Lo más claro es que los personajes no son míos, son propiedad de S.M., pero la trama es mio
Capitulo 1: Subasta (PoV Bella)
Como había terminado aquí, a lado de un demonio que cuidaría mi alma al deseo de tenerlo… de estar igual que él, al lado del infierno.
― ¿Qué diablos pasa? ― Repuse al ver la oscuridad alrededor de mi cuerpo, al oír cientos de voces, que al parecer eran masculinas y que gritaba que subieran el telón.
― Calma linda, pronto tendrás… tu buena noche.― Contesto una voz al fondo de la oscuridad, entre risas crueles.
Poco segundos después subieron el gran telón asiéndome descubrí que me hallaba desnuda, encadenada y en cuclillas sobre el frio suelo de madera, que a mi parecer, se asemejaba a un teatro, lleno de hombres jóvenes y lo bastante maduros para que uno de ellos fuera mi abuelo.
Pero no, mi dulce y tierno abuelo no seria capas de ver a una joven desnuda, rodeada de pervertidos y no ayudarla. En cambio esto señores me veían, sus caras mostraban lo pervertidos que era.
― Nuestra próxima pieza, ese esta dulce joven, es una estudiante universitaria.― Dijo un joven en un atril de madre.
Seguía en shock. No sabía como había llegado aquí, o a que se referían con "Nuestra próxima pieza".
Otro chico se acerco a mí tomando mi cara y alzándola bruscamente, luego tomo mis piernas desnudas y las abrió con fuerza mostrando mi sexo a los espectadores, a los cuales sus ojos se les abrían como platos.
― Bueno empecemos con diez mil dólares― propuso el joven en al atril
― Quince mil.
― Veinte mil.
Las propuestas subían de cantidad enseguida que se presentaban, hasta llegar a los sesenta mil dólares.
El miedo me invadía por completo y mi ignorancia de que era lo que estaba pasando se disipaba.
Era claro, me estaba ofreciendo en subasta, ante todos esos hombres, que me miraba deseoso de tenerme solo para ellos. ¿A que grado a llegado la humanidad? Subasta de mujeres.
― Ochenta mil― Ofreció un ansiado al centro del cuarto
Que se supone que pretende hacer conmigo.― Pensé.― Es un rabo verde.
― Alguien ofrece más.― Dijo el subastador.― Ochenta mil a la una… ochenta mil a las dos… ochenta mil a…
― Ciento veinte mil dólares… en efectivo.― Se oyó a fondo de la sala. Era una voz tan dulce, aterciopelada como nunca la había oído en mi corta y patética vida.
El hombre se acerco rápidamente al pódium, se subió ágilmente y abrió un portafolio que llevaba en las manos, haciendo caer los manojos de billetes
― Por ciento veinte mil dólares al hombre de traje.― Contesto emocionado el subastador
― ¿Quién es ese hombre y por qué pago tanto por mí? ― Me pregunte a mi misma.
No se en que estaba pensando, cualquier chica con un poco de sentido común se hubiera alterado y desesperado como nunca pero… estaba tranquila, demasiado tranquila contemplado que estaba vendía a aquel hombre.
