Todos hemos tenido un roce con el romance, sin importar que tan insignificante sea, ¿cierto? Si una persona juega bien sus cartas este sentimiento puede llegar a compartirse con la persona que desee. Sólo es necesario nutrirlo y cuidarlo con el paso del tiempo. Esa era la relación que Finn mantenía con la Princesa Flama. En un principio fue algo muy difícil de llevar a cabo pero lograron hacerlo funcionar… al menos por un tiempo.
Se creería que ambos estaban en términos relativamente buenos luego de su rompimiento aunque nadie sabía con exactitud la razón del mismo.
— No pudo ser algo tan malo, ¿verdad hermanito? — preguntó Jake una tarde en compañía del humano, éste vivió en el Reino de fuego bajo un régimen diario de escudos mágicos y explorando los límites de su relación con la princesa, hasta que un día sin previo aviso volvió a la casa del árbol con quemaduras de segundo grado.
— Viejo… no quiero hablar de eso — contestó el humano, sorbiendo un poco de sopa, aún adolorido por mover las partes más rosadas de su piel.
La incompatibilidad elemental, como le decía la princesa, demostró ser demasiado para la joven pareja que tras pasar unos maravillosos meses juntos decidieron terminar. Finn siguió siendo el protector de Ooo y la princesa ocupó el trono de su padre luego de que este decidió dárselo... por las buenas. Ahora todos se refieren a ella como la Reina Flama.
La bestia había llegado al reino de fuego, causando destrucción casi de inmediato. Trató de infectar a los habitantes pero estos eran impermeables al virus debido a la fisiología natural que les permitía vivir ahí. Sin embargo aún eran seres mortales por lo que procedió a aplastarlos, mordisquearlos, y demás.
En el balcón del castillo una despistada prince-erm… digo, reina descansaba de las labores que implican gobernar un reino. Ahora tenía un vestido resistente al fuego mucho más elaborado, dándole un verdadero aire de aristócrata. Su pelo estaba recogido en una cola de caballo con numerosas liguillas deteniéndole las llamas que exhalaba su salvaje melena dejando la joya que tenía en la frente para resplandecer con más intensidad. Creció para gobernar las infernales (en cuanto a intensidad de las llamas se refiere) planicies que su padre poseía.
Su paz se vio interrumpida por el aterrizaje de uno de sus súbditos en el balcón en el que ella estaba. Se acercó a él preocupada de que estuviera herido. Su tiempo con el humano le sirvió para convertirse en una reina digna del título.
— ¿Qué sucedió? — preguntó a un lastimado Flambit. El diminuto ser de fuego logró mantenerse despierto el tiempo suficiente para apuntarle a su reina el motivo de su llegada. La Reina Flama observaba cómo sus ciudadanos eran arrojados, aplastados, y devorados por una enorme bestia de piel azabache y ojos carmesí. El pequeñín que causó un exabrupto estaba inconsciente por las heridas que sufrió.
La gobernante colocó a la creatura en su cama, dejándolo descansar. Una vez afuera y utilizando sus poderes adquirió su gigantesca forma dejando ver su herencia de elemento fuego a la perfección. Una forma pura en la que dicho elemento daba una figura apenas reconocible a su poseedor; otorgándole un par de ojos y una boca malformadas para comunicarse, aunque mantenía la joya de su cabeza. Al igual que un acceso más fácil y casi ilimitado a llamas más… poderosas, por así decirlo (sí, no hay mucha diferencia).
No titubeó en atacar al agresor de su reino, arrojándole proyectiles en llamas, que sólo rebotaron en su piel. El monstruo Eureka dejó en paz a los habitantes del Reino de Fuego y concentró su atención en la furiosa elemental.
Trató de derribarla con un poderoso zarpazo pero sus garras sólo pasaran a través de ella sin hacerle daño alguno. Lo intentó varias veces hasta darse cuenta que no serviría de nada. La reina aprovecho su descontento para acertarle varios golpes con un bate hecho de fuego que había materializado. Era algo irónico que ella pensara que cada batazo era recibido por Finn, dándole así el empuje que necesitaba para causar tanto daño.
La bestia recibió todos y cada uno de ellos sintiendo, por primera vez, un dolor significativo que lograba hacer crecer su ira cada vez mas. Sin embargo la bestia no era estúpida, claro, era guiada por un hambre de destrucción insaciable pero eso no significa que no tenia cerebro o creatividad, que era lo que necesitaba justo ahora.
Debido al constante ataque la bestia tenía que retroceder algunos pasos hasta llevar a cabo su plan. La Reina Flama pensó que ganaba la batalla ya que logró que el misterioso monstruo saliera de la ciudadela hasta las áridas y desoladas tierras que rodeaban el reino entero.
Después de recibir un aparente golpe devastador que le hizo escupir sangre morada, la bestia jadeó moribunda a los pies de la etérea figura hecha de fuego. La aristócrata creyó que la creatura que estaba de rodillas frente a ella era una singularidad más en Ooo, por lo que darle el golpe final no sería una pérdida total dentro de la extensa fauna de la mágica tierra.
Levantó el bate y creó en él una filosa punta para asegurar el exterminio de la salvaje bestia.
— Duerme bien — era lo menos que ella podía decirle en este momento, yejó caer con toda su fuerza el arma apuntando hacia su cabeza.
El monstruo reaccionó justo a tiempo para que el bate de fuego desquebrajara el suelo en el que estaba. Para mala suerte de la reina ella había logrado reventar el sello de un poderoso geiser que no tardo en liberar su furia en la gobernante.
Debido a las calurosas temperaturas de sus alrededores y la naturaleza de un geiser, el agua hervía a borbotones por lo que estaba a la temperatura indicada para no lastimar a un elemental de fuego. Pero el agua hirviendo seguía siendo agua, al final, ya que logró revertir a la reina a su forma original, físicamente hablando porque aun seguía teniendo un tamaño gigante.
Ella no podía creer lo que sucedió sino hasta que la bestia que hace unos momentos casi elimina comenzó a contraatacar. Logró reaccionar ante un ataque suyo usando un escudo de fuego, que aunque era débil logró detener unas afiladas garras que iban en su dirección. La gobernante comenzó a atacar con hechizos de fuego básicos para ganar algo de tiempo hasta que el agua que la cubría se secara y volviera a su invencible estado. La bestia logró descifrar su estrategia casi de inmediato e hizo su estilo de ataque mucho más vicioso.
En un descuido de la reina el monstruoso ser logró acertar con sus garras cuatro enormes heridas en su estomago que aunque no eran fatales ella sentía que así lo eran. El monstruo no dejaría que pasara más tiempo antes de que ella estuviera en condiciones de transformarse, así que saltó en el aire con la mandíbula abierta lo suficiente para terminar con la Reina Flama de un sólo bocado.
— ¡PATADA DE VAMPIRO! — gritó la voz de un tercer personaje que se unió a la escena. Como dijo ella, le había propinado una poderosa patada a la mejilla de la bestia haciendo que se estrellara contra el suelo antes de acabar con su presa.
— ¿Estás bien princesa? — preguntó la vampira, luego de su entrada.
— Es reina ahora, Marceline, y si gracias — dijo con un deje de dolor sosteniéndose las heridas. El tamaño de la Reina Flama la ponía en desventaja ante otro posible ataque por lo ella volvió a su tamaño original esperando también que le ayudara a secarse más pronto —. Marceline, ¿Qué es… eso? — preguntó la gobernante de fuego.
¿Qué haría la reina al saber la identidad del monstruo? No era un secreto su fallida relación, el dato importante era el porqué de su fracaso y cómo afectaría su decisión. Es decir, hace unos momentos fue capaz de herirlo hasta casi matarlo por demostrar ser sólo una amenaza. ¿Mostraría clemencia si le dijera que se trataba de su antiguo amante ó arremetería con mucha más brutalidad por ese mismo hecho? Solo había una forma de averiguarlo.
—…Es Finn — dejó salir en un suspiro la Reina de los vampiros. Quien ahora tenía su hacha en mano preparada para combatir al monstruo y a una posible reina despechada.
— Oww… ya veo… — la vampira ciertamente esperaba una respuesta más volátil por parte de la reina conocida por su temperamento —. ¿Hay manera de ayudarlo? — pregunto la Reina Flama en un tono neutral que, a su vez, emanaba una frialdad impresionante y poco característica.
— No… pero- — la reina no esperó la respuesta completa por parte de Marceline. Silbó una nota imposible con sus labios e hizo aparecer un teléfono flotante. Con gran agilidad discó un número en él y esperó a que respondieran del otro lado.
Asintió levemente a las palabras que venían de un lugar distante, antes de colgar mencionó "Localízame…". Tan pronto como colgó una nube de humo negro se materializo ante ellas. Cuando se disipó dejó a la vista a una imponente y alta figura con piel rojiza cubierta solamente con vendajes y un taparrabos. Los vendajes cubrían su cabeza pero aun así dejaban que sus ojos de color carbón ardiendo se postraran en Marceline.
Tal vez pensó que era ella a quien la Reina de fuego quería eliminar. La vampira se colocó en posición de defensa al ver esto, no se trataba de un monstruo tan horripilante como el que derribó hace poco sino de un mercenario a sueldo, por lo que era más que capaz de enfrentarlo.
— No, ella no, Sofocante — aclaró la Reina Flama —. Es ése de allá — apuntó a un transformado Finn que luchaba por levantarse. La patada recibida sumada a los golpes de la aristócrata de fuego comenzaron a surtirle efecto, dándole como resultado un dolor insoportable. Si es que eso era posible. Eso no impidió que emitiera un rugido de ataque una vez que se incorporó, pero este fue silenciado por una bola gigante de fuego que impactó con su hocico.
El mercenario había comenzado a atacar. Voló por encima del inestable campo y comenzó a lanzar proyectiles que explotaban al contacto. Por lo general prefería un acercamiento más directo con sus contratos, si es que así lo pedía el cliente o si no existía un método más efectivo, en este caso era necesario exterminar al blanco lo más pronto posible y desde una distancia segura.
La lluvia duró unos minutos preocupando a la vampira, que aunque tenía intenciones de hacer lo necesario para detener a la bestia no podía evitar sentirse mal por que acabara así. No quería decirlo en voz alta, pero aun creía que Finn podía ser salvado y que no era necesario matarlo para asegurar la supervivencia del planeta.
Seguramente no importaría que dijera algo al respecto, la esfera gigante de fuego que terminaría con la bestia descendía con rapidez y estaba a unos metros del impacto. La explosión subsecuente creó una onda expansiva que le dio Marceline un mal recuerdo sobre los días de la guerra y que al igual que las bombas que vio detonar durante esos oscuros días, esta también le dio razones para creer que este sustituto vaporizó los restos de la creatura.
Cuando las dos reinas se acercaron para observar los daños más de cerca, les sorprendió encontrarse con restos 'salpicados' por todas partes. Tenían una consistencia aceitosa y carnosa que aún palpitaba como si estuvieran adheridas a su dueño. En el epicentro del lugar donde hizo explosión el gigantesco proyectil se encontraba un cráter repleto de despojos de la bestia, estos se revolvían en torno de un humano de cabellos rubios que miraba hacia la nada como si ni siquiera estuviera consciente de sus alrededores. La vampira no titubeó en saltar dentro del cráter para tratar de sacar a Finn de ahí.
— ¡Marceline, no! — gritó la Reina Flama con la esperanza de detener a la vampira. Temía que los restos cobraran vida de repente y la atacaran, o algo similar. Pero nada le ocurrió, es más con cada paso que Marceline daba dentro del foso las diminutas tiras de carne viviente se hacían a un lado para que pasara como si tuvieran pavor de ella.
Dichas monstruosidades formaron un círculo perfecto alrededor de la inmortal y el humano cuando ésta llegó a él. El resto de ellas formaban un montículo donde reposaba el humano pero se hizo cada vez más pequeño conforme se acercaba la vampira, hasta dejarlo en el suelo. Finn aún tenía una mirada perdida en sus ojos carmesí que no daban señal de que estuviera ahí del todo.
— Vamos Finn… no me hagas esto — dijo la reina de los vampiros con una voz ronca. Levantó al humano cuidadosamente dejando parte de él en la carbonizada tierra mientras que su espalda y cabeza descansaba en sus rodillas.
Checó el pulso del humano con sus dedos esperando que aun siguiera vio, pero el tenue golpeteo no llegó. Como dijo la Dulce Princesa cuando estaba infectada. Marceline comenzó a llorar al héroe caído, en verdad se había ido. El último humano que de alguna manera sobrevivió luego de mil años desde la extinción de su especie había ascendido a un mundo de los muertos.
La Reina Flama y Sofocante observaron desde el borde del cráter la sollozante figura de la vampira sosteniendo a un difunto humano. La gobernante no sabía qué pensar o siquiera qué decir acerca del tema. En una forma sentía rencor hacia el humano por lo sucedido anteriormente en su relación pero no quería que este muriera y menos a causa suya, pero debía hacerlo. Sólo el papel que el mercenario le ponía en frente para que firmara logró traerla a la realidad.
Ella tomó la pluma que él le ofrecía y firmó el contrato sin decir una palabra. Satisfecho por el trabajo comenzó a recrear la nube negra en la que llegó para irse pero algo llamó su atención, eran los trozos dispersos de la bestia que comenzaron a moverse hacia el cráter.
Tocó levemente el hombro de la reina que ya se iba, ella al voltear vio cómo cientos de diminutas piezas de carne desperdigadas se dirigían hacia la vampira y el humano. Cuando Marceline se preparó para levantar a Finn y llevarlo lejos de ahí donde podría hacer los preparativos finales escuchó brevemente la voz de la reina antes de ser envuelta junto con Finn por un océano hecho por los cientos de miles de restos del monstruo.
Marceline despertó exaltada por lo sucedido. Se encontraba flotando en un espacio sin gravedad en el que no había ninguna otra cosa más que ella y su hacha-bajo. No había puertas ni ventas y parecía estar en un espacio infinito en el que sólo podía verse la oscuridad.
Recordaba perfectamente lo que sucedió antes de llegar ahí. Lo extraño era que Finn no estaba con ella, si es que ambos habían sido succionados por los restos del virus Eureka, o al menos eso era lo que creía que había sido. Al cabo de unos segundo una luz brillante apareció detrás de ella, al voltear se encontró con una figura familiar sosteniendo una arcaica vela en un candil.
— Oh Marceline, ya despertaste ven tenemos muchas cosas que hacer — dijo amigablemente la voz femenina. La vampira tenía muchas preguntas ante lo que había pasado, no estaba segura de si ya había perdido la cabeza, pero podía jurar que esta persona frente a ella era muy real por lo que pregunto la primer pregunta obvia.
— Andrea… ¿Qué haces aquí?
