De regreso a mi vida.

Capítulo 9: De noches, miedos y confesiones.

Había llegado la noche. Para esas horas toda Aaa estaba escondida entre el colchón y las sabanas durmiendo, sin preocupaciones, sin nada de qué preocuparse o que temer porque sabían que todo problema que tuvieran podía ser solucionado con la ayuda de la reconocida heroína del lugar. De lo único que esas personas no estaban conscientes era que en esos momentos Fionna la humana estaba un poco ocupada con lo ocurrido con Marshall Lee y todo ese rollo del que sin ninguna duda nadie estaba enterado, o quién sabe. Durante todo el día había estado lloviendo y apenas hace unas horas los espantosos truenos que le daban miedo a los niños y, porque retirar esta parte, hasta hicieron que Gumball gritara como la nena rosada que Marshall aseguraba que era. Las calles se hicieron muy resbalosas y el camino a la casa de Fionna muy lodoso, por lo que se le ofreció quedarse a dormir en el castillo y ella acepto por dos razones; una, que tenía que estar con Lee en todo momento para estar segura de que no le pasaría nada malo; dos, no podía llegar a la casa llena de lodo y mojada porque Cake le daría el regaño de su vida si es que así sucedía. En fin, el caso es que todo el mundo se había quedado a investigar el caso de Marshall hasta quien sabe qué horas de la noche y ahora todos estaban dormidos, o más bien desmallados y roncando en sus asientos pues el sueño les gano en el momento menos esperado.

Fionna estaba dormida sentada en una silla cerca de una pared, Gumball también estaba sentado, pero con la mejilla recargada en el escritorio donde hace unos momentos estaba anotando unas cosas y, por otro lado, estaba Marshall, también dormido en una silla, pero con la cabeza más inclinada que Fionna y con un hilo de baba saliendo de su boca al tiempo en que roncaba como si del motor de una motocicleta se tratara. Ya le faltaba muy poco para caerse de la silla, y cuando eso estaba a punto de ocurrir, algo más paso, como una especie de llamada sobrenatural.

Marshall.

La mención de su nombre logro hacer que se moviera un poco del asiento, pero no fue lo suficiente para despertarlo.

Marshall, despierta.

Esa última frase si logro hacer que el muchacho entre abriera los ojos, pero eso no lo hizo despertarse por completo.

¡Hijo, despierta!

Y como resultado de ese último llamado Marshall finalmente se cayó del asiento golpeándose la cabeza con el piso terminando por despertarse por completo con un terrible dolor de cabeza. Volteo a todas partes intentando hallar al dueño o dueña de la voz que lo despertó e hizo que se golpeara, pero más bien parecía una voz de hombre mayor que, curiosamente, se le hizo muy familiar, sobre todo porque le llamo "hijo", pero dudaba mucho que su padre hubiera llegado de la nada y luego desaparecer. Si, estaba consciente de que después de que cumplió seis años de su padre no había visto ni sus luces porque murió, según le dijo su madre cuando lo rescato del mundo de los vivos y le dijo que pertenecía a la Nocheosfera, que era el Rey Vampiro y bla bla bla. Además en los castillos se ven fantasmas a cada rato e incluso el castillo de Gumball debía tener alguno por allí y no era probable que hubiera sido su padre porque… bueno… él apenas tenía seis años desde la última vez que lo vio y no era posible que se le hubiera quedado bien gravada la voz de su propio padre.

-¿Hola?- Llamo él para ver si había alguien en la habitación, pero solo estaban Fionna y Gumball dormidos- Debe ser otro de los efectos secundarios de la radiación.

-¿Qué cosa?- La pregunta hizo que Marshall volteara en la dirección donde se encontraba Fionna, quien le había preguntado lo anterior.

-Pensé que estabas dormida, Fionna- Comento él.

-Yo también creía lo mismo pero te escuche hablando solo y quería saber si estabas bien- Dijo ella.

-Estoy bien. No me pasa nada malo, solo tengo un síntoma muy extraño recorriendo cada célula de mi cuerpo por culpa de niveles de radiación que tal vez podrían hacerme terminar tres metros bajo tierra en poco tiempo… Sí, creo que estoy bien- Dijo Marshall como si del clima se estuviera hablando.

-Marshall, amigo, ¿en verdad no te preocupa el poder morir? Tu querías regresar a tu vida humana y solo la disfrutaste un día. Ahora estas en peligro de muerte y por culpa de tus propios deseos ¿No te parece frustrante?

-En realidad ya me esperaba algo como esto, Fionna. Cuando Gayball dijo que fue radiación lo que me convirtió en humano entendí que esto me traería uno que otro problema. Antes de que las bombas estallaran nos enseñaban que había niveles muy altos de radiación con los que se podía hasta mutar animales, pero era muy peligrosa para los humanos porque los primeros con los que se hicieron experimentos radiactivos murieron en horas o en unos días.

-Me imagino que tú también estas en el mismo lugar que ellos.

-Pues yo no tengo un ojo hinchado o manos del tamaño de la pata de Cake cuando se hace grande, pero los efectos secundarios son muchos. En mi caso, el toser y escupir sangre viene siendo lo mismo que un ojo deformado.

-Que valiente, Marshall. En tu lugar yo ya estaría llorando, viejo. Eres una cosa tremenda, eh.

-En parte me lamento y en parte no. Cumplí con lo que quería, volví a sentir lo que es ser humano de nuevo y de eso no me quejo; de la otra parte casi no me quejo por lo mismo, aunque no me gustaría estar casi con un pie en la tumba.

-A mí también me gustaría que no estuvieras así. Eres mi mejor amigo y te quiero, además no podría imaginarme ir de aventuras sin ti.

-Hey, mujer, ya cálmate. Mi muerte no será el fin del mundo, eso creo. De la Nocheosfera tal vez, pero mi madre puede mantenerlo todo en orden… creo.

Todo eso estaba mal ¡Estaba más que mal! Marshall Lee no debería estar en esas condiciones en esos momentos y por cómo decía las cosas parecía que ya estaba aceptando su condena de muerte, cosa que ella para nada podía permitir que pasara porque no quería que Marshall muriera teniendo en mente una actitud tan negativa como lo era aceptar su muerte ¡Por amor de Glob, él era Marshall Lee, el Rey de los vampiros! No había persona más terca que Fionna conociera como a su compañero de aventuras y quién sabe si el problema toxico ya le hubiera llegado a la cabeza pero de esa forma no actuaba él. Y si la pregunta tenía que ver con si sentía lastima por Lee, la respuesta era un firme si porque su apariencia ya estaba empezando a cambiar físicamente; ahora se notaba más cansado y parecía que no había dormido en tres días enteros sin contar con el hecho de que hasta poder hablar podía hacérsele difícil. Se veía más pálido, no tanto como cuando era un vampiro, sino que de un tono más claro del que era su piel el día de ayer. El Dulce Príncipe les advirtió en la tarde que podía aparecer otro tipo de consecuencias en cualquier momento y fuera lo que fuera Fionna solo podía estar segura de que no sería nada que pudiera favorecer a Marshall de una u otra forma.

-Perdí el sueño cuando me caí de la silla ¿Qué te parece si vamos a algún lugar, eh? Solo para distraernos un rato y luego regresamos- Sugirió el joven.

-¿Y si Gumball despierta? Te dijo que te quedaras aquí para poder encontrarte una cura.

-El sujeto está dormido, Fionna y si salimos disimulados y sin hacer ruido podremos burlar a todos sin que nadie se dé cuenta.

-¿Estás seguro? Digo, puedes sufrir un ataque en cualquier momento o un infarto y yo no tendré idea de que hacer.

-No va a pasar nada. Ven, sígueme- Para cuando Marshall la tomo del brazo Fionna ya no tuvo tiempo de decir nada. Marshall simplemente la saco del cuarto y con cautela salieron del castillo burlando a todos los guardias tal y como Marshall había prometido que pasaría.

Batallaron un poco para cruzar por las calles del Dulce Reino sin resbalarse con el agua o con el lodo que se formó con la combinación de tierra y agua. Por supuesto que se deslizaron por accidente por la calle o por las banquetas una que otra vez sacándose risas el uno a otro, pero sin haber caído ni una sola vez. Poco tiempo después salieron del Dulce Reino con los zapatos mojados y llenos de lodo por debajo y cruzaron todo el bosque de árboles con hojas rosas y troncos extraños que rodeaban al Dulce Reino Marshall reto a Fionna a jugar con él en una carrera pero sin decir en ningún momento hasta qué punto. Fionna se negó al principio por no poner a Marshall en riesgo por su culpa pero cuando menos lo pensó el muchacho ya casi llegaba a mitad de la llanura gritándole que era muy lenta. Fue ahí cuando el orgullo de Fionna se vio insultado y esta se echó a correr de igual manera gritándole a Marshall que dejaría de reírse cuando lo alcanzara o cualquier otra cosa que se le ocurriera para insultarlo, pero lo único que escuchaba del muchacho era sus agraciadas carcajadas que se oían desde lejos.

La joven término por atravesar un bosque completo por el que también había entrado Marshall hasta llegar a orillas de la playa de Aaa. Recordaba bien ese lugar, fue cuando Cake hizo su intento en vano por ayudarla a superar su fobia al océano, cosa que no termino muy bien porque aún seguía teniéndole pavor a este. Giro su cabeza a todos los ángulos que pudo buscando con la mirada a Marshall Lee, pero no había ni una sola señal de él por ningún lado y a menos que Lee hubiera conservado su poder de invisibilidad no había forma de que un humano pudiera desaparecer de la nada y eso lo sabía porque ella misma lo había intentado mil veces pero dejo de intentarlo cuando se dio cuenta que el cuerpo humano no estaba diseñado para desaparecer como lo hacían ciertas criaturas que ella conocía.

-¡Marshall! ¿¡Donde estas!?- Le llamo Fionna colocando sus manos alrededor de su boca improvisando un megáfono.

-Aquí estoy- Marshall apareció detrás de la aventurera sacándole un ligero susto y después una risilla.

-¿En dónde estabas?- Pregunto ella al no haberse dado cuenta cuando Marshall le llego por detrás.

-Estaba escondido atrás de un árbol. Estabas tan ocupada buscándome que no te diste cuenta cuando llegue pero ya olvidemos eso. Esto era lo que quería que vieras- Le dijo para después señalar hacia adelante con su dedo índice.

Fionna volteo al lugar al que Marshall le señalaba y se quiso regañar a si misma por no haber visto antes lo que ahora se encontraba frente a sus ojos. Tal vez era porque normalmente casi no iba a ese lugar y si lo hacía siempre era de día, nunca de noche. Era increíblemente hermoso el espectáculo que estaba frente a sus ojos en esos momentos. La luna estaba llena y parecía tocar ligeramente el agua de la playa iluminada por su luz, reflejando la infinidad de estrellas presentes ahí dándole un toque un tanto "mágico" a la playa e hipnotizada por la belleza del lugar Fionna se acercó a pasos lentos sin quitar la vista del horizonte, pero cuando sintió algo frio metiéndose dentro de su zapato la joven miro abajo y se encontró con que la marea le estaba tocando los pies a lo que Fionna reacciono pegando un grito y dando un salto hacia atrás para terminar cayendo sentada en la arena de la playa. Marshall se acercó riendo a donde estaba la humana y se sentó a su lado mirándola divertidamente mientras ella lo miraba pero no tan agraciada como él.

-No me digas que aún le tienes miedo al océano, Fi- Fionna no respondió, simplemente aparto la vista de Lee para que este no notara su vergüenza, ¿pero a él que le importaba si le tenía fobia o no al mar?

-Eso no es de tu incumbencia, Marshall. Déjame en paz.

-Oh, vamos Fionna, no lo dije para que te pusieras así. Ya tienes diecisiete años, mujer, no deberías tenerle tanto miedo al océano.

-¡Tú lo dices porque no le tienes miedo a nada, Marshall Lee!- Le grito, levantándose de la arena y señalándolo con el índice- ¡Si estuvieras en mi lugar entenderías mejor lo que yo siento!- Se dio la vuelta y empezó a caminar hacía el otro lado de la playa tratando de no dirigirle la mirada al joven.

-¿A dónde vas?- Le pregunto Marshall también levantándose de la arena.

-¡Me voy con Cake a casa! ¡A ver cómo le haces para regresar al Dulce Reino sin que te de un ataque!- Si, definitivamente Fionna la humana estaba enojada con él. Marshall la siguió corriendo y la rebaso por un lado y se colocó al frente bloqueándole el paso a la joven, quien lo miro casi deseando matarlo.

-¿Dije o hice algo malo?- Pregunto él.

-Solo quítate de mi camino, Marshall- Le exigió ella y al mismo tiempo hizo el intento por pasarle por un lado, pero el joven le bloqueaba el camino por donde sea que la aventurera quería pasar, sin embargo, llego un momento en que Fionna perdió sus estribos- ¡Muévete grandísimo imbécil!

-¿Ahora soy un grandísimo idiota? Porque hace como veinte minutos era tu mejor amigo y no soportarías perderme- Contradijo Marshall haciendo que Fionna apretara su mandíbula- Antes de que decidas romperme la cara solo te diré que puedo ayudarte a superar ese miedo tuyo, Fionna.

-¿En serio?- Pregunto la heroína relajándose un poco más y mostrando un rostro de interesada.

-Sí, pero para eso necesito que seas muy fuerte y que hagas todo ¡Y DIGO TODO!, lo que yo te diga.

-De acuerdo, siempre y cuando no tenga nada que ver con besarte- Sentencio Fionna.

-Ya veremos qué pasa. Ahora ven acá antes de que tu miedo siga creciendo y me mates tú en lugar de la radioactividad a mí.

Luego de decir eso Marshall le pidió que se quitara los zapatos y ella, al igual que él, lo hizo, y después la tomo de la mano y la acerco a la orilla indicándole que no se asustara por más que su cuerpo si lo hiciera. Y Fionna hizo lo que estuvo en sus manos, dejo que el agua le tocara los pies mientras ella apretaba con fuerza la mano de Marshall y los dientes le temblaban, pero cuando Lee la acerco otro poco más y el agua le cubrió el pie completo Fionna no pudo contenerse a pegar un grito y abrazar a Marshall clavándole las uñas en la espalda para luego rodear con sus piernas la cintura del joven, quien no tuvo ni la menor idea de cómo le hizo esa chica para atrincársele cuando menos lo pensó.

-Bueno, Fionna, es oficial, necesitas ayuda profesional- Soltó Marshall de la nada.

-Oh, viejo sé que esto es una pérdida de tiempo y entenderé si quieres dejar de ayudarme.

-¿Qué? Si yo nunca dije que no te iba ayudar, niña tonta. Es más, intentare otro método que seguro te gustara.

-¿Quieres que me baje?- Pregunto ella cuando se dio cuenta de que parecía koala aferrándose a un árbol.

-No, así estas bien. Pero de una vez te digo que más te vale no asustarte.

Sin decir nada más Marshall le ordeno a Fionna que se acomodara en su espalda y esta, sin entender que obtendría con eso, obedeció y se aferró al muchacho con miedo a caer en el agua si daba el más mínimo movimiento en falso. Cuando Lee sintió el peso de Fionna en su espalda este suspiro y se adentró a pasos pequeños un poco más adentro del mar y cuando Fionna entendió lo que tenía en mente se aferró más fuerte a la camisa de Lee con el corazón palpitándole al cien. No supo que hacer cuando el agua estuvo nivelada a la altura de las rodillas de Marshall quien a cada momento trataba de calmarla por si terminaba por alterarse, pero a pesar de los múltiples intentos que ella hacía para estar tranquila con cada paso que el chico daba para adentrarse al mar provocaba un miedo tremendo en Fionna y cuando por fin el agua llego a la cintura de Marshall y a la de ella sintió ganas de golpear a su compañero y salir corriendo despavorida a la playa. Pero cuando menos lo espero Marshall le dijo que tomara aire e instantáneamente se sumergió dentro del agua con Fionna todavía pegada a él.

Una palabra no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
igual que el viento esconde el agua
como las flores que esconden lodo

Estaba más que asustada, tanto, que tuvo que cerrar los ojos y esconder su rostro en la espalda de Marshall aguantando la respiración y al mismo tiempo el miedo tremendo que acababa de tomarla por sorpresa. Llego un momento entonces en el que Marshall Lee la tomo de las manos y con un movimiento rápido la aparto de su espalda y se giró hacia atrás sin soltarle las manos notando que tenía los ojos bien cerrados.

Una mirada no dice nada
y al mismo tiempo lo dice todo
como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro.

Fionna abre los ojos lentamente aun con miedo de encontrarse pérdida en el oscuro y tenebroso fondo del mar rodeada de otra cosa más que de oscuridad y monstruos marinos horribles decididos a matarla mientras ella en su desesperación se ahogaba con el agua. Sin embargo no fue eso lo que allí en el fondo, no vio solo oscuridad ni peces monstruosos con afilados dientes. El agua se veía un poco oscura, pero eso debía ser porque era de noche pero aun así los rayos de la luna lograban atravesarla alumbrando un poco.

Como la lluvia sobre tu cara
o el viejo mapa de algún tesoro

Una verdad no dice nada
y al mismo tiempo lo esconde todo
como una hoguera que no se apaga
como una piedra que nace polvo.

Marshall estaba ahí para ella, para ayudarla a perder su miedo, la tomaba de las manos y le sonreía como diciéndole que todo estaba bien, que no permitiría que le pasara nada mientras estuviera con ella. Y Fionna también le sonrió. Marshall Lee no solo estaba siendo un buen amigo con ella, le estaba ayudando a superar algo de lo que ella también había querido deshacerse desde hace mucho y, en ese instante, se dio cuenta de que cuando Cake también intento hacer lo mismo ella incluso termino por golpearla sin dejar que su hermana la ayudara como era debido. A diferencia de eso, con Marshall ni renegaba, hasta pudo soltarse del agarre de este y flotar en el agua como si estuviera volando y aunque los ojos le ardían y su vista era borrosa a causa de la cantidad de humedad ella podía ver la belleza que nunca vio debajo del mar.

Si un día me faltas no seré nada
y al mismo tiempo lo seré todo
porque en tus ojos están mis alas
y esta la orilla donde me ahogo.

El fondo era hermoso. Había cientos de algas, corales y toda esa clase de plantas hermosas y animalitos pequeños que existían en los reinos marinos que ella, por miedo a adentrarse en el océano, nunca pudo ver con claridad. Ese océano en algún momento pudo haber sido una ciudad humana que se inundó y destruyo en la Guerra de los Champiñones porque en el fondo también habían varios monumentos destruidos y escombros regados por todas partes. Volvió a mirar a Marshall y, ¡ah pero que atrevido es el destino!, curiosamente él también se volteó a verla y se sonrojo al igual que ella cuando sus miradas se volvieron a cruzar.

Porque en tus ojos están mis alas
y esta la orilla donde me ahogo.

Todavía recordaba lo que paso en su casa antes de que Gumball llegara y diera la noticia de que Marshall corría peligro y como excusa para no revivir ese momento tan vergonzoso Marshall señalo hacia arriba con su dedo índice indicando que ya necesitaba aire y como un par de humanos no podían hablar debajo del agua estos solo nadaron hacia arriba y dieron una enorme bocanada de aire cuando sus cabezas estuvieron fuera del interior del océano y se rieron al mismo tiempo cuando se vieron el uno al otro, pues les causo gracia ver al otro con el cabello mojado y el agua todavía escurriéndoles por la cara.

Entre risa y risa llegaron nadando juntos a la orilla y se dejaron caer en la arena dejando que sus cuerpos escurrieran agua por todos lados sin dejar de reírse por lo que acababa de pasar.

Porque en tus ojos están mis alas
y esta la orilla… donde me ahogo.

-No puedo creer que en todos estos años le haya tenido tanto miedo a algo tan bonito ¡Glob, me estoy riendo de mi misma!- Comento Fionna para luego dejar salir un par de risas de su boca.

-Era lo menos que podía hacer por mi aventurera de pacotilla favorita. Me has ayudado tantas veces que sentía ganas de devolverte el favor- Dijo él.

-Pues no me alcanzara la vida para decirte lo agradecida que estoy, Marshall- Dijo ella mostrándole una sonrisa.

-Y a mí no me alcanzara para decirte que fue un placer- Respondió Lee y en ese entonces Fionna recordó que tal vez el reloj de su amigo ya casi llegaba a su fin.

Se inclinaron hacia adelante al mismo tiempo quedando sentados en la arena y miraron al cielo volviéndose a encontrar con la resplandeciente luna y la bóveda de estrellas que la acompañaba y adornaba alrededor. Estuvieron mirando al cielo buen rato en silencio, sin decirse nada y empezando a sentir escalofríos a causa del agua y el viento que estaba soplando como si nada más quisiera que sintieran frio solo para molestarlos. Entonces, inconscientemente los dos volvieron a cruzar sus miradas pero esta vez sin sentir vergüenza ni nada, solo mirándose como si quisieran mantener una conversación telepática entre ellos, cosa imposible porque no tenían esa habilidad. Pero entonces el "imán" con el que sus caras se acercaron la vez en la que estuvieron a punto de besarse en la casa de Marshall hizo de las suyas de nuevo y lentamente volvieron a acercarse más y más hasta que, esta vez, si lograron hacer lo que por culpa de Gumball no pudieron terminar.

De un momento a otro los labios de Fionna y Marshall se unieron en un beso completamente inesperado para los dos. Ninguno de los dos se dio cuenta cuando los movimientos lentos empezaron y se perdieron de la realidad por un momento. Fionna había dicho que jamás volvería a salir con un chico en plan de ser la novia de este y aunque Marshall era su mejor amigo y sus sentimientos no habían estado muy claros con respecto a él ahora la protectora de Aaa estaba más que segura que amaba al Rey de los Vampiros. Y una vez que Fionna aclaro mentalmente sus sentimientos esta se hinco en la arena sin dejar de besar al joven y paso ambos brazos por encima de los hombros de Lee, quien cuando también aclaro su mente abrazo a Fionna por la cintura y la atrajo hacia sí sin medir fuerza y terminando nuevamente recostados en la arena disfrutando del momento. Sin embargo a los dos termino por faltarles el oxígeno y se separaron volviendo a encontrarse con sus miradas verde y azul.

-Fionna, yo…

-¡Disculpen mi interrupción, jóvenes enamorados!- Exclamo alguien llamando la atención de los dos haciéndolos voltear encontrándose con un sujeto como de unos veinte años vestido de gabardina y sombrero con dos filosos colmillos sobresaliendo de su labio inferior indicando que era vampiro.

Marshall no estaba muy a gusto con la presencia del sujeto ahí y en esos momentos por lo que le pidió a Fionna que lo dejara levantarse para ver quién era ese y que quería. La chica obedeció y se levantó al igual que Lee, quien miraba al sin duda vampiro como si fuera una aberración mundana.

-¿Quién es usted y que quiere aquí?- Pregunto.

-No vengo a causarles ningún problema, es solo que quiero preguntar por alguien. No sé si lo conozcan- Dijo calmadamente el sujeto.

-Primero dígame su nombre y veré si puedo ayudarlo de alguna forma- Señalo el muchacho y el vampiro, después de un par de risillas sin sentido, habló.

-Mi nombre es Alabaster Skull, y estoy buscando a Marshall Lee, el Rey de los Vampiros.

Bueno, aquí termina el noveno capitulo de mi fic, espero que lo hayan disfrutado.

Chale, chicos, ninguno le atino a la edad que tenia en el capitulo pasado, pero como hoy estoy de buen humor les voy a dar otra oportunidad, sin ninguna pista, pero es otra oportunidad más. Como sea, ojala el capi haya sido de su agrado y quiero mandar un saludote y un abrazote a Fiioremarcy117, rooxan13, NoOnis, Blackoctubre y a Paqs por sus Reviews en el capi pasado. Muchas gracias por esperar y ser tan pacientes conmigo porque estoy casi segura que algunos deben estar renegando cuando me tardo tanto tiempo en escribir esto. Bueno, un abrazo muy fuerte a todos ustedes mi publico bonito, fino y conocedor. Nos veremos en el decimo episodio. Adios.

Riux, Chaitooo.

P.D- ¡Sigan alargando su vida dejando un Review! .