En un tranquilo y apacible día de invierno Jake el perro se encuentra jugando la más reciente invención de Beemo, 'Parálisis facial de rostro'. En este juego el can controlaba las presiones atmosféricas de una habitación así como sus variables para provocarle al ocupante del cuarto una parálisis facial, y dependiendo de las partes del cuerpo que se vayan entumeciendo estas representaran cierto valor en la puntuación. Era lo más cercano a un juego de estrategias.

Sorprendentemente el perro estaba fascinado por el juego, la trama y los personajes, se volvieron una adicción para él. Por ello había obligado a su cuerpo a pasar horas, días, incluso semanas tratando de vencer la intrincada historia.

Ahora estaba a punto de vencer al jefe secreto, se trataba de una lámpara de piso, que de alguna manera logró: controlar los hilos de la trama desde un principio, encarcelar a la madre del protagonista, retener a los habitantes de la habitación, asesinar a una colonia de hormigas que ayudaban al jugador, y desquebrajar el termostato, quien en realidad era la sobrina del personaje principal.

Jake se metió en la trama, lo suficiente, como para considerar la batalla como un reto personal. Finalmente, y después de tres horas el perro dejó a la cinemática del juego deleitar su vista. Una profunda música de piano se sincronizaba a la perfección con los movimientos de un fuerte viento que derrumbó a la lámpara — llamada Juancho —, dejándola caer en picada libre hasta hacerse añicos en el suelo. Y luego de los créditos finales se dio cuenta de que había desbloqueado todo lo que tenía que desbloquearse, terminando el juego por completo.

Un sentimiento de triunfo hizo estremecer al perro amarillo y comenzó a festejar frenéticamente por toda la casa. Su arduo trabajo le rindió frutos, había terminado uno de los videojuegos más difíciles que el pequeño computador había programado hasta el momento.

— ¡Lo hicimos, Beemo, lo hicimos! — gritó victorioso mientras mandaba a volar al pequeñín sólo para atraparlo de nuevo y repetir el proceso. El robot rió al igual que un niño pequeño, disfrutando el peligroso vuelo.

Después de celebrar su victoria con un pastel de carne (98% carne, 2% pastel. Según su descripción) ambos cayeron exhaustos sobre el colchón, barrigas llenas y corazones contentos. El perro sintió la necesidad de llamarle a su hermano, quien estaba en 'Cuidados Intensivos', para contarle de su hazaña.

— ¿Beemo? — dijo Jake tratando de llamarle la atención a la pequeña consola, quien estaba a un par de pestañeos de apagarse.

— ¿Qué pasa Jake? — contestó somnoliento.

— ¿Podrías hacer una video llamada a la casa de Marceline?

La vampira había reconstruido su casa dentro de su cueva, no sin antes reparar el agujero con un deslave que por poco mata a varios de sus vecinos. El reintegrarse y pedir disculpas no fue cosa fácil para ella, aunque todos ya la habían perdonado (por cosas que no fueron enteramente su culpa), el problema era más bien consigo misma.

Beemo se levantó con mucha dificultad, todavía mareado por el festín de hace unos momentos. Accedió a su directorio y tan pronto como resaltó el nombre de Marceline, este ya estaba llamando.

El timbre sonó un par de veces y antes que el tercero llegara, la cara del videojuego parlante mostraba una vista de la cama donde dormía la vampira. Probablemente el video teléfono estaba sobre su cómoda o algún otro mueble.

En la pantalla se podía ver un bulto moviéndose bajo un juego de sabanas. Cuando por fin llegó al extremo donde la pantalla dejó ver el cansado rostro de la vampira, ésta dijo en una voz temblorosa.

— S-ss-si… ¿diga? — su voz se entrecortaba y jadeaba como si estuviera sedienta.

— ¿Marceline? ¿Te encuentras bien? — preguntó el perro, extrañado por su comportamiento.

— Claro… só-só-sólo estaba-¡durmiend-ah! — la reina de los vampiros gemía entre cada oración, asustando a Beemo. El perro tomó esto como una extraña manera de jugarle alguna broma, así que apresuró la conversación.

— ¿Finn aun está despierto?

El humano dijo sentirse mal luego de la aventura que tuvieron con el virus Eureka, así que la vampira se ofreció a cuidarlo mientras se recuperaba. Jake pensó que era una buena idea puesto que ella entendía al maligno virus mejor que nadie y si esa era la causa de su malestar entonces estaría en buenas manos.

— Ermm…. aún está dormido, Jake…. trata más tarde — ahora ella agarraba con fuerza la sabana para evitar soltar un grito. El perro comenzaba a preocuparse de que la vampira estuviera enferma al igual que su hermano.

—… Si quieres puedo pasar a tu casa y-.

— ¡NO! — le dijo tajantemente —. Digo… no es necesario que vengas… tengo todo bajo control — el tono de la vampira era más tranquilo en esta ocasión.

— De acuerdo, no tienes porque ponerte así, sólo trataba de- — Jake fue interrumpido nuevamente, esta vez por una lluviacornio que se detuvo fuera de la casa del árbol.

— 당신이 필요 제이크, 찰리 T.V. 교환사탕 나라에서 콩 한 봉지! — exclamó la madre de sus hijos.

— ¡¿Qué?! ¡Lo siento, Marceline, me tengo que ir! — El perro dejó la conversación y comenzó a correr con sus cortas piernas, olvidando que llegaría más rápido en la espalda de Arcoíris, y todo mientras gritaba —. ¡No, Charlie! ¡Niño malo, niño malo!".

La figura de Jake se perdió rápidamente entre los árboles que rodeaban la casa del árbol. Arcoíris no tardo en perseguirlo, no sin antes despedirse de la consola. Beemo trató de pedirle a la lluviacornio que terminara el video llamado que su novio comenzó, pero esta ya se había ido volando detrás del perro. Una de las funciones con las que contaba era que no podía interferir durante una video llamada, así como no podía detenerla el mismo.

Por eso tuvo que esperar a que la persona del otro lado terminara el llamado.

— ¡Eres un tonto. Finn! — exclamó Marceline desde el otro lado de la línea. En la pantalla apareció la sonriente figura del héroe de Ooo, emergiendo desde las sabanas y posicionándose a un lado de la vampira.

Ambos parecían estar desnudos y ahora él estaba tratando de abrazar a una furiosa Marceline.

— Oh vamos, Marcie, no me digas que eso te molestó — el rubio fingía un puchero mientras la vampira trataba de no verlo.

Finn recorrió el brazo de la vampira llenándola de besos y deteniéndose en su cuello, donde comenzó a juguetear con las marcas de colmillos que ella tenía. Al parecer era un punto sensible para la vampira, puesto que los gemidos se hicieron más fuertes conforme se prolongaba el contacto.

Beemo estaba avergonzado por lo que estaba obligado a ver y gritaba en vano por ayuda. Las escenas se hacían más y más candentes, incluso el monitor estaba empañado. Corrió directo a una pared tratando de que el golpe hiciera que el botón se pulsara por sí mismo.

—… No es justo Marcie… eso no es jugar limpio-¡augh!

— Es lo justo héroe… además, esto no es nada comparado a lo que voy a hacerte.

La voz seductora de la vampira hizo que la consola arremetiera con mucha más fuerza contra la corteza del árbol, noqueándolo en el acto.

Tal vez, Beemo olvidaría lo que vio y escuchó y todo quedaría como sólo un mal recuerdo. Finn y Marceline planeaban ocultarle por un tiempo al perro lo de su relación ya que no sabían cómo reaccionaría ante las noticias.

Para su mala suerte, otra de las funciones de la desmayada consola era la de grabar todas las video llamadas.