Capitulo 3: Tan hermoso, como la joven que lo lleva.
―Leah tiene demasiadas deudas, y más con el casino… y tu fuiste… ―me quede en silencio por un minuto, dudando en decirle o no, pero al final no pasaría nada ¿o si? ―. Fuiste vendida en la suba de Emmett para cagar su deuda.
―Entonces Leah también.
A que chica, en ves de preocuparse por ella, se preocupa por la persona que la vendió. En verdad que si tiene pura bondad en su alma. Una bondad algo estúpida.
―Por supuesto que no ―dije molesto―. Como si existiera alguien tan imbécil que quisiera comprarla, si la puede tener gratis…, puede vender órganos, o extremidades, así sacaría mas dinero.
Su mirada se lleno de una preocupación infinita, sus ojos mostraba un dolor que no comprendía. ¿Acaso era tan tonta?
―Debo salvarla ―dijo en un susurro.
Eso fue el límite, se preocupa más por la persona que la vendió. ¡Que no me ve!, soy el idiota que la compro por el estúpido recuerdo de aquel día, de un día que ella ni recuerda. Que espera con ansias su al… ¡BASTA!
― ¿Qué diablos estas diciendo? ―tome su muñeca y la alce ferozmente, la ira me invadía. Yo era él que se preocupaba por ella y ella solo se preocupa por su prima. Por una humana que no vale ni… ―. Leah te envido para salvarse.
― ¡Ella nunca haría algo así! ―repuso―. Somos primas
― ¿Y que?, hay miles de personas, que como Leah, no dudarían en vender a un familiar por dinero ―conteste con furia.
―Pero…
―Aléjate de Leah ―la interrumpí―. ¡Solo terminaras enredándote en sus desastres y saldrás herida!
―Pero Leah… es mi única…
― ¡Leah, Leah! ―. Empuje su cuerpo en dirección a la cama ―. Puedes alejarte de la realidad pero eso no quita lo que pasa en verdad, ella te vendió y no le importas ―hablo mi ira y mi boca se dejo guiar.
―Eso no es verdad ―repuso
―Solo te utilizo y te traiciono. Es mejor para ti que ella muera ―dije mirando sus ojos entre lágrimas.
Ella se zafó de mi agarre, su mano paso por mi rostro haciéndome un rasguño, en el cual, la sangre empezó a salir y deslizarse por mi rosto.
―Tú no sabes nada, no sabes nada de mi vida. Solo eres un extraño, que ni el nombre se ―contesto molesta con lagrimas en el rostro y en su finas mejillas.
El ambiente se izo pesado, tan pesado como si Aron estuviera aquí, mirándonos… y tal vez así era.
―Edward, Edward Culle ―fue lo único que puede decir.
Ella alzo la vista, me miro suavemente mientras yo limpiaba sus lágrimas.
―Bella… Swan ―dijo en un susurro, un susurro delicioso para mis oídos.
Bella… Bella Swan, por fin su nombre, que es tan perfecto como ella.
― Es hermoso, como la joven que lo lleva ―dije con una sonrisa.
Recordé la pequeña herida que izo y gire rápidamente antes de que sanara y de desvaneciera en su cara. Me dirigí al baño del cuarto sin decir nada, en él busque el botiquín de primeros auxilios y tome una bendita para ponerla en la herida. Solo para que no notara que ya había desaparecido.
Salí del baño y me acerque a mi ángel personal, mí Bellas, la tome del brazo y la coloque suavemente en la cama.
La atracción que sentía por ella eran tan fuerte. Bella es la joven que todo hombre desearía. Es hermosa, inclusive diría yo que sensual y tiene un alma pura y bondadosa.
La tome de nuevo de los hombres y la coloque suavemente, como si fuera una rosa de cristal, en la cama. Quería tenerla, ya deseaba estar con ella en todas formas, pero no, no la tomaría así.
―Solo aléjate de Le… ―el teléfono me interrumpió con su horrible timbre.
Rodeé la cama y me dirigí a la mesita de noche, entre la cama y la venta, en ella se hallaba el teléfono local, alce la bocina sin mirar el detector de llamas.
―Bueno, habla Edward ―dije
― ¡Ooo!, mi querido Edward ―dijo tan efusivo tras la bocina. ¿Por que no mire el detector antes de responder?, me cuestione―. Tenemos que hablar sobre Leah
― ¿Ahora que izo Leah? ―dije inconscientemente para mi desgracia.
Bella ya estaba enzima de mí, tratando de arrebatarme el teléfono. Era tan obvio porque, quería saber sobre su prima.
―Esta bien Aron, te veo en tú oficina en 15 minutos ―le propuse.
Aron colgó, lo más seguro es que aquello lo había tomado como un acto maleducado de mi parte. Pero ahora me importaba un soberano cacahuate lo que Aron pensara de mí, aunque nunca me ha importado.
―Porque, yo quería saber de mi prima ―dijo Bella
―Basta con esto, yo te compre y harás lo que yo diga ―el enojo me invadió, la ira recorría mis venas, pero para mi desgracia no solo eso, sino también el deseo y la sed de placer.
Tome a Bella de la cintura y la acomode en la cama, me coloque enzima de ella y empecé a besar bruscamente sus labios mientras ella se movió desesperada por zafarse de mí.
Mis manos cobraron vida como ase unas horas y empezaron a adentrase por debajo de la playera que llevaba. Acaricié su abdomen con mi mano helada y ella se estremeció, con la otra mano acaricie sus piernas por enzima de su pijama.
Mi mano estaba a poco de poder acariciar su sexo cuando reaccione a lo que hacía.
¿Acaso era un demente? ¿Un pervertido?, no la dañaría y mucho menos aria algo que Bella no quisiera. Mis piernas se impulsaron tomando como apoya la cama y me aleje de ella con un gran salta, tan rápido como me había acercado.
Me dirigí a la puerta y cuando ya mi mano toco la manija de está, gire lentamente mi torso y la miré. Estaba en la cama, sentada recargando su espalda en la cabecera y mirándome con unos ojos de aberración. Me sentí avergonzado y decepcionado de mi mismo. Soy un idiota, ¿Cómo la quiero salvar de un demonio y esta con uno aun peor que con el que iba a estar?
