Disclaimer: No soy Rogling, no soy ella
Quinto capítulo de Herederos. Hoy me siento inspirada.
Louis Weasley
A Louis le gusta la torta de melaza que hace su abuela Molly; se la come con los dedos, se embadurna de ella y luego debe limpiarse los labios. Le gusta el sonido de las olas del mar cuando rompen con las rocas de Sell Cottage; es como una música que lo arrulla y le induce al sueño inmediato. Le gusta la adrenalina que le recorre cuando monta en su Límite 9, la escoba más nueva del mercado. Pero sobre todas las cosas, le gusta mirar a Savanah Morris.
El tren traqueteaba con fuerza. Louis buscaba a sus primos, pero en vano, sencillamente no lo encontraba y estaba cansado de recorrer el tren. Además, la gente se volteaba a mirarlo, lo señalaba y cuchicheaba a sus espaldas, Louis hubiera preferido que no lo hicieran, le resultaba incómodo y tenía ganas de gritar. Iba caminando sin mirar por donde iba cuando se tropezó.
- ¡Ten más cuidado, idiota!
- Lo siento, no te vi.
- No me viste. Claro, y yo debo creerme eso, ¿cierto?
Louis empezó a molestarse. Una cosa es que era un ser paciente, la otra era dejarse pisotear por una desconocida.
- Oye, lo siento. Si me crees bien, y si no, pues también.
Ella se quedó muda, sin poder creerse que un niño de primero la hubiera mandado a callar. Louis escuchó unas risitas, provenían de la que supuso era amiga de la primera.
- Soy Carol y ella es Savanah. ¿Quién eres tú?
- Louis Weasley, encantado.
- Guau, que caballero, ¿no te parece, Savanah? Bueno, Louis es un placer conocerte, parece que eres la horma del zapato de mi amiga.
Savanah sólo rodó los ojos.
Savanah tiene la piel morena, el cabello negro, y los ojos de un verde aceituna. También tiene un carácter temible, una personalidad difícil y falta de confianza en los demás. Para Louis, Savanah es… diferente. Es la chica que ríe a carcajadas cuando cree que nadie la ve, la que presta mayor atención en la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, porque algún día se dedicará cuidar y preservar la vida de las especies extintas, la que le dio su primer beso…
Era un juego estúpido, más propio de niños, que de adultos que se preciaran de ser adultos. Bueno, al menos eso pensaba Louis. El juego de la botella. Sólo se había sentado en círculo con los demás porque Oliver le había insistido.
- Vamos, nunca te diviertes hombre, relájate y juega con nosotros.
- No, gracias.
- Vamos Louis. ¿Qué te cuesta? Sólo siéntate con nosotros y juega. Serás el único de cuarto que no juegue. Ven a jugar con nosotros o las próximas semanas tu vida será un verdadero infierno.
- Bueno, tú ganas.
- ¡Sí!
Ahora Savanah había girado la botella, acto seguido ese pedazo de vidrio lo señaló a él, a Louis.
- ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
Era insistente la cantaleta. Ojalá se callarán. Savanah no lo besaría. A ella le gustaba Oliver, no él. Louis no era importante para ella, Savanah no lo besaría, aunque Louis lo deseara con todas sus fuerzas.
- ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
Savanah parecía nerviosa, sus ojos miraba a todos lados, excepto a él. A Louis le sudaban las manos. Oliver alzó los dos pulgares en señal de apoyo.
- ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
Se acercaron un poco más. Louis tenía un nudo en la garganta, temblaba, sólo quería alejarse y al mismo tiempo quedarse y ver qué pasaba.
- ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
Un roce de labios, nada más. Un roce que se acabó tan rápido como comenzó. Un roce que dejaba el anhelo por más. Pero Savanah se fue. Louis suspiró.
Ahora Louis recorre la boca de Savanah, desplaza su mano por la cara interna de sus muslos, se introduce como un fiel devoto en su templo de Venus, se deleita con los gemidos y suspiros que la chica le deja escuchar. Louis se deja ir y abre los ojos. Lo que recibe es el techo de su cama de dosel, ha sido otro sueño. Louis profiere una maldición.
Al día siguiente seguirá mirándola, desde lejos, bebiéndose de esas sonrisas disimuladas, de esas carcajadas ocultas, de esa ternura escondida. Al día siguiente seguirá contemplándola desde las sombras.
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