Es extraño, ¿cierto? Reescribir fanfics. Realmente me frustro haciéndolo… de hecho, he podido hacerlo con mucho tiempo, pero no me he sentido bien para eso. Seh, no es excusa para abandonarlo por meses o años… pero de verdad, no quise ver algo con la palabra "romance" en mucho, mucho tiempo…
Por cierto, pude resumir en dos capítulos lo que antes eran siete, ¿pueden creerlo? Eso hará el fanfic mucho más corto y cómodo para leer.
Tengo una pregunta: En el capítulo anterior, ¿pude expresar bien el dolor y angustia de Amu? ¿Resultaron muy repetitivas las expresiones que usé? Releyendo, no sé si trabajar en eso, o si sobrecargué de descripciones la narración en esas partes.
Esto es una colaboración entre la yo de 2013 y la yo de hoy (2016), ya que estaba escrito hasta el cap 2 en esas fechas y yo me encargué de acomodar los detalles que le vi nuevamente. Ya a partir de aquí adapto mi propia historia a mi criterio actual. Sin embargo, estoy orgullosa de la Deza del 2013 por haber escrito decentemente los dos capítulos anteriores.
—Si te vas a dedicar a convertirla en un demonio, entonces encuentra tiempo entre clases para eso. No pienso dejarte ausentarte por más tiempo.
Yo había dejado mis ojos cerrados, todavía colgando del hombro de Ikuto mientras caminaba. No quería más miradas, no quería más golpes. Mis rodillas me dolían, mi cuello todavía más. Me sentía tan exhausta que existir me resultaba agotador. Aunque quería ignorar todo y perderme en el lugar feliz que soñaba en lo profundo de mi cabeza, no pude evitar escuchar lo que hablaban.
Mi captor volteó con brusquedad hacia el otro. Solté un quejido, pues mi cuerpo también era víctima de esa brusquedad.
—¿Y en qué momento se supone que esta niña va a ser vigilada?
—La llevarás contigo.
Mis ojos se entreabrieron un poco, pero los mantuve fijos en el suelo.
—¡¿Cómo pretendes que…
—Es suficiente. Tenemos que lograr nuestro objetivo sin descuidar la apariencia humana que queremos mantener. Ya he recibido un par de llamadas de la escuela, y me parece que he tenido suficiente con eso. Si la llevas contigo…
—¿Y piensas que no resultará sospechoso que intente escapar todo el tiempo? Es lo que ha hecho una y otra vez aquí. No puedo controlarla durante tanto tiempo.
Mis ojos se encontraban totalmente abiertos en este punto, y me tomó por sorpresa que el suelo se acercara tan rápidamente a mí cuando el otro hombre empujó a Ikuto contra la pared sosteniéndolo por la garganta. No quise ver más, cerré mis ojos con fuerza.
—Arréglatelas.
—Padre… —gruñó, revelando así el parentesco que los unía a ambos—. Si me dices que con al tener éxito con esto ganaré tantísimo poder, ¿de qué sirve seguir manteniendo las apariencias humanas?
—Ya hemos comprobado tras muchos días aquí que nada surge efecto en ella, ni siquiera… tus mordidas, por lo que quizá necesite un cambio de ambiente, mezclarse más con este mundo.
—Nunca estará dispuesta —le respondió tajantemente.
—Consigue que lo esté, no me interesa cómo —Oh no, a mí sí me interesa cómo.
Lo único que pude pensar es que esa sería una oportunidad para escapar. Yo sabía que en las escuelas se reunían niños en grupos de sus mismas edades, y los preparaban con los conocimientos necesarios para desarrollarse en su mundo, igual que en mi mundo, pero con conocimientos diferentes. Muchas veces vi formarse sueños acerca de esos sitios, era algo muy recurrente. Sin embargo, tenía miedo de lo que sucedería entre este momento y el tiempo en el que tuviese que ir. Quizá esa no fuera una escuela normal, con niños normales. Podría estar llena de demonios como ellos… no me podía fiar de nada.
Desde el suelo, perdí la noción de lo que sucedía a mi alrededor. El golpe que me di al caer del hombro de Ikuto comenzaba a afectarme. Cerré mis ojos, esperando despertarme en un lugar mejor, y pensando en lo dispuesta que estaría en colaborar si eso significaba tener una posibilidad de escapar.
/
Un ruido leve fue lo primero que pude percibir, como si alguien hubiese estado hurgando durante mucho tiempo. Al entreabrir mis ojos, que todavía dolían de tanto llorar, me encontré acostada torpemente sobre una cama nueva, con un olor no muy agradable, como el de las cosas que han estado sin uso durante mucho tiempo.
Con ayuda de mis codos, me levanté un poco, para encontrar a Ikuto hurgando en un armario, específicamente en bolsas que se encontraban dentro de éste. Cuando finalmente pareció encontrar lo que tanto buscaba, se volteó a verme. Sin embargo, en lugar de palabras sólo me arrojó una extraña tela negra a la cabeza, que me quité rápidamente para descubrir que no era una simple tela, sino un uniforme.
—Pruébate eso —ordenó.
—¿A-Ahora mismo?
—¿Y cuándo si no?
Apreté el uniforme contra mi pecho.
—Pero… quiero decir, tú estás aquí. No podría—
Antes de que pudiera terminar, me jaló del brazo hasta dejarme colgando frente a él.
—Harás lo que yo te diga —sentenció, mirándome fijamente hasta que mi cuerpo volvió a sentir esa horrible asfixia y dolor. Chillé como pude, hasta que se detuvo— ¿O prefieres más de eso?
—¡No, no! Haré lo que digas.
Al soltarme, recogí apresuradamente el uniforme que dejé caer al suelo.
Ikuto no pareció muy complacido de que me hubiese atrevido a tocarlo, y menos para hacerlo girar hacia la puerta.
—¿Pero qué crees que estás…? —gruñó—. No actúes como tonta, como si nunca hubieras estado con un hombre.
Sentí mi rostro arder.
—No, escucha —conseguí decir tras un gran esfuerzo—. No planeo desobedecerte, y si pretendes tratarme como tu mascota basura, al menos… al menos concédeme el favor de no mirarme —me sentía tan avergonzada y miserable diciendo eso… sin embargo, resultaba un poco más fácil cuando él se encontraba mirando en la dirección contraria.
Para mi sorpresa, él se encogió de hombros y asintió con la cabeza, ¿estaba siendo piadoso? Había tenido mucha suerte de que aceptara, no iba a decir más nada y arruinar ese silencio. Me arrinconé en una esquina lejos de él, rogando porque cumpliera con lo de no mirar, y empecé a quitarme la ropa llena de sangre, estremeciéndome al recordar la razón por la que se encontraba en ese estado. Levanté el vestido al desdoblarlo por completo, y vi caer de él bragas y un sostén. Parpadeé varias veces y dirigí mi mirada a mis pechos, y luego a mis bragas rosas, que ahora cambiaría por unas blancas.
Con un movimiento rápido y con los nervios a todo dar, me cambié de ropa interior. Nunca había usado un sostén, pero me alegraba de que este modelo no necesitara usar los molestos broches que sabía que existían. También anhelaba tanto tomar un baño…
Cuando llegó el turno del vestido, me lo puse con bastante dificultad. Nunca había usado mangas largas antes (o más bien, ningún otro tipo de ropa), por lo que luché mucho para ponérmelo. No entendía por qué quedaba tan suelto si ya parecía colocado en su sitio, hasta que toqué mi espalda y me di cuenta de que estaba abierta.
Cierres, repetí en mi cabeza, la ropa humana utiliza cierres.
Lancé muchas miradas fugaces hacia Ikuto en todo el proceso, que se encontraba de brazos cruzados mirando a la puerta. Sin embargo, finalmente volteó cuando oyó mis quejidos al intentar subir ese condenado cierre.
—Sospeché que esto pasaría, déjame ayudarte —dijo mientras estiraba su mano hacia la parte de atrás de mi vestido. Me aparté de inmediato.
—¡No! Yo puedo, yo puedo… —pero para cuando terminé de hablar él había cerrado el cierre del vestido, luego se pegó a mí, cruzando los brazos de modo que quedé entre ellos. Olfateó mi cabello, que ya no estaba amarrado, pues había perdido mi coleta en algún punto que ya no recordaba, y me hizo voltear hacia el espejo.
—No se ve tan mal —sonrió maliciosamente de repente— ¿Y sabes con qué quedaría mejor? Con unas orejas de gato y…
Lo empujé con fuerza.
—¡Ya basta, no me toques! —me apresuré a abrazarme a mí misma, muy lejos de él—. ¡He prometido colaborar y no tratar de huir, así que por favor no me trates como a una…! Una… —no conocía ninguna palabra para describirlo, pero sabía que algo debía ir allí.
—¡No puedes hablarme así! —Se estaba acercando con paso furioso, ¡realmente lo estaba haciendo! No supe de qué otro modo analizar esto, y ya mi mano estaba abofeteando su rostro.
Ay no. No no no no no. Mis manos cubrieron mi rostro al darme cuenta de lo que había hecho. Esperé lo peor, mi cuerpo temblaba con tan sólo imaginar lo que me iba a suceder.
No ocurrió nada.
Mis manos resbalaron por mi rostro, no tenía de otra que ver. Me encontré con una mirada furiosa justo frente a mí.
—No eres tan tonta como pensé. Parece que has visto muchos sueños y conoces el mundo real como una adolescente normal, creo que te he subestimado. Pero aun así, porque te sientas ofendida no significa que no puedo hacer con mi mascota lo que se me antoja.
Apreté los dientes e intenté volver a bofetearlo sin pensarlo dos veces, pero él me detuvo la mano y me dijo:
—Que sea la última vez que me intentas golpear —su agarre se hizo más doloroso—. Ahora ve a dormir. Hay un pijama que conseguimos para ti en el baño del pasillo. No te vigilaré mientras te cambias porque tú lo pediste, pero eso es todo. Ve a dormir, mañana es lunes y nuestras clases comienzan. Ya mi padre te ha inscrito —Sin soltar mi mano, la comenzó a bajar para que lo pudiese ver mejor—. Y te agradeceré algo —me liberó la mano con su rostro enojado—compórtate y no digas nada sobre los demonios, o tu mundo.
Asentí como pude. Mis rodillas temblaban. Ikuto sólo salió de la habitación y cerró la puerta con fuerza. Mis lágrimas empezaron a brotar otra vez. Apreté los puños y quedé cabizbaja con muchos mechones cubriéndome el rostro. Mis labios temblaron también y apreté los ojos soltando un gemido de angustia.
—¡TE ODIO! —grité mientras corría hacia la puerta y la golpeaba con ambos puños. Era como si mi mente explotase a ratos. Una parte de mí me decía que me quedara quieta y asintiera, para hacerles saber que no planeaba desafiarlos más; pero la otra se salía de sus cabales y me hacía actuar de manera impulsiva.
¿Era así como reaccionaba en estos casos? En el mundo de los sueños nunca tuve ningún peligro o frustración tan grande… temía no saber controlarme en lo que sea que viniera por delante —¿vendría algo peor que estos días encerrada y torturada?—, y terminar haciéndolos enojar tanto que pusiera en riesgo mi propia vida.
—Santo cielo… ¿cómo voy a salir de esta? —comencé a rollozar nuevamente, todavía con mi cabeza y puños apoyados contra la puerta. Sólo deseaba que no me hubiese escuchado gritar que lo odiaba, y que con eso su furia hacia mí aumentara.
Hi babes 7u7 Espero que la modificación de la historia esté bien.
(Igual no creo que todavía exista alguien de hace tantos años que recuerde o la haya leído en su versión original, que era tremenda deshonra xDD)
Sé que la historia se ve algo violenta, pero mi idea es que la luz de Amu logre iluminar el camino de Ikuto :C ya saben. Pero ahora no sé cómo hacerlo sin que parezca un síndrome de Estocolmo xD help!
