— ¿Podemos discutir esto en el camino? — rogó la misteriosa figur,a mientras que en el vacio se trazó con una línea blanca, un rectángulo que asemejaba a una puerta. Ésta se abrió y mostró un pasillo adjunto.
Marceline no respondió a esto, sólo decidió hacerle caso a su amiga y salió por la puerta que se materializo. El pasillo se encontraba tapizado de pies a cabeza por lo que parecía ser carnosidad. Mientras la vampira esperaba a la conductora de la barcaza, que de alguna forma estaba con ella en ese extraño lugar, observó sus alrededores topándose de inmediato con numerosos cuadros. Al ver uno más de cerca vio a un regordete Jake tratando de devorar una mesa de pastelillos. En un cuadro más cercano Stanley, la sandia, peleaba con flores vivientes de cuatro metros de altura; parecía estar ganando.
Todo el pasillo formaba parte de una extensa galería de la cual formaban parte numerosos conocidos de la inmortal. Cuando analizó los demás trabajos no sintió la presencia de su amiga.
— ¿Notas algo extraño en ellos, Marceline? — preguntó la doncella de cabellos blancos. cerrando la puerta, que desapareció al instante. La vampira flotó de regreso checando todavía los cuadros, dándose cuenta de un detalle esencial.
— Finn no está en ninguno de ellos.
— Exacto, ¿y por qué será eso? — inquirió la ciega veladora.
— ¿Estoy en sus recuerdos? — preguntó la vampira en lugar de responderle, ella parecía estar más desconcertada por el extraño sitio que su amiga.
— Es una forma de ponerlo… pero no. Estás dentro de Finn, claro, pero estas en una parte más profunda. Estás dando un paseo por la esencia de su ser.
En más de mil años de existencia la vampira jamás había oído de un lugar así, y mucho menos si era posible llegar a él.
— ¿Cómo es que llegué aquí? ¿No debí haber muerto? — los recuerdos llegaron de inmediato, ella había sido engullida por la forma física del virus junto con el cadáver del humano.
— Ése no era Finn. Marceline, ni siquiera se le acercaba — contestó Andrea. La respuesta no aclaró en lo más mínimo las dudas de la inmortal, si no es que las incrementó.
— ¿A qué te refieres con que ese no era Finn? — preguntó Marceline.
— Seguro notaste algo extraño en tu amigo cuando te acercaste a él, ¿no es así? Por ejemplo: su olor corporal, el tono de sus cabellos o incluso su peso debieron parecerte extraños. Se trataba de un señuelo hecho por el virus para cazar cuando estaba herido. De alguna forma dedujo que la imagen del humano sería suficiente para atraer a cualquiera de los ahí presentes. En este caso tú.
Era cierto. La vampira sentía que algo andaba mal con el rubio cuando fue a por él, pero en el calor del momento ella no pudo hacer esa distinción y por eso terminó en este lugar. Aun así algo no cuadraba.
— ¿Estoy viva? — preguntó temerosa.
— Si — esa simple palabra hizo que se tranquilizara un poco.
— ¿Cómo es que llegaste aquí? —dijo la vampira.
— En realidad no estoy aquí Marceline — con eso las dudas volvieron a su cabeza. Marceline tuvo una rara sensación que relacionó con peligro, así que agarró su maltratado bajo del cuello lista para desenfundar.
— Explícate — dijo Marceline, amenazante.
— Tranquila, Marceline — respondió la doncella alzando las manos en señal de paz —. Solo soy una guía que tu subconsciente creó para guiarte, y estoy relacionada con que sigas viva.
Sin bajar la guardia, la vampira le mocionó para que continuara.
— Tus lazos con la maldad caótica, tu línea de sangre o tu naturaleza ligeramente hostil te han permitido sobrevivir al proceso de eliminación al que otros se han sujeto, también puedes agregar el hecho de que Finn no quería que desaparecieras. Tú, inconscientemente, te viste en necesidad de un guía. Por eso la información que el humano pudo darte sobre este lugar y tu conexión hacia tu amiga Andrea terminaron en lo que soy.
Era difícil de creer, pero claro, cosas más raras habían pasado.
— De acuerdo, te creo. Dime, ¿adónde tenemos que ir? — soltó el bajo, en lo que se suponía era una propuesta de paz hacia la inocua doncella, quien sin decir una palabra apuntó con su dedo índice hacia una lejana salida.
Mientras caminaban en esa dirección Marceline no pudo evitar analizar al producto de su mente. Este se asemejaba a su también inmortal amiga, la hija de Caronte. Llevaba un libro de poesía que comenzó a leer en el camino, no sin antes ponerse sus característicos (pero aparentemente inútiles) bifocales.
La reina de los vampiros no estaba completamente segura de confiar en ella, pero no tenia opción si es que quería salir de aquí y ayudar a Finn. Si lo que le dijo es cierto, el humano le había salvado la vida nuevamente, otro punto más que agregar a su favor.
Él era un verdadero héroe, el último de su especie, sufriendo a causa de ella. 'Si me hubiera alejado de él, nada de esto hubiera pasado' se repetía constantemente en todo el trayecto. Ella veía sus aventuras en cada retrato, la gente que había salvado y todas las hazañas que había realizado. Claro, ella había vivido lo suficiente como para llenar miles de libros y contar sus experiencias, pero no se compararían a las de él. Ella siempre tomó una posición neutral, actuando como espectadora, viendo al universo cambiar a su alrededor. Formaba parte del mundo pero ella no formaba parte de él. Siempre faltaba algo por hacer y mataba el tiempo hasta que desgastaba dicha actividad para seguir con otra. Es decir, ¿Qué diferencia hubiera hecho si trataba al humano como otro hobby u otro capricho?
Si ese fue su enfoque en un principio, entonces. ¿Por qué le dolía en lo más profundo el verlo terminar así?
— Sientes afecto por el humano, ¿no es así? — preguntó la guía sin separarse de su lectura. Esto tomó desprevenida a Marceline, quien no supo que contestar —. Descuida no tienes que responderme, sé lo que pasa en tu cabeza.
La vampira pensó detenidamente si debía estar molesta o no. Al final decidió que estaría peleando con una parte de sí misma en forma de una veladora con cabello cano, así que decidió decir en voz alta lo que pensaba.
— Lo he visto crecer desde que era un niño hiperactivo al atractivo joven adulto que es ahora. Él es obstinado, desesperante, impulsivo, y un poco demente. Pero a la vez es tierno, gentil, caballeroso y un genuino héroe. Además él es la única razón de que esté contenta de estar viva.
La confesión le sentó bien a la vampira pero le faltaban cosas que decir.
—…Y por eso lamento de verdad lo que ha tenido que pasar a causa mía. Jamás podré pagarle a Finn lo que ha hecho por mí ni en mil eternidades. Lo único que puedo hacer para reponer todo esto es salvarlo y… desaparecer.
La alegre confesión inicial se vio oscurecida por el plan de la vampira, cambiando a su vez la misteriosa atmosfera del lugar por un aura de pesadez.
— Sabes que no tienes que hacer eso último, ¿verdad, Marceline? — dijo la veladora, deteniéndose a unos metros de una puerta dorada que denotaba el final del pasillo.
— ¿Cómo podré verlo a los ojos nuevamente después de lo que ha pasado? — preguntó la reina de los vampiros con exasperación. Los años la volvieron más empática en cuanto a emociones se trataba. Los vampiros se destacan en la literatura como seres apáticos que se alimentan de los humanos cada noche como si se tratara de un buffet de barra abierta. Jamás como alguien que tuviera remordimientos a causa de su posible cena.
— Tú sabes bien cómo funciona el tiempo. Él no tiene motivos para angustiarte la vida, solo para obedecer su propio patrón aleatorio y dejar que las cosas sigan su curso natural. Créeme cuando te digo que tú no tienes culpa en nada de lo que ha pasado y que tu humano estaría triste de que te fueras — las palabras llenaron de felicidad a la vampira, quien estrujó casi hasta la muerte a su guía con armadura.
— Gracias — le susurró la vampira, secándose las lágrimas antes de que salieran.
— Agradécete a ti, aunque… es exactamente lo mismo — ambas rieron una sincera carcajada. Cuando terminaron se prepararon para abrir la puerta.
— ¿Qué hay detrás? — cuestionó la vampira.
— Algo importante…— fue lo único que se escuchó antes de que una luz segadora las bañara a las dos. En un acto de reflejo, Marceline se ocultó detrás de su compañera. Pensó que se trataba de los del sol —. Descuida, Marceline. Mira… — ella hizo caso de su consejo.
La puerta guiaba a una habitación en forma de cúpula, había un sinfín de puertas con letreros en ellas como: Coraje, miedos, amigos, matemáticas (la más pequeña), heroísmo, promesas, etc.
Y en el centro una bien reconocida figura de cabellos dorados se encontraba unida de pies y manos a una masa viscosa haciéndolo colgar del techo. La base de donde se encontraba cubría de viscosidad una puerta más. A plena vista no se podía distinguir lo que decía su letrero ya que solo dejaba al descubierto las dos primeras letras: MA.
No era necesario ser un genio científico o poseer una mente privilegiada para deducir el nombre de la puerta. Si todas las puertas parecían formar parte importante de quien era Finn y está en particular no parecía formar parte del resto, entonces se trataba de...
— Su maldad — susurró la guía. Marceline quería acercarse y liberarlo pero algo la detuvo, fue Andrea, quien la tomó de su muñeca para evitar que se moviera.
— ¿Qué haces? — preguntó la vampira calmadamente, suponía que si hacia esto era por una razón.
— Esta será la última vez que te vea, por eso tienes que saber una cosa — dijo la veladora con voz seria —. Sé que no lo notaste pero la espada aún sigue en el cuerpo de Finn —. Esto era cierto, la dorada espada que la Dulce Princesa uso para matarlo seguía empotrada en su torso —. Cuando el lugar empiece a derrumbarse, remuévela y te dará sólo unos minutos extra para hablar con él.
Marceline supo lo que significaban esas últimas palabras pero aun así necesitaba escucharlo.
— ¿A qué te refieres con sólo unos minutos? — La ciega doncella dio un largo respiro antes de contestar.
— Marceline… no puedes cambiar su alineación. Él es un héroe en todo sentido de la palabra, la maldad caótica que ha absorbido no ha encontrado un lugar al cual pertenecer y por lo tanto tiene un desbalance que hizo que todo esto pasara. Lo triste es que no puedes ayudarlo y estoy segura de que él no querría esto para ustedes.
La vampira quería gritarle que no era cierto, que no debió decirle dulces palabras esperanzándola para después decirle esto, que él aun tenia esperanza y que no tenía que hacerlo, pero… ella ya no estaba tan segura. Entonces, se dio cuenta de lo egoísta que sus pensamientos eran, para Jake, para la Dulce Princesa y en especial para Finn. Él siempre ha sido un protector, una noble persona que daría todo para que cualquier habitante en Ooo estuviese a salvo. Eso incluía su vida. La reina tenía más dudas y necesitaba decirlas, o más bien necesitaba a alguien con quien discutir sus próximas acciones. Pero la guía que tomó la forma de su amiga había desaparecido. La vampira agradeció en silencio su ayuda y se dirigió hacia donde estaba el humano.
A plena vista se podía admirar que él estaba consciente y que el sudor le salpicaba su desnudo cuerpo. Afortunadamente, las vainas hechas de material negro y viscoso censuraban las partes más intimas de manera deliberada. Tenía los ojos nublados y una mirada que no se dirigía a ningún lugar en particular. La espada real palpitaba junto con su corazón, como si fuese parte vital de él mismo. El motivo por el cual fue enviado a este lugar siempre estará en duda. La vampira no puedo resistirlo más y con dos cortes exactos dados por su hacha-bajo lo liberó de sus ataduras. Ella lo atrapó antes de que golpeara alguna puerta que guiaba a algún sótano, dejándolo en una posición sentada para evitar tocar la espada.
Su corazón palpitaba a gran velocidad y las vibraciones causaban que el arma hiciera lo mismo. 'Glob tienes un sentido del humor muy cruel' pensó amargamente la reina, quien tenía un lado religioso que no sacaba a relucir con frecuencia. El humano comenzó a toser, dando bocanadas de aire muy grandes, como si se estuviera ahogando hace unos instantes. Había comenzado a abrir sus nuevos ojos carmesí encontrando frente a él a una preocupada vampira.
— Marcie… ¿estás bien? — preguntó inocentemente. No era posible que el corazón de la vampira resistiese más golpes. Estaba prácticamente hecho polvo por lo sucedido y esto la llevó a derramar más lágrimas.
No importaba que su testigo gritara a los cuatro vientos el hecho de que la depredadora número uno en Ooo tuviera sentimientos. Ella debía dejar salir lo que pasaba dentro de su ser. El humano comenzó a secar con su pulgar las lágrimas, ignorante de su estado actual.
— No llores, Marcie…— dijo con una voz ronca —. No querrás que Jake te vea así y luego se burle, ¿verdad? — la vampira lo abrazó desde un ángulo en el cual ella no sería empalada por la dorada espada, dejando que su llanto se ahogara entre los mechones rubios.
Ella tendría que actuar por un bien común pero por ahora se limitaría a compartir un poco del calor corporal de su querido amigo, o siendo más sincera consigo misma, de alguien que probablemente hubiera llegado a ser algo más que eso.
