La esfera verde desvió su trayectoria en el último instante evitando por escasos centímetros el cuerpo del rubio, quien apenas estaba consciente de su propio ser. Cuando logre recuperarse debe recordar agradecer su tiempo extra de vida a Marceline, por haber golpeado el cañón del arma, volviéndola inservible. De cualquier forma el proyectil de energía hizo implosión en la pared que antes detuvo el vuelo del humano.

La princesa descartó el destrozado 4B y rápidamente desenvaino su dorada espada, tratando al mismo tiempo de degollar a la vampira con ella, pero Marceline la esquivó con facilidad. Después de Mentita, Marceline fue mentora de la princesa, en cuanto a combate se refiere, durante su niñez así que era relativamente sencillo para ella evitar sus ataques con sólo moverse en el momento justo.

Aunque, la princesa olvidó toda técnica y comenzó a mover la espada de un lado a otro esperando acertar, pero no sucedió, la reina de los vampiros no parecía poner esfuerzo alguno en sus tácticas de evasión y detuvo la espada usando solo dos dedos luego de un ataque.

— Bonnibel, ¿Qué estás haciendo? — preguntó con seriedad, el afilado instrumento luchaba por liberarse pero esto no hizo que su semblante cambiara en lo más mínimo.

Con una mirada punzocortante y un deje de arrogancia la princesa contestó:

— ¿Tú qué crees, Marcie? — aplicó más fuerza a la espada tratando de abrirse paso —. Eliminando al causante de todo esto — la princesa agregó, luego giró la muñeca y la afilada hoja hizo lo mismo causando un corte entre los dedos índice y medio de la vampira.

La sangre no tardó en buscar una salida y aunque era una herida relativamente pequeña, hizo enfurecer a la vampira.

— Muy bien, Bonnie, si así es como lo quieres — la inmortal buscó en su espalda el bajo-hacha para encarar a la princesa pero no lo encontró. Luego recordó que el hacha de la familia convertida en instrumento se había quedado en la recamara de la habitación rosada en la que antes estaba, reposando contra la pared.

— ¿Sucede algo, Marceline? — la pregunta fue enviada con una risa diabólica que se mezclaba muy bien con el aspecto cambiante de la princesa. Las llagas negras se extendían lentamente hasta reclamar como suyas porciones enteras del cuerpo.

La armadura dejó un rastro dorado cuando la princesa se propulsó a sí misma hacia la inmortal, que apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado. Por un momento la princesa resultó ser lo suficientemente rápida como para sorprenderla y bastante fuerte para derribar uno de los arboles en la cercanía con un solo corte. La enfermedad se extendió a tal punto que la coloración en la piel de la pelirrosa ya no era el rosa pálido, típico de una goma de mascar, sino de un negro viscoso similar al de una pintura al oleo. Y al parecer también otorgaba fuerza sobrenatural acompañada de protuberancias en ciertas partes del cuerpo, aunque esto último puede que se deba a la teoría de que la Dulce gente no tenía las mismas características que los humanos y por ello les afectaba de manera distinta, y con estas mejoras físicas los ataques de la princesa apenas podían ser eludidos.

En un momento, la vampira tenía la ventaja a pesar de estar desarmada, ahora hacía un verdadero esfuerzo por no ser desmembrada. Era algo irónico pensar que los vampiros sólo eran vulnerables a los rayos de sol, estacas de madera, u otros métodos descritos en la literatura, cuando en realidad son más vulnerables de lo que parecían. Aunque, ¿Quién sobreviviría a tener su cabeza forzosamente separada de su cuerpo? "Tal vez sólo Jak" pensó Marceline, tras dejar que otro árbol recibiera un golpe fatal por ella.

No muy lejos, un humano logró ponerse de pie con gran dificultad y para su mala suerte la parte de su ser que lo volvía humano ganaba terreno contra la infección, y por ello sentía sobre él cada gramo de dolor al haber golpeado la pared con su cuerpo. Aún no se recuperaba por completo y ahora tenía que lidiar con la confusión de ver a la Dulce Princesa infectada por el virus que, por lo que él sabía, sólo afectaba a los humanos (un detalle que la inmortal omitió por equivocación). Cuando el entorno dejó de moverse de izquierda a derecha frente a sus ojos, logró ver a una desesperada Marceline evitando a toda costa una espada dorada blandida por una princesa que ya no parecía estar hecha de goma de mascar sino de regaliz.

— Marceline…— llamó débilmente, esforzando sus lastimadas piernas sólo para volver a tropezar.

Al oír su nombre la vampira volteó involuntariamente olvidando que luchaba por su vida. La víctima del virus Eureka aprovechó su descuido, derribándola con un puntapié, y cuando trató de levantarse, la vampira fue detenida en seco por una pesada bota que la mantuvo en su lugar.

— Parece que has perdido — dijo fríamente mientras alzaba la espada lista para apuñalar a la indefensa vampira.

— Bonnibel, no lo hagas — la inmortal suplicó, tratando en vano de mover la bota con sus manos desnudas.

La princesa ignoró las palabras de su amiga e instructora y con una voz grave dijo.

— Cuando termine contigo seguiré con Finn y cuando acabe con él, comenzaré a reconstruir el reino — la princesa levantó la espada sobre su cabeza y después de una larga pausa la hizo descender, apuntando al corazón de la vampira.

Un espectral silencio se levantó después de lo sucedido, sólo podía escucharse la sangre salir a presión del cuerpo de la víctima que agonizaba por cada miligramo de líquido vital que escapaba por la herida. A pesar de ello quería hablar y con mucho dolor logró vociferar las que probablemente serian sus últimas palabras:

— ¿Estás bi-bien… Marcie?

Esto sorprendió a ambas, pero en especial a Marceline, quien vio de primera mano cómo el arma atravesó su espalda y salió por su pectoral derecho, evitando que siquiera la tocara, aunque fuera por unos centímetros. Finn no pudo evitar escupir sangre por recibir la estocada y esta se mezcló con la prenda roja de la vampira.

— Mmm… quería hacer esto más tarde para disfrutarlo, pero, ¿Qué se le va a hacer? — agregó indiferente la princesa. Ella pensó en remover la espada para apuñalarlo otra vez pero en su nuevo sadismo decidió dejarla ahí y hacerlo sentir un intenso dolor en lugar de terminarlo con otro ataque.

Marceline no sabía qué hacer, el humano volvió a sacrificarse por ella sólo que ahora cumplió el contrato de un héroe y en lugar de cumplirlo con alguna princesa dio su vida para que una reina estuviera a salvo.

— ¿…Finn? — preguntó en un estado de shock, ya no tenía la presión de la bota deteniéndola y aun así se quedó donde estaba. El humano se había apoyado en sus antebrazos y era una proeza que siguiera así, él era un escudo viviente; protegiéndola de los peligros que no conocía y que se habían familiarizado con ella.

— Es… es sólo un rasguño… esta-estaré bien… — una sonrisa apareció en el rostro y de él caían hilos de sangre acumulándose mas y mas en la blusa de la vampira —. Lamento lo de… tu blusa — agregó el humano y esto hizo que la vampira reaccionara, no intentaría levantarse puesto que eso lastimaría al humano pero al menos lo confortaría en sus últimos momentos para después lidiar con la princesa.

— Tranquilo, puede quitarse… — Marceline respondió a su comentario con la más grande sonrisa que pudo lograr y aunque fuera fingida, en verdad le pareció conmovedor su comentario.

La respiración de Finn comenzó a hacerse más errática y ya no podía apoyarse sobre sus extremidades, en cualquier momento caería exhausto y con suerte resistiría un par de minutos más. Aunque sonara cruel para ella, Marceline aprovecharía esto para atacar a la princesa, noqueándola y luego volvería a estar con el humano mientras dejara atrás el mundo físico.

— Esto está tomando mucho tiempo — se escuchó la voz de Bonnibel acercándose al par, se oyó cómo retomó el mango de la espada incrustada en el cuerpo del rubio —. Si me disculpas, Finn… — dijo antes de empujarla con intenciones de que atravesara también a la vampira. Pero con la poca acción motriz que le quedaba, el humano se mantuvo en una sola mano utilizando la otra para detener la espada en su lugar.

No era justo para Marceline ver esto, su mejor amiga, que conocía desde que prácticamente nació estaba a merced de un virus que cambiaba su alegre personalidad por una más oscura, y Finn, su amigo, la última persona de verdad, no viviría lo suficiente para ver otro día soleado por ella y lo peor era que no podía hacer nada para ayudar a ninguno de los dos.

La princesa empujó la espada causando cortes en la mano del humano, la carne cedía por cada centímetro que recorría y la herida principal seguía sufriendo de igual manera, pero él se negaba a rendirse. En un punto, la princesa se detuvo y la espada dejó de descender, sumando sorpresa al rostro de la vampira preguntándose el motivo. La escena parecía estar congelada nuevamente y sólo se pudo escuchar la respiración del humano deteniéndose poco a poco.

Sin importar qué, él se mantuvo en el mismo lugar, sosteniendo la espada firmemente y dejando que una sonrisa se apoderara de su rostro mientras dejaba que la vida se le escapara.

— ¿Finn…? — dijo Marceline sin poder creer lo que veía —. ¡FIINNNN! ¡FIIIIIINNNNN! — gritó con fuerza esperando despertarlo de su sueño, pero no tenia caso, él ya estaba muerto.