De regreso a mi vida.
Capitulo 5: El plan de Alabaster: el exilio real.
La madre de Marshall era en esos momentos la encargada de llevar el control por toda la Nocheosfera y era una mujer demonio con unos mil años mayor que su único hijo, siempre vestida de traje, piel azulada, cabello negro y un molote exageradamente estirado como peinado. Ella era la temida, respetada y alabada ama del Inframundo, la madre del todopoderoso Rey de los Vampiros y, sobre todo, la esposa del padre de su hijo pero, la señora Lee no parecía tener muchos aires de grandeza y deseos por hacer negocios como se le veía normalmente, y la razón de eso era que entre sus manos sostenía el retrato enmarcado de su esposo que ahora descansaba en la Nada. La fotografía describía a un hombre de su misma edad, el cabello negro y largo como el de Marshall, la piel verdosa, un par de hermosos ojos rojos, mirada tranquila, dos colmillos sobresalientes de su ligera sonrisa y, al igual que ella, siempre vestía de su elegante traje de monarca, que consistía en una gabardina negra cerrada que le llegaba hasta por debajo de las rodillas, el medallón que ahora ella poseía, su elegante bastón de madera, pantalón del mismo color que el de la gabardina y sus lustradas botas negras. Si, su esposo pudo haber sido un gran ejemplo para su hijo, pero lamentablemente el destino quiso separarlos a ambos cuando Marshall apenas tenía seis años.
La mujer estaba devastada, era verdad que había superado la muerte de su marido desde ya hace varios siglos, pero ahora que veía ese retrato, que miraba otra vez su rostro, ese sentimiento de melancolía nuevamente había regresado a ella obligándola a derramar lagrimas que caían sobre el cristal que cubría a la fotografía. Muchos conocieron al Rey Vampiro por no ser tan tirano como los otros reyes que Nocheosfera había tenido en más de cien millones de años, si por haber sido un monarca justo al que la política no le importaba en lo absoluto y la señora Lee tenía en cuenta que el desprecio de su hijo al no querer gobernar las tierras que por ley le pertenecían lo saco de su padre. Y eso le encantaba de su hijo, que fuera la copia en carne y hueso de su difunto marido que, y no era que le desagradara, siempre, desde el día, momento y segundo en que lo conoció, estuvo loco. Si, como se escucho, el rey más grande que haya pisado Nocheosfera fue un demente de manicomio a quien todos querían. Él era un padre ejemplar, un sujeto que a pesar de sus ocupaciones, sus días de trabajo y los momentos que no pasaba con su familia, siempre encontraba un momento del día para estar con su hijo.
Todavía recordaba el último día que paso a su lado y al del niño de seis años en ese entonces Príncipe de los Vampiros, era uno de los momentos más felices y a la vez más tristes que paso con él…
"-Ven, Marshall, ven a jugar con papá- Decía un vampiro mayor sentado de cuclillas en el suelo de su palacio llamando a su hijo de ya seis años- ¿Qué pasa, no quieres jugar con tu padre?
-¡Ya voy, papi!- Exclamaba un pequeño vampiro corriendo a los brazos de su padre y lanzándose a este provocando la caída y las risas de ambos.
-Ah, que mi pequeño niño consentido. A ver, ¿Quién es el niño favorito del rey?
-Papá, soy tu único hijo- Dijo el pequeño entre risas.
-¡Eso es cierto!- Exclamo el hombre lanzando a su pequeño a los aires hasta que este casi toca el techo con su cabecita para ser atrapado en brazos de su padre unos momentos antes de ser atraído por la gravedad- Mira, Marshy, estamos flotando en la casa ¿Crees que a tu madre le moleste si haces un par de travesuras con tu viejo padre?
-Yo creo que no. Tu eres el rey, puedes hacer lo que tu quieras- Dijo el pequeño.
-Muy bien, si puedo hacer lo que yo quiera, entonces vamos a…
-¡Nada de andar flotando en la casa, Algul! ¡Ya conoces las reglas!- Grito la voz de una mujer debajo de ellos y entonces Algul miro a su hijo haciéndola de asustado.
-Oh, oh, aquí esta mamá. Bajemos y luego hagamos travesuras, ¿vale?
-Vale, papá- Dijo el niño y después su padre le desordeno el cabello al mismo tiempo en que bajaban a tierra.
Algul, el en ese entonces Rey de los Vampiros, descendió hasta pisar tierra y bajo al niño de sus brazos quien, al ver a su madre con el seño fruncido y levantando el pie de arriba abajo mirando a padre e hijo como si estuviera esperando la respuesta de su travesura, cosa que aun no hacían. El pequeño vampiro trago en seco y miro a su padre, quien sonriendo le dijo que se fuera a jugar a su habitación mientras él hablaba con su madre de lo que sea que quisiera hablare. Marshall entendió a su padre y se fue corriendo a su cuarto para que Algul y la señora Lee pudieran platicar sin rodeos.
-¿Cuál es el problema ahora?- Pregunto el Rey Vampiro a su esposa.
-Algul, la guerra entre los humanos y las criaturas de Aaa esta pasando a grados mayores y los gobernantes no pueden hacer nada para detener esto. Tú eres el único que comprende a los dos bandos y te necesitan haya arriba.
-Pero le prometí a mi hijo jugar con él. Que los gobernantes se aguanten un rato más, Marshall es cien veces más importante que una guerra y no le fallare solo para arreglar un par de diferencias entre monstruos y humanos.
-Hablando de Marshall… ¿Cuándo piensas enseñarle a gobernar un reino, Algul?- Su esposo la miro confundida.
-¿Qué quieres decir con eso, mujer? Marshall aun es muy pequeño para eso.
-No, él es el siguiente en la línea para ocupar tu lugar y no me gustaría recordarte que el que no sea un vampiro ni un demonio no significa que no pueda ser rey ¿O quieres que te recuerde lo que hiciste?
-No. Volviendo al tema, yo sé que Marshy es el Príncipe Vampiro y sé que algún día se sentara en mi trono pero… ya sabes que no me gusta la política, es muy aburrida y lo único que hay que hacer es trabajar, hacer juicios, sentencias de muerte, ver sangre correr, muertes, muertes, huelgas, muertes y mas muertes.
-Claro, por alguna razón esta es la Nocheosfera.
-Y ese es el error. Todos creen que por ser el Inframundo todo debe ser horroroso y aburrido, pero hasta los demonios necesitan mover el bote. Cuando mi madre gobernaba este lugar, me enseñaron que debía gobernar con mano de hierro, ¿pero porqué? ¿Por qué así se gobierna? ¿Por qué es bueno que te tengan miedo? ¡Por supuesto que no! Aprendí que para que te respeten, no por miedo, sino por ser un buen monarca, es tratando a tus obreros como hermanos, como si todo tu reino fuera tu familia, ser la Nocheosfera… pero no un calabozo... y quiero…
-Y quieres que Marshall no sea como los demás reyes- Completo la señora Lee rodando los ojos.
-Es que no quiero que lo odien, sobre todo porque es… ya sabes… no es tu hijo legitimo- La mujer presiono los ojos y soltó un suspiro, no le gustaba recordar eso y tampoco creía que fuera cierto, pero lo era y a Algul le constaba- Yo decidiré cuando Marshall estará listo para aprender solo lo necesario, que es sacar las cuentas y darle suficiente comida al pueblo.
La demonio no respondió, se quedo callada mirando a un punto fijo en el piso para no verle la cara a su esposo quien, al notar el rotundo silencio que hacia en la sala, se acercó a ella y la beso de sorpresa, como era de su costumbre hacerlo. La mujer alzo su vista para verlo y Algul le sonrió para después decir:
-¿La cosa esta muy fea haya arriba?- Pregunto.
-El mensajero me dijo que los dos bandos ya estaban decididos. No hay nada que los detenga y si tú no te presentas van a soltar las bombas- Explico su mujer, que de acuerdo a la velocidad en la que le hablaba se notaba que estaba angustiada.
-Bueno… entonces dile a Marshall que tal vez llegue un poco tarde a jugar esta vez.
Y sin más que decir, Algul se dio media vuelta y al llegar a la puerta tomo su bastón de madera y abrió el gran portón de madera negra con el que estaba construida la puerta y, antes de salir, nuevamente volteo hacia atrás para decir:
-Los veré luego- Dijo, mostrando una sonrisa y luego las puertas del portón se cerraron y la señora Lee perdió de vista al Rey de los Vampiros…"
La demonio se cubrió los con la mano y soltó unos sollozos recordando el momento en que perdió a su amado esposo y al padre con el que su hijo siempre jugó y se divirtió. Fue suficientemente malo haberlo visto cruzar la puerta del palacio que perteneció a sus antepasados que vivieron hace billones de años atrás, pero nada se pudo comparar con el siguiente recuerdo, algo que la marcaria a ella y a Marshall por toda la eternidad…
"Una vez más estaba ella caminando como león enjaulado de un lado a otro del salón principal del palacio mientras Marshall se encontraba dormido en uno de los sofá con un libro de cuentos infantiles sobre su pequeño rostro. Ya habían pasado tres días desde la partida de Algul y aun no se sabía nada sobre su paradero o si llego o no a entrar en razón con los bandos que estaban en guerra y su esposa estaba muy preocupada, sobre todo porque Marshall preguntaba por su padre a cada momento del día y ella no podía decirle otra cosa más que la simple frase "esta en un viaje de negocios". Pero el niño era listo, bien sabía que a su padre le aburrían esos llamados viajes de negocios y este siempre encontraba una forma de fugarse y llegar a su hogar, así que no se tragaba tan fácil eso de que estaba en un viaje de negocios.
-¿Dónde estas, Algul?- Pregunto la señora Lee a la nada sin parar de dar vueltas por la sala. Y entonces alguien toco la puerta.
Como rayo la demonio abrió la puerta y se encontró con uno de los sirvientes del palacio, quien informo que el Mensajero Real la estaba esperando fuera de la entrada al palacio para darle… cierta información acerca de Algul. Interesada en saber en donde estaba Algul, cerró con cuidado la puerta procurando no despertar a Marshall y, una vez cerrada la puerta, se echo a correr a la puerta principal del castillo y abrió ambas puertas del portón para terminar por encontrarse cara a cara con el Mensajero Real. Este último era una criatura vestida con una túnica y capucha gris al que no se le podía ver el rostro, siempre se le veía montado en su caballo negro de ojos rojos y justamente ahora lo estaba.
La señora Lee corrió a donde estaba el Mensajero desesperada por saber en donde y en que condiciones estaba Algul. Llego al frente del aterrorizante corcel y le dijo al Mensajero.
-¿Sabes donde esta?- Pregunto desesperada la señora Lee.
El Mensajero bajó la cabeza lentamente y la mujer en ese entonces se temió lo peor. Del interior de su vestimenta el Mensajero saco el medallón de Algul, ese accesorio que durante milenios paso de monarca en monarca para indicar que su portador era de la realeza de Nocheosfera. Extendió el artefacto a las manos de la demonio y esta, temiendo que sus pensamientos fueran lo que estaba pasando, miro incrédula al sujeto montado en el caballo para que le explicara lo que estaba pasando y porque le entregaba el medallón de su marido, el Rey de los Vampiros.
-Lamento mucho ser el portador de esta voz, mi Señora, pero os doy mi más sincero pésame al decirle que su esposo, el Rey de los Vampiro, ah parecido- Aquellas palabras fueron mil dagas atravesando el corazón de la madre de Marshall- Y por ley, usted es ahora la soberana de toda la Nocheosfera.
Temblando, tomo entre sus manos el amuleto de Energía Apocalíptica y noto que la gema morada tenía manchas de sangre que sin duda eran de Algul. No pudo soportar el dolor que le provoco saber que Algul había muerto y entonces se dejo caer al suelo llorando desconsoladamente mientras abrazaba entre su pecho el medallón del Rey Vampiro. Al ver la tan desgarradora escena, el Mensajero Real bajo de su caballo e intento consolar a la mujer de su amo, pero al parecer el hecho de recibir aquella noticia tan mala la puso peor de lo que estaba al no saber nada de Algul. Ahora ella seria la encargada de dirigir al Inframundo entero pues Marshall aun era muy pequeño para saber algo de como mantener al margen a más de cien demonios.
Cuando fue calmada un poco, el Mensajero Real le dio la noticia de que la guerra seria suspendida por un periodo de doce años y que el mundo seguiría en guerra mientras pasara esa cantidad de tiempo. Los gobernantes también estaban enterados de la muerte de Algul y fue por eso que lograron que los bandos no empezaran lo que seria una completa masacre, pero lo que si no estaba en sus manos fueron las bombas construidas por quienes ordenaron que la guerra siguiera durante doce años más y… fue una semana después, cuando el hijo del Rey de los Vampiros fue secuestrado y llevado a la Tierra, con los humanos…"
Dejo la fotografía a un lado del escritorio de su oficina y luego tomo su cabeza con ambas manos tratando de no recordar ni un segundo más aquel momento de su inmortal vida en el que perdió a Algul y a su hijo Marshall Lee. Sufrió mucho cuando le llego la noticia de que el Príncipe Vampiro había sido secuestrado y llevado al mundo de los vivos y le ordeno a todo lacayo que estaba en sus manos que buscaran a su pequeño por cielo, mar y tierra pero… jamás lo encontraron. Ella no volvió a ver a su pequeño hasta después de que la guerra regreso en toda su gloria a la Tierra y soltaron las bombas. Le preocupo mucho el que Marshall, que para entonces contaba con una edad de dieciocho años, hubiera sido vaporizado o mutado como los demás humanos o, peor aun, devorado por las mismas mutaciones. Pero al final lo encontraron, no mutado ni muerto… o bueno, en parte muerto, pues cuando la gobernante de Nocheosfera vio de nuevo a su hijo, este había sido convertido en vampiro.
-¡No puede pasar! ¡La señora Lee no esta disponible en estos momentos!- Se escuchaba a uno de los sirvientes del castillo gritar a alguien que parecía querer hablar con ella. Esto llamo la atención de la madre de Marshall y se levanto de su silla mirando a la puerta esperando a que entrara quien sea que quisiera entrar.
Sin embargo, no hubo más gritos, sino sonidos como si estuvieran golpeando algo contra algo provocando que el techo de la oficina temblara y resonaran los golpes por todos lados. Estuvo apunto de salir a ver que pasaba afuera, pero de repente las puertas del portón se abrieron de golpe y al mismo tiempo entro volando uno de los sirvientes hasta atravesar la ventana que estaba en la oficina dándole a entender que alguien lo había hecho. Miro una vez más a la puerta y se llevo una gran sorpresa al ver parado en esta a un vampiro de aspecto terrorífico vestido con gabardina, botas y un sombrero viejo y maltratado. Estaba manchado en sangre, pero no parecía ser su sangre puesto que no se le notaba alguna herida de gravedad o algo que pudiera sacar esa cantidad de líquido rojo.
-¿Puedo ayudarle en algo, señor?- Pregunto ella.
-Si- Respondió él instantáneamente-, busco al llamado Marshall Lee, el Rey de los Vampiros. Exijo verlo en este instante.
-Lo siento pero el señor Lee no se encuentra en Nocheosfera por ahora- Informo ella sin más.
-¿¡Que!? ¿Cómo no se encuentra en Nocheosfera? ¡Se supone que él debería estar en sus tierras, no en otro lugar!
-Creo que usted y yo pensamos igual. Pero le pediré que la próxima vez pida una cita para no entrar casi matando a mis lacayos.
-¡Usted no tiene idea de quien soy yo, ¿cierto?!- Grito Alabaster, que ya estaba empezando a salirse de sus cabales.
-¿Un vendedor de frutas mal pagado? ¿O un loco que necesita atención medica? Porque si ese es el caso, tenemos en nuestras manos a un excelente psicólogo que podría ayudarlo.
-¿Víctor Bangladesh, por curiosidad?- La mujer se le quedo mirando curiosa por lo que el sujeto acababa de decir. Según ella, se suponía que nadie debía enterarse de que los monarcas pasados, o algunos de ellos, tuvieron problemas mentales como Algul.
-¿Cómo sabe usted de la existencia del señor Bangladesh?
-¿Es que él jamás lo dijo? ¿Nunca les hablo del vampiro que lo metió en problemas ocho milenios atrás?
-Bueno, Víctor es muy callado y casi no habla con nadie cuando no tiene pacientes que atender.
-¡No puedo creer que todavía no estén enterados! ¡El señor Bangladesh esta muerto!- El rostro se le lleno de sorpresa y miedo a la mujer en el momento en que escucho eso.
-¿Y usted como sabe…?- Y entonces lo analizo todo. Las manchas de sangre que tenía en todos lados, la sonrisa psicópata que le adornaba la cara, la aparición repentina y el aspecto típico de un asesino en serie que parecía tener- Tú lo mataste… ¡Tu mataste a Víctor Bangladesh!
-¿Tan obvio fui?- Dijo el vampiro irónicamente- Víctor era un obstáculo del que me tenía que deshacer para poder cumplir con lo que tengo planeado hacer y tu hijo forma parte de ello. Mi plan es sencillo, primero tenía que sacar al viejo del camino, pues era él más que nadie quien conocía a la perfección todos mis movimientos. La razón de eso tiene que ver mucho con Marshall, y lo que hice fue exactamente para destronarlo y tomar a Nocheosfera en mis manos.
-No podrás hacer eso mientras yo aun siga aquí- Sentencio la demonio y estuvo apunto de llamar a los guardias del palacio, pero su intento fue remitido por Alabaster, quien saco una navaja del interior de su gabardina y la lanzo a la mano de la soberana del reino impidiéndole que tocara un botón oculto debajo de su escritorio el cual le daba una llamada de alerta a los guardias. Fue tanta la velocidad con la que Alabaster lanzo la navaja que la señora Lee apenas pudo sentir cuando esta atravesó su mano.
-Es por eso, mi Señora, que también tengo que sacarla a usted de este tablero de ajedrez. No voy a matarla, solo… podría decir que hare que nadie se entere de su paradero ¿Me entiende?
-Eres un vampiro entre más de un millón. De todos los que han desafiado a Marshall Lee por quitarle lo que le pertenece, nadie ha podido hacerlo ¿Por qué crees que tu si?
-Muy sencillo; simplemente digamos, que no soy cualquier vampiro- Y entonces, para sorpresa de la mujer, Alabaster la golpeo en un costado de la cabeza provocando que el otro chocara con el escritorio dejando inconsciente a la señora Lee- Yo soy quien condeno a tu hijo.
…..
-Y a esa la conocíamos como el Cinturón de Orión ¿La ves? Son esas tres estrellas medio alineadas que están ahí- Decía Marshall, quien estaba recostado en una pradera libre de arboles al lado de Fionna señalando las pocas alineaciones estelares que pudo llegar a conocer.
-Ya las vi. Gumball también me hablaba sobre astro… quien sabe que cosa, pero jamás le puse atención. Es que cuando quiere explicar algo siempre sale con cosas como años luz, distancia, diámetro, divisiones y todo eso.
-Nah, no le hagas caso al chicle bajo en calorías ese. Lo que él tiene de divertido lo tengo yo de obediente ¿Me comprendes?
-Creo- Dijo Fionna volviendo a voltear al cielo- ¿Cómo se llama esa estrella?- Pregunto señalando a un punto del cielo nocturno.
-Me parece que es la llamada… Sirius. Según los astrónomos de mis tiempos esta estrella era de las más brillantes que se veían en la noche.
-¿Nada más?- Pregunto Fionna, curiosa.
-Hey, no por conocer unas cuentas constelaciones tengo que saberlo todo- Dijo él entre risas.
-Yo solo preguntaba. Pero en fin, ¿hay alguna otra constelación que conozcas?
-Esas son todas las que se me pegaron en clases. No era muy fanático de aprender, ¿sabes?
-Me lo imagino. Bueno, viejo- Empezó a decir Fionna sentándose en el pastizal de la llanura-, ya es muy noche y Cake debe estar buscándome como loca por toda Aaa.
-¿Quieres que te acompañe?- Se ofreció el joven sentándose igual que Fionna en el pastizal.
-Si quieres- Respondió esta e instantáneamente Marshall se puso de pie y le ofreció la mano a la aventurera para que esta se levantara sin problemas.
Caminaron juntos por toda la pradera hablando de lo que hicieron en todo el día y los dos estuvieron de acuerdo con que lo más divertido fue haber hecho explotar el interior del castillo de la Reina Helada, de donde aun se podía ver que desprendía el humo de los explosivos que usaron para jugarle una broma a la dueña del Reino Helado. Casi terminan siendo cubos de hielo en su bebida pero definitivamente valió la pena intentarlo.
Al abrir la puerta de la Casa del Árbol lo primero que ambos jóvenes fueron a escuchar fueron los regaños de Cake regañando a Fionna por haber desaparecido durante todo el día mientras ella andaba buscándola como ya se había dicho antes. La felina tardo un poco en controlarse y, cuando por fin se dio cuenta de la presencia de Marshall Lee, no dijo nada más. Se quedo callada al verlo de la misma manera en la que lo vio por última vez en una camilla de enfermería del Dulce Reino, sin colmillos, sin el color verde tan raro con el que lo veían en las noches, sin orejas puntiagudas y sin sus ojos rojos que fueron remplazados por un par de lindos ojos verdes oscuro. Según lo que el Dulce Príncipe les conto fue que el disparo radioactivo del arma que creo lo regreso a su apariencia humana y que por eso sufrió esos cambio extraños. A la gata se le hacia muy difícil ver a Marshall Lee, el Rey de los Vampiros, de esa forma porque lo conocían desde hace cinco años y durante ese periodo de tiempo Cake lo había visto flotando, no caminando en sus dos pies; chupando el color rojo, no comiendo alimento normal; con sus aterradores colmillos a los que ella siempre les tuvo miedo, no sin ellos.
-¿Qué, te me vas a quedar viendo toda la noche o que?- Bueno, por lo menos aun conservaba sus "encantadores" insultos.
-¡Óyeme, conmigo no te metas!- Y a Cake nadie le decía nada y se salía con la suya.
-¿A si? ¿Y que vas a hacerme, arañarme hasta que te quedes sin uñas?- La desafió Marshall.
-Créeme que no querrás saberlo, mi amigo- Respondió Cake acercándose y mirando al joven de manera amenazadora.
-¿Y que tal si nos ponemos a prueba?- Volvió a desafiar mirando a la felina de la misma forma que ella.
-¡A ver, ya estuvo bueno!- Exclamo Fionna separándolos a ambos para que no se mataran- En verdad ustedes se la llevan como perros y gatos.
-Hay te hablan, Marshall- Comento Cake indignando por completo al joven.
-¿Es que no se la pueden llevar bien sin intentar matarse?- Pregunto Fionna, a quien le desesperaba la situación.
-Nos llevaremos bien el día en que Cake deje de tenerme tanto miedo- La última palabra fue algo que ahora si Cake no aguanto.
-¿¡Miedo yo!? Si, tu, como no ¡Deje de tenerle miedo a los vampiros hace mucho tiempo! Oh, espera un momento… tu ya no eres un vampiro lo que significa… ¡QUE PUEDO HACER ESTO!
Y entonces se lanzo a la cara de Marshall y empezó a arañarlo de tal forma que Lee le gritaba que se bajara e intentara quitarse a Cake de la cara mientras esta se desquitaba con el rostro del muchacho, quien al lograrse quitar a la felina del rostro, empezó una pelea a gritos, arañazos, golpes e incluso a mordidas con Cake. Fionna dejo escapar un suspiro al ver la ridícula imitación de pelea de lucha libre entre su hermana y Marshall y se sentó en el sofá de la sala a jugar con Beemo mientras Marshall Lee y Cake seguían gritando y peleando en el piso de la sala importándoles un bledo lo que la aventurera pensara. Sin embargo, llego un momento en el que Fionna no aguanto más y a como pudo separo al muchacho y a la gata y golpeo las frentes de ambos con la del otro a ver si eso era un mensaje suficiente para que ambos se calmaran.
Marshall paso un rato con el par de hermanas y, cuando ya estaba decidido a irse, al abrir la puerta entro un viento tan frio que Lee tuvo que cerrar esta instantáneamente terminando con la nariz rosada u los dientes titiritando del frio que hacia afuera. Las chicas no tuvieron otra opción más que dejarlo quedarse a dormir para que no terminara con un resfriado antes de llegar a su casa. Termino por dormir en el sofá de la casa, pero por lo menos no estaba caminando a su fría y aislada cueva en la que vivía.
-Buenas noches, Marshall- Se despidió Fionna, quien estaba apunto de subir las escaleras para ir a dormirse.
-Buenas noches, Fi. Descansa- Dijo Marshall, quien ya estaba recostado en el sofá con una manta y una almohada que Fionna le presto para pasar la noche ahí.
Fionna subió a la habitación donde ella y Cake dormían con una sonrisa formada en el rostro. Marshall en verdad era un buen amigo, y aunque a veces llegara a ser un poco irritante y pesado, ella lo quería fuera como fuera…
¡LAMENTO MUCHO LA TARDANZA, EN SERIO! Oigan, se que dure siglos para hacer este capitulo, pero en mi defensa, lo único que puedo decir es esto ¡TODA LA MALDITA CULPA LA TIENEN LOS PROFES! No es por ser quejona ni nada, pero a veces esto de que uno te deja tres tareas y el otro te deja otras dos y son para el mismo día y todavía se te juntan las de los demás días como que no me parece muy justo. Una vez más, mil disculpas por haberme tardado. ¡Ustedes saben que jamás los dejaría por nada! ¡Yo vivo de ustedes, de mi público bonito, fino y conocedor!
Bueno, un saludo, un abrazo, un beso y tres hurras a: sAYa21ANGEL, ADLL10, Gumball Lee, Fiioremarcy117, Paqs y .33 por sus Reviews en el capitulo anterior. Bueno, yo me despido para seguir con el resto del día. Nos vemos en la próxima. Adios.
Riux, Cahitooo… Digo… Chaitooo.
P.D- ¡Sigan alargando su vida diez años, mi publico!
