De regreso a mi vida.

Capitulo 3: Marshall Lee, el vampiro humano.

Parpadeo con lentitud intentando abrir los ojos, veía todo un poco borroso y a sus oídos llegaba un extraño sonido, como de un bombardeo muy lento y paciente. Parpadeo más rápido y cuando recupero su vista se dio cuenta de que estaba recostado en una camilla de la empalagosa enfermería del Dulce Príncipe y, a su lado, estaba Fionna dormida con la cabeza recargada en la orilla de la camilla con su cabeza escondida entre sus brazos. Suspiro y se sobo la cabeza recordando el horrible golpe que se dio en la cabeza cuando se estrello contra el piso por culpa de un destello que le golpeo el pecho, fue entonces cuando Marshall miro hacia abajo y diviso su pecho descubierto rodeado con una venda a la que se le podía notar una mancha de sangre, algo raro, pues normalmente él casi no sangraba cuando se hacia una herida pero daba igual. Lo primero que cruzo por su cabeza que haría fue golpear a Gumball y Cake por lo que le hicieron pasar a causa de la ridícula pelea que tuvieron y lo que sea que fuera la cosa de donde salió el rayo que lo golpeo. Sin embargo, antes de poder levantarse se dio cuenta de que tenía un respirador en la boca ¡Que ridiculez! Los vampiros no respiraban, y no necesitaba un respirador para inhalar oxigeno, por lo que se quito de la boca el aparato y lo aventó a cualquier lado valiéndole por completo lo que pensara el Príncipe Gayball. Lo raro fue, que cuando se lo quito, no resistió las ganas de respirar y se vio obligado a inhalar profundamente como cuando retaban a alguien a que no respirara por cierto tiempo y, al final o antes, aspiraba una gran bocanada de aire casi cuando se sentía morir.

-¿Qué clase de brujería es esta?- Se pregunto Marshall después de ver lo que estaba pasándole.

-¡Marshall, ya despertaste!- Exclamo Fionna y, para cuando el joven quiso voltear, la humana ya lo había rodeado por la cintura en un abrazo que, sorpresivamente, hizo que Marshall sintiera el calor de Fionna en su cuerpo, y él, al no saber reaccionar, no pudo hacer otra cosa más que corresponderle el abrazo a la joven dándole palmaditas en la espalda- Viejo, no me vuelvas a dar un susto así ¡No sabes lo mucho que me preocupe!

-Fi, tranquilízate mujer, ya estoy bien. Por cierto, ¿de cuando a acá te preocupas por mi?- Pregunto Marshall divertidamente.

-Desde hace un mes- Respondió esta dejando de abrazar por un momento al chico para luego decirle:- Hay algo importante que tienes que saber, Marshall. No sabemos si te va a gustar o no, pero igual esperamos que no te afecte mucho.

-¿Tan malo es? Dímelo ya y no me tortures- Pidió Marshall y Fionna, no muy segura, tomo un espejo rosado que estaba en un buró al lado de la camilla de Marshall donde también se encontraban varios frascos de medicinas. No muy segura, Fionna suspiro y se mordió el labio inferior colocando el espejo frente a Marshall.

-Mira- Y el mundo cambio por completo para Marshall Lee cuando en el cristal del espejo se reflejo su rostro.

Fue verdaderamente sorprendente lo que vio en ese cristal, tan sorprendente, que la respiración se le cortó por un momento y el mundo y el tiempo parecieron haberse detenido cuando se vio a si mismo… si es que ese era el.

Su piel pálida que cambiaba a verde en la noche ya no estaba, y fue remplazada por una tibia tez del color de la de Fionna. Sus ojos ya no eran los orbes rojos infernales que adopto desde hace mil años atrás, ahora habían vuelto a ser de un color verde un poco oscuro, pero con el mismo brillo que Marshall tuvo en sus tiempos de humano. Sus orejas ya no eran puntiagudas como antes, eran normales, como las de Fionna y por ningún lado se veían sus afilados colmillos sobresalientes que lo acompañaron desde hace mil años. Fue tan grande la sorpresa que Marshall tuvo que tocarse la cara para asegurarse de que no era una broma y una sonrisa termino por dibujarse en su rostro al ver que no era una broma, él había vuelto a ser humano y nadie podía decirle que no lo era. Claro, aun tenía las cicatrices de la mordida que lo transformo en su cuello, ¡pero a la mierda eso! Era humano de nuevo, otra vez volvía a hacer lo que desde hace siglos añoraba tanto.

-Soy humano- Murmuro el chico dejando que el espejo se resbalara de sus manos y terminara rompiéndose- Soy humano otra vez ¡Soy humano, Fionna! ¡Regrese a mi vida!

La emoción de Marshall era tanta que la aventurera juro que antes de que Marshall la rodeara entre sus brazos en un enorme abrazo pudo ver en los hermosos ojos verdes de Marshall un par de lágrimas desbordarse de sus ojos. Pero no eran lágrimas de tristeza, el antiguo vampiro lloraba de felicidad puesto que mientras él lloraba al mismo tiempo reía como nunca lo había hecho. Confundida, la chica se apartó de Marshall lentamente y este rápidamente se seco los ojos llorosos para que una persona que lo conocía tan bien como Fionna no lo viera en ese estado, pero el apartarse de la humana no le impidió seguir riendo.

-A ver, explícame en este mismo instante que te traes. Primero desapareces por un mes entero a no se donde, luego sufres de un ataque depresivo, después casi mueres por culpa de un rayo cuyo nombre desconozco ¡¿Y AHORA ESTAS FELIZ PORQUE EL ACCIDENTE QUE CASI TE MATA TE VOLVIO HUMANO!?

-Si- Respondió Marshall sin borrar la sonrisa de su rostro. Ahora si Fionna estaba confundida.

-¿Quieres decir que siempre quisiste ser humano?- Él asintió- Pero pensé que te encantaba ser vampiro, viejo.

-¡Puras patrañas! Fionna, ser vampiro, y sobre todo el rey, es lo peor que me fue a pasar en la vida. No podía salir al sol, y mucho menos que alguien me viera sin salir corriendo despavorido, pero ahora que soy humano…

-Marshall… ¿por eso no te habíamos visto en un mes entero? ¿Por qué te despreciabas a ti mismo?

-Fi, no entiendes. Yo ya no podía ni contener mi sed de sangre, y te sorprendería lo que llegue a pensar cuando alguien me hacia enojar- Y entonces ocurrió algo sorpresivo. Entre risas, Fionna le dio un amigable golpe en el brazo que por primera vez en los cinco años que llevaba de conocer a Fionna le dolió.

-Viejo, si tanto te escupías a ti mismo lo hubieras dicho mucho antes. No tenías que sufrir una caída de cien metros para volverte a convertir en humano; la magia existe, grandísimo idiota.

-Je, je, creo que se me olvido- Comento el chico seguido de unas cuantas risas que contagiaron por un momento a Fionna, pues detrás de la cortinilla que ocultaba la camilla donde Marshall estaba recostado entro Gumball, quien se sorprendió al ver al joven despierto.

-Ah, Marshall Lee que bueno que despiertas, justamente ahora tenía que hacerte unas cuantas pruebas- Dijo Gumball como si nada.

-¿¡Que!?- Soltaron Fionna y Marshall al mismo tiempo.

-Tranquilo, no te dolerá. Solo serán unos cuantos pinchazos y uno que otro efecto secundario y tal vez…

-Gumball, no quiero ser grosera ni nada pero… ¡ACABA DE DESPERTAR? ¿Cómo le dices eso?

-Ten compasión, viejo. Oye, otra cosilla, gracias por casi matarme con tu rayo, en verdad la caída valió la pena- Dijo el muchacho confundiendo por completo al Dulce Príncipe, quien tuvo que preguntarle a Fionna.

-¿El golpe afecto a Marshall Lee? Nunca me había agradecido nada en todo el tiempo que llevo de conocerlo.

-Es que le cumpliste lo que desde hace mil años esperaba- Y entonces ambos voltearon a ver al joven, quien miraba curioso su color de piel y la tocaba de la misma forma- Ser humano.

El príncipe se confundió todavía más al escuchar eso, ni siquiera sabía que Marshall Lee quería cambiar su inmortalidad para volver a ser un humano, pero en fin, era decisión de Marshall y de nadie más. Le llevo un momento entender la razón de que o porque Marshall quiso eso, pero al fin y al cabo había que entender que la maldición de ser vampiro implicaba muchas cosas de las cuales el muchacho ya estaba harto, como por ejemplo vivir por los siglos de los siglos, a nadie le gusta ver a las personas que más quieres morir por el transcurso de los años mientras que el tiempo a ti no te sacaba ni una sola cana. Si se hubiera enterado mucho antes, Gumball con gusto lo ayudaba a regresar a ser humano, pero a Marshall Lee no le gustaba recibir ayuda de otros, pues era más terco que una mula y, a pesar de que el antiguo vampiro parecía muy feliz con el resultado del accidente, todavía existía el problema de los efectos secundarios que faltaban por estudiar. Definitivamente Marshall no iba a dejar que llegaran así de la nada y lo cargaran como rata de laboratorio simplemente porque una caída de poco más de cien metros casi lo mata por culpa de un rayo que le cumplió lo que desde hace un milenio quería.

Gumball dejo escapar un suspiro y luego dijo:

-Marshall, ¿crees poder levantarte?

-Claro que si- Dijo y luego tomo su camisa de cuadros rojos y negros que estaba al lado de la camilla (pues tuvieron que retirarla para poder curarle la herida que le hizo el rayo) para ponérsela y tardarse un poco en abrochar los botones.

-Ten cuidado al bajar- Le dijo Fionna al ver que el chico estaba por pisar tierra.

-Descuida, no es como si ya se me hubiera olvidado caminar- Pero la afirmación de Lee no fue del todo cierta.

Marshall primero se arrastró hasta quedar en una orilla de la camilla, se mareo un poco pero eso no lo detuvo, y después bajo sus piernas hasta que sintió el contacto de sus pies en el suelo. Él aun seguía sentado y no se sentía muy seguro de poder estar de pie por lo que respiro hondo y se apoyó en las agarraderas de metal de la camilla impulsando su cuerpo hacia arriba logrando estar de pie, lo que lo hizo sonreír por un momento, pues cuando quiso dar el primer paso sus piernas se flaquearon y estuvo a punto de caer. Afortunadamente Gumball y Fionna estaban ahí para ayudarlo y alcanzaron a frenar la caída de Marshall antes de que este terminara en el piso y lo ayudaron a volver a ponerse de pie apoyado en Fionna para no marearse y volver a caerse. Por supuesto que Lee se regaño así mismo por no poder hacer algo que era común de los humanos hacer.

-¿Qué le esta pasando, Príncipe? ¿Por qué no puede caminar?- Preguntaba Fionna angustiada por que Marshall no podía dar un paso sin caerse.

-Creo que el pasar tanto tiempo flotando hizo que perdiera su habilidad par caminar- Marshall se noto preocupado al escuchar eso- Pero no es nada de que preocuparse, solo tienes que caminar unos cuantos metros y recuperaras tu habilidad para caminar cuando menos lo pienses.

-Gumball, si tu teoría falla te juro que te daré una paliza de la que te vas a acordar toda tu vida- Amenazo Marshall sacándole un par de risas a Fionna- Y hablando de dar golpes, ¿Dónde esta tu gata loca, Fi? Me sorprende que no la haya visto en todo el día.

-Fue a no se donde con Lord Monochromicorn en una cita. No la voy a ver hasta en la noche así que...

-¡Perfecto! Tendremos más tiempo para salir de aventuras los dos- Interrumpió el joven sorprendiendo por completo a FIonna.

-¿¡Qué!? ¿Tú y yo? ¿Yendo de día de aventuras? No lo se, viejo.

-Vamos, no es como si nunca hayas salido de aventuras conmigo- Le dijo Marshall sonriéndole. Fionna lo pensó un poco, no era que no quisiera salir con Marshall, sino que le preocupaba que los efectos secundarios del experimento de Gumball le hicieran un mal efecto en su cuerpo y Marshall terminara de nuevo en una camilla… o peor… en un ataúd.

-Primero tienes que acostumbrarte a tus piernas y luego veremos que se hace- Lo dicho por Fionna hizo que Lee se echara reír a carcajadas llamando tanto la atención de la heroína como la del joven monarca.

-Bueno, empecemos pues.

Y dicho eso, Marshall le pidió a Fionna que lo soltara y esta, lento y cuidando que el joven no perdiera de nuevo el equilibrio, se alejó de él dejándolo medio parado puesto que sus pierna se tambaleaban y temblaban seguidamente a un punto en el que el príncipe y la aventurera juraron que Marshall estaba por cachetear el suelo. Varias veces Lee detuvo su caída tomando las orillas metálicas de su camilla y aprovechaba también para hacer de nuevo el intento por caminar una vez más. No fue como hasta el decimo octavo intento cuando Marshall por fin logro caminar como era debido siguiendo las instrucciones de Gumball de un pie seguido del otro lo que molestaba un poco a Lee porque se sentía como un bebé al que a penas le estaban enseñando a dar sus primeros pasos. Ah, pero no podía negar que las instrucciones de Gumball y el animo que Fionna le daba de que si se podía no le sirvieron de nada pues, gracias a eso y a ellos, al final pudo caminar bien.

Ya luego de un tiempo Marshall ya estaba listo para irse del castillo del Dulce Reino y empezar desde cero convertido otra vez en humano pero… eso si… no pudieron faltar los sermones aburridos de Gumball sobre no excederse demasiado en sus rutinas diarias- en el rango de peligrosidad, tal vez-, que estaría estudiando la manzana afectada para informarle si estaba en peligro o no y otras cosillas más de las que ni Fionna ni Marshall se acordaron cuando cruzaron el portón del castillo. Al abrir la puerta la luz del sol fue tan cegadora que Lee tuvo que cubrirse los ojos para no terminar ciego a causa de que no estaba muy acostumbrado a salir al sol porque, la última vez que salió de día de su cueva-guarida fue cuando Fionna quiso tomar el lugar de la anciana que anteriormente fue su lacaya y Cake casi lo mata arrojándole un pedazo de ajo a la cara exponiéndolo al sol y cuando ayudo a que los demás a escribir una canción para que recuperaran las cosas que les robo el Portero. La curiosidad sumió a Marshall y antes de exponerse por completo bajo los rayos ultravioletas de la estrella más grande del Sistema Solar primero saco una mano, con timidez claro, pues poco antes de que sus dedos tocaran la luz Marshall apartaba su mano dudando de que no le sucedería nada. Cuando la chica se dio cuenta de que Lee no saldría fácilmente a la luz del sol, se vio obligada a tomar medidas drásticas y a la fuerza lanzo a Marshall afuera del castillo casi haciendo que este terminara por bajar rodando las escaleras.

El miedo se apodero de Marshall cuando fue consciente de que estaba siendo tocado por el sol y automáticamente se cubrió el rostro con los brazos y se hizo un ovillo. Pero los segundos pasaron y Marshall no sintió nada parecido al dolor que en su vida como vampiro le provocaba salir al sol, nada, ni siquiera ardor, un poco de molestia en los ojos pero eso era normal si prevalecías mil años en completa oscuridad. Froto sus ojos y se puso de pie mirando el cielo azul, asombrado de que no era un día nublado en el que podría salir sin cargar su sombrilla y sin miedo a que lo quemara el sol. Había pasado tanto tiempo sin poder ver el cielo de esa forma que por un momento Marshall pensó que no era el quien estaba parado fuera del castillo, siendo acariciado por el sol y la brisa fresca que también estaba presente, pero era él, no podía dudarlo. Sonrió, estaba más que feliz, no solo le habían devuelto su humanidad, sino que también a él habían regresado todas esas cosas que extrañaba de ser humano.

-¿Tienes hambre?- Pregunto Fionna posando una mano en su hombro.

-Desfallezco- Respondió Marshall mostrando una sonrisa y entonces ambos empezaron a caminar- ¿Sabes de algún lugar bueno en Aaa para comer?

-No, pero podemos atrapar unos cuantos peces y comer pescado. Aunque también podemos hincarle el diente a un Burrito de Todo o…

-¿Burrito de Todo? Vaya, tengo mas de mil años viviendo y en mi vida había escuchado algo parecido a eso- Comento Marshall.

-No se supone que exista, Cake lo invento y lo come en algunas ocasiones. Si no quieres eso también hay espagueti, manzanas, espagueti, huevos, espagueti, tocino…

-Me quedo con el espagueti, muchas gracias. O espera…- Y freno de golpe llamando la atención de Fionna.

-¿Qué pasa, Marshall?- Pregunto la aventurera.

-Ahora que me acuerdo… yo se cocinar.

-Queremos desayunar, no morir envenenados, muchas gracias.

-No, en serio. Hace mil años yo hacía mi propio desayuno, comida y cena porque ya era hora de saber cuidarme por mi mismo- Lo dicho por Lee no pareció importarle mucho a Fionna, pues esta solo se le quedo mirando como si Marshall no le hubiera dicho nada- El punto es que no soy tan malo con la estufa.

-¿Y que estamos esperando, viejo? ¡A cocinar se ha dicho!

La repentina emoción de Fionna tomo desprevenido a Marshall y, antes de llegar a la entrada/salida del Dulce Reino, la joven se llevo del brazo a Marshall casi arrastrándolo debido a que el estomago ya le rugía de hambre a ella y, porque negarlo, Marshall también tenia una guerra entre resistencia y hambre y al parecer el segundo bando estaba ganando. Pero de lo que ninguno de los dos se dio cuenta fue que, escondido entre las ramas de los arboles rosados que rodeaban a todo el reino estaba sentado el temido monstruo del Bosque Negro, Alabaster. Este seguía con la mirada a la pareja de humanos que iban corriendo hacia las llanuras de la Tierra de Aaa riendo e ignorando por completo que estaban siendo vigilados por él. Alabaster no se podía acercar a ver un poco más de cerca a quien, según el sabia, era la última de los humanos pero al parecer había encontrado a alguien más de su raza porque en ningún momento de las varias narraciones que escucho acerca de las mil y un maravillas que hacia la joven aventurera a la que muchos conocían como Fionna la humana, escucho que la acompañara un muchacho de la misma raza de ella. Únicamente de casualidad se los había encontrado, en ningún momento a la cabeza de Alabaster llego la idea de volver a probar la sangre humana puesto que la última vez que probo sangre humana fue la del sucesor del Rey de los Vampiros, y fue por eso que no regreso a Nocheosfera desde la Gran Guerra de los Champiñones. El rey lo hubiera matado de haberse enterado que mordió a su único hijo pero, como muchos ya sabían, el anterior soberano estaba muerto pero aun así era peligroso que el nuevo Rey Vampiro lo identificara como quien lo mordió; corría el mismo destino, como quien diría.

Quiso acercarse más para ver mejor el rostro de los últimos humanos pero estos ya estaban por salir del bosque de arboles de color rosa que cubrían todo el alrededor del Dulce Reino y ni con su habilidad de transportación lograría verlos.

-¿Quién era ese chico tan peculiar?- Pregunto Alabaster al eco del silencio manteniendo su mirada directa en la dirección que los jóvenes tomaron.

….

-Ahora, Fionna, primero que nada debes poner el agua a hervir- Explicaba Marshall mientras encendía la estufa y colocaba en esta una hoya de agua con la que planeaban hacer el espagueti- Tienes que dejarlo así hasta que empiece a humear.

-¿Fuiste a clases de cocina para vampiros o que? Yo ni siquiera se prender la estufa y ahora resulta que tu si- Comento indignada la humana.

-Pues mi madre me obligo a aprender. Como ella tenía mucho que hacer en la Nocheosfera y casi… espera- Hizo una pausa y se quedo pensando un rato para luego proseguir- bueno, para que te miento, nunca tenia tiempo para mi y desde mis… eh– Hace otra pausa y cuenta con los dedos- quince años aprendí a cocinar sin quemarme.

-¿Por qué nunca nos dijiste que sabias prender una estufa a mi y a Cake, Marsh?

-¿Has pensado que necesitas fuego para hornear carne?- Pregunto el chico creyendo que Fionna lo creía un bueno para nada.

-Je, je, y yo que pensaba que solo te comías el color rojo- Marshall le mando una mirada fija- Sin ofender.

-Esta cosa ya calentó. ¿Tienes de esa cosa con la que se hace el espagueti?- Dijo, bajando un poco el nivel del fuego.

-Si te refieres a la pasta, entonces si- Fionna camino hacia la alacena de la cocina donde ella y Cake guardaban unas cuantas cosas que usaban para preparar la comida y de esta tomo una bolsa con pasta y se la lanzo a Marshall quien saco lo que había dentro del empaque y lo vació todo en la hoya con agua hirviendo.

-Cuchara para revolver- Llamo Marshall extendiendo su mano para que Fionna le diera el objeto que necesitaba.

-¡Sale una cuchara!- Exclamo Fionna abriendo otro cajón para luego lanzarle una cuchara de madera al chico, la cual cayó en las manos de Marshall sorpresivamente.

-Mantequilla y cuchillo- Llamo mientras giraba la pasta en el agua haciéndola tomar la textura aguada que permitía a la pasta ser comestible.

-¡A sus ordenes, mi general!- Volvió a exclamar Fionna y corrió al refrigerador, de donde lanzo una barra de mantequilla medio usada que nuevamente llego a las manos de Marshall. El cuchillo no se lo lanzo, simplemente lo dejo al lado de donde Lee había puesto la barra de mantequilla.

Cuando la pasta estuvo lista para prepararse Marshall apago el fuego y le pidió a Fionna que le diera dos platos para poner ahí la comida, la chica no dudo en hacerlo puesto que cuando se trataba de comer y ella ya no aguantaba ni un segundo más de estar sin poder hincarle el diente a algo obedecía a quien sea, pero no si se trataba de un villano, no había que exagerar tanto. En fin, el espagueti que cocino con Marshall no estuvo tan mal por decir que por un momento llego a creer que Marshall se torturaba comiendo lo que el mismo cocinaba. Si, el espagueti estuvo bien pero… definitivamente no pudo faltar la cocina hecha todo un desastre. El intento por cocinar el espagueti les costó la cocina entera porque en cada rincón de esta se veían tomates enteros y tirados por todos lados, algo de agua regada en el suelo, la alacena y el refrigerador abiertos de par en par, uno que otro papel, bolas de carne pegadas en el techo y en la pared, la pimienta tirada en la mesa y un plato roto.

Santo susto el que se iba dar Cake cuando entrara y se encontrara con toda la cocina patas arriba.

-Oye, viejo, ¿Qué le pasara a Nocheosfera ahora que eres humano?- Pregunto Fionna empujando al frente su plato ya vació.

-No lo se, pero que más da. Mientras nadie me quite el titulo de rey que tengo en Nocheosfera o intenten matarme, no pasara absolutamente nada. Claro, seria catastrófico que alguien se enterara de esto y empezaran a organizar huelgas contra mi- Dijo él también empujando su plato vació.

-Si no se enteran no pasa nada, ¿verdad?- Pregunto Fionna ya que le preocupaba que alguien quisiera sacar al Rey Vampiro del puesto que su padre le dejo desde hace más de mil años atrás.

-Que yo sepa, no. Y si me exilian de mi puesto puedo recuperarlo, el Bajo-Hacha lo puede manipular tanto el Rey Vampiro como cualquier otra persona. No tiene nada de especial, solo es un arma que a pasado de generación en generación en mi familia.

-Seria todo un problema si alguien te lo robara, ¿no?

-Tal vez, y aunque me lo roben todavía tienen que cumplir con un objetivo más para conseguir el titulo de Rey de los Vampiros.

-¿A si?- Decía Fionna interesada en la platica que ella y él estaban llevando a cabo- ¿Y cual seria ese objetivo?

La pregunta pareció haberle hecho gracia a Marshall Lee. Las risas de este resonaron por toda la sala y Lee no pudo evitar que sus carcajadas enseñaran sus ya no tan largos y afilados colmillos que siempre mostro cuando se reía de esa forma, ahora solo eran colmillos normales, y Marshall estaría flotando por encima de la mesa pero en lugar de eso estaba sentado en una silla de madera riéndose de una pregunta que a cualquiera le resultaría importante. Debió imaginarse que tratándose de Marshall Lee algo tan importante terminaría por ser solo un juego de niños, y es que el soberano no le daba mucha a importancia a nada y ya debía entender que si había problemas en Nocheosfera, habría problemas en la Tierra de Aaa. Gumball se lo dijo, los poderes que uso siendo vampiro ya no estaban, habían desaparecido, y ahora seria un blanco más vulnerable a golpes y a la muerte misma. Cuando era vampiro un rasguño era cualquier cosa, pero ahora, siendo humano, cualquier herida que se provocara no volvería a auto regenerarse, un golpe dejaría en su piel un moretón, una cortada con un cuchillo significaría dolor y, en el peor de los casos, el filo de una espada podía significar la muerte.

¿Pero cual era la preocupación de Marshall? Ninguna. A Lee le valía un pepino bien verde si los años o un arma con filo podrían matarlo de un golpe, él sabia cuidarse por si solo y no necesitaba de la inmortalidad para regresar vivo de una pelea.

Marshall dejo de reírse y miro a Fionna, quien esperaba impaciente la respuesta del chico.

-Para arrebatarme mi titulo de las manos, Fionna… primero tienen que matarme.

Y Fionna se quedo callada, al igual que Marshall. Y toda la sala fue consumida en un silencio de miedo…

¡FELIZ AÑO NUEVO ATRASADO! Ojala se la hayan pasado bien y hayan comido mucho pavo, porque eso fue lo que me paso a mi y no querran saber lo que hice luego de tomarme uno que otro traguito de vino. Por cierto, ¿en que estaba yo?... ¡Ah, si! Las notas finales.

Ok, muchas gracias a las personitas que me dejaron un Review en el capitulo anterior, entre ellas a: Spartanjaller, Alejandra. Escobedo.33, Chikitita y a Paqs, que nunca me falla. ¡Muchas gracias mi publico bonito, recuerden que yo vivo de ustedes y que su vida se alargara diez años más si dejan otro Review! En fin, ojala el capi les haya gustado porque como que a mi pues como que no me convencio mucho, pero haya ustedes. Nos vemos en el cuarto capitulo de esta loca historia. Adios.

Riux, Chaitooo.