Hola, antes que nada disculpen la tardanza. Tal vez sea bueno que se relean un poco el fic por si se olvidaron de la trama jeje Yo tuve que hacerlo xD
Capitulo 9: El misterio de la última misión
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Hinata observo a lo lejos como Kakashi se llevaba a Yamato agarrado del cuello de su camisa negra. Se preguntaba por qué Yamato lucía tan molesto. Después de eso, su mirada bajo para ver su mano blanca que era sostenida por la mano grande de Genma y se imagino que era la de Yamato.
"Hey, calma Hinata, ¿en qué demonios estas pensando?" pensó riéndose un poco de sí misma.
― Hay que ir con los señores Aburame. –indico Hinata soltando la mano de Genma y adelantándose unos pasos antes que él.
Genma inmediatamente noto el pequeño cambio en Hinata. Miro de reojo por donde Yamato se había ido y luego volteo a ver a Hinata para después emitir una sonrisa de medio lado. Decidió dejar eso para después y alcanzó a Hinata para ir a darles el pésame a los señores Aburame.
― Lo lamento mucho. Shino era una de mis personas favoritas en el mundo. –decía Hinata tratando de no llorar. –No sé cómo explicarlo, solo sé que él era especial…
La voz de Hinata se oyó agrietada de un momento a otro y el señor Aburame le puso una mano en el hombro, en señal de que se detuviera.
― Hinata-san, no tienes que decir más. Sabemos que más que amigos, Kiba, Shino y tú eran como hermanos.
Hinata asintió para luego hacerles una reverencia y dejar que Genma diera sus condolencias a los señores. Decidió esperarlo un poco alejada, mirando como la tierra cubría el ataúd de su amigo.
"¿Por qué tuviste que morir, Shino-kun? … Te prometo que encontrare al culpable y definitivamente yo… lo matare" decidió en su mente.
― Hina-chan. –la saludo Ino con una débil sonrisa.
― Ino-san. –se sorprendió de verla allí con un vestido negro de lo mas recatado.
― Ino-san, ino-san. –susurro sonriendo, acercándose a ella. – ¿Nunca vas a dejar de llamarme así, verdad?
Un recuerdo borroso vino de repente a la mente de Hinata cuando su amiga le había dicho aquello.
-¡Ino-san, Ino,san! –se quejaba la rubia de ojos azules. – ¿Cuántas veces te he dicho que basta con que me digas Ino?... –Ino se detuvo por un momento viendo al acompañante de Hinata, sin embargo, la cara no se le veía al tal hombre. Ino levanto la vista y miro al acompañante de Hinata con el ceño fruncido. –Dígame, ¿Está usted de alguna forma acosando a Hinata?*
Hinata volvió de su ensimismamiento y vio que Ino la miraba preocupada. Por un momento, se pregunto quien era ese sujeto de su recuerdo el cual se veía totalmente borroso.
― Gomen. –se disculpo por su distracción con voz baja, mirando nuevamente hacia el entierro de su amigo.
― Era un shinobi excepcional. –opino Ino siguiendo la mirada de Hinata.
― Lo era. –afirmo inmediatamente. – Yo… no recuerdo algunas cosas…
― Si, lo sé, nos dijo Tsunade a Sakura y a mí.
― ¿Tu… crees que yo pude haber evitado que Shino muriera? –pregunto luchando por que la garganta no se le cerrara y temiendo por la respuesta que pudiera dar Ino.
― No. –negó la rubia. –Tengo entendido que no te asignaron a la misión que lo mato.
― ¿Por qué no? –volteo Hinata con rapidez. –Se supone que somos un equipo… o lo éramos. El punto es que debí haber ido a esa misión yo también.
― Hinata, en ese tiempo estabas inactiva como ninja.
― ¿Inactiva? –pregunto desconcertada. – ¿Por qué?
Ino la miro con tranquilidad. No estaba bien que le diera las respuestas a su Hinata si después de ello solo habría aun mas dudas para ella. Ino sabía la historia pero no estaba segura que un entierro fuera el mejor lugar para contarle la verdad a Hinata.
― ¿Por qué no te quedas a dormir hoy en mi casa? –Le pregunto Ino.
.o0o.
― No quiero que este con él. No quiero, definitivamente no quiero. –decía Yamato para sí mismo mientras caminaba por las calles oscuras de Konoha, tenuemente iluminadas por algunos faroles viejos.
Su andar era lento, Yamato necesitaba pensar en lo que le estaba ocurriendo, sus repentinos celos hacia Genma, la atracción hacia Hinata que él aun no aceptaba del todo, el hecho de que le dolía que ella no lo reconociera… eran tantas cosas las que le hacían permanecer en ese estado pensativo.
Yamato había sentido tan segura a Hinata que nunca temió por que algún hombre se le acercara, ya que debido a su carácter tímido y un poco retraído, estaba seguro que se alejaría de ellos. Solo hasta que la vio con Genma se dio cuenta de que no quería que estuviera con él, que no quería que se tomaran de las manos, que por todos los cielos quería regresar todo, absolutamente todo, a como estaba antes cuando él; Yamato, era el único guardián de Hinata, cuando Hinata era Hinata, en resumen.
Detuvo sus pasos sin darse cuenta. Tenía las manos dentro de los bolsillos y la mirada en el suelo, lo que le daba un aspecto apagado, él lo sabía, se sentía miserable. Estaba cansado, ese día había sido difícil a pesar de que no había sido solicitado para alguna misión. De alguna manera, soportar el que Hinata no lo reconociera y el haberla visto con Genma pocas horas después, había sido demasiado difícil.
Escucho una risilla fina, una risa femenina y sus ojos se movieron para mirar que una pareja de novios caminaba del otro lado de la calle, felices, abrazados…
― Bien, kami-sama, si lo que querías era hacerme sentir la persona más miserable del mundo, te aviso que lo conseguiste. –murmuro siguiendo su camino.
.o0o.
Genma, Hinata e Ino caminaban rumbo al hospital general de Konoha. Estaba oscuro, sin embargo, Hinata quería ver a Kiba y Kurenai con todas sus fuerzas, abrazarlos, ver que estaban bien, escuchar sus voces.
Al llegar al hospital, Ino los condujo hasta el cuarto de Kiba y Hinata entro sola a verlo.
Cuando Hinata observo con sus propios ojos al joven de cabello castaño y triángulos rojos en las mejillas, su corazón dio un vuelco de felicidad como si el solo ver a Kiba le hubiera mandado muchas fuerzas para ayudar a soportar el dolor de haber perdido a una de las personas más importantes de su vida y el miedo a no saber cosas de su propia vida.
Sin tardar mucho, una sonrisa amplia apareció en el rostro de Hinata al ver al muchacho en la camilla, estaba despierto y miraba por la ventana abierta, sin darse cuenta de que Hinata estaba ahí, tal vez porque estaba demasiado pensativo o por que Hinata era muy silenciosa a la hora de hacer acto de presencia.
― Kiba-kun –exclamo Hinata con voz normal para llamar su atención. Su amigo castaño volteo sorprendido de verla ahí.
― ¿Hinata? –sus ojos marrones no podían creer que su amiga estaba a tan solo unos pasos de él. – ¡Estas bien! –grito emocionado, levantándose rápidamente para después quejarse cuando una punzada fuerte se sintió en sus costillas.
― ¡Kiba-kun! –se asusto Hinata corriendo hacia él. – ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que llame al médico? ¿Te duele mucho…? –le pregunto con rapidez.
― No. Estoy bien. –contesto recostándose lentamente. –Hey, quita esa cara, ya dije que estoy bien. –le mostro una sonrisa estilo Kiba.
― Me da tanto gusto ver que estas bien, Kiba-kun. Aunque tienes muchas heridas… -lo observo con más detenimiento pasándole una mano por su cabello castaño.
― Oye, tengo dos manos, dos piernas, un torso y la cabeza; estoy bien. –le aseguro Kiba.
― ¿Te hiciste esto en la guerra?
― Sí, fue en la guerra. –asintió el joven.
―Tienes muchas cosas que explicarme, para empezar: ¿Por qué demonios no me dijiste sobre la muerte de Shino-kun? –frunció el ceño cambiando su humor.
― Perdóname, Hinata. –Kiba bajo la mirada como un niño regañado. –No pude hacerlo, tenías tus propios problemas con tu clan, no estabas tan… repuesta como lo estas ahora. Mírate, pareces otra –la observo. –Es como si tuvieras más confianza en ti misma…
― No me cambies el tema Kiba Inuzuka. –lo amenazo.
― Vale, perdón. –se disculpo nerviosamente y regreso a su semblante serio. – Como te decía, tenias tus propios problemas, me refiero a que tu puesto como futura líder del clan Hyuga estaba peligrando, Hiashi te dio de baja temporal como kunoichi y todo eso te deprimió muchísimo. Estabas muy delgada, no sonreías, no ponías atención en nada, siempre estabas en tu mundo, estabas como acabada Hina. –explicaba con preocupación. –Estando en ese estado, no pude decirte de la muerte de Shino, no lo soportarías, no como te encontrabas hace poco.
― ¿Tanto así estaba? –inquirió sorprendida por el relato de Kiba. –No puedo creerlo.
― ¿Cómo? ¿No te acuerdas? –Kiba se rasco la nuca, confundido.
― No, Kiba-kun. Me quitaron los malos recuerdos. -explico, harta de tener que decir lo mismo con cuanta persona se cruzara.
― ¿Eso te hicieron los que te secuestraron? –pregunto con los ojos abiertos a su máxima expresión.
― Si.
― ¿Solo eso? –Kiba no creía aquello. Hinata asintió como respuesta. – ¿No te hicieron daño? ¿Tan solo te secuestraron para quitarte los malos recuerdos? –Hinata volvió a asentir con la cabeza. – ¿Y averiguaste algo de ellos?
― No, solo me llevaron, cuando desperté yo estaba bajo un árbol de manzanas junto a dos ninjas que me dijeron eso de que me habían borrado parte de la memoria, y luego me indicaron el camino a Konoha. –mintió otra vez, asegurándose de mantener la promesa que le había hecho a Darui sobre no dar información de la extraña aldea que la había secuestrado.
Kiba se le quedo viendo fijamente a su amiga. A Hinata esa mirada le hizo sentir muy nerviosa.
― Mentirosa. –dijo Kiba al fin con los ojos entrecerrados.
― ¿Qué? –exclamo Hinata desconcertada.
― Te crecerá la nariz por mentirosa. –le dijo Kiba y Hinata sin darse cuenta, verifico su nariz. –Esa no es la verdad, Hinata. Estas mintiendo.
― ¿Pero cómo crees que voy a mentir con algo así, Kiba-kun?
― Por tres razones, uno: yo conozco a los ninjas invasores de la guerrilla, dos: yo conozco su aldea, y tres: la única persona que puede borrar la memoria en esa aldea es la anciana. Así que la única forma de que te pudieran borrar la memoria fue que te llevaron a la aldea con la anciana, en resumen, tú conoces la aldea. –Kiba hablo demasiado rápido, Hinata estaba sin habla.
― ¿C-cómo sabes tú de la aldea? –le pregunto Hinata al borde de un colapso nervioso.
― La última misión que tuvimos Kurenai-sensei, Shino y yo…
― Hinata –entro Ino al cuarto, interrumpiendo brutalmente la conversación que hacía pequeños instantes mantenían la ojiperla y su amigo. –Tsunade esta buscándote. –musito. –Hola, Kiba. –le sonrió. –Sabía que estarías bien, yo misma te he curado la mayoría de tus heridas. –sonrió.
― Diablos, ¿también la del trasero? –pregunto Kiba haciendo una mueca.
― No. –negó Ino. –Esa se la deje a Ryotaro.
― ¡¿El gay?! –grito Kiba con fuerza sumamente asustado.
― Por cierto, Hinata, lo lamento. Después de todo no podre invitarte a dormir a mi casa, enserio lo lamento. –dijo haciendo una sincera cara triste. –A la frente de marquesina se le ocurrió caerse hace rato y se quebró la pierna, no es nada grave, pero Tsunade le ordeno reposo y ahora yo tengo que cubrir su turno nocturno.
― No te preocupes, Ino-san. No hay problema. Espero que Sakura-san se recupere pronto.
― ¿Pronto? ¡JA! Si la idiota ya debería estar trabajando, lo que pasa que es floja y dramática. Maldita pelo de chicle… -se quejaba Ino cuando Tsunade entro al cuarto de Kiba.
― Ino, tienes un turno que cubrir. –le recordó la Hokage.
― Hai, Tsunade-sama. Con permiso. –Ino salió del cuarto.
― ¿Te encuentras mejor, Inuzuka? –le pregunto la Hokage a Kiba.
― Hai, Hokage-sama. –respondió el chico con energía.
― Bueno, Hinata ya es tarde, creo que es hora de que vayamos a casa para descansar un poco, ha sido un día difícil para ti, me supongo.
― Sí, estoy muy cansada. –respondió la joven. –Mañana vendré a visitarte Kiba-kun. –le prometió.
― Nuestra platica queda pendiente –le dijo Kiba. –Y cuida esa nariz. –dijo lo ultimo para fastidiarla y a la vez para que recordara que él no le creía el cuento que se había inventado.
Tsunade no supo de qué hablaban y pensó que eran cosas de adolescentes. Camino con Hinata a un lado rumbo a la salida del hospital. "¿Cómo es que Kiba-kun conoce la aldea? ¿Que quizo decirme con eso de la última misión de Kurenai-sensei, Shino y Kiba?" pensaba la ojiperla mentalmente.
― ¿Se supone que vive en la torre Hokage, Tsunade-sama? –inquirió Hinata caminando por la calle.
― Todos piensan que vivo allí. –sonrió Tsunade. –Pero no, tengo mi propia casa en los territorios Senju. La casa es amplia, creo que te gustara, nos queda perfecta para las dos. –sonrió. –Es posible que quieras elegir el cuarto que tiene las paredes lilas.
― Estoy bien con que usted me acepte en su casa, el cuarto es lo de menos. Muchas gracias, Tsunade-sama.
El camino se hizo largo, aun mas por que se la pasaron calladas sin saber que decir, aunque aun así, no lucían nerviosas o presionadas por encontrar algún tema de conversación, a decir verdad estaban muy cansadas.
Llegaron a una reja negra muy alta. El guardia que custodiaba la puerta al ver a Tsunade, les abrió el portón y las dejo pasar, saludándolas amablemente. Inmediatamente se adentraron entre dos hileras de casas largas, altas y hermosas. Hinata pudo ver que en cada residencia solitaria aun quedaba un césped verde con flores coloridas. Tsunade observo la sonrisa que se formo en el rostro de Hinata al ver el lugar tan cuidado.
― No estaba así antes. –dijo Tsunade. –Las casas eran entre grises y cafés, y en vez de césped había tierra desértica. Si iba a vivir aquí, tenía que hacer el lugar un poco mas agraciado, así que mande pintar las residencias y trasplantar tierra fértil para el césped y las flores. Fue todo un lío –recordó Tsunade con una sonrisa.
― Todo está muy lindo, Tsunade-sama. –admiro Hinata su alrededor. – ¿Nada mas usted vive aquí? –inquirió con curiosidad.
― Sí.
― Pero, ¿y Shizune-san? –se extraño la ojiperla.
― Ella vive a unas calles de aquí, aunque la mayoría de las veces se queda a dormir en la torre Hokage.
― Ya veo.
Llegaron a la última casa, la cual era de color blanco y tenía las ventanas abiertas. El jardín de esa casa estaba muy bonito y además, tenía una pequeña pero bellísima fuente a un lado de donde brotaba un agua cristalina que brillaba con la luz intensa de la luna llena de esa noche. Dos árboles estaban a los costados de la casa y estaban altos y brindaban mucha sombra a la casa.
Cuando entraron a la casa, Hinata observo que al contrario de cómo se veía la casa por fuera era totalmente diferente por dentro. Esperaba muebles caros, todo bien ordenado, sin embargo, vino encontrando muebles sencillos pero bonitos, aunque algunos objetos regados sin provocar mucho desorden.
― Perdona que veas así la casa, es lo que tiene vivir sola. –se disculpo Tsunade.
― No se preocupe. –sonrió.
― Los muebles son sencillos, no quería nada ostentoso. –explicaba la rubia mientras se quitaba las ligas del cabello dejándolo suelto. –Déjame mostrarte la casa. –musito caminando derecho y enseguida Hinata la siguió. –Esta es la sala, allá el comedor, ven, esa la cocina; está abierta las 24 horas –musito guiñándole un ojo. –Por acá hay un baño. –le informaba hasta que llegaron a unas escaleras en forma de caracol. Cuando subieron se hallaron con un pasillo amplio lleno de puertas. –Todas las habitaciones están preparadas, esta misma tarde mande limpiarlas para tu llegada. Puedes escoger la que más te guste excepto la cuarta a la derecha; esa es la mía.
― Muchas gracias, Tsunade-sama, de verdad estoy muy agradecida con usted. No sé cómo le pagare todo lo que hace por mí, no tengo ni un yen a mi disposición.
― No te preocupes por eso Hinata. El dinero no me importa ahora. Solo mira las habitaciones y escoge una, te buscare ropa mía para que te bañes ya que no te compre ropa. –sonrió nerviosamente.
― Gracias, Tsunade-sama.
Cuando Tsunade entro a su cuarto, Hinata no abrió ninguna puerta, solo eligió la habitación que estaba al lado de la de Tsunade en un intento de sentirse protegida. Tsunade se estaba portando muy amable con ella. Se podría decir que la dureza de Hokage que tenía se acababa a la hora de entrar a casa para descansar y convertirse en una mujer simple llamada Tsunade.
― Este camisón te quedara. –llego Tsunade mostrándole la prenda lila y con una toalla en la mano. –Cada habitación de arriba tiene su baño propio. Izquierda caliente y derecha fría, ¿está bien?
― Si, gracias, Tsunade-sama.
― Ok, hay que poner un par de reglas ahora. –musito la rubia perdiendo ligeramente el humor tranquilo. –La primera es que dejes de decir gracias por todo, la segunda que al menos aquí no uses el sama, solo Tsunade, ¿sí? Y la tercera es que el toque de queda es a las diez.
― De acuerdo. –asintió Hinata mientras Tsunade le palmeo la cabeza y le deseo buenas noches.
La rubia se ducho al mismo tiempo que Hinata y preparándose para dormir, se tapo con la sábana blanca de su mullida cama, pues los futones le mataban la espalda. Apenas cerró los ojos cuando escucho unos toquidos en su puerta.
― Pasa. –accedió y vio entrar a Hinata.
― Gomenasai por molestarla, Tsunade-sa… Tsunade. –corrigió a tiempo. Camino un poco más hasta llegar a la orilla de la cama.
― ¿Qué sucede? ¿Tienes hambre?
―No, no. Es que no podre dormir esta noche. Necesito ordenar mi mente ahora o sucumbiré a un colapso nervioso. –le confesó con algo de vergüenza.
― Esta bien. Siéntate. –exclamo la rubia sentándose en la cama al igual que Hinata. – ¿Cuáles son tus dudas?
― Bueno, como ya lo sabe, no recordaba a mi clan ni a mi padre, mucho menos todo lo que usted dice que sufrí siendo parte de los Hyuga.
― ¿Recuerdas a Neji y Hanabi? –le pregunto. Hinata negó con la cabeza. –Ya veo. Neji es tu primo mayor y Hanabi tu hermana menor; la ahora futura cabeza del clan Hyuga.
― ¿Por qué no los recuerdo? ¿Me hicieron algo malo?
― Cuando eran niños, Neji era una persona que creía fieramente en el destino. Definitivamente no se llevaban bien, supe que intento matarte en los exámenes de ascenso a genin y por poco lo logro, aunque después de eso parecieron llevarse mejor. Supongo que por eso no lo recuerdas y en cuanto a Hanabi, bueno, las dos sufrían la presión de ser ninjas excepcionales para no deshonrar el apellido Hyuga, Hanabi siempre te superaba cuando eras niña a pesar de que ella era cinco años menor que tu, puede que eso sea el detonante de que su presencia se convirtió en tu presión por ser mejor que ella ante los ojos de Hiashi.
― Oh. Cuénteme, ¿Qué otras personas me hablaban que ahora puede que ya no reconozca?
― ¿Recuerdas a Naruto?
― Sí.
― ¿Y recuerdas que siempre que estabas cerca de él te ponías muy roja y te desmayabas?
― ¿Eso hacía? –Hinata no lo creía.
"¿Por qué tenía yo tan mal gusto?" se pregunto Hinata mentalmente cuando Tsunade menciono lo de Naruto.
― Vaya, recuerdas a Naruto pero no el amor que sentiste por él. –observo Tsunade. –Muy curioso. –opino.
― ¿Cómo pude haber olvidado el amor que sentía hacia Naruto? –se extraño Hinata. –No siento absolutamente nada por él, más que admiración, claro.
― Vaya, gracias al sacrosanto cielo que dejaste de decir ese molesto Naruto-kun. –dijo Tsunade con alivio dejando a Hinata un poco confundida. – Yo creo que terminaste por superar ese amor, después de todo, Naruto tiene una relación con Sakura, ¿sabías?
― No, no lo sabía, pero me da gusto por ellos. –sonrió de medio lado. –Naruto siempre ha querido a Sakura-san.
― ¿Qué recuerdas de la guerrilla de hace poco? –intento Tsunade tratando de llegar al punto de los secuestradores de Hinata.
― Solo que estaba corriendo rumbo a la torre Hokage, aunque no sé por qué.
― ¿Y antes de eso que estabas haciendo?
― No lo sé… yo… -musito intentando recordar. –Yo… no, eso no… ¡diablos! ¡Hay demasiados huecos en mi mente! –exclamo desesperada, llevándose las manos a la cabeza en un momento de impotencia. –Imagínese que todo lo que viví con los Hyuga no lo recuerdo, solamente está en mi memoria los días que pase en la academia ninja, vagos recuerdos del examen de ascenso a genin, las misiones junto a mi equipo, mi examen chuunin… ¡Kami-sama sabe que si no me he vuelto loca es por un milagro! –grito con rapidez.
― Cálmate, Hinata. –dijo Tsunade rápidamente saliendo de la cama para ir al lado de Hinata y abrazarla suavemente. –Se que todo esto es muy difícil ahora, no te angusties, tienes todos los recuerdos buenos, ¿no? Afiánzate de ellos, ten valor y paciencia. Yo investigare junto a los Yamanaka para poder regresarte la memoria que te falta. Todo saldrá bien, todo se resolverá a su debido tiempo. –intento calmarla.
― Espero que sí. –murmuro Hinata angustiada.
Tsunade no supo cuanto tiempo la había estado abrazando pero cuando volteo a verla, Hinata tenía los ojos cerrados y su rostro estaba dormido en medio de una perfecta armonía. Tsunade lucía visiblemente preocupada por ella. Hinata había estado guardando toda aquella frustración desde antes de que regresara a Konoha, no sabía cómo le había hecho para mantenerse tranquila durante tanto tiempo.
La estiro para acomodarla en la cama y después la tapo con la sabana, dejándole el cuarto para ella mientras que Tsunade durmió en otra habitación.
Mientras tanto, la mente de Hinata era un caos total. Sin embargo, había un recuerdo que se reproducía en su mente una y otra vez, y era la conversación que había tenido con Kiba ese día.
― Por tres razones, uno: yo conozco a los ninjas invasores de la guerrilla, dos: yo conozco su aldea, y tres: la única persona que puede borrar la memoria en esa aldea es la anciana. Así que la única forma de que te pudieran borrar la memoria fue que te llevaron a la aldea con la anciana, en resumen, tú conoces la aldea. –Kiba hablo demasiado rápido, Hinata estaba sin habla.
― ¿C-cómo sabes tú de la aldea? –le pregunto Hinata al borde de un colapso nervioso.
― La última misión que tuvimos Kurenai-sensei, Shino y yo…
.o0o.
Kurenai Yuhi debería haberse dormido hacía algunas horas, pero por más que lo intentaba, no podía conciliar el sueño y menos dado que ya estaba amaneciendo. Ahora que estaba consciente y que había remembrado cada momento vivido de todo lo que había ocurrido desde que llegaron de la última misión encomendada por la Hokage se sentía sumamente decaída, triste. La muerte de su alumno Shino había sido fatal, él había cumplido la promesa que una vez les hizo cuando aún era genin; que los protegería hasta la muerte por que eran sus camaradas.
Cada vez que aquellas palabras que una vez había dicho Shino se repetían en su cabeza, Kurenai no podía evitar llorar amargamente, sintiéndose una sensei irresponsable y débil por haber permitido aquello.
Sí. Era la peor sensei. Pensaba en que jamás debió haber aceptado ser sensei de un grupo de genins. No protegió a ninguno de ellos después de todo. Luego de la muerte de su amado Asuma, su atención y preocupación se dirigieron a su pequeño hijo. No estuvo ahí para evitar que Hinata abandonara su camino ninja por ordenes de Hiashi, no había estado para consolarla, para evitar que se hundiera en la depresión en la que posiblemente estaba, ni siquiera fue capaz de rescatarla del secuestro del que fue víctima hacía pocos días. Y Shino… tampoco pudo protegerlo, le había fallado, al final su alumno murió protegiéndola a ella. Kiba… él también había salido lastimado por lo que le había dicho la medic-ninja Haruno aunque no tanto como lo estaba Hinata o como lo estuvo Shino.
Mas lagrimas de culpa surcaron su rostro. No podía evitarlo. Después de todo, era culpa suya todo lo que estaba pasando.
Estaba a su alcance mantener a su equipo unido, todo el tiempo estuvo a su alcance, pero no lo hizo. No hizo nada. A lo largo de su vida había tenido muchos altibajos y aun así se había levantado, aun después de que Asuma muriera, pero esta vez no se sentía tan fuerte, puede que esta vez no se levantara más.
― Buenos días, Kurenai-sensei. –la saludo Ino entrando a la habitación mientras lanzaba un gran bostezo. – Le tengo noticias que le alegraran ahora que ya despertó. –sonrió acercándose a ella. –La primera es que Kiba ya despertó y está fuera de peligro. La segunda es que Hinata está a salvo, ha regresado por su cuenta a Konoha, al parecer los secuestradores la dejaron ir.
― ¿Hinata? ¿Y está bien del todo? –pregunto Kurenai alarmada.
― Sí, sí, cálmese. –la detuvo Ino. –Físicamente está bien aunque esos ninjas que nos atacaron le borraron algunas memorias de su cabecita.
― ¿Cómo que le borraron algunas memorias? –se asusto Kurenai.
― Sí, suena raro pero no se preocupe, enserio. Mi papa fue muy temprano esta mañana a la torre Hokage donde discutirá con Tsunade-sama alguna una forma de devolverle la memoria a Hinata. No es tan malo como parece, le borraron los recuerdos malos, sensei. –especifico Ino.
― Aun así, es peligroso. –susurro con tristeza.
― Hinata parece otra, no tartamudea ni se avergüenza por cualquier cosa como antes lo hacía, sino es como más normal, ¿entiende? Es algo bueno.
― Eso no me convence, Ino. –musito Kurenai. – ¿Sabes algo de los Aburame? –apenas pudo preguntar por ellos cuando se le hizo un nudo en la garganta.
― Ayer enterraron a Shino-kun. No se preocupe, Kurenai-sensei, yo les di condolencias de parte suya.
― Vaya. –musito Kurenai distraídamente cuando una idea se le vino a la mente. –Ino, sé que Inoichi-san está ocupado con lo de Hinata pero, ¿podrías decirle que venga? Tengo algo que decirles a todos y solo él puede ayudarme.
― Me alegra escuchar eso, Kurenai. –exclamo Tsunade con voz no muy amable, entrando a la habitación. –Ya era hora de que despertaras y me dieras el reporte de la última misión que les encomendé.
― Tsunade-sama, ¿no debería estar usted con mi padre? –dijo Ino.
― Ya hable con él y todo está preparado. –musito viendo fijamente a Kurenai con la mayor desconfianza que sus ojos podían hacer notar. –Inoichi te leerá la mente Kurenai, necesito saber lo que paso en esa misión por que a partir de ahí comenzaron los problemas, y por medio de una maquina especial, Hinata y yo veremos lo que sucedió en realidad.
― Estoy muy de acuerdo con eso, Tsunade-sama. No les puedo negar que entren en mi mente para que vean lo que paso.
― Bien. Prepárate, debemos ir cuanto antes a la División de inteligencia, Inoichi nos espera ya. Mandare a alguien por Hinata justo ahora. –le informo la Hokage.
― U-un momento. –dijo Ino truncada. – ¿Qué está pasando? ¿Por qué le habla así a Kurenai-sensei?
― No es de tu incumbencia, Ino. –dicto la godaime con un tono de voz que dejo a Ino sin habla, perpleja.
.o0o.
Hinata se había despertado muy asustada al darse cuenta de que se encontraba en la habitación de Tsunade. Se sentía una molestia por haberse quedado dormida allí, seguro Tsunade se habría enojado por ello la busco en todas las habitaciones y no la encontró, así que bajo las escaleras corriendo para disculparse con ella quien seguramente ya estaba desayunando en la cocina. Pero para su desconcierto, Tsunade no estaba ahí sino una viejita encorvada.
― Ah, hola. –saludo Hinata no muy segura. – ¿Quién es usted?
― La cocinera. –le sonrió la abuelita haciendo que muchas arruguitas tiernas se le formaran en el rostro. – ¿Gusta desayunar algo, Hinata-san?
― No, gracias. –negó con la cabeza. –Estaba buscando a Tsunade.
― Salió muy temprano esta mañana.
― Oh, vaya. –musito Hinata más tranquila. –Bueno, en ese caso me iré a duchar para buscarla yo misma. –se dio la media vuelta para salir de la cocina.
Cuando se termino de duchar en la habitación que estaba a un lado de la de Tsunade, se dio cuenta que seguramente había sido ella quien había dejado un cambio de ropa sobre la cama. Se vistió con un short negro ajustado que le llegaba a la mitad de las piernas, la típica blusa de red negra y sobre esta se puso un chaleco delgado color violeta fuerte. Se anudo muy bien su bandana de ninja al cuello y después bajo a la cocina para tomar una manzana roja para el camino.
Se dirigió a la salida de la casa, apenas abrió la puerta cuando se encontró a Yamato con el puño levantado en señal de que estaba a punto de llamar a la puerta. El ninja al verla; con la manzana en la boca, rápidamente retrocedió un par de pasos.
― Esto… ohayo, Hinata-sama. –saludo Yamato un poco sorprendido por el atuendo de la joven y vamos, un poco acalorado. Jamás se había atrevido a pensar en la piel que Hinata no enseñaba hasta ahora.
― Ohayo, Tamato-san. –sonrió Hinata amablemente luego de comerse el trozo de manzana.
― Este… es Yamato. –lanzo una risita nerviosa, corrigiéndola.
― ¡Oh, gomenasai! –se asusto Hinata y sus mejillas se sonrojaron un poco ante el error. –No fue mi intención…
― No se preocupe. –la detuvo Yamato con una sonrisa amable. – He venido por usted, Tsunade-sama me ha dado la orden de que la lleve de inmediato a la División de inteligencia con Inoichi-san.
― ¿Ocurrió algo? –abrió grandes los ojos, sumamente preocupada.
― No, por supuesto que no. –le aseguro. –Si me permite, la escoltare hasta la torre Hokage, los ninjas del clan Hyuga…
― Si, lo sé, me quieren tres metros bajo tierra. –lo interrumpió Hinata cerrando la puerta y empezando a caminar hacia la salida, enseguida Yamato se coloco a su lado.
― ¿Por qué se fue tan de repente del entierro de… Shino-kun? –le pregunto Hinata mientras caminaban por los mágicos territorios Senju. Le resultaba difícil pronunciar el nombre de su amigo puesto que aun no aceptaba del todo su muerte, pero también su enorme curiosidad quería saber la razón de que Yamato se fuera tan enojado de ese lugar.
― Gomen, fue una falta de respeto de mi parte, creo que más de uno se dio cuenta, ¿cierto?
― No. –negó Hinata. –Creo que solo yo por que estaba alejada de la multitud.
― Oh, menos mal. -dijo aliviado.
― Pero no ha contestado a mi pregunta, Yamato-san. –le recordó la joven.
― Ah, cierto. –sonrió como bobo. –Yo me fui porque…
Iban llegando a la reja negra de salida cuando Genma esperaba afuera. Hinata rápidamente lo saludo con la mano y una sonrisa, gesto que Genma imito.
― Hablando de por qué. –vocifero Yamato por lo bajo sin que Hinata lo escuchara.
― Hola, Genma. –exclamo Hinata con felicidad cuando salieron por la reja.
― ¿Cómo estás? –le dijo Genma. –Te vez feliz. Hey, ¿Qué tal te va Yamato?
― No me quejo. –respondió el ninja con sarcasmo.
― Te vez enojado. –lo observo Genma.
― ¿Está enojado, Yamato-san? –le pregunto Hinata con voz inocente mientras lo veía a la cara. Yamato solo podía mirar con desprecio a Genma cuando de repente algo lo saco de sí, la mano blanca y suave de Hinata revisaba su frente. Aquel tacto lo descordino por completo.
― ¿Qué hace, Hinata-sama? –pregunto Yamato algo nervioso.
― Mnn, no, no tiene fiebre. –aseguro Hinata retirando su mano de la cara de Yamato.
― Pensaba invitarte algo –le dijo Genma a Hinata, capturando su atención mientras que Yamato volvió a rabiar. –Pero veo que ya tienes compañía. –sonrió amablemente.
Enseguida Hinata y Yamato se sonrojaron un poco, cada quien viendo a un lado diferente.
― No. No es eso –aclaro Hinata. –Tsunade-sama ha enviado a Yamato-san para que me escolte a donde esta Tsunade-sama.
― Oh, vaya. Yo creí que estaban en una cita. –rió Genma levemente.
― ¡No! –gritaron Yamato y Hinata al unísono, ambos con las mejillas arreboladas y visiblemente avergonzados.
― De acuerdo. –exclamo Genma sin perder el humor. –Hare como que les creo. Pero recuerden: Las acciones hablan más que las palabras. Los veo luego, chicos. –se despidió siguiendo su camino.
Yamato y Hinata no sabían que decir, no se atrevían a mirarse siquiera. Tan solo atinaron a seguir el camino que los llevaría a la División de inteligencia.
Yamato no sabía que pensar de Genma. ¿Había fingido ser tan amable y en el fondo estaba celoso por el hecho de que Yamato estaba con Hinata? ¿O era que en realidad a él le daba igual si Hinata estaba con él? Lo único que le importaba era la opinión de Hinata, así que tomo valor para preguntar. Después de todo, quería saber que pensaba Hinata.
― Esto… Hinata-sama. –la llamo.
― ¿Sí? –musito ella un poco más tranquila, mirando con atención las tiendas del centro, quien sabe, igual y recordaba algo como anteriormente lo había hecho con Ino.
― ¿Usted está interesada en alguien… sentimentalmente… hablando? -pregunto no muy seguro.
― Sí. –contesto la chica con naturalidad.
― ¿Y… ese alguien es Genma? – BINGO, al fin Yamato había podido preguntarlo abiertamente, aprovechando que Hinata ya no era tan tímida como antes.
― Eso creo. –Yamato lamento haber tenido que escuchar eso. De repente, Hinata se detuvo abruptamente y se puso frente a él, mirándolo fijamente con sus ojos claros. –Recuerdo a alguien que cuido de mí un tiempo. Por él sentí cosas que me hicieron feliz, sé que yo quiero a ese alguien pero… no recuerdo quien es. Y empiezo a dudar que ese alguien sea Genma.
― ¿Qué recuerda de esa persona? –inquirió Yamato tragando saliva con dificultad, demasiado concentrado en lo que Hinata estaba a punto de decirle, si decía lo que Yamato creía que escucharía, entonces sería el hombre más feliz del mundo cuando…
― ¡NEEEEEEE-SAAAAN! –Hanabi llegaba corriendo con suma velocidad hasta llegar a los brazos de Hinata, llorando compulsivamente. – ¿Dónde te habías metido, tonta? ¿Cómo está eso de que no me recuerdas? ¡Te odio, Hinata! –reclamaba con dolor la pequeña parecida a Hinata, abrazando aun mas fuerte a su hermana mayor.
Hinata no sabía que decir, no recordaba a esa enclenque que se le había tirado a los brazos y que si no se la quitaba de encima, terminaría asfixiada por lo fuerte que le apretaba el cuello con sus delgados brazos.
― Hanabi-sama. –llego un miembro del bouke que escoltaba a Hanabi. –Regrese inmediatamente, Hanabi-sama –se preocupo. –Ella es la que traiciono al clan Hyu…
― ¡CALLATE! ¡CUANDO QUIERA TU OPINON YA TE LO DIRE! –le grito con odio mientras dejaba libre a Hinata. –No quiero estar en el clan Hyuga si tú no estás, llévame contigo, nee-san. –suplico con sus ojitos rojos de tanto llorar.
Hinata recordó la plática que había tenido con Tsunade la noche anterior.
Neji es tu primo mayor y Hanabi tu hermana menor; la ahora futura cabeza del clan Hyuga.
― Lo siento tanto, Hanabi-chan. No fue mi intención olvidarte. –le explico Hinata tratando de tranquilizarla, aunque la misma Hinata no supiera ni que decir. –Yo…
Hinata no pudo continuar cuando observo a un joven de un liso cabello marrón con los mismos ojos claros que ella, los cuales la miraban con dolor, aunque no tan intenso como el que demostraban los ojos enrojecidos de Hanabi. El joven observaba a Hinata a lo lejos aunque poco a poco llego hasta las hermanas y Yamato.
― Hiashi-sama la quiere de regreso inmediatamente, Hanabi-sama. –exclamo Neji con una voz apagada, siendo incapaz de mirar a Hinata teniéndola tan cerca.
― Neji, vámonos con Hinata, ¿sí? –musito Hanabi con ojos suplicantes y con la voz en un hilo.
La escena resultaba de lo más triste, el mismo Yamato sentía el dolor que se veía en los ojos de los Hyuga.
― No podemos, Hanabi-sama. –respondió Neji con sequedad. –Debemos irnos ya o Hiashi-sama se enfadara. Himaro, ayúdame a cargarla. -le dijo al otro Hyuga.
― ¡No! ¡Quiero estar con Hinata! ¡Yo no quiero volver! –pataleaba Hanabi estirando sus brazos hacia Hinata con la esperanza de alcanzarla. Hinata iba a estirar un brazo hacia ella cuando Yamato le detuvo el brazo.
― No quiera provocar a Hiashi, Hinata-sama. –le dijo Yamato muy cerca del oído a una Hinata que veía como se llevaban a la niña hasta dar vuelta en una esquina. Los gritos de Hanabi se escucharon un poco más hasta que finalmente se los llevo el viento. Hinata se quedo mirando con melancolía por donde la pequeña había desaparecido junto a su primo y el otro muchacho que no conocía, pero que estaba segura que era de los Hyuga. –Cuanto siento que tenga que presenciar esto, Hinata-sa…
Yamato no pudo terminar cuando Hinata lo sorprendió abrazándolo. La joven había pasado sus brazos desnudos por su cintura y enterraba el rostro en el pecho del shinobi. Yamato sabía que ella lloraba, que se sentía lo peor del mundo por haber tenido que dejar a la pequeña llorona. El hombre tardo un par de segundos en reaccionar cuando paso sus brazos por los hombros de Hinata.
― Que difícil es esto, Yamato-san. –sollozo Hinata. –Parece que no pero el que te quiten recuerdos aunque sean malos, hace sufrir a las personas.
Yamato no sabía que decirle, puede que no había nada que decir así que solo la abrazo con más fuerza.
― Gomenasai, Hinata-sama –exclamo Yamato con voz seria. –Perdóneme por no haber sido capaz de protegerla. –lamento con culpabilidad.
― ¿De protegerme? –Hinata se separo de él. – ¿Protegerme de qué? –pregunto con pequeños rastros de lagrimas en su rostro suave.
― De Hiashi, de la guerrilla... –Yamato se dio cuenta de lo cerca que tenía el rostro de Hinata en ese momento, estaba sumamente nervioso y se acerco más a ella. La joven tan solo retrocedió un paso y Yamato -avergonzado- volteo hacia otro lado. –Ehm, será mejor que nos demos prisa, ya hemos demorado mucho y Tsunade-sama se enojara. –musito haciéndose el desentendido de lo que estuvo a punto de hacer.
― Claro, Yamato-san, vamos. –musito ella apurando el paso mientras Yamato iba detrás suyo; insultándose mentalmente en el resto del camino.
Hinata lo miraba de reojo cuando él no se daba cuenta, pues ella misma había hecho su andar más lento para que Yamato fuera a su lado. No sabía que le pasaba, pero repentinamente, con solo estar cerca de él se sentía torpe, sentía que no quería hacer nada que la dejara mal parada a la vista de Yamato.
"¡Iba a besarme!" pensaba ella mientras sus mejillas recuperaban un poco del sonrojo que la caracterizaba antes. Por alguna razón, sintió dentro de sí misma una extraña electricidad cuando el shinobi se acerco a su rostro, un sentimiento que según ella ya había sentido antes. "¿Como rayos se me ocurrió llamarlo Tamato? ¡Que vergüenza! ¿Por qué últimamente este hombre se ha metido tanto en mis pensamientos? No lo entiendo."
Tenía tantas dudas y quería preguntarlas ahora, pero debía ser paciente. Como bien le había dicho Tsunade: Todo se resolverá a su debido tiempo.
Cuando llegaron juntos al edificio perteneciente a la división de inteligencia, se adentraron al mismo con un poco de miedo, pues ninguno de los dos había estado allí antes. El lugar estaba a media luz y las paredes eran grises. Un shinobi les indico por donde llegar a donde estaban Tsunade e Inoichi; quienes esperaban a Hinata. Enseguida entraron a una cámara donde Tsunade e Inoichi estaban frente a una maquina extraña y un poco retirada se encontraba Kurenai sentada en una silla con el rostro demacrado y triste.
― Kurenai-sensei –la observo Hinata con preocupación al ver su estado. Rápidamente se acerco a ella y la abrazo. – ¿Está usted bien? –inquirió con consternación.
―Perdóname, Hinata. –la miro con sus ojos rojos vacíos.
― ¿Por qué esta ella aquí? –les pregunto Hinata a los presentes, visiblemente molesta. –Ella aun debería estar en el hospital.
― Kurenai tiene algo que decirnos y creí prudente el que vinieras para que conozcas mas a quienes te secuestraron. –exclamo Tsunade.
― ¿A los que me secuestraron? –repitió Hinata sin entender bien lo que había dicho la rubia godaime.
― Tal vez no lo sepas, pero los ninjas desconocidos que nos atacaron tienen que ver con la última misión del equipo 8. –continuo la quinta. – La última misión del equipo 8 consistía en recuperar una información de la aldea del sonido, bueno, todos los detalles los sabremos cuando Inoichi-san nos deje ver la mente de Yuhi Kurenai. –indico la Hokage.
Kurenai se levanto de la silla y por indicaciones de Inoichi; Yamato la había tenido que ayudar un poco debido a su debilitamiento, se sentó frente a la maquina en forma de rectángulo, poniendo sus manos dentro de unos círculos dibujados. Inoichi conecto un par de cables que salían de la maquina a la cabeza de Kurenai, Tsunade y a Hinata. Posteriormente, Inoichi coloco su mano a donde los cables se unían en la maquina.
― Un momento, ¿los ninjas que me secuestraron tienen que ver con la muerte de Shino-kun? –Inquirió asustada. – ¿Quiénes me secuestraron fueron los mismos que mataron a Shino? –Hinata pregunto con desesperación. ¿Era eso verdad? De ser así, todo este tiempo… había estado encubriendo a los asesinos de su amigo.
― Con estos cables que se unen a sus cabezas –la interrumpió Inoichi. – podre acceder a la memoria de Kurenai y traspasare lo que hay en su subconsciente a las mentes de ustedes; Tsunade-sama, Hinata-san. –explico. – ¿Están listas? –inquirió Inoichi.
― Adelante. –Contesto la Hokage muy segura.
― He dicho una pregunta… ―exigió Hinata cuando de pronto, comenzó a ver los recuerdos de Kurenai fluyendo en su mente.
(*) El recuerdo de Hinata es del capítulo 2, cuando Yamato y Hinata van a la florería Yamanaka.
Espero les haya gustado este raro capítulo, puede que se haya vuelto revoltoso, ¿no creen? ¿ están confundidas(os)? Háganme saberlo :)
Gracias a quienes dejan bellos reviews
LuKuran: De veras gracias por leer :D espero que este cap haya sido de tu agrado, no me salio tan romantico como yo quería :(
nekomoon: Que bueno que te gusto el cap pasado, espero no haber hecho esto muy revoltoso :/ tengo miedo! jeje Gracias por tu review! :)
Ahidis Black: Decidí sacar un poco mas el entierro de Shino, siento que te lo debía :') Murió como un héroe, eso se vera en el prox capi. Espero que despues de esto no odies tanto a Genma xD Gracias por tu review!
Tengo miedo! Siento que este cap estuvo revoltoso, ¿que opinan?
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El final de esta historia esta cerca, chicas :)
¡Cuídense!
