La bestia Eureka esperó impaciente en el mismo lugar a su nuevo oponente, y las ondas expansivas que éste formaba con cada paso hacían que se llenara de emoción. Una parte de la mentalidad del humano, en cuanto a retos físicos se trataba, eso era lo que hizo que el monstruo se quedara ahí, añorando el arribo del obelisco andante.

El tamaño que logró por absorber a la inmortal jamás podría ponerlo a la par con el coloso, quien lograba tocar las nubes del cielo nocturnal con sólo la punta de su cabeza. A tan sólo un par de cientos de metros de distancia se podía decir que el monstruo color amarillo chillón estaba demasiado cerca. Las huellas que dejó podían sentar la base de una enorme casa y en sus manos podía caber fácilmente la nueva figura que el virus adoptó. El gigante que alguna vez recibió el nombre de Jake observaba con ojos completamente blancos a un desafiante remedo de humano.

Con una voz pesada que resonó en cada porción la tierra de Ooo logró articular una sencilla oración.

— ¿Tú… tienes mi… oro?

La respuesta no le importaba en lo más mínimo, aunque de igual manera jamás la escucharía del monstruo que embistió ciegamente contra él.

No importaba cuánta fuerza había adquirido la bestia Eureka ya que ni el peso entero de su nuevo cuerpo alcanzó para mover al del gigante. Lo intentó varias veces, pues el hecho de que fuera más pequeño le daba la ventaja de la velocidad pero esta estrategia estaba destinada a fracasar. No importaba cuán rápido fuese, no lograría hacer que el recién llegado retrocediera. Señal de esto era que el perro no parecía molesto en absoluto por los ataques que recibía, es más, ni siquiera podía sentirlos en su totalidad.

Hace años, cuando creyó que él era el temido Triturador, una parte de su subconsciente adoptó la creencia de que el oro era una especie de detonante para adquirir esta personalidad invencible. Debido a una serie de accidentes subsecuentes a este evento, Finn y su hermano se vieron obligados a apilar enormes cantidades del precioso mineral en su casa, lo suficiente como para mantener al perro a raya y demasiado como para no importarle a la hora de pagar impuestos.

La inyección que recibió había sido elaborada para acceder a esta personalidad. La Dulce Princesa pensó en aprovechar el poder destructivo en caso de que fuese necesario, ya que si una sobredosis era administrada podía llegar a tener resultados desastrosos para el reino. Un detalle importante que omitió a propósito a la Dra. Princesa, porque para una transformación controlada eran necesarios sólo cien miligramos de la formula. No un frasco completo.

La jeringuilla había hecho efecto casi de inmediato, pero aun así le dio tiempo suficiente a la doctora y a la dulce gente para huir de la nueva amenaza. Era una fortuna para ellos que el ahora perro gigante no encontrara a nadie a quien formular la pregunta que acaba de hacer y que su blanco original sólo estuviese en su camino.

La bestia jadeaba cansada por los intentos fallidos de herir al gigantesco perro. Así que aprovechó su forma de araña y transformó sus nuevas extremidades en patas similares a las de un arácnido, con la diferencia de que la punta estaba afilada lo suficiente como para atravesar cualquier superficie.

Esto último resultó ser efectivo ya que la resistente piel del gigante cedía conforme cada aguja avanzaba. El monstruo escalaba a Jake como si se tratara de una montaña, aferrándose a él con sus afiladas extremidades. Al perro no le gustó esto para nada y trató de alcanzar al ser con forma arácnida pero, como se remarcó antes, era demasiado lento para alcanzarlo.

Los intentos por agarrar a la enorme araña resultaban ser poco efectivos y los hilillos de sangre causados por el arácnido caían al suelo formando inmensos charcos de precioso líquido vital. La bestia Eureka continuó moviéndose en línea recta camino a la cabeza del perro, lugar donde seguramente sería más vulnerable. Cuando el gigantesco perro logró calmarse un poco, entonces pudo concentrarse en la araña que trepaba su piel. Antes de que pusiera una de sus afiladas patas en su rostro, Jake pudo interceptarlo y con un simple movimiento de sus dedos derribó al monstruo e hizo que se desplomara en dirección del suelo.

La bestia Eureka trataba en vano de aferrarse a algo para evitar su caída. Para su mala fortuna, estaba demasiado lejos de cualquier superficie de la que pudiera sostenerse y el suelo se acercaba rápidamente a él. Cuando hizo contacto con la tierra y gracias al impulso extra por parte de Jaque se pudo apreciar como la mayoría de sus extremidades se despedazaron, emulando a algún vidrio roto. La bestia gimió de dolor mientras el perro se recuperaba rápidamente de las heridas provocadas; estas sanaron casi de inmediato, un efecto secundario de la inyección.

Los tejidos inservibles trataban en vano de volver al cuerpo pero tenían mucha dificultad en volver, pues estaban desperdigados en los alrededores. La monstruosa forma de Finn no paró de rugir y sisear con la poca fuerza que tenía, su instinto animal le obligaba a defenderse de la última manera que le quedaba. Era irónico que un monstruo tan letal como lo era este singular caso quedara imposibilitado a causa de una caída que muchos otros personajes hubieran sobrevivido, o quizás, simplemente ya era su momento de desaparecer.

El perro parecía no darle la debida importancia a sus amenazas, aunque, con las pocas expresiones que podía formar su rostro podía notarse que estaba enfadado por lo sucedido. Lentamente formó un puño con su enorme mano, lista para pulverizar al monstruo Eureka con él.

— ¡DEVELVEME MI ORO! — el rugido de Jake anunció a todo el mundo el desenlace de la amenaza proveniente de otra época. La fuerza del puño era tal, que podía percibirse claramente como el aire le abría paso al gigantesco ataque.

La percepción de su final no hizo que el monstruo se asustara del coloso y unos segundos antes de sentir toda su furia soltó un rugido casi tan imponente como el del perro. Pero este fue callado cuando el puño finalmente lo aplastó.

Extrañamente, hubo una explosión que tomó lugar en el sitio donde los nudillos del perro gigante habían hecho contacto. Esta explosión logró la aparentemente imposible tarea de derribarlo y desmayarlo en un solitario terreno cercano.

Una nube púrpura en forma de hongo se alzó en el lugar y se disipó entre las nubes tan pronto como apareció. Un cráter con un radio de un kilometro se formó como efecto secundario del estallido. En el centro de este cráter había dos personas, bueno, una persona y un hibrido de distintas razas. Las palabras del espectro de Andrea resultaron ser ciertas; logrando que Marceline trajera al verdadero Finn de vuelta, ignorante de lo que pasó "afuera" de él.

Parecía que este era el humano de la vampira y no otra carnada de un atrapamoscas de Venus, la razón era que este cuerpo estaba cubierto de distintas cicatrices y moratones característicos por su oficio de aventurero, y si eso no era suficiente, en su pecho y espalda podían admirase las heridas hechas por la hoja de una espada.

Hace unos momentos ambos compartieron un tierno momento íntimo mientras esperaban a que el lugar se derrumbara, la intención era esperar al momento justo y escapar para luego matar al último humano. Ahora que tenía que llevar a cabo esto, Marceline se quedó inmóvil en el suelo, replanteándose la situación y analizando alternativas imposibles; y a la vez dándose cuenta de que el beso había sido un error, pues ahora era imposible llevarse a sí misma a hacer lo correcto.

Finn estaba a tan sólo dos metros de ella y no faltaría mucho para que despertara y le pidiera a la vampira que terminase con él. Entonces ella no podría darle una negativa a su petición. Antes ya había tenido que tomar decisiones difíciles en nombre de sus amistades pasadas, ya fuese un simple favor o una promesa de sangre, siempre tuvo que hacer algo por alguien que no volvería a ver en su vida y que la destruiría un poco más en el interior

La reina de los vampiros se perdió en sus pensamientos una última vez buscando una forma de ayudar al humano. Sus recuerdos sólo seguían repitiéndole el nacimiento, vida, y obra del virus en la historia antes de la guerra. 'El virus nace de la interacción directa de la maldad caótica, en su forma física, con los humanos; quienes al no tener una forma de retener esta maldad está responderá de manera violenta contra su huésped'.

Esto último no estaba completamente explicado en el libro que su padre tenía o en el libro de hechizos que tomo del Rey Helado, esta deducción fue obra enteramente de la mente de la vampira. Ella pensó que la guía de aquel extraño lugar le dio una última pista para sanar al humano.

Antes de terminar de sacar sus conclusiones el rubio ya había recobrado el conocimiento. Su cuerpo agotado trataba de recuperarse mientras su destrozada mente le ayudaba a mantenerse de pie. Tambaleó un poco por el terreno desolado que compartía con la vampira antes de caer de rodillas.

— ¡Finn! — exclamó la vampira mientras detenía el resto de su caída. El humano apenas estaba consciente de que estaba de vuelta en su mundo, por lo tanto no estaba del todo seguro de su caída.

— Marcie… ¿Dónde estamos? — preguntó con una voz débil y seca.

Marceline se inclinó frente a él y le respondió.

— Estamos de vuelta en Ooo — Los ojos del humano se abrieron al instante soltando al viento los restos de su fatiga y comenzó respirar como si el oxigeno se le fuera a agotar en cualquier instante. La vampira estaba a punto de decir algo para tranquilizarlo pero él ganó esa competencia.

— ¡Marceline por favor, mátame ahora!

Su exclamación tomó por sorpresa a la inmortal y ella se quedó sosteniendo la mano del humano, imposibilitada para articular palabra alguna. Su mente funcionó a mil millas por segundo, tratando de buscar en su biblioteca mental por algún indicio que le ayudara a recordar cómo moverse, o a hablar, para lo que importara.

En el mundo exterior el humano repetía su plegaria mientras explicaba el porqué, pero dentro, ella sentía cómo un silencio helado recorría su ser tratando a la vez de recordar sus instintos asesinos para nuevamente liberarlos en todo su esplendor. Esto era sólo porque el rubio se lo había pedido personalmente, no porque ella estuviera dispuesta a hacerlo de verdad, aun así debería prepararse. Las razones para continuar viviendo se le agotaban, no sólo exterminaría a la raza de los humanos sino que sería responsable de la muerte de la única persona por la que había sentido afecto en mucho tiempo, sino es que algo más.

El mundo dentro de ella se desquebrajaba lentamente y no podía hacer nada más que observar cómo se desenvolvería el resto de la historia, esperando lo mejor de su próxima decisión.

¿Sabía lo que tenía que hacer?

Finn continúo hablando sobre el sacrificio que estaba dispuesto a hacer cuando la vampira lo interrumpió.

— Te deseo suerte… Finn — la frase sorprendió al humano pero no tanto como la mordida que recibió en el cuello por parte de la inmortal.

Los colmillos de la vampira se introdujeron de manera rápida en su cuello, buscando la arteria carótida de su lado derecho. Todo sucedió con tal rapidez que el rubio apenas fue capaz de sentir el par de caninos hundiéndose en su piel. Un grito ahogado fue lo único que pudo pronunciar correctamente mientras sentía como su fuerza vital se iba gota por gota.

Sólo entonces él se dio cuenta de que ella estaba cumpliendo su petición para terminar con el legado del mortal virus. El paciente cero seria eliminado y todo volvería a la normalidad en la tierra que tanto amó.

Finn trató de recordar todos los momentos que vivió al lado de su hermano, las aventuras que tuvieron juntos, los experimentos con la Dulce Princesa, su corto noviazgo con la ahora Reina Flama, y demás recuerdos agradables que tenia al alcance. Suponía que alegres experiencias harían más soportable el hecho de tener que irse. Era una pena que todo fuera a terminar para él tan pronto, pero no le molestaba hacerlo para salvar a todos los que le importan.

Particularmente lamentaba que fuese la vampira quien terminara con su vida, esta vez para bien. Al pensar en ella su mente resaltó todo recuerdo relacionado: su primer encuentro, el tiempo en que fue su sirviente, la graciosa invitación a ver películas juntos, su rescate de la Nocheosfera, y demás convivencias que tuvieron, pero destacaba entre ella el particular sabor de sus labios.

Al recordar esto, el humano deseo haber sido capaz de quedarse más tiempo al lado de ella. Teniendo por primera vez en mucho tiempo un deseo egoísta, algo para él.

No quedaba mucho tiempo, sentía cómo su fuerza se desvanecía y cómo su mente se iba flotando lejos de su cuerpo. Así que rodeó con sus brazos a la vampira y con lágrimas en los ojos le susurró en el oído con su último aliento.

—…Gracias…