"ugg… ¿Dónde estoy?"
Nxjdkgxchwijiorjwoirjwokj
chwkjhrcwrhciurgl,51e654
wjbjge
"Sigo… ¿Aquí?"
Mklqhxklq
lñwklñdk)(/&%$#"
MAJESTADMAJESTADMAJESTADMAJESTADMAJESTADMAJESTAD
"Estoy herida… pero aún puedo caminar"
Ijdkehdjekhdwojdkende
….45…32/nx=2ghgdb_d….
FDFHBKLMLÑ,
"¿Qué son esos ruidos en mi cabeza?"
IWANTAYELLOWBANANA
#YOLO#SWAG#
AnTeSdECrItIcArMeInTeNtAsUpErArMe
xdjasdajasdajasdajasda
"¡Ninguno tiene sentido!"
….
….
"Creo que ya pararon… por ahora"
Miro a mi alrededor tratando de reconocer el lugar en el que estoy. Es mi habitación. Está destrozada y tiene un agujero aún más grande que el que Marceline hizo. Hablando de ella, ¿ya habrá regresado?
Por alguna razón tengo puesta la armadura real, debo quitármela. Al quitar la primera pieza me doy cuenta de que es un suplicio remover cada parte de ella porque al parecer tengo parte de mi cuerpo en muy mal estado.
¿Qué sucedió y por qué estoy tan mal? No tengo tiempo para quitarme el peto o para quitarme la sucia toga rosa que llevó debajo. Salgo de la habitación y miro oculta desde la puerta al intruso que llegó. Es Marceline, por un momento me preocupe de verdad.
Doy un suspiro de alivio y me preparo para decir algo cuando me doy cuenta de que está viendo las piezas de mi armadura descartadas. Busca algo en la habitación. Oculto la cabeza cuando voltea en mi dirección. 'No logró verme' pensé mientras gotas de sudor recorren mi cuerpo en segundos. Creo que ella tiene algo que ver con que estuviera en estas condiciones.
— Luego lidiaré contigo — le escucho decir en un tono apenas audible. Al asomarme otra vez veo cómo toma su hacha-bajo de la pared. Tomé esas palabras y el tenue clank del acero como señal de que ya se había ido.
Me será difícil moverme como estoy pero tengo que hacerlo. Debo ir primero a la enfermería a buscar a la Dra. Princesa, y checar a sus pacientes. También debo asegurarme de que el virus Eureka no les haya afectado.
Süßigkeiten verrottet die Zähne
"Cállense... "
Kaugummi ist schlecht für die Menschen
"...Cá-á-á-állense... "
Zimtbrötchen kann Ihr Butler getötet haben
"¡HE DICHO QUE SE CALLEN!"
Grito a nadie en particular, debería esperar a que el eco del castillo me devuelva mi propia voz y que así pueda callar las voces que resuenan en mi cabeza, pero debo darme prisa.
A mi memoria vienen fragmentos muy vagos de lo que me sucedió. Los únicos recuerdos claros son acerca de lo que pasó en las mazmorras con mis pacientes, la carrera de Mentita y la mía hacia nuestra vía de escape y su valiente sacrificio para que yo estuviera bien.
De alguna forma eso me ayuda a mantener mi cordura lo suficiente como para bajar las escaleras y dirigirme al pabellón de los heridos. El dolor no me molesta tanto como esas voces; es más, ya no me duele como antes y parece que he sanado un poco. Tal vez mi piel ligeramente ennegrecida es señal de que algo anda mal. Le preguntare a la doctora cuando llegue.
Cuando llego me encuentro con una barricada hecha desde fuera. Los distintos muebles del salón y el candelabro están apilados hasta el techo tapando por completo la entrada principal. Al checarlo bien me encuentro con una pequeña abertura que da paso a la mirilla antigua de la puerta.
Paso mi mano por ella pensando que daba espacio suficiente para tocar la puerta. Para mi fortuna es así, incómodamente llamo a la puerta con mis nudillos. Pasan unos minutos y nada sucede. Lo intentaré otra vez. Extiendo la mano por el hueco y comienzo a tocar nuevamente.
— ¡Dr. Princesa! ¡Soy yo, la Dulce-!
Mi frase se queda inconclusa ya que siento cómo algo proveniente del hueco se entierra entre mis nudillos. Recupero mi mano y veo cómo comienza a sangrar de la herida.
— N-n-n-nonono te acerques — la voz tiembla demasiado como para sonar amenazante. Tal vez se trate de algún ciudadano asustado defendiéndose, es difícil distinguir su voz por los muebles obstruyendo.
— Tranquila, no voy a hacerte daño — digo suavemente tratando de tranquilizar a lo que supongo es una voz femenina y tratar de convencerla de que me deje entrar.
No escucho respuesta, creo que quiere que continúe.
— ¿Por qué pusiste esta barricada? — Su respuesta viene casi de inmediato con un tono más confiado.
— Usted fue quien la puso… majestad — No tengo recuerdo de haber hecho esto. No recuerdo siquiera lo que ha sucedido en las últimas horas —. …Y usted fue quien me dijo que no la dejara entrar — continuó, dejando a mi cabeza dando vueltas en una búsqueda más exhaustiva de esas horas perdidas.
— ¿Dije algo más? — es posible que ella me ayude. La escucho suspirar antes de oír su respuesta.
— También me dijo que si volvía a este sitio y trataba de entrar… yo la detuviera.
Sólo quedaba una persona en el reino en quien confiaría una tarea así.
— Al menos dígame, doctora, ¿los pacientes están bien? — Espero a que ella al menos esté dispuesta a continuar con la conversación.
—…..Estamos bien su majestad, gracias a usted.
— Me alegrohohohohoho…. — respondo trabándome con mi propia lengua y agregando algunos sonidos extraños. El énfasis en mis tropiezos me sorprende. Nunca pensé que mi mente estuviera aun peor que mi cuerpo; el cual siento de maravilla. En comparación.
— ¿Princesa? — la voz de la doctora me despierta. Recuerdo un dato importante que puede poner la balanza a nuestro favor si es que el pobre de Finn está en el mismo estado que el Pan de Canela, que es lo más probable.
— ¿Princesa aun sigue ahí?
— Dígame, doctora, Jake ¿aún está con usted? — un dolor repentino en mi pecho me obliga a jadear la pregunta.
— Sí, pero aun está en estado crítico — no es buena idea utilizar a Jake de esta forma y menos aun estando herido… pero no hay otra opción.
— Necesito que haga algo por mí — el dolor crece poco a poco invadiendo cada parte de mi ser —. En la caja fuerte utilice la contraseña: Madolche, allí dentro encontrará cinco viales… tome el del brillo dorado e inyécteselo a Jake — me es difícil continuar, la garganta comienza a dolerme y puedo notar como mi piel va perdiendo su tonalidad rosada —. Antes de hacer esto lleve a todos por el pasaje secreto detrás de su escritorio. No importa que tan heridos estén, tiene que evacuarlos a todos después de inyectarle la sustancia…. ¿entiende?
Su respuesta creo que fue positiva, me cuesta escucharla. De igual manera no haría mucha diferencia si fuera lo contrario ya que se trata de una pequeña posibilidad de sobrevivir. Si se culpa a alguien por lo que suceda será a mí y no a la doctora.
— Doctora…— empiezo a divagar de mi discurso original —. Corte las orillas del pozo y dónelas al cartero.
— ¿…Disculpe? — ella pregunta con genuina preocupación desde la seguridad del fuerte que supuestamente yo hice. No puedo evitar sonrojarme por lo dicho.
— Olvídelo… cuide muy bien de todos…
Tengo que alejarme de aquí. No puedo permitirme hacerles daño, si es que yo también estoy infectada. A pesar de sentirme en óptimas condiciones, en cuanto a salud física se trate, mis pasos tienen la velocidad de un bebé gateando. Las escaleras no son un problema esta vez y las subo en el primer intento.
Volveré a la habitación donde desperté y trataré de descubrir lo que hice en mis horas perdidas. Pierdo la concentración poco a poco y señal de esto es que haya terminado en el baño tres veces antes de llegar al cuarto con las peores condiciones del castillo.
No tardo en encontrar un par de jeringuillas desechadas sobre la cama. Recuerdo haberlas usado, es muy fácil deducir lo que hice con ellas y me cuesta trabajo creerlo. El estrés de la situación, el interés científico o mi preocupación por mi gente ¿Cuál de ellos me habrá llevado a hacerlo?
No importa, sea cual sea el motivo, el virus Eureka ya está dentro de mí. El prototipo de cura me habrá brindado momentos de lucidez pero por cómo vi actuar a Marceline en torno a mi paradero supongo que no habrá durado.
Sea cual sea el daño que hice quisiera enmendarlo pero no podré. Ahora tengo que hacer una última cosa para evitar contagiar el virus a alguien más. Me acerco al hoyo en la pared y miro lo que hay afuera. No puedo evitar llorar al ver los cuerpos de los Guardianes de la promesa real en el suelo y sin vida. Me alegro de haber tenido que pasar tiempo con ellos y conocerlos bien pero eso sólo hace más doloroso el hecho de que estén muertos.
La pared destrozada indica el camino que tomó alguien de peculiar tamaño. Espero que Marceline pueda defender el Reino de Fuego de Finn, y que pueda superarme en lo que fallé. Volteo dándole la espalda a la insensata destrucción pero aún estando sobre el borde. Escucho a las voces hablándome por primera vez con coherencia.
Guten Morgen Prinzessin, bereit, sich uns anzuschließen?
早上好,公主,愿意加入我们吗?
bonan matenon princino, pretas aliĝi nin?
bonum mane filia reginae, parati ad nos venire?
좋은 아침 공주 우리에 가입 할 준비가?
buenos dias princesa, ¿lista para unirsenos?
"...No "
Les respondo. Doy un paso hacia atrás y me dejo caer sobre los escombros del palacio.
— Adios a todos — suspiro por ultima vez.
