Capitulo 10: Siempre juntos.
.
.
Era un buen día para pasarlo bien con la familia, podía haber tomado esa misión para otro día pero Kurenai quería liberar aquella misión de una vez por todas, así que fue para avisarle a Kiba y Shino que la Hokage los llamaba en la torre Hokage.
La jounin sabía perfectamente que su equipo necesitaba ganar experiencia, sentía un poco de celos que el equipo de Gai o hasta el de Kakashi, fueran más buenos que el de ella. Hasta el equipo de Asuma sin el mismo jounin, era uno de los equipos más fuertes, pues contaban con el gran genio Nara.
Ahora que Hinata no estaba dada de alta como ninja, Kurenai se había atrevido a tomar una misión de rango A para su equipo. No era que menospreciara a Hinata, pero nunca le había agradado llevar a Hinata a las misiones de rango alto por miedo a que se hiciera daño, era como una hija para ella y era mejor que estuviera en la mansión Hyuga donde nadie podía hacerle daño. No la había ido a visitar en las últimas semanas, Kurenai intentaba que con Hiashi, Hinata se formara más carácter y fuera un poco más egoísta, más desafiante. Su amiga Anko le había dicho hace mucho que Hinata siempre se escudaba con su equipo, que era mejor dejar a Hinata un tiempo para que se protegiera con sus propias manos y Kurenai también lo creía así.
― Adelante. –se escucho la voz firme de la Hokage y el equipo 8 se adentro a su oficina. –Me extraña que aceptaras una misión de rango A, Kurenai. ¿Estás segura de lo que estás haciendo?
― Estoy segura. –afirmo Kurenai con una sonrisa llena de confianza. –Todo saldrá bien, Tsunade-sama, ¿cierto, chicos?
― ¡Muy cierto! –grito Kiba exaltado. – ¡Ya quiero patear traseros de verdad!
― Bien. –dijo la godaime sacando un pergamino de un cajón. –La misión consiste en asegurar la situación de Otogakure no Sato (Aldea oculta del Sonido). Vean si sigue en ruinas o si hay nuevos habitantes en la aldea, es mi deber asegurarme que Orochimaru no tenga algún fan obsesivo que quiera terminar lo que él inicio. Casi siempre dejo a los ANBU's la misión de verificar Otogakure como todos los años, pero no creo que haya problemas con que esta vez vayan ustedes.
― ¿No habrá peligro? –bufo Kiba totalmente desilusionado.
Habían tenido que acampar una noche para llegar a Otogakure. Shino mando sus insectos por delante para verificar si había chakra en los alrededores de la destruida aldea de Orochimaru. Sin embargo, los bichos no captaron nada, así que los tres; Kurenai, Shino y Kiba, se atrevieron a caminar hasta adentrarse a la aldea.
Encontraron una aldea totalmente desamparada y acabada por el tiempo y el olvido. El lugar estaba desolado, no había ningún animal que quisiera acercarse a ese lugar de muerte, a excepción de los insectos de Shino.
― Pues no parece que haya peligro aquí, Kurenai-sensei. –indico Kiba con las manos en la cadera, aburrido de no haber tenido la acción que él deseaba. Tan solo dio un paso más por donde estaba y la tierra bajo sus pies se vino abajo. Un gran hoyo se había tragado a Kiba y el muchacho grito del susto.
Inmediatamente Kurenai y Shino fueron en su ayuda y se adentraron a donde Kiba había caído, encontrándose con un laboratorio subterráneo. La jounin puso un dedo en su boca en señal de que guardaran silencio. El lugar estaba a media luz por lo que era evidente que alguien lo habitaba. Habían conseguido entrar gracias a una especie de compuerta redonda y mediana hecha al parecer de metal, la cual estaba caída en el suelo, como si las bisagras oxidadas se hubieran roto. Sin perder tiempo, los insectos de Shino se adentraron al escondido laboratorio para inspeccionarlo.
― Mis insectos han encontrado una gran cantidad de chakra. –informo Shino en voz baja.
― ¿Pero por qué? Allá afuera no detectaron nada. –musito Kurenai.
― Debieron poner alguna capa protectora para que mis insectos no vieran el chakra. –Shino se acerco a una pared y empezó a descarapelarla con un kunai, quitando la madera que la cubría. –Metal. –dijo Shino observando que después de la pared de madera estaba una de metal. –Por eso no detectaba el chakra, el metal debe ser demasiado grueso para no dejar ver el chakra.
― No puede ser. –negó Kurenai. – ¿Se imaginan cuanto tiempo ha de tener esta gente aquí?
― ¿Actuaremos, Kurenai-sensei? –pregunto Kiba con una leve esperanza.
― Claro que no. –Kurenai frunció el ceño ante la ocurrencia de su alumno. –Lo mejor será reportar esto a Tsunade-sama.
Apenas iban a regresar por donde vinieron cuando una alarma roja se extendió por todo el enorme laboratorio. Enseguida los corazones de los shinobis de Konohagakure palpitaron arrítmicamente al escuchar el sonido de la alarma dentro de sus propios cuerpos. La palabra "escapar" era lo único que cruzaba por sus mentes.
Con rapidez salieron por donde entraron y llevando chakra a sus pies, se dispusieron a huir saltando entre las ramas de los arboles. Ni siquiera voltearon para atrás sabiendo que había un escuadrón completo del Sonido con la más pura intención de matarlos cuanto antes.
No supieron ni como, el caso era que ahora el equipo 8 se tapaba los oídos con fuerza, tratando de bloquear la entrada de las ondas sonoras que se metían sin remedio por sus cuerpos, ondas provenientes de tres chicos flautistas y una chica cantante, el resto del escuadrón ya se encaminaba de regreso al laboratorio, confiados en que sus compañeros tenían todo bajo control.
Esa sería la última misión para el equipo 8. No había manera de salir con vida de aquel sonido infernal que les lastimaba hasta la más recóndita entraña celular.
Las vibraciones dentro de sus cuerpos habían hecho que empezaran a sangrar por la nariz y los oídos. Morirían sin remedio.
De repente, un extraño viento fresco recorrió aquel lugar y como si el viento fuera polvo de sueño, los ninjas de Otogakure cayeron al suelo totalmente inconscientes. Tan solo Kiba alcanzo a ver como los ninjas que estuvieron a punto de matar a su equipo, estaban inmóviles y observo a un muchacho moreno y de cabello blanco, acercarse a ellos. Después de eso, su mente se oscureció.
.
Kurenai sintió como su cuerpo dolía mucho, tanto como para no querer abrir los ojos, pero debía hacerlo. Su último recuerdo había sido estar a punto de morir gracias a los ninjas de Otogakure, sus ojos rojos como la sangre, tenían que observar lo que había pasado.
Abrió los ojos con lentitud encontrándose con una joven de cabello corto y de rostro joven y grácil junto a una anciana con arrugas; ambas mujeres con un dibujo de pintura en su frente de una media luna con una cruz al frente. Aquello se le hizo extraño, ¿Qué clase de ninjas eran?
― ¿Quiénes son ustedes? –pregunto Kurenai alarmada pero sin moverse, estaba totalmente adolorida.
― Cálmate, si quisiéramos hacerte daño ya lo hubiéramos hecho. –le dijo la anciana.
― ¿Dónde está mi equipo? –dijo mirándolas con ojos desconfiados.
― Tus chicos están descansando en la casa de Darui-kun. –le informo la joven de apariencia hiperactiva. –Yo me llamo Kurotsuchi, ¿y tú, ninja de Konoha?
― Kurenai. –contesto omitiendo su apellido. Así que ellas ya sabían que era de Konoha por su bandana. En esas circunstancias, Kurenai debía averiguar más de ellas para anivelar la situación.
― ¿En dónde estoy?
― En la aldea de... –contesto la anciana.
Kurenai no pudo resistir más y el cansancio la venció en un profundo sueño.
.
Cuando sus ojos se volvieron a abrir, observo a Shino y Kiba a su lado como dos perros guardianes; más el último.
― Kurenai-sensei –se alegro Kiba de ver como despertaba para no volver a cerrar los ojos. –Al fin despiertas, tienes que conocer esta extraña aldea, son todos tan raros. Todos tienen el tatuaje de una luna con cruz, es como una forma de identificarse que son miembros de un clan llamado Tsuki*. –le informaba Kiba emocionado de todo lo que había aprendido.― Dicen que la aldea se llama "Tsukigakure".
― ¿Clan Tsuki? ¿Tsukigarue? Nunca lo había oído. –exclamo Kurenai con apariencia seria.― En todos mis años como ninja.
― Tal vez tratan de preservar sus jutsus y por eso se esconden. –opino Kiba.
― ¿Qué es lo que les paso a los ninjas del sonido? –les pregunto la jounin.
― Según me dijo un tal Darui, les borraron la memoria completamente mediante el viento, ¿no es algo increíble, Kurenai-sensei? –exclamo Kiba. –Pero solo la anciana de la aldea puede hacerlo, Shino y yo aun no sabemos cuáles sean los jutsus de los demás habitantes de la aldea. Pero parece que están muy arraigados con la luna y la mente humana.
― Esta gente no me inspira mucha confianza. –Kurenai se levanto enseguida, ya un poco mas recuperada. Se coloco su chaleco verde y amarro su bandana a su frente. –Sera mejor irnos cuanto antes.
― ¿No quiere esperar a la comida? Tengo mucha hambre. –suplico Kiba sobándose el abdomen y Akamaru lo secundo dando un par de ladridos. Kurenai solo atino a poner los ojos en blanco.
―Está bien. –finalizo la jounin.
― ¡Genial! –salto Kiba. –Vamos, Akamaru. –le ordeno saliendo de la casa de barro.
― Yo también tengo un poco de hambre, así que seguiré a Kiba. –dijo Shino saliendo, pero antes de abandonar la casa, volteo con Kurenai. –Usted también debería comer algo, Kurenai-sensei.
― En un momento los alcanzo. –le aseguro la mujer y el chico misterioso salió por fin, dejándola sola.
Kurenai determinada a saber más de esos ninjas extraños, empezó a curiosear la habitación donde se encontraba. No encontró más cosas que collares hechos con piedras lindas, platos y vasos de barro, hojas con poemas y un sinfín de ropa remendada. Estaba por salir para alcanzar a Shino y Kiba cuando algo llamo totalmente la atención de sus ojos rojos.
Sobre una mesa de madera carcomida se hallaba un bulto mediano cubierto con una tela gris de aspecto sucio. Kurenai se acerco y quito aquella tela, encontrando así un cofrecillo plateado sin ningún impedimento para ser abierto. La mujer lo abrió encontrando un montón de piedras circulares de cristal reluciente. Con su mano tomo una y la observo de cerca.
― ¿Robando? –escucho la voz de la anciana detrás de ella. Kurenai se encontró tan desprevenida que del susto soltó la piedra de cristal tirándola al suelo. – ¿Pero qué has hecho? ¡Levántala! –la regaño la anciana colérica. –Esas piedras son el alma de nuestra aldea.
― En verdad lo siento. –musito Kurenai devolviendo la piedra a su lugar y cerrando el cofre.
― Perdiste a alguien importante, ¿verdad? –inquirió la anciana viéndola con ojos penetrantes. –Puedo verlo en tus memorias. Pero no te preocupes, tu amado aun está vivo… en tu memoria.
― Eso no sirve. En la memoria no podrá cuidar de su hijo o de mí. –contesto Kurenai resentida por el hecho de que la vida cruel le hubiera quitado a su Asuma.
― No has aceptado la muerte de tu amado. –dictamino.
― Eso a usted no le incumbe. –Kurenai se alejo un poco de ella, con desconfianza. – ¿Ha dicho que pudo saber lo de antes por que vio mis memorias? –pregunto evitando el tema de Asuma y a la vez interesada en las habladurías de la anciana rara.
― Con solo ver a una persona puedo ver en un segundo –levanto el dedo índice. –todo lo que ha pasado en su vida. Un segundo.
― ¿Qué clase de jutsu es ese?
― No es un jutsu, es un don. –le explico la ancianita. Kurenai asintió.
― ¿Y qué hay con esas piedras? –señalo la mujer de ojos rojos. – ¿Por qué tanto cuidado con ellas?
― Te vez confiable. –la escruto con la mirada. – Te lo diré, serás la primera persona en saberlo que no es de esta aldea. Hay una creencia de que esas piedras traen de vuelta a las personas del más allá. –musito la anciana con un tono de misterio en un intento de sembrar terror en Kurenai, pues le divertía asustar a la gente.
― ¿Y de verdad pueden revivir a las personas? –la miro Kurenai totalmente concentrada en lo que fuera a responderle.
La anciana sonrió de medio lado. –En casa de Darui tus chicos están comiendo, acompáñame para llevarte ahí para que tu también comas.
La ancianita camino fuera de su casa pero se detuvo al ver que Kurenai no salía. Apenas iba a verificar donde estaba cuando la mujer de ojos rojos salió apresurada.
― ¿Qué espera? Lléveme con mis alumnos. –pidió de inmediato. La anciana miro esto como un comportamiento extraño pero le resto importancia cuando un hombre le recito con una lista todos los desastres que había provocado su nieta Kurotsuchi esa mañana.
El equipo 8 no podía estar más agradecido con aquella extraña aldea. Los habitantes solo les habían hecho prometer que no dijeran nada de su aldea, pues eran un clan que no quería ningún conflicto con nadie. Los ninjas de Konoha no le vieron nada de malo hacer aquella promesa.
― Muchas gracias por su ayuda, Darui-san. –sonrió Kiba despidiéndose. El plan era vendarles los ojos y guiarlos hasta que estuvieran lejos de la aldea para que no conocieran el camino de regreso.
― ¡Deténganlos! –llegaba corriendo Kurotsuchi jadeando. – ¡Falta una piedra lunar! ¡Nos traicionaron, nos quieren robar!
Enseguida, sin perder un segundo de tiempo, los aldeanos -como si les hubieran hecho la peor de las blasfemias- se lanzaron con coraje al confundido en extremo Equipo 8, quienes a la misma velocidad que los aldeanos, corrieron en plan evasivo. Eran demasiados, la única forma de salir ilesos era huir de ellos.
Los aldeanos eran hombres rápidos. El pensamiento de Kurenai, Shino y Kiba era igual; huirían más rápido por las ramas de los arboles, así que se prepararon para subir a uno rápidamente. Enseguida, cuando subían por un gran abeto, fueron atacados por una lluvia de flechas. Los chicos casi habían llegado a las ramas gruesas para empezar a huir, pero no así Kurenai. La mujer le pisaba los talones a sus alumnos cuando de repente sintió que algo atravesó la parte de atrás de su pierna derecha. El dolor se extendió rápidamente, el cerebro de la mujer mando ondas de intenso dolor y sintió algo caliente resbalar por su pierna. Kurenai no pudo mover mas esa pierna, el chakra en ella no respondía bien, entonces, sintió que las fuerzas la abandonaban poco a poco; la flecha tenía veneno. Iba a caer en medio de aquella turba enfurecida, o peor, se lastimaría la cabeza con las rocas que había por ahí, cualquiera de las dos cosas eran horribles, aunque si lograba sobrevivir a la caída de cuarenta metros, podría someter a los aldeanos en un genjutsu.
Estaba en el suelo con la pierna adolorida, casi totalmente manchada de ese líquido carmín. Aun así alcanzo a hacer un jutsu de transportación y apareció a unos seis metros de los aldeanos, quienes al verla a su merced, corrieron tras ella.
Kurenai estaba lista para envolverlos con un poderoso genjutsu cuando una muy fuerte punzada en su pierna le hizo gritar. La miro, estaba poniéndose negra. El veneno era rápido. Cuando volvió su vista a los aldeanos, observo que se habían detenido a unos metros de ella pero su preocupación no disminuyo cuando los vio a todos con sus arcos soltando sus flechas en dirección a ella. Vio venir aquella lluvia… estaría muerta dentro de poco, pero su vista fue eclipsada por un cuerpo que se abalanzo sobre ella, protegiéndola. Tan solo había podido ver un reflejo verde.
Sus oídos zumbaron sin percibir más que ese sonido, sus ojos se abrieron a su máxima expresión ante la realidad y su cuerpo tembló con miedo al darse cuenta de quien la había protegido. La espalda de Aburame Shino estaba llena de flechas envenenadas.
― ¡Shino, Kurenai-sensei! –se escucho el grito de pánico proveniente de Kiba. El Inuzuka se apresuro a realizar algunos seals para crear un Jujin Bunshin (Técnica del clon Hombre-Bestia) que convirtió a Akamaru en un ser idéntico a Kiba y posteriormente ambos realizaron el jutsu Gatsuga (Doble colmillo perforante) haciendo que ambos giraran a gran velocidad, estampándose contra la turba de los aldeanos que cuando hacían contacto con ellos, éstos recibían golpes muy fuertes. Kiba mantuvo aquel jutsu por algunos minutos más hasta que acabo con los aldeanos, sin matarlos, solo hiriéndolos para mantenerlos a raya.
De inmediato, el chico Inuzuka, junto al clon de Akamaru, acudió a donde se encontraba Kurenai y un moribundo Shino con algunas partes de la piel coloreándosele de negro. Kurenai lo mantenía en la misma posición en la que Shino la había protegido, pues de ponerlo en el suelo alguna de las tantas flechas se le podría enterrar más.
― ¡Shino! –grito Kiba anonadado de ver tanta sangre en la espalda de su mejor amigo. Estaba al frente del árbol donde Kurenai abrazaba débilmente a Shino, derramando lágrimas y manteniendo un rostro de dolor que se negaba a creer lo que había pasado.
.o0o.
Hinata se desconecto de un tirón los cables que iban a su cabeza. No podía resistir mas después de lo que había visto. Dio un par de pasos hacia atrás y al tercer paso estuvo a punto de desplomarse al piso de no ser por que Yamato estaba a su lado y la había tomado en sus brazos.
El shinobi observo a Hinata. Lucia cansada y triste pero además había un toque de miedo en sus ojos claros.
― ¿Hinata-sama? –la llamo el ninja con preocupación.
Tsunade se quito los cables, imitando a Hinata, ya había visto lo suficiente y ahora mismo se acercaba para atender a Hinata.
― Tú –le hablo Tsunade a un ANBU que estaba en una esquina de la habitación. –Junta a dos escuadrones y salgan inmediatamente a Otagakure.
― ¿Qué le sucede? –le pregunto Yamato a Tsunade sobre Hinata mientras la rubia Hokage la revisaba.
― Solo está sorprendida, debió haber sido una fuerte impresión ver morir a su compañero. –explico la rubia. –Hinata. –llamo a su hija. –Hinata.
― Estoy… bien. –exclamo la chica un poco abstraída aun en las memorias de Kurenai.
― ¿La razón por la que atacaron Konoha fue para recuperar la piedra? –Tsunade se dirigió a Kurenai.
― Y para matarnos a Kiba y a mí. –añadió Kurenai con la cabeza baja.
― Esto es el colmo, Kurenai. –la regaño Tsunade. – ¡¿Cómo pudiste ocultarnos esta información?! Gracias al cielo la invasión no paso a mayores. Y dime, ¿Qué acaso pretendías revivir a Asuma? –pregunto sin tacto.
― Yo tenía la esperanza de hacerlo –Kurenai alzo la voz estrangulada. –Aunque no sabía cómo usar la piedra, yo… tan solo la tome, no creí que fuera tan importante y como esa aldea no se veía fuerte, no pensé que fueran capaces de atacar Konoha.
― ¿Puedo irme? –pregunto Hinata con voz debil, interrumpiendo cortantemente.
― Claro. –accedió Tsunade.
― Hinata, por favor perdóname. –le imploro Kurenai antes de que la chica saliera del cuarto, pero Hinata ni siquiera volteo a verla.
― Yamato. –lo llamo Tsunade antes de que el shinobi siguiera a su hija. –Confío en ti, parece que le agradas a Hinata así que quería darte un trabajo, si no tienes inconveniente. El clan Hyuga aun me preocupa y quisiera saber si podrías cuidar de Hinata, tú sabes, ser su guardián.
― Eso no me lo tiene que pedir, Tsunade-sama. –respondió Yamato sorprendiendo a la misma Hokage. Enseguida, el ninja salió de la habitación para ir alcanzar a Hinata.
Caminaron sin hablar hasta llegar a un parque solitario y Hinata se sentó en una banquita, cabizbaja. "Confié en que ellos eran buenas personas… Darui-kun, Kurotsuchi, la abuela… toda esa aldea fue la que mato a Shino. Son malos. ¿Cómo pude creerme amiga de Darui y Kurotsuchi? Debo hacer dos cosas, primero, asegurarme de que Konoha no se vea envuelta en más problemas y también, al igual que Kurenai-sensei, yo tome una piedra de la aldea, y tengo que ver la manera de… no quiero pensarlo pero eso también debo hacerlo… lo prometí… te vengare, amigo mío". La muerte de Shino se repetía incontables veces en su mente. Era horrible. Se levanto con la intención de regresar a su casa cuando Yamato la detuvo.
― Yo se que le sucede algo, lo veo en sus ojos. Si quiere llorar, puede hacerlo en mi hombro, Hinata-sama, sin embargo, la veo consternada. –le dijo Yamato frente a ella. Hinata vio la preocupación pulcra en los ojos del ninja y no pudo evitar querer abrazarlo por preocuparse así por ella. Nunca había visto tanta atención para ella de otra persona. Yamato la hacía sentir rara, como si ella fuera tonta, pero más que nada, sentía una cálida confianza como si lo conociera desde hace tiempo y pudiera contarle sus más oscuros secretos, y es que había uno que últimamente le taladraba la cabeza.
― Le contare, pero le advierto que querrá asesinarme, pero antes tengo que decirle todo lo que vi en la mente de Kurenai-sensei. – Yamato asintió y la joven empezó a relatarle los hechos resumidamente y cuando hubo terminado, Hinata tomo algunas bocanadas de aire para decirle a Yamato su secreto. – Yo, al igual que Kurenai-sensei… he robado una piedra de Tsukigakure. –confeso tapando su cara con ambas manos, esperando el regaño de Yamato u algo peor. Sin embargo, al pasar el tiempo se dio cuenta que aun no sentía un kunai en su abdomen o los gritos furicos del shinobi así que con miedo abrió una rendija entre sus dedos y observo a Yamato, quien seguía frente a ella con una expresión de sorpresa.
― No se asuste Hinata-sama. –Yamato intentaba sonar calmado, pero sabía que aquello podría acarrear algo peligroso. –Cuente conmigo para lo que decida a hacer.
― De ninguna manera pienso decirle a Tsunade-sama. –explico Hinata dejando su rostro al descubierto.
― ¿Qué, qué? –soltó Yamato incrédulo. –Pero ya vio lo que paso cuando Kurenai robo la piedra, puede que esos ninjas nos ataquen…
― No se lo diré, no señor. –negó ella aferrada a su decisión. –Si se lo digo me ahorcara, o posiblemente me mande de regreso con los Hyuga y terminen de matarme, así que no se lo diré a Tsunade.
― ¿Ah, sí? ¿Y qué piensa hacer? ¿Ir usted misma a esa aldea para devolverles la piedra en son de paz? –exclamo de brazos cruzados, cuando vio la mirada pensativa de Hinata. –No… no, Hinata-sama, ¡ni hablar!
― Ya está decidido. –Hinata cerró los ojos y se volteo en señal de que no se dejaría convencer.
― Hinata-sama, eso puede ser muy peligroso, de ninguna manera puede hacer aquello. –Yamato intentaba por todos los medios convencerle de que esa no era la mejor idea del mundo, pero a la nueva Hinata la terquedad era ahora uno de sus puntos fuertes.
― No, no. No podrá convencerme, Yamato-san. No lo hará. –musito como si estuviera regañando a un niño pequeño y le puso su dedo índice izquierdo en la punta de su nariz. –No lo hará. –repitió. Yamato se sonrojo un poco ante el contacto y la cercanía, pero no por eso se alejo de ella.
― Si está decidida a ir, se lo ruego, Hinata-sama, déjeme ir con usted. –suplico. Aquellas palabras dichas por Yamato a tan solo unos centímetros de su rostro, hizo que el corazón de Hinata palpitara arrítmicamente.
La joven se separo un poco de él y se llevo una de sus manos a su corazón.
"¿Por qué? ¿Por qué lates tan fuerte?" le pregunto a su corazón mentalmente sin dejar de mirar los ojos de Yamato.
― Por favor, Hinata-sama. –reitero su suplica, algo que hizo que Hinata regresara de su ensimismamiento.
― Eh, no, olvídelo, puede ser peligroso.
― Mejor hacerme daño yo que usted. –dijo el ninja.
"¿Por qué me dice estas cosas? diablos, ¡¿Por qué siento que quiero besarlo?!" pensaba acaloradamente.
― ¿Qu-que clase de cosas dice, Yamato-san? –Hinata se dio la media vuelta con la determinación de irse, pero Yamato detuvo su andar colocándose frente a ella de nueva cuenta.
― Si no me deja ir con usted, de todas maneras la seguiré, siempre la seguiré, Hinata-sama. La Hokage me ha nombrado su guardián. –le informo con una sonrisa alegre aunque en el fondo sentía ganas de llorar por la emoción. Oh, vaya que era un sensible.
― Yamato-san. –musito Hinata viéndolo con ternura. –Es usted muy gentil, enserio, pero no debe acompañarme, no se preocupe, le diré a Tsunade que me escape de usted…
― No me importa si Tsunade-sama me ahorca o me corta la cabeza, mucho menos me importa si soy oficialmente su guardián o no, no lo hago por ninguna de esas causas, lo hago porque quiero asegurarme de que usted no sea lastimada nunca.
― Lo dice como si yo realmente le importara. –murmuro Hinata distraídamente.
― Es que es eso, Hinata-sama. Usted me importa.
Hinata sintió como los latidos de su corazón se incrementaban al doble, como la piel de sus mejillas se sentía caliente y que repentinamente sus piernas no tenían fuerzas y de un momento a otro iban a flaquear.
― Usted… daría… -susurro Hinata casi sin poder hablar, su misma voz se atoraba en su garganta.
― la vida por Hinata-sama. –completo él inmediatamente.
―… ¿Q… Que? –musito totalmente en shock. Su mente no daba crédito a lo que había escuchado de la boca de Yamato.
Enseguida, el jounin, dándose cuenta de que había aflojado la boca de más, se sonrojo completamente y asustado, retrocedió un par de pasos, volteando a otra parte.
― Bien, necesitare que me cuente lo que en realidad paso con usted cuando fue secuestrada.
Hinata, no olvidando así lo que le había dicho Yamato, le conto todo con detalle, empezando donde ella recordaba estar corriendo hacia la torre Hokage, aunque no sabía exactamente por qué. Yamato le dijo que en el momento que huía era cuando se estaba suscitando la guerrilla y, según sus fuentes, también la renuncia de Hinata al clan Hyuga, quienes habían descuidado la entrada norte que les correspondía proteger, en busca de la traidora-prófuga del clan; Hinata, y que por esa causa, los ninjas invasores de la aldea de la Luna habían logrado penetrar Konoha. Hinata se había sentido culpable por haber sido la causante de la distracción del clan Hyuga, pero Yamato le rogo que no se sintiera así, que él mismo, y muchos más, estaban felices de que hubiera tomado la decisión de deslindarse del clan Hyuga aquel día.
― Bien, si le taparon los ojos para que no viera el camino, ¿Cómo piensa llegar a la aldea? –inquirió el shinobi.
― Yamato-san, lo tengo todo calculado. –le guiño un ojo. –Kiba sabe dónde está la aldea, él estuvo en la aldea dado que fueron auxiliados por la misma en su última misión. Kiba me dirá como llegar. –levanto un pulgar en señal de "its OK".
― Buena idea, Hinata-sama. –la felicito con una sonrisa.
No perdieron tiempo y Yamato, por medio de un jutsu de transportación, llego junto a su protegida a la habitación de Kiba del hospital.
― ¡Rayos! Me asustaron. –se quejo Kiba. –Hey, ¿juntos de nuevo, picarones?
― ¡Kiba-kun! –lo reprendió Hinata levemente sonrojada.
― Hemos venido para pedirte ayuda, Inuzuka-kun. –argumento Yamato recuperando la compostura.
― Kiba, esto es lo que pasa: vi lo que sucedió en la última misión del equipo 8 gracias a las artes mentales de Inoichi-san. He visto la memoria de Kurenai-sensei y sé que ella cometió un error, tomo una piedra de la aldea.
― Si, lo sé, nunca quiso que le dijéramos a nadie, estaba esperanzada con que iba a revivir a Asuma-san.
― Sí, bueno, ¿recuerdas que me llamaste mentirosa cuando te conté mi versión del secuestro? –Kiba asintió. –Pues, ¿Qué crees? Que tenias razón, sí conozco la aldea.
―Tsk, te lo dije Hinata. –sonrió de medio lado. –No podías engañarme, no a mí.
― El caso es que yo… cuando estuve en la aldea… robe una piedra. –sonrió forzadamente.
Kiba se quedo en silencio por algunos segundos y sintió ganas de desmayarse, pero lo soporto.
― Hinata… -El Inuzuka tuvo que hacer uso de su paciencia como pocas veces, pues nunca se atrevería gritarle a Hinata de cosas porque ella era su mejor amiga. –Ok, ¿Cuándo le dirás a Tsunade-sama? –Hinata le explico el plan que tenía. – ¡Estás loca de remate! –la acuso rápidamente.
"Eso mismo pensé yo" musito Yamato en su fuero interno.
― Kiba-kun, entiéndeme. –suplico Hinata. –No quiero provocar más problemas, además, si le digo a Tsunade-sama lo que sucedió puede que hasta nos regrese a la academia ninja, el honor del equipo 8 está en riesgo.
Kiba lo pensó detenidamente por un momento, puede que Hinata tuviera razón.
― Hinata, esto que vas a hacer es totalmente arriesgado e idiota, aún no me siento del todo bien para acompañarte y de todas formas, si mi mama sabe que me escape del hospital, me castrara. –Hinata lanzo una risita. –No te rías, lo digo enserio, es capaz. –musito seriamente. –Bien, así que cuida bien de Akamaru.
Hinata se quedo confundida.
― Akamaru también reconoce el olor de la aldea. –Kiba guiño un ojo.
― ¡Kiba, te amo! –salto Hinata con felicidad para darle un beso en la mejilla. Yamato no pudo evitar sentirse un poco celoso de aquello, pero entendía a la perfección que ellos eran como hermanos, así que con eso se sintió un poco más tranquilo.
El can blanco, que estaba metido en la habitación de Kiba ilegalmente, pues no se aceptaba entrar con mascotas, ladro un par de veces en señal de que aceptaba la misión y movió la cola alegremente, emocionado. No cabía duda que Akamaru era Kiba en perro.
.o0o.
La noche había caído en Konoha. Tsunade y Hinata se encontraban cenando en la cocina silenciosamente hasta que Tsunade se atrevió a hablar.
― ¿Estas enojada con Kurenai? –inquirió.
― No realmente. ¿Y qué fue de los ANBU's que fueron a Otagakure?
― Los ninjas han sido eliminados y el laboratorio subterráneo destruido.
― Que bien. –murmuro metiéndose un trozo de sushi en la boca.
― Me parece que te llevas muy bien con Yamato y Genma. –observo. Hinata tosió un poco y rápidamente tomo agua para pasarse el pedazo de sushi.
―Yo… no… ellos… ah –no dejaba de decir monosílabos y guardo silencio un momento en lo que ordenaba sus palabras mentalmente. –Sí, un poco.
― ¿Te gusta alguno? –sonrió la rubia.
― Ah… no. –negó un poco sonrojada. Tsunade parecía disfrutar de la conversación.
― Mn, bueno.
― Mañana saldré temprano, Yamato me entrenara. Puede que tardemos un día. ¿Me dejas ir?
― ¿Todo un día? –Tsunade la miro divertida. –Claro, ¿Por qué no?
― Gracias. –sonrió. –Me voy a duchar y luego a dormir, estoy cansada.
― Esta bien.
Hinata salió de la cocina rumbo a su habitación. Efectivamente se ducho pero al salir se vistió con ropas de ninja; un short corto color negro y una blusa negra pegada que la hacían lucir muy bien junto a sus sandalias ninjas. Se amarro su bandana al cuello y tomo una mochila que ya había preparado, echándosela a la espalda.
Abrió una ventana con sumo cuidado para no hacer ruido y, aprovechando que cerca de su ventana pasaba una rama gruesa de un árbol, subió por ella y bajo con cuidado. Iba a bajar de un salto pero antes aventó su mochila y vio que Yamato la atrapo. Enseguida, Hinata salto hacia el suelo obteniendo una buena caída, sin lastimarse. El ninja le dio su mochila -él traía la suya propia- y junto al buen Akamaru, empezaron a caminar por los senderos Senju, saliendo por una parte donde no había guardias.
Mientras caminaban por las oscuras calles de Konoha, Hinata miraba de soslayo al shinobi, quien lucía serio y hasta resignado.
― No quiero meterlo en problemas, Yamato-san. –dijo ella sintiéndose culpable.
― Va a vengarse, ¿verdad? –musito con un deje de tristeza.
― Solo planeo entregar la piedra, pero una vez que los vea… no sé de qué seré capaz. –confesó. – Si no le gusta lo que hare, ¿Por qué se empeño en venir?
― No lo entendería.
Hinata sintió como el corazón se le estrujo al ver ese "No lo entendería" tan resignado y depresivo, ese rostro apagado que nunca había visto antes en él. Por alguna razón sintió como si Yamato estuviera condenado a ir a donde ella iba, aún si fuera al infierno. Él parecía una especie de ángel guardián para ella que nunca la abandonaría hiciera lo que hiciera. Él era bueno, un shinobi excepcional, un buen hombre finalmente y ella no, era una mala persona, se sentía lo peor, lo manchado, horrible por no poder evitar que él la siguiera. Aun así, no se detuvo, sus pies siguieron dando pasos al lado de él.
Ahora los dos estaban tristes y hasta Akamaru lo sentía.
― Si usted da la vida por mí, entonces yo también la daré por usted. –susurro Hinata sin voltear a verlo, Yamato la miró y entonces sonrió un poco de medio lado, solo él mismo había sabido que eso era una sonrisa.
La luna llena los acompaño durante el camino nocturno, el bosque oscuro no resultaba tenebroso, sino tranquilo y hasta un tanto cálido.
― ¿Qué le asusta? –le pregunto Hinata de repente mientras seguían su camino.
― Que la venganza cava dos tumbas.
― Esas tumbas no serán para nosotros. –le aseguro y enseguida, subió un árbol corriendo junto a Akamaru, empezando su camino por las ramas de los arboles. Y Yamato… él la siguió, por supuesto. Siempre iba a seguirla, siempre, porque él ya estaba enamorado de ella.
No sé ustedes, pero estaba escuchando una música de fondo al final y llore!
nekomoon: Eres siempre tan amable, gracias por leer! Me encantan tus comentarios siempre! :') Yo también quería que Yamato y Hinata se besaran pero estos dedos míos que no escriben bien jaja
Zettai Kareshi: Que bueno que te gusto la pareja, a mi también me encanta esto del YamaHina jaja Yo me angustio por que Yamato y Hinata no han romanceado lo suficiente, pero afortunadamente ya habrá tiempo de escribir esas escenas. Gracias por comentar!
Ahidis Black: Gracias por dejar review! Si estuvo largo el cap anterior, no recuerdo cuantas hojas fueron. Al fin ya todo se aclaro y el misterio ya decreció, soy feliz.
.
Y bueno, ahora que ya he aclarado lo de la misión, puedo descansar en paz.
No se crean.
Cuídense mucho, espero les haya gustado este capítulo.
:)
