De regreso a mi vida.

Capítulo 8: La anunciación de una posible muerte.

No faltaba mucho para que sus labios se tocaran y cuando estaban a punto de hacerlo un toqueteo en la puerta los interrumpió obligándolos a separarse de golpe y también regresándolos a la realidad, lo que hizo que recobraran conciencia de lo que estuvieron a un pelo de gato de arruinar la buena amistad que Marshall y Fionna tenían. Los jóvenes estaban que se los llevaba el tren, la temperatura de sus caras había subido al grado en que parecía que se habían puesto maquillaje de más y no tenían ni la menor idea de qué decirse, pues hasta hablar se les olvido luego de haber recobrado la consciencia. Marshall quiso decir algo para romper el incomodísimo silencio que se hizo presente en la sala, pero por fortuna la puerta volvió a ser golpeada esta vez con más fuerza y acompañada de los gritos de una persona bien conocida tanto como para Marshall como para Fionna. Un poco apenado todavía por lo ocurrido, Lee tuvo el valor suficiente para extenderle la mano y ayudarla a levantarse para luego dirigirse a la entrada y girar el picaporte revelando que detrás de la puerta estaba el Príncipe Gumball agitado y al parecer un poco desesperado. Bueno, solo esperaba que la situación fuera lo suficientemente grave como para llegar tocando como demente la puerta de SU casa.

-¡Marshall Lee, que bueno que te encuentro!- Exclamo Gumball- Rápido, tengo que llevarte a mi laboratorio a hacerte unos estudios.

-¿¡Que cosa!?- Grito Marshall sin entender absolutamente nada de lo que estaba ocurriendo.

-Tu tranquilo, me asegurare de que no te duela demasiado ¡Ahora vámonos!- Le dijo tomándolo del brazo e intentando llevarlo afuera, pero como era común en Gumball este no pudo mover ni un solo centímetro a Marshall de donde estaba parado.

-¿Qué está haciendo?- Pregunto Fionna al encontrarse con la escena.

-No lo sé- Y luego de decir eso, Marshall jalo su brazo hacia atrás dejándolo cara a cara con Gumball, quien nunca se esperó eso- A ver pegajosito, vas a decirme que te tiene tan alterado en este instante porque…

-¡Gumball, apúrate!- Resonó la voz de Cake por la entrada de la cueva y todo el mundo volteo a ver a la gata, quien se encontraba arriba de Lord Monochromicorn. A Fionna entonces todo se le revolvió. Se suponía que Cake estaría con Lord Monochromicorn, en efecto, pero en una cita y no apurando a Gumball en la entrada de la guarida de Marshall y tanto este como la aventurera le dirigieron la mirada de una forma en la que querían decir que exigían una explicación.

-Es una larga historia, chicos. Por ahora Marshall Lee tiene que ser estudiado antes de que todo se ponga peor.

-¿A qué te refieres con antes de que todo se ponga peor? ¿Tengo que recordarte que no puedes ocultarle nada al Rey de los Vampiros?

-¡Dejaras de ser el Rey de los Vampiros muy pronto si no haces caso de lo que digo! ¡Ahora muévete!- Le grito. Fionna y Marshall quedaron más que pasmados cuando Gumball, quien rara vez se enojaba, tomo esa actitud con Marshall. Definitivamente algo malo estaba pasando y Fionna lo presentía, pero no estaba muy segura de lo que era.

Subieron al lomo de Monochromicorn unos momentos después y cuando todo el mundo estuvo a bordo este se echó a volar por el aire siguiendo las órdenes del príncipe Gumball, quien platicaba con Cake a una distancia alejada de Fionna y Marshall, quienes no alcanzaban a escuchar nada de nada de la conversación porque aparte de que la distancia era mucha, las ondas sonoras del viento no los dejaban escuchar bien. Cuando ya estuvieron sobrevolando el Dulce Reino el corcel volador se deslizo en diagonal por el aire hasta entrar al laboratorio del príncipe por una ventana abierta y en el momento en que el caballo se detuvo, Gumball bajo rápidamente de este y le pidió a Marshall Lee que se sentara mientras él iba a buscar unas cosas. Marshall no tuvo otra opción más que sentarse en una silla de madera que estaba cerca de una caja de cristal con un par de ratas de laboratorio que no se veían muy bien.

Cuando menos lo pensó el Dulce Príncipe ya lo había obligado a abrir la boca con uno de esos tan odiados palitos que usaban los médicos y por si fuera poco no falto la pequeña linterna alumbrando al interior de la boca de Marshall mientras Gumball buscaba algo extraño, aunque desde el punto de vista de Marshall la única cosa extraña que él veía era el mismísimo Gumball. No supo porque pero todo lo que le hacia lo anotaba en una libreta como si de un experimento se tratara y era crucial analizarlo. Le hizo varias pruebas, y entre ellas distinguir el olor de un queso bien podrido y otro con un olor mejor que el anterior, pero lo que si no le pareció en nada a Marshall fue el que le hubieran sacado sangre de un momento a otro y sin por lo menos haber sido advertido de eso. Sin embargo, ni por más gritos y regaños que le dio Marshall el Dulce Príncipe en ningún momento aparto el ojo del cristal del microscopio.

-Dulce Príncipe- Llamo Fionna y por fin Gumball se dignó a apartarse del aparato.

-¿Sucede algo, Fionna?- Pregunto este como si no hubiera pasado nada los últimos minutos en los que los estuvo involucrando en algo de lo que no tenían idea de lo que se trataba.

-Príncipe, en todo este tiempo que lleva experimentando con Marshall no nos ha dicho porque estamos aquí y creo que él y yo merecemos una respuesta, una explicación.

-Si Gayball, ya estuvo bueno de tanto misterio, ¿no crees?- Dijo Marshall.

-Es que no quiero alarmarlos, pero Cake puede decirles- Y entonces señalo a la gata, a quien no pareció gustarle mucho la idea de tomar la palabra.

-Eh… Ay, miren la hora, se nos está haciendo tarde a Mono y a mí para ver a mis suegritos lindos- Dijo Cake fingiendo que tenía un reloj en la muñeca y soltando unas risas medio nerviosas- Nos vemos, Fionna.

Al decir eso, Cake se subió en el lomo de su novio y este salió del laboratorio de la misma manera en la que había entrado dejando a Gumball solo y salvándose de dar una noticia que posiblemente le bajaría los ánimos a los dos porque por más que Fionna intentara ocultar un secreto Cake siempre terminaba por descubrirlo y la gata por ahora solo podía decir que la relación que se estaba presentando con su hermana y el Rey Vampiro no era de simple amistad y sabía muy bien que a su hermanita le dolería como nada nunca le había dolido perder al que era casi como su hermano.

-¿Y bien, Gumball? Empieza a cantar antes de que te obligue a hacerlo- Exigió Marshall mirando al monarca un poco enojado. Ahora si el Dulce Príncipe estaba en medio de un problemón porque no solo corría el riesgo de que Marshall pudiera morir, sino el que Marshall podría matarlo si no encontraba la manera de curarlo.

-Chicos, estuve haciendo unos experimentos con mi invento para saber si Marshall Lee corría alguna especie de peligro y lo que encontré no fue comprometedor- Intento explicarse y fue ahí cuando el corazón de Fionna se aceleró- La manzana que regenere con el rayo no me estaba dando las muestras de peligro necesarias y me vi obligado a probar el arma con un ser vivo como mis ratas.

-¿La radiación le hizo esto a tus ratas?- Pregunto Fionna acercándose a la caja de cristal donde estaban los roedores, que estaban acostados tosiendo un poco de sangre como le paso a Marshall.

-Sí. El rayo primero elimino lo que las convirtió en mutantes hechos de dulce como yo, mi gente y todos los monstruos de la Tierra de Aaa y las convirtió en ratas normales, de esas que existían antes de que las bombas explotaran. Después todo pareció llegar a un punto un poco más crítico que sucedió como luego de seis horas; empezaron a estornudar mucho y a toser con sangre- Volteo a ver a Marshall- ¿De casualidad no te ha pasado algo similar?

-Ah, qué curioso, ahora que lo dices deje una mancha de sangre en mi alfombra como hace media hora.

-Lee, escúchame con atención. Tu organismo humano está sufriendo los efectos secundarios que tiene el arma que cree. Hay una variedad peligrosa de cosas que la radiación puede traerle a tu cuerpo y ya sufres de la primera. No estoy seguro de cuanto pueda tardar la siguiente y no sé lo que sea, pero hare lo posible.

-¿Estás diciendo que por culpa de la radiación… en cualquier momento Marshall… puede morir?- Dijo Fionna con miedo y, para su desgracia y la del Rey Vampiro, el Príncipe Gumball asintió de manera leve.

-¿Y hay posibilidades de evitarlo?- Una negación fue la respuesta a la pregunta de Marshall.

-Todavía no sé cómo hacerlo. Pero te prometo que hare lo posible porque sigas viviendo para cuando termine la semana, pero por lo que vi en la muestra de sangre que te saque, la radiación se expande a un ritmo muy lento y a menos que te expongas mucho al peligro las cosas podrían acelerarse un poco.

-¿Y eso tú? Háblame en español, viejo.

-Lo que digo es que si intentas no meterte en problemas durante un tiempo la enfermedad se retrasara, ¿me comprendes?

-Ay, por fin, por un momento pensé que me estabas hablando en chino- Comento el joven cuando por fin entendió- Pero solo por curiosidad ¿eso también quiere decir que no podré patearle el trasero a los monstruos con Fionna?

-No hasta que averigüe como curarte y desde ahorita te digo que si no encuentro una forma sensata de salvarte la vida, Marshall… Tendrás que verte obligado a ser un vampiro de nuevo.

Ahí Marshall Lee si no supo que responder. Estaba en peligro de muerte y lo aceptaba, él no le tenía miedo a la muerte sobre todo porque era buen amiga de su madre, pero llegar al punto en que tendría que volver a ser un muerto en vida para no terminar tres metros bajo tierra era algo que en verdad preocupaba mucho a Marshall Lee. Disfrutaba… no… ¡Gozaba ser un vivo otra vez! Y el solo pensamiento de que tendría que volver a sufrir, a ver morir a sus seres amados mientras el tiempo seguía congelado para él era lo que menos quería. No quería que lo volvieran a llamar monstruo, no quería volver a ser señalado como un chupasangre desalmado, simplemente no quería ser vampiro otra vez. Se divertía volando en las noches asustando a todos los que se le cruzaban en su camino, eso no lo iba a negar, pero por un lado estaba la diversión y por el otro lado estaba la realidad, que era el odio y miedo que todos le tenían ¿Cuántas veces no vio a hombres, mujeres y niños huir despavoridos ante su sola presencia? ¿En qué momento no hubo animal que temblara y se escondiera en donde pudiera cuando él les pasaba por un lado? ¿Cuántas veces no lo llamaron monstruo o demonio de Nocheosfera? Muchas veces le sucedió eso y negarlo no era una opción. Si todavía se acordaba de lo que sucedió hace quinientos años, cuando los antepasados de los habitantes de todos los reinos intentaron quemarlo en la hoguera por ser el Rey de los Vampiros, que en aquellos tiempos era la peor de las criaturas existentes.

Bueno, mejor ser odiado que morir… ¿verdad?

….

Era una especie de cueva ubicada en quién sabe dónde, pero seguramente lo suficientemente lejos como para ocultar algo… o a alguien. Al fondo de la cueva se escuchaban unos gritos, unos llamados de auxilio que apenas eran audibles en la entrada de la cueva. El interior era completamente oscuro, pero lo que no se sabía de esa cueva era que tenía otro pasillo que llevaba a una cámara oculta entre la oscuridad, y si se adentraba por ese pequeño pasillo apenas era posible ver una lucecilla parpadeante al fondo de este que era acompañada por los constantes gritos de mujer pidiendo ayuda mientras esta parecía golpear desesperada una puerta de madera, y es que el pasillo oculto llevaba a una cámara iluminada sin nada más que una mesa, una silla, una jarra llena de sangre, un vaso con el mismo liquido en su interior y un ataúd bien asegurado con cadenas y candados, siendo golpeado desde adentro junto con los gritos que se mencionaron anteriormente.

Eran los gritos de Hanna Lee los que provenían del interior de las clásicas cajas en forma de romboide que se usaban para enterrar a los muertos y por más que esta intentaba traspasarla desde adentro la madera no se hacía ningún daño. Ella gritaba desesperada que alguien la ayudara, que la sacaran de donde sea que su verdugo la tuviera, pero había de esperarse que su secuestrador no la dejo abandonada dentro de una caja en medio de un lugar donde cualquier criatura podía oír sus gritos y liberarla solo por la simple curiosidad de saber que había dentro del ataúd.

-¡Sáquenme de aquí! ¡Auxilio!- Gritaba Hanna sin dejar de golpear y patear la puerta del ataúd- ¡Alguien por favor ayúdeme! ¡Abran!

Y de repente se oyeron unos pasos, lentos, resonaban por todo el lugar y llegaban a los oídos de ella. Hanna detuvo tanto los gritos como los golpes y patadas a la madera y apoyo una de sus orejas en la puerta para escuchar mejor. Primero fue como si alguien estuviera bajando a paso lento unas escaleras y unos momentos después juro haber oído que esos mismos pasos iban directo hacía ella, pero de un momento otro no escucho nada. Y cuando por un momento llego a tragarse que se lo imagino, al o alguien, desde afuera, golpeo con brutalidad la puerta del ataúd provocando que Hanna se apartara de esta y se golpeara la espalda contra la otra pieza echa de madera que estaba detrás de ella. Se asustó, no lo negaba, y por un pequeño agujero que tenía el ataúd en la puerta vio una silueta borrosa, pues el espacio del agujero no era lo suficiente para ver a su secuestrador completamente, pero al momento un ojo con la pupila deformada en forma vertical se hizo presente sacándole otro susto a la señora Lee. No había ninguna duda; el sujeto que se auto-culpo del asesinato de Víctor Bangladesh la tenía presa en algún lugar donde seguramente nadie la encontraría.

-¿Esta cómoda, madame Lee?- Le pregunto su verdugo y después dejo escapar unas risas burlonas.

-¿Qué quieres de mí?- Pregunto ella, temerosa de lo que ese loco podría hacerle. El sujeto únicamente volvió a reírse.

-No quiero absolutamente nada de usted, mi Señora, si no de su hijo si es que puedo llamarlo así.

-¿De Marshall? ¿Qué podrías obtener tú de él?- Dijo, desafiante.

-Muchas cosas. La Nocheosfera, por ejemplo y obviamente el título de Rey de los Vampiros. Estoy seguro que no será una tarea difícil borrar a Marshall Lee del mapa sin que nadie se dé cuenta ¿Usted qué cree?- Le dijo.

-¡Digo que eres un demente! En cualquier momento se darán cuenta de mi rapto y mandaran al Mensajero Real para darle el mensaje a Marshall y entonces serás tú el que este en un ataúd- Amenazo la señora Lee muy segura de sus palabras.

-Ah, el legendario Mensajero de la Familia Real de Nocheosfera. Sí, creo haber visto a ese sujeto un par de veces más la de ayer en la noche- El pánico la invadió en un abrir y cerrar de ojos. No, no pudo haber pasado lo que ella estaba pensando- ¿Sorprendida? Yo también.

-¡No me vas a engañar con tus trucos baratos! El Mensajero es también un excelente peleador y no hay manera de que hayas detenido su llamado a mi hijo.

-¿Es eso lo que cree?- Cuando Hanna estaba dispuesta a poner en su lugar a quien sea que fuera ese hombre la punta de una navaja atravesó de repente la puerta del ataúd dejando está bastante cerca del ojo de ella y luego de que el verdugo pudo sacarle un susto de muerte a la madre de Marshall este retiro la navaja para luego decir:- Déjeme explicarle un par de cosas para que entienda la obra; uno, la muerte de Bangladesh era crucial para asegurarme de que mi plan saldría bien; dos, su secuestro es solo para prevenir cualquier tipo de problemas; tres, el Mensajero Real no pudo entregarle el mensaje a Marshall Lee porque le bloqué la memoria; y como gran final está la muerte del Rey de los Vampiros y mi llegada atrasada al trono de la Nocheosfera.

-¿Tu llegada atrasada?- Pregunto Hanna, a quien todavía le titiritaban los dientes por haber estado a un pelo de gato de perder un ojo.

-¡Si, será el mejor de los finales! Lo bueno es que habrá empleados quienes limpien el desastre, y con desastre me refiero a sangre, mucha, mucha, pero mucha sangre. Y si me vas a preguntar de quien solo te diré que tu "hijo"… de esta no se salva.

-¿Cuál es tu nombre?- Le hablo lo más normal que pudo, no quería hacer enojar a ese hombre y mucho menos ahora que acababa de descubrir que había perdido un tornillo- Dime tu nombre, por favor. Quiero por lo menos saber quién me ha secuestrado.

-Yo, madame, soy Alabaster Skull. Posiblemente no me conozca, soy solo uno de los tantos monstruos que hay en el Bosque Negro, y no me gusta presumir pero de todos ellos yo soy el que tiene más experiencia cortando cuellos. Ya sabe cómo soy, me presente en su oficina, ¿lo recuerda? Atravesé su mano con mi querida arma- Dijo poniendo al frente la hoja de metal manchada en sangre y poco después Hanna puso su mano al frente encontrando que estaba vendada y que todavía le dolía.

-No has respondido mi otra pregunta. Dijiste que la muerte de mi hijo sería el último acto y tu llegada atrasada al trono de Nocheosfera, pero no entendí eso.

-Mi Señora, no es algo difícil de comprender, pero solo para no hacerla sufrir más se lo diré. Mire, cuando Algul Abadder murió apenas si pudieron encontrarlo a tiempo para mandarle un mensaje a su esposa y a su hijo, mensaje que le fue entregado a usted, ¿lo recuerda? Las últimas palabras de un vampiro que se fue a la tierra del Nada escritas en una hoja de papel con tinta negra; una escena conmovedora, diría yo. Pero pasando a lo verdaderamente emocionante, el culpable del asesinato del único Rey Vampiro bueno que existió fue causada por su servidor. Madame, yo soy el asesino de Sir Algul Abadder.

-¿¡Que tú eres quien, maldito desgraciado!?- Se enfureció ella, pero al mismo tiempo hizo reír a Alabaster.

-Y eso no es todo, my lady- Dijo el muy sínico entre risa y risa- Creo recordar que también le dije que fui yo quien condeno a su hijo un momento antes de dejarla inconsciente. Bueno, antes de que se tome la molestia de preguntar que quise decir con eso, solo le diré que aparte de haber matado a su esposo, también fui terminando por convertir en vampiro a su único hijo. Oh, sí, yo también convertí a Marshall Lee en el monstruo que es hoy.

Hanna no tenía palabras. Había descubierto al culpable del peor de los sucesos de su vida y de la peor forma posible, no por un sirviente, no por alguien que desde un principio hubiera sabido el secreto, sino por el mismísimo asesino de su esposo en persona. Este tipo debió haber escapado antes de que los guardias del Rey de los Vampiros encontraran su cuerpo moribundo quien sabe qué punto de la Tierra de Aaa porque si hubieran averiguado quien había sido el asesino de Algul sin duda alguna le habrían informado, pero cuando se le dio la noticia no hubo más que un pésame y un llanto por parte de ella. No había posibilidades de que el tal Alabaster estuviera siendo protegido por alguien cercano a la Familia Real de Nocheosfera porque la primera vez que lo vio a simple vista se notaba que no debía ser de muchos amigos. El punto aquí era que Skull estaba loco y quería quitarle a Marshall su lugar como el Rey de los Vampiros y no era nada raro que el asesino fuera el siguiente en tomar el mando, pero aquí lo raro fue que Alabaster nunca se presentó, nunca dijo que de tal momento en adelante la Nocheosfera estaría sometida bajo sus pies y se suponía que mientras el monarca asesinado no hubiera tenido descendientes o el heredero aún era muy pequeño para ser rey, lo único que este tendría que hacer sería poner su trasero en la "silla de Drácula" por así decirlo, porque si lo mato nada más así sin querer asumir el mando como el nuevo y todopoderoso Rey de los vampiros, entonces la señora Lee no encontraba una razón por la que Alabaster hubiera querido matar a su esposo.

-¿Por qué no reclamaste la Nocheosfera? ¿Qué te impidió decirle al mundo que desde ese día en adelante serias el nuevo rey?- Le pregunto.

-¡YO NO SABIA QUE ALGUL ABADDER ERA EL REY VAMPIRO!- Grito, golpeando la puerta del ataúd con ambas manos haciendo que Hanna se asustara- ¡De haber sabido que ese loco era el sujeto a quien todos querían por ser un buen rey hubiera corrido a Nocheosfera diciéndoselo a todos! Sin embargo me entere muy tarde, demasiado diría yo. Cuando me di cuenta, el hijo de Abadder ya era rey ¡Con un demonio, me lamente cada segundo del día no haber tenido en cuenta quien era Algul Abadder!

-¿No estabas enterado de quien era el rey?- Pregunto ella, curiosa.

-¡NO!- Volvió a gritar Alabaster- A mí me expulsaron de Nocheosfera antes de que Algul se convirtiera en rey y curiosamente un día antes de que todo el mundo supiera el nombre de su siguiente soberano. La madre de Algul, Reina Vampira en ese entonces, lady Elizabeth, me exilio por haber masacrado a una familia de demonios y vampiros. Vaya, incluso antes de matar a su marido era un asesino, ¿usted cree?

-Me lo imagino- Comento Hanna sin mucho entusiasmo.

-Como sea, esta palabrería me ha causado sed ¿Gusta algo de tomar?- Y ahí estaba la clásica pregunta de un verdugo. Típico de ellos, primero atemorizaban a su víctima, luego les ofrecían comida y cuando uno menos pensaba ya estaba reunido con los antepasados de sus antepasados por la simple razón de que había una gota de veneno escondida entre el agua, pan o lo que sea que el verdugo ofreciera.

-Paso, muchas gracias- Dijo Hanna y Alabaster ni dijo una palabra más, pues simplemente escucho como jalaba una silla para luego ver, a través del agujero del ataúd, como se tomaba un vaso lleno de sangre y como al terminar se servía otro y otro hasta que la jarra quedo vacía. Para entonces Alabaster tenía dos ríos de sangre saliendo de su boca y una mirada perdida en el vaso en el que acababa de tomar sangre.

-Una cosa curiosa de los vampiros es que nos es difícil contenernos cuando vemos sangre en cualquier lado. No nos detenemos hasta que no queda ni la gota más insignificante- Dijo y después estrello el vaso contra la mesa rompiéndolo en mil pedazos y también provocando que quedaran varios cristales encajados en su mano- Y a pesar de que bebemos cantidades enormes de sangre nosotros seguimos sin tener nada de eso. No sangramos, nos regeneramos- Agrego, quitándose los cristales y observando como las heridas de la mano se cerraban, pero sin una sola gota de sangre escurriendo- Creo que es muy raro que las criaturas nos digan que somos "la raza más cercana a la humanidad" Para mí somos la raza más alejada a ellos.

-Algul siempre decía que las apariencias no importaban. Él le decía a Marshall que aunque uno sea diferente del otro, son iguales.

-Su esposo era uno de los pocos hombres buenos que quedaron en la Guerra de los Champiñones. La Nocheosfera lo quería mucho, me entere. Que lastima que ahora está muerto pero lo que tenía que hacerse se hizo y puede sonar triste pero así es la vida para muchos. La muerte de Abadder trajo muchas consecuencias al mundo de los humanos y aunque los gobernantes lograron impedir que se soltaran las bombas por un plazo de doce años de igual modo todo se nos fue a la mierda.

-Vas a terminar lamentándote, Alabaster. No te conviene declararle una guerra a mi hijo y mucho menos por el puesto de rey.

-Es por eso que me asegurare de tomarlo por sorpresa en su peor momento. Usare el viejo arte del apuñalamiento por la espalda, en eso soy un maestro.

-Me imagino que en tu casa te conocían más como traidor que como asesino- Comento la señora Lee haciendo que Alabaster se riera sonoramente.

-¿En mi casa? ¿Qué quiere usted decir con eso? Desde que tengo memoria mi hogar fueron las calles de Nocheosfera, seguida de un tiempo en prisión para ir a terminar exiliado en un bosque junto con los humanos ¡Ay, solo recordarlo me provoca ganas de cortarle el cuello a alguien! Pero bueno, no tengo tiempo para eso. Tengo que asegurarme que mi plan funcionara bien y también que es seguro tomar el control de la Nocheosfera. Seguramente nos veremos antes de que termine la semana, madame Lee y para entonces no se moleste en buscar a Marshall Lee. Sayonara.

Hanna oyó los pasos de su verdugo alejándose a un paso más rápido del que llego y luego atino cuando Alabaster empezó a subir las escaleras por las que llego y como, de un momento a otro, estos desaparecieron dejándola sola, atrapada en un ataúd de madera mientras su único hijo estaba en peligro de muerte y a punto de ser asesinado por un demente. Normalmente ella no lloraba por cualquier cosa pero en esas circunstancias no pudo hacer otra cosa más que recargar su frente en la puerta de madera, cubrirse el rostro con ambas manos y llorar desconsoladamente rogándole a Glob que Marshall saliera vivo de lo que Alabaster ya tenía preparado para él.

-Oh, Algul…- Empezo a rogarle a su difunto esposo al ya no poder hacer nada más-… cuida de tu hijo.

Y como si el cielo la hubiera escuchado, este se nublo y empezaron a caer gotas de lluvia acompañadas de unos feroces rayos que cubrieron a toda Aaa…

¡Y Glob dijo "¡Que regrese Riux!" y Riux trajo consigo otro capitulo de su fic.

¡Hola, gente bonita, hermosa, preciosa! Si, señor, eh regresado y conmigo el octavo capitulo de mi fic Fiolee, que espero y les haya gustado todos ustedes mi publico fino y conocedor ¡recuerden que yo vivo de ustedes y sus Reviews! Y si, Sally esta como nunca lo ha estado, solo falta que le pongamos batería nueva porque la que tiene ya esta un poquitín desgastada. Como sea, para celebrar que eh vuelto hare el siguiente capitulo en honor a la persona que en un Review atine a decir cuantos años tengo… ¿Facil, verdad? Por otro lado, ¿Qué creen que valla a pasar con Marshall y su enfermedad? ¿Podra el Príncipe Gayball ayudarlo a no morir? Descubranlo en el siguiente capitulo. Ahora si, nos vemos. Adios.

Riux, Chaitooo.