Capítulo 2: Qué raros son los humanos
PoV Edward
Estúpido mundo, apacible, aburrido y sin sentido. ¿Cómo los hombres podrían vivir aquí tan felices? Para lo que a mi concierne este mundo es un reverenda porquería, donde Dios, al crear el más grande error de su vida eterna, los condena a estar todos juntos. Pudriéndose todos en un mismo lugar.
Siempre he pensado que es un desconsiderado, algo como eso no lo debería haber permitirlo, ¡no!, en ves de eso, debería tratar de repara aquel error. Eliminar a los humanos y dejar que todos nosotros vivamos hay, hacer del mundo un infierno mejor.
Pero al final, todos tenemos algo que nos hace ser humanos. Que al paso de los años y con la convivencia de aquellos mortales no suaviza y nos hace vulnerables. Mucho niegan tenerlos pero por mi parte lo acepto.
Sentimientos, esos sentimientos que renacieron al verla, solo ella podía..., pero no, nunca la volvería en algo como yo.
Aceptar que tenia sentimientos fue tan fácil, considerando aquel día.
Ese día, donde la vi tan perfecta y hermosa; andando bajo la lluvia de un día tan oscuro, como cuando renací, pero su sola presencia iluminaba el mundo.
Su alma pura, inocente, tan limpia me hacia desearla, saborearla con exquisita calma.
― ¿Se encuentra bien? ―Me dijo con una voz tan dulce y penetrante, que aun mes después de eso, ronda por mi mente, una mente deseosa de tenerla.
Un gemido falso de dolor salió de mi boca, aquella vez, asiendo que ella se acercara a mí y me cubriera con el paraguas.
―Claro, solo un… pequeño asalto―Conteste nervioso.
En ese momento no sabía si creería aquella mentira tan obvia, tan obvia como mis heridas. Pero no dijo nada, solo tomo mi mano, que al contacto de la suya parecía arder por mil infiernos, alzándome del suelo.
―Tenga cuidado,… ¿Seguro esta bien? ―Volvió a preguntar mirando las heridas sangrantes de mi cuerpo.
―Si, claro ―Respondí, tratando de no verla a los ojos.
―Esta bien, tenga cuidado…
Que diablos tenía en la cabeza, volver a recordar eso,…con ella aquí, tan frágil, tan inocente y desvalida por ayer, en la subasta. Lo más seguro es que la hallan drogado y por eso siga dormida, un humano normal y con vitalidad no duerme más allá de las 11 de la mañana. No que yo sepa.
La luz del sol resplandeciente callo en su rostro, asiendo mas visible su hermosa y pálida piel. Si no fuera por su frágil cuerpo tan obvio, su piel tal pálida como la mía diría que es alguien como yo.
El deseo me invadió, deseaba tocarla, besarla, hacerla mía en todos los sentidos. Después de todo soy un monstruo dado al placer y a la luria.
Mi cuerpo se movió por si solo, poseído al placer. Se acercaba más a ella, mis labios abiertos mostraban mi prolongada lengua muy de mi género.
Rodé sus labios rosados y carnosos con ella. Probando su sabor, único de ella que me extasió, me izo desearla más. Mis manos empezaron a abrirse camino por debajo de las sabanas para tocar su cuerpo perfecto y por fin mis labios se unieron con lo suyos.
―Un momento,… ¿Qué haces Edward? ―pensé sacando la mano de sus delicadas piernas.
En el justo momento en que yo ya había sacado mi mano por completo de entre las sabanas, ella empezó a moverse. Agradecí a mí sentido humano, el que apenas tenia, por haber echo eso a tiempo. No quería que ella me viera con las manos en sus piernas.
― ¿Estas bien? ―pregunte amablemente.
―aamm ―se tomo la cabeza con gesto de dolor
―Maldición, esos bastardos usaron drogas ―dije en tomo molesto, mirando sus ojos chocolate que me hipnotizaban―. Debería llamar a un medico― concluí
―N-no, estoy bien― repuso con voz apenas audible―. Disculpe.
― ¿Por que te disculpas? ―Estos humanos son tan raros, pensé―. te traeré algo de tomar.
― ¡Este…! ―dijo mientras me tomaba de la corbata y me jalaba suavemente hacia ella.
Me tense por un momento o mas bien dicho, el ambiente se tenso. Estaban a pocos centímetros de distancia sus labios de los míos. El silencio incomodo invadió el cuarto y su mirada dulce se clavo en mis ojos negros.
―¿Q…Qué? ―dije, rompiendo el silencio y ella todavía tomaba mi corbata negra a cuadros.
―Disculpe. Quería agradecerle ―soltó la corbata para mi decepción. Quería seguir así de cercas de ella.
―¿Agradecerme? ―pregunte acombando la corbata y quitándole las pequeñas arugas con la mano.
― ¿Usted me salvo, verdad? ―su mirada se volvió más dulce. Como era posible eso. ¿Acaso no era inmune a todo tipo de cosas? Por que su mirada era tan dulce… Se asemejaba a aquellas miradas de caricaturas japonesas. Ojos grandes y brillantes.
Me tomo un instante reaccionar a su pregunta por culpa de su mirada, que seguía clavada en mí.
―Ah… si… ―dije nervioso y tartamudéate.
Parecía un estúpido a su lado. Nervioso como un chaval cobarde que quiere invitar a una chica a salir.
Ya había dejado mi humanidad para evitar esta clase de sensaciones, para que ella en un par de minutos, me volviera tan estúpido.
―No sé como agradecerle. Ha sido muy amable conmigo. Aún cuando soy un extraño ―dijo
¿Qué dijo? ¿Un… extraño?
Que acaso no se acordaba de mí o de aquel día lluvioso. Aquel día que para mi representaba todo, el hecho de seguir aquí y no con Aron, el hecho de no comportarme como lo que realmente soy. Un monstruo.
― ¿No recuerdas? ―me limite a preguntar con miedo. Con miedo por primera vez en 300 años, miedo a que respondería, en cual seria la respuesta de aquella joven, que a estas alturas no sabia ni su nombre.
―Fue tan repentino, todo sucedió tan rápido que… ―sus ojos se abrieron como platos, se levanto de la cama tan rápido. La ansiedad la invadía y por su rostro, que mostraba una preocupación infinita, esta intranquila, angustiada por algo.
― ¡Oyes! ¿Qué haces?... si te paras tan rápido… ―la tome por la cintura para evitar su caída, ella se refugio en mi pecho tocando su cabeza con gesto de dolor.
―Lo siento… me sentí algo mareada ―dijo alzando la vista.
―Te dije que te habían drogado, ¿Quieres quedarte quieta?, por favor ―le propuse.
―Recordé que… Leah, mi prima, iba conmigo cuando me subieron a la camioneta, … deben de tenerla aun con ellos.
¡Ooo Leah!, por que se preocupa por ella, si es… bueno, no soy la "persona" indicada para decirlo, pero ella no es buena.
Tome a la joven por los hombre y la senté en la cama, di media vuelta y tome un sobre que había dejado en la silla que se hallaba a lado de la esta.
― Esto no es como se supone que seria ―dije frustrado―. ¿No es más importante tratar de recordar al hombre que está parado frente de ti? ―agache la cabeza y le entregue el sobre.
Mis manos y la suyas rosaron, sentí algo que nunca había sentido. ¡Nunca! Por que ella nunca había estado en todos los siglos en los que yo si. Tal vez, solo tal vez, si nos hubiéramos conocido en el siglo XVIII, todo, de cierto modo, seria más fácil. Seria más fácil que ella se enamorara de un joven exitoso y ultra millonario.
―Hablas de Leah Clearwarter, ¿no es así? ―rompí el silencio que se había echo.
― ¿La conoce? ―pregunto, sin dejar de ver los papeles que había sacado del sobre.
―Seguro ―mas que bien diría yo, tanto acoso de su parte me hostigo, pensé―. la conozco muy bien.
―Ah… ¡¿Es tu amiga?! ― preguntó efusiva. Su voz se oía aun más dulce cuando estaba feliz, y su aroma se intensificaba, se mezclaba con toda su esencia. Pero el problema es que… bueno, Leah no era mi amiga, en contrario, era alguien que me debía demasiado.
―Soy un empresario ―agache mi cabeza por la pregunta que había echo―. y Leah es una de mis cliente, ella pinchó 3 millones y trató de huir.
― ¿Pinchó? ―pregunto por el tecnicismo que había utilizado
―Quiero decir que ella pido dinero prestado ―respondí a su pregunta.
―No puede ser, ella debe mucho dinero… ¿qué es el "Lemon Green"? ―volvió a preguntar
―Es un… antro nocturno con casino, y bueno, es propiedad de uno de mi…"colegas" ― dije mirando como leía aquellos estados de cuenta.
No quería decir le la verdad, pero tenia que saberla… además, yo no dejaría que le hiciera nada Aron.
Disculpe la tardanza pero esto de las fiestas me agitaron y secaron mi cerebro, pero bueno aquí esta el capitulo, espero y no este muy largo... por que la verdad este y el que sigue iba a ser solo un capítulo, pero a mi punto de vista iban a estar muy largo. Gracias por leer!
