de su propia vida, el destino ya había jugado con ella lo suficiente y la había dejado agotada para intentar escapar de él. Tal vez su primo Neji tenía razón en aquel tiempo en que peleo con él en los exámenes de ascenso a chuunin. Chuunin, que sarcasmo, ni siquiera ella sabía como es que había aprobado aquel examen, claro, casi se le fue la vida en ello y su padre la había castigado por haberlo aprobado por muy poco.
Había llegado a un callejón sin salida caminando sin rumbo fijo. Rodo los ojos con fastidio y se dio la media vuelta para salir de allí cuando sintió un filo frio en el cuello.
—Quieta –observo aquel hombre moreno que amenazaba con su kunai al blanco cuello de ella. Debería haber sentido miedo, angustia, terror tal vez. Debería. Pero no sentía nada, sus sentimientos solo eran un vacio. –Dame todo el dinero que lleves y te dejare ir.
Hinata miro la banda ninja de él, no era de Konoha, debía ser de una aldea que ella no conocía. La peliazul rebusco en las bolsas de su chaqueta y solo extrajo unas monedas.
—Solo tengo esto… - Alcanzo a decir cuando el hombre alto y fornido la tiro al suelo de una dolorosa bofetada. Eso pareció hacerla reaccionar. Se toco la mejilla herida con la mano y miro con desconcierto al ninja. Enseguida vio como una aguja de madera se incrusto en la frente del moreno y quedo como paralizado.
—Ten cuidado con lo que haces –escucho una calmada voz masculina detrás suyo. –Ella es una Hyuuga.
Tenía tantos deseos de que esa voz perteneciera a Yamato. Sería tan hermoso presenciar que él fuera el que la salvara de ese malhechor.
De un momento a otro el ninja moreno cayó al suelo totalmente inconsciente.
— ¿Se encuentra bien, Hinata-sama? –pregunto un hombre joven de cabello castaño medio largo y una aguja de madera en su boca.
Hinata-sama, como él solia llamarla.
—Si… gracias. –intento sonreírle a su salvador, pero realmente no pudo.
—Sé que mi trabajo empieza mañana pero, vi que se dirigía a un callejón peligroso y mejor la seguí.
Hinata escucho su explicación, ¿la siguió? ¿Su trabajo comenzaba mañana?
—Perdone –hablo Hinata mirándolo desde abajo, aun en el suelo. -¿Quién es usted?
—Shiranui Genma, su nuevo guardián. –musito al tiempo en que le tendía una mano para ayudarla a levantarse. Sin embargo, Hinata tardo en reaccionar antes de aceptar su mano.
¿Su nuevo guardián era Shiranui Genma? Que pesado día, ¿su padre no pudo haber esperado un poco más? Que viejo tan malo.
— ¿Quiere que la acompañe hasta su casa?
—No, gracias. Estaré bien –prometió sin molestarse en fingir una sonrisa.
Genma se quedo mirándola por un momento más, asegurándose que tomara una ruta transitada. Por lo que había visto, algo le pasaba a Hinata, se veía tan triste, tan decaída.
En cuanto a Hinata, siguió caminando sin rumbo fijo mirando algunas tiendas sin ponerles demasiada atención. De repente alguien choco de hombros con ella y la persona siguió caminando sin notarla. Hinata se llevo una mano al hombro tratando de sanar su dolor.
—Te vez horrible –escucho la voz de un muchacho a un lado de ella mientras se sobaba el hombro y vio que era Kiba.
—Gracias, Kiba-kun. Es lo que toda chica desea escuchar.
— ¿Eso fue sarcasmo? –pregunto Kiba sorprendido. –Tú nunca usas sarcasmo, Hinata. ¿Te pasa algo?
— ¿A mí? No, pero no era lo que quería escuchar de ti después de no vernos desde hace… tantos meses.
—Lo siento –se sonrojo el muchacho. –Es que te vez como si necesitaras un… un… -Inmediatamente Kiba la abrazo con fuerza, sin llegar a lastimarla. Hinata se quedo atónita con la repentina muestra de cariño pero después sonrió un poco con sincera alegría –Lamento haber estado fuera por tanto tiempo. Un poco después se separaron, dejando ver a un Kiba muy sonrojado y algo nervioso. –Eh, mira nada más. Ahora soy yo el que parece un tomate. –Hinata sonrió ligeramente.
—Quisiera ir de misión con ustedes. Los he extrañado tanto.
—Bueno, no te has perdido de mucho, ya sabes, misiones aburridas y eso.
—Kiba, me dijeron que les han puesto misiones muy difíciles, incluso una se convirtió en rango S.
— ¿Ah sí? Ni lo note –dijo con tranquilidad por lo que Hinata le sonrió viéndolo con ternura.
—Bueno, yo debo irme –exclamo Hinata. –Ven a visitarme, eres bienvenido.
—Ahí estaré, Hina. –le enseño una sonrisa estilo Kiba y la vio seguir su camino.
El muchacho dejo de sonreír por completo, no era cierto, no era verdad lo que le había dicho a su querida amiga, la misión de rango S… se habían enterado de tantas cosas y les había costado una vida. Shino. ¿Cómo podría decirle a Hinata que su compañero había muerto tras una severa lucha de la que Kurenai y él habían salido vivos de milagro? ¿Cómo viéndola de esa manera, en ese estado? Parecía una muñeca rota. Pero tarde o temprano se iba a enterar y era preferible que se lo dijeran Kurenai-sensei y él.
"Y pensar que eso no es todo. Nos han declarado la guerra, Hinata."
La guerra.
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Inconscientemente los dos llevaban su vida monótona y aburrida por igual. Por la mañana había que obligar a su cuerpo a levantarse, bañarse, cambiarse, peinar sus cabellos, desayunar sin ganas pensando el uno en el otro, estar con la cara larga todo el día, hacer sus quehaceres cotidianos como ir a misiones o ir al árbol donde estaban las cenizas de la madre de Hinata o hasta huir de la vista de Hiashi, en el caso de Yamato huir de Kakashi. Que malditos días estaban pasando, sin embargo, fue Hinata quien tomo la iniciativa de no seguir lamentándose por la vida que le había tocado vivir y definitivamente se puso a hacer algo, después de que en sueños apareciera su madre y una señora de cabello rojizo dándole ánimos.
Hinata salió decidida a ir a buscar a su padre y decirle unas cuantas cosas altisonantes cuando de pronto estrello su cara con un chaleco verde de jounin. Levanto la vista encontrándose con Shiranui-san, su nuevo guardián.
—Su padre la está buscando, Hinata-sama.
Perfecto, hora de decirle a ese viejo que no le gustaba como estaba manejando la vida del clan Hyuuga y mucho menos como se peinaba, de acuerdo, eso ultimo se lo reservaría. Abrió la puerta en dos y se puso frente al escritorio donde Hiashi firmaba unos papeles. Hinata apenas iba a abrir la boca cuando…
— ¿Te gusta? –le pregunto su padre dejándola totalmente truncada.
— ¿Cómo? –atino a decir la pobre.
—Que si te gusta el nuevo guardián. –hablo sin mover su vista de los pergaminos abiertos.
¡¿A qué demonios venia eso?
—Q-ue es… lo… ¿Qué es lo que tratas de preguntar? –inquirió Hinata reprimiendo visiblemente su desesperación por no comprender lo que quería decir Hiashi. El mismo Hyuuga se sorprendió al escuchar la pregunta de su hija tan clara y sin un tartamudeo.
—Solo si te agrada, ya que le pedí que te entrenara. El me parece mejor que Yamato. Genma es más joven, ¿sabes? –sonrió Hiashi mirándola fijamente.
El coraje de Hinata aumento. Lo veía con incredulidad, ¿ese era su padre? ¿De verdad? Parecía un niño caprichoso que le gustaba jugar con lo que le pertenecía, es decir, con todo el clan Hyuuga.
—Tú pretendes matar mi cordura, ¿no? –le dijo Hinata con el ceño fruncido y con la voz suave pero llena de acidez. Hiashi la miro desconcertado, a decir verdad, solo esperaba que ella le tuviera miedo como un gatito asustado que era y que acatara sus ordenes sin la menor oposición pero… -¿Quién demonios te crees? Está bien que seas el líder del clan, pero no eres el líder de nuestras vidas, no tienes derecho a tratarnos como basura y no te voy a dar el gusto de que me sigas arrastrando como estúpida. Se acabo, esto definitivamente acaba aquí.
—Cállate Hinata…
— ¡No, cállate tú! –grito con furia, esa que tanto había guardado casi toda su vida solo por tenerle miedo. –Es hora de que yo hable. Si me quedo aquí, escuchándote y siguiendo tus ordenes me voy a suicidar, lo digo enserio, y sé que mama no querría eso. Por eso… renuncio al clan Hyuuga.
— ¿Qué estás diciendo? Discúlpate ahora mismo y solo te castigare. –dijo enojado por perder el control.
—Eres tu quien debe disculparse. –musito mirándolo más tranquila.
—Traición. Eso es lo que estas cometiendo, traición.
"Huye, Hinata, huye antes de que esto se ponga más feo y no te deje escapar" se decía a sí misma.
Miraba a su padre vociferar palabras altisonantes para ella y el resto del clan pero no lo escuchaba realmente, estaba esperando la oportunidad de que él dejara de hacer contacto visual con ella para poder salir de la habitación. Su padre continuaba hablando y luego, volteo a ver el escritorio y Hinata salió como rayo por las puertas corredizas.
— ¡Hinata! ¡Vuelve acá! –grito esperando un momento a que ella misma viniera con cara de miedosa pero no sucedió. Rechino los dientes con ira y salió a paso veloz para avisar a los miembros del clan que Hinata estaba escapando. Encontró a varios guardias que se dejaron ir por donde había escapado la chica. La alarma se detono en todos los terrenos Hyuuga.
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Hinata corría todo lo que sus piernas le permitían, su vida dependía de ello. Al voltear atrás vio que los guardias la alcanzarían en menos de un minuto y para colmo, tropezó con otro miembro del clan que la sujeto del brazo sin dejarla escapar. Los guardias llegaron al instante y muchas manos se ciñeron a sus brazos sin dejarle escapatoria.
—Lo sentimos, Hinata-sama –dijo uno de los guardias mientras Hinata forcejeaba para escapar, pero era obvio que sería inútil. La habían atrapado cuatro de los mejores guardias del clan. De repente la joven se quedo quieta como dándose por vencida y era cierto, ya no podía hacer nada pero ella… sonrió. Repentinamente Hinata exploto en una nube blanca dejando a los guardias ofuscados y aturdidos.
— ¿Fuimos engañados por un… Kage Bunshin? –exclamo un guardia sin creerlo.
Vaya, Hinata había resultado ser mas lista de lo que pensaban.
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No importaba exactamente con cuantas Hinatas se encontraran, había puesto a sus clones en puntos estratégicos de salidas donde pudieran tardarse en alcanzarla, así darle tiempo suficiente para huir por las copas de los arboles del jardín que nadie visitaba. Había visto algunos guardias merodear por ahí, pero escondió su chakra y ellos no parecieron querer usar el byakugan, subestimándola. Espero hasta que se fueran, usaría la vieja entrada principal que se hallaba destartalada y casi en ruinas. Dado que nadie transitaba por ahí se habían olvidado de arreglarla.
De un salto bajó del árbol hasta la tierra. Observo el lugar solitario y se dispuso a salir cuando un miembro varón del clan salió de la caseta. Al parecer le habían informado de la prófuga, pues se dirigió a Hinata con velocidad y el byakugan activado dispuesto a atacarla como traidora que era cuando una aguja se enterró en su frente y el muchacho cayó al suelo.
Hinata volteo hacia atrás y miro a Genma. ¿Un jounin? No le ganaría a un jounin ni de broma.
—La aguja no es venenosa, tranquila. –le dijo Genma mirando al chico desmayado.
— ¿No me apresara? –le pregunto temiendo la respuesta.
— No vayas al bosque o a la casa de algún amigo, será el primer lugar donde te busquen –le aconsejo. –Ve con Tsunade lo más rápido que puedas para que te proteja.
—Gracias, Shiranui-san. –apenas sonrió.
— Adiós, Hinata. –se despidió de ella con un asentimiento de cabeza. Hinata imito el gesto, puso sus manos en posición de jutsu y desapareció de los territorios Hyuuga tras una cortina de vapor.
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Yamato despertó de golpe del sueño que tenía. Observo el reloj que se encontraba sobre la mesita de luz. Eran las siete de la noche, no sabía cómo es que había dormido tanto si últimamente había estado durmiendo a buenas horas. Se levanto harto de llevar horas en la cama y bebió un vaso de agua de la cocina. Sintió ganas de salir al techo de su departamento para mirar el cielo nocturno, después de todo era una costumbre que tenía desde hace tiempo.
Cuando se sentó a contemplar algunas estrellas que ya habían salido junto con la hermosa luna plateada pensó en Hinata. Esta vez no se regaño a sí mismo por pensar en ella. Tal vez, solo tal vez se había encariñado de más con aquella chica, solo eso. Repentinamente sentía una extraña sensación de angustia en su pecho y no sabía por qué.
—Hinata. –declaro repentinamente aquel nombre mirando directamente a la luna antes de escuchar una explosión proveniente del norte.
Se que no tengo perdón por la horrible tardanza pero me he esforzado en sacar buenas notas :) Discúlpenme.
Siento que algo le falto al capitulo, pero no sé que es. ¿Que opinan?
Agradezco a las personas que me dejaron reviews:
nekomoon
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Okashira janet
saihina4ever
¡De verdad gracias!
:)
