Ya no importaba si moría en ese instante a causa de sus gritos, ya no sentía tristeza o desesperación, sólo quería desquitar su rabia en la princesa que arrebató la vida del humano.
Podía hacer el cuerpo a Finn a un lado bruscamente y arremeter contra la endemoniada pelirrosa en la forma que más disfrutará, es decir, él estaba muerto y su cadáver no podría objetar al respecto. Estuvo a punto de hacerlo a la primera oportunidad que tuvo, luego la derribaría y si la princesa moría en el acto no le molestaría en lo más mínimo. Pero el hecho de que Finn continuara sonriéndole a pesar de no estar presente del todo la llevó a no hacerlo.
Ella sabía que si no ponía en marcha este plan o hacía alguna otra cosa, entonces sufriría el mismo destino que el rubio, quien seguramente ya debía estar causando destrozos en el nivel del mundo de los muertos al que hubiera llegado. Lo extraño fue que ella no derramó lágrima alguna por lo sucedido, tal vez porque una parte de ella aceptaba lo que había pasado y se convencía a si misma de que así era como todo debía terminar.
'Es probable que ya hayas vivido lo suficiente, Marceline' pensó al dar el último grito pronunciando el nombre del humano, ella esperaba que en el siguiente ciclo de vida de la tierra, los que la habitaran no cometieran los mismos errores y vivirían de una manera más próspera.
Lamentaba en verdad todo lo que tuvieron que sufrir sus amigos en turno a causa suya y que fuera Bonnibel quien pusiera fin a la vida de su adorado campeón. Ahora también acabará con la reina de los vampiros, una mortal que hace más de mil años debió perecer junto con los humanos y que por azares del destino terminó en donde está.
— ¿Qué estás esperando Bonnibel? — al menos no dejaría este mundo rogando por su vida.
— Esperando a que Marcie deje caer una lágrima por el héroe caído — su comentario era cruel e insensible, dejando en claro que el virus ya había reclamado sus emociones, si esto era cierto o no, de igual manera la vampira no le daría satisfacción.
— Te estás tardando, ¿necesitas ayuda con eso? — Marceline fingió una risa que logró fruncirle el seño a la gobernante.
— En absoluto — Bonnibel había tomado de vuelta el mago del arma homicida —. Pero espero que tus últimas palabras sean mejores que una disculpa.
Marceline ignoró esto último y puso su atención en la figura del héroe que permaneció en la misma posición a pesar de su deceso, se apoyó en sus rodillas y una mano, utilizando la otra para detener la hoja afilada de arrebatar otra vida que no fuera la suya. La vampira besó su fría mejilla agradeciéndole lo que había hecho por ella ahora y antes.
— Gracias Finn…— le susurró en el oído del humano, esperando que de alguna forma el mensaje llegara hasta él.
— Listo, ¿un gracias te parece original princesa? — la reina dijo desafiante y lista para lo que pasara.
— Meh, al menos es nuevo — la princesa no esperó por alguna otra palabra o un adiós verdadero antes de ejercer presión suficiente para mover la dorada espada de su sitio y enterrarla más profundo.
Marceline espero por un dolor insoportable o un aplastamiento repentino, pero supuso que esto era parte de morir. Algo así como cuando sufrieras un dolor insoportable que te causara la muerte o fallecieras en una situación demasiada, cruel entonces por alguna regla natural tu mente olvidaría ese traumante evento, te haría olvidar el dolor y te recibiría con brazos abiertos al lugar adonde vayas en tu descanso eterno.
Los ojos de la vampira estaban cerrados, por lo que no tenía idea de lo que ocurría a su alrededor, continuaba en la misma posición y no podía decir que se sentía muy diferente al mismo lugar donde se encontraba hace unos momentos, en el plano físico llamado Tierra de Ooo.
Un crujido y un alarido la obligaron a abrir los ojos, encontrándose con una poseída princesa tratando de alcanzar la espada que utilizó hace unos instantes, el problema era que la persona que tenia dicha espada aún la tenia incrustada en él y además sostenía del cuello a la pelirrosa con una sola mano.
La pelirrosa trato de decir algo pero el agarre del rubio sólo se intensifico. Finn logró someter a la infectada princesa del Dulce Reino, pero si seguía así la mataría.
Marceline quería alegrarse por ver a su amigo todavía con vida, además de que hace un par de minutos no le hubiera importado acabar con la vida de la princesa ella misma. Tuvo que recordarse que no era su culpa sino del virus que le afectaba y la llevaron a hacer lo que hizo. Se levantó y corrió hacia donde ellos estaban para tratar de convencer al humano de dejarla libre, el humano vio esto como una amenaza y con una rapidez sorprendente tomó a la vampira del cuello con su mano libre y comenzó a estrangularla también.
Su agarre demostraba una fuerza mayor a la que Bonnibel demostró hace poco y probablemente mayor que la de ellas dos juntas. Marceline abrió un ojo a pesar del dolor, captando una mejor imagen de lo que sucedía. Se encontró con los mismos ojos color carmesí, señal de la infección en Finn, de ellos emanaban odio y rencor que miraban a través de ella en busca de algo que destruir.
—…Fii-n-n-n — la vampira logró decir, a pesar de la obstrucción en su garganta, las palabras parecieron funcionar ya que de inmediato sintió que podía respirar nuevamente. Él había soltado a la reina vampiro, pero aún tenía a la princesa a su merced.
— Finn… déjala ir — ella tosió recibiendo la violenta mirada del humano una vez más.
— Ella trató de matarte y aun así ¿esperas que la deje ir? — él colocó aún más fuerza en su mano, causando un gemido de dolor de la gobernante de orozuz.
— No es su culpa, Finn — dijo cautelosamente y poniéndose de pie —, es el virus, no es ella misma… no eres tú — en los ojos brillantes que denotaban una sed de venganza también se pudo observar la duda, era cierto, él no actuaba de esa manera y mucho menos contra la Dulce Princesa.
El poseído humano sintió una temblorosa mano en su hombro y fue recibido por una pacifica mirada por parte de la vampira.
— Por favor, suéltala… — ella le rogó en un tono tranquilo, esperando tranquilizarlo. Parecía dar efecto ya que Finn la bajó suavemente hasta que sus pies tocaron el suelo.
— Gracias, Finn. Yo- — Marceline comenzó pero el humano propinó una poderosa patada que elevó a la princesa por los aires, derribando la pared de su habitación y quedándose ahí inmóvil.
— ¡¿Por qué hiciste eso?! — espetó la vampira, pidiendo una explicación por sus actos.
— Necesitaba una lección…— contestó el humano estoicamente, sin remordimiento. Marceline temía lo peor.
Al tratar de acercarse al rubio, éste cayó de rodillas gritando de dolor mientras sostenía su pecho. Convulsionaba violentamente mientras las manchas características del Virus Eureka lo cubrían por completo. Observó cómo la vampira luchaba con la decisión de ver si Bonnibel estaba bien o quedarse a lidiar con él.
— Estarás bien, Finn, estarás bien…— ella decidió quedarse. Incluso si no tenía sentido. No podía ayudarle, no podía curarlo, y tal vez ya no podría consolarlo. Siendo inmortal, ella había sido capaz de ver el peor lado de todas las situaciones posibles, por eso ella no se permitía perder la fe.
Esto hizo sonreír al pobre humano. Sabía que perdería la razón en cualquier momento y que la bestia en que se convertiría no estaba lejos. Podía sentir cómo ésta rogaba por salir de la prisión que era su cuerpo, para causar más destrucción. Debía apresurarse.
— Eres maravillosa — suspiró, deteniendo el cantico de la vampira prometiéndole un bienestar que no llegaría. Marceline descubrió lo que escondía esta sencilla frase. Él se estaba rindiéndose y quería despedirse.
— Entre todas las rarezas que he visto en la tierra de Ooo… tú eres la más singular que he conocido…Marcie — Marceline escuchó atenta cada palabra y sentía cómo se le hacía añicos el desgastado corazón al oír cada una de ellas —. Es lo mejor que se me pudo ocurrir — él rió como un niño pequeño, analizando lo cursi que se escuchaba.
Sólo quedaban escasos centímetros de carne que no había sido corrompida por las manchas, cuando intercambio una última mirada con su amiga inmortal.
— Cuida a Jake…— fue lo último que dijo coherentemente ya que los agudos gritos que ahora emitía no tenían significado alguno.
Lentamente comenzó a adquirir la forma demoniaca que el virus le proporcionó. Su masa muscular se incrementó de manera acelerada, dándole la forma de un gigante humanoide. La piel negra brillaba con intensidad, al igual que el par de ojos carmesí que aún se enfocaban en ella. Esta era la primera vez que veía los estragos más devastadores del virus en un paciente, y le aterraba lo que veía. La bestia no tenía una boca visible. Su rostro sólo mostraba la piel brillando con las luces artificiales del reino, resaltando sus grotescas facciones, además de los dilatados globos oculares observando a su posible presa.
Marceline sentía la creciente necesidad de esconderse en un lugar alejado y no volver a salir hasta que el peligro pasara, como hizo hace mas de mil años durante la guerra, pero no podía moverse, ni siquiera podía flotar lejos de ahí. Los feroces ojos de la creatura hicieron que se quedara inmóvil a causa del miedo.
Las garras de la creatura se extendieron mostrando un filo impresionante. Dolorosamente introdujo su filo en una abertura horizontal, debajo del lugar donde debería estar su nariz. Al halar de ella, trató de separar una barrera hecha por su propia piel. Una fila de alargados e irregulares dientes fue mostrándose poco a poco de la abertura.
Un rugido gutural cortó el aire. Ahora no tenia protección alguna contra la bestia, sólo le quedaba a la vampira rogar por un final rápido e indoloro.
