Nota de la autora: Si sigues mi historia, agradezco que me dejes reviews, ya que así se populariza la hist D: o recomiéndala nose T_T me gustaría saber las opiniones de las personas, me agrada mucho leer un Review, los leo todos y los analizo particularmente.
Llevábamos un buen rato sentados ahí, yo pensaba en el mundo de los sueños e Ikuto estaba dormido en la silla. Nos habían dicho que esperáramos allí.
¡Éste no es un mal momento! Lo que siempre esperé, Ikuto está dormido y la puerta de la dirección abierta. Mi sentido común dice: Sal, Amu, escapa mientras nadie te conoce y desaparece de esta escuela y de la vida de estos demonios.
Ahora que se me presentaba la oportunidad lo veía muy complicado, me sentía anclada a este lugar en un sentido extraño, quiero decir... llevaba un día en el mundo real como persona y no creía que allá afuera hubiera alguien que me creyera y me acogiera en su casa, mientras yo buscaba una manera imposible de llegar a mi mundo.
Miré el reloj y noté que solo habían pasado quince minutos. Eran las doce y media, y el rubio dijo: "El director llega a las tres"
Me levanté del asiento en silencio para no despertar a Ikuto y salí de la dirección con algo de nervios a que despertara, no pude evitar fijarme en lo pacífica que se veía su cara al dormir, y… lindo. Caminé en silencio por el amplio pasillo, todos estaban vacíos porque la mayoría se había ido a casa. Bajé las escaleras y hallé una puerta grande, al lado había un anuncio de plástico aburrido que decía Biblioteca.
Admiré la puerta sin saber si entrar o no, pero decidí arriesgarme, no es que tuviese mucho tiempo antes de que Ikuto llegara a despertar y empezara a buscarme.
Entré y me impresioné mucho, no era un cuarto grande con estantes de mi tamaño... era la madre de los salones gigantes y habían unos estantes el triple de altos que yo, parecía que la escuela de Ikuto era muy lujosa, los pasillos tenían suelos de cerámica pulida color crema al igual que el resto de la escuela. El techo tenía detalles y las paredes contaban con decoraciones para nada ordinarias.
—¿Puedo ayudarte en algo? —dijo la bibliotecaria. Me dio una idea, tenía tiempo para algunas cosas ¿no?
—S-si... ¿puede... darme un permiso para tomar unos libros? quizá los lleve a casa —si Ikuto no me los descubre, claro.
—Por supuesto —me entregó una tarjeta, que no sabía para que era pero igual improvisé y la guardé en el bolsillo esperando que ella no se diera cuenta.
—G-gracias —me dirigí a los estantes del final, sospechaba que ahí estaba lo que quería, al fondo, donde nadie quiere encontrar nada.
—Paranormal —leí en voz baja, habían muchos libros, de todos los tamaños y colores, tragué saliva y me fui a la sección de demonios.
Yo averiguaría sobre Ikuto, si los demonios asesinaban personas, tenía la esperanza de que alguien hubiera sobrevivido escrito lo que vio. Quizá hasta una manera de destruirlos.
Hurgué y hurgué entre libros y saqué todos los que pude sobre demonios, no sabía que hacía, pero tenía que hacer algo para volver a mi mundo. Claramente no encontré nada en ningún rincón de la biblioteca sobre mi mundo, supuse que nuestra existencia siempre sería un secreto.
Me limpié una lágrima con la manga, no iba a encontrar nada para regresar a mi hogar, mamá, papá, Nadeshiko, Yaya, Kairi, Ami, profesoras Yumi y Pandora, los extrañaba a todos, aún no sabía qué pensarían que pasó conmigo, solo esperaba que encontraran una manera para llegar a mí...
La nostalgia me invadía, era extraño ver por la ventana y no encontrarme con los tan hermosos colores pasteles que formaban un arcoíris pálido pero hermoso en el cielo. Solo había azul, un monocromo cielo azul.
Pasé una hora leyendo libros, decían cosas absurdas, otras cosas que ya había notado por experiencia.
"Un demonio puede poseer un instrumento o usarlo para el mal. Se alimentan de la carne y sangre de los humanos cuando están en una forma humana para mantener su vitalidad, están llenos de maldad y son odiosos cuando no son tan malvados como para asesinar a cada uno que le roza un cabello" básicamente eso había resumido por lo leído.
Luego hallé un libro que llamó mi atención, con historias de testigos y victimas de demonios, mientras lo revisaba me encontré con una historia de una chica llamada Hayley, era corta, pero la descripción del demonio se me hacía conocida.
Hayley Hawarts, 1945 – 2000 —leí mentalmente.
La historia trataba sobre una chica hermosa de cabello dorado, que se había enamorado de un demonio llamado Aruto, un joven de barba encantadora y cabello color azul zafiro —azul zafiro, pensé con claridad— la chica relataba que sabía que moriría joven y no tendría una familia. Se había enamorado de Aruto siendo humana, una persona fría e insensible, pero se había acercado a él por curiosidad. No mencionaba cómo, pero de una vez saltó a la parte en la que se habían enamorado.
Aruto tocaba el violín, una melodía triste y melancólica que hacía que ocurrieran desgracias, él disfrutaba del sufrimiento que causaba, pero ella no, por lo que siempre le criticaba eso, pero el hecho de que él la amara no hacía cambiar su naturaleza malvada. Un día Aruto le dijo que la mordería para convertirla en un demonio como él, así ella no moriría y se mantendrían juntos por siempre, pero ella se negó a perder la humanidad.
Él no estaba dispuesto a dejarla ir, por la que la mordió a la fuerza, y describía el dolor que sintió como lo peor del planeta —yo lo sabía más que nadie ahora—. Por alguna razón Hayley no se convirtió en demonio, él siempre intentaba cambiarla mordiéndola en todas partes, las piernas, los brazos, el cuello, las mejillas, TODO, pero no lo conseguía, ella intentaba detenerlo, pero le respondía que la sangre de la persona que amaba era lo más delicioso, y no podía dejarlo. A fin de cuentas ella no dejó de estar a su lado, no podía alejarse de él, lo amaba.
Como de costumbre, Aruto la mordió un día, pero Hayley describía que no había sentido dolor esa vez, al contrario, le pareció muy placentero y delicioso. Pero había pagado el precio de amar a un demonio
Perder la humanidad —al leer eso, mi piel se congeló y me estremecí, parpadeando varias veces para recuperar la razón—. Hayley había aceptado todos los defectos de Aruto, su maldad, sus asesinatos y sus melodías de mala suerte.
Al despertar, él le explicó que cuando la persona que mas amaba la mordía, lo sentiría agradable y placentero en vez de doloroso, lo cual significaba amor verdadero —¿podía existir en los demonios?— pero la humanidad se le era arrebatada a cambio de esa unión prohibida entre humanos y demonios.
Hayley no creía que realmente se había convertido en un demonio como Aruto, pero empezó a notar que ya no era tan buena como antes, ya no le importaba hacer sufrir, como si su corazón se hubiese nublado. Finalmente, ella era un demonio que asesinaba, causaba desgracias y se alimentaba de humanos.
No todo era tan "bueno" como parecía, el padre de Hayley era un exorcista que logró enterarse del paradero de su hija, que estaba desaparecida por irse con Aruto, y también de su condición.
Mientras ella escribía la historia, explicaba que sabía que su padre la estaba buscando, y que esperaba que Aruto la perdonase por huir. Ya que si su padre llegara a encontrarlos, los destruiría a ambos, sin importarle que fuesen su hija y la persona que ella amaba. Juró que alejaría a su padre de Aruto cuanto fuese necesario, aunque eso implicara no volverlo a ver otra vez y morir a manos de su padre, no le importaba, ella solo quería proteger a su ser amado.
Al final, ella esperaba que Aruto lograra entender por qué ella se había alejado de él —ella no le dijo por qué, solo desapareció sin dejar rastro porque sabía que él la detendría—, que siempre lo iba a amar y esperaba que él llegara a leer eso algún día —aunque lo dudaba.
Y al final de la historia, antes del comienzo de otra, escribió:
"Jamás entenderé cono un ser tan malvado como un demonio puede enamorarse, pero incluso habiendo acabado con toda la humanidad, toda la luz y todo aquello que brindaba alegría, no podré dejar de sentir amor por él.
26 de Marzo de 1963"
Allí acababa la historia, mis ojos estaban aguados y no sabía por qué, de cierta manera no me gustaba la historia, pero me sentía triste por Hayley, aunque yo no entendiera bien el sentimiento del amor por una pareja, al menos lo imaginaba.
Comencé a pensar en algo que me intrigaba. Aruto. Su nombre sonaba como Ikuto, rimaba incluso, el color zafiro se me hacía familiar pero… ¿barba?
Me levanté de la mesa totalmente alterada y asustada, guardé unos pocos libros y hui a gran velocidad de la gran biblioteca y por suerte, encontré un baño. Me encerré en una de las casetas y apoyándome en la pared, me resbalé hasta el suelo colocando la cabeza entre las rodillas.
Todo se había aclarado en mi mente.
—Aruto es... ¿el padre de Ikuto? —levanté la mirada y solté un chillido. Era por eso que ese hombre tenía una expresión tan horrible, si lo miraba desde la edad de un demonio, eso prácticamente le sucedió hace poco. ¿Él sabría que ella huyó por eso?, ¿Será otro Aruto?... no, no podía ser otro, ¡sería imposible! no lo podía confundir, eran iguales, el violín, el color zafiro... y era tan odioso como su hijo.
Ahora no entendía de qué me servía saber aquello... no era que yo estuviese involucrada en algo de eso pero... Hayley, su historia era muy triste. Sentía como si la conociera. Pero no entendría bien, a su historia le faltaban detalles, no podía saber mucho de esos pocos párrafos, y mi duda más grande, ¿cómo la mandó a imprimir?, ¿quién encontró su carta?
Algo empezó a sonar en mi mochila y vi que era un reloj de mano con alarma, la hora marcaba las dos y media, ¿leí y busqué durante tanto tiempo?, y lo más importante, ¿desde cuando está ese feo reloj ahí metido?
Salí de la caseta y me limpié las lágrimas frente al espejo para que no pareciera que estaba llorando. Salí y fui a la dirección, ¿él estaría despierto?, seguro se molestaría, y la mochila se veía muy llena, ¿Cómo disimularía eso?
Angustiada, entré a la oficia del director a toda prisa esperando que aún nadie hubiese llegado.
—¿Dónde estabas? —Ikuto quitó su mirada de mí y volteó aburrido hacia otro lado.
—Solo... estaba… caminando.
—No lo creo —se apoyó en el espaldar de la silla— pero seguro no hiciste nada importante.
—Um… —bajé el rostro e intenté ignorar lo que ocurría.
En eso la puerta se abrió un chico parecido al rubio pero con pelo marrón claro nos observó indignado.
—Así que... ¿qué estaban haciendo en el armario? —Se cruzó de brazos mientras nos veía enojado.
