El tiempo es una cosa curiosa, y funciona de manera diferente para alguien que no envejece, significa no volver ver una sola cana sobre tu cabello o preocuparte por tu apariencia ya que te verás igual cada mañana, deberás encontrar nuevas maneras de no perder la cordura y aceptar que cada cosa que conoces, y a cada persona que ocupaba un lugar en tu vida, será llevada contra de su voluntad por esa fuerza de la naturaleza que afecta a todos menos a ti; pero esos son sólo ejemplos superficiales.

Ahora mismo Marceline, Reina de los vampiros, una inmortal, sostenía entre sus manos el rostro del último humano, admirando cada detalle de su rostro de joven adulto. Nunca antes se detuvo a ver cuánto había crecido el muchacho, puede que al divertirse juntos se le escapó el hecho de que ese efecto envejecedor haría de las suyas con él y lentamente cambiaria sus facciones así como de todos aquellos que ha conocido hasta el momento.

Pero antes de que él se perdiera entre los recuerdos de la vampira como un viejo y canoso saco de huesos, ésta tendría una mejor imagen para guardar, un joven rostro que expresaba madurez e inocencia a la vez, rasgos delicados que aún después de tantas aventuras y experiencias podían ayudarle a sonreír igual que un niño pequeño, y un par de ojos rojizos reemplazando el brillante azul que emanaban usualmente, y que de alguna manera combinaban a la perfección con una abundante cabellera dorada, no, dorada no, no existe cabello color dorado… al menos no que ella haya visto antes.

No pasaron dos minutos, pero para ella parecía que dos o más eternidades se le habían escapado, por tan solo observar al chico que de alguna manera se encontrara atrapado en roca. La gruesa capa le cubría desde la planta de los pies hasta su cuello, parecía estar de rodillas contra el suelo, porque si no fuera por la antinatural cabeza saliendo de la formación, esta pasaría como cualquier otra parte de madre selva.

— T-t-t-t-t-tengo…. frio, Mar-mar-cie — la voz titiriteaba y la vampira podía sentir como sus manos se movían al unisonó con la mandíbula, probando ciertas sus palabras. El sol ya se había puesto casi por completo y por ello los rayos ya no lograban llegar a donde estaban, así que ella tomó la azucarada sudadera que llevaba puesta, dejando que su blusa favorita — que sorpresivamente aún mantenía su color rojo — la cubriera.

Su intención era ponerle la prenda, protegiéndolo del frio aire provocado por el cambio de temperatura, el problema era que no podía hacer que sus manos pasaran por las mangas, y la posición en la que él se encontraba haría que el suéter se rasgara tan pronto se lo pusiera. Primero hizo pasar la cabeza del héroe por el cuello del abrigo y lo contuvo ahí por un momento.

— Marfelin, ¿Qué eftáf-? — las palabras de Finn eran absorbidas por la tela del abrigo que incómodamente trataba de colocarse en el cuerpo petrificado.

— No te muevas — dijo la vampira, forcejeando el abrigo para que pudiera cubrirle del frio. Al final logró su cometido a pesar de destrozar casi por completo la prenda y logrando cubrirle únicamente de manera satisfactoria la espalda.

— Gracias…— el chico rubio murmuró, sintiéndose un poco mejor por tener algo que lo cubriera, sus ropas se habían perdido en el desastre de casa que había dejado atrás pero desde el ángulo donde Marceline se encontraba ella no podía ver este detalle.

La vampira después se arrodilló frente a él, observando como el humano daba respiros sin que el torso siguiera su ritmo, haciendo que la teoría de una cabeza flotante sobresaliendo de una roca volviera a la mesa.

— ¿Dónde estabas Finn? Nos tenías preocupados a todos… — las emociones acumuladas hicieron salir la oración en un solo suspiro, había sido un día agotador emocional y físicamente para todos, aunque ella no necesitaba descansar, pero claramente lo había sido más para él.

— Estaba en la cama, durmiendo, pero… no creo que eso es lo que querías oír, ¿verdad? — respondió Finn con honestidad, esperando de él mismo una respuesta diferente.

— ¿No recuerdas nada? — Marceline sintió la necesidad de presionarlo un poco para obtener alguna respuesta, incluso si esta fuese vaga o inútil, todo por alguna pista para ayudarlo.

—… creo que fui yo… quien causó esto…

La reina vampiro se quedó sin habla al oír esto y las preguntas recorrieron su mente en un milisegundo. "¿Sabe que el destruyó el reino?" "¿Sabe que lastimó a Jake?" "¿Sabe acaso en lo que se puede convertir?"

— ¿A qué te refieres? — ella preguntó, cuidando sus palabras.

— Esto… estar encerrado en piedra… creo que fui yo quien lo hizo…

Marceline suspiró en alivio, él aún no se había dado cuenta de lo que hizo en su estado endemoniado y no había razón para decírselo todavía.

— ¿Pero cómo hiciste eso? — Marceline preguntó para alejar esos pensamientos.

— Magia, supongo, no recuerdo el momento exacto en que lo hice… pero sólo la uso de vez en cuando… y por lo general en otras personas… — las palabras eran dichas entrecortadas y con mucha dificultad por parte del rubio, era de suponerse, ya que llevaba la mitad del día encerrado en la prisión de roca.

Ella pasó su mano una última vez por la salvaje cabellera de Finn antes de volver a conversar.

— Vamos Finn, dime cómo sacarte de aquí para que pueda llevar-

— No — el héroe la interrumpió en un breve momento de fuerza y sin siquiera mirarla, debido al cansancio.

Su respuesta la tomó por sorpresa, ya que pensaba que si lo llevaba de vuelta al Dulce reino — porque su casa estaba deshecha — podría ser capaz de alegrar al chico y tal vez podría investigar un poco más su enfermedad.

— ¿Por qué no? — Marceline preguntó con genuina preocupación, Finn tomó un largo respiro antes de responder.

— No sé qué me ha pasado… pero… siento que, que hice algo muy malo… antes de encerrarme aquí — ella no pudo evitar sentirse mal al verlo así, todos acostumbraban verlo más alegre y motivado no cabizbajo y triste, la escena en verdad le rompía su casi inexistente corazón —…es por eso que no puedo volver — terminó su confesión con lágrimas que fueron absorbidas por su armadura de piedra.

Lentamente Marceline se acercó a la joven y sollozante figura frente a ella, buscando consolarle en su pena, y mientras lo hacía, las imágenes de su demoniaca transformación trataban de relacionarse con la persona que estaba frente a ella. ¿Por qué un héroe como el tendría que sufrir de tal manera? ¿Por qué tuvo que rescatarme si todo terminaría así? ¿Por qué de entre todos él tenía que pasar por esto? Estas preguntas le hicieron derramar algunas lágrimas de nuevo, las emociones del día seguían fluyendo a través de sus ojos así que no tenia caso detenerse a objetar por algún tonto orgullo.

Marceline le abrazó desde una posición cómoda para él y empezó a sollozar diciendo entre murmuros "Discúlpame, Finn" el llanto del humano paró de golpe al escuchar esto, puede que llevaba confinado bastante tiempo como para afectar sus sentidos pero aún así pudo comprender que algo no encajaba en toda la situación.

— Marcie, ¿Por qué te disculpas? — preguntó el rubio mientras paraba su llanto, cambiándolo por asombro, la vampira se separó torpemente de él, limpiándose los ojos con la palma de su mano. Ella no sabía cómo explicarle a Finn lo que recién descubrió sobre su enfermedad y temía, inclusive más que a su forma demoniaca, cómo se vería afectada su relación con él cuando este lo sepa. Pero debía tomar ese riesgo, era lo menos que podía hacer por él.

— Finn, lo que pasa es… — en ese momento ella confesó todo lo que había pasado hasta ese momento: su transformación, los estragos en el reino, los cambios en su cuerpo, el nuevo y al parecer permanente nuevo color en sus ojos, la información de su padre, y la condición de Jake.

— Él está bien, ¿no? — Finn preguntó exaltado.

— Claro, la Dra. Princesa debería estar con él ahora mismo — un suspiro aliviado se sumó a su respuesta, la explicación llevó un par de horas y podía observarse en algunas partes del cuerpo petrificado de Finn que la misma capa comenzaba a desquebrajarse, muestra de ello era el polvillo y escombros acumulándose en el suelo.

— Bueno, al menos ahora sé a qué me enfrento — dijo en un tono más optimista el chico que ahora tenía al descubierto los hombros, mostrando su piel color durazno mezclada con las manchas negras del Eureka, las cuales se extendían lentamente en todo su cuerpo, a decir verdad, era más seguro decir que el lado izquierdo de su cuerpo estaba cubierto de manchas color durazno y no al revés.

Mientras el héroe pensaba qué hacer ahora que sabía sobre su estado pudo sentir en su hombro descubierto una mano reposando y a una amiga inmortal enfrente suyo, ella le sonrió y le aseguró:

— No te preocupes, saldrás de esta.

El rubio tenia ahora la edad para distinguir lo correcto de lo incorrecto con mayor seguridad, así como la verdad de una mentira, pero si quería recuperarse tendría que creer las posibles palabras engañosas de la vampira. Sonrió débilmente y con una voz cansada trató de agradecerle, pero el dedo índice de la vampira lo detuvo.

— Debes guardar tus fuerzas Finn, eso incluye hablar.

Aunque el humano se acostumbró al sentido del humor de Marceline después de tantos años de convivencia, de alguna manera relacionó sus palabras con un 'cállate' dicho de manera indirecta.

— Ahora vamos a sacarte de ahí — dijo la vampira, que con sus afiladas garras retiraba las ahora delgadas capas de piedra de su cuerpo. Finn trató de decir algo, pero antes de que lo hiciera ya estaba libre y de rodillas en suelo. Por fortuna para él, el abrigo logró caer en el lugar adecuado para cubrir su pudor. Marceline flotaba de un lado a otro en busca de alguna herida adicional o de algo inusual en el cuerpo del humano, exceptuando claro su cambio en la coloración de su piel, pero éste sólo parecía estar agotado y en busca de algo que comer. Ella tomó nuevamente su rostro entre sus manos para analizarlo; abrió su boca revisando por si le faltaba algún otro diente, giró con cuidado su cuello por algún daño en sus mejillas, revisó sus oídos en búsqueda de algún escombro dejado atrás y extendió sus parpados dejando al descubierto sus brillantes ojos rojizos.

— ¿Marcie? — Finn dijo incómodamente mientras un par de dedos extendían sus mejillas.

— ¿Qué sucede? — respondió la dueña de esos dedos, sin apartarlos, por lo que el semidesnudo personaje frente ella la tomó de sus muñecas.

— ¿Podrías dejar de hacer eso?

Ella se dio cuenta de lo que hacía y se sonrojó.

— Lo siento —dijo la vampira, apartando la mirada.

— Descuida — le aseguró, en un tono alegre soltándola, era bueno verlo de buen humor incluso después de lo sucedido — ¿Cuál es el plan? — preguntó Finn, quien estaba peligrosamente cerca de la vampira aunque ninguno de los dos dijo algo sobre ello, puede que Marceline fuera quien notara esto ya que un tenue escarlata adornaba sus mejillas, aunque fuera indetectable por el humano.

— Bueno, creo que lo mejor es llevarte de vuelta al reino.

Dentro de su mente Finn cuestionaba el plan de su amiga y todavía más después de saber lo que sería capaz de hacer si perdiera el control de nuevo, pero por otra parte no ayudaría a nadie si desapareciera o si no hiciera nada por detener la infección que ahora se había apropiado de su lado izquierdo, dejando a su costado de un color negro brillante.

— Supongo que no puede ser tan malo, y tal vez Jake ya se encuentra mejor — su voz ya no sonaba tan decaída y ahora podía estar de pie, claro, no hizo esto último sin hacer un rosado taparrabos improvisado.

— Guau, te ves bien en rosa — dijo la vampira en un tono burlón que hizo que los colores se subieran al rostro de Finn.

— Cállate — rió nerviosamente mientras trataba inútilmente de cubrir su rubor —. Entonces… ¿Cómo vamos a volver? — cambio rápidamente el tema. La vampira tomó una llave que llevaba en el bolsillo con un diseño de un cráneo con cuatro ojos y con la palabra ŝlosilo grabada en ella.

— Sería peligroso si volara contigo en esa condición, así que usaremos esto, es como un atajo a ciertos lugares en Ooo — la vampira la introdujo como si fuera cuchillo dentro de uno de los arboles que los rodeaba y de inmediato un portal que mostraba el Dulce Reino se abrió. Marceline explicó que después de haber golpeado al Portero en el incidente con las cosas perdidas ella había tomado una de sus llaves maestras. El asombro iluminó el rostro del humano, viéndose tentado a preguntar.

— ¿Por qué no lo usas más seguido?

— Es más divertido flotar… además, sólo puedo usarlo tres veces — ella dijo sin tomarle tanta importancia a la magia de la llave.

Marceline tomó la mano de Finn y ambos atravesaron el portal hacia la tierra habitada por la Dulce gente. Aparecieron en una de las calles rodeados de algunos restos de la ciudad que seguía en labores de reconstrucción.

La tristeza se hizo evidente en el rostro del humano, él había causado esto y aunque fue en contra su voluntad aun seguía siendo su culpa. Al notar esto la reina vampiro trató de consolarlo nuevamente pero luego de guardar la llave mágica y antes de que pudiera hablar un objeto circular verde fue disparado causando una explosión frente a ellos.

Afortunadamente la explosión no fue muy grande pero si fue lo suficientemente fuerte como para enviarlos a volar un par de metros en el aire para después ser detenidos por una de las paredes del reino.

— ¡Finn! ¡¿Estás bien?!" grito la vampira preocupada por su amigo, quien estaba a solamente unos metros de ella, tratando de levantarse.

— ¡Estoy bien! — él respondió de inmediato desde su extremo.

Rápidamente Marceline buscó por todos lados al causante de la explosión, para su sorpresa y horror una figura comenzó a abrirse paso a través de la nube de polvo recién formada. Tenía una armadura dorada puesta con una espada de igual color sobre su espalda, debajo de ella los colores rosado y negro se mezclaban en un afán de distorsionar la imagen de la tiradora, quien sostenía en sus manos el humeante Ball Blam Burglar Blurber, o 4B para abreviar.

— Creo que no es lo suficientemente inestable aun, pero claro, el original lo perdí hace mucho —dijo la tiradora mientras checaba rápidamente el arma que ansiaba disparar nuevamente.

Marceline quedó perpleja ante lo que estaba viendo, era la Dulce Princesa quien de alguna forma había cedido al virus Eureka.

— Veamos si esta vez puedo obtener el efecto deseado…— dijo la Princesa apuntando el arma hacia el humano.