Disclaimer: HP es de Rowling

El décimo capítulo de Herederos. Hoy me siento inspirada.


Albus Potter

Miraba las volutas de humo ascender y ascender hasta desaparecer en el aire puro del silencioso parque en el que se encontraba. Inhaló un poco más, deleitándose con la sensación del pitillo entre sus labios, deleitándose con hacer algo que sus padres no considerarían correcto, deleitándose con la emoción que llenaba su cuerpo.

- ¡Lárgate! - gritó con voz ronca.

Pero nadie le hacía caso. En el humo podía ver su sonrisa, sus labios rojos, la forma en que se mordía el labio inferior, la forma en que humedecía su labio superior. Cerró los ojos. Aún seguía viéndola, y su visión le incomodaba, le molestaba. Abrió los ojos. ¿Qué nunca se iría? ¿Qué nunca se marcharía?

- ¡Esfúmate! - gritó de nuevo.

Pero nadie le hacía caso. En el humo podía ver su cuerpo, vestida con el uniforme que obligaban a utilizar en Hogwarts. Ella hacía que su camisa fuera pegada a su cuerpo, que su falda fuera más corta, y que sus zapatos fueran en realidad botas de tacón que luego utilizaba para marcar el paso, entre otras cosas

- ¡Déjame en paz!

Pero nadie le hacía caso. En el humo podía ver las tardes en el lago, sentados a la sombra del haya, donde a veces hacían los deberes y otras (la mayoría), se sentaban en silencio y disfrutaban de la compañía; recordaba las salidas a Hogsmeade, ella apoyando la cabeza en su hombro y él abrazándola de la cintura; recordaba los besos interminables, las palabras susurradas en los oídos, el peso de ella sobre el cuerpo de él, el peso de él sobre el cuerpo de ella, la visión de sus cuerpo s entrelazados.

Aplastó el pitillo con el pie. Se levantó, y botó a la basura el amigo más fiel de esa noche. Maldita Ariadna Sidmons por meterse en su cabeza, maldita por no salir de ella, maldita por retorcerle sus pensamientos cuando ya no estaban juntos. Maldita Ariadna Sidmons. Gritó en el silencioso y solitario parque, mientras maldecía, mientras maldecía al mundo, a las mujeres, al amor. Gritó y su voz se volvió ronca, flácida y sin vida, gritó y se sintió más vacío, más solo que nunca, más desgraciado que cualquier otro día.

Montó en su moto y arrancó de ese lugar. Llegó a su casa y trepó a la ventana de la habitación de James.

- ¡Merlín, me asustaste!

- Dudo mucho que te asuste que alguien llegue a tu cuarto, con la cantidad de chicas que deben colarse aquí.

James se encogió de hombros, sin desmentir la afirmación de su hermano.

- Te ves horrible, Albus.

- ¿Tienes alcohol?

- ¿En cantidades industriales? Por supuesto, Ted y yo hemos hecho nuestras reservas.

Por supuesto, Ted no tenía otro lugar donde esconder sus reservas de alcohol: no podía llevárselas a su abuela, mucho menos podía llevarla a la casa que compartía con Vic. James abrió la primera botella de whisky y se la pasó a su hermano menor.

- Hola amiga - susurró Albus antes de dar cuenta de su primer trago.

Por un tiempo ninguno habló, más preocupados por acabar de la botella que con ganas de conversar, luego Albus dijo:

- El amor es una mierda. Y James no tuvo corazón para desmentirle.


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