Perdónenme! re-subí este capítulo porque el otro no me gusto mucho, sepan disculparme. Nunca antes se me había dificultado tanto escribir un fanfic jaja
Sé que me tardo horrores actualizando mis fanfics pero ya no volverá a pasar ;) porque? pues porque tengo una nueva regla personal que les quiero compartir a mis amigas escritoras por si les sirve y esa regla es: no subiré ningún fanfic sin antes haberlo terminado en mi ordenador. Y bueno, los dejo con el final, el disclaimer ya se lo saben :)
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Capitulo 15: Guardián eterno
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El silencio reinaba en el campo de entrenamiento personal del territorio Senju. El viento era aún más callado y la brisa soplaba y revolvía los cabellos de Hinata, quien ahora recuerda todo claramente, como si todo hubiese ocurrido el día de ayer, como si alguien le hubiera metido ese conjunto de recuerdos perdidos en la cabeza de un solo golpe.
Era duro volver a saber que su madre estaba muerta desde hacía tanto tiempo, que su padre la odiaba y que había tenido una vida tan infeliz dentro del clan Hyuuga hasta que Tsunade la recogió… ahora se preguntaba si ella preferiría no haber recordado todo. ¿Olvidarlo todo? Sería reconfortante… entonces ella recuerda a cierto hombre de cabello castaño, el ninja que la protegió y sabe que todo recuerdo malo vale la pena.
– Todo este tiempo… -dijo sin poder creerlo, hablando consigo misma. –Ha sido él quien me salvó… Yamato-san era mi guardián cuando estaba en el clan Hyuga. Estoy… yo estoy… ¿enamorada de él? –se preguntaba a sí misma, estaba realmente confundida con eso. Su duda le preocupaba tanto que no había dado lugar a la vergüenza, a sonrojarse…
"Corazones conectados" aquella frase resonaba incansablemente en la mente de Senju Hinata. Sus corazones habían estado conectados desde hacía mucho tiempo. Se sentía culpable de no haber recordado que Yamato había sido su primer guardián, aquella persona por la que sentía algo.
¿Por qué? ¿Por qué tenía que recordar todo aquello justo después de que había reconocido primero a Genma como su guardián en vez de Yamato? ¿Por qué?
Hinata lo quería… le gustaba estar con él, le gustaba su rostro y le gustaba lo bueno y preocupado que podía llegar a ser con los demás, le gustaba lo pacífico que era aquel hombre… ¿una alma similar a la de ella? ¿Tranquila y buena?
Si eso era cierto, la idea de que "los polos opuestos se atraen" sobrevino en su cabeza. ¿Qué pasaría si Yamato y Hinata eran casi iguales? ¿Se aburrirían? ¿No estaban destinados a estar juntos?
– Ohayo, Hinata-sama –saludo un alegre Yamato llegando al campo de entrenamiento personal Senju. Un criado le había indicado el camino, pues él quería ir a verla.
Enseguida se hallaron sentados en el césped del campo de entrenamiento para beber té. Yamato veía lo hermoso que era el territorio Senju muy concentrado y no se daba cuenta de que Hinata lo veía de reojo, nerviosa.
– Yamato.–le habló ella juntando valor para alzar la voz. – Has sido guardián de alguien. –Yamato no supo si se lo había preguntado o si lo había afirmado. Además, ¿le había hablado de tú?
– Creo que no la estoy entendiendo, Hinata-sama.
– D-deje eso… deje eso de llamarme "Hinata-sama". –ella frunció levemente el ceño, molesta. El sufijo de sama le recordaba a su frío y estricto padre, le recordaba la distancia y por eso mismo, no quería que Yamato la llamara así. Yamato se sorprendió de verla molesta. Además, ¿había tartamudeado, se había puesto sonrojada y no se atrevía a levantar la mirada?
– Gomen, Hinata. –Se sintió extraño llamarla de forma simple. Yamato no sabía qué pasaba. ¿A dónde quería llegar Hinata? La veía como si fuera a decirle algo importante.
–Yamato… te recuerdo, recuerdo todo lo que v-vivimos juntos. –aclaró acalorada.
– ¿Así que tú… –la miró anonado, con los ojos muy abiertos. –…ya lo sabes?
Hinata asintió levemente.
– Ahora sabes quién soy. –susurro Yamato sonriendo levemente sin dejar de verla, aquello le resultaba muy increíble, había esperado tanto el momento en que Hinata recordara todo y ahora no sabía a ciencia cierta qué hacer.
– Mi ex guardián. –contestó Hinata muy segura.
Yamato se quedó pensando por un momento y luego añadió:
– No -negó Yamato sonriendo. –No puedo ser tu ex guardián porque… no he dejado de serlo nunca… no dejare de serlo jamás. –le explicaba pausadamente mirándola con cariño. – Escucha, pequeña, no se trata de dinero o que Tsunade me obligue… mi protección hacia ti va más allá de eso. Es como si… como si el día en que nos conocimos como guardián y protegida, hubieses tú sellado un pacto en mí que me hace seguirte y protegerte siempre…
Hinata se quedó quieta y en silencio, congelada ante las palabras de aquel hombre que vivía para salvarle la vida. Se sonrojó gravemente pero tomó aire para serenarse y poder decir lo que pensaba en esos momentos.
– Gracias… siempre has sido tan bueno conmigo. –exclamó con la voz un poco rota porque quería llorar mientas alzaba lentamente su mano izquierda hasta colocarla suavemente en la mejilla del ninja. Su mejilla era áspera pero cálida, lo veía a los ojos, sus hermosos ojos castaños tan buenos… sí, lo quería, quería mucho a ese ninja tan bueno. – Pero… no me gusta mucho la idea de que m-me protejas siempre, Yamato. Pue-puedes salir herido por m-mi culpa. No quiero que tú sufras.
Yamato se quedó sin habla por un momento, ahora Hinata estaba llorando levemente, sus lágrimas cristalinas caían a la par por sus pálidas mejillas. Yamato elevó su mano con el fin de acariciarle una mejilla, pero vaciló y a la mitad del camino, bajó la mano.
– Siempre pensando primero en los demás antes que en ti, Hinata, ne? –la observó Yamato con suavidad. – Aún así, debes entender que los guardianes están para recibir el daño físico de sus protegidos.
– p-pero yo también quiero protegerte. –intervino ella rápidamente.
Yamato sonrió sintiendo una calidez en su corazón cuando Hinata decía aquello, definitivamente era la Hinata que él conocía a bien, la tierna y dulce Hinata que se sonrojaba hasta porque una mosca pasaba por un lado de ella.
– Te prometo esto –dijo Yamato tomándole las manos entre las suyas sin darse cuenta de que realmente lo estaba haciendo. –Si salgo herido por protegerte, me recuperare, lo prometo. No me dejare morir. –le aseguro mirándola sinceramente. –Debo estar vivo para protegerte siempre. Es una promesa, Hinata. Seré tu guardián eterno.
– Es una promesa. –concluyo Hinata uniendo su dedo meñique con el de Yamato. Ambos sonriendo levemente sin poder dejar de mirarse.
Yamato casi pudo perderse en los ojos lilas de Hinata de no ser porque bajó la vista y vio sus labios rosas. Y de repente, un impulso…
Puede que todo desde un principio hubiese sido más rápido si Yamato hubiese obedecido sus impulsos sobre Hinata pero… no, definitivamente no le gustaría que todo aquello por lo que había pasado con ella en aquellos meses fuese sustituido, porque a Yamato le gustaba lo lento, lo rápido casi no se disfrutaba, así que realmente lo fuerte de Yamato era el amor lento.
Y con el impulso sobrevino una inclinación por parte de Yamato, y de la inclinación por parte de Yamato sobrevino una unión de labios, y con la unión de labios sobrevino lo mágico, una chipa eléctrica que recorrió sus cuerpos cuando se besaron lentamente, aunque al principio casi quietos, después aquel beso se volvió más demandante.
Hinata se devanaba los sesos entre parar para recuperar aire y poder desmayarse a gusto porque estaba totalmente roja, o seguir besando a aquel hombre de labios tan infinitamente deliciosos…
Y de repente… puff!
Yamato puso una cara de susto mortal cuando Hinata cayó desmayada en sus brazos. Y en qué mal momento se había desmayado Senju Hinata. Justo al tiempo en que la puerta del jardín se abrió y por ella apareció Tsunade.
Yamato sintió que de repente se sentía expuesto ante la mirada de cazador que le dedico Tsunade cuando lo vio sosteniendo de manera dudosa a su hija Hinata.
– ¡¿Que le hiciste?! –Tsunade se abalanzo sobre él un segundo después de que Yamato colocase a Hinata recostada en el césped; a salvo. Fue entonces cuando a Yamato recibió la paliza de su vida que nunca iba a olvidar. Él no sabía que era la primera paliza de muchas que su santa suegra le daría por profanar a su hija.
– Arigato. –musito Kurenai cuando Shikamaru se ofreció a cargar a Asuma mientras ayudaba a la sensei a hacer las compras. Asuma-chan inmediatamente se acomodo en el pecho de Shikamaru y lo abrazó, cerrando sus ojitos porque tenía mucho sueño. A Kurenai la escena le conmovió pero antes de que el joven ninja la mirara, ella se volteo a ver hacia el puesto de manzanas, sonrojada.
Shikamaru hacía mucho que se había dejado de sentir incómodo o hasta pecador respecto a sus sentimientos para con Kurenai después de que su best friend Ino había estado observando a Yuhi Kurenai por un tiempo y así le había confirmado a Shikamaru que él ponía nerviosa a Kurenai, lo que significaba y afirmaba que a Kurenai le agradaba Shikamaru, o dejaba de llamarse Yamanaka Ino.
Al principio el joven ninja pasó muchos días enteros en la tumba de su sensei, lamentándose, pidiéndole perdón, torturándose a sí mismo hasta que un día Konohamaru lo encontró allí, llorando como una nenaza en la tumba Sarutobi. Aún recordaba las palabras de ese chico tonto: ¿Y tan solo lloras por eso? ¡Qué idiotez! ¿Por qué crees que mi tío se enfadaría porque un ninja como tú se hiciera cargo de su familia y la protegiera? Yo creo que donde quiera que este mi tío ahora, estaría más tranquilo al saber que Nara Shikamaru será el que ahora cuide a Kurenai-san y a Asuma-chan.
Shikamaru no recordaba cómo fue que le había confesado todos sus temores a ese mocoso, y bueno, no quería recordarlo y sentirse ridículo, pero ahora sentía que gracias a eso, y de que por supuesto también había pasado horas hablando con Shikaku, había decidido dejarse llevar, que pasara lo que pasara, Shikamaru sabía que él y solo él siempre sería el primero en estar ahí cuando Asuma-chan o Kurenai necesitaran algo. Él era el guardián de ellos.
Realmente resultaba un mal sueño encontrar a Hiashi en la puerta principal de los territorios Senju. Tsunade le había abierto la puerta porque casualmente iba rumbo a la torre Hokage.
– ¿Y tú como qué haces aquí? –Tsunade lo escruto con los ojos.
– Quiero ver a mi hija.
– ¿Cuál hija? Que yo sepa Hanabi debe estar en la mansión…
– Me refiero a Hinata. –aclaró Hiashi sin perder la paciencia, al parecer traía el rabo entre las patas. Últimamente había pensado mucho en lo que había pasado con su primogénita.
– ¿A Hinata? –Tsunade rió falsamente por dos segundos. –Ella es MI hija, por si lo olvidas, ella hace algunos días pasó a ser oficialmente Senju Hinata. Ya arreglé el papeleo.
– Está bien. Tienes mi permiso para que Hinata use las técnicas Hyuga… yo… -sonrió levemente. –Quiero verla convertida en una gran kunoichi.
Tsunade no se tragó aquello, aunque Hiashi estuviera siendo sincero. La rubia mantenía una expresión sumamente fría para con Hiashi.
– No te preocupes, Hinata aprenderá nuevas técnicas que poco a poco le servirán más que las técnicas Hyuga. –le aseguró Tsunade sin un ápice de humor.
– Entiendo que me odias. –le dijo Hiashi. Tsunade puso los ojos en blanco, tenía muchas cosas que hacer en la oficina para quedarse a escuchar a un extrañamente sentimental Hiashi. –Y que odias la forma en la que he estado manejando el clan Hyuga. Bueno, dale una buena noticia a Hinata de mi parte, por favor. –Tsunade se encogió de hombros, en señal de que daba igual. –Dentro de tres días renunciare como cabeza del clan, por lo que, en tres días, Hyuga Neji será nombrado el nuevo líder del clan.
Los ojos de la Godaime casi se salieron de sí, pero logró guardar la compostura.
– Eso es algo muy bueno, Hiashi. Ese chico traerá mejores cosas para el clan. –opino ella.
– Lo sé. –Hiashi sonrió abiertamente y hasta se permitió reír. –Será divertido.
Tres meses después:
– ¿Kunais envenenados? –preguntaba Tsunade.
– Listo. –contestó visiblemente fastidiada. Habían repasado la lista un monton de veces.
– ¿Mochila?
– Listo.
– ¿Víveres?
– Listo.
– ¿Preservativos?
– Lis… ¡oka-san! –se sonrojo Hinata abruptamente mientras Tsunade se echaba a reír. Su relación madre-hija se había fortalecido mucho en los últimos meses.
La misma Godaime había estado entrenando a Hinata en las artes Senju para que fuera reincorporada como kunoichi, de hecho, aquel día era su primer misión en mucho tiempo. Hinata estaba un poco nerviosa, pero no así Tsunade. Los otros dos compañeros de equipo eran Kiba y Yamato. La rubia sabía que esos dos morirían por Hinata en un segundo sin pensarlo. Además, la misión no estaba tan difícil.
– Oka-san… yo… -tartamudeó Hinata.
– Estas nerviosa porque en la misión adjunte a Yamato. –adivino Tsunade.
– Sí… y…
– No han hablado tranquilamente desde que los encontré besándose. –volvió a adivinar Tsunade. Hinata la vio un poco asustada de que acertara todo. –Vaya, esto de la maternidad se me da muy bien. –se felicito la rubia.
– No sé qué hacer. –confesó. –Yo creí que después d-de eso… t-todo sería más fácil.
– Hinata mía –susurro Tsunade. –El amor no es fácil, cariño.
– Lo sé, pero… Yamato-san no me ha-habla como antes. –se entristeció un poco.
– Tal vez él sienta que de alguna manera te faltó al respeto.
– ¿Enserio? ¿Tu crees eso?
– Sí, mira… lo que pasa es que… ¡ah, qué diablos! Ayer le pregunte por qué no te hablaba y me dijo que era porque sintió que te falto al respeto, además, me dijo que no quisiera meterte en problemas. Él te quiere, se le nota, pero Yamato siempre ha sido un hombre con la lealtad y la reputación por delante, y eso, querida mía, lo tiene muy bien puesto sobre ti. Me refiero a que, su lealtad la tienes y la tendrás, y también busca cuidar tu reputación, a él le preocupa que te vean tanto tiempo con un hombre mayor que tú.
Hinata pensó por un momento. La frase volvió a resonar: "corazones conectados".
La misión inicio cuando los tres salieron por la puerta norte. Ojos lilas y castaños se encontraron enseguida. La misión… la misión…
"– Así no. –Hinata rió abiertamente mientras sostenía entre sus manos un ramo de flores silvestres que junto a Yamato habían recolectado en el bosque hasta hacer un montoncito.
– Esto es demasiado difícil. –Yamato podía ser un gran ninja, pero distaba mucho de practicar bien el ikebana. Algo que a Hinata se le daba muy bien, era algo que toda kunoichi debía saber.
– Intenta poner las rojas primero. –le recomendó Hinata, divertida. No tartamudeaba con Yamato, excepto en algunas ocasiones que la hacían sonrojar.
Ella era hermosa. Pero… Yamato tenía tan mala suerte porque para colmo, Tsunade había llegado alegremente con un conjunto de flores para arreglar junto a su hija y el novio de ésta, planeaba practicar un poco el ikebana junto a los tortolos… bueno EN medio de los tórtolos para ser exacta, cuando enseguida vio tan indecente escena y las flores se hicieron polvo en sus manos.
– ¡YAMATO! –grito ferozmente la Godaime casi desgarrándose la garganta y corrió hacia él, cazándolo cuál rata de alcantarilla lo veía en sus ojos.
– ¡Oka-san! –reclamo Hinata corriendo tras ellos para intentar detener aquella masacre y que su Yamato no acabara otro mes en el hospital. – ¡Oka-san, detente!
– ¡Ya sabes lo que pienso sobre los besos fuera del matrimonio! –grito Tsunade seriamente y, juntando chakra en su puño, la Hokage mando volar a Yamato hasta Ichiraku Ramen donde cayó estrepitosamente a un lado del establecimiento.
Naruto, Iruka y Kakashi se hallaban comiendo en Ichiraku cuando, aburridos de la misma rutina, voltearon atrás para ver a Yamato con la cara en el suelo, lleno de golpes y chichones.
– Nee, Yamato-taicho, volviste a besar a Hinata-chan, ne? –dijo Naruto aburrido de ver eso todos los viernes.
– Caray, quien diría que Tsunade-sama era mil veces peor como suegra que Hiashi como suegro –acoto Yamato sobándose, levantándose con gran dificultad."
– …ta? ¿Hinata? –volvió a llamarla Yamato viéndola con curiosidad.
– ¿Eh? –musito volviendo a la realidad. ¿Qué había sido aquella escena en su mente?
– ¿Te sientes bien, Hinata? –le pregunto Kiba. –Te vez como ida de este mundo.
– No pasa nada, Kiba-kun. –le aseguro y Yamato; como líder del equipo, ordeno reanudar la caminata.
¿Qué había sido todo aquello? Parecía feliz con Yamato.
¿Qué le sucedía a su cabeza? De repente, otra escena tomo forma en su mente sin que ella lo deseara.
"– Vas a usarla. –le aseguro Shino mientras estaban en una habitación blanca, sin muebles, sin límites.
– ¡Shino-kun! –grito ella, llorando. –Eres tú…
– Vas a usarla. –repitió Shino.
– ¿De qué hablas, Shino-kun? –pregunto ella.
– La piedra que levanta muertos, la piedra que desciende de la luna… la piedra lunar.
– Shino-kun…"
– ¡Emboscada! –grito Yamato, haciendo que Hinata regresara a la realidad…
– ¡HINATAA! –grito Kiba con fuerza.
Los ojos de Hinata se dilataron enseguida. La sangre roja exploto.
La misión… la misión…
La piedra lunar…
– Y-yamato… -susurro Hinata horrorizada.
El ninja recibió el impacto de la Rasen Shuriken que iba directo a la chica de ojos lilas, el arma había perforado su abdomen, uno de las puntas salía ensangrentada por detrás de Yamato.
El ninja no cayó, ni siquiera se quejo del dolor por un segundo. Con su mokuton atrapo a los ninjas asesinos hábilmente. Kiba y Akamaru se prepararon para darles el golpe final.
– ¿Estás bien, Hinata? –Yamato volteó hacia ella, ensangrentado, alcanzo a terminar su pregunta antes de que tosiera sangre y cayera de rodillas.
– ¡Yamato! –Hinata se coloco a un lado de él. –No puede estar pasando esto… -lloró, afligida. –No a ti. No, Yamato, no debiste protegerme… no…
– Esta bien. Recuerda que te dije que los guardianes están para recibir el daño físico de sus protegidas. –le sonrió como solo él podía hacerlo, con una calidez que buscaba reconfortar a Hinata, pero no lo logro.
– Baka… No quería que murieras por mí. –musito mientras lloraba. –Eres importante para mí… tú me sacaste de la oscuridad… tú fuiste mi amigo cuando más lo necesitaba… tu siempre me proteges… ¡Yamato, no quiero que mueras!
Kiba miraba todo aquello guardando su distancia. No podían hacer nada por el capitán Yamato, estaban en territorio enemigo, muy muy lejos de Konohagakure.
– Hinata… perdón, prometí que no iba a morirme. Pero… –se mantenía en de rodillas pero la debilidad lo alcanzó y cayó de lado, cuidando de soltar el alarido de dolor más silencioso que pudo. Tenía el abdomen destrozado. –Pero estoy feliz de morir protegiéndote. Quisiera ser tu guardián un poco más.
– Yamato. –las lagrimas se arremolinaban en sus ojos y salían rápidamente bajando por sus mejillas pálidas. –Abre los ojos. Por favor abre los ojos… -pero Yamato no hizo caso. Hinata sollozo con fuerza y se inclino, poniendo su rostro contra el pecho de Yamato.
En su mente veía como la escena pasada que había danzado en su cabeza, desaparecía poco a poco dejando una fría niebla. Yamato no tenía futuro.
"Corazones conectados" la frase volvió a aflorar en su mente.
– Quisiera estar en tu lugar. –Hinata levanto la cabeza, ya las lagrimas no le salían más, pero aún así estaba destrozada. –El destino nunca ha sido muy bueno conmigo, ¿verdad? –argumento con tristeza.
Y una piedra brillo en el bolsillo del pantalón de Hinata. Una luz blanca que podía llegar a cegar. Hinata la saco y vio que era la piedra que le había dado la anciana de Tsukigakure. La piedra con la que se planteaba a quién revivir, la piedra que una vez quiso usar Kurenai para revivir a Asuma. Nadie pedía a qué persona revivir, era la piedra quien elegía.
La luz blanca se movió rápidamente de la mano de Hinata y se coloco sobre el corazón de Yamato. La luz emitió un brillo espectacular que Kiba, Akamaru y Hinata tuvieron que taparse los ojos, y en tan solo un segundo, la luz menguo completamente.
Hinata abrió los ojos con dificultad, le dolían. Sus orbes entornaron la herida mortal de Yamato… ¿eh? No había herida alguna ahí, ni un solo rastro de sangre. La mirada de la joven subió hasta encontrarse con unos ojos medio abiertos.
Observo que Hinata lo veía con gran estupefacción.
– ¿Hinata? –enarco una ceja. – ¿No estoy muerto? –se miro.
"Es una promesa, Hinata. Seré tu guardián eterno.", recordó lo que le había dicho Yamato… no, su guardián, su guardián eterno.
Cuando Hinata salió de su estupor, abrazo a Yamato rodeando su cuello con sus brazos.
– No, no estás muerto. –le susurro con dulzura, abrazándolo con más fuerza. – Nos une un lazo que… eterno es. Romperé el hechizo que me ha dado el destino; mi mala suerte, y ya no tendremos que escapar de los problemas. –le prometía.
– ¿Qué? –inquirió Yamato, confundido.
– Nada. Te amo, Yamato.
La escena futura que había visto Hinata desaparecer, poco a poco regreso a ser la misma, el futuro de Yamato estaba seguro, por ahora.
El ninja solo supo levantar sus brazos y abrazar a Hinata también.
– Hinata, tus palabras me dan fuerza, las llevaré por siempre en mi corazón, día tras día. Eres como un hada azul, me has dado una razón para sobrevivir. Yo también te amo, mi hada azul.
Él era el guardián eterno, el que siempre iba amar a Hinata, el que siempre la iba a rescatar, el único que entendía sus sentimientos, el único que tenía el corazón conectado con ella, el único que podía mantener seguro el corazón de un hada azul como Hinata.
FIN
Gracias a las personitas que me dejaron review alguna vez, a los follows, a los favs, a los views...
Dark-riza, Tsukihime Kou (muchas gracias por tus reviews, de veras que siempre me animabas a escribir!), sasuhinakushinata, Ahidis Black, Lau de Gaara, Okashira janet, Zettai Kareshi, LuKuran, SaiHinaForever, Des, maribelteka, Yumi Hatake.
Un poco más a quienes me dejaron review antes: Tsukihime Kou, Ahidis Black.
Cuídense y muchas gracias por su apoyo!
