Ikuto iba prácticamente volando y de no ser porque me sujetaba fuerte yo ya habría salido volando desde hacía rato. Cuando nos detuvimos, todo me daba vueltas y dejé caer la mochila mientras todo me giraba, estaba desorientada por la sensación de rapidez a la que nunca estuve acostumbrada.

Él se agachó y tomó mi mochila, estiró el brazo hacia mí, pero sin dirigirme la mirada, no volteaba ni la cabeza, solo veía al frente en la acera. Yo lo miré con duda y agarré la mochila de su mano y la colgué en mi hombro mientras le daba una segunda mordida a la manzana que estaba deliciosa. No nos movíamos y cuanto tragué le pregunté:

—¿Llegamos?

Ikuto negó con la cabeza.

—Si llego directamente a la escuela con esa rapidez la gente se dará cuenta, debemos caminar desde esta esquina hasta allá, no tardaremos ni cinco minutos, así que andando.

Seguía sin mirarme y empezó a caminar cabizbajo, con 'estilo' como dirían en los sueños.

Me sorprendió que tuviera una llave extraña colgando del violín, pero supuse que era una especie de adorno del mundo humano, pero con tan solo mirarla sentía una presencia mágica como la de mi mundo, era extraño. Caminé comiendo manzana y admirando las edificaciones y muros reales, Ikuto se mantenía a una distancia como de tres metros de mí, y no me acerqué para no molestarle, me asustaba. A la distancia se oyó una campana y observé que provenía de una edificación muy grande, parecida a mi escuela pero más cuadrada y creo que desde arriba se vería como una L.

Ikuto apresuró el paso y yo intenté seguirlo, cuando cruzamos la calle hacia la cuadra de la escuela, toda la gente volteó y muchos se agruparon. Ikuto mantenía su carácter indiferente y yo me acerqué un poco hacia él porque la verdad es que yo no tenía idea de cómo era socializar en una escuela.

Él se detuvo y me miró, yo seguía comiendo la manzana. Me hizo una seña con la cabeza para que me colocara a su lado y yo le obedecí, aunque me estresaba, tenía que seguir mi plan.

Yo tomé la manzana con ambas manos y empecé a comerla de manera que se vio muy tierno, pero mi mirada iba hacia la calle y la de Ikuto iba perdida lejos de mí. Podía ver a la gente murmurando fuerte cosas como ¿y esa chica? o ¿quién acompaña a Ikuto?, yo me puse nerviosa pero intenté ignorarlo.

La caminata fue incómoda y estaba impresionada, de repente todas las chicas rodearon a Ikuto y yo salí volando muy lejos debido a la muchedumbre que me aplastaba. Él caminaba como si no las escuchara, mantenía sus ojos cerrados y la cabeza ligeramente volteada y las manos en los bolsillos.

Me levanté y caminé rápido hacia él, pero no pensé que lo que haría me causaría el odio de todas las chicas de la escuela.

—¡I-Ikuto esperame!

Todas se detuvieron y me miraron en tres puntos suspensivos, Ikuto se tensó y volteó a verme, cosa que no le agradó nada a las chicas que seguían su mirada.

—Amu ¿qué estás haciendo? —gruñó enojado entre dientes, se acercó a mí y todas dieron un grito ahogado, me tomó del brazo y muchas cayeron al suelo y acto seguido me arrastró al edificio totalmente furioso.

Corrió muy rápido y se metió en un aula vacía, me forzó a sentarme y golpeó las manos contra mi pupitre. Lo miré asustada y noté que había perdido lo que me quedaba de manzana.

—Este es el salón de clases, estás en la misma que yo, aunque seas tres años menor, es mi única forma de mantenerte vigilada, me las arreglé con el director —Lo dijo tan rápido como para salir de eso— y no intentes llamar la atención como ahora.

—¿Qué hice mal allá afuera? —pregunté preocupada, Ikuto suspiró.

—Cómo explicarte... en esta escuela soy un guardián junto con otras tres personas de esta clase, las chicas son unas obsesionadas y a los tres chicos nos acosan. Mientras que a la chica todos los chicos la invitan a salir, pero claro que ella los rechaza a todos. Y como verás, todas se pusieron celosas solo porque tú estabas cerca de mi cuando llegamos, y aún obsesionadas conmigo, no ven apropiado decirme "Ikuto" como tú lo hiciste, haciendo lo que hiciste las has amenazado amorosamente.

-Eso... ¿quiere decir que no debo acercarme a ti? —suspiré aliviada— ¡Ah! ¡Que alivio! No tendré que aguantarme tus perversiones durante las horas de clase por lo menos, ya me empieza a gustar este lugar —miré por la ventana que estaba junto a mi pupitre.

Ikuto desvió la mirada despreocupado.

—Claro... no creas que te escapas de mí, como buena mascota es tu deber servirme en todo lo que yo desee u_ú, eso incluye alimentarme en horas de clase.

—¿Te refieres a darte golosinas que venden en la tienda de aquí en la boca? Eso no, ¡no no y no!, no pienso someterme a tal humillac…

-No te hagas la tonta —me interrumpió— ¿olvidas lo que como?, aunque no pueda arrancarte la piel como deseo, es tu deber bombear sangre para mí —me paralicé mientras recordaba eso— ¿O acaso olvidas que por vigilarte no pude comer...

-Si, si lo se —le interrumpí yo también— pero, ¡no quiero que me muerdas otra vez! Lo odio, tanto que deseé matarte cuando lo hiciste, puedes pensar que soy una mascota pero ¡LO ODIO! —mi plan no iba tan bien cuando él me trataba así. Sabía que debía ser tolerante pero era imposible con su naturaleza de demonio.

De pensar en esa vez que me mordió, me hacía temblar tanto que podría llorar.

Apreté los puños apoyados sobre la mesa cerca de sus manos tensas.

—Solo... no quiero que me muerdas. No eso, ni aquí —lo miré con mis ojos tristes, me daba miedo qué fuera a hacer después de desafiarle tanto sus decisiones.

El apretó la mandíbula y se enojó bastante, golpeó más fuerte mi mesa y gritó:

—¡Escuchame bien idiot… —ambos volteamos nerviosos cuando la puerta corrediza se abrió. Y una chica rubia de dos coletas y ojos morados nos miró con rabia.

—¡IKUTO! —Gritó como loca.