Décimo capítulo.
—Amu —Oí una voz a lo lejos, a lo que parpadeé repetidas veces de forma pesada.
Lo curioso de cuando me dormía en este mundo humano, era que no recordaba cuando y donde lo hacía. Lo último que recordaba era que golpeé una puerta y las manos me dolieron como el demonio.
—¡Amu!
En mi mente se pronunciaba un 'dashfoifhslknfvxhcnv' que no paraba. Mis incoherencias en lo más profundo de mi mente resonaban cuando tenía mucho... sueño.
—¡Kyaaa! —grité apretando los ojos— mi oreja, ¡mi oreja! —abrí los ojos cuando una sensación inmensa de dolor llegó a mi oreja. Volteé y encontré a Ikuto In Fraganti mordiéndomela— ¡Maldito pervertido! ¿Cual es tu problema?
—Nyan —se estiró perezosamente— son las... 8:30 y las clases empiezan a las 9.
—¿Clases? ¿De que...? oh —recordé lo de anoche. Me quité las sábanas de encima y me estiré pero me percaté de algo y miré con cara de infinito desprecio a Ikuto.
—Yo... me dormí junto a la puerta... —Ikuto asintió como si nada— y... ¿Se puede saber como demonios llegué a tu cama? Y… —me miré el cuerpo incrédula— ¿EN PIJAMA? ¡Ahhh! Tú... ¡Tú! ¡Pervertido que me hiciste! —me lancé al suelo como si de un agente del FBI me tratase y busqué algo para lanzarle y golpearlo. En eso encontré un bate y me dirigí a él. Tampoco me fijé que cuando me mordió la oreja estaba encima de mí.
—Puedo vestir a mi mascota ¿sabes? no necesitaba que ensuciaras tu uniforme. Además, no es que tengas algo interesante... plana.
Levanté una ceja totalmente desconcertada
—¿c-c-c-c-como?
—Así como lo escuchaste plana, ese sostén que traías era puro relleno.
Me puse tan roja que pensé que desprendía humo. Cuando salté con el bate en mano para golpearlo entró el padre de Ikuto y me detuve en seco cayendo encima del neko pervertido desde las alturas.
—Señorita, vístase si no quiere que la deje sin comer nada —el hombre parecía enojado, tan odioso como su hijo.
Me levanté de encima de Ikuto que no paraba de reír por mi accidente y me sonrojé porque me trataban como si fuera otra hija más. Cogí el vestido que Ikuto dejó en el frente de su cama y me salí al pasillo dirigiéndome al baño. Pero Ikuto me detuvo apareciendo frente a mí.
—¿Te puedo vestir, gatita? —esas palabras me hicieron ponerme más roja aún de la furia. Le abofeteé y cerré la puerta del baño con fuerza. Ikuto, desde el otro lado, se pegó a la puerta y dijo pícaramente:
—Miau... —luego le escuché alejarse y cerrar la puerta de su habitación.
Abracé el vestido y me apoyé en la vieja pared, bajé la cabeza y al subir un poco la vista hacia el espejo vi muchos cambios en mí. Mi coleta de lado que utilicé toda la vida se había soltado, estaba con las mejillas coloradas porque empezaba a llorar y estaba enojada, mis ojos sostenían unas lágrimas que luchaban por correr por mis mejillas. Y lo lograron cuando parpadeé para aclararme la vista inundada.
Desdoblé el vestido y me lo puse, y hoy si pude subir el cierre de atrás por mi misma, aunque con mucha dificultad. Me coloqué las medias de nylon negras y me encajé los zapatos con algo de miedo. Me pasé las mangas por los ojos y dejé mi brazo arriba frente a mi ojo por un momento. Apreté los dientes y más lágrimas empezaban a correr otra vez, estaba asustada. El que se hacía llamar 'mi dueño' quería convertirme en lo que más odié durante toda mi vida, un demonio. Estaba encerrada en una casa asquerosa y vieja, además de ser molestada de todas las formas posibles por Ikuto.
Su padre me daba un miedo incontrolable y me miraba con indiferencia y ahora, Ikuto me había cambiado de ropa anoche y también había dormido conmigo... otra vez, y tenía el descaro de despertarme mordiéndome la oreja y estando encima de mí (como en los primeros capítulos de la serie cuando Amu intenta recuperar el huevo verde e Ikuto se cae encima de ella, ocurrió en una cocina y ella tenía un vestido y un delantal rojo creo).
Es que juro que si me entero que hizo algo conmigo le volaré la cabeza con un arma de destrucción humana. No se de donde la sacaré, pero me las arreglaré.
Ah claro, y el remate de todos, iré a una escuela. La cosa que más veo que odian los adolescentes. Acoso, abusos, tareas y te quedas sin vida social por tanto estudiar. Claro, algo que nunca merecí porque de nada me sirve saber matemáticas que no sean sumar, restar, multiplicar y dividir. En fin, no es el caso, lo que más me molestaba era ir... con Ikuto.
Es que me lo imaginaba... entraríamos a la escuela y todos nos mirarían, ¿quién es esa? dirán. Él pasaría un brazo por mi hombro y diría: 'ésta es mi mascota' y pasaré pena con unas orejas neko. Si, algo así.
—Toc toc ¬¬ —Ikuto tocó la puerta del baño y la abrió sin avisar, era un buen momento para él si yo no me hubiese vestido aún. Pero por suerte estaba lista salvo porque estaba despeinada como una loca de la calle. Cuando se adentró en el baño vi que tenía su uniforme negro y una caja de violín en la espalda. Se cepilló los dientes y se largó. Ni siquiera me miró. Me apresuré a peinarme, pues nunca había salido de ese pasillo salvo la vez que bajé por la escalera, y esa casa parecía un laberinto. Me peiné con un cepillo de cabello que encontré en una caja de vidrio y me apresuré a seguirle el paso a Ikuto que me dejaba atrás.
Llegué a la escalera y él ya estaba abajo, me apresuré a bajar corriendo y lo seguí hasta lo que parecía la cocina. Su padre y él se pararon y me miraron fijamente. Claro, la rehén a la que han maltratado ahora seguía a Ikuto con toda confianza. Vaya locura, hasta para mí. Solo que no sabían que mis planes eran ganarme la confianza fingiendo cooperar para escapar cuando me dejasen de ver porque estarían seguros de que no haría nada. Los miré con nerviosismo intentando parecer lo más dispuesta posible. Me sorprendió que tuvieran cocina si no tenían que alimentarse de esa forma. Solo de humanos o... ¿de mí?
Ikuto apartó su vista de mí y cogió una manzana color escarlata, era inmensa, y se dirigió hacia mí, cuando quedamos de frente él la puso en mi boca y casi la dejo caer.
—Odio darte comida de ésta pero... supongo que debes alimentarte bien si no quiero que te desmayes en la escuela. Y no estaré para lidiar con eso. Pues como verás, solo yo te puedo hacer desmayar cuando haga que te quede tan poca sangre que tengas que descansar como por tres días.
Tragué saliva. Y miré la manzana tan apetitosa y la mordí, era deliciosa, en el mundo de los sueños jamás había probado una cosa tan deliciosa, ¿Ikuto me estaba dando algo así de la nada? Quién rayos es. En eso él dirigió su vista a otro lado y pareció sorprendido, corrió hacia mí y me jaló del brazo arrastrándome con mucha rapidez hasta la entrada. Yo gemí de dolor porque me había agarrado muy fuerte el brazo.
—¿Q-qué sucede? —Le pregunté impresionada.
—¿Cómo que qué sucede? Vamos tarde —en eso nos rodeó un humo negro— [refiero usar la rapidez demoníaca que tanto odias así que... sujeta bien la manzana, la mochila que está en la mesa de la entrada y evita abrir la boca si no quieres un insecto muerto poco apetitoso entre en tu boca.
Cogí la mochila que habían preparado para mí... un gesto demasiado amable como para venir de los demonios. Y cuando Ikuto vio que estaba lista, me tomó del brazo otra vez y sentí que me arrancaría esa manga tan larga (recuerden que usa el mismo vestido de uniforme que Utau usa en la serie), entonces el humo se hizo más espeso y sujeté bien mis cosas.
—Es hora de ir a la escuela, mascota —susurró Ikuto, molesto porque yo lo tenía que acompañar.
