El monstruo adoptó una nueva forma después de absorber a la vampira. Creció unos considerables veinte metros, se volvió más robusto, adquiriendo nuevas extremidades. En esencia tenia la forma de una araña esquelética.

Los ataques de Sofocante no parecían tener un efecto en esta nueva creatura. Incluso la reina Flama, de nuevo en su forma etérea, no lograba una diferencia mayor que la que hacia el mercenario. Cuando una llama aleatoria golpeó uno de sus ojos, la bestia soltó un rugido que hizo estremecer el reino que tenía a su lado.

Ninguno de los dos presentes pudo reaccionar a tiempo cuando fueron golpeados por una ráfaga de puños provenientes de la bestia. Él no podía ver con claridad su objetivo, sólo su instinto lo guiaba a dar en el blanco.

La puntería mortal del monstruo logró dejar inconsciente a la ardiente gobernante; quien a pesar de ser intangible, de alguna manera recibió mucho más daño que su cómplice. Para un objetivo más pequeño fue fácil evitar los golpes, aun así lo poco que recibió pareció afectarle en una gran medida.

Sofocante descendió a un lado de la reina, herido por los golpes. Él siempre ha sido un ciudadano del Reino de Fuego pero no por ello tendría que cuidar a la gobernante de un lugar al que ya no pertenece en absoluto. Su código profesional le impedía descansar hasta completar un trabajo, sin importar los riesgos. Sólo este detalle lo llevó a preocuparse por ella.

Tal parecía que ella aún seguía con vida, esto alivio al mercenario e hizo que un peso extra desapareciera de sus hombros. Lo que quedaba era lidiar con un leviatán invencible. Se alejó de ella, esperando que el monstruo siguiera sus pasos. Aun así, una llama haciendo implosión en un costado de la gigantesca cara ayudaría. Esto hizo que el monstruo concentrara su atención en él por completo, siguiéndolo a un ritmo lento pero seguro. Los brazos se esforzaban por atrapar a la presa que se escabullía por escasos centímetros.

La transformación le costó al monstruo Eureka su mente calculadora ya que, sin saberlo, Sofocante lo guiaba a las afueras del reino; dentro del Paso de la Roca Roja. El estrecho pasaje no presentó reto alguno para ellos, sólo era una inestable formación rocosa más grande que cualquiera de los dos.

Esa debilidad fue explotada por el mercenario, quien volaba peligrosamente cerca de las laderas y comenzó a desestabilizar el lugar con múltiples ataques a base de fuego. Varias rocas comenzaron a caer, pero no sería lo suficiente como para enterrar a la creatura.

El mercenario se cubrió a sí mismo en llamas y chocó numerosas veces con las paredes, esperando que la montaña entera cediera por la fuerza aplicada. La bestia ahora perseguía con tremenda velocidad a su próxima presa, ignorante de los escombros que caían sobre él.

El aire disparado junto con la nube de polvo alejó al mercenario antes de que quedara atrapado bajo los escombros de la montaña. Cuando se recuperó, Sofocante vio desde un montículo hecho de piedras cómo el resto de la montaña se desplomaba; agregando un peso más que considerable a lo ya destruido.

No había forma alguna de que la creatura resistiera toneladas de rocas sobre ella. Sofocante se preparó para volar de vuelta al reino para firmar el contrato de cumplimiento, justo cuando una docena de delgados y huesudos brazos lo retuvieron en ese lugar, estos salieron de debajo de los restos donde él se encontraba. La bestia logró moverse por debajo de la tierra evitando ser aplastada por la montaña y esperó cómo una flor carnívora a que su presa se acercara. La nueva forma del virus se alzó lentamente de su lugar de reposo, observando al mercenario en sus vanos intentos de escapar.

Ni siquiera las temperaturas más altas que su cuerpo emitía lograban hacer que alguna de las manos disminuyera la fuerza de su agarre. El simple apretón de una sola alcanzaba para hacer añicos algunas de las rocas que estaban cerca; era un verdadero milagro que resistiera la fuerza de doce.

La memoria de la bestia parecía funcionar todavía. Recordó que las creaturas del reino de donde provenía Sofocante eran inmunes por naturaleza a los estragos del virus. Así que noqueó de un solo golpe al mercenario, luego lo arrojó por encima de su cabeza y cuando se acerco al suelo fue interceptado entre dos de sus palmas. Cuando estas se unieron un sonoro crujido retumbo por todo el valle.

Al separar sus manos el cuerpo del temido asesino a sueldo este cayó estrepitosamente. No se movía en lo más mínimo y su cuerpo estaba hecho un desastre. Sus ojos color carbón en llamas se habían apagado; incluso uno de ellos se había salido de la cuenca a causa de la presión ejercida.

El monstruo miró satisfecho su obra y no pudo evitar sonreír por ella. Ahora debía a ir a algún lugar cercano para tratar de esparcir la infección, ya que no tenía interés alguno en volver al Reino de Fuego. Se preparó para irse de ese lugar a alguna aldea de gente cubo o una de suavecitos, pero algo lo detuvo. El suelo comenzó a vibrar con enorme fuerza, su secuencia determinaba que se trataban de pasos de algo exageradamente grande. Posiblemente algo más grande que él.

De ser así no tardaría en verlo venir, en especial desde un sitio tan espacioso como en el que estaba. Y así fue…

A lo lejos desde lo que sobraba del Reino de Fuego podía apreciarse a una enorme figura que se dirigía en su dirección. Incluso desde el punto de vista del monstruo Eureka, quien parecía ya un gigante, esta figura se erguía a una altura mayor que él y se acercaba con pasos enormes.

La reina de los vampiros aún tenía al humano entre sus brazos y no quería soltarlo. El calor que Finn emanaba era abrazador e invadía cada parte del cuerpo de la vampira. Estar acostumbrada al frío de su propia piel la había hecho adicta a su calor corporal, además, si lo liberaba tendría que enfrentarse a los hechos y eso era algo que siempre ha odiado.

El hombro que Finn le proporcionaba para lamentarse hacia insoportable el hecho de pensar en sus acciones.

Desde la pérdida de su madre, Marceline había creado un latente temor hacia situaciones que la obligaran a encarar el lado amargo de los problemas. Esa era la razón de su habitual alejamiento y de su aislamiento.

La inmortalidad no suena bien para alguien que se ve forzada a acumular una cantidad inconmensurable de malos recuerdos. Incluso pensó en numerosas ocasiones en salir en un día soleado para terminar su sufrimiento, su refugio en la música la llevó a no hacerlo.

— ¿Marcie? — la tenue voz del humano la hizo volver de sus pensamientos.

— ¿Qué sucede, Finn? — decidió entablar conversación para no incomodarlo—. No estoy muerto, ¿verdad? — las palabras fluían con normalidad, como si no sintiera el dolor de la espada en su pecho.

No había razones para que sus palabras la hicieran estremecer por dentro, no más de lo que ya habían hecho.

— No… no lo estás — logró decir a través de su garganta seca. Se había acostumbrado a la idea de ya no verlo, y a ella no le gustaba eso.

—…Debería estarlo — dijo en un suspiro que hizo que el agarre de la vampira se intensificara. Ella repetía en voz baja la palabra no hasta que esta perdía el sentido. El héroe parecía entender su reacción, por ello debía explicarse el mismo.

— Marcie… sé lo que he hecho…

Esta oración detuvo los ruegos de la vampira. Dedujo que el estar presente en este mundo hizo que el humano accediera a su cadena de recuerdos de una manera más directa y que podía observar más cuidadosamente aquello que fue obligado a hacer en su letargo.

— No puedo permitirme el lastimar a más gente… tengo que hacer algo… — confesó. Él sabía que no era su culpa lo sucedido, pero aun así quería enmendar sus acciones, tomando su propia vida. Aunque no lo dijera explícitamente fue lo que dijo entre líneas.

Las respuestas de la vampira podrían limitarse a más negativas pero recordó lo que él era capaz de hacer por la tierra de Ooo, es más, se lo estaba tratando de decir él mismo. Hasta ahora había evadido la mirada del rubio para evitarse una punzada más en su interior. Tenía que enfrentarse a ello tarde o temprano y ver por última vez a su amigo más preciado.

Lentamente se separó de él pero estando todavía al nivel del suelo, o de las puertas, como sea. En su campo visual aparecieron un par de orbes de un oscuro color carmesí mezclándose con un azul profundo. En este mundo las partes aún seguían peleando por el dominio y eso llevaba a esta distorsión.

Incluso en una situación tan oscura como en la que estaban, el humano logró esbozar una diminuta sonrisa en sus labios cuarteados. Se notaba su desgaste físico, estaba más delgado que lo usual y algunas marcas de arañazos se hacían presentes en brazos y piernas pero a pesar de ello encontraba la forma de sonreír al igual que un niño pequeño; al igual que hacía siempre.

La vampira le contó lo que le había explicado su guía hace unos momentos y lo que pasaría después. Ella suponía que la imagen de Andrea no contaba con que la liberación prematura del humano ya que llevaban varios minutos hablando.

El contacto visual era difícil para ella, pero de laguna manera logró resistirlo.

— No te preocupes, Marcie. Estaré bien — ahora era imposible de soportar. Mentir debería ser el trabajo de la persona que consuela al caso perdido. Eso demostraba el frágil estado en el que se encontraba la vampira, no importaba que ella goce de buena salud y un cuerpo que no puede morir, era un desastre en la forma figurativa de la palabra.

— Aunque si no lo logro… ¿puedo pedirte algo? — La respuesta fue un sí inmediato, la reina pensó que no estaba en posición de negarle cualquier petición al humano —. Genial, ¿podrías acercarte un poco para que pueda explicártelo? — Dijo el humano, mostrando nerviosismo por primera vez desde lo ocurrido en el extraño sitio donde se encontraban. Algo extraño, pero sin importancia.

Marceline se acercó con cuidado evitando nuevamente la espada que salía de su pecho. Se posicionó exactamente frente a él, como si esperara oír un secreto que no requería silencio total. Ella podía sentir como su aliento se abría paso por su helada piel, y si había un momento en el cual necesitara aire para poder sobrevivir era este.

— ¿P-p-podrías cerrar tus ojos Marcie? — ese sobrenombre corto y simple lograba un efecto inexplicable al ser dicho con ese tono inseguro. La vampira cumplió inocente de los eventos a su alrededor. Esperó otra instrucción que nunca llegó pues el humano en lugar de ello utilizo sus propios labios para cubrir los de ella.

La inmortal trató de mantenerse calmada pero la foránea sensación la obligó a abrir sus ojos sorprendida. Aunque haya vivido más de un millar de años las emociones siempre serian un problema difícil de tratar. Finn ciertamente proyectaba un aura de paz de la cual era difícil alejarse, algo raro para un niño-no… un hombre adicto a la aventura. La vampira se dejó engullir por esa aura y decidió disfrutar del tierno beso.

La eternidad siempre se quedaría corta ante la duración del beso el cual duró, en tiempo real, solo un minuto. Marceline sintió un frio espectacular en sus labios una vez que estos se alejaron de los del rubio.

Su cabeza daba vueltas pensando únicamente en el beso. ¿Cómo es que nadie la había hecho sentir así antes? Hasta donde sabe, Finn sólo ha tenido un puñado de novias y cero experiencia en el tema amoroso. Mientras que, sin dar detalles escabrosos, ella había vivió cientos de vidas de amores y desamores. Lo que sucedió la había llevado a buscar en su mente el significado de la palabra amor para tratar de ver si tenía la más diminuta similitud con lo que acababa de pasar. El humano sonrió satisfecho al ver a la vampira tropezarse con las paredes imaginarias que su cerebro le ponía en frente.

Pero todo lo bueno debía terminar. Las puertas que adornaban el sitio comenzaron a desquebrajarse y el sitio entero comenzó a desmoronarse. El tiempo había llegado para hacer lo que era necesario.

El trance en el que estaba la vampira fue difícil de romper. Pero una vez que lo logró, supo lo que tenía que hacer. Sin decir algo más, ella se colocó detrás del humano y tomó el mango de la espada mientras dejaba rodar las lágrimas.

El héroe dio un largo respiro mientras dijo las probables últimas palabras

— Estoy listo.

Y dicho esto, el arma fue removida.