— Ya veo — dijo Hunson al terminarse un cartón de leche de insecto, entera de un solo golpe, dejando caer los restos por su barbilla hasta la poca ropa que llevaba puesta.
— Por Glob papá… usa un vaso… — dijo su hija, asqueada por sus modales en la mesa.
— Oh Marceline, nunca sé qué es lo que te va a molestar — se justifico así mismo tras arrojar el cartón a la basura —. Además, esta la única libertad que tengo aquí, no me quites eso, cariño — ella suspiró y negó con la cabeza sutilmente.
— Ermm… sobre mi problema…— dijo la vampira volviendo a la conversación original.
— Ah, cierto, veamos… — Hunson miró al techo tocándose la barbilla tratando de recordar algo —. Creo que había algo similar a lo que le ocurre a tu amigo… —. Tomó su plato vacio y después de ponerlo en el fregadero comenzó a indicarle a su hija que lo siguiera —. Creo que la biblioteca nos ayudara.
Él comenzó a caminar hacia la otra habitación pero lo detuvo una mano que lo obligó a voltearse, era su hija con el rostro ligeramente ruborizado señalándole el hecho de que aún seguía en su ropa interior.
—… ¿Te importaría…?
El Señor Abadeer entendió su indirecta y refunfuñando se puso su amuleto, envolviéndolo en su típico traje de negocios.
— Oh rayos, no puedo estar cómodo ni en mi propia casa.
Y con ello ambos salieron de la cocina hacia la habitación adjunta, en donde se encontraba dicha biblioteca. Esta contenía una colección considerablemente más pequeña que la del Rey Helado pero la mayoría de los libros que el gobernante de las montañas de hielo poseía no podrían considerarse tan útiles como los que se encontraban aquí. El padre de Marceline no tardó en encontrar con ayuda de los tentáculos, que creaban su traje, un pequeño libro de portada blanquizca y de cara dura, no había nada especial inscrito en el frente para identificarlo de entre los demás pero la vampira supuso que era importante si es que estaba ahí.
— Veamos… — Hunson empezó a hojear entre las páginas, como si conociera de primera mano sus contenidos, y tras unos segundos se detuvo en una página y empezó a dar los detalles inscritos ahí —… Creo que aquí está… mmm… según esto tu amigo tiene una enfermedad llamada Skildpadde... yyyyyy... explotará en media hora.
La cara de horror de su hija no tardó en aparecer.
—Y de el saldrán pequeñas tortugas radioactivas — concluyó su padre tranquilamente mientras que la vampira exclamó lo más fuerte que pudo.
— ¡¿QUEEEE?!
Su padre rió un poco por su expresión.
— Awww… Marceline sólo bromeaba — esto hizo que el hacha-bajo se meciera de izquierda a derecha sobre el área de su cuello, por poco propinándole un golpe que hubiera sido fatal de no haberse agachado a tiempo.
— ¡CASI ME MATAS DEL SUSTO PAPÁ! ¡NO LO VUELVAS A HACER! — un par de lágrimas amenazaron por escapar de los ojos de la vampira, que a su vez mostraban cierta rabia por la broma. Su padre al ver esto lamentó un poco su comportamiento y al ponerse de vuelta en sus pies, con ayuda de sus tentáculos, palmeó la espalda de su hija en aparente señal de arrepentimiento.
—Tranquila, tranquila.
Ella se limpió los ojos con una de las mangas rayadas de su suéter, dejando salir su enojo.
— Descuida papá… ¿Qué mas dice ese libro? — preguntó mas calmadamente la vampira.
Hunson hojeó más a fondo el libro con ayuda de sus tentáculos, hasta que finalmente se detuvo entre las últimas paginas.
— Eh tal parece que tu amigo redescubrió una de las ultimas enfermedades registradas por la humanidad — aseguró su padre.
Marceline estaba lista para lo que fuera a decirle, no importaba que tan difícil fuera, ella ayudaría a Finn a sobrepasarlo. Así que tragó un poco de su saliva e hizo la pregunta.
— ¿Qué tiene Finn, papá?
— Aún eres relativamente joven para recordar todos los detalles de la Guerra de los Hongos, pero después de arrojar la bomba que inicio el mundo en el que ahora habitas todavía había muchos humanos sobrevivientes que seguían tratando de acabarse entre ellos — hizo una pausa para mostrarle una foto del libro que mostraba el dibujo de un humanoide corpulento cubierto de marcas blancas que contrastaban con el manchón negro que parodiaba su figura y sobresaliendo, un par de ojos rojos y brillantes que a pesar de no estar tan detallados le enviaron un escalofrió al cuerpo, debido a los recuerdos que le traían a la reina vampiro, pero lo que más llamaba la atención estaba justo debajo de la ilustración, era el nombre de la rara enfermedad, escrito en letra apresurada y temblorosa.
— ¿Eureka…? — masculló la vampira, sin entender su significado. Ella ahora flotaba cerca del libro hasta que su padre lo volvió a colocar en una posición apta para terminar de leerlo, y asintió a la pregunta.
— El virus Eureka fue llamado así porque fue lo único que los doctores que lo descubrieron lograron decir antes de que el paciente infectado los triturara con sus propias manos — su hija ha visto horrores inimaginables en su vida inmortal pero en esta ocasión tuvo problemas al tratar de imaginar a su querido amigo haciendo las mismas cosas que le describieron.
— ¿Qué mas sucedió? — ella preguntó, aún con el amargo sabor de boca que le había dejado su propia imaginación.
— El virus fue descubierto cuando dejaron de recurrir a su almacén militar, ya que era inservible por los estragos de la guerra, viéndose obligados a descubrir otro tipo de arma.
Marceline escuchaba atentamente las palabras de su padre, aunque fueran difíciles de digerir, mientras lo hacía no podía evitar pensar '¿Cuántas personas inocentes perecieron por este avance?'.
— El resto está ilegible pero al parecer la maldad caótica fue descubierta y de alguna manera administrada a pacientes humanos para probar sus efectos, supongo que la humanidad fue abatida por este virus y al agotarse la comida y las victimas los monstruos simplemente murieron. Jeje, creo ahí tienes tu-
Hunson Abdeer no pudo terminar su declaración ya que fue clavado bruscamente en el suelo por la vampira, quien tenía una de sus botas sobre su cuello impidiéndole hablar, en ese momento el hacha familiar amenazaba con cumplir la labor para la que fue hecha. Hunson estaba sorprendido por el repentino acto de su hija y por ello no pudo reaccionar a tiempo para detenerla, aún con los poderes sobrenaturales que el amuleto y el traje le brindaban estos parecían inútiles contra la vampira. Ahora él trataba de hacer que las palabras salieran pero la firme bota carmesí sobre su garganta se lo impedía, al abrir los ojos pudo notar la cólera en el rostro de Marceline y una clara intención asesina. Al poder recuperar un poco de aire trató de decir unas palabras.
— Mar-
— ¡CÁLLATE! — le interrumpió enfurecida, mostrándole sus colmillos y aumentando lentamente la presión en su bota —. ¡TODO ESTO ES TU CULPA! — gritó una vez más. Ahora todo tenía sentido para ella.
Habían pasado más de tres años desde aquel incidente en la Nocheosfera en el que Finn y Jake salvaron a Marceline de quedar atrapada en las responsabilidades de gobernar el endemoniado sitio, el amuleto que Hunson Abadeer le dio a su hija la convirtió en la siguiente en la lista para tomar las riendas del "negocio familiar", transformándola así en el monstruo más temible del lugar.
Cuando lograron quitarle el amuleto se encontraron rodeados por demonios que trataban, en pocas palabras, de devorarlos y para poder salvarla Finn tuvo que usar la joya, convertirse en una versión monstruosa de sí mismo y abrirse paso entre la multitud para sacar a Marceline y a su mascota de vuelta hacia su mundo.
Pero la maldad caótica que contenía el amuleto probó ser demasiada para el héroe de Ooo y aunque logró mantener a salvo a sus amigos por un instante la magia del amuleto lo dominó lo suficiente como para olvidar su naturaleza heroica para tratar de dañarlos.
Fue entonces que el padre de la vampira le arrebató el amuleto, evitando inadvertidamente una desgracia aún mayor, terminado este episodio del continuo drama familiar y arreglando un problema más. El portal que los transportó a aquel impío mundo fue cerrado, pero había una complicación más.
Ahora en estos momentos la Reina de los vampiros logró poner las piezas juntas, dándose cuenta de que la "travesura" de su papá ocasionó secuelas desagradables para el humano. Pasaron desapercibidas durante el primer año pero se hicieron más claras durante el segundo y ahora su buen corazón no podría ayudarlo a combatir la maldad que se filtró en su ser.
Marceline estaba cegada por la ira, un paso en falso y sería capaz de guillotinar a su progenitor con su tremenda fuerza, ahora él tenía que escoger con cuidado sus palabras si no quería que eso sucediera.
— Marceline tienes que tranquilizarte…— logró murmurar antes de sentir la monstruosa presión cernirse otra vez sobre él.
— ¿Tranquilizarme…? ¡¿CÓMO ESPERAS QUE LO HAGA LUEGO DE LO QUE HAS HECHO?! — ese era el punto decisivo, el arma estaba preparada para perder un poco más de su filo y a mancharse con un poco de sangre, la vampira apretó más su arma, ocasionando que las cuatro cuerdas del bajo se rompieran al unisonó, preparando el golpe con el cual haría pagar al causante de los males que está sufriendo su amigo.
Ella dio un grito bestial en clara señal de su ataque, ocasionando que su supuesta víctima por reflejo involuntario cerrara los ojos esperando el final… pero nada sucedió… Hunson esperó unos segundos más antes de abrir los ojos y asegurarse de que todo había pasado, la presión en su cuello era inexistente y todo estaba en paz, pero su hija seguía sosteniendo el arma sobre su cabeza, sin embargo, ahora tenía una expresión de confusión en su rostro y dejaba que las lágrimas brotaran libremente.
El gobernante de la Nocheosfera se levantó lentamente, inseguro de qué hacer ahora que recuperó su movilidad, la vampira en cambio se quedó inmóvil en la misma posición de antes, manchando el suéter que traía con sus lágrimas. Él tuvo suerte de que en los últimos momentos la vampira recordara la naturaleza malvada que trataba día con día de evitar y que aunque estuviera a merced de ella sería incapaz de matar a su propio padre, tras unos momentos comenzó a moverse lentamente en su dirección.
Hunson Abadeer dejó que su hija se acercara a él en un fuerte abrazo dejando caer el hacha y murmurando silenciosamente sobre su hombro sus disculpas mientras lloraba más sonoramente. El gobernante palpó la cabeza de su hija hasta que lo único que le quedó fueron débiles sollozos, en verdad no podía culparla por cómo reaccionó.
— Yo soy quien debería disculparse, cariño… tenia bien merecido ese corte de pelo — era una broma tonta y de pésimo gusto pero la risa de la vampira era válida para reemplazar los sentimientos negativos que tomaron lugar hace unos momentos.
Ella murmuró una última disculpa mientras limpiaba sus llorosos ojos, ambos evitaron verse a los ojos o siquiera decir algo, el ambiente alrededor de ellos se tornó tenso y lúgubre tras lo sucedido.
— ¿Hay algo que pueda hacer…por Finn?… ¿papá? — la pregunta no cambió en nada el ambiente que se sentía, si algo hizo fue empeorarlo ya que Hunson estaba obligado a contestarle con toda honestidad.
— Lo lamento, hija, pero… —aunque él pensara qué decir, la respuesta guiaba al mismo destino —. Tendrás que usar tu laúd en él… no hay otra forma…
La vampira ya había inferido la respuesta desde que su padre le dio la descripción y los detalles pero se negaba a aceptar la realidad y lo que tenía que hacer, así que bajó la cabeza, tratando de evitar llorar una vez más.
— Gracias… papá — dijo Marceline de forma apagada, el desgaste emocional le impidió flotar fuera del lugar, en cambio le obligo a utilizar sus pies mientras se tambaleaba hacia la salida sin molestarse en tomar el destrozado bajo con ella.
Sin siquiera saberlo tomó la salida trasera del lugar que llevaba a un balcón, desde el cual podían observarse la ciudad con más detalle, cómo el cielo rojo sangre se dejaba caer sobre los demonios que ahí habitaban. Ellos estaban demasiado ocupados en su rutina diaria como para tomar en cuenta a sus similares, los transportes hechos de bestias partidas a la mitad ayudaban a cada uno de ellos a llegar a su destino lo más pronto posible. Cualquiera que fuera ese lugar al que iban sólo podía significar miseria y deseos apagados, y las gigantescas filas frente a los edificios ayudaban a que estos se esparcieran con mayor orden.
Ahora que observaba la metrópoli, esta no era muy diferente de cómo era una antigua ciudad humana, Marceline recordaba perfectamente como era antes de que la bomba cayera y le costaba trabajo imaginar todo acabado por una sola enfermedad.
Podían escucharse pisadas acercándose a ella, eran de su padre, quien traía entre sus manos el arma convertida en instrumento musical, inservible para tocar por el momento.
— ¿Qué voy a hacer? — preguntó de inmediato la vampira, mirando distraída en el horizonte la ciudad que estaba en llamas de manera literal y figurativa.
La respuesta de su padre fue obligarla a darse la vuelta usando sus tentáculos para que pudiera verlo de frente, así le entregó el arma que hace poco terminaría con su existencia con una sonrisa comprensiva, ella la tomó con cuidado, lamentando que haya roto sus cuerdas hace poco.
— Los humanos son más difíciles de exterminar que los insectos bailarines y no porque sean difíciles de matar sino porque son bastante obstinados — las palabras de su padre le dieron un poco de esperanza algo que hace mucho tiempo había perdido, especialmente desde lo sucedido con su madre. Ella abrazó a su padre una vez más pero en esta ocasión no fue en arrepentimiento sino en gratitud —. Además… si tu amiguito muere por un simple resfrió no sería divertido — el comentario fue recibido por un leve puñetazo en el hombro y una exclamación de "¡Papá…!" juguetona.
Se separaron y tan pronto como lo hizo el Sr. Abadeer abrió un portal de vuelta hacia Ooo siendo más específicos en el frente de la casa de la vampira, dio la vuelta para despedirse de ella y darle unas últimas palabras.
— Veré si puedo ayudarte en algo más desde aquí, pero sé que podrás ayudar a tu amigo.
— Gracias, papá — esta vez Marceline sonaba más alegre y entusiasmada que en la biblioteca y terminando de decir otro adiós cruzó el portal de vuelta al que ahora era su mundo con el hacha sobre su espalda.
El portal dejó ver una última vez a su padre antes que se cerrara por completo, faltaba poco para que amaneciera y faltaba mucho por hacer así que se apresuró dentro de su hogar pero no esperaba lo que había en el otro lado de la puerta. Se encontró con la mitad de su hogar destruido desde el extremo posterior, por ello no podía verse desde afuera los daños, pero el rastro se extendía hasta un enorme agujero en la pared causado por algo más grande que la casa misma. Marceline volteo su mirada hacia un cuerpo amarillo y cubierto en vendajes, que yacía sobre el piso debajo de algunos escombros.
— ¡Jake! — Gritó mientras removía rápidamente los escombros de encima de la mascota —. Tranquilo te sacare de ahí — decía la vampira moviendo a un lado las últimas vigas de madera que estaban aplastándolo, esto hizo que el perro reaccionara un poco, ya que trató de estirar su brazo mientras decía débilmente su nombre.
— ¿M-M-Marce…line?— ella tomo su mano, esperando que volviera por completo en sí.
— Vas a estar bien — ella repetía una y otra vez acariciando su cabeza, parecía que los poderes mágicos del perro le habían salvado la vida.
— M-Marceline… F-F…inn tienes que… seguir…lo — la vampira estaba a punto de preguntarle por qué no había utilizado el conjuro cuando vio en el suelo las cenizas y restos calcinados del libro que tomó prestado del Rey Helado, este sólo tenía visible parte de su nombre, el resto estaba inservible.
La vampira tomó a la ahora inconsciente mascota entre sus brazos con cuidado y se dispuso a seguir el rastro de destrucción que salía de su cueva, antes de partir recordó adónde llevaba la dirección que tomó la creatura, esto hizo que la poca sangre que tuviera se helara ya que hacia allá se encontraba el Dulce Reino.
— Fi-i-in…— Jake repetía el nombre de su hermano, tratando en vano de ponerse de pie para ir a buscarlo
— Shhhh…. tranquilo Jake — Marceline trataba de calmarlo y le animaba a cerrar los ojos unos momentos —…Iré a buscarlo — al decir esto la vampira buscó por su arma, que aún descansaba sobre su espalda, no sabía que haría por si encontraba al que alguna vez fue su amigo pero por el bien de Ooo se decía a sí misma que estaría preparada para lo peor, y así floto lejos de su hogar hacia el Dulce Reino en busca del "humano".
