La mandíbula se cerró con fuerzas atrapando a su víctima entre las largas filas de dientes y hundiéndose en cada lugar posible de su cuerpo. La inmortal figura no dejaba de quejarse por el dolor aunque estuviera acostumbrado.

— Sabes que a pesar de estar muerto aún siento dolor, ¿verdad, Marcie? — Dijo el no muerto que estaba entre los dientes y golpeando la mandíbula de la bestia.

En el último instante una figura saltó en medio del depredador y su presa, recibiendo la mordida que sin duda hubiera acabado con la vida de la vampira.

— ¡Jak, ¿Qué estás haciendo?! — gritó Marceline al ver que el monstruo lo sacudía de una lado a otro, mordisqueándolo.

— ¡¿Cómo que qué estoy haciendo?! — El zombi golpeó uno de los dientes a su alcance — ¡Salvándote! — gritó mientras aún forcejeaba con su captor. Algunas capas de su piel ya se habían caído durante el altercado, y ahora parecía que un perro salvaje mordisqueaba un viejo hueso buscando saborear la medula. En una sacudida particularmente violenta uno de los brazos del zombi fue arrojado a la distancia.

— ¡Jak! — La vampira gritó preocupada desde el lugar donde estaba. Ella pensaba que incluso un ser como él tendría un límite ante tal maltrato.

— ¡Descuida! — Exclamó el inmortal, abriendo lentamente la boca de su captor y pateando su lengua con su pierna derecha sin carne — ¡Soy desarmable! — No era necesario pedir una explicación a esto ya que el brazo que desapareció en el horizonte volvió rápidamente flotando en el aire, con el puño cerrado, e hizo impacto en uno de los ojos del monstruo obligándolo a soltar a su dueño.

Una vez en el suelo, viendo más allá de la ropa hecha jirones, pudo hacerse un conteo de daños más exacto. El conflicto le costó la carnosidad de su pierna derecha y parte del torso dejando sus costillas expuestas. Además de tener el brazo cercenado también tenía fracturas en los huesos visibles y la parte izquierda de su rostro era inexistente. No había necesidad de preocuparse por él, algunas partes volvían a crecer aunque tardarán y si eso no servía, siempre podía conseguir repuestos en el cementerio.

— ¡Tonto, ¿pudiste haberte matado?! — Gritó Marceline al acercarse al zombi. El golpe que el monstruo recibió en una zona delicada les dio tiempo a los inmortales para discutir.

— De nada, Marceline, y sabes que no puedo morir — bufó Jak, haciendo énfasis en las primeras dos palabras, mientras colocaba el brazo en su lugar.

— ¡Pudiste haberte infectado! — espetó Marceline mientras revisaba los lugares donde los infecciosos colmillos habían reposado con anterioridad.

— Tranquila, soy incapaz de infectarme ¡porque ya estoy infectado de otra cosa!

Su lógica era absurda. En verdad no sabía si algo le pasaría al entrar en contacto directo con el virus Eureka. Sólo actuó al ver la situación, sin importarle lo que podría pasar. La vampira en cambio no quería que más gente cercana a ella se viera envuelta en este desastre y esa era la razón de su enojo hacia él.

Los sonidos del monstruo cesaron de golpe. Al mirar hacia arriba ambos se encontraron con una bestia enfadada que aun lagrimeaba de un ojo. Estaban listos para reaccionar en caso de otro ataque de mordida pero este no sucedió. En lugar de ello la bestia conocida anteriormente como Finn dio un zarpazo que envió a ambos fuera de los límites del reino. Rugió con una satisfacción que duró poco.

— ¡Presencia del mal detectada! — gritó uno de los guardianes de la promesa real, acercándose dispuesto a enfrentar la amenaza que presentaba el monstruo para el Dulce Reino. Finn siseó en respuesta, listo para destrozar a su rival si este se llegaba a acercar.

— ¡Defiéndanse!— la amenaza fue tomada por sorpresa por un segundo guardián que lo sostuvo en una llave, inmovilizando sus brazos. Dándole así una oportunidad al primer guardián de golpearlo libremente.

A pesar de su increíble fuerza no resultaron ser rivales para Finn y su bestial transformación, y con poco esfuerzo se liberó de la llave del guardián, destrozó sus brazos en el proceso y le propinó un golpe que destruyó la esfera de cristal que era su cabeza, dejando libres las numerosas gomas de mascar que el guardián tenia.

Este acto hizo enfurecer al guardián restante. Quien en un movimiento de manos utilizó los mismos poderes para congelar el tiempo a su alrededor que utilizo cuando Finn rompió su promesa real hacia la Dulce princesa. Para su suerte la bestia se detuvo en seco y se quedó en la misma posición que estuvo al derrotar al segundo guardián. El hechizo no duraría lo suficiente, por lo que hizo aparecer una operación sencilla en una pizarra holográfica. No buscaba hacerle una pregunta matemática a la bestia, sino que extendió su mano en busca de la línea horizontal que denotaba el final de la ecuación.

Esta línea le serviría como una espada hecha de luz, con la que empalaría al monstruo esperando que eso fuera suficiente para terminar con él.

— ¡Cae bestia! — exclamó intentando una estocada.

A tan sólo unos metros de hacer contacto con la espada de luz la bestia logró liberarse del hechizo temporal. Evadió con un simple movimiento la espada improvisada y ahora el guardián le daba la espalda. Mientras daba la vuelta para intentar el mismo plan fue recibido con la filosa punta de un gigantesco cono de helado. Se trataba del sombrero perteneciente al guardián caído y que había sido utilizado para atravesar el cuerpo del primer guardián.

Tratando de ignorar el hecho de que dependía de la misericordia del monstruo para sobrevivir. El guardián hizo un último intento de matar a su captor con la espada que aún tenía en mano. Esto no le pareció a la bestia Finn que con un movimiento incrusto sus garras en su cráneo de cristal aparentemente terminando con su enemigo.

Bruscamente dejó caer el cadáver sin vida del guardián. La brillante espada no aterrizó muy lejos de él pero cuando trató de tomarla esta se desvaneció en un santiamén. La bestia quería continuar destrozando el Dulce Reino para encontrar a más victimas susceptibles al efecto del virus pero algo a lo lejos le llamo la atención.

Podía verse como una luz anaranjada brillaba mas allá de de las colinas y resaltaba aun más gracias al abrigo que le proporcionaba la noche. El monstruo se sentía atraído por la luz, que a pesar de estar considerablemente lejos causó en él un efecto hipnotizante.

Olvidó su interés por destruir por completo el reino azucarado y en su lugar se enfocó por la brillante luz que estaba a kilómetros de distancia. Derribo la pared de azúcar que se interponía entre él y su nuevo objetivo, y comenzó a caminar en su dirección.

Mientras tanto un par de figuras tuvieron un doloroso aterrizaje cerca de las faldas del bosque mágico cercano al Dulce Reino. Marceline derribó un árbol, impulsada por el golpe, pero al menos estaba en mejor forma que su amigo. El zombi no tuvo tanta suerte ya que su cuerpo quedó empalado de una forma absurdamente intricada en las protuberantes ramas. Cuando la vampira se recuperó al cabo de unos minutos se encontró con una cabeza decapitada tratando de subir un árbol usando solo sus dientes.

— ¿Necesitas ayuda? — preguntó la vampira al ver la situación en que se encontraban los restos de su amigo.

— ¿Qué te hace pensar eso? — al contestar inadvertidamente, el zombi soltó el tronco del árbol cayendo al igual que una pelota. Marceline lo recogió tras su estrepitosa, pero cómica caída. Esta era la segunda vez que estaba en una situación similar sólo que ahora él necesitaba su ayuda.

— Será difícil sacarte de ahí — comentó la vampira. El cuerpo sin cabeza se retorcía en su incómoda posición tratando de hallar la manera de liberarse. Las ramas dejaron el cuerpo de Jak en un estado deplorable y parecía que tardaría bastante en volver a reconstruirlo.

— No importa… esto pasa de vez en cuando — suspiró derrotado —. Ahora tenemos problemas más serios — La situación de la bestia Finn había escalado a un nivel mas critico porque, sin saberlo ninguno de los dos, éste se dirigía hacia un nuevo objetivo—. No puedo ayudarte como estoy ahora Marceline — el zombi dijo con poco ánimo. La vampira no tenía a quien más recurrir para que le ayudara, y aunque hubiera alguien más, no podía involucrarlo. Es decir, no quería que nadie más terminara como Jak por ayudarla. O peor.

— ¿Qué crees que deba hacer? — ella ya sabía la respuesta a esta interrogante pero necesitaba oírlo de alguien más.

— Creo que solamente sería una carga para la Reina de los vampiros — su amigo entendió lo que le pasaba por la mente.

— De acuerdo — dijo mostrándole sus colmillos en una tenue y agridulce sonrisa —. En serio, ¿no necesitas ayuda para… bajarte…? — ella señaló el destrozado torso y demás extremidades que aún serpenteaban alrededor de las ramas en que estaban.

— Nah, me las arreglaré — la cabeza dio un salto de las manos de la vampira y se sostuvo nuevamente del tronco del árbol con sus dientes.

Marceline pensó un momento en lo que debía hacer. La posibilidad de salvar al humano se había escapado por la ventana. Si no existió cura en los días antes de la guerra durante la época en que había los recursos, no había razón para pensar que ella lograría alguna diferencia. Si incluso seres en extremo inteligentes como la Dulce Princesa fueron víctima del virus entonces ella no tendría oportunidad.

Ahí es cuando la golpeó el hecho de que ella podía infectarse al igual que los demás o que tal vez tenía una cierta inmunidad al igual que Jak, quien hasta ahora no ha presentado efectos en absoluto. Era de imaginarse que la única opción restante es la de acabar con el paciente cero y tal vez así los demás infectados tendrían alguna oportunidad. No estaba segura de si al llegar el momento lograría hacer esto. Ya era traumarte el hecho de que Bonnibel lo "matara" enfrente de ella hace casi un cuarto de hora, ahora ella debería hacer lo mismo pero de forma más certera.

Primero debía ir al castillo de la Dulce Princesa en búsqueda de su arma. Antes de irse la detuvo un silbido proveniente de la cabeza móvil que dejó atrás.

— Ten cuidado, Marcie — dijo el zombi sin soltar el árbol al que estaba sujeto. Cuando ella trató de responder el zombi la silencio —. ¡Qué lenta eres! ¡YA VETE! — Era un momento tenso y la cabeza parlante trató de aligerarlo con sus palabras. Para su mala suerte la vampira lo tomó a mal, recogió una piedra y se la lanzó, tumbándolo del árbol y dejándolo inmóvil en el suelo. Él comenzó a maldecirla mientras trataba en vano de volver a escalar el árbol.

— Si sobrevivo, vendré a recogerte — dijo la vampira antes de emprender el vuelo hacia el Dulce Reino, dejando al zombi avergonzado por haberle gritado.

Al llegar al castillo se escurrió por el agujero hecho por la princesa cuando Finn le pateó. Ella esperaba encontrarla inconsciente y planeaba encadenarla, o algo así, para que no causara más daño. Para su sorpresa no encontró ni rastro de la pelirrosa aunque parte de su armadura estaba regada por el piso.

— Luego lidiaré contigo — se dijo en voz baja tras recuperar su bajo-hacha de la pared donde reposaba. Se lo colocó en la espalda y salió de la destrozada habitación, esperando encontrarse con el monstruo pero este tampoco estaba. En su lugar estaban los cuerpos sin vida de los guardianes de la promesa real.

Ella lamentó el hecho de que estuvieran muertos pero no tenía tiempo para llorarlos. Una vez que vio la pared destrozada y el enorme rastro pudo ver a lo lejos la figura del monstruo y el lugar al que se dirigía.

— El Reino de fuego…