Disclaimer: La última vez que me vi al espejo vi que no era rubia, ni multimillonaria, ni había escrito una supercalifragilistica serie llamda Harry Potter.

Gracias por sus reviews a Misila, samj, y Annie Thompson. Con ustedes el ocatovo capítulo de Herederos.


Victoire Weasley

- ¡Decídete! ¡Por el amor de Merlín, Vic, decídete!

- ¿Ted, qué…?

- Ya es tiempo de que te decidas. ¿Qué es lo que quieres, Vic? ¿Qué es lo que demonios quieres, Vic? ¿Quieres una casa más grande? Perfecto, conseguiré otro trabajo, trabajaré más, y te daré la casa que quieres, ¡no hay problema! ¿Quieres un hijo? Vamos a hacerlo, nos desnudamos, follamos y sales embarazada, ¡no hay problema! ¿Quieres que nos casemos? Mañana mismo hablo con el mago encargado, mañana mismo nos unimos en matrimonio, ¡no hay problema! Sólo decídete, sólo dime que es lo que quieres. Decídete ya, Vic.

- ¿Pero qué… qué te pasa, Ted? ¿Qué…?

- ¿Qué me pasa a mí? No, la pregunta es: ¿qué te pasa a ti?

- ¿A mí?

- Antes eras dulce, divertida, el mejor apoyo que hubiese querido. Antes me querías, Vic.

- Te sigo queriendo.

- Me toleras. Me toleras a tu lado. No me quieres, no me necesitas, no hago falta en tu vida de éxitos. ¡Vic, ya ni siquiera hacemos el amor! Estás tan ocupada con tu trabajo, estás tan metida en sí misma, que no dejas que tu futuro esposo te toque, o te bese, o te lance un cumplido. No tienes tiempo para mí.

- Tú sabes que he trabajado mucho para el puesto en el que estoy. Ted, voy a ser jefa de departamento. Eso es…

- Eso es fantástico, lo sé. Y me alegro por ello. Me alegro que tengas lo que quieras.

- ¿Pero?

- ¿Pero no te das cuenta? Ya no hablamos, ya no estamos juntos. Todo el tiempo discutimos. No disfrutamos. ¿Tú crees que eso es normal? ¿Tú crees que andar en círculos en nuestra relación es normal? Decide que es lo que quieres, Vic, antes de que yo decida que tú no me das lo que yo quiero y me vaya.

- ¿Te vas? ¿Te vas a ir?

- Si eso quieres.

- No, acabas de decir que te vas. Si quieres irte, vete. ¡Vete, Ted!

- ¿Quieres que me vaya? - y la zarandeaba por los hombros.

- ¡Suéltame! ¡Suéltame!

- ¿Quieres que me vaya? Ok, me voy. Me voy entonces.

- ¡Vete! ¡Vete y déjame sola!

- Al menos te has decidido en algo.

Victoire cerró los ojos cuando el oyó el portazo de la puerta. Se dejó caer en la cama, las lágrimas empaparon el colchón mientras las frases de Ted se repetían en su cabeza.

Decídete, Vic. Decídete.

¿Qué es lo que quieres, Vic? Dímelo y te lo daré, pero decídete.

¿Quieres que me vaya? ¿Quieres que me vaya?

Las lágrimas salieron a borbotones. Vic no podía controlar los espasmos de su cuerpo. Se sentía una persona horrible. Había herido la persona que más le importaba.

- Ted… - le susurró al viento.


Nuevamente eran niños, corrían por el jardín de La Madriguera. Reían mientras sentían la emoción corriendo a toda velocidad por sus venas. Ted siempre era más rápido, pero Vic nunca dejaba que la dejara atrás. Eran niños, eran inocentes, eran amigos. Ted le llevaba dos años, había perdido a sus padres en la Guerra y vivía con su abuela. Los domingos iría a La Madriguera de la mano del tío Harry y la tía Ginny. Vic esperaría con ansia los domingos, consciente de que Ted siempre estaría allí, dispuesto a jugar con ella, dispuesto a cambiar su aspecto para ella, Vic reiría y le diría que era el mejor amigo del mundo.

Nuevamente eran adolescentes, caminarían por los pasillos de Hogwarts, coincidiendo en las comidas y la salida de cada clase. Ted siempre fue muy inteligente, sacaba muy buenas notas, y ganaba una buena cantidad de puntos para Hufflepuff. Victoire era menos aplicada, más dada a las diversiones y los cotilleos con sus amigas, pero tampoco sacaba malas notas. Se habían hecho un buen puñado de amigos y amigas, un círculo desenfadado, divertido, más dado a las fiestas y alegrías que a las preocupaciones.

Nuevamente se besarían por primera vez, con la puesta de sol en el horizonte del lago de Hogwarts, con las manos sudadas de Ted, con el rubor en las mejillas de Vic. Sentirían miles de mariposas en el estomago, volando furiosas por el esófago y saliendo en bandadas por la boca de uno hacia la del otro. Se separarían y se mirarían a los ojos, luego volverían a besarse, así una y otra vez, y otra vez más.


Vic suspiró y abrió los ojos.

- Ted… - le susurró al aire enviciado del apartamento en que vivía con Ted. Ted se había marchado, Vic lo había visto marcharse, pero Ted estaba allí. Estaba en la ducha del baño, acariciándole sus muslos para luego introducirse en su entrada. Estaba en la cocina, apoyándola en la encimera, gimiendo en su oído. Estaba en el mueble, tomándole de las caderas y ayudándola a subir y bajar. Estaba en su piel, aunado a su cuerpo, respirándole en la nuca.


- Hola, Ted.

- Hola, Vic.

- ¿Puedo…? Necesito decirte algo.

- Hazlo.

- Está bien. Te quiero, Ted. Realmente te quiero. No quiero algo más aparte de ti. Te quiero, quiero los hijos que podamos tener, quiero casarme contigo en una boda privada, quiero vivir contigo en nuestro apartamento. Sólo… sólo quiero estar contigo, Ted.

Ted la interrumpe y le besa los labios.

- Te amo, Vic.

- Yo también te amo, Ted.


Esta es la continuación de la primera viñeta. Aún quedan Herederos de los cuales no he escrito, pero mi intención no es ser esquemática, así que poco a poco los anteriores personajes se daran nuevamente cita.

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